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lunes, 18 de mayo de 2026

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "Silencio" - Del escritor: Sebastián Rogelio Ocampo - Rosario - Argentina.


Atrapados por la Imagen


Presenta...

"Silencio"


Relato inédito para Atrapados por la Imagen

Del escritor: 


SEBASTIÁN ROGELIO OCAMPO 


"Artista de Atrapados por la Imagen" 


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.

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Relato inédito para Atrapados por la Imagen


"Silencio"
SEBASTIÁN ROGELIO OCAMPO


            Todo comenzó con cosas pequeñas. Yo le decía a Cecilia algo así como: ¿Me alcanzás la mayonesa? o ¿Preparás los mates? Y ella nada. Seguía con sus cosas como si nada. Si estaba comiendo seguía comiendo, si estaba barriendo seguía barriendo. Yo volvía a repetir: ¿me alcanzás la mayonesa? y entonces sí, me miraba con una expresión de sorpresa, y me pasaba la mayonesa. Fue cerca de la época en que llegó a mi casa una canasta con un rompecabezas. Tocaron el timbre, miré por el postillo y había una canasta frente a la puerta. Salí, la observé con desconfianza, después me di cuenta de que adentro tenía la caja de un rompecabezas. Había que armar la imagen de una galaxia. Hice espacio en mi escritorio y desparramé las fichas.

            Quise contarle a Cecilia del rompecabezas pero no me escuchó. Se lo dije una noche mientras cenábamos y nada. Otra noche antes de dormir mientras estábamos acostados y nada. Se lo repetí un par de veces, pero parecía no escuchar mis palabras. Después me pasó con el verdulero de la esquina. Le pedí zapallitos y el tipo pasó de largo. Tuve que agarrar los zapallitos del cajón, ponerlos en mi bolso y mostrárselos. Ahí fue que me cobró. Cuando saludé al colectivero tampoco me escuchó. Para tratar de calmarme me puse a armar el rompecabezas. Quinientas piezas había. La parte del centro de la galaxia me pareció accesible. No renegué mucho. Se lo quise contar a Cecilia. A la noche, los dos boca arriba en la cama, le conté lo del rompecabezas. No me contestó nada. Volví a contarle. Ella siguió en silencio. La sacudí.

-          ¿Por qué no me escuchás? – le pregunté.

-          Dejame dormir – dijo. Se dio vuelta, se tapó hasta los hombros y empezó a

roncar. Esa noche di vueltas en la cama. No me podía dormir. Me levanté, me hice un té de tilo y me puse a armar el rompecabezas. Al otro día, cuando entré en la oficina y saludé:

-          ¡Buenos días!

Nadie contestó. Agaché la cabeza y me encerré a trabajar. Llamé a mi hermano.

Le dije que algo raro me estaba pasando. No me escuchó. Volví a insistir, a tratar de explicarle lo que me estaba pasando. Me dijo: te dejo me voy a trabajar, y me cortó.

            Me empeñé en armar el rompecabezas. La parte del contorno era complicada. Todas las piezas oscuras. Me desesperé. Estuve hasta tarde en la noche. Descubrí que Cecilia había empezado a dormir sentada en el inodoro. Me hice más té de tilo. Golpeé la puerta del baño.

-          Cecilia… ¿Por qué dormís en el baño? ¿Qué está pasando? – le pregunté.

No me contestó. Escuché los ronquidos. Al otro día me encontré con mi mejor

amigo. Le quise contar que nadie me escuchaba, que no sabía qué estaba sucediendo, que Cecilia había empezado a dormir sentada en el inodoro. Mis palabras se perdían inconsistentes en el aire. Mi amigo no me escuchó. Me contó que se iba a tomar unos días en el trabajo, que se iba de viaje.

            Fui hasta la iglesia. En el confesionario intenté decirle al cura lo que me estaba pasando.

-          Rezá diez padres nuestros y cinco avemarías – me contestó, no hizo ningún

comentario sobre mi situación.

            Empecé a buscar la forma de decir las cosas más elegantemente, pensé que había algo en mi elocuencia que impedía que me escucharan, pero nada. Intenté usar frases más cortas, contar sin rodeos, cambiar el tono de voz. Nada. Nadie me escuchaba. Me concentré en la resolución del rompecabezas. Logré avanzar en el armado. Cecilia seguía durmiendo en el baño. Quise contarle de nuevo a algún amigo. Quise contarle lo que me pasaba, lo de Cecilia, lo del rompecabezas. Hablaba, les hablaba, le contaba a la gente lo que me pasaba y nada, mis palabras atravesaban el mundo sin decir nada. Empecé a gritar. Nadie parecía darse cuenta. Fui a un psicólogo, él me escucharía, era su deber, pero tampoco lo hizo. Me di cuenta porque miraba todo el tiempo el reloj para ver cuando terminaba la sesión.

            Hablar y que nadie te escuche.

            Una noche subí a la terraza y grité, grité con todos mis músculos, con todos mis pulmones, con toda mi fuerza. Grité hasta quedar cansado. Después me tiré boca arriba. Las estrellas salpicadas allá arriba como al capricho de algún Dios. Estaba agitado. De pronto pegué un último grito, con la boca inmensa, hasta desgarrarme, escuché el estallido de algunos vidrios. Tal vez el espejo del baño, eso despertaría a Cecilia. Finalmente hubo silencio, mucho silencio, sordo silencio.

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Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a:

©Sebastián Rogelio Ocampo

Buenos Aires  - Argentina

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

Ilustración: Imagen libre de la Web


Colaboraciones de: Marta Puey - Emilio Bertero

Mayo 2026



 Agradecemos a todos nuestros amigos, lectores y seguidores, por sus visitas y valoraciones.



Afectuosamente...


Administración de Atrapados por la Imagen
Directora: Laura Jakulis




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7 comentarios:

  1. Tu cuento Sebastián me llegó profundamente. La forma, la brevedad, los recursos lograron acceder a la vivencia, la experiencia de una clase de soledad terrible: aquella que muestra que se han roto los vínculos para ser con otros, aquella que nos hace sentir desamparados en medio de un infinito universo en el que no podemos conocer ni armar su rompecabezas, ni sabemos que ficha somos dentro del mismo.
    Raquel kreichman

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  2. El relato logra trasuntar la honda angustia de sentirse invisible, ignorado, consigue que la sensacion vaya creciendo conforme avanza el texto, al punto que a uno lector esa angustia se le va contagiando. Clave en este tipo de cuentos: buen comienzo y buen final. Excelente trabajo

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  3. Primero; por qué no lo escuchan, después el recurso más conocido, está muerto y no lo sabe. Más tarde el comentario de Raquel ( otra forma de mirarlo) , un poco más tarde si no te escuchan y no te ven aún respirando es otra forma de estar muerto , Pregunta necesitamos al otro para sentirnos vivos? . Mirá hasta dóndee llevaste con tu cuento Sebastián, creo que eso lo dice todo

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  4. muy elocuente!!! a pesar de la impotencia de no ser escuchado; la pretension de ser escuchado; el poder de la palabra; la angustia que provoca no saber en qué agujero negro cae lo que decimos. Un clima de desesperación muy logrado contiene este cuento. gracias!

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  5. “Silencio” arranca con situaciones cotidianas, casi mínimas, pero de a poco se va volviendo inquietante, hasta meternos de lleno en una angustia muy palpable. Esa sensación de hablar y no ser escuchado está muy bien lograda, y duele porque en algún punto se vuelve muy cercana. Un cuento que deja pensando. ¡Gracias Sebastián por compartir y sumar arte! Miles de abrazos!

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  6. Gracias a todos y todas! Seba

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