EDITORIAL: "ATRAPADOS POR LA IMAGEN"
Fotografías de autor
jueves, 5 de marzo de 2026
VIEJA MAQUINA
©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "Fin del carnaval" - Del escritor: PEDRO PABLO LILLI - Rosario - Argentina
Cuentos y Relatos Presenta:
- Una Novela Corta -
"Fin del carnaval "
de:PEDRO PABLO LILLI
"Artista de Atrapados por la Imagen"
Edición: Editorial Atrapados por la Imagen
RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ
Registro de propiedad intelectual
"Fin del carnaval "
PEDRO PABLO LILLI
I
Entró apurado al súper; ya eran las nueve menos veinticinco y cerraba a las nueve. Siempre a las apuradas, por esos malditos clientes que, indefectiblemente, le caían cuando ya estaba saliendo del estudio. Encaró directo hacia la verdulería recorriendo, sin detenerse, la góndola de los cosméticos que desembocaba, a la izquierda, justo sobre las cebollas, y a la derecha sobre las frutas. Fue hacia los tomates perita, eligió los cuatro más lindos, hizo lo mismo con los limones. Tomó un ramito de perejil y un plantín de albahaca. En la balanza, la vio. Hacía unos días que se la cruzaba por todos lados: en la farmacia, en el kiosco, en el bar donde desayunaba todas las mañanas, entrando a la cochera del edificio. No era para menos. Era una rubia de pelo corto y piel luminosa, no tan joven, pero muy llamativa. Short salopette rojo sobre una ceñida remera blanca impecable. Cuerpo elástico forjado en horas de gimnasio. Con una mano acomodaba una botella de Cachaça 51 en el carrito y con la otra sostenía una bolsa de limas.
-¡Hola!
-Hola.
-Esta noche, caipiriña, me parece...
- No lo dudes - y dando por descontado que él le cedía su turno para pesar, pesó, dejó caer los cítricos en el changuito y le dejó el lugar. Cincuenta, le calculó. No más. Un par más que él.
- ¡Beber con moderación, entonces!
- Sí, tranqui. Chau - se alejó segura de ocupar el centro de la escena, sin necesidad de darse vuelta para corroborarlo.
Nueve menos cuarto, corrió hacia los congelados, arrebató una bandejita de berberechos con valva. Se acordó del pan, "salen bruschettas". Tres minutos después la volvió a encontrar, frente a las pastas. Ella, tirabuzón. Él, spaghetti. "¡Ajo!" salió disparando hacia la verdulería, volvió con una cabeza y ella todavía estaba allí, indecisa sobre la marca. Él tomó una confección de la de su preferencia y se la alargó.
-No fallan.
- ¿Seguro?
-Totalmente.
-Los berberechos...con un sauvignon blanc, supongo- tiró ella mirándole las compras.
-Con champagne. Esta noche, spaghetti alle vongole, con champagne. Y me lo voy a tomar todo, yo solo.
- ¿Solo?
-Solo – se encogió de hombros, con cara de resignación.
Por los altoparlantes: "Petersen Supermercados informa a los señores clientes que ha cerrado sus puertas y que reabrirá..."
- ¡Las nueve!
- ¿Están juntos? - preguntó la cajera con aire cansado.
- Lamentablemente, no.
La chica meneó la cabeza con gesto de "¡machirulo ridículo!". Ella, en cambio, sonrió divertida, le guiñó un ojo cómplice, pagó y se fue con "Un gusto. Chau". “Nos vemos…” aunque estuvo tentado de decirle “Esperame”.
Cuando salió, uno de la Seguridad, cerró la puerta con traba a sus espaldas y bajó la persiana. Ella estaba ahí, revisando el ticket.
- ¡Qué boludo!
- ¿Qué pasó?
- ¡Me olvidé el champú!
-Para mí, lo hiciste a propósito.
-No. ¿Para qué?
-Porque estás solo y te querés sumar a mi noche de caipiriñas.
- No sé... ¡estaría! ¿Decís en serio?
-Dale, vení. Invité a una amiga, estamos solas. Tenemos arrollado de pollo y una Waldorf. ¿Ves ese edificio? 5ª A. ¿En media hora?
-Llevo el postre.
-Perfecto. Nos gusta el helado de acá a la vuelta.
- Buenísimo. Gael…
-Eugenia.
II
Cuando le abrió la puerta en planta baja, le dio un beso de amiga con gran naturalidad, tomó la bolsita con el pote de helado y, al llegar al ascensor, se detuvo. Lo miró fijo:
-Mi amiga es una persona angelical. Es una niña.
- ¡Una niña! Entonces elegí bien el helado…
-Gael, no. No es una niña, es adulta. Inés tiene treinta y siete años…quedó niña…
- ¡Ah! Entiendo…
- Yo estoy a su cargo. Soy su tutora.
- Entiendo.
- Gracias, amigo. Sabía que no me equivocaba- subieron al ascensor.
- ¿Sabías?
- Uno que se arma un banquete para él solo, un viernes a la noche, por falta de otro programa, es alguien que sabe por dónde pasa la vida.
- ¿Vos decís? ¡Ojalá!
