EPECUÉN, EL PUEBLO FANTASMA QUE VOLVIÓ A EMERGER DE LA LAGUNA
Ubicada junto a Carhué, en el partido de Adolfo Alsina, Villa Epecuén fue durante décadas uno de los centros turísticos más importantes de la provincia de Buenos Aires. Con menos de 1500 habitantes, llegó a recibir más de 25 mil visitantes por temporada entre las décadas de 1950 y 1970, atraídos por las propiedades terapéuticas de las aguas de la laguna.
Conocida como el “mar de Epecuén”, la laguna era el gran atractivo de la región. Miles de turistas llegaban cada año para disfrutar de sus aguas saladas. El crecimiento fue tan importante que Villa Epecuén llegó a competir con Mar del Plata en cantidad de visitantes. Hoteles, balnearios y comercios daban vida a una localidad que parecía destinada a un futuro próspero.
Sin embargo, de aquel pueblo sólo quedan ruinas. Y es que aquello que impulsó su desarrollo también terminó por provocar su caída: las mismas aguas que durante décadas atrajeron a miles de personas fueron las responsables de la tragedia que cambió para siempre la historia de Villa Epecuén.
Hoy en Domingos de Curiosidades voy a contarte su historia y algunos detalles que, tal vez, no conocías.
CUENTA LA LEYENDA...
Mucho antes de que las aguas de la laguna Epecuén atrajeran a miles de turistas, los pueblos originarios que habitaban la región ya le atribuían un carácter sagrado. Entre las historias que se transmitieron de generación en generación, una de las más conocidas es la leyenda de Epecuén y Tripantu.
Cuenta la tradición que, después de un gran incendio que arrasó los bosques de la región, un grupo de levuches encontró a un niño sobreviviente y lo bautizó Epecuén, que significa “casi quemado”. El pequeño creció fuerte y valiente, convirtiéndose con el tiempo en un destacado guerrero.
Años más tarde, durante una batalla contra los puelches, Epecuén tomó como cautiva a la hija del cacique enemigo. La joven se llamaba Tripantu, palabra que en lengua pampa significa “primavera”. Entre ambos nació un profundo amor y durante una luna completa vivieron un tiempo de felicidad. Sin embargo, el guerrero pronto se enamoró de otras mujeres capturadas en combate y olvidó a Tripantu.
La traición sumió a la joven en una tristeza tan profunda que comenzó a llorar sin consuelo. Sus lágrimas fueron tantas que, según la leyenda, formaron un inmenso lago de aguas saladas. El agua siguió creciendo hasta cubrir la tierra y terminó por ahogar a Epecuén junto con sus nuevas amantes. Así consumó Tripantu su venganza.
Pero la historia no termina allí. Al enterarse de la muerte del guerrero, la joven perdió la razón y comenzó a vagar por las orillas del lago. Una noche de luna llena creyó escuchar la voz de Epecuén surgiendo desde el murmullo de las aguas. Desde entonces, nunca más volvió a ser vista.
Por ese motivo, la laguna fue considerada un lugar sagrado por los pueblos originarios de la región. Incluso hoy, cuando el sol se esconde detrás del horizonte y las ruinas de Villa Epecuén se recortan sobre el paisaje, muchos aseguran que el lago conserva un aura de misterio. La vieja leyenda dice que quien escuche atentamente el sonido de las aguas en una noche de luna llena podrá oír las voces de Epecuén y Tripantu, finalmente reunidos después de una historia marcada por el amor, la pérdida y el paso del tiempo.
La historia de Epecuén se remonta mucho antes de la fundación de la ciudad. Los pueblos originarios que habitaban la región ya conocían la laguna y la consideraban un lugar especial, al que le atribuían propiedades curativas y un profundo carácter sagrado.
Con el paso de los años, aquello que durante generaciones había sido una creencia de los pueblos originarios comenzó a despertar el interés de la ciencia. Un estudio encargado por el gobierno de la provincia de Buenos Aires confirmó que las aguas de la laguna poseían una alta concentración de minerales. Los especialistas determinaron que se trataba de un cuerpo de agua hipermarino cuyas características sólo podían compararse con las del mar Muerto.
El informe señalaba además que sus aguas podían contribuir al tratamiento de enfermedades reumáticas y afecciones de la piel. Quienes visitaban Epecuén aseguraban sentir alivio en sus dolencias después de sumergirse en la laguna, una fama que con el tiempo convertiría al lugar en uno de los destinos turísticos más importantes de la región.
El desarrollo turístico de la región comenzó a acelerarse con la llegada del ferrocarril a Carhué en 1899. Atraídos por la fama de las propiedades terapéuticas de la laguna, cada vez más visitantes llegaban en busca de alivio para distintas dolencias. Para recibirlos, comenzaron a surgir hoteles y pensiones que ofrecían, entre otros servicios, el traslado hasta las aguas saladas de Epecuén. En aquellos años, los baños termales se realizaban calentando agua de la laguna con yuyo zampa en grandes fuentones o bañaderas de zinc.
