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domingo, 24 de mayo de 2026

Nudo Identidad - Mirta Steinberg -

 

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El mercadito....Ana Vaccari


 

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Iglesia Ntra Sra del Pilar - CABA - Autora: Claudia Molina -

 

- Entre rejas y cielo abierto, siempre hay una mirada que encuentra la luz - 



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DOMINGOS DE CURIOSIDADES. HOY. ESTECO, LA CIUDAD DESAPARECIDA

ESTECO, LA CIUDAD "DESAPARECIDA" QUE SIGUE ESTANDO PRESENTE



La historia de Esteco constituye uno de los enigmas más sugerentes del período colonial en lo que hoy es la provincia de Salta. Fundada en 1566, esta ciudad se consolidó en muy poco tiempo como un punto clave del circuito comercial que conectaba el Alto Perú con el Río de la Plata. Su ubicación estratégica la convirtió en un enclave próspero, donde circulaban bienes, riquezas y una actividad económica que la distinguía dentro del mapa colonial.


Sin embargo, esa misma prosperidad fue también el punto de partida de su construcción mítica y su posterior leyenda trágica. Diversos relatos de la época la describen como una sociedad marcada por la ostentación y la soberbia, en la que el lujo del oro y la seda parecía haber desplazado los principios de austeridad religiosa que regían en otras zonas del Tucumán colonial.

Hoy en Domingos de Curiosidades voy a contarte la historia detrás de esta mítica ciudad y algunos detalle que, tal vez, no conocías.



LA LEYENDA

Según la leyenda, Esteco fue una de las ciudades más ricas y prósperas del norte argentino. Se decía que estaba asentada en un entorno fértil y luminoso de la actual provincia de Salta, y que sus construcciones estaban recubiertas de oro, como si la abundancia se hubiera vuelto parte del paisaje mismo. Sus habitantes vivían rodeados de fortuna y no solo no la ocultaban, sino que la exhibían con orgullo, como si la riqueza fuera un rasgo natural de su identidad.

Con el tiempo, esa opulencia fue transformando la vida cotidiana en una forma de soberbia. La tradición oral describe a sus habitantes como personas cada vez más mezquinas y despectivas, donde el valor del dinero ocupaba un lugar absoluto. Se cuenta incluso que el gesto de agacharse para recoger algo caído —un pañuelo, un sombrero— era considerado indigno, como si el contacto con lo mínimo fuera una ofensa a su estatus. En ese mundo de vanidades, los pobres eran despreciados y los esclavos maltratados, mientras el lujo y el placer marcaban el ritmo de la vida social.

En ese contexto llega a la ciudad un viejo misionero, con la intención de redimir a sus habitantes. Su figura contrasta por completo con el entorno: herido, cansado, con los pies lastimados y las vestiduras desgastadas, recorre las casas pidiendo limosna y algo de alimento. Sin embargo, a pesar de tocar una puerta tras otra en aquellos hogares lujosos, nadie se detiene a ayudarlo. La ciudad, saturada de riqueza, parece haberse vuelto incapaz de reconocer la necesidad ajena.

Ya en las afueras de Esteco, el misionero encuentra a una mujer muy humilde que vive junto a su hijo. Conmovida por su estado, ella decide ofrecerle lo poco que tiene: sacrifica su única gallina para darle alimento y le brinda un lugar donde descansar. Ese gesto, sencillo pero profundo, contrasta de manera radical con la indiferencia de la ciudad. Cuando el misionero vuelve a recorrer Esteco, insiste en su mensaje: llama a recuperar la humildad, la caridad y las costumbres sencillas, pero sus palabras solo encuentran burla y rechazo.

Esa misma noche regresa a la casa de la mujer y se le revela como un profeta. Le anuncia entonces que la ciudad será destruida si no cambia su forma de vida: un terremoto como castigo divino caerá sobre la avaricia y la soberbia de sus habitantes. También le ordena que tome a su hijo y abandone el lugar de inmediato, porque ella será salvada gracias a su gesto de bondad.

Antes de partir, le deja una última advertencia: no debe volver la vista atrás bajo ninguna circunstancia, ni siquiera si el mundo parece derrumbarse detrás de ella. Solo así podrá salvarse. La mujer acepta y, abrazando a su hijo, abandona la ciudad en plena madrugada.

Poco después, la noche se quiebra con un estruendo profundo. Un trueno sacude la tierra y la catástrofe se desata: el suelo se abre, el fuego brota desde las entrañas de la tierra y Esteco comienza a hundirse mientras sus casas y habitantes desaparecen en el abismo. En medio del caos, la mujer, vencida por la angustia y la curiosidad, se da vuelta para mirar lo que ocurre detrás. En ese instante, queda convertida en piedra, inmóvil, eternizada en el gesto de caminar con su hijo en brazos.

La tradición popular sostiene que esa figura sigue presente y que, cada año, desciende simbólicamente hacia la ciudad de Salta, como un eco silencioso de una historia que nunca termina de desaparecer del todo.


LA HISTORIA

En 1566, un grupo de españoles encabezados por Jerónimo de Holguín, Diego de Heredia y Juan de Berzocana fundó un asentamiento en la ribera oriental del río Salado, tras un motín contra el gobernador del Tucumán, Francisco de Aguirre. Este primer poblado recibió inicialmente el nombre de Cáceres, pero luego fue reorganizado oficialmente como Nuestra Señora de Talavera en 1567 por el gobernador Diego Pacheco.

El asentamiento se ubicaba en la región chaqueña y tenía una población europea reducida que dominaba la vida política y militar, mientras que la mayoría de sus habitantes eran pueblos originarios, principalmente toconotés, lules y matarás, sometidos al sistema de encomienda. Con el tiempo, esta población indígena fue clave en las tareas agrícolas y textiles, lo que generó un proceso temprano de mestizaje.

En 1609 el primer asentamiento fue abandonado debido al declive de la ruta comercial del río Salado y a conflictos derivados de la explotación indígena. Sin embargo, algunos habitantes permanecieron en la zona, dando origen a pequeños núcleos como Esteco el Viejo, mientras otros se trasladaron hacia nuevas fundaciones.

A lo largo de las décadas siguientes se realizaron nuevos intentos de reorganización y fundación de ciudades en la región, como Nueva Madrid de las Juntas en 1592, hasta que en 1609 se unificaron distintos asentamientos bajo el nombre de Nuestra Señora de Talavera de Madrid de Esteco, aunque en la práctica predominó el nombre de Esteco.

La ciudad llegó a alcanzar una población considerable para la época, aunque las cifras exactas son discutidas. Su decadencia comenzó a fines del siglo XVII, tras ataques de pueblos originarios, epidemias, problemas de riego y el desplazamiento de las rutas comerciales. Finalmente, en 1686 fue devastada por un ataque mocoví y el 13 de septiembre de 1692 un gran terremoto terminó de destruirla, sellando su desaparición.

Gran parte de los sobrevivientes se trasladaron a otras localidades cercanas como Metán y Rosario de la Frontera. Con el tiempo, el sitio quedó en ruinas y fue redescubierto en investigaciones arqueológicas recién en 2014, cuando equipos del CONICET y la Universidad Nacional de La Plata identificaron restos importantes de la antigua ciudad.


EL TRABAJO ARQUEOLÓGICO

Las excavaciones en Esteco continúan revelando fragmentos de una historia que permaneció siglos oculta bajo la tierra. Sin embargo, el trabajo arqueológico no resulta sencillo. La espesura del monte, el crecimiento constante de la vegetación y la falta de delimitación precisa del sitio dificultan las tareas de exploración y conservación. Aun así, cada campaña permite recuperar objetos que hablan de la vida cotidiana de quienes habitaron aquella ciudad perdida.

La antropóloga platense Julia Simioli explica que en el lugar aparecen elementos extremadamente diversos: cerámicas, restos de alimentación, objetos de uso doméstico y vestigios de distintas tradiciones culturales que convivieron dentro de Esteco. Algunas piezas llegaron desde Europa en barcos, como las vasijas de aceite de oliva que atravesaban puertos y caminos hasta alcanzar el norte colonial a través de Buenos Aires. Otras, en cambio, fueron producidas por los pueblos originarios sometidos al sistema de encomienda, utilizando técnicas y formas propias. Esa convivencia de materiales tan distintos convierte al sitio en una fuente invaluable para comprender el entramado social y cultural de la época.

Las excavaciones también permitieron hallar restos de animales criados para el consumo, así como especies obtenidas mediante la caza y la pesca, lo que ofrece nuevas pistas sobre la alimentación y las prácticas cotidianas de la población. Para los investigadores, el valor de Esteco reside justamente en esa enorme heterogeneidad de objetos y testimonios.

Tras la muerte del arqueólogo Alfredo Tomasini en 2017, uno de los principales impulsores de las investigaciones en la zona, Julia Simioli asumió la tarea de preservar parte del material recuperado. Muchas de esas piezas fueron trasladadas al Museo de Antropología de Salta, donde actualmente se exhiben como parte de una colección que mantiene viva la memoria de la ciudad desaparecida.


Simioli recuerda el paso por Esteco como una experiencia profundamente movilizadora. Entre quienes participaron de las campañas arqueológicas existe una sensación compartida: la de haber trabajado en un sitio prácticamente inagotable. Según sostiene la antropóloga, ni siquiera varias generaciones alcanzarían para explorar por completo todo lo que todavía permanece enterrado en esas antiguas ciudades.

Parte de la fascinación que despierta Esteco radica en la posibilidad de establecer un puente directo entre los documentos históricos y los objetos hallados en las excavaciones. No se trata solo de estudiar relatos escritos sobre el pasado, sino también de encontrarse cara a cara con pertenencias de personas que vivieron y murieron allí siglos atrás. Esa combinación entre historia documental y evidencia material convierte al sitio en un espacio excepcional dentro de la arqueología argentina.

Aunque la muerte de Tomasini dejó inconcluso gran parte del trabajo, sus discípulos y colegas continúan intentando obtener los permisos necesarios para retomar las investigaciones. Muchos de los estudiantes que él formó, provenientes tanto de Salta como de otros lugares del país, esperan regresar al monte para continuar desenterrando la historia de Esteco.

Entre el calor sofocante, la tierra y la vegetación cerrada, se fue formando también una comunidad de investigadores unida por el mismo objetivo: reconstruir la memoria de una ciudad que desapareció hace siglos, pero que, paradójicamente, sigue apareciendo una y otra vez entre las ruinas, los relatos y los hallazgos arqueológicos.




Esteco cayó, se hundió, fue cubierta por un terremoto, pero nunca dejó de hablar. Entre las leyendas, las ruinas enterradas y los objetos que todavía emergen del monte salteño, la ciudad parece seguir respirando debajo del tiempo. A veces reaparece en una vasija rota, en un muro oculto o en el trabajo silencioso de quienes todavía la buscan entre la tierra y la memoria. Quizás algunas ciudades desaparecen solo de los mapas, porque hay historias que el tiempo intenta sepultar y, aun así, siempre encuentran la forma de volver a la luz.



Idea, investigación y edición: Isa Santoro
Administradora de Atrapados por la Imagen





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sábado, 23 de mayo de 2026

" Una Bignonia Azul " .- Silvia Elena Lanza -

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"Danzarina" - autor: Hugo Filmore -

 

- Workshop - Mirta Steinberg - Model Fiorella.



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"Canto al trabajo" - de Rogelio Yrurtia - autora: Cristina Wnetrzak

 


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Cine en Atrapados por la Imagen: "Destiny" - Animation Short - Vídeo 2012 5min - Animación para Adultos. Francia -

 

"Cine en Atrapados por la Imagen"


Nuevo ciclo de Cortometrajes

Género: Comedia


¿Es posible cambiar el destino?



"Cada segundo cuenta en esta reinvención de El día de la marmota".

Director/a: Fabien Weibel

Guionista: Fabien Weibel

Estrella: Theo Gonon

Click aquí para ver el Cortometraje - 👇💙



Destiny, es un cortometraje de fantasía dirigido por Fabien Weibel y producido en la Bellecour Ecole d'Art, que narra la historia de un hombre que intenta cambiar su propio destino. El corto aborda temas universales como el tiempo y el destino con un toque sobrenatural: juega con los puntos de vista narrativos. El resultado es desconcertante para el espectador y aumenta la tensión del conflicto a medida que avanza la historia.


Descripción: "Destino" de Fabien Weibel, Manuel Alligné, Sandrine Wurster y Victor Debatisse.

 Destino, es un cortometraje realizado por estudiantes de la escuela francesa "Bellecour Ecole".
___________

¡¡Esperamos que disfrutes de este, excelente cortometraje!! 


¡¡Muchas gracias y hasta la próxima!!



CINE PARA FOTÓGRAFOS Y ALGO MÁS... 

Idea y creación: Laura Jakulis

Directora de Atrapados por la Imagen


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viernes, 22 de mayo de 2026

" Cuando la Naturaleza se despide hasta el otro día " .- autora: Silvia Elena Lanza

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"Pareja" - autora: Claudia Solano -


 

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"Magia en La Boca" - Caminito - Autora: Cristina Wnetrzak

 


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EL DESTAQUE SEMANAL...

 

 Editorial Atrapados por la Imagen Presenta . . .


Gracias a todos por su talento, cariño y dedicación, que hacen de este espacio un lugar especial.

"En el mes de la revolución"

Presentamos a las y los artistas seleccionados de la semana:

R. JORGE RUIZ DIAZ - HUGO FILMORE - ROBERTO JORGE ESCUDERO - SILVIA ELENA LANZA - HÉCTOR DANIEL CAPPUCCIO - CLAUDIA MOLINA - RICKY KIMMICH 
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"No hay nada más interesante que el paisaje del rostro humano"

 Irvin Kershner



R. JORGE RUIZ DIAZ 
"Me jugué hasta mis huesos"





HUGO FILMORE 
"Workshop Mirta Steinberg"






ROBERTO JORGE ESCUDERO 
"En las nubes" 






SILVIA ELENA LANZA 
"Abstracción" 






HÉCTOR DANIEL CAPPUCCIO 
¡El portal!






CLAUDIA MOLINA 
"La vida también se posa en lo simple y canta bajito"





RICKY KIMMICH
"To remember III"





Diseño gráfico: Laura Jakulis
Directora de Atrapados por la Imagen

Correctora Literaria: Isa Santoro
Colaboradores: Marta Puey - Emilio Bertero 

 ¡Saludos Afectuosos para todos y todas!

Administración de Atrapados por la Imagen.

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jueves, 21 de mayo de 2026

" Enamorándose " .- Silvia Elena Lanza -

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"FUNCIONES INCORRECTAS" - Os Osmo -



 

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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "Crímenes perfectos" - Un cuento de la escritora: Patricia Balda - Provincia de Buenos Aires - Argentina-

 

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen


RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

REGISTRO DE PROPIEDAD INTELECTUAL

ATRAPADOS POR LA IMAGEN




Cuentos y Relatos Presenta a...


PATRICIA BALDA


"Artista de Atrapados por la Imagen"


en: 


"Crímenes perfectos"

___ Relato inédito ___


Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.

______


Cuento inédito para Atrapados por la Imagen

"Crímenes perfectos"

PATRICIA BALDA


                                         

Ella tiene un bollo de pelo en la base de la nuca. No es un rodete, tampoco una trenza, puede que alguna vez haya sido una cola retorcida sujeta con un broche. Pero hoy es un bollo, una pelota, un montón de pelo abandonado a su suerte, casi una rasta.

Sostiene que es mejor así, no tiene dudas, si se lo peina, se cae.  Y no quiere quedarse pelada. Igual ayer me dijo: “Cuándo vengas fijate si me lo podés acomodar”, por eso traje perdido en algún lugar de mi cartera un pote de crema desenredante.

Le miro el pelo mientras llora, mejor dicho, el bollo de pelo. El llanto comenzó con un berrinche, primero tiró la lapicera contra la pared y después llegaron las lágrimas. Su vida transcurre entre el dolor y la furia.

Se aniña cuando llora, también se aniña cuando quiere ser graciosa. A veces es una niña triste, otras una niña mala, otras una niña caprichosa. Nunca una niña feliz.

Está enojada, llena de rabia y… yo la miro.

—Te pintaste los ojos, le digo sin acercarme

—Y los labios para que no me vieras tan mal…, me contesta

Está sentada mirando la pared como si estuviera en penitencia. Gira la cabeza al responderme y lo hace desde unas ojeras moradas. Se puso el saco rojo, es un detalle, un mensaje sin duda más efectivo que el llanto. Me acerco, y apoyo mis manos sobre sus hombros. Ensayo una caricia, torpe, trabada, cautelosa.

—Haceme unos masajes, me duele la espalda.

—Dale.

Ahora las dos miramos la pared en una suerte de penitencia colectiva, un destino común. De a poco comienza a calmarse.

        — ¿Te hago el cuadro? Pregunto mientras huyo, de la pared y las caricias.

Es primavera del otro lado de la puerta, hay sol en el patio y el verde es más verde después de la lluvia. Los pájaros se bañan en una olla enlosada, recuerdo cuando esa olla era nueva, yo era niña en ese tiempo, Gastón aún no había llegado, la primavera habitaba de los dos lados de la puerta. “Éramos felices y no lo sabíamos", murmuro

“Éramos felices y no lo sabíamos”, dijo mi amiga Leti hace apenas unos días, y yo me quedé mirándola un poco sorprendida, un poco desorientada, mientras las palabras horadaban mi cuerpo.

“Éramos jóvenes” corrigió Betina. Lo suficiente para sentirnos eternas pensé, y las tres nos perdimos en ese tiempo no tan lejano en el que todo tenía otra dimensión, otro peso. 

Los pájaros revolotean por el patio, se paran en la cuerda de la ropa y desde ahí vuelan hasta la olla, se zambullen y despegan agitando las alas. Ramilletes de gotitas que quedan suspendidas en el aire, el sol las hace brillar.

— Solo doy trabajo.

— ¿Te hago el cuadro?

— Quiero que… Me explica lo que estuvo pensando.

Se levanta y ocupo su lugar, otra vez miro la pared, pero esta vez sentada en su silla. Sobre la mesa unas hojas, una regla y una lapicera. Comienzo a trabajar en un cuadro de doble entrada, arriba los días: 1, 2, 3, 4, 5, …30, 31, octubre trae 31. Al costado sobre el margen, el nombre de los remedios en orden descendentes según debe tomarlos.

—Con esa letra no. Yo no puedo leer eso nena, ya te dije que no veo. Sigue.

— Vos no prestas atención cuando te digo: no veo, no escucho, y ahora también…

Levanto los ojos, enfrente tengo la pared. Ella está parada detrás mío, sé que está parada detrás mío, y que también mira la pared. Otra vez la dos mirándola en una suerte de penitencia colectiva, unidas en un destino común.

Rompo la hoja, primero el berrinche, después, después nada porque yo no lloro, yo no sé llorar.

—Te enojaste. Afirma

—No. ¿Tenés plasticola?

—Sí, si tengo. Da media vuelta y sale a buscarla, es la primera vez en mucho tiempo que la veo caminar segura, tranquila, sin titubeos.

Recorto los nombres de los remedios cuidando que también se vea el color de la caja, los pego en el margen de la hoja respetando el orden en que debe tomarlos. En la parte superior anoto otra vez, 1,2, 3, 4, …30, 3l, octubre trae 31. Con la regla tiro rayas de arriba abajo, de izquierda a derecha. Listo, lo miro estoy conforme, me gusta.

— ¿No está buenísimo? Ahora no te vas equivocar. Buscá la caja por los colores, hacé una cruz en el cuadrado cuando los tomes, si no está la cruz es que no los tomaste. La miro esperando una sonrisa. Ella toma la hoja, la mira y contesta

—Me gusta.

Se la quito de las manos y la pego en la pared justo enfrente de su silla, ahora las dos miramos el cuadro, mientras yo completo las cruces de los remedios que ya tomó.

Siento sus manos sobre mi espalda, es su tiempo de caricias.

El sol que entra por la ventana de la cocina se desliza por los azulejos, alcanza el cuadro, subraya octubre y me recuerda que, del otro lado de la puerta, a unos pasos es primavera.

Gastón partió en Julio, los primeros días de Julio, con el inicio de invierno. Llegó en enero, partió en julio. Primavera, invierno, verano, por qué pienso pelototudeces, tiene razón no la escucho.

—Nena….

—Sí…

—Vos que sabés fijate en el teléfono la luna, hay que cortar unas ramas.

“Partió “así le dije, esa fue la palabra que elegí.

—Cómo que partió. Preguntó

—Partió, se fue, se murió tía, partió.

Ella anotó en el almanaque sobre el número 4, partió Gastón.

—Creciente, luna creciente. Miento y pago el costo de ver su desilusión

—Las corto igual.

—No, nena no, crecen con más fuerza, no en ésta luna.

No hace tanto, unos meses, tal vez un año, mientras mirábamos el gomero me pidió que le anotara las lunas, siempre le preocuparon las lunas.

Alguna vez fuimos felices juntas, antes de perdernos. ­Por aquellos años las lunas, los astros, las dietas sin carne, la meditación, los ayunos, la hacían única. En ese tiempo cuando ella decía quererme hasta más allá del infinito yo podía creerle.

 El infinito, nuestro infinito era un poco más grande que el de los demás. Era más grande, más exótico, era diferente, único. Una vez llegó al pueblo en una encomienda desde buenos aires, vino dentro de una valija llena de caramelos, collares, pulseras y una cartera de gamuza con flecos. Era hermoso nuestro infinito.

—Se está muriendo como yo. Dice con la mirada fija en el gomero.

—No tía no, mira las hojas, están verdes y brillantes.

—El tronco está podrido. Insiste.

Camino hasta la puerta para verlo mejor porque desde donde estoy lo veo dividido en cuatro, seis, ocho partes. Está viejo y feo, pero no estoy tan segura de que esté podrido.

—Gastón se fue.

—Sí, tía

—Partió

—Sí, tía

—Tuvimos suerte, yo le agradezco a Dios, no iba a poder cuidarlo, estoy vieja y cansada.

—. . .

Abro la puerta, camino al centro del patio buscando el sol, me paro junto a la olla enlosada. El aire de la mañana es fresco, huele a primavera, huele a pan tostado.

La vecina del departamento de arriba tiene la ventana abierta, por la ventana se escapa, el olor a pan y la música de la radio. Calamaro canta para ella, para miles de desconocidos y ahora también para mí:

                 Ella no va a volver

                 Y la pena me empieza a crecer adentro

                 La moneda cayo por el lado de la soledad

                  Y el dolor

Los pájaros siguen con su baño mañanero, se zambullen y al volar sacuden sus alas, unas gotas redondas, irreverentes, saladas, se deslizan por mi cara.

                   Ella no va a volver

                    Y la pena me empieza a crecer adentro.

 


  Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©PATRICIA BALDA

Santa Clara del Mar - Buenos Aires  - Argentina

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

Mayo 2026



 Agradecemos a todos nuestros amigos, lectores y seguidores, por sus visitas y valoraciones.



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Directora: Laura Jakulis


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