Llegaron. El departamento estaba armado con susurrada elegancia: pocos muebles, pero de valor y pequeñas piezas de Arte en un ambiente contemporáneo, de líneas puras. En la pared importante de la sala, una acuarela de Xul Solar, en otra, un inconfundible Julio Vanzo. Sentada en un sillón de terciopelo claro, Inés los esperaba sonriente. Gael se sobresaltó. Esbelta y distinguida, de belleza serena y suave, vestía un sweater verde musgo y pantalones azul marino, como sus ojos. La mirada transparentaba una inocencia infantil. Se estudiaron en silencio. Eugenia los observaba tomando distancia y con curiosidad.
Gael se atragantó con el primer sorbo.- ¡Hola Gael! Bienvenido.
-Hola Inés.
-Yo te conozco.
- ¿En serio?
-De chicos jugábamos juntos.
Eugenia le hizo un gesto de no contradecirla.
- ¡Cierto!
-Corrías muy rápido.
-Sí, eso sí. Nadie me podía ganar.
-También, silbabas lindas canciones.
- ¡Pensar que ahora no me sale ni una!
-Hacías gárgaras con Coca Cola y después la escupías para arriba como una ballena. Tu mamá te retaba.
-Sí, me acuerdo. ¡Siempre me retaba! A lo mejor porque era muy travieso.
-Muy travieso.
-Me gustaba jugar a la pelota.
-Y tirarme de las trencitas.
- ¿Yo hacía eso?
-Sí.
- ¡Qué pibe malo!
-Todos sabían por qué lo hacías.
- ¿Y por qué lo hacía?
-Porque estabas enamorado de mí.
-…
-Eras el más lindo de todos.
- ¿Lindo? ¡Pero si parecía Bugs Bunny con ortodoncia!
-En los cumpleaños, siempre querías jugar a la botellita o al baile de la escoba…
- ¡Cierto! ¡El baile de la escoba!
-…y siempre me buscabas a mí para bailar.
-…
-Un día se cortó la luz y me diste un beso de novio.
- Bueno…- intervino Eugenia- Yo tengo hambre. ¿Ustedes?
- ¡Yo tengo hambre! - se entusiasmó Inés.
- ¿Quién toma una caipiriña como aperitivo?
- ¡Yooooo! - siempre Inés.
Gael miró sorprendido a Eugenia.
- Se la preparo sin alcohol, con agua mineral.
- Con agua mineral – repitió Inés- Los chicos no tienen que tomar alcohol.
- ¡Ah! ¿Yo puedo, que soy un chico travieso?
- Muy travieso. Tu mamá siempre te retaba.
Eugenia volvió de la cocina con los tragos.
- ¿Brindamos?
- ¡Sí! ¿Por qué brindamos?
- Por el reencuentro con Bugs Bunny ¡que ya no usa ortodoncia!
- ¡No le mezquinaste cachaça!
- ¿Se me fue la mano?
- No, no… Está muy buena.
III
Antes de la cena, Eugenia le sirvió otro par de tragos, tan fuertes como el anterior. Iba y venía de la cocina, terminando de preparar la mesa. Llevaba puesto un delantal blanco con puntillas que acentuaba, por contraste, su elegancia informal. “¡Qué locura hermosa que es todo esto!” pensó él, mientras seguía la charla con Inés inventando situaciones que estimularan su participación. “¿Te acordás cuando hacíamos trencito con los chicos en el colegio?” “¡Sí! Y gritábamos MUUUU cuando llegábamos a la Dirección”.
Toda la cena transcurrió con este tenor.- Vengan a sentarse que ya traigo el arrollado. ¿Seguimos con caipira o cenamos con champagne? Siempre tengo una botella en la heladera…Para Inesita traje Seven-Up.
- A decir la verdad, yo ya estoy medio bebido... ¡en pedo! - agregó acercando la cabeza a Inés para hacerla reír
- ¡En pedo! Tu mamá te va a retar, ¡otra vez!
- Champagne. Esta noche tenías ganas de champagne. Pero no vamos a dejar que lo tomes solo.
- Euge, mil gracias por invitarme. Esto es muy lindo. Gracias, en serio, flaca.
Ella le apretó una mano.
- A vos. Estamos muy contentas de tenerte.
- Muy contentas, pero no hagas gárgaras con el champagne porque se mancha el mantel y después hay que lavarlo – pidió Inés apretándole la otra mano.
IV
Terminaron de levantar la mesa. Inés pidió permiso para irse a dormir y Eugenia la acompañó a su dormitorio. Cuando regresó, lo encontró mirando la noche y la calle vacía, fuera de la ventana.
-Preparo café. ¿Te ocupás de la música?
-Sí, claro. ¿Alguna preferencia?
-Elegí vos. Si no me gusta, me pongo a gritar como una loca hasta que salgan los vecinos a salvarme.
Se instalaron en el sofá de tres cuerpos, envueltos por el aroma de un Colombia y una delicada selección de crocantes artesanales y láminas de cacao. Apagaron las luces dejando solo el pequeño spot sobre el cuadro de Xul Solar. De fondo, Norah Jones, Dido, Carla Bruni, Diana Krall, Melody Gardot y otros.