Entre 1915 y 1919, una serie de importantes precipitaciones elevó el nivel de la laguna y disolvió gran parte del manto salino que cubría sus orillas. Este cambio llevó a algunos pioneros a imaginar la creación de un pueblo turístico junto a sus aguas. La idea comenzó a concretarse en 1921 con la inauguración del primer balneario y, un año más tarde, con el loteo de los terrenos que darían origen a la futura Villa Epecuén, inicialmente denominada "Mar de Epecuén".
Las calles del nuevo asentamiento fueron bautizadas con nombres inspirados en el centro porteño, como Avenida de Mayo, Esmeralda, Maipú, Cerrito, Rivadavia y Mitre. El crecimiento fue rápido. Gracias al loteo, numerosos inversores y particulares construyeron hoteles, residencias y comercios a orillas de la laguna. En pocos años surgieron establecimientos emblemáticos como Las Delicias, Royal y Parque. La expansión hizo necesaria la construcción de una escuela, una iglesia y otros servicios básicos para atender a una población cada vez más numerosa.
El crecimiento de Epecuén atrajo también importantes inversiones. En 1925, la empresa Minas de Epecuén impulsó un ambicioso proyecto de explotación termal inspirado en los grandes centros de bienestar europeos. Dos años más tarde inauguró un imponente edificio destinado a baños termales que utilizaban agua extraída directamente de la laguna. El complejo contaba además con un extenso espigón y una usina eléctrica propia, una infraestructura poco común para la época.
Las sales minerales obtenidas de la laguna eran utilizadas para elaborar distintos productos que se comercializaban tanto dentro del establecimiento como en otras regiones del país, contribuyendo a consolidar la reputación terapéutica de Epecuén.
Sin embargo, las dificultades económicas y las variaciones en el nivel de las aguas comenzaron a afectar la viabilidad del emprendimiento. Con el paso de los años, el proyecto perdió impulso y hacia 1940 gran parte de sus instalaciones se encontraba en estado de abandono y deterioro.
Hacia fines de la década de 1960, Villa Epecuén atravesaba una situación particular. Gran parte de su infraestructura había quedado desactualizada y aquellos elegantes hoteles que habían dado fama al lugar en sus primeros años ya no respondían a las nuevas demandas del turismo. La mayoría de los visitantes seguían siendo personas mayores que acudían a la laguna en busca de alivio para sus dolencias, por lo que la falta de modernización no parecía representar un problema inmediato.
Sin embargo, las autoridades comprendieron que el potencial turístico de Epecuén estaba lejos de agotarse y pusieron en marcha un ambicioso plan de renovación. La iniciativa no sólo revitalizó la villa, sino que transformó por completo su perfil. En pocos años, Epecuén pasó de ser un destino tradicional a convertirse en un pujante centro vacacional capaz de recibir hasta 25 mil turistas durante la temporada de verano.
El proyecto incluyó la instalación de un moderno sistema de iluminación, la pavimentación de más de veinte cuadras, la inauguración de la Casa de Epecuén en la ciudad de Buenos Aires y la construcción de una nueva estación. Después de años de estancamiento, la villa parecía haber recuperado el impulso de sus mejores épocas.
LA TRAGEDIA
Las fluctuaciones del nivel del agua habían sido una constante en la historia de la región. Las lagunas alternaban períodos de sequía con etapas de importantes crecidas, una situación que dificultaba la estabilidad tanto de las actividades productivas como del desarrollo turístico.
Con el objetivo de controlar estas variaciones, se puso en marcha un «Plan Maestro» destinado a regular el caudal de las lagunas y almacenar agua durante los períodos húmedos para afrontar mejor las épocas de escasez.
Sin embargo, la laguna Epecuén formaba parte del sistema de las llamadas "Encadenadas del Oeste", una red de lagunas conectadas entre sí por canales. Además, se trata de una cuenca endorreica, es decir, un sistema cerrado en el que el agua no desemboca en el mar y sólo puede disminuir por evaporación o infiltración. Esta particularidad fue la que permitió la elevada concentración de sales que hizo famosas a sus aguas y convirtió a Epecuén en un destino turístico único.
A comienzos de la década de 1970 se iniciaron obras destinadas a reestructurar el sistema hidráulico de la región. Sin embargo, diversos problemas económicos retrasaron los trabajos y, tras el golpe militar de 1976, las obras fueron paralizadas definitivamente. Aunque años más tarde se intentó reforzar la protección de la villa mediante la construcción de un terraplén, la infraestructura ya mostraba importantes deficiencias.
Con el sistema hidráulico deteriorado y una creciente presión sobre el entorno producto del desarrollo turístico, la situación se volvió cada vez más delicada. Durante 1985, además, la región recibió en apenas seis meses una cantidad de precipitaciones equivalente a la que normalmente caía en un año entero.
