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lunes, 23 de agosto de 2021

Editorial Online Presenta : ANNELISE

                                                Cuento corto de Pedro Pablo Lilli




Queridos amigos, nos complace compartir con todos ustedes:

Annelise 


Nueva obra literaria de Pedro Pablo Lilli, fotógrafo destacado de nuestra comunidad, y autor literario en la 

Editorial Online de Atrapados por la Imagen, espacio dedicado a nuevos artistas.

¡¡Felicitaciones y éxitos Pablo por esta nueva entrega!!



Agradecemos a todos ustedes por sus visitas y valoraciones.

Afectuosamente.

Administración de Atrapados por la Imagen.



 Annelise 






“Conocer una ciudad" que no es la tuya, es saber cómo moverse, dónde alojarse, dónde encontrar un rico helado y haber accedido a sus tesoros culturales.

"Ser de casa" es, además, tener alguien que te espere y que, sentados en su cocina; se interese de tu vida y tus proyectos.

Yo era de casa, en esa ciudad suiza. Conocía no solo, las heladerías, las tabernas, los cines y los museos, donde comprar camisas o zapatos sino que, además, conservaba un par de buenos amigos,  mi peluquero, el de los seis años de residencia allí, y - por sobre todo y fundamentalmente -  tenía  a Annelise.

Después de mi partida una década atrás, volví con la mayor frecuencia que pude por negocios pero mucho más por nostalgia.

Annelise me esperaba. Fue ella quien me dio la llave de la ciudad la primera vez que aterricé. Por disposición de nuestro jefe me ayudó  a tramitar la residencia como extranjero contratado y a encontrar un departamento en alquiler. Por su cuenta, me brindó toda la información necesaria para poder disponer rápidamente de la ciudad y disfrutarla como propia.

Apenas la vi quedé fascinado. Era una mujer bastante más grande que yo, de gran hermosura, que - con sus modos corteses muy controlados - transmitía serenidad, especialmente con la mirada de terciopelo gris ocre. A mi entender, apagaba su belleza con los estilos de vestir y peinar. "¡Se desaprovecha!" pensé.

Como secretaria era perfecta:  eficiente, cuatro idiomas como el propio, reservada, detallista, e incondicional al jefe. Nadie sabía si alguna vez se enamoró o tuvo pareja. O familia. Annelise era la privacidad en persona, una privacidad seca y dura. 

¡El que inventó el color rojo, pensaba en ti, Lise! - le dije un día que, inesperadamente, lució un hermoso sweater rojo de cuello alto. Sonrió visiblemente complacida, con encanto de mujer. No. No era un robot como insinuaban.

Mis modos sudamericanos la divertían. Cuando estábamos a solas lograba hacerla reír. Raramente en compañía. 

Para mi cumpleaños organicé una pequeña reunión en casa, con el grupo de trabajo más cercano. Lise fue la única que se detuvo con interés en los CD de Charly, "la negra" Sosa, y de Astor Piazzola.

- Piazzola es un gran Maestro - dijo.

- Bueno, ahora tienes que conocer a Mercedes Sosa y a Charly García - y le presté los discos.

Un lunes, durante una pausa café, mis colegas comentaban el fin de semana de esquí. Lise intervino diciendo:

- Bueno, el próximo weekend lo llevan a Nando con ustedes para que tome unas clases. ¡Lo tenemos que sacar esquiador!

¡Ella era así! Posiblemente jamás se me hubiera ocurrido tomar clases de esquí por iniciativa propia. Pero el sábado sucesivo, después de varios porrazos en la nieve durante el día, por la noche con mis compañeros cantamos, comimos rösti y bebimos cervezas con unas turistas que se alojaban en el mismo refugio que nosotros... Terminé siendo un habitué de las pistas y del refugio.





Los miércoles, Lise me invitaba a cenar a su casa porque 

era su costumbre agasajar, rotativamente, a sus amigos; con un plato especial. Yo era el invitado fijo. Los otros rotaban. Descorchar el vino y ocupar la cabecera eran mis prerrogativas. Así lo estableció y todos sus viejos invitados lo aceptaron sin comentar. Esos honores,  solo Lise me los dio. ¡Los personajes que rotaron por esa mesa! Todos queribles y especiales. Gretchen, una señora dos veces viuda (primero de un Capitán de navío francés, luego de un veterano de la Royal Navy) actualmente dedicada a viajar en cruceros en busca del amor de su vida. En realidad, "el Capitán" era  camionero y "el veterano", un músico de la banda de la guardia real. Los Sres. De Vries fabricantes de marcos, para los cuadros de la Pinacoteca Cantonal, compañeros de Lise en yoga.  Arnulf organista de la Catedral, de aspecto y humor sombríos, que viajaba todos los veranos a México; para reunirse con una novia actriz. Cómo olvidar, en ese listado, a Javier Parraverde, cantante de boleros, colombiano, ¡un artista, si los hay! que nos invitaba a Lise y a mí al local donde actuaba. Veladas inolvidables. Nos reservaba una mesa junto al escenario. Finalizada su primera presentación de la noche, se unía a nosotros. Pedíamos champagne y unos profiteroles mientras seguíamos juntos, el número de las bailarinas trans. El refinado humor y calidad de los espectáculos de ese local, sinceramente, no los he visto en otros lados. En alguna oportunidad particular, nos quedamos a compartir el cierre de horario con todos los artistas, empleados y regentes de ese , que era el más lujoso cabaret de la ciudad. Un privilegio que les debo a mis queridos Annelise y Javier.

