Fotografías de autor

Atrapados por la Imagen es un espacio donde las historias encuentran su forma, ya sea en palabras, en fotos o en la mezcla mágica de ambas. Somos una página editorial que apuesta por la sensibilidad, la mirada personal y el disfrute de contar. ¡Bienvenidos!

jueves, 19 de marzo de 2026

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: " Luz" de la escritora Marta Puey - Buenos Aires - Argentina -



Cuentos y Relatos Presenta: 


"LUZ"


Microrrelato de:

MARTA PUEY


"Artista de Atrapados por la Imagen"



Cuento Inédito - Ilustración: Marta Puey


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

________________


"La Editorial de Atrapados por la Imagen, es un espacio accesible para todos, 
fomentando la participación y el intercambio creativo"


___________

Cuento inédito para Atrapados por la Imagen


 "LUZ"

MARTA PUEY


Sentado en la barra hacía girar el vaso, el hielo mezclado con Jhonny Walker tintineaba contra el cristal en la penumbra espesa cuando brotó la voz que lo hizo voltear; en la tarima, descalza, envuelta en un vestido rojo cantó deteniéndole el tiempo, cuando su voz y el haz de luz se apagaron la penumbra volvió a tener su propio peso. Pagó, ya en la vereda de media luz opaca encendió un cigarrillo; de la puerta lateral la vio salir, pequeñita, con un abrigo gris trajinado que tapaba el vestido rojo y la luz perdió su propio peso, se miraron un instante. Él tiró el cigarrillo, lo pisó, ella cruzó y sostuvo las solapas del abrigo con la mano…   empezaron a caminar juntos.

 

Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©Marta Puey

Buenos Aires - Argentina
Marzo 2026

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

Marzo 2026




https://atrapadosporlaimagen.blogspot.com/

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

miércoles, 18 de marzo de 2026

martes, 17 de marzo de 2026

" Ramito de Jazmines " .- Silvia Lanza -

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

“Todo en una toma: los tres elementos” Rubén Blanco -

 



Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

MINI EXPO - Autor: Os Osmo








 

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

- Entre plumas y luz - Claudia Molina -

 

- Entre plumas y luz - 

Rosedal de Palermo - CABA



Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

Emilio hoy nos trae algo de . . .



"Mis Héroes Literarios"


 IDEA Y CREACIÓN:

Emilio Bertero



Charles Bukowski

Escritor y poeta germano-norteamericano

(1920-1994)




El 9 de marzo se cumplió un aniversario de la muerte de Charles Bukowski. Cuando se murió, en 1994 a los 73 años, fue más sorpresa que tristeza. Sorpresa porque yo lo creía inmortal, con una vida tan “desarreglada”, una vida de excesos que sin confesarlo medio que muchos le envidiábamos, insisto, yo lo creía inmortal. Y tristeza menos, porque su obra ya lo había hecho inmortal para la literatura mucho antes de haber dejado de respirar, uno de mis ídolos para siempre, desde que leí "Cartero" (1971, su primera novela) y ya no pude parar.

Tildado como representante, como emblema, del dudoso mote "Realismo sucio", es justamente eso lo que conmociona de su escritura sin remilgos, sin vueltas, "a los bifes"... Y Henry Chinaski, el personaje de casi toda su obra, es quedarse corto cuando se dice que es su alter ego, basten nada más que un par de frases del Buko, por ejemplo "Si pasa algo malo, bebes para olvidar, si pasa algo bueno, bebes para celebrar, y si no pasa nada, bebes para que pase algo".

Es mucho más americano que alemán porque llegó
a EEUU de niño en 1923. La pésima relación con su padre, un militar norteamericano destinado a Alemania después de la guerra, se refleja en varios de sus textos. Contrario a lo que la mayoría cree, Buko no fue solamente un autodidacta de su arte, porque cursó estudios a nivel universitario durante más de dos años, y precisamente los abandonó por culpa de esa compleja relación con el padre… en fin, quizás si su formación hubiera sido nada más que académica, tal vez Bukowski no habría sido Buko, no habría sido Chinaski.

Es que Henry Chinaski fue naciendo durante un largo proceso por el que atravesó su vida entre los 20 y 50 años de Bukowski. A los veinticortos publicó dos cuentos como cualquier hijo de vecino, pero bastardeado bajo tal condición, se desilusionó tanto que dejó de escribir y se pasó casi una década vagando por varias ciudades, trabajando inconstantemente de lo que cayera y durmiendo en hoteluchos miserables.

Entre 1950 y 1970 trabajó con más formalidad, aunque de manera discontinua, para el correo de USA. En el medio estuvo internado por una hemorragia digestiva y casi no cuenta el cuento. Al salir del hospital volvió a escribir, poesías en este caso, varias de ellas publicadas en la década del 60, lo más conocido el poemario “It Catches my Heart In Its Hand” (plagado de referencias a los bajos fondos, el alcohol, lo existencial), y durante todo 1967 escribió una sección fija, “Notes of A Dirty Old Man”, en un diario independiente de Los Ángeles. Asomaba el “Viejo Indecente”.
El escritor que más conocemos nació en 1969, cuando la Editorial Black Sparrow le ofreció un sueldo (mínimo) para que largase el correo y se dedicara 100% a la literatura. Agarró viaje (“tengo dos opciones, permanecer en la oficina de correos y volverme loco… o quedarme fuera y jugar a ser escritor y morirme de hambre. He decidido morir de hambre”), y en menos un mes vio la luz su novela “Cartero”.

En “Cartero” descubrí por qué Buko es un genio. No es por la temática de un trabajo de mierda, ríos de alcohol, desenfreno de sexo, marginalidad, falta de moral, etc., etc., muchos han escrito de esos temas y nadie los reconoce, Buko es un genio por la manera en que lo relata, un punto de vista irreprochable, un seguimiento de la imagen riguroso, textos económicos, no les sobra ni una palabra para transmitir sensaciones, vivencias, con una intensidad tal que en la cabeza del lector las neuronas arman un happening. Pero principalmente funciona así no tanto por la técnica, aunque la tiene, sino por la escritura directa, real, salvaje, la de un perdedor que nunca cae en la hipocresía para edulcorar su obra, al personaje no es que le falten principios, los tiene, pero a Bukowski no le importa que la exhibición de esos principios pueda molestar, incluso agraviar, a sus potenciales lectores.

Después de “Cartero”, y siempre con Black Sparrow (como si fuera un reconocimiento a la primera oportunidad cierta), Buko publicó las novelas “Factotum” (1975), “Mujeres” (1978), “La senda del perdedor” (1982), “Hollywood” (1989) y “Pulp” (1994). No puedo decir que tenga una preferida, todas son magníficas y todas responden a lo que comenté en el párrafo anterior, pero en todo caso, “La senda del perdedor” fue la que me resultó más sanguínea, más escrita “desde las tripas”, prácticamente autobiográfica con Henry Chinaski al comando de la pluma, son los dolorosos primeros veinte años de Bukowski, padre violento, madre sometida, frustración en los deportes con los que anheló destacar, frustración con las chicas y los compañeros que se burlaban de él, la presencia angustiosa del padre desempleado culpa de la Gran Depresión, saliendo de la casa a diario para simular que aún tenía trabajo, y como si fuera poco Bukowski se brotó con un acné gravísimo que lo hizo sentir un apestado vergonzante, sometido a tratamientos experimentales tan dolorosos como ineficaces. La novela termina con Chinaski yendo a la universidad, pero sin ningún norte, sino sumido en alcoholismo y violencia.

La única adaptación cinematográfica de una novela fue “Factotum” (Bent Hamer, 2005). Esto no implica que no haya mucho más de Buko y el cine, al contrario, existe una muy vasta relación. En la novela tiene un pico el lenguaje vulgar, soez, provocativo, como si a través de un lenguaje así Bukowski descargara toda la rabia que acumuló en sus años de juventud, y así es como también, al igual que en mucho de su obra, nos habla de trabajos infames, borracheras, sexo descontrolado con mujeres tan frustradas y angustiadas como él, “Factotum” es un homenaje a los pobres, a los desgraciados, a las putas, a los borrachos, a los desesperados…
La película es una coproducción de USA y Noruega, con Matt Dillon (que protagoniza a Hank Chinaski), Lili Taylor y Marisa Tomei (el mejor papel en el que la vi actuar) en los roles principales. En lo principal, sigue la trama de la novela en cuanto a los intentos malogrados de Hank por vivir de escribir, los empleos que apenas le proveen los medios para beber a destajo, apostar en las carreras de caballos y mantener la relación con sus dos amantes (Jan y Laura, tan alcohólicas como él), relación que fue lo que más me gustó de la cinta. Si tengo que señalar un nudo dramático, diría que es cuando Jan lo abandona por otro tipo, y justo lo llaman de una revista de literatura importante.

La primera adaptación cinematográfica famosa es “Ordinaria locura (Marco Ferreri, 1981, con Ben Gazzara y Ornella Muti), basada no en una novela sino en varios de sus relatos cortos. Sin embargo, la más conocida y trascendente es “Barfly” (Barbet Schroeder, 1987, con Mickey Rourke y Faye Dunaway). Pese a la temática repetida, esta película me resultó lo más logrado en cuanto a intensidad dramática. El guión es del mismo Bukowski (y tuvo participación durante la filmación, incluso en una escena cumbre, cuando los protagonistas se conocen, aparece como un cliente del bar donde tal encuentro ocurre). La dirección es buenísima, y de Faye Dunaway no digo nada, porque me quedaría corto. Con posterioridad, Buko escribió la novela “Hollywood”, inspirada en las experiencias que vivió mientras “Barfly” se filmó.

 


La lista de cine vinculada con la obra de Bukowski se completa con:

“Crazy Love” (Dominique Deruddere, 1987), una película belga en tres episodios, basados en cuentos breves.
“Lune froide” (Patrick Bouchitey, 1991), Francia, adaptada a partir de los relatos “The Copulating Mermaid of Venice” y “Trouble with the Battery”.
“The Man with the Beautiful Eyes” (Jonathan Hodgson, 2000), UK, cortometraje animado basado en un poema en prosa.
“The Suicide” (Jeff Markey, 2006), USA, cortometraje independiente basado en un relato.
“The Laughing Heart” (Bradley Bell, 2012), UK, cortometraje animado basado en el poema homónimo
“Escucha” (Pedro Alexander Bravo Lavin, 2013), Cuba, cortometraje basado en un poema.

 

No obstante, lo anterior completa una lista de cine formal, porque se cuenta una gran cantidad de filmaciones —algunas perdidas—, de apariciones de Buko, documentales y entrevistas (la más divertida, ya desde el título, es “Lo que más me gusta es rascarme los sobacos”, Fernanda Pivano, 1983).

Y finalmente, imposible en este espacio nominar toda la obra que completa su literatura. Me refiero a las compilaciones de sus cuentos y/o relatos, poesías (que es una producción enorme), ensayos y cartas. De lo que leí (dista de ser todo), lo que más disfruté fueron las antologías de relatos “Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones” (1972), “Escritos de un viejo indecente” (1973), “Música de cañerías” (1983) y “Ausencia del héroe” (2010).

_____________



Idea y creación: Emilio Bertero, 

Colaborador de:
Atrapados por la Imagen

Buenos Aires - Argentina


Administración de Atrapados por la Imagen.

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

lunes, 16 de marzo de 2026

Imagina - RICKY KIMMICH -

 


Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

" Un atardecer pintado " .-Silvia Elena Lanza -

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: " Carta de una indígena Latinoamericana" - Del escritor: Marcelo Colussi - Guatemala -

 


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen


RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

REGISTRO DE PROPIEDAD INTELECTUAL

____________

ATRAPADOS POR LA IMAGEN


Cuentos y Relatos Presenta a...


MARCELO COLUSSI 


"Artista de Atrapados por la Imagen"


en. . . .


" Carta de una Indígena Latinoamericana"


 Relato perteneciente a su libro: ¿Quién mató a la vaca?

____________________


________________

"La editorial de Atrapados por la Imagen, es un espacio accesible para todos, 
fomentando la participación y el intercambio creativo"



" Carta de una Indígena Latinoamericana"

(Docuficción) 

MARCELO COLUSSI


                Ustedes perdonen si mi español es muy malo. Tengo claro lo que quiero decir, pero me faltan las herramientas para expresarme. Yo, a duras penas pude aprender la castilla ya de grande, a los doce años. Apenas si lo puedo hablar, mucho menos escribir con corrección. Como autodidacta, leyendo lo poco que podía, fui entendiendo algunas cosas. 

La cuestión es que me armé de valor y me atreví a garabatear esta carta. Pensaba hacerla llegar a algún medio de comunicación para el 12 de octubre, llamado el día “de la raza”, para algunos, o de “la Hispanidad”. Yo, como todos mis hermanos y hermanas de estas tierras, diría más bien: el día del oprobio, el día que comenzó nuestra caída como pueblos libres. Llamarlo el “Día de la Dignidad”, como muchas personas dicen ahora, a mí no muy me parece, porque tendría que ser el “Día del perdón obligado”, el perdón que nos siguen debiendo los que nos masacraron hace más de cinco siglos. O que nos siguen masacrando hoy, de otra manera, ya no con espadas o arcabuces, sino con su prepotencia y su explotación. Siempre blanquitos y rubios, pasándonos por encima, siempre, siempre. ¿Hasta cuándo? 

Como decía: pensaba llevar esta carta a algún programa radial o televisivo, para que la difundieran por allí, pero después deseché la idea. ¿Quién le va a prestar atención a una mujer indígena, empleada doméstica u obrera de maquila, pobre, que viene del campo, heredera de una ancestral humillación? ¡Nadie! Felizmente me ayudaron a hacerla llegar a este medio electrónico, y buena gente solidaria se comprometió a difundirla. Yo, la verdad, no le atino mucho a esto del internet y todas estas cosas -“tecnología de hombre blanco”, como dicen en mi aldea-. Más bien, me dan miedo, porque ni sé cómo se usan. Pero no importa: si alguien la puede leer e informarse de lo que quiero decirles, me alegraría mucho. Y si la pudieran circular por allí a más gente, tanto mejor aún. 

Aclaro desde un principio que no quiero hacer una queja personal. Se podría decir, quizá con malicia, que yo, dolida por lo que me pasó, me descargo y lloro un poco escribiendo estas líneas, criticando a diestra y siniestra. No, en modo alguno. 


Hablo en nombre de mi pueblo, de las mujeres de mi pueblo, de la gente pobre, de todos los explotados que existimos. O, más aún, de todes, como se dice ahora, por aquello del lenguaje inclusivo. Si guardo cólera…, tiene causas muy pero muy justificadas. Además… ¿por qué no debería tener cólera, una profunda cólera, un malestar que me viene de adentro, después de todo lo sufrido? No sufro solo por mi gente de hace cinco siglos: hablo del sufrimiento provocado hoy día, el que yo siento en mi persona, en mi cuerpo, del que me producen todas las cosas de las que ahora quiero hablarles. Acaso ¿me debería sentir feliz con lo padecido? ¿No se vale tener rabia por los ultrajes sufridos? 

Pertenezco a un grupo indígena, o raza, o etnia -no sé bien cómo es que hay que decir- que habitó estas tierras que ahora llamamos América Latina desde tiempos inmemoriales. Mi gente, según dicen los que saben de estas cosas, los antropólogos, vive aquí desde hace varios miles de años. Con la llegada de los invasores españoles, nuestra vida cambió. Quiero aclarar rápidamente que no soy de la idea, como sí lo es más de alguien entre mis hermanos y hermanas indígenas, que antes de la llegada de esta invasión nuestras sociedades eran un paraíso. No, eso no es así, porque en ningún lado, nunca ha habido paraísos. Y la verdad, viendo cómo son las cosas, dudo que lo pueda haber. Pero, en fin… eso es otro cantar. 


No quiero extraviarme en mi charlatanería. Lo que quería dejar expresado en estas líneas es que ni con todo el oro del mundo podrán pagar la indemnización de lo que nos hicieron los conquistadores a nosotras y nosotros, a quienes hoy nos llamamos latinoamericanos. Nos hicieron, y lo peor de todo: ¡nos siguen haciendo día a día! 

Sabrán ustedes que toda Latinoamérica, desde México hasta Tierra del Fuego, incluyendo el Mar Caribe, es una de las regiones más ricas en recursos naturales de toda la Tierra. Aquí hay de todo: tierras fértiles, agua dulce en cantidades industriales, petróleo, interminables praderas para criar todo tipo de ganado, todo tipo de minerales, selvas tropicales. 

Y si eso no alcanza, ahí están los lugares turísticos más hermosos, desde cataratas impresionantes a cordilleras nevadas, desde desiertos sobrecogedores a los lagos más lindos del mundo, playas paradisíacas y parajes increíbles. Hay todos los climas: tropical, templado, frío con un metro de nieve. Todo lo que usted busque. Como dijo alguien por ahí: Latinoamérica, además de tener una gran reserva de recursos naturales, tiene una gran reserva de hijos de puta. ¿Por qué digo esto? Porque junto a esa riqueza inigualable, tenemos también una pobreza inigualable, y eso no es natural. Me parece que para explicar todos nuestros sufrimientos, hay que pensar que en todo esto hay algo de hijos de puta. Hay que ser maloso para venir a masacrarnos hace años atrás, y robarnos, y violarnos, o para seguir masacrándonos hoy de otro modo. Y hoy también nos roban, nos matan, nos violan. Eso no cambia. ¿Por qué sufriríamos tanto si no fuera por la maldad de quienes nos dominan, no importa si son gringos o lo ricachones de aquí, que por supuesto también los hay? No creo que ningún dios, que se supone que es puro amor, quiso que estuviéramos tan mal. 

Latinoamérica es la zona del mundo donde las diferencias entre ricos y pobres son más irritantes. Aquí hay lugares en las grandes ciudades con tanto o más lujo despampanante que en los centros imperiales que nos conquistaron y nos siguen dominando. Y junto a eso, se ven los barrios más pobres, más tremendos, donde la gente come de los basureros, los niños de la calle mueren inhalando sus solventes y la violencia callejera es cosa de todos los días, donde te pueden robar, o matar, para quitarte un anillo o un teléfono celular. 

Yo, como humilde mujer indígena, llegué a una de esas megápolis cuando era una niñita de doce años. Vine medio engañada a trabajar en casa de unos ricachones; me pintaron un paraíso, pero me encontré con que no era así. Doce o catorce horas por día me hacían trabajar. No tenía horario, pues muchas veces me agarraba la madrugada haciendo oficio, planchando, dándole de comer a las mascotas. Que,  por cierto, comían más y mejor que yo. Cuando me enteré por allí que las empleadas domésticas podíamos -o debíamos, mejor dicho- exigir todas nuestras prestaciones de ley, vacaciones, seguro de salud, aguinaldo, los patrones se rieron. Me trataron de india comunista, y me echaron. 

Me costó volver a encontrar trabajo. Mientras lo conseguía, me tocó dormir en la calle varias noches. ¡Qué experiencia horrible! En mi aldea, aunque pasábamos pobreza -muchas veces nos íbamos a dormir con la panza vacía, no teníamos agua potable, lavábamos la ropa en el río y hacíamos popó en una letrina apestosa- antes nunca había sufrido esos atropellos. Quería llorar por todas esas desgracias, por las actuales, quiero decir, por las que empezaba a sufrir en la gran ciudad, pero no me salían las lágrimas. La vida, en corto tiempo, ya me había sacado callo. 


En la nueva casa -otra casona de ricachones, donde yo era la segunda empleada, y donde había un chofer fijo para la familia- yo ya era señorita. Quiero decir, tenía ya “mis días”, ustedes entienden. O sea: podía salir embarazada. La verdad que eso me empezó a asustar. Miren, con toda sinceridad: no era el chofer, don Pedro, un tipo excelente a quien veía como un padre, sino el patrón -creo que era militar retirado- y su hijo mayor, los que más molestaban. Esos dos eran unas hienas. Nunca faltaba oportunidad para que me tocaran las asentaderas. El señorón una vez me metió a su cuarto y a la fuerza me estaba queriendo desnudar. Digan que justo llegó la esposa, que había salido a hacer compras. Eso me salvó. No me atreví a decir nada por la experiencia anterior. Si una protesta, la echan. Y encima la tratan de lo peor. Varias amigas que fui conociendo, todas empleadas domésticas igual que yo, sufrieron lo mismo: toqueteos, abusos, en algún caso violación. A una buena amiga con la que trabé una genuina amistad le pasó algo horrible: quedó panzona luego que un hombre de la casa donde trabajaba la agarró a la fuerza. Y ¿saben cuál fue la respuesta de la patrona? La echó, porque eso arruinaba el buen nombre de la familia, según le dijo, y la trató de puta, de haber provocado al “pobre” marido, que se vio forzado a tener relaciones carnales por sus insinuaciones. 


Así como les digo: el mundo para nosotras, mujeres pobres -si somos indígenas: mucho peor- es un calvario. Los días que tenía libre, algún que otro domingo, paseaba un poco por la ciudad, y veía cosas que me hacían vomitar. Miren que yo, de pequeña, me acostumbré a cosas duras. Con diez años trabajaba a la par de mi tata y rajaba leña con total tranquilidad, o faenaba cerdos, le retorcía el cuello a una gallina cuando nos la íbamos a comer, o ayudé en algún parto a mi madre, que era comadrona empírica. Pero las cosas que veía en la ciudad, me daban escalofríos. De verdad, me daban miedo. 

Por ejemplo, cómo trataban a las empleadas en las casas. O lo que me pasaba cuando entraba en algún restaurante, las pocas veces que entraba. Más bien: no me dejaban entrar, por “india”. La pobreza que veía por ahí me conmovía. Varias veces acompañé a la Dorotea, que se había hecho muy amiga mía, a su casa, en uno de esos lugares que llamaban barrios marginales. ¡Uy, qué terrible! Las cosas que había allí no tenían nombre. Su casa estaba a dos cuadras del basurero municipal, y créanme que me dio asco lo que vi: en la calle vendían comida recuperada de la basura. Había numerosos puestecitos donde ofrecían pizza, la que sobraba en algunas casas y echaban con los desperdicios. Las porciones que estaban buenas, las recogían y las vendían. Y mucha gente las compraba. Mi amiga me quiso ofrecer una, pero no me atreví. Me dio un poco de asco. 

Como toda joven, tuve mi noviecito. Tuve varios, lo confieso, y a los dieciséis ya empecé a tener relaciones. No me da vergüenza decirlo, porque eso es natural ¿verdad? Lo feo es que muchos muchachos solo se acercan para eso, y después te dejan plantada. Pero yo me conseguí uno que era fabuloso. Fue él quien me hizo entrar en la maquila. Ahí empezó otra vida para mí. 

El sueldo era mejor que como sirvienta, por supuesto. Pero ¡a qué costo! Los dueños eran unos gringos, unos rubios enormes, de cabello amarillo que parecía pintado, y grandotes, como de dos metros. Yo nunca había visto gente así. Hablaban en inglés. Bueno, eran los verdaderos patrones, que venían muy poco a la fábrica, pero los que nos mandaban a nosotras y nosotros -había hombres y mujeres trabajando- eran unos capataces nacionales. Eran unos tipos igual que nosotras, bajitos y morenitos, de pelo tan negro como el mío, o como el del Tobías, mi novio. Pero se sentían rubios de alma. Nos trataban mal, a los gritos, a veces insultándonos. Nos hacían trabajar a toda velocidad, y si no cumplíamos con la metas que nos imponían, hasta nos descontaban del sueldo. 

Solo teníamos derecho a ir dos veces por día al baño, aunque una se estuviera haciendo encima. Nos controlaban al milímetro. Yo era muy pilas con la máquina de costurar; creo que era la más productiva de toda la maquila, por eso un capataz, don Alfonso se llamaba, se me paraba al lado y me decía que yo era muy buena, y si quería, me podía conseguir un mejor sueldo, pero le tenía que pagar el “favor”. Por supuesto, lo mandé a la mierda, y le dije al Tobías. Y luego vino la tragedia. 

Como nos explotaban sin piedad, varios de los y las operarias decidimos formar un sindicato para protestar. Yo no muy sabía lo que era eso, pero gente con más experiencia que yo me lo explicó. Teníamos derecho a ocho horas de trabajo, y si trabajábamos más, debían pagarnos horas extras. Pero eso no pasaba. Incluso varias veces cerraban el portón de entrada con cadenas y candados. Eso nos preocupaba mucho, nos asustaba, porque si había un accidente, un incendio o un terremoto, estábamos encerrados. La cuestión es que eso me indignó, y me empecé a mover con todo el personal para protestar. Conclusión: a mí me echaron, y al Tobías le dieron una paliza que lo llevó al hospital. Además de echarlo, por supuesto. La paliza se la dio un grupo, seguramente contratado por la empresa. El día que le pegaron, a la mañana yo había visto a uno de esos gringos que llegó en su autazo de lujo, siempre con su risita burlona. Seguramente algo habrá tenido que ver. Siempre, en nuestras desgracias, hay algún gringo con risita burlona. O, como dije, algún morenito como nosotras, con alma de gringo, con el amarillo del pelo pintado en su alma. Siempre esa risita burlona, pareciera que mofándose de nuestras desgracias. 


Bueno, no quiero aburrirles con todo esto. Solo hacerles saber cómo es la vida por aquí. Una amiga que viajó al Norte, a los Iunáitid, se comunicó vez pasada y me dijo que allá las cosas son diferentes. Todo está bien organizado, no te roban por la calle ni se ve tanta gente pidiendo limosna. Que la hay, la hay, pero no tanta como aquí. Y los rascacielos son impresionantes, no se ven cables colgando por todas partes como en nuestras ciudades, y las calles están más limpias. Pero ¡cuidado! Tampoco allá es un paraíso: a la gente de Latinoamérica, como nosotras, las discriminan, las persigue todo el tiempo la Migra, las tratan como basura. Como me enseñó mi novio: si aquellos están tan bien es porque nos roban a nosotros aquí. 

Yo siempre me pregunto: ¿tiene arreglo esto? No creo que sea nuestro destino, que estemos condenadas a sufrir de esta manera. ¿Por qué sería eso así? No sé bien cómo cambiar estas cosas, pero seguro que tiene que haber forma. 


____________

Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 

©Marcelo Colussi

Guatemala

Ilustraciónes: Libres de la Web

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

Marzo 2026

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro



Gracias a nuestros amig@s, lectores y seguidores por sus visitas y valoraciones.

Afectuosamente...


Administración de Atrapados por la Imagen.





Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.