Paradójicamente, aquello que impulsó el crecimiento de Epecuén también terminaría siendo la causa de su tragedia.
La noche del 10 de diciembre de 1985, el terraplén cedió y las aguas comenzaron a avanzar sobre el pueblo. Los habitantes debieron abandonar sus hogares apresuradamente, sin imaginar que muchos de ellos no volverían a ver sus casas. Con el paso de los años, el agua continuó subiendo hasta cubrir calles, hoteles y viviendas. Para 1993, Villa Epecuén permanecía sumergida bajo más de diez metros de agua salada.
Grandes obras arquitectónicas quedaron destruidas por aquel entonces, como por ejemplo, El Matadero de Epecuén que fue realizado por el arquitecto Francisco Salamone.
Actualmente, las ruinas de Villa Epecuén forman parte de uno de los circuitos turísticos más visitados del sudoeste bonaerense. Miles de personas llegan cada año para recorrer los vestigios de una localidad cuya historia combina prosperidad, tragedia y resiliencia.
Las estructuras cubiertas de sal, los edificios que resistieron el paso del tiempo y el silencio que envuelve sus calles le han valido el apodo de "la ciudad fantasma". Entre las ruinas, el pasado parece permanecer suspendido, como si la memoria de quienes habitaron el pueblo todavía recorriera sus rincones. Quizás por eso, al caer la tarde, no resulta difícil imaginar que alguna figura surgida de las antiguas leyendas regresa desde el horizonte para caminar una vez más por las calles de Epecuén.
Epecuén volvió a emerger de las aguas, pero nunca regresó del todo al mundo de los vivos. Entre ruinas blanqueadas por la sal y calles detenidas en el tiempo, la ciudad fantasma sigue contando su historia a quien quiera escucharla. Y mientras la laguna refleja los últimos colores del atardecer, la leyenda y la memoria continúan caminando juntas por sus calles silenciosas.
Agradezco a Laura Jakulis por permitirme utilizar para mi trabajo dos de sus magníficas fotos de su viaje a Epecuén.
Idea, investigación y edición: Isa Santoro
Administradora de Atrapados por la Imagen

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Como cada una de tus "curiosidades" de domingo, una completa investigación Isa, desde un punto de mi vista que en mi caso suma aspectos que desconocía y me han nutrido muchísimo, me toca especialmente porque siendo muy joven, en el 81, trabajando para un proyecto de regulación del sistema de las Encadenadas del Oeste, estuve alojado en Epecuen, cuando ya era una villa a la que como bien contas, solo acudían en plan salud personas mayores, paré en un hotel que semejanza a los conventillos de San Telmo, las habitaciones dando o balconeando a un gran patio central, en el que estaba enclavada una pileta poco profunda, a la que le llegaba por unas cañerías agua desde la laguna, los huespedes se sentaban en el borde y sumergía sus pies en esa fuente de agua que, efectivamente por si alto tenor salino, aliviaba muchas dolencias. Cayendo la tarde, fui hasta la laguna. Y fui testigo de una escena de una peli de Fellini, en un silencio total, figuras ancianas recortadas como sombras contra el sol poniéndose en el horizonte, en la orilla de la laguna con sus piernas hasta las rodillas, una imagen merecedora de la captura de uno de los talentos en fotografía de Atrapados, tengo esa imagen vívidamente grabada, cuando el pueblo se inundó me dolió especialmente, pq si se hubiera construido el proyecto en el q trabajé, si no hubiera solo arruinado en los planos, Epecuén no habría sido cubierta por las aguas, fui otras veces en años siguientes, diferentes niveles de las aguas, siempre impactante la visión de pueblo fantasma de una película. Hoy Isa, con toda la historia de leyenda que nos has contado, he completado la película en mi cabeza. Gracias amiga, buenísimo trabajo
ResponderBorrarEmilio, tu comentario es súper interesante! Qué triste que no te hubieran hecho tu proyecto en ese momento. Muchas gracias por tus palabras amigo, y por leerme siempre. Abrazo grande!
BorrarEterno y maravilloso Epecuén, donde sus antiguos habitantes se reencuentran cada domingo para visitar con nostalgia su hogar. Querida Isa, tu nota es espléndida, realizada con mucho cuidado, recorriendo cada espacio histórico con delicadeza y conciencia de lo que significó y significa este lugar increíble. Gracias por haber sumado dos de mis más queridas fotos; quizás no las mejores, ¡pero ambas fueron realizadas en los diferentes viajes que tuve la oportunidad de ir! ¡Felicitaciones y vamos por más!
ResponderBorrarQuerida amiga, gracias a vos por permitirme mostrar tus fotos en mi trabajo y por tus cálidas palabras. Es Un lugar que tengo que conocer, un lugar mágico sin duda. 💜💚😘😘
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