LA FONTANA DI TREVI, EL ÍCONO ROMÁNTICO QUE ENAMORA AL MUNDO
Roma es una ciudad que parece desafiar al tiempo. Sus calles, plazas y monumentos narran siglos de historia y la convierten, año tras año, en uno de los destinos más visitados del mundo. Entre todos sus tesoros, hay uno que cautiva como pocos: la Fontana di Trevi, un rincón donde el arte, la historia y la leyenda se funden en una de las imágenes más emblemáticas de la capital italiana. Considerada una de las fuentes más bellas del mundo, este monumento se ha convertido en un símbolo de Roma y en una parada imprescindible para quienes la visitan. Detrás de su imponente belleza se esconden secretos, tradiciones y relatos que, muchas veces, pasan inadvertidos para los millones de viajeros que cada año se reúnen frente a sus aguas cristalinas.
Hoy, en Domingos de Curiosidades, voy a contarte la historia de la Fontana di Trevi y compartir con vos algunos datos que, tal vez, no conocías.
La historia de la Fontana di Trevi se remonta al año 19 a. C., cuando el general Marco Vipsanio Agripa, estrecho colaborador del emperador Augusto, ordenó la construcción del Aqua Virgo, un acueducto destinado a abastecer de agua a la antigua Roma. Según la tradición, una joven virgen indicó a los soldados el lugar donde brotaba el manantial que daría origen al acueducto, motivo por el cual recibió ese nombre. Este episodio quedó inmortalizado en uno de los relieves que coronan la fuente, mientras que otro representa a Agripa ordenando el encauzamiento de sus aguas. Durante el Renacimiento se levantó en este sitio una primera fuente, pero con el paso del tiempo varios pontífices soñaron con erigir un monumento de mayor magnificencia e incluso se presentaron distintos proyectos, entre ellos uno atribuido a Bernini. Finalmente, en 1732, el papa Clemente XII, cuyo escudo de armas aún preside la obra, aprobó el diseño del arquitecto Nicola Salvi. Tras tres décadas de trabajos, la fuente fue concluida en 1762 por Giuseppe Pannini, dando origen a la imponente Fontana di Trevi que hoy deslumbra a millones de visitantes.
La composición escultórica de la Fontana di Trevi está cargada de simbolismo. En el centro se alza la imponente figura de Neptuno, dios del mar, sobre un majestuoso carro marino que domina toda la escena. A sus pies, entre las rocas, dos tritones conducen a sendos caballos marinos: uno dócil y otro indómito, una representación de los dos estados del mar, capaz de mostrarse sereno o embravecido. El agua, que brota con fuerza entre las esculturas, intensifica la sensación de movimiento y refleja la energía incontenible del océano. El conjunto central fue iniciado por Giovanni Battista Maini y concluido por Pietro Bracci. En los nichos laterales se encuentran las alegorías de la Abundancia y la Salud, esculpidas por Filippo Valle, mientras que las cuatro estatuas ubicadas en el ático simbolizan los efectos benéficos y fertilizadores del agua a lo largo de las estaciones del año. Como punto final del histórico acueducto Aqua Virgo, la Fontana di Trevi forma parte de las tradicionales mostre d'acqua de Roma, monumentales fuentes concebidas para celebrar la llegada del agua a la ciudad y distribuirla hacia distintos sectores.
ALGUNOS DATOS CURIOSOS
¿Por qué se llama Fontana di Trevi?
El origen de su nombre está estrechamente ligado al lugar donde fue construida. La explicación más aceptada sostiene que la fuente se levanta en la antigua intersección de tres importantes calles de Roma: Via De' Crocicchi, Via Poli y Via delle Muratte. En el italiano de la época, ese cruce era conocido como "Tre Vie" (tres vías), una expresión que, con el paso del tiempo, evolucionó hasta convertirse en "Trevi". La importancia de este punto de encuentro hizo que todo el sector pasara a denominarse oficialmente Rione Trevi, el histórico barrio que aún hoy alberga uno de los monumentos más emblemáticos de la capital italiana. De allí que la fuente adoptara el nombre con el que el mundo entero la conoce: Fontana di Trevi.
La fuente más grande de Roma
La Fontana di Trevi no solo es una de las más famosas del mundo, sino también la fuente monumental de mayor tamaño de Roma. Sus imponentes dimensiones —26 metros de altura y 20 metros de ancho— la convierten en una obra que sorprende desde el primer instante. Contemplarla de cerca es una experiencia difícil de olvidar: su majestuosidad, la fuerza del agua y la riqueza de cada detalle escultórico hacen que el visitante se sienta, por un momento, diminuto frente a una de las grandes obras maestras del barroco italiano.
¿De dónde proviene la tradición de lanzar las monedas?
Uno de los rituales más famosos del mundo consiste en lanzar una moneda a la Fontana di Trevi de espaldas, utilizando la mano derecha por encima del hombro izquierdo. Aunque millones de personas lo consideran una antigua tradición romana, lo cierto es que esta costumbre nació de la combinación de antiguos rituales paganos, una iniciativa del siglo XIX y el enorme impacto del cine de Hollywood.
Sus orígenes se remontan a la Roma antigua, cuando los viajeros ofrecían monedas a las divinidades de los ríos y las fuentes para pedir un viaje seguro, agradecer el agua que les daba vida o ganarse el favor de los dioses. En aquellos tiempos, cuando el acueducto Aqua Virgo abastecía este sector de la ciudad, el verdadero ritual consistía en beber un sorbo de sus aguas para asegurar el regreso a la Ciudad Eterna.
Siglos más tarde, hacia fines del siglo XIX, el reconocido arqueólogo alemán Wolfgang Helbig, radicado durante muchos años en Roma, habría contribuido a transformar esa antigua costumbre en un gesto más romántico. Se dice que invitaba a sus amigos y visitantes a lanzar una pequeña moneda de espaldas a la fuente antes de beber un poco de agua, como una promesa de volver algún día a la capital italiana.
Sin embargo, la tradición adquirió fama internacional en 1954, gracias a la película estadounidense Tres monedas en la fuente (Three Coins in the Fountain). El filme popularizó el ritual tal como hoy se conoce: colocarse de espaldas a la fuente y lanzar una moneda con la mano derecha por encima del hombro izquierdo. Con el paso de los años, la costumbre fue enriquecida por otras producciones cinematográficas, como La Dolce Vita, y dio lugar a la creencia que aún perdura: una moneda asegura el regreso a Roma; dos monedas, encontrar el amor; y tres monedas, el matrimonio con esa persona especial.
¿Qué se hace con las monedas de la Fontana di Trevi?
Cada día, miles de visitantes arrojan monedas a la Fontana di Trevi con la esperanza de volver algún día a Roma. Ese gesto, repetido millones de veces, permite recaudar una suma que ronda los 3.000 euros diarios, lo que representa cerca de dos millones de euros al año. Desde 2007, todo el dinero extraído de la fuente se destina a Cáritas, organización que lo utiliza para financiar distintos proyectos sociales y asistir a personas en situación de vulnerabilidad, entre ellos un supermercado gratuito para familias con dificultades económicas. Las monedas son retiradas periódicamente por la empresa italiana Acea, responsable también del mantenimiento del sistema hidráulico y de iluminación del monumento, mediante un sistema de succión que suele despertar la curiosidad de quienes visitan este emblemático rincón de Roma.
Un monumento protegido hasta en los pequeños detalles
A diferencia de lo que ocurre con muchas otras esculturas y monumentos de Roma, en la Fontana di Trevi es muy raro ver aves posadas sobre sus figuras. Esto se debe a que el monumento cuenta con un sistema que emite pequeñas descargas eléctricas, imperceptibles para las personas e inofensivas para las aves, pero suficientes para mantenerlas alejadas y evitar que deterioren el mármol. Además, el agua de la fuente recibe una cantidad controlada de sal, una medida destinada a proteger la piedra de los efectos del calcáreo y contribuir a la conservación de esta joya del barroco para las futuras generaciones.
El "As de Copas", la curiosa venganza de un arquitecto
Entre las numerosas historias que rodean a la Fontana di Trevi hay una de las más llamativas. En el extremo derecho del monumento, sobre la Via della Stamperia, se encuentra un gran jarrón ornamental de forma redondeada, conocido popularmente como el "As de Copas" por su parecido con esa carta de la baraja italiana. Su presencia siempre llamó la atención, ya que rompe la simetría del conjunto y no tiene un elemento equivalente en el lado opuesto. Según cuenta la tradición, durante la construcción de la fuente el arquitecto Nicola Salvi debía soportar las constantes críticas de un barbero cuya tienda daba a la plaza. Cansado de sus comentarios, decidió tomarse una ingeniosa revancha: colocó el enorme jarrón justo frente al local, bloqueándole parte de la vista hacia la obra terminada. Verdadera o no, la anécdota sigue siendo una de las leyendas más curiosas que envuelven a este célebre monumento romano.
La ventana que no existe
Entre los secretos que esconde la Fontana di Trevi hay uno que suele pasar inadvertido para la mayoría de los visitantes. Si se observa con atención la parte superior derecha de la fachada, se descubre una curiosidad inesperada: una de sus 24 ventanas no es real. Se trata de una ventana pintada que simula formar parte del edificio, pero que en realidad nunca existió. La fachada, cuya construcción demandó cerca de tres años, conserva este singular detalle desde sus orígenes. Con el paso del tiempo surgieron numerosas teorías para explicar su presencia, aunque ninguna ha logrado confirmar con certeza por qué los arquitectos decidieron incluir este enigmático recurso visual.
¿Sabías que existe una ciudad oculta bajo la Fontana di Trevi?
Vicus Caprarius – La Ciudad del Agua (La Città dell'Acqua)
Debajo del incesante murmullo de los turistas que cada día se reúnen frente a la Fontana di Trevi, Roma guarda uno de sus secretos mejor conservados. A casi nueve metros bajo el nivel de la calle se encuentra Vicus Caprarius, conocido también como La Ciudad del Agua (La Città dell'Acqua), un extraordinario complejo arqueológico que permite viajar a la Roma imperial y comprender cómo era la vida cotidiana hace casi dos mil años.
Su nombre proviene de la antigua denominación de la calle que atravesaba este sector de la ciudad, y el conjunto conserva los restos de un barrio romano con viviendas, muros, mosaicos, pavimentos, objetos de uso cotidiano y un castellum aquae, el depósito encargado de distribuir el agua del Aqua Virgo, el mismo acueducto construido en el año 19 a. C. que, todavía hoy, alimenta la Fontana di Trevi.
La historia de su descubrimiento también parece sacada de una novela. En 1985, el empresario italiano Luigi Cremonini adquirió el antiguo Cinema Trevi con la intención de restaurarlo y devolverle su esplendor. Sin embargo, durante las excavaciones iniciadas años más tarde, en 1999, los obreros comenzaron a encontrar, bajo capas de cemento y tierra, estructuras que no pertenecían al mundo moderno. Lo que en un principio era una simple obra de remodelación se transformó rápidamente en una de las excavaciones arqueológicas más importantes realizadas en esa zona de Roma.
Durante los trabajos aparecieron cisternas alimentadas por el Aqua Virgo, viviendas de varios niveles, canales de agua, cerámicas, monedas, esculturas y numerosos objetos que permitieron reconstruir parte de la vida de quienes habitaron este lugar durante el Imperio Romano. Los estudios revelaron que el sector, originalmente ocupado por construcciones modestas, evolucionó con el paso de los siglos hasta convertirse en una distinguida zona residencial del Campo Marzio, cercana al complejo monumental de Agripa. Incluso algunos de sus edificios fueron transformados en elegantes mansiones revestidas en mármol.
Las estructuras conservadas pertenecen al antiguo VII Regio, desarrollado durante la época del emperador Adriano, y forman parte del proceso de reconstrucción urbana impulsado por Nerón tras el gran incendio de Roma del año 64 d. C.. Gracias a este hallazgo, hoy es posible comprender la estrecha relación que existía entre el urbanismo romano y el sofisticado sistema de distribución de agua que convirtió al Aqua Virgo en una de las mayores obras de ingeniería de la Antigüedad y que continúa en funcionamiento más de dos mil años después de su construcción.
Entre las piezas más valiosas halladas en el yacimiento sobresale el busto de Alejandro Helios, hijo de Marco Antonio y Cleopatra VII, una escultura excepcional por su estado de conservación y por la escasez de representaciones del príncipe ptolemaico. También despierta gran interés una colección de monedas de bronce encontrada oculta en el interior de un muro. Se cree que pertenecían a un sirviente de la mansión, quien las escondió durante el Saqueo de Roma por los vándalos, en el año 455, con la esperanza de recuperarlas más tarde. Nunca regresó por ellas.
Tras varios años de excavación, restauración y adecuación del sitio, Vicus Caprarius abrió sus puertas al público en 2001, permitiendo que visitantes de todo el mundo recorran este fascinante museo subterráneo. Descender por sus escaleras es como atravesar una frontera invisible entre dos épocas: arriba, el bullicio permanente de una de las plazas más visitadas del planeta; abajo, una ciudad silenciosa donde el agua continúa fluyendo por antiguos canales y cada ladrillo parece conservar intacta la memoria de la antigua Roma.
La Ciudad Eterna deslumbra a cielo abierto con monumentos que maravillan al mundo, pero quizá su alma más antigua permanezca escondida bajo tierra, esperando a quienes deciden ir un poco más allá de la superficie para descubrir que, bajo la Fontana di Trevi, todavía late el corazón de la Roma imperial.
La Fontana di Trevi es mucho más que una obra maestra del barroco. Es el lugar donde la historia, el arte y las leyendas se funden con el eterno murmullo del agua. Cada moneda lanzada representa un deseo, y cada visitante se lleva un recuerdo que difícilmente el tiempo pueda borrar.
Quizá ese sea el verdadero hechizo de Roma: lograr que, aun después de partir, una parte de nosotros permanezca para siempre junto a las aguas de la Fontana di Trevi, soñando con el día en que el destino nos invite a regresar.

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