ATRAPADOS POR LA IMAGEN
"Artista de Atrapados por la Imagen"
en: Tiempos de abandono
Edición: Editorial Atrapados por la Imagen
RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ
Registro de propiedad intelectual
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No me gustaba ir a la casa del tío Luis.
La calle era de tierra y muy oscura, Había árboles muy altos que tapaban la
luz, era como un túnel, muy oscuro, a una cuadra del boulevard. En la vereda de
enfrente había un gran alambrado que daba a la canchita de fútbol del club.
-Vamos a ver a la abuela María- dijo mi madre.
A mi, esa abuela, la madre de mi papá, no
me gustaba mucho. Cuando yo hacía las comiditas para mis muñecas y sacaba
pétalos de rosas y malvones, ella me pegaba con una ramita en las piernas. Lo
hacía suave, no me dolía pero me llenaba de enojo.
Me quedé dormida en la falda de mi tía,
cuando me desperté, estaba en un cuarto vacío, frío, sabía que era el nuevo
dormitorio que le habían construido a mi primo Omar. La puerta estaba
entreabierta y entraba luz de la cocina. Me asomé, vi a mi tío y a mi abuela
conversando muy despacito, me acerqué y pregunté
-¿Y mi mamá?-
-Se fueron a lo de Camila a buscar una blusa- me contestó el tío fastidiado por la interrupción.
No me quería quedar allí. La casa me
asustaba más que la calle. Salí y miré hacia el boulevard. Era nuevo y muy
iluminado, se veía gente. Tomé coraje y empecé a caminar por el medio de la
huella que los autos habían dejado en el barro que se me pegaba en las
zapatillas y las hacían pesadas, Llegué a la luz tratando de ver, de distinguir
la casa de Camila. Los ojos se me llenaron de lágrimas, me sentía muy sola y asustada.
-¿Estás perdida nena?, ¿a quién buscás?- me dijo el señor con mucha barba y mal olor.
-A mi mamá, está en casa de Camila, la modista ¿usted la conoce?-pregunté temblando. Oía a mi madre y a mis tías cuando me pedían que no hablara con nadie que no conociera. El señor olía muy feo pero no me daba miedo, menos cuando me dijo
- Vamos, yo te llevo, Camila vive en la otra cuadra- me tomó de la mano y caminamos mientras el canturreaba una canción que mi papá cantaba cuando se afeitaba. Eso me tranquilizó.
-¿Cómo te llamás chiquita?- preguntó mientras encendía un cigarrillo.
-Beatriz, pero me dicen Bea-
-¿Y cuántos años tenés?
-Recién cumplí seis-
- ¿Y cómo salís sola siendo tan pequeña? -
-No me gusta la casa de mi tío- contesté y me largué a llorar.
Mi madre y la tía Lucía estaban saliendo
de la granja y corrieron hasta mí. Mamá me zamarreó enojada
-¿Cómo saliste sola?- me gritaba.
-Y usted ¿quién es? ¿Qué hace con mi hija?- preguntaba furiosa.
-Calmate Lita- dijo mi tía Lucía y se dirigió al señor
-Gracias don Benito por cuidar de Bea, esta chiquitina no debería salir sola-
-Estaba llorando y muy angustiada ¿cómo la dejaron salir? ¿nadie la cuidaba? - dijo con voz que delataba un gran enojo y se alejó mascullando maldiciones.
Mi
tía me alzó y la abracé con fuerza
-Pobre hombre, perdió a su hijo y a su esposa en un accidente hace dos años y nunca más volvió a entrar en su bella casa- intensifiqué el abrazo, no entendía nada de lo que decía.
Mi madre, la miró desconcertada
- Sí, por suerte la encontró él ¿y si no? - y me miró con enojo.
Me largué a llorar muy acongojada. No me
salían las palabras, no podía decirle que no quería que me dejara sola ni en mi
casa ni en lo del tío Luis, que ella no me gustaba y que quería vivir con la
abuela Elena, que me cuidaba, me hablaba, me escuchaba y con la tía Lucía que
me peinaba y me enseñaba a leer libros nuevos. Y entonces le dije muy quedito
-Tía, llevame con vos, no quiero vivir con mi mamá-
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Edición: Editorial Atrapados por la Imagen
MAYO 2026
Corrección literaria: Isa Santoro
Maquetación y Edición: Laura Jakulis
Colaboradores: Marta Puey - Emilio Bertero
“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra”

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.





Muy bien lograda la tensión, la angustia de la nena, tanto dentro de la casa cuando tío y abuela charlan, como cuando decide salir a la calle, a ese boulevard intimidante que se ve con mucha precisión, y luego, de la mano de Benito, la angustia se traslada al lector temeroso de lo que pueda pasarse a la criatura, y tras el alivio por la aparición de la madre, la pena por la verdad acerca de Benito, y el gran final, no por inesperado faltó de consistencia, notable Susana como en tan pocas líneas relatas con intensidad tantos conflictos.
ResponderBorrarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderBorrarEl título del relato apunta a un efecto de la época: el no alojamiento de los hijos, el desamparo de niños y ancianos, la afectación de las familias y el surgimiento de nuevas formas de familiaridad. En el espacio social, ¿qué lugar se hace al semejante de la especie? ¿qué lugar se deja al otro en tanto semejante, que articula alteridad y diferencia? El primer otro es el sí mismo más el tiempo. Su rechazo es el germen del racismo y de la segregación
ResponderBorrarClima, e imágenes que acentúan la congoja de una niña interpretada por el menos esperado da y sí , sospechado.
ResponderBorrarSusi, en su narración nos invita a reflexionar y a medir las reacciones convencionales.
Hermoso, muy hermoso !
Muy bueno. Me recordó a Un hombre sin suerte, de Samanta Schweblin.
ResponderBorrarSuspenso in crescendo, desde la primera oración: "No me gustaba ir a la casa del tío Luis..." Historia lacerante que solidariza al lector con la niña, en todo momento y hasta el punto final. Muy bueno, Susi!
ResponderBorrarGracias, Susana. Siempre tan clara y profunda dejando muchos mensajes y capas en cada historia. Hay que registrar y escuchar a las infancias. Siempre. Gracias.
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