Es fácil comprender que esos fueron años muy felices para mí.

Mis días eran frenéticos. Trabajo arduo y un desordenado corretear libre y despreocupado entre amigas casuales.

La agenda con Annelise era prioritaria, porque ella - para mí - estaba antes que cualquiera. Nos unía algo fuerte, indefinible. Y así como ella estaba antes para mí, yo sentía que estaba antes, para ella. Se interponía algo inadmitido e infranqueable: ¿la edad? ¿Qué sentíamos, realmente, el uno por el otro, para necesitarnos así? Nunca nos lo  planteamos.  Siempre evadí hacerlo por temor a arruinarlo todo. Desde el privilegio exclusivo de sus amorosas atenciones a mi alegre libertad. Su forma de ser, rigurosa y metódica, me facilitaba mantenerme a debida distancia, pero yo sabía que estaba al límite de enamorarme. Cuando salíamos, le gustaba mostrarse a mi lado y viceversa. Su  ternura, que nadie imaginaba (y que conmigo disimulaba muy mal), su inteligencia, y su irresistible charme; me tenían en vilo. ¡No existen mujeres así! Un temor me acuciaba: ¿Era yo, para ella, el hijo que no tuvo? Rechazaba obstinadamente esta posibilidad. Mis sentimientos no eran filiales y se catapultaban más allá aunque no lo expresara. No sé Lise, pero cualquier mujer se hubiera dado cuenta. Y con respecto a ella, confieso que me resultaba indescifrable, motivo por el cual la dejaba hacer y me dedicaba a mis correrías.

Un fin de año, nuestra empresa organizó una gran fiesta para todo el personal, en un renombrado hotel frente al lago. Realmente algo muy lindo. Al finalizar, acompañé a Lise a su casa. Ella perfumaba adorablemente y lucía un vestidito que le hacía honor. Sus cabellos tenían un corte fresco de peluquería. Sus hermosas piernas vestían finas medias negras. Mi mirada llegó hasta algo arriba de sus rodillas cuando me detuve frente a su domicilio. La música del reproductor, su hermosura, mi deseo reprimido... estaba borracho. Con una mano fui entre sus piernas y con la otra la atraje hacia mí e intenté besarla. Me separé de inmediato, antes que reaccionara, avergonzado, incrédulo de mi arrebato. 

- Perdón...- balbuceé. Abrió la puerta.

- Bebimos mucho - dijo serena y sin perder su aplomo - No temas, mañana todo volverá a ser normal. Buenas noches, Nando.

La casa madre, en Japón, envió una becaria para una pasantía en nuestra filial. Era una joven que debía hacer una práctica en auditoría contable. Lise no tardó en saber que la chica tenía "pedigree de origen" en la Corporación. Era, o muy tímida o indiferente. Hablaba alemán mejor que yo, pero no lograba ( o no le preocupaba ) integrarse. Un miércoles la tuvimos para la cena. Lise la sentó a mi izquierda y me ordenó: - Hoshi es nuestra huésped de honor: es tu responsabilidad hacernos quedar bien.

Con la becaria se sucedieron los miércoles en casa de Lise,   las pausa café en la oficina,  las lecciones de esquí, las noches en el refugio de montaña; y después en mi casa. Hoshi le dio un vuelco a mi vida.

Nos encontramos a solas con Lise en nuestro bar preferido. Compartimos un café en silencio. Nos tomamos de las manos que no dejaron un solo instante de acariciarse. No hicieron falta  palabras para despejarnos dudas y decirnos todo. El terciopelo ocre de su mirada tenía un brillo acuoso. Mis ojos no sé, pero no veían. 

Con Hoshi decidimos vivir juntos. Encontramos una casa evidentemente mejor a nuestros respectivos departamentos, un poco alejada, pero con un hermoso jardín. Hubo que pintarla y hacer algunos arreglos pero fue una tarea muy alegre ya que contamos con la colaboración de Lise y, un fin de semana, se sumaron Javier Parraverde y los De Vries. Por la noche hice, ¡finalmente!, un asado.

A partir de entonces, a las cenas de los miércoles, se sumaron las cenas de los sábados, en casa, para los amigos de siempre. A Lise le correspondía la Organización General, a Hoshi el menú y a mí la ejecución. ¡Qué tiempos! ¡Mi japonesita!

Los viernes era "para los jóvenes": venían los compañeros de nuestra edad...¿hace falta decir que era fiesta?

Mis padres vinieron a visitarme, conocieron "mi mundo" (del cual quedaron fascinados) y se llevaron a Lise, a los De Vries y a Gretchen a recorrer el Noroeste argentino y la costa patagónica. Conociéndolos ( a mis viejos ) sé que los alojaron en casa cediendo su pieza a la pareja y el resto durmiendo con colchones en el comedor...¡qué vergüenza!

Quedaron amigos fraternos para siempre.

Hoshi, una noche, particularmente afectuosa y disponible, me besó y dijo: "¡Felicitaciones Papá!"

Lise recibió la noticia como si fuera ella la única abuela: Hoshi y yo éramos sus hijos. Los abuelos japoneses y argentinos recibieron, juntos, la noticia arriba de una lancha que circulaba por los canales del Tigre.

Felicidad.

Lise asumió la total responsabilidad de cuidar y asistir a Hoshi. Lo hizo como una madre y los médicos referían a ella, incluso frente a mí.





La Casa matriz, por influencia de mis suegros, nos transfirió a Tokyo antes del nacimiento de Suki.

A Lise le ofrecieron la opción, a condiciones muy ventajosas para ella, de venir con nosotros, pero (contra nuestra voluntad) no aceptó. Intenté de todos los modos posibles de convencerla. Se lo rogué. No sirvió de nada.

"Por las horas felices que me diste. Para las horas de un feliz porvenir.

                                             Tu Annelise." 


La tarjeta acompañaba un prestigioso reloj suizo de bolsillo, que me entregó en el Aeropuerto mientras Hoshi fue al baño, antes de nuestra partida. 


Pedro Pablo Lilli

Agosto 2021

11 comentarios:

  1. Que bien describe el autor lo indescriptible, los sentimientos. Todos esos sentires que solo un corazon sensible puede relatar a traves de las palabras... felicitacion por tu maravillosa narrativa Pablo ..

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  2. Queda esa sencación de querer conocer el final y a la vez de querer seguir atrapada entre las vivencias de los personajes!

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  3. Si a la ficciónse la puede calificar con un “tempo”, Annelise está escrita en Moderato Cantábile. El relato se desliza sin apuro, a ritmo constante.
    El eje de la historia son los vínculos. Los más convencionales hacen el coro al sustancial: Nando y Annelisse; ambos personajes están definidos desde el principio, y en las diferencias y afinidades, tan bien referidas, ensamblan algo único. Allí está la belleza del cuento y de la forma que lo relata Pedro Pablo Lilli.
    Felicitaciones!

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  4. Un relato que describe lo intangible del amor en sus diferentes facetas y matices. El autor revela esas letras invisible, que dejan huellas en el alma, de los que aman en silencio. Felicitaciones Pablo por esta nueva entrega!!! Gracias por confiar en Atrapados!! Éxitos totales amigo!!

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  5. Devoluciones que llegan hondo, porque vienen de artistas que admiro y sigo con atención y asombro. ¡Gracias!

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  6. Pablo un relato donde los personajes se comprenden, se necesitan, comparten amigos y vivencias. A veces las emociones y sentimientos se confunden, pero el tiempo van acomodando las vidas-
    Todo la historia es expresada con sencillez y muestra la sensibilidad del escritor. Gracias amigo por tu nueva entrega y muchos éxitos. Un abrazo.

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  7. la belleza de los sentimientos, tan bien expresada en este cuento, encuentros y desencuentros, y en el medio un amor tan profundo y sincero capaz de renunciar a su propia felicidad!!! Felicitaciones querido amigo, gracias por esta historia, tan necesaria en tiempos donde el amor se diluye y se vuelve intangible!!!! muchos éxitos Pablo!!!!

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  8. Como siempre, la escritura de Pedro cuenta con una narrativa con cadencia que despliega los pliegues, colores y matices de la vida. Cuestiones pertinentes, la diferencia entre "conocer una ciudad" y "ser de la casa", entre la ajenidad anónima y lo que nos hace singulares. Los lazos sostienen en la existencia y hacen posible estar con otros; pero conviviendo cada uno con su estilo, en la orfandad inevitable y la extranjería necesaria respecto del origen. Estar solo con otros, ante el acontecimiento de la propia vida y la propia muerte. Por allí se desliza el amor, en el mejor de los casos.

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    1. Que certero análisis, Mario Kelman. Lo comparto totalmente. Mil gracias! Abrazo.

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