EDITORIAL: "ATRAPADOS POR LA IMAGEN"
Fotografías de autor
miércoles, 18 de febrero de 2026
¡Hoy 18 de Febrero, Atrapados por la Imagen está de Fiesta!
¡Festejamos el cumpleaños de Emilio Bertero!
"Artísta y colaborador de Atrapados por la Imagen"
“Si solo lees los libros que todos los demás leen, solo podrás pensar lo que todos los demás piensan.”
- Haruki Murakami -
¡En este día tan especial, en nombre de toda la comunidad de Atrapados por la Imagen, extendemos un cálido saludo de cumpleaños a nuestro querido amigo, Emilio Bertero!
Los invitamos a visitar la galería de Emilio, donde podrán disfrutar de sus obras literarias, haciendo clic en el siguiente link 👇
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Administración de Atrapados por la Imagen.
Isa Santoro - Laura Jakulis
Colaboradores: Marta Puey - Emilio Bertero
Diseño de Tarjeta: Julieta Casola Valussi (atrapadita)

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Fotografía: Hugo Filmore
CC.Borges - Art Festival Bodypainting -
Make Up: Lucrecia Nos
Model: Ana Dolyenko.

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Claudia Molina - Esculturas en la Torre de María
Esculturas en la Torre de María - Catedral de la Plata

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martes, 17 de febrero de 2026
Emilio hoy nos trae algo de . . .
IDEA Y CREACIÓN
Emilio Bertero
GASLIT
¿Una remake de “Todos los hombres del presidente”?
Ahora he visto “Gaslit”, una miniserie de 2022, 8 episodios dirigidos por Matt Ross ("Capitán Fantástico")Capitán Fantástico”), una creación de Robbie Pickering de quien no estaba hasta ahora anoticiado. La protagonizan Julia Roberts y Sean Penn, y la razón por la que en el título de esta colaboración me pregunto si es una remake de la película, estriba en que si bien el nudo central es el mismo, en la obra de Pakula el peso de la historia recae en los dos investigadores, que aquí en cambio cumplen actuaciones secundarias, porque la miniserie se centra en el rol de la Roberts como Martha Mitchell, y en el de su marido, John Mitchell, el fiscal general y hombre de suma confianza de Nixon (papel a cargo de Sean Penn), figuras claves en el episodio histórico, que quizás el tiempo y el cine hayan hecho olvidar.
La vida personal de estos personajes, que aún con conflictos ocultos o contenidos (por ejemplo el alcoholismo de la mujer, la excesiva dedicación de Mitchell al presidente descuidando las ambiciones, demandas o frustraciones de su esposa, la desatención hacia la hija de 11 años de Martha que convive con el matrimonio), transcurría con la mediana normalidad propia de un matrimonio tan ligado con la alta política, se derrumba desde el momento que Martha, para disgusto de John (y de las mujeres cercanas a la esfera de poder, en particular la esposa de Nixon, que cuando puede la relega a segundos planos en los eventos públicos), comienza a realizar apariciones en programas de TV, a conceder entrevistas a revistas de actualidad (se la empieza a conocer como la “La Boca del Sur”), en fin, algo “impropio” para los roles de esposa de político en aquellos tiempos.
Pero no solamente eso. Lo más importante es que en esas apariciones, Martha empieza a deslizar que Nixon está implicado en el escándalo Watergate, obviamente enterada porque John es el principal organizador, y por un muy logrado detalle, el que era su guardaespaldas, un hombre con el que Martha había comenzado a desarrollar cierta confianza personal (no hablo de relación de amantes, si no de alguien con quien compartía confidencias) es uno de los reclutados (y capturado y llevado a juicio) para allanar el edificio del partido demócrata.
Poco cuesta imaginar, como si no fuera suficiente que el episodio de espionaje haya sido descubierto, el trastorno que le acarrea al fiscal, un incondicional de la administración republicana en general, y del hasta entonces presidente en particular, con el que se alinea hasta más allá de todo límite, en notorio desmedro de su mujer, quien sufre muchísimo tal actitud, y que entonces opta por, en lugar de retraerse y guardar silencio, redoblar su ofensiva.
Acá surge entonces el título de la miniserie. Gaslit es una contracción de “gaslighting”, maltrato emocional para manipular a una persona de modo que llegue a dudar de sí misma, a cuestionarse. Porque desde vastos sectores embarcados en mantener a Nixon fuera de toda sospecha, marido incluido, Martha Mitchell recibe ataques de todo tipo y color en pro de desacreditarla.
La miniserie cuenta con muy buenas actuaciones y la dirección es excelente. Me gustaron mucho las actuaciones de Darby Camp (la hija de Martha Mitchel, cuasi adolescente “excesivamente” pensante, madura, y testigo obligado del desmadre en el que vive), Shea Whigham (en el rol de Gordon Liddy, el que le “vende” a Mitchell el armado de la banda para el allanamiento, simpatizante nazi casi comediesco, soberbia la persecución a una rata cuando está preso en aislamiento), y Dan Stevens (en el papel de John Dean , asesor al principio feliz de haber sido elegido para participar en el acto de espionaje, pero, y ahí es adonde vuela alto su actuación, cada vez más nervioso y angustiado cuando la olla empieza a destaparse y se da cuenta de que quieren usarlo de chivo expiatorio)
Pero Julia Roberts y Sean Penn se roban el protagonismo. Julia Roberts no estuvo nunca entre mis actrices predilectas, sí por ejemplo me saqué el sombrero cuando hizo “Agosto” (John Wells, 2013), “Juego de poder” (Mike Nichols, 2007), “Closer” (Mike Nichols, 2004), “La mexicana” (Gore Verbinski, 2001) y “Erin Brockovich” (Steven Soderbergh, 2000), pero en esta miniserie está particularmente notable, gran madurez interpretativa, gran versatilidad (la seductora, la intrigante, la cariñosa, la descontrolada, la borracha…¡chapeau!). Y Sean Penn ni hablar, caracterizado al punto de que en el primer episodio no lo reconocí de inmediato. Admito que el tipo es uno de los actores norteamericanos que tengo entre mis preferidos, le doy gran valor a los que son capaces de hacer roles radicalmente distintos y a todos los hacen bien, no me gustan los encasillados o los que hacen siempre de ellos, y Sean Penn es justamente lo opuesto, baste mencionar al deficiente mental que lucha por conservar la custodia de su pequeña hija en “Mi nombre es Sam” (Jessie Nelson, 2001), exigencia actoral de la que emerge más que airoso, puesto junto a la grandiosa representación de Jimmy Markum, el padre desgarrado y ansioso de venganza por la muerte de su hija en “Río Místico” (Clint Eastwood, 2003). En Gaslit ni siquiera tiene parlamentos muy extensos, al contrario, el guión, la dirección, le han pedido una actuación más fundada en gestos, expresiones, miradas…¡y se la recontra banca! Para terminar. Por ahí no les interesa esta clase de temáticas en una serie. Pero si así fuera, igual vale la pena verla para disfrutar de estas dos actuaciones.

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lunes, 16 de febrero de 2026
Cigüeña - Ricky Kimmich

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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "Apenas un Cuento" - de la escritora: Cristina Wnetrzak - Buenos Aires - Argentina
ATRAPADOS POR LA IMAGEN
Cuentos y Relatos Presenta a:
Cristina Wnetrzak
"Nueva artista de Atrapados por la Imagen"
en...
"Apenas un Cuento"
Edición: Editorial Atrapados por la Imagen
RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ
Registro de propiedad intelectual
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La Editorial de Atrapados por la Imagen, tiene el honor de recibir a una nueva escritora, que se incorpora a este sitio de arte colectivo.
Hoy le damos la bienvenida a: Cristina Wnetrzak
Compartimos una pequeña biografía sobre Cristina y su trayectoria:
Escritora, periodista y traductora, con una larga trayectoria en la redacción de textos científicos para medios internacionales. Escribe poesía y cuentos desde la adolescencia y nunca dejó de hacerlo. Pasó por talleres literarios y teatrales, siempre con curiosidad y ganas de explorar. Para ella, escribir es aprender, disfrutar y, sobre todo, compartir un espacio de encuentro, de vínculos y de creación colectiva.
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| Dibujo realizado por: Ana Laura Ratchitzky |
"Apenas un Cuento"
Cristina Wnetrzak
Cosa rara es la vida que insiste en devolverla a los lugares de los que ha escapado. En ese lugar que llaman refugio, mujeres en las que no se reconoce, le hablan en un idioma que siente ajeno. Convive con otras y con los hijos que llevaron consigo, todos golpeados por la vida de formas incontables. Como ellas ingresó con el anonimato y la protección policial. Solo los canas que las llevan y los tipos de seguridad que abren las puertas saben quienes entran o salen tanto de día como por las noches.
Como la mayoría llegó con lo puesto, ni siquiera una bombacha para cambiarse, tampoco pudo llevar ropa para los hijos chicos que le dijeron que llevara con ella. Con suerte alguien les presta, cuando puede, alguna ropa así se las va arreglando para lavar lo que trajeron puesto.
Desde la llegada ha escuchado cantidad de historias diferentes. La mayoría de las mujeres llegaron apaleadas por la calle y por hombres envinados y febriles que las sometieron con la rabia y la impotencia de los derrotados.
Se mantiene apartada, parece como si escuchara pero no se puede saber qué es lo que se esconde detrás de esos ojos oscuros y el gesto inexpresivo. Algunas mujeres hablan demasiado. Ella no. Es callada, respetuosa y no tiene exigencias. Los hijos también son callados.
Su silencio le ganó pronto la simpatía de las voluntarias que allí trabajan y que, a pesar de las recomendaciones que reciben diariamente de no involucrarse, lo hacen. Y así fue que se comprometieron con esta mujer llana y taciturna que rechaza las expresiones de compasión con aire digno. Todas las colaboradoras del refugio conocen los detalles de la historia. Ella sin embargo parece ajena, como si nada tuviera que ver con su persona.
En su afán protector, las voluntarias, tan escasas en recursos como ella misma, no se dejan cansar por la desidia de la administración pública. Llevan al refugio semillas de sus propias huertas, palitas y cucharas. Preparan en sus casas plantines con los cartones del papel higiénico, los llevan y les enseñan cómo cuidarlos. Insisten en que las mujeres rompan los terrones secos y amasen el barro con las manos. Ella no tiene palabras para decirles que viene muy del norte, de entre los cerros, donde su padre celebraba ceremonias a la Pachamama y sacaba a la familia al fresco de la noche a bailarle a la luna con los pies descalzos para no gastar alpargatas. Hace tanto tiempo que escapó del campo roto por las sequías y deslavado por las inundaciones que no puede discernir por qué ahora quieren que vuelva a la tierra. No puede imaginarse volviendo.
En la capital parió cuatro hijos que son más ciudad que tierra y tarde comprendió que no podía ni sabía cómo ayudarlos, estaba tan indefensa como ellos. Igual que si se hubiera quedado en el pueblo porque allá, los hombres tampoco eran mejores, solo más callados.
Piensa a veces en la hija que hace rato se fue por su cuenta, vive con un tipo en una pieza por Floresta y ya la hizo abuela. Cuando se acuerda del bebé se le aflojan lágrimas que no sabía que tenía. El hijo mayor también se mandó a mudar y seguro que anda por ahí, vaya a saber en qué. Nunca pudo manejarlo, siempre metido en problemas. No es que no le importe, solo acepta lo que es irremediable.
Una de las voluntarias la invita a participar en una ceremonia que pretende ser de homenaje a la madre tierra. Cada mujer puede presentar un pequeño regalo, no importa como sea. Una ofrece el plantín en rollo de papel higiénico que todas las noches esconde bajo la cama para que no se lo roben o lo rompan. Otra ha trenzado una pulsera con unas hebras de lana de colores robadas de algún saco viejo. Ella dice que no tiene nada para ofrecer. Solo sus tristezas. La mujer que preside la pseudo-ceremonia la invita a que las ofrezca y entonces cae de rodillas y con las manos golpea la tierra mientras la riega con sus lágrimas. Después de la sesión de horticultura todas vuelven en silencio al interior del refugio.
A la salida las voluntarias, mientras se atracan con golosinas en el café más próximo al lugar, chismorrean entre ellas su historia. Una chilena que se vino muy del norte cordillerano a la capital, un día la llamaron de la escuela porque la hija actuaba raro. No hablaba. Siempre había sido de hablar poco, como la madre, pero había dejado de comunicarse del todo. Entonces se pudrió todo. Ahí fue donde se supo que el padre se la cojía a la hija cuando la madre salía a trabajar. Descubrieron también que cuando la nena estaba en la escuela el tipo se cojía al pibe de cuatro años. Después fue la policía y el refugio. Ella no entendía nada. En sus murmuraciones las voluntarias se preguntan cómo terminará esta historia. El tipo está preso, pero imaginan que no por mucho tiempo.
Mientras tanto ella escucha en un casi majestuoso silencio, las explicaciones para romper la tierra, salpicar las semillas, regar. Hace su parte como le piden. Quién puede saber qué pasa por esa cabeza, tal vez los días en que entre los cerros se le morían las ovejas y las cabras por la sequía y la tierra se rajaba en pedazos o quizás solo espera el momento de volver al conventillo del que la trajeron, aunque algún día el tipo vuelva. Y si no es él será algún otro. Todas especulaciones.
Entre las mujeres del bar se hace un silencio. Unas bajan la mirada hacia la taza de café. Otras engullen un gran bocado de torta que se les desmiga por las comisuras de la boca. Pueden verla, como esa mañana en la ceremonia, cuando se quitó las zapatillas y caminó por la huerta, primero por la parte asoleada y luego hacia la sombra. Cuando le preguntaron qué hacía contestó que quería saber cómo se sentía el pasto caliente por el sol y cómo era el fresco a la sombra. Pero eso fue después de ofrendar sus penas a la tierra.
Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a:
©Cristina Wnetrzak
Buenos Aires - Argentina
Ilustración: Ana Laura Ratchitzky
Diseño y Maquetación: Laura Jakulis
Editora Literaria: Isabel Santoro
Febrero 2026

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domingo, 15 de febrero de 2026
La ciudad mágica: París - Claudia Molina
¡Feliz día del AMOR! 💙

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