Fotografías de autor

Atrapados por la Imagen es un espacio donde las historias encuentran su forma, ya sea en palabras, en fotos o en la mezcla mágica de ambas. Somos una página editorial que apuesta por la sensibilidad, la mirada personal y el disfrute de contar. ¡Bienvenidos!

jueves, 5 de febrero de 2026

Retiro - FFCC Mitre - Claudia Molina

El tiempo no corre: nos invita a seguirlo.... 

Claudia Molina



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Reflejos - OS OSMO


 

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Ángeles conquistando - OS OSMO -


 

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Recuerdos difusos - OS OSMO -


 

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Fotografía: Hugo Filmore - Bodypainting -"Circus"

 

¡Cuando el cuerpo es el mejor lienzo para los artistas!

Fotografía: Hugo Filmore


 -  Make Up Naty Meda - Model Doris Williams -



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"En perspectiva " - Miguel Ángel Cuesta -

 


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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "El día que estuve así, pero así, de ayudar a Martín Karadagian"- del escritor: Cristian Bautista-

 

Cuentos y Relatos Presenta a...


CRISTIAN BAUTISTA


"Artista de Atrapados por la Imagen"


en...

"El día que estuve así, pero así, de ayudar a Martín Karadagian"


Cuento perteneciente a su libro:

"A veces el mundo es un buen lugar"


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

___________________

"La editorial de Atrapados por la Imagen, es un espacio accesible para todos, fomentando la participación y el intercambio creativo".



"El día que estuve así, pero así, de ayudar a Martín Karadagian"

CRISTIAN BAUTISTA

                                                                                                

Flavia corta los tomates en rodajas finas. Me habla. Yo muevo la cabeza. Afirmo. No escucho, pero afirmo. Faltan dos minutos para las doce. Me acerco, le doy un beso, le robo una rodaja de tomate.

- ¿Carlitos? -digo.

- En la pieza -dice.

Camino hasta la pieza. Detrás del ruido de mi boca masticando, de los golpes del cuchillo sobre la tabla, de la aguja del segundero arrastrándose hasta las doce, Flavia, habla. Entro y me siento al lado de Carlitos.

-¿Empezó? -digo. Carlitos no contesta. Está sentado. Inmóvil. Parece esculpido como un gran juguete. Los brazos estirados. Tensos. Los puños apretados sobre las rodillas. Los ojos bien abiertos. Fijos. Unidos al televisor como por un hilo de acero invisible.

El locutor habla. Su voz es grave. Segura. Poderosa. Mientras dice que es un luchador invencible, la luz, despacio, baja. Enfocan el telón. Son dos cortinas rojas, gruesas, pesadas, separadas en el medio. Se abren y aparece: la Momia blanca. Miro a Carlitos que aprieta los dedos como cuando se aprieta un limón después de haberlo exprimido dos o tres veces. Le digo que no es invencible. Que una vez, yo la vi perder, le digo. Entonces me mira. Fue hace mucho. Tenía la misma edad que vos ahora, le digo. El locutor habla y Carlitos no me escucha más, no me mira más.

Un haz de luz blanquísima ilumina un círculo perfecto sobre la cortina roja para que entre el campeón: Martín Karadagian.

- ¡Vamos! -grita Carlitos. Es un grito tan fuerte que, por un segundo, parece desprenderse de la silla y flotar en el aire. El armenio camina con los brazos levantados. Los chicos lo rodean, lo tocan. Cuando sube al ring, Carlitos, se acomoda en la silla.

Durante los no más de dos minutos que dura la pelea, los ojos de Carlitos, a veces, brillan. A veces se nublan. Siempre, siempre, están abiertos. Graba las imágenes. Talla los colores. Dibuja los gritos. Todo se junta, se compagina y arma un recuerdo. Un recuerdo que va a quedar en su memoria. Un recuerdo en el que yo, que estoy sentado al lado, no voy a estar.

-¡Carlitos! -grita Flavia cuando la momia esquiva una patada voladora. Flavia no entiende. No entiende que Carlitos no va a responder. No puede decir: ¿Qué? Mucho menos: ¿Qué, mamá?  Y muchísimo menos: Ya voy. Flavia no entiende. Carlitos no puede decir nada porque no está acá. Esta allá. Del otro lado de la pantalla. En el ring. En la forma en que, ahora, pone las manos sobre el cuello de Martín Karadagian. Es tanta la fuerza con la que presiona la Momia, que la venda a la altura de su boca se agita con más fuerza. El locutor dice que es imposible zafarse. Que es una llave mortal, dice.

-¡Carlitos! -dice Flavia.

Miro a Carlitos, a sus pies que no llegan al piso, a sus ojos con el brillo acuoso que produce la tristeza, a su boca apenas abierta, a su respiración contenida.  

La Momia hunde más las manos en el cuello del armenio hasta que, Karadagian, apoya una rodilla en el suelo. Después, la otra. La momia lo suelta y el campeón cae de espaldas sobre la lona. Se escucha un ruido a tablas que se quiebran. El árbitro agita los brazos, la gente abuchea. Un médico sube al ring. Karadagian tiene los ojos cerrados y mueve la cabeza como un títere mal manejado. La voz en off dice: No. No va más. La momia baja del ring. Camina lento. Tiembla. Las vendas parecen desprenderse del cuerpo, pero no. Se agitan. Flamean como banderas rotas, cansadas de ganar batallas. Los chicos la ven pasar y la abuchean; no se acercan. Algunos muestran los pulgares hacia abajo. La momia cruza el telón rojo. Desaparece.

Flavia entra a la pieza.

-¿Nadie me escucha? -dice. No mira a Carlitos. Me mira a mí.

-Ya terminó -digo.

Carlitos no dice nada. Karadagian se retuerce sobre el ring como una babosa a la que le echaron sal. A Carlitos no le importa que el locutor anuncie que va a haber una revancha. Dentro de un mes, dice. En el Olimpia Basketball Club de Venado Tuerto, dice.

Miro a Carlitos. Le digo que dentro de un mes son las vacaciones. Le cuento que planeamos ir a algún lado. Miro a Flavia. Ella habla de olas, de lobos marinos y churros rellenos. A Carlitos la pupila se le achica y el azul del iris se nubla. Va a ser un domingo de mierda para Carlitos.

 

-¿Me podés decir que voy a hacer yo en Venado Tuerto? -dijo Flavia.

-No va a durar más de una hora. A lo sumo, dos -dije.

-Yo pensé a la costa. O a Córdoba. O a Mendoza.  

-Pensá en Carlitos.

-¿Me podés decir que voy a hacer yo en Venado Tuerto? -dijo.

Esa noche y la otra y todas las que siguieron hasta el día de la fecha del show, Carlitos durmió abrazado a una foto de Karadagian. Lo sé porque yo dormí al lado de su cama, en el piso.

 


Tiene los brazos estirados. Tensos. Los puños apretados sobre las rodillas. Los ojos bien abiertos. Fijos en el ring. Un cuadrado alto, grande y acolchado a solo tres metros de nosotros. El locutor habla. Su voz es grave. Segura. Poderosa. Dice que es un luchador invencible. La luz, despacio, baja. El telón se abre. Aparece. La Momia blanca. Miro a Carlitos que aprieta los dedos, los dientes. Entonces le digo que no es invencible. Que una vez, yo la vi perder, le digo. Carlitos no me escucha. No me mira.

Un haz de luz blanquísima ilumina un círculo perfecto sobre el telón para que entre el campeón: Martín Karadagian.

-¡Vamos! -grita Carlitos. Es un grito tan fuerte que por un segundo parece desprenderse de la silla y flotar en el aire. El armenio camina con los brazos levantados. Los chicos bajan de la platea y lo rodean, lo tocan. Cuando sube al ring, Carlitos, se para sobre la silla. Empieza la lucha. La Momia esquiva una patada voladora y el campeón termina enredado entre las cuerdas. La Momia se acerca y pone las manos sobre el cuello de Martín Karadagian. Es tanta la fuerza con la que presiona la Momia que la venda a la altura de su boca se agita con más fuerza. El locutor dice que es imposible zafarse. Que es una llave mortal, dice.

Miro a Carlitos. Los ojos vidriosos. La boca apenas abierta. La respiración contenida.

Entonces, me paro. Salto las vallas de contención y corro hasta el ring. Subo. Karadagian está en el piso. Las luces hacen que todo se vea muy claro. La Momia, tiembla. Sube y baja los brazos en un claro signo de triunfo.

El árbitro se agacha. Me agarra del brazo. Me dice algo. No escucho. Busco con la mirada a Carlitos. Lo veo parado arriba de la silla. Salta. La cara roja, las manos abiertas alrededor de la boca. Meto las manos por debajo de los brazos de Karadagian y tiro. Tiro con todas mis fuerzas.

-¡Soltáme! -dice el armenio. 

Y entonces imagino las pupilas de Carlitos: dos puntos enormes que se agigantan. Y en el centro del iris todo se vuelve tan azul, tan claro.



Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©Cristian Bautista

 Rosario - Argentina

Cuento perteneciente a su libro: 

"A veces el mundo es un buen lugar"

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Edición 2026: Editorial Atrapados por la Imagen

Foto 1: Afiche pormocional de la época.

Foto 2: Imagen tomada por Cristian Bautista


Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

Febrero 2026



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miércoles, 4 de febrero de 2026

" Nubes que cubren el Sol " .- Silvia Elena Lanza

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"Estatua del Jardín Botánico - La Primavera -"


Claudia Molina


 

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Despedida .

 

Hoy nos toca despedir a un compañero muy querido de Atrapados por la Imagen. 

Dante Murri

Se va un gran fotógrafo, pero sobre todo un gran amigo, con  una mirada sensible, una presencia generosa, alguien que supo compartir sin reservas su amor por la imagen.

Nos quedan sus fotos, su manera de mirar el mundo y el recuerdo cálido de haberlo tenido cerca.

¡Hasta siempre querido amigo, gracias por tanto!.

Compartimos una de sus fotos más bellas.



Administración de Atrapados por la Imagen.

RAMÓN JORGE RUIZ DIAZ - Costa Hudson



 

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martes, 3 de febrero de 2026

" ..... y el barquito va......" SILVIA ELENA LANZA

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Costanera Hudson - Ramón Jorge Ruiz Diaz

 





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IDEA Y CREACIÓN: Emilio Bertero, "Colaborador de Atrapados por la Imagen"


 

Emilio hoy nos trae algo de . . .



"Mis héroes literarios"



Dashiell Hammett, escritor norteamericano (1894-1961)

EMILIO BERTERO


        El 10 de enero se cumplieron 65 años de la muerte de Dashiell Hammett, un genio de la novela negra, el padre para muchos. A los que nos gusta este género, lectura de todos los tiempos y a toda edad, me acuerdo de "Cosecha roja" (en una nota de Página 12, se dice que es la novela con más muertos por página de la historia), y más que nada de "El halcón maltés", a la que leí como 5 veces, pero además, desde los tiempos de las largas y aburridas siestas santafesinas con un solo canal de TV, pude disfrutar, también muchas veces, la adaptación al cine que hizo el enorme John Huston en 1941, con Humprey Bogart, que algunos dicen era un mal actor, pero mi mamá siempre hablaba de él como si hubiera sido uno de los más destacados de ese tiempo...Y si lo decía mi mamá...

Las últimas adaptaciones al cine de las que estoy anoticiado son “Sin motivo aparente” (2002) (basada en el cuento “The House in Turk Street”, 1929), de Bob Rafelson, con protagónicos muy lucidos de Samuel L. Jackson y Milla Jovovich, y “De paseo a la muerte” (1990), de la que alcanza con decir que la dirigió Joel Coen (y que la guionó junto a su hermano Ethan). Y la primera fue “Roadhouse Nights” (Hobart Henley, 1930), adaptación de “Cosecha roja”, la más famosa novela de Hammett para casi todo el mundo.

Antes de Huston, la primera adaptación de “El halcón maltés” la hizo Roy Del Ruth en 1931, a la que siguieron varias películas de cine negro basadas en la obra de quien hoy me ocupa, realizadas por grandes cultores del género en esa época: “Las calles de la ciudad” (Rouben Mamoulian, 1931), con Gary Cooper, “Woman in the Dark” (Phil Rosen, 1934), “La llave de cristal” (Frank Tuttle, 1935) y, además de “El halcón maltés” de Huston, una remake de “La llave de cristal” (Stuart Heisler, 1942), con Brian Donlevy, Verónica Lake y Alan Ladd, grandes estrellas del momento.

También de aquellos años (1936) data una curiosidad: “Satan Met a Lady”, una remake de “El halcón maltés”, pero en clave de comedia, que realizó William Dieterle, un muy reconocido director de entonces, con Bette Davis como actriz principal.

Y para terminar, otra curiosidad: de las 27 adaptaciones al cine y la TV que conozco, se cuenta “Secret Agent X-9”, remake seriada de 1945 (13 episodios) de la película homónima de 1937 dirigida por Ford Beebe y Clifford Smith, con la particularidad de haber sido protagonizada por Lloyd Bridges, varios años antes de que fuera muy conocido en Argentina a través de los 155 episodios de “Caza submarina”, rodados entre 1958 y 1961.



Idea y creación: Emilio Bertero, 

Colaborador de:
Atrapados por la Imagen

Buenos Aires - Argentina


Administración de Atrapados por la Imagen.



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Bajo el sol. - Pedro Pablo Lilli


 

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Irupes - Pedro Pablo Lilli


 

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