- ¿Estás por decir “Al fin solos”?
- ¡No! La pasé muy bien. Conversar con Inesita me oxigenó la mente.
- Es un tesoro. Estuviste genial con ella.
- ¡Cómo no intentarlo!
- Quedó fascinada, con vos. Me lo dijo.
- Y yo con ella. A propósito, todavía no nos presentamos for-mal-mente...
- ¡Cómo que no! Por casualidad, vos no serás Gael, ¿verdad?
- Sí. Y vos… ¿Eugenia?
- ¿Cómo adivinaste?
- Te veo seguido por el barrio. ¿Te mudaste hace poco?
- Una semana. ¿Sabés que, en serio, nos conocemos?
- ¿De chicos jugábamos juntos?
- Nooo…- se rio- Sos el abogado de la empresa de Inés. Del padre de Inés. Mi jefe.
- ¿Quién es?
- Santiago Lamberts.
- ¿Eugenia De Benedictis?
- ¡La misma! - le extendió la mano, riendo. Él, siguiendo el juego, se la besó con delicadeza. Sorprendida, contrajo las rodillas en un impulso instintivo, para después relajarse al sentirse descubierta, in fraganti. - Estamos en contacto por mail casi todos los días. Nos vimos una vez, en una reunión. ¡Y no te acordás!
- ¡Imperdonable, lo mío! Estaré enfermo…o loco.
- Lamberts te tiene allá arriba. Sos “su” abogado.
- Bueno, si es por eso, el Grupo Lamberts es “mi” Cliente. El más importante. ¿Hace mucho que trabajás ahí?
- Entré a la empresa de estudiante.
- ¿Qué estudiaste?
- Economía. Tenía veintidós años. Pasaron treinta y desde hace quince soy su mano derecha. Ahora, además, Tutora de Inés.
- Estará registrado en la Escribanía asociada a mi Estudio…
- Así es. Su mujer falleció y él está muy delicado de salud...Tiene un cáncer avanzado. Su hermano y cuñada están en un geriátrico, en Suiza; sus dos sobrinos, uno en Estados Unidos y la otra en Bélgica, dirigiendo los negocios de las subsidiarias. Inés depende de mí.
- ¿Vive acá con vos?
- No. Vive con el padre. Tienen personal de servicio especializado, las veinticuatro horas, para cada uno de los dos.
- ¡Una fortuna! Bueno, los Lamberts tienen un imperio.
- Desde que falleció la mamá yo la visito o la traigo a casa tres o cuatro veces por semana. Con la enfermedad de Santiago, que ya no puede ir a la oficina, mis horarios de trabajo son extenuantes. Los gerentes de la empresa son de fierro, pero hay que seguirlos. No pueden con todo.
- Con vos se ganó la lotería, Lamberts.
- Sabe armar equipo y motivar desde el primero hasta el último de sus colaboradores. No es tacaño, como la mayoría de los empresarios. Es un tipo sumamente correcto y planifica todo al detalle. No se le escapa nada.
- Habla una enamorada…
Inspiró y se acomodó nerviosa los cabellos, reclinándose hacia atrás. Meneó la cabeza dando a entender que no quería tocar el tema.
- ¡No me di cuenta de que todavía tengo el delantal!
- ¡Te queda muy bien, mujer! Te hace sexy.
- ¡Me imagino! - Intentó con un gesto premuroso que le cubriera las piernas. Pero no lo logró. - Además de abogado exitoso – trató de desviar el tema- ¿Qué contás de vos?
- ¿Exitoso? Digamos que me va muy bien. Vivo enfrascado en mi trabajo. No hago otra cosa. Una vez por año, me regalo…o me regalaba, un lindo viaje. Me gustan la moto y la vela. Participo en regatas, cuando puedo, la moto ¡es una pasión!
- ¿Y en otros aspectos? Pareja, hijos…
- Lesionado, en franca recuperación…No tengo hijos, todavía.
- ¿Apuntás a ser padre?
Se encogió de hombros y arqueó las cejas con sonrisa triste.
-No sé. Hasta ahora, no se dio. Y ya tengo cuarenta y ocho. ¿Vos?
-Igual, pero acabo de superar los “sin cuenta” …Hay aspiraciones que ya no serán satisfechas, que tengo que olvidar…
Sonaba “Stand by me” en la versión inigualable de Florence+The Machine donde Florence Welch, la cantante, pasa del susurro vulnerable al rugido desgarrador, rogando “Quedate a mi lado, quedate a mi lado…”. Eugenia alargó la palma de la mano abierta hacia él, que la imitó. Con la mirada se pidieron auxilio mutuamente. Los dedos entrelazados se acariciaron para darse fuerza. Después se soltaron.
- ¿Otro café? ¿Preparo caipiriña…? Tengo más champagne.
- Nada, gracias. Estoy muy bien así… – pensó que tendría que agregar “Es tarde, ya me voy”, pero no tuvo ganas.
- ¿Seguro? Yo también estoy bien así…Me saco este delantal. Huelo a pollo.
Sonaba, ahora, “Life in mono” de la banda sonora de Great Expectations.
Se puso de pie y liberó el mandil. Al pasarlo por la cabeza, se estiró como una gata, dejando entrever, debajo de la salopette roja, el armonioso relieve de sus formas. Al captar que él no le quitaba los ojos de encima, lo revoleó lejos, con la gracia propia de un número de striptease.
– Et voilá! – exclamó divertida, posando como una diva, con un talón en el aire.
- Eugenia …el que inventó el color rojo, pensaba en vos.
V
Lo despertó con un beso.
- Buen día, cerdito.
- Mmmmm…
- ¿Qué vas a desayunar?
- Tu cogote, pechugas y pata muslos.
- ¡Otra vez, no! – saltó de la cama- Me voy a duchar. Inesita ya estará despierta.
Mientras desayunaban sentados en la cocina, Inés se enganchó con dibujos animados en la TV.
- Si no tenés otro programa, te propongo uno que, hasta incluso, puede ser de mucho provecho para tu trabajo…
- No trabajo los fines de semana. Persiana baja.
- Se trata de esto: tengo que acompañar a Inés a su casa para el mediodía. Vamos, saludás brevemente a Santiago, que va a tener gusto de verte y después…
- ¿Porqué Lamberts tendría gusto de verme, un sábado, delicado de salud, en su mansión, supongo…? Imagino que un tipo discreto como es él, será muy celoso de su privacidad…
- ¡No lo conocés lo suficiente, entonces! Vos sos una pieza clave en la defensa de su imperio. Él se siente frágil por su terrible enfermedad. Verte, en privado y escuchar de tu propia voz que vas a poner todo tu empeño para garantizar que nada se desmoronará, aún después de su desaparición, va a hacerle bien. En compensación, conociéndolo, va a interferir para fortalecer tu posición frente a tus socios y tu futuro profesional.
- No quiero ser inoportuno…
- Vamos con mi auto, que tiene permiso de ingreso al predio.
VI
A las once y media estacionaron en el box reservado frente a la majestuosa construcción estilo franco-belga, después de haber superado tres garitas de control.
- Impresionante.
- No podías imaginártelo ¿verdad?
Se acercaron a recibirlos, el Ama de llaves, Clara Van Hecke y la Institutriz de Inés, Astrid Vandermeer.
Apenas bajó del auto, Inesita corrió a abrazar a su asistente.
- Bienvenue á la maison, ma puce. Tu m´as manqué! Viens vite me raconter tes aventures. - la abrazó a su vez, Astrid. Saludaron y se retiraron.
- Coucou Eugénie! ¿Cómo la pasaron? - preguntó la señora Van Hecke, en su castellano afrancesado por el acento, con sincera cordialidad, ayudándola a bajar los bolsos del baúl del Peugeot 5008 azul, blindado.
- Salut, Clara! Muy bien, como siempre. Ayer fuimos de compras, al cine…después Gael nos invitó con helado…Te lo presento, Gael De la Torre del buffet de abogados De la Torre, Aráoz & Valmer. Santiago nos espera para un breve saludo. Así quedamos, solo que esta mañana no me contestó la llamada…
- Encantada Doctor. Bienvenue. Sí, Euge, yo estaba al corriente. Hoy se siente muy débil, le faltan el aire y la voz, creo que sería más adecuado postergar el encuentro.
- Seguramente. Solo un apretón de manos. Una señal de que en la empresa está todo bajo control y según sus disposiciones. Para él es muy importante. Lo va a dejar más tranquilo.
- D´accord. Lo dejo en tus manos. ¿Se quedan a almorzar?
- Sí, gracias. Necesitamos tratar un asunto delicado y urgente que, requiere la aprobación y firma de Santiago.
- Bien. Les preparo la mesa en el privé de la terraza, entonces. A la una estará listo. Con permiso.
Eugenia bajó la agenda y la cartera del auto. Estaba muy elegante con un tailleur azul marino sobre una blusa de seda rosa. Cambió los lentes de sol, que guardó en un bolsillo, por los de vista. Era otra, muy distinta a la de la noche anterior.
- Vamos.
- Esperá. ¿A qué “asunto delicado y urgente que, requiere la aprobación y firma de Lamberts” te referís?
- Confiá en mí. Lo tratamos en la mesa. Ahora lo importante es que Santiago se entere que te vas a ocupar del caso. Por favor, no me hagas más preguntas hasta llegado el momento. Confieso estar preocupada y nerviosa por no ser él, personalmente, quien aborde el tema.
- Esto, así, no me gusta. Me hubieras avisado que no se trataba de una visita de cortesía.
Quedó callada un instante, apuró el paso apretando los labios y, finalmente, le dio un codazo.
- ¡Cerdito!
- Tramposa- sonrió sin querer.
Se detuvieron en la puerta del dormitorio antes de entrar. Ella quedó, un momento, pensativa y en silencio, para reunir fuerzas. Entraron. Lamberts yacía en la cama con los ojos entrecerrados, sumamente delgado, y conectado a un respirador. Había un pesado olor a encierro y remedios. “Irreconocible” pensó Gael, del hombre que recordaba de porte gigantesco y fuerte, ex rugbier. Riguroso, pero afable y vital. Nunca asociado a un escándalo. Una de las figuras más prominentes y acaudaladas del país.
Eugenia, al verlo, suspiró conmocionada. Se le llenaron los ojos de lágrimas. Se lanzó sobre él, le tomó una mano y lo besó en la frente con evidente cariño.
- Tiago, ¡buen día! Aquí estoy…
El hombre abrió los ojos que se iluminaron al tiempo que se le escapaba una sonrisa.
- Hola- dijo con voz inaudible.
- No te esfuerces. Acabo de devolverte a Inesita con quien compartimos lindas salidas. Siempre la pasamos bien, juntas. Esta vez, afortunadamente, no tuvo ningún episodio y el lunes tenemos turno con el neurólogo. Evidentemente la medicación está dando buenos resultados. Sus progresos son notables, gracias a Dios.
Lamberts, le apretó la mano dando a entender que había asimilado el parte e hizo el gesto de lanzarle un beso. Desvió la mirada hacia Gael.
- Sr. Lamberts, ¡buen día! Quería manifestarle, no necesita que se lo diga, que estoy siempre a su disposición…
El asintió con la cabeza, levantó un pulgar y le guiñó un ojo.
- Profundizaremos el tema con Gael, ahora, durante el almuerzo. Clara dispuso el privé. Cuando hayamos ultimado los detalles, te los referiremos.
El hombre volvió a asentir con la cabeza y luego estiró la mano derecha a Gael para un apretón formal. Le retuvo la mano, mirándolo profundamente. A pesar de su estado, Santiago Lamberts conservaba su habitual magnetismo.
VII
Se ubicaron en la mesa servida con gran clase, en un ángulo apartado de la terraza desde donde se dominaba el inmenso jardín palaciego frente a la mansión.
Clara Van Hecke los esperaba junto al camarero.
- Elegí el siguiente menú, sabiendo que a Eugénie le gusta el pescado. Espero que también sea del gusto del doctor. Entrada: Carpaccio de salmón – Plato principal: Lenguado a la plancha sobre vegetales baby al vapor – Postre: Sorbete de limón al champagne. Si no tienen otra preferencia, sugiero acompañar con un chardonnay.
- ¡No podría ser mejor, Madame! – Gael respondió levantando los pulgares, sonriendo seductor y guiñándole un ojo.
- Merci, Monsieur- se sonrojó complacida la mujer.
- Merci, Clara. C´était absolument parfait.
- Bautista se tient à votre disposition. – presentó al camarero- Bon apetit.
Una vez solos, se miraron en silencio un rato largo.
- ¿Qué querés que te diga? - empezó Gael
- Lo que quieras o sientas.
- No sé. Tengo ganas de irme.
- ¿Hablás en serio?
- Muy en serio. Detesto las intrigas. Siempre esconden algo.
- Te voy a pedir que no seas descortés.
- Te voy a pedir que largues el rollo. Crache le morceau!
- Para eso vinimos. Pero me tenés que escuchar situándote en el contexto y con generosidad de espíritu. Después decidís…
- ¿Qué me estás por pedir?
Bautista llegó con la entrada, luego abrió el vino y sirvió las copas, entendiendo que era inoportuno proponer la cata antes de retirarse.
- La pregunta es: ¿qué te estoy por plantear?
- ¿Qué me estás por plantear?
- Este carpaccio está exquisito, probalo. Ana, la cocinera, es excepcional.
- ¡Por favor, no des más vueltas! Accouche!
- De acuerdo. Se trata de algo vital para el Grupo Lamberts. La sucesión en la conducción, cuando Santiago, nos deje, no esté más. Pueden pasar horas, días, máximo un año como me explicaron sus oncólogos.
- Es un trabajo de rutina para mi Estudio.
- Ya no nos servís como abogado.
- ¿Qué estás diciendo? ¿En qué defraudé?
- Todo lo contrario. Ese buffet te queda chico. Santiago y yo te necesitamos en el Directorio. Pero para eso tenés que dejar de pensar en artículos y leyes y comenzar a pensar en estructuras de poder.
- Veamos.
- Necesitamos que seas mi brazo armado. Mi alter ego.
- Sé más precisa.
- El CEO y titular del cincuenta por ciento del Grupo es Santiago. Su hermano, titular de la otra mitad junto a su esposa, están con Alzeimer internados en una clínica en Suiza. Por orden de Santiago no se ha avanzado sobre las cláusulas por insania para sacarlo a Arthur del Directorio, para garantizarles de por vida el pleno usufructo de su parte. La idea es protegerlos de cualquier problema que pudiese surgir con sus hijos.
- Sebastián, en Nueva York, a cargo de los negocios en USA y Canadá; Helena en Bruselas, responsable del mercado de la UE.
- Así es. Jóvenes, treintaicinco y treintaiseis años respectivamente, muy bien formados, Seba en la Wharton School de la Universidad de Pennsylvania y Helena en INSEAD de París, exitosos en sus relativas gestiones, ambiciosos y a la espera, cada uno, de tomar el comando general del Grupo. El lugar de Santiago. El lugar que quiero ocupar yo.
- Es normal. Me imagino que Santiago lo previó y tiene pensado como dirimir el conflicto en puerta. ¿Qué hay de eso?
- No te apures. Santiago, viudo, deja un solo descendiente: su hija Inés, que conociste ayer.
- Con una discapacidad inhabilitante que requirió el nombramiento de una Tutora, motivo por el cual no puede ni podrá nunca integrar el Directorio.
- Santiago me honró designándome para esa función.
- Altísima responsabilidad. Significa que sos la persona de su mayor estima y confianza.
- Es así. En el organigrama del Grupo, después de Santiago, figuro yo, en lugar de Arthur, como su Vice. Tendría que ser su sucesora natural. Actualmente, Sebastián y Helena, dependen funcionalmente de mí. Nunca lo pusieron en discusión por el liderazgo inobjetable del tío. Cuando éste no esté más, tiburones de alta mar, como son, apelarán a la cláusula de insania de sus padres para entrar con todo derecho, en el Directorio y disputarme el cargo. Son dos y son Lamberts.
Habían llegado al café. Bautista les sirvió los espresso a la italiana con un par de gianduiotti Gobino. Antes que se retirara, Eugenia le hizo un gesto con la mano para que esperara.
- No fumo, pero un buen habano con el café es una locura que me permito cada tanto. Obviamente, nunca en público. Cuando nos quedamos trabajando hasta tarde, después de cenar, con Santiago…
- Fumo habanos. Esporádicamente y con una copa de cognac.
- Perfecto. -se inclinó apenas hacia el camarero - Bautista, por favor, un Siglo VI y un Louis XIII., para el doctor.
- Si es para mí solo, no.
- No te prives por mí. Me duele un poco la cabeza…Anoche dormí con muchas interrupciones – sonrió maliciosa- pero te voy a robar una pitada del Canonazo.
- ¡Di-vi-na! - mimó él con la boca, aprovechando que el hombre le daba la espalda preparando el pedido.
- ¡In-sa-cia-ble! – Mimó ella, risueña, antes que Bautista apareciera con la espectacular botella de cristal de Baccarat y el Canonazo cubano.
- ¿Perfil de los chicos?
- Seba, es el típico ejecutivo de Manhattan que no le teme al riesgo, nunca pierde la formas, pero apenas cruzas dos palabras te das cuenta de que tiene el ADN de Santiago: pragmatismo belga para los números y labia argentina para cerrar negocios imposibles. Capaz de trabajar dos días sin parar, pero cuando juega la Selección, olvidate de él.
Helena, hoy, es el verdadero cerebro de las operaciones estratégicas del grupo. Tiene una enorme capacidad diplomática; maneja tres idiomas (francés, inglés y chino) como si nada, y tiene una paciencia infinita para la burocracia europea. Es mucho más metódica que Sebastián, negocia hábilmente y cuando toma una decisión, no hay vuelta atrás. Santiago la adora y ella a él.
- Es lógico que estés preocupada por tus expectativas.
- Juntos forman un combo perfecto. Seba te consigue la reunión con la crema de Manhattan y te convence de invertir millones en diez minutos; después vas a Bélgica, Helena te recibe con una precisión impecable, y te das cuenta de que cada centavo está respaldado por una estructura de hierro.
Bautista se retiró. Gael prendió el imponente habano con un largo fósforo de madera. Cerró los ojos para sentir en el paladar las notas de cedro, miel y cuero delicado. Al abrirlos ella lo observaba complacida.
- Van a venir con el cuchillo entre los dientes.
- No te quepa duda. Fui yo quien sugirió a Santiago el proceso de formación y curricular de los chicos. Yo ya era la mano derecha de Lamberts con un Máster en España y una especialización en Suiza, cuando ellos terminaron el secundario. Fui yo quien sugirió abrir una oficina en Nueva York y otra en Bruselas cuando se graduaron…
- Para mantenerlos alejados.
- No… ¡no es así! Los seguí de cerca y los apoyé en todo, incluso los defendí frente a Santiago cuando se mandaron alguna cagada…yo me encargué de la estabilidad de la empresa durante los ciclos económicos volátiles de Argentina- los ojos se le nublaron.
- ¿Un trago? – le extendió la copa
- No, gracias. O mejor, sí. Y una pitada del habano.
Un rayo de sol la iluminaba. “Con el puro en una mano, y la copa de cognac en la otra, parece salida de un film” pensó desconcentrándose.
Retomó el relato con voz firme y segura.
- Me preparé para llegar a la cima. Sacrifiqué mí vida personal por y para la Empresa. No solo, para la familia Lamberts. Yo conseguí la casa de reposo en Suiza para Arthur y Stephanie. Yo mantuve en secreto y alejada a la prensa cuando Magdalena (la esposa de Santiago) comenzó con el alcohol y las drogas. al saberse que la enfermedad de Inesita era irreversible. ¡Fueron momentos durísimos! Teníamos paparazzi por todos lados. Y los adversarios no esperaban otra cosa que mostrarla, para atacarlo… Yo sigo los tratamientos médicos de Inés desde hace veinte años.
- Te sacrificaste, pero con un objetivo bien definido.
- No formé pareja, no tuve hijos…No cualquiera llega a mi posición, ganada con trabajo, estudio, lealtad y -evidentemente- capacidad. Santiago me eligió su sucesora y tutora de su bien más preciado: Inesita. Nadie va a desplazarme. La llave de casa la tengo yo.
Permanecieron en silencio un instante.
- Ahora tenés el cuadro completo de la situación. ¿Otro café?
- No, gracias. Me quedo con el refinado retrogusto del tabaco y del cognac, en boca.
- ¿Te molesta si seguimos conversando mientras caminamos por el parque? Necesito tomar aire.
VIII
Tomaron un sendero de gravilla gris bajo la sombra de una fila de cipreses que los alejó del frente de la mansión. Se sentaron en un descanso entre bojes simétricos y gardenias perfumadas, desde donde podían apreciar la enorme fuente de mármol en el centro del parque.
Quedaron en silencio contemplando los saltos del agua en la fontana. Gael lo interrumpió.
- Más allá de lo laboral, ¿Qué tipo de relación es la tuya con Santiago?
- Yo hubiera preferido otra cosa, él decidió que yo fuese una hija.
- Entiendo.
- Llegué a estar enamorada hasta el enajenamiento por él. Yo era muy joven. Me lleva veinticinco años. Un día, cansado de que lo hostigara, me planteó que mezclar sentimientos y trabajo es la combinación perfecta para el fracaso. Acto seguido me mandó a hacer una especialización de seis meses en Suiza. Cuando regresé, me ascendió y nunca más se tocó el tema. Yo me resigné a no tenerlo y desde entonces aposté todo, solo, a hacer carrera. Como una estúpida nunca quise a otro, nunca me di otra oportunidad... ¡Y aquí estoy!
- Mmmmm…
- Vamos a vos - se puso tensa. Se acomodó los lentes de sol. Controló los botones de la blusa y enderezó la espalda. - Voy a hacerte la propuesta más grande de la Historia de las contrataciones.
- De consecuencia, la letra chica es la más obscena de la Historia.
- Te ofrezco un cargo ejecutivo en el Directorio y el cincuenta por ciento del patrimonio de Santiago Lamberts.
- ¿Contraprestaciones?
- Esperá. ¿Tenés presente la cantidad obscena de poder y dinero de la que hablo?
- Puedo imaginarlo.
- No. No podés imaginarlo. Supera lo imaginable.
- ¿Contraprestaciones?
- A) Matrimonio sin cohabitación, o matrimonio no consumado, con Inés Lamberts.
B) Procreación por reproducción asistida, para asegurar que Inés sea madre sin que medie el acto sexual.
C) Vasectomía obligatoria post-concepción, tuya, para evitar que puedas tener otros hijos (herederos) con terceras personas.
D) Tu Renuncia Expresa a cualquier pensión compensatoria en caso de disolución del vínculo (divorcio).
E) Cláusula de Inmunidad por Adulterio: renuncia de parte de Inés, su Tutora y/o su familia a demandarte por "daño moral" o incumplimiento de los deberes matrimoniales en caso de infidelidad.
Gael la miró fijo sin inmutarse.
- ¿Te das cuenta? Esta va a ser tu casa, por ejemplo. Vas a tener una fortuna enorme. ¡Poder! Estoy hablando no solo de un mega-yate, de avión privado, de campos, casas en los mejores lugares…
Gael siguió inmutable, limitándose solo a mirarla con cara de piedra. Se puso incómoda.
- No tenés ninguna obligación de fidelidad...tu vida personal no se modifica. Podes salir o convivir con todas las mujeres que quieras, recorrer Africa en moto, inscribirte en regatas. Vivir en esta casa, con todos sus servicios, o dónde prefieras.
Él seguía totalmente inexpresivo y ella cada vez más nerviosa.
- Gael, vos mismo dijiste que te gustaría ser padre. La discapacidad intelectual de Inesita fue causada por un trauma al nacer. Sus genes están intactos, su hija o hijo será sano. Hicimos todos los estudios habidos y por haber. ¿Querés más de un hijo? Modificamos la cláusula, pero padre solo con ella.
Él, como si nada.
-La pasamos bien, juntos, anoche ¿Verdad? No lo arruines ¿Podemos hablar?
- ¡Ahora caigo! ¿Podrás entender que estoy sumamente ofendido?
- ¿Ofendido?
- ¡Recién ahora caigo! Proponés que me prostituya.
- ¿Estás loco? ¿Qué estás diciendo?
-Armaste un carnaval infame, para comprarme, y me boludeaste todo el tiempo.
-No es así…
-Ahora ato cabos…
-Gael, no es como pensás…
- ¿No? Me espiaste una semana entera, te encontraba hasta en la sopa; te hiciste prestar un departamento en mi barrio (vos no vivís ahí), me tiraste un anzuelo con carnada en el super, usaste a Inesita, te acostaste conmigo, me trajiste con una mentira, me encerraste en este escenario de película, forzaste a un moribundo a darme la mano para comprometerme…todo para que me venda. Para comprarme.
- No te estoy comprando. Te estoy contratando a una cifra irracional porque sos el mejor abogado y una linda persona. Te elegí para Inés, porque te elegiría para mí.
- ¿Sabés lo que es ese contrato? Un corso de carnaval. ¿Quién fue el imberbe que te asesoró?
- Puede no gustarte, pero…
-Vamos a analizarlo punto por punto, con tranquilidad.
-Dale.
- ¿Alguien le preguntó a Inés Lamberts si quiere tomar por esposo a Gael De la Torre, sin consumar el matrimonio?
- Obviamente, no. Su discapacidad intelectual no le permite decidir a conciencia, por sí misma.
- ¿Alguien le preguntó a Inés Lamberts si quiere ser madre?
- ¡Pero no!
- ¿Alguien le preguntó a Inés Lamberts si está dispuesta a ser usada para fines económicos y de poder, que te benefician solo a vos?
- ¡Vos salís ultra beneficiado!
- Olvidate de mí. Alguien, Padre, Tutora y/o quién sea, ¿se preguntó si con esas premisas no se ultraja la Dignidad de una discapacitada como Inés Lamberts?
-Sos cruel, no entendés nada.
- Respondeme: ¿Alguien se detuvo a pensar, un minuto, ¡un solo minuto!, en la dignidad de Inesita?
- ¡Gael!
- Por último: es ilegal obligar a alguien a someterse a una cirugía, es ilegal exigir a alguien que renuncie a demandar. Ambas imposiciones atentan contra los Derechos Humanos. ¿Lo tenés claro?
-Es un contrato privado entre personas de bien, un pacto de caballeros.
- ¿Personas de bien? Es inmoral por dónde lo mires. No cuentes conmigo…- resopló irritado- y menos con el carnaval de burlas que me hiciste.
- ¿Puedo hacer mi descargo a tus acusas?
-…
-Santiago y yo…
-No entrometas a Santiago, y te escucho. De lo contrario, me voy.
-OK. Te necesito en el Directorio a mi lado, para defenderme de Sebastián y Helena. Para eso, por Estatuto, tenés que ser de la familia. El único modo es que te cases con Inés. Como Inés, aunque no lo creas, es prioritaria para mí…
-No pareciera.
-Sé Hombre y déjame hablar,
-A ver…
-Antes de proponerte semejante contrato, todo lo opinable que quieras, pero necesario…
- Necesario para tus planes personales, coma…
-… tenía que estar segura de que eras la mejor opción: por un lado, el mejor abogado, y sobre eso nunca hubo dudas. Sos el mejor. Por el otro, una buena y confiable persona, Descubrir esto último no es delegable. Lo tenía que hacer yo, en primera persona.
-Y planeaste el carnaval. Escena por escena.
-Llamalo como quieras, no me importa. Había dos posibilidades: en la puerta del ascensor, te dabas media vuelta y te ibas (Candidato eliminado). O, por educación, te quedabas a cenar como quien asiste al velorio de un desconocido y, apenas posible, mutis por el foro (Candidato a seguir indagando). Pero no. Viniste y fue una fiesta. Fue una fiesta para Inés, a quien nunca vi tan divertida. Y una fiesta para mí, que dejé de actuar de mujer, para sentirme mujer.
- Había una tercera posibilidad: al “candidato a seguir indagando” no se lo dejaba ir y era invitado a conocer el dormitorio.
- ¿Queeé?
- Y al día siguiente: Moribundo-Habano-Cogñac-Firma del Contrato-Fin del carnaval.
- Gael…
- Me quedo con el rol de abogado de buffet, mi perfil no da para más. Tu mundo tiene otras reglas, otros valores, otras sensibilidades. No sabría como moverme, sería un fracaso.
- Gael, nuestra intimidad no figuraba en el libreto, te lo aseguro. Los dos estábamos bajos de defensas y fue hermoso. Reprochame todo lo que quieras, pero no me insultes, yo no soy eso. Vos sos un encantador de serpientes y yo estaba ahí, cautiva de tu vibra. Salgo hecha bolsa, de esta historia.
Silencio.
-Las llaves de la casa me pertenecen y nadie me las va a arrebatar.
Silencio.
- Voy a modificar, urgente, el Estatuto, antes de que muera Santiago. “Solo podrá ser CEO quien acredite idoneidad, no menos de treinta años dentro de la empresa y al menos quince como miembro del Directorio”, en otras palabras, solo Eugenia De Benedictis podrá ser CEO del Grupo Lamberts por los próximos veinticinco años. Ya mismo, me voy a la oficina a trabajar sobre eso y mañana después del mediodía lo tenés listo para la firma. El lunes, a primera hora lo llevo a registrar. Ahora, con tu permiso, llamo un taxi.
-Podés trabajar acá, en el despacho de Santiago.
-Pasa que necesito documentos y bibliografía que tengo en el Estudio.
- OK. Vamos que te llevo.
- No, gracias. Prefiero un taxi.
- Dejá, te lleva mi chofer.
Pedro Pablo Lilli
Rosario, febrero 2026
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©Pedro Pablo Lilli
Rosario - Argentina
"Primer novela corta. para Atrapados por la Imagen"
Ilustración: Imagen generada con herramientas de la IA
Edición: Editorial Atrapados por la Imagen
Diseño y Edición: Laura Jakulis
Correctora Literaria: Isabel Santoro

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