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Atrapados por la Imagen es un espacio donde las historias encuentran su forma, ya sea en palabras, en fotos o en la mezcla mágica de ambas. Somos una página editorial que apuesta por la sensibilidad, la mirada personal y el disfrute de contar. ¡Bienvenidos!

lunes, 29 de junio de 2026

Barracas - CABA - Claudia Molina -

" El arte convierte la memoria en eternidad "


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Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "El sillón" - Un cuento del escritor: Emilio Bertero - Buenos Aires - Argentina -

 

ATRAPADOS POR LA IMAGEN



Cuentos y Relatos Presenta a:


EMILIO BERTERO


"Artista de Atrapados por la Imagen"


en: "El sillón"


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.

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Un cuento para Atrapados por la Imagen

"El sillón"
EMILIO BERTERO



       Federico se puso de pie para darle cuerda al cucú de la sala. Daba las siete como siempre, hacía años que aquel reloj había dejado de funcionar. Liberada del peso del hombre sobre su falda, Lidia, su esposa, también pudo abandonar el sillón dando un largo resoplido. Luego de practicar algunas flexiones para restaurar la circulación en sus piernas, se acercó con lentitud a la ventana. Aspiró con fruición el aroma a cebollas que emanaba de la chimenea de la pizzería vecina, aún respirando con dificultad, las flexiones le provocaban cada vez más agitación.

—Tienes que iniciar pronto una dieta —le dijo a su marido quebrando el silencio.

—Sabía que dirías eso —replicó él malhumorado.

Haciendo caso omiso del malestar de su conyuge, Lidia insistió: —No te fastidies, no hay muchas alternativas. O haces dieta o compras otro sillón.

—También podría ser que fueras tú la que se sentara en mi regazo —ofreció Federico, ahora con más amabilidad.

Luego de un breve silencio, durante el cual el anhelo del hombre pareció aletear en el eco de su propia voz, ella respondió: —Ya sabes que eso es imposible, siempre tienes erecciones cuando yo me siento sobre tus piernas.

Federico clavó sus ojos en los de Lidia. La mujer, con esa permanente expresión asombrada producto de las cirugías estéticas, le sostuvo la mirada por un largo rato, tanto cuanto pudo tolerar el merodeo de una mosca alrededor de la cataplasma de miel y germen de trigo que cubría sus mejillas.

—¿Sobró algo de miel? —preguntó Federico.

—Esta mascarilla solo es recomendada para la piel femenina —respondió Lidia de inmediato.

—Ya lo sé, la deseo para untar unas tostadas.

—Pues mira lo que se te ocurre, ya no hay tostadas, Barrabás merendó las últimas.

El hombre lanzó una mirada de odio bajo la mesa donde dormitaba Barrabás, el negro félido que Lidia había recogido en un sendero del jardín zoológico. Federico lo detestaba, siempre declaraba que tenía más de salvaje que de minino, que un gato no podía ser tan ladino y traicionero. Sintiéndose observado, el animal salió de su letargo y expresó su disgusto con un gruñido. Él también aborrecía al esposo de su dueña, solo la presencia de ésta permitía la convivencia entre ambos, si algún día falto, alguno matará al otro, repetía ella con frecuencia.

Federico se acercó al hogar y atizó vigorosamente los leños. Transpiraba profusamente, tal vez a causa de la taza de chocolate que acababa de beber, acaso por el suéter de lana que vestía o quizás porque era pleno verano. El felino entretanto, abandonó su puesto bajo la mesa, se acercó sigilosamente y, cuando se sintió seguro, dio un brinco y se apoltronó en el sillón.

Fuera de sí, Federico tomó un diccionario de un estante de la biblioteca y se lo arrojó con fuerza. Falló por más de un metro.

—¡Demonios! —gritó. A Federico le fascinaban las películas de Stallone o Van Damme dobladas en Centroamérica.

—Sabes bien cuánto me enfada que maldigas —reprendió Lidia, quien compartía el gusto por las mismas películas.

El animal abandonó el sillón moviendo la cola y mirándolo con rencor. Haciéndose el distraído, Federico se aproximó al asiento liberado. Dando un salto inusitadamente ágil, Lidia se adelantó y se dejó caer sobre el sofá con pesadez. Luego, permitió al marido sentarse sobre su falda.

—Es un hecho, tienes que hacer dieta —volvió ella a la carga luego de tomar aire.

Contemporizador, él aseguró: —Bien, te prometo que lo consideraré.

—Seamos concretos y comencemos hoy mismo ¿Quieres que prepare para la cena el pastel de broccoli que siempre hacía Josefina? —propuso Lidia.

—¿Josefina era aquella muchacha que empleábamos cuando vivíamos en provincia?

—Así es, ¿recuerdas su sabroso pastel?

—Recuerdo muy bien a Josefina ¿Y tú te acuerdas de ese joven que la festejaba?

—Por supuesto, Rubén era quien más elogiaba  su pastel.

—Efectivamente, Rubén se llamaba.

—Y elogiaba su pastel.

—La quería mucho. Y era tan atento, jamás se presentaba en casa sin algún obsequio de la fábrica de pastas en la que trabajaba.

—Sufres una confusión, mientras frecuentó a Josefina, Rubén trabajó en una fábrica de sillones por la mañana y en una de balanzas por la tarde.

—Qué realidad terrible la de esa pobre gente a quien no le es suficiente un solo empleo para vivir.

—Sin embargo, lo positivo es que estimula su ingenio, por ejemplo, aprovechan los alimentos más económicos para cocinar platillos exquisitos, como el pastel de broccoli que siempre hacía Josefina.

Desalentado, Federico se incorporó refunfuñando. Con las piernas agarrotadas, Lidia lo imitó. Ahora debió dedicar más tiempo a las flexiones y cuando acabó, los pechos le subían y bajaban con un ritmo intenso. Pasó un largo rato antes de que su respiración se normalizara. Entonces dijo: —Un día estas flexiones me van a matar. Y todo será por tu culpa —Alerta, el felino permanecía con la cabeza en alto y las orejas erectas, aunque esta vez decidió quedarse donde estaba.

Sin responder, Federico encendió el televisor y comenzó a recorrer las trescientas sesenta y siete sintonías del aparato apto para emisiones de televisión satelital. Durante la siguiente recorrida, se detuvo en el canal ochenta y dos, la única frecuencia que podían captar, pues nunca habían instalado cable ni antena.

Con entusiasmo, Lidia volvió a su lugar en el sillón y se palmeó repetidamente el regazo diciendo: —Ven con mami, ven con mami tesoro.

Federico y el bicho se lanzaron hacia el sillón respondiendo al llamado. El hombre llegó antes gracias al puntapié que descargó en el camino sobre su competidor, que emitió un aullido de dolor. Indignada, Lidia se paró desatando una catarata de recriminaciones. De pronto, sus ojos quedaron inmóviles, abrió la boca buscando aire, se tomó el pecho con ambas manos y cayó tendida junto al sillón. Al cabo de un instante durante el que la fuerte impresión lo paralizó, Federico dio un paso cauteloso en dirección al sillón. La fiera rugió.

 

La policía acudió debido al llamado de los vecinos, el hedor que brotaba del departamento ya resultaba insoportable. A ella la encontraron en el mismo sitio donde había caído muerta y a él, tomado de uno de los brazos del sillón con la garganta desgarrada. La mayor parte de su prominente abdomen había sido devorada.

A la panterita la llevaron de regreso al jardín zoológico. El traslado no resultó sencillo, sólo pudieron llevarla hasta la jaula cuando se resignaron a transportarla echada sobre el sillón.

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 Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©Emilio Bertero

Buenos Aires - Argentina

Junio 2026

Ilustración: Imagen libre de la Web

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

Corrección literaria: Isa Santoro

Maquetación y Edición: Laura Jakulis

Gracias por acompañarnos en este recorrido de palabras e imágenes. Tu lectura y valoración ayudan a que estas historias sigan encontrando nuevos lectores.

Afectuosamente...


Editorial Atrapados por la Imagen.


Directora: Laura Jakulis

“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra” 

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domingo, 28 de junio de 2026

" Hoy elijo la sombra de los árboles " .- SILVIA ELENA LANZA -

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Hoy 28 de Junio es el Día Internacional del Orgullo LGTBTIQ+ Autora: Laura Jakulis -




El 28 de junio se celebra el Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+ en todo el mundo. La fecha conmemora los Disturbios de Stonewall ocurridos en Nueva York en 1969, los cuales marcaron el inicio histórico del movimiento de liberación y la lucha por los derechos de la diversidad sexual.


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DOMINGOS DE CURIOSIDADES. HOY, LA CASA DE LOS LEONES

 LA CASA DE LOS LEONES, LA ANTIGUA LEYENDA DE BARRACAS QUE HOY ABRAZA OTRA HISTORIA



Barracas es un barrio atravesado por la historia. Sus orígenes se remontan al siglo XVIII, cuando el Riachuelo se convirtió en un recurso clave para el desarrollo de la zona. A su vera se levantaron las primeras “barracas”, construcciones rudimentarias destinadas a almacenar carne, cueros y, en algún momento, también esclavos. Por allí pasaba uno de los caminos más importantes hacia el puerto del Riachuelo: la antigua “calle larga”, hoy conocida como la avenida Montes de Oca.

Ya en el siglo XX, Barracas consolidó su perfil industrial con la llegada de grandes empresas alimenticias como Canale, Bagley y Águila, que marcaron el pulso económico del barrio. Hoy, esos espacios son ocupados por importantes emprendimientos que resignifican aquella herencia.

Pero Barracas no solo guarda memoria en sus fábricas y calles; también conserva historias y leyendas. Sobre la avenida Montes de Oca sobreviven relatos que van desde la antigua iglesia de Santa Lucía hasta la Iglesia de Santa Felicitas, ligada a la trágica historia de Felicitas Guerrero, de la que ya hablamos en otra oportunidad.

Sin embargo, en este mismo barrio existe una leyenda menos conocida, aunque no menos fascinante. Se trata de La Casa de los Leones, una casona de estilo francés ubicada al 100 de la avenida Montes de Oca, junto al Hospital General de Niños Pedro de Elizalde, el hospital de niños más antiguo del continente americano. Allí, entre muros que aún siguen en pie, sobrevive una historia que pasó de boca en boca entre generaciones de barraqueños y que todavía hoy sigue despertando curiosidad.

Hoy, en Domingos de Curiosidades, voy a contarte la historia que se convirtió en leyenda y los detalles que fueron sucediendo después que, tal vez, deconocías.



LA HISTORIA

La casona perteneció a Eustoquio Díaz Vélez, uno de los hombres más acaudalados de mediados y fines del siglo XIX, cuya fortuna podía compararse con la de familias emblemáticas como los Anchorena, los Álzaga, los Cambaceres o los Guerrero.

A la izquierda puede verse la mansión, antes de su reforma

Su riqueza provenía, principalmente, de las vastas extensiones de tierra que poseía en el sur de la provincia de Buenos Aires. Sus estancias y su intensa actividad ganadera le aseguraban ingresos que lo ubicaban entre las altas esferas de la sociedad porteña. Gran parte de esas tierras abarcaban lo que hoy es la ciudad de Necochea y sus alrededores; una porción fue donada por la familia para la fundación de ese partido costero, aunque conservaron una enorme cantidad de hectáreas para continuar con sus negocios.

Sin embargo, quien llevó el apellido Díaz Vélez a un lugar central en la historia argentina fue su padre, el general Eustoquio Díaz Vélez. Combatió durante las Invasiones Inglesas al Río de la Plata y en las guerras de la independencia, donde alcanzó el rango de segundo de Manuel Belgrano en el Ejército del Norte.

Fue él, además, quien tuvo el honor de sostener la bandera argentina mientras Belgrano le juraba fidelidad. También fue quien adquirió, mediante actos de comercio, gran parte de aquellas tierras del sur bonaerense que luego heredaron sus hijos y que, en parte, dieron origen a Necochea.

Tras la muerte del general en 1856, su fortuna y sus extensas tierras quedaron repartidas entre sus hijos. Uno de ellos, Eustoquio Díaz Vélez, supo administrar con habilidad aquella herencia y multiplicarla, consolidándose como uno de los hombres más ricos y singulares de fines del siglo XIX.

Además de terrateniente y ganadero, formó parte de la élite porteña y llegó a presidir en dos oportunidades el Club El Progreso, uno de los espacios más exclusivos de la época, donde políticos y empresarios definían negocios y decisiones que marcarían al país.

En 1880 decidió instalarse en Barracas, sobre la entonces llamada Calle Larga, actual avenida Montes de Oca, en una imponente mansión de estilo francés ubicada estratégicamente cerca del Puente Gálvez, antecesor directo del actual Puente Pueyrredón, el único paso habilitado sobre el Riachuelo para viajar hacia el sur y llegar a sus estancias.

El llamado Palacio Díaz Vélez era una de las residencias aristocráticas más antiguas de la ciudad: una gran casona rodeada de jardines, símbolo del poder económico y social de la familia. Con el tiempo, sus hijos heredaron la propiedad y transformaron parte de su arquitectura, dándole un aire aún más europeo con sus amplias mansardas.

Pero lo que terminó dándole a la casona su rasgo más singular, fue una de las excentricidades de Eustoquio. Como la zona aún estaba alejada del centro y temía robos durante la noche, en vez de recurrir a perros guardianes, se cuenta que mandó traer desde África tres leones para custodiar la propiedad. Según la tradición barrial, los animales se movían libremente por los jardines, y todavía hoy pueden verse restos de jaulas y pasadizos donde habrían sido alojados.

Los animales permanecían sueltos en los jardines durante la noche y, durante el día, eran encerrados en jaulas ubicadas debajo de la casa, a las que se accedía por una escalera exterior. Cada vez que había reuniones o celebraciones, los felinos quedaban encerrados para evitar cualquier accidente.

Fue en una de esas fiestas donde ocurrió la tragedia. La hija de Díaz Vélez se había enamorado de un joven de buena familia, Juan Aristóbulo Pittamiglio, y ambos decidieron comprometerse. Don Eustoquio, orgulloso y feliz, organizó una gran celebración en la mansión e invitó a socios del Club El Progreso, familias del barrio, amigos y hasta peones de sus estancias.

La noche transcurría entre música, brindis y alegría, hasta que el novio pidió silencio para anunciar formalmente el compromiso y entregarle el anillo a su prometida. El aplauso emocionado de los invitados apenas había terminado cuando, de forma inesperada, uno de los leones, que había escapado de su jaula por un descuido, salió desde los matorrales del jardín y se abalanzó sobre el joven.

El horror paralizó a todos. Mientras las mujeres gritaban y los invitados observaban sin saber cómo reaccionar, Díaz Vélez corrió hasta su despacho, tomó una escopeta y desde una ventana disparó con precisión, matando al animal en el acto. Pero ya era demasiado tarde: el prometido de su hija yacía muerto en el jardín, víctima de las garras y colmillos del león.

Aquella noche, que había comenzado como una celebración, terminó teñida de tragedia.

La muerte del joven desató el escándalo. La familia del novio culpó a don Eustoquio por lo sucedido, incapaz de comprender cómo alguien podía convivir con animales salvajes dentro de su propia casa. Pero el golpe más duro vino de su propia hija, quien, destrozada por la pérdida, lo enfrentó y lo responsabilizó por la tragedia.

El dolor se volvió aún más profundo cuando, tiempo después, la joven decidió quitarse la vida. Se cuenta que una noche de domingo, luego de asistir a misa en Santa Felicitas, tomó cianuro mezclado con licor de anís. Los periódicos de la época, según dicen, registraron aquel desenlace.

Tras enterrarla, don Eustoquio cayó en una profunda depresión. Dejó de visitar sus estancias, se encerró durante largos períodos en su habitación y, según algunos relatos, en un estado cercano a la locura decidió sacrificar a los leones, como si con ello pudiera apaciguar el dolor o recuperar lo perdido.

Sin embargo, su fascinación por esos animales no desapareció. Mandó levantar esculturas de leones en los jardines de la mansión, y una de ellas muestra a un hombre luchando contra las fauces de un felino. Para muchos, esa imagen sería una representación de aquella noche trágica que marcó para siempre a la familia.



Más allá de su historia y de los relatos que aún circulan sobre ella, el Palacio Díaz Vélez es uno de los edificios más emblemáticos de Barracas y el único de su tipo que todavía se conserva en pie sobre la avenida Montes de Oca.

A comienzos del siglo XX, la antigua mansión fue completamente transformada. Eugenio Díaz Vélez, hijo de don Eustoquio y arquitecto de refinados gustos estéticos, se instaló allí junto a su esposa María Escalada y sus dos hijas, impulsando una profunda remodelación que le dio el aspecto que conserva hasta hