Fotografías de autor

Atrapados por la Imagen es un espacio donde las historias encuentran su forma, ya sea en palabras, en fotos o en la mezcla mágica de ambas. Somos una página editorial que apuesta por la sensibilidad, la mirada personal y el disfrute de contar. ¡Bienvenidos!

miércoles, 30 de septiembre de 2026

" Rústica " - R. Jorge Ruiz Diaz -

 



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"Un instante" - Ramón Jorge Ruiz Diaz -

 


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EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN PRESENTA: "Las series ganadoras del mes de Agosto 2026" -

 


"Una serie fotográfica es un viaje visual que se adentra en lo oculto de lo cotidiano, donde cada imagen dialoga con las demás para tejer un relato silencioso. Su sentido nace de la secuencia, de los ecos y resonancias que emergen entre ellas, trascendiendo la instantánea individual."





¡¡Series fotográficas, felicita a las y los autores de cada una de las historias compartidas!!
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“Una sola fotografía es una verdad a medias, una serie empieza a acercarse a la realidad.” 

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"Quebrada de Las Conchas"
CLAUDIA MOLINA





"Memorias sin tiempo" (Diseño digital)
OS OSMO





"Epecuén en blanco y negro"
R. JORGE RUIZ DIAZ






"niebla rural Ignacio Correas" 
VIVIANA GARCÍA





"Verde - un paseo por un bosque"
ROBERTO JORGE ESCUDERO






"En Gómez aún se respira campo"
RUBÉN BLANCO



(Las series fotográficas, como el arte en sí, buscan capturar la esencia de la realidad y transmitir emociones). 

"Atrapados por la Imagen felicita a los autores premiados, por la belleza y calidad plasmadas en sus obras fotográficas. También queremos expresar nuestro sincero agradecimiento a todos los amigos que participan mes a mes, con sus creaciones, enriqueciendo este espacio dedicado al arte."



Diseño gráfico: Laura Jakulis
Editora Literaria: Isa Santoro




 ¡Saludos Afectuosos para todos y todas!

Administración de Atrapados por la Imagen.

 Directora: Laura Jakulis


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martes, 29 de septiembre de 2026

Serie : " Abstracción ma non tropo " .- Silvia Lanza -

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" ... y el Sol siempre sale porque nunca se fue " .- Silvia Lanza

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Diptico: Barrios cerrados - Os Osmo



 

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cronica de una ciudad extraña - Os Osmo


 

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Emilio hoy nos trae algo de . . .

 

EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN

Presenta: 

"Mis Héroes y Heroínas Literarios"


 IDEA Y CREACIÓN:


Emilio Bertero

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Fabio Morábito

Narrador, poeta, ensayista y traductor mexicano

Alejandría (1955)



             Hijo de padres italianos, nació en Alejandría, Egipto, y vivió hasta sus 15 años en Milán antes de emigrar a Méjico. Escribió toda su literatura en castellano, pero también destaco su oficio de traductor, porque en ese carácter se lo considera uno de los mejores, resaltando, entre numerosos cuentos, poemas, ensayos y libros infantiles que tradujo, la poesía completa de Eugenio Montale (Premio Nobel de Literatura 1975) y el “Aminta” (1573), la famosa obra de teatro pastoril de Torquato Tasso.

 

“Necesito escribir poesía como necesito escribir relatos”, declaró en una entrevista, y tal cual, Morábito edificó su carrera literaria dedicándose con igual enjundia a los dos géneros. En cuanto al primero, ha publicado “Lotes baldíos” (1984, ganador del Premio Iberoamericano Bellas Artes de Poesía Carlos Pellicer), “El buscador de sombra (1990), “De lunes todo el año” (1992, ganador del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes), “Ocho poemas” (1997, reeditado en 2005), “El verde más oculto“ (2002), “La ola que regresa (2006), “Delante de un prado una vaca” (2011), “Alguien de lava” (2011), “Ventanas encendidas” (2012), “A cada cual su cielo” (2021) y “Canción segunda” (2024)”.

A propósito de “Alguien de lava”, aunque generalizable a toda su poesía, se ha dicho: “Detenerse a observar es la actividad predilecta del poeta Fabio Morábito. En la inquietud, en el silencio, en la atención total se gesta el poema… Los poemas de Morábito comienzan con lo particular (el microscopio) y poco a poco se esponjan, se expanden —con la ayuda de una sabiduría dúctil— y terminan en lo universal (el telescopio)… La relación de Morábito con su material verbal, vista así, es casi manual: lima, resta, reduce asperezas y descubre, tal vez con sorpresa, que en esa bruñida superficie se puede ver su rostro reflejado”.

Extraigo, de “Un náufrago jamás se seca” (2025, una compilación de su obra poética entre 1984 y 2024), un poema que estimo representativo de su obra en ese género:

“En el pasillo,

mientras leo,

se abre una puerta y se cierra,

se abre y se cierra,

y yo espero que se acabe su agonía.

Dicen que cuando el aire

abre y cierra una puerta,

alguien muy cerca está en peligro.

Hay que prestar oído,

cerrar el libro que leíamos

y unirnos a ese rezo;

no levantarnos a cerrar la puerta,

sino quedarnos quietos y oír, oír

hasta sacarle alguna música al crujido”

 

En cuanto a narrativa, el primer relato del que tengo referencia cronológica es “Gerardo y la cama” (1986), un cuento muy divertido y bien escrito, en el que Gerardo quiere tener una cama más y más grande, no por comodidad sino para atenuar su miedo patológico a caerse de la cama mientras duerme, quiere una cama enormísima para que sea imposible caerse de ella.

 

“Caja de herramientas” (1989) es de gran ingenio, un texto complejo en apariencia, pero ese artificio solo persigue el fin de darle una vida insólita a los objetos, y convertir lugares comunes en sorprendentes.

 

En el libro de cuentos “La lenta furia” (1989), veo el arte de Morábito sobre todo en el “cómo”, porque la forma simple y sin rebuscamientos en que están escritas cada una de las historias, un colmo de desmesuras plagadas de episodios y personajes objetivamente inverosímiles, construye un “qué” aceptado, paladeado y vivenciado como lo más natural del mundo.

Entonces, embarcado en esa naturalidad, es posible aproximarse, aunque sea por intuición, a contenidos por debajo de las capas superficiales de los textos. Por ejemplo, en “Los Vetriccioli”, un contrapunto entre dos familias de traductores, encontré familiaridad con los Cronopios y los Famas, y en “El huidor”, es soberbio como, partiendo de un personaje absurdo, casi cómico, incluso grotesco, llega en el final a una atmósfera muy triste y angustiosa.

Los dos cuentos del libro que más me gustaron fueron el primero, “Las madres”, y el último y más corto de todos, “Oficio de temblor”. “Las madres”, porque Morábito construye un texto de contraste, entre el ritmo y las alternativas de una ola de tormenta furiosa (el primitivo y salvaje mes durante el que las madres entran en celo), y el final de la misma ola una vez que rompió y llega mansita a la playa. “Oficio de temblor”, que es en cambio de una cadencia constante, me gustó especialmente por el terremoto como personaje, tan bien imaginado por el autor como calculador, paciente, pensante, casi siempre destinado a satisfacerse, pero incluso a veces, frustrado. Transcribo como arranca: “El temblor no llegó con su intenso cortejo de cristales ni su amplia funda de razones. Apenas se insinuó de casa en casa, sedoso y delicado, palpando las esquinas y las puertas. Los que dormían en los últimos pisos del edificio oyeron los golpes espaciados con que tanteaba la solidez de la construcción, un tenue ¡pum! ¡pum! ¡pum! que la mayoría confundió con los latidos de sus pechos. Era como el primer ruido del mundo, no manchado por ninguna impureza.”

 

Según la sinopsis de la editorial argentina, los personajes de “La vida ordenada” (2000), “se mueven como por inercia, atravesando alguna crisis o a la espera de que suceda algo que tuerza su camino. De la cárcel a un departamento heredado, de la casa familiar al oasis de un pequeño estudio rentado, de un amplio departamento prestado a la diminuta vivienda de uno, los espacios van marcando posibilidades, destinos, aspiraciones, ofreciendo a sus ocupantes algo a que aferrarse. He aquí una exquisita combinación de pequeños detalles y misterios extraños tamizados por una de las sensibilidades más destacadas de la narrativa contemporánea”.

 

En 1998, Morábito participó en un programa de artistas del Servicio Alemán de Intercambio Académico en Berlín, y sobre esta experiencia, escribió la serie de cuentos “También Berlín se olvida” (2004). Estos relatos discurren con detalle fragmentario por los recovecos más pequeños de la ciudad, resultándole al autor tan inspiradora y reveladora, que acaba conformando la imagen de una urbe fascinante.

“El río de Berlín, en realidad, es su cielo”, leemos al final de un párrafo de profunda reflexión, tan introspectiva como expansiva a la vez. O en otro, donde se le ocurre imaginar “…la abolición de los signos de puntuación gramaticales tras la caída del Muro, lo cual explicaría la supremacía de la poesía sobre la prosa en la producción literaria alemana de la época”. (entre comillas, de la sinopsis de la editorial).

 

Grieta de fatiga (2006) fue el libro ganador del Premio de Narrativa Antonin Artaud en 2006. Conocí tardíamente a Morábito, esto fue lo primero que le leí, más de veinte años después de que empezara a publicar. Tras leer los 15 cuentos de este libro, las ganas de leerlo crecieron, porque la prosa de Morábito es una vaselina de tanta fluidez y ojo, este valor es de mérito, porque ninguno de los 15 cuentos puede considerarse objetivamente fáciles, así que, como suele decirse, escribir fácil es difícil. Igual, no es lo único y ni siquiera lo principal. Todos los relatos están plagados de complejidades de la naturaleza humana, que se perciben y provocan sin necesidad de que el autor las haga explícitas, muy por el contrario, emergen con toda claridad de una escritura sutil, o al menos alejada de lo directo, en fin, puro arte literario como yo lo concibo y me gusta.

Ninguno de los inicios de cuento puede considerarse atrapante, pero todos desatan intriga, no esa clase de intriga ligada con el suspenso o el secreto a develar, sino más bien una cosa como de ¿a dónde me quiere llevar este tipo? Y uno quiere ir.

Muchos de los cuentos no son absolutamente cerrados, sino que siguen más allá del punto final o, como en “Huellas”, es uno quien se queda queriendo cerrarlo. Es el primero en el índice y el que más me gustó de una antología en la que cuesta elegir un favorito. Es una montaña rusa, en menos de seis páginas la cabeza del protagonista pone al lector en alternativos estados de intensidad, tensión y, digamos, desinfle, con una consistencia de tanque blindado.

En fin, tal como dice el fragmento final de la sinopsis de la editorial, “Estas quince historias reflejan un sentido de urgencia y de suspenso que se ve resuelto, en cada caso, con desenlaces memorables”.

 

"Emilio, los chistes y la muerte” (2009) se trata de la primera incursión de Morábito en la novela. Habiéndolo conocido (y gustado) por su narrativa breve, tenía mucha curiosidad e intriga por saber qué pasaba con un relato de mayor extensión. No me decepcionó para nada, al contrario. Igual que en los cuentos, sobresalen enseguida la fluidez de la prosa (y su sencillez, aún para decir cosas para nada sencillas), y la habilidad para que luego de pocas páginas, uno se crea y acepte todo, aún lo poco razonable y/o verosímil.


                Así es el universo Morábito, los personajes “son”, y lo que pasa “es”. Y en esta novela, Emilio, 12 años, hijo de padres separados, es un chico rarísimo, pero su rareza no tiene nada de ordinario, muy por el contrario, los síntomas, los ribetes, siempre sorprenden y siempre están diciendo algo más allá del texto, incluso en los detalles absolutamente accesorios, como por ejemplo sus pensamientos cuando se concentra en la observación de una fila de hormigas. Eurídice, la coprotagonista, es una cuarentona que vive sola y ha perdido a un hijo de la edad de Emilio, ¡y se encuentran en un cementerio!, sí, el escenario principal es un cementerio, al que Emilio va todos los días a cazar chistes y a memorizar nombres de muertos. Dicho así parece una tontería, bueno, nada de tontería, montado en ese absurdo solo aparente si se lo piensa en términos de su funcionalidad a la trama, Morábito teje una historia notable, desprende un haz de situaciones muy provocadoras, que nos llevan a cada rato a lugares muy reflexivos acerca de la naturaleza humana, e inclusive a lugares propios e íntimos.

Morábito hace todo con sutileza, o casi todo, porque las excepciones que elige son las necesarias para crear un fuerte contraste, romper un ritmo, hacer sonar una alarma, como cuando Eurídice se desnuda para orinar entre un yuyal del cementerio, y después vuelve a lo sutil, pero el efecto buscado ya se instaló y el perfume con el que se sigue leyendo ya no puede dejar de percibirse.

Accesorios a los dos protagonistas, hay un abanico de personajes, todos imprescindibles, todos muy bien delineados y todos tan borders como Emilio y Eurídice, entre otros la madre y el padre de Emilio, el policía que custodia la puerta del cementerio, un fulanito que acomoda las flores en los nichos, un monaguillo en los entierros… Y a cuento del monaguillo una curiosidad: Morábito se copia a sí mismo del cuento “Hormigas” que está en “Grieta de Fatiga”.

Para terminar lo inherente a esta novela: “Esta es la historia de la relación entre un niño de 12 años que tiene un exceso de memoria y una mujer de 40 quisiera olvidarlo todo”. Así arranca la reseña en la contratapa del libro y es un resumen excelente, pero que apenas se asoma a la densidad que tiene el texto.

“El idioma materno” (2014) contiene 84 cuentos breves que, matizados con cierta ironía y algo de humor, se vinculan entre sí por, al decir de la crítica, los ejes que determinaron el destino de escritor de Morábito, quien emprende “…un viaje en busca de sus raíces, entregándonos un libro que es también la celebración de nuestra capacidad de escapar de la tiranía del concepto y llegar al límite del lugar en el que el mundo se revela libre de cualquier mirada”.

 

En Madres y Perros (2016), ganador del Premio Bellas Artes Narrativa Colima para Obra Publicada, Fabio muestra que la cotidianidad puede ser cualquier cosa menos monótona e invariante, que el concepto de uniformidad no existe: un hombre que no alimenta por tres días a la perra de su hermano por miedo a que lo ataque, mientras el hermano prodiga cuidados a su madre moribunda, otro que se hace el interesado en la compra del departamento de su infancia, cuando lo cierto es que quiere direccionar a los actuales ocupantes para que dispongan los muebles del mismo modo que cuando fue niño, dos desconocidos entre sí que esperan su transporte en un camino desierto, y que acaban intercambiando sus destinos… En fin, Morábito hace que circunstancias comunes viren a extremos impensados, y que entonces broten de las páginas a veces desesperación, a veces comicidad, y momentos a veces aciagos, a veces luminosos.

 

“El lector a domicilio” (2018) fue galardonada con el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores. Se trata de una nueva novela, en la que el protagonista, en cumplimiento de una pena de trabajo comunitario que consiste en ir a leerles a enfermos y ancianos, de repente queda atrapado en medio de episodios siniestros que entrecruzan a este lector a domicilio —con la originalidad habitual de Morábito— con un padre enfermo, una poeta misteriosa, una familia de sordos… “Sus cuentos y poemas tienen algo de suspenso que se extiende también a su trabajo. Empieza a escribir un relato o una poesía, pero nunca sabe cómo lo va a terminar. Y traiciona siempre la idea previa” (extracto de la reseña de Bernardo Marín, El País)

 

En los cuentos de “La sombra del mamut” (2023), Fabio muestra una madurez total, un oficio pulido, ya no puede ser mejor su habilidad para iluminar —a veces con una sola palabra bien elegida— lo que de ordinario pasamos de largo con indiferencia, surgiendo así un cúmulo de historias tan fabulosas como imprevisibles.

A modo de muestra, en el relato que da título a la antología, se da una charla entre paralelos de dos tiempos muy distantes, y lo real en el antiguo se vuelve mágico en el actual. Una maravilla el primer cuento del índice, “El clavo en la pared”, un matrimonio se rompe luego de que el protagonista pone un clavo para colgar un cuadro, pero visualizando perfecta su obra, decide dejarlo sin colgarle nada, el clavo solo, como un adorno. Y resumiendo toda la naturaleza del libro, en “Extras”, un director de cine se transporta a sus tiempos de extra y, enfatizando la identificación con un relator en primera persona del plural, filma la cinta con el foco puesto en las caras fugaces de los márgenes de una película, mientras de las estrellas solo se oyen sus voces como de fondo, haciendo que el centro se vuelva contorno y que el contorno se vuelva centro. Morábito parece decirnos que la vida y la literatura serían más profundas si prestáramos atención a lo secundario.

 

“Jardín de noche” (2024), otro libro de narrativa breve, el último que le conozco al autor de hoy, es ganador del Premio Mazatlán de Literatura 2025. Tiene la particularidad de que todas las protagonistas son mujeres, todas sin ser conscientes de que están en una encrucijada, aunque sí convencidas de que su vida no fue, no está siendo, tan plena como pudo ser, lo cual las predispone al evento o nudo dramático de la historia. “El tiempo siempre pasa veloz cuando miro el jardín” es la frase inicial de cada relato, y desde allí Morábíto forja el evento aludido, insuflando en cada personaje tanto el anhelo de vivir más intensamente, como el miedo a perder sus seguridades o certezas por más aburridas que fueran.

 

Fabio Morábito también ha escrito dos libros de ensayos muy conocidos, “El viaje y la enfermedad” (1984) y “Los pastores sin ovejas” (1996), un libro infantil, “Cuando las panteras no eran negras” (1997, ganador del Premio Internacional White Raven concedido por la Jüngenbibliotheke de Munich), y ha recopilado y adaptado un libro de 125 cuentos cortos orales mexicanos, "Cuentos populares mexicanos" (2014, también galardonado con el White Raven).

Asimismo, integró numerosas publicaciones de literatura conjunta tanto de poesía como de narrativa breve, entre las que destacan “Macrocefalia” (1986), “Poetas de una generación : 1950–1959” (1988), “Antología del poema en prosa en México” (1993), “Antología del cuento latinoamericano del siglo XXI : las horas y las hordas” (1997), “Las flores de la dicha” (2003), “Solo cuento I” (2009), “México sabe México : textos de cincuenta prosistas contemporáneos” (2010), “La poesía del siglo XX en México” (2011), “Antología general de la poesía mexicana : poesía del México actual, de la segunda mitad del siglo XX a nuestros días” (2014), “Del río que corre : poesía en Blanco Móvil a través de treinta años” (2017), “Las etapas del día : 50 años del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes (1968-2018)” (2018) e “Infancias” (2022).

Finalmente, en 2007 fue incluido como entrevistado seleccionado en la publicación “De oficio traductor, panorama de la traducción literaria en México”.


Morábito cuenta con solo una adaptación al cine. Se trata de “La perra”, un cortometraje de 2004 basado en el cuento homónimo que se encuentra en el libro “La lenta furia”. Es una producción chilena dirigida por Hugo Maza, que coescribió el guion con Fabio. Los protagonistas de la cinta fueron conocidas figuras del momento (Claudia Celedón, Boris Quercia y Catalina Saavedra).


                 El cuento se trata de una pareja excéntrica viviendo en un mundo paranoico, urdiendo historias acerca de una chica a la que han contratado para tareas domésticas. La adaptación cinematográfica es discreta. Si bien es fiel al relato, las actuaciones de los miembros del matrimonio no resultan convincentes, no reflejan la intensidad de los personajes del texto. Mejor en cambio la empleada, merced a un buen manejo gestual y sin caer en la sobreactuación.

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Idea y creación: Emilio Bertero, 

Colaborador de:
Atrapados por la Imagen

Buenos Aires - Argentina




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lunes, 28 de septiembre de 2026

" Atrapada por esta vidriera Modo Primavera " .- Silvia Elena Lanza

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¡¡Ya termino!! - Ana Vaccari -

 



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Concentrado mirando al Hijo

 


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Carhué - Provincia de Buenos Aires - R. Jorge Ruiz Diaz

 


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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: " ABUELO PEPE " De la escritora: Cristina Martín - Rosario - Argentina -


 Editorial Atrapados por la Imagen

CUENTOS Y RELATOS


Presenta: 

a. . . 


Cristina Martín 


"Artista de Atrapados por la Imagen" 

en


"Abuelo Pepe"


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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Atrapados por la Imagen es ese rincón donde siempre hay lugar para una historia nueva, una foto, un poema o una idea que pide ser compartida. Un espacio hecho entre todos, donde crear, descubrir y encontrarnos es parte de la aventura.

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Relato inédito para Atrapados por la Imagen

"Abuelo Pepe"
Cristina Martín 



Tía Dora trajinaba en la cocina, como todas las mañanas, para hacer el pan casero. Abuelo Pepe escuchaba noticias frescas en su vieja radio a galena. -Nada mejor que lo viejo- había dicho una vez que la abuela Ángela quería cambiar la cama antigua de bronce por otra de madera. Y no se lo permitió. El abuelo hablaba poco, pero sus palabras eran una sentencia en la casona de los Martín.

 

No hay amor como el primero

aunque el segundo más valga

porque el primero llegó

a los rincones del alma.

 

            Abuela Ángela insistía con sus coplas canarias, mientras pelaba papas y zanahorias para el puchero del mediodía, debajo de la parra de uvas chinches. Abuelo Pepe apagaba la radio y se acomodaba en su silla petisa para contarnos una vez más la Guerra Civil Española. Los ojos marrones le brillaban y su fuerza de viejo anarquista le hacía mover las manos ásperas de tanto hacer la quinta, pero que se movían, ágiles, como mariposas.

-Los falangistas eran los malos y los republicanos, los buenos- Mary, Graciela, Pepito, María Elena y yo escuchábamos con la boca abierta; porque nos contagiaba su entusiasmo, aunque no entendiéramos demasiado. Yo lo veía muy grande desde mis ojos de niña y pensaba que me miraba especialmente a mí. No entendía bien por qué.

 

Dicen que amor el primero

yo digo que no es así

para querer al que tengo

del primero desistí.

 

La abuela recitaba coplas, pero nunca abandonaba sus quehaceres cotidianos. Limpiaba puerros, albahaca, perejil, tomillo, para que la sopa quedara más apetitosa y de reojo espiaba a Pepito, el más desobediente de los nietos, quien deshojaba las cuantiosas flores del jardín de los Martín

 - Pepe, travieso, si pareces entenado, coño- se lo decía y le pegaba un coscorrón para intimidarlo.

El abuelo ponía pasión en esa historia tan suya y tan dolorosa

 - Un día los malos, que eran muy malos persiguieron a un poeta llamado Federico García Lorca y lo mataron

- ¿Qué es un poeta, abuelo?

- Es una persona que escribe versos

- ¿Es lindo ser poeta?

- Pues claro, niña, los poetas dicen cosas hermosas que después aparecen en los libros. Los poetas ponen alas a las palabras.

- A mí me gustaría ser poeta, abuelo, para poner alas a las palabras

- Bueno niña, deséalo mucho y lo serás. Pero claro, deberás leer mucha poesía.

            Eso fue una mañana fresca de primavera, mientras yo miraba cómo chorreaban flores lilas de la glicina. Tía Dora amasaba, como siempre, la harina con agua y levadura, hasta que la masa empezara a hacer ruiditos. Ese era el momento de ponerla a descansar un rato.

 

¡Oh, cementerio sagrado!

donde van el grande y el chico

allí no se ofende el rico

tener el pobre a su lado.

 

- Pepito, ¿cuándo escucharás tú una copla? deja el balde tranquilo de una buena vez ¡eh, niño!

- Abuela, yo quiero tirarlo por el aljibe, para ver cómo se mueve la ruedita

- Rondana, burro, cuándo aprenderás tú. Y acuérdate que en el aljibe están el vino y la soda refrescándose, para la hora de comer. ¡Ojo! que si tu padre te ve, no habrá quién te salve de una paliza.

            María Elena, Graciela y Mary se iban a jugar al pido gancho, debajo de la glicina, mientras yo le insistía al abuelo que me contara la historia del poeta Federico

- Federico fue terco como una mula ¿sabes, niña? Cuando se enteró de que los malos lo perseguían, se fue urgente a la casa de su amigo también poeta, Luis Rosales, quien vivía en la ciudad de Granada, cerca de Fuentevaqueros, donde había nacido Lorca, al sur de España. Pero tuvo mala suerte. Lo persiguieron tanto que lo encontraron. Y unos días después lo fusilaron.

- ¿Por qué matan a los poetas, abuelo, si ellos son buenos? - pregunté llorosa.

- Ah, niña ¿sabes qué pasa? - La mayoría de ellos, piensan diferente de los gobiernos tiranos que no permiten que nadie tenga ideas distintas. Esto le pasó a Federico. Él deseaba un país libre, donde todos pudieran pensar y decir lo que sentían y quería un presidente elegido por los habitantes de España. Además, llevaba un clavel rojo en la solapa de su saco, y eso no estaba bien visto para los hombres

- Abuelo, ¿vos sabrás alguna poesía de ese poeta que a mí me pueda gustar?

- Conozco muchas, pero de memoria, sólo algunas. Ya tengo memoria de viejo, niña. ¿A ver ésta?

 

Mamá

Yo quiero ser de plata.

Hijo, tendrás mucho frío.

Mamá

Yo quiero ser de agua.

Hijo, tendrás mucho frío.

Mamá

Bórdame en tu almohada.

Eso sí

Ahora mismo.

 

- Me gusta, abuelo. ¿Cómo se llama?

- Canción tonta

- ¿Por qué se llama tonta? A mí no me parece tonta, abuelo

- Cuando seas grande, ya entenderás que las palabras quieren decir más de una cosa, especialmente en poesía

- ¿Te gustaría, abuelo, que cuando yo sea grande, me convierta en escritora como tío Antonio?

- Me gustaría mucho, niña, por supuesto. Entonces escribirás las historias de esta familia.

- Te lo prometo, abuelo.

            Tía Dora ponía en el horno los panes redondos con una cruz en el centro, hecha con un cuchillo grande y puntudo con mango de madera, que las niñas y Pepito teníamos prohibido tocar. La abuela Ángela arrastraba sus piernas flacas hasta el aparador de la cocina, para sacar el moscato con el que invitaba a mi hermano Juancho, el único nieto en edad de compartir una copita con ella. La tía pretendía que las niñas le ayudáramos a poner la mesa debajo de la parra de uvas chinches, bien temprano. Porque si volvía el tío Benito del taller mecánico y no encontraba la mesa lista, frunciría el ceño, seguramente. Siempre me acuerdo de él, de su musculosa blanca, de su paso recto, de su seriedad. Me llamaba la atención que nunca se riera. Yo pensaba de chica que era un ser triste y que como no podía hablar de su vida, era enojoso. Pero a la vez, muy correcto.

            Mientras mi hermana y mis primas acudían presurosas a colaborar con la mesa, yo me escabullía silenciosa para sentarme, aunque sea por un ratito, al lado de la sillita petisa por si podía escuchar alguna historia más. Eso tan pequeño me colmaba de una enorme felicidad. En ese tiempo no entendía bien por qué. Ahora pienso que el abuelo Pepe también ponía alas a las palabras.

 

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            Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a:


©CRISTINA MARTÍN

Rosario - Argentina

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro


SEPTIEMBRE 2026



 Gracias por acompañarnos en este recorrido de palabras e imágenes. Tu lectura y valoración ayudan a que estas historias sigan encontrando nuevos lectores.



Afectuosamente...

Editorial Atrapados por la Imagen.


Directora: Laura Jakulis

“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra”


Colaboradores: Marta Puey - Emilio Bertero


                                                                                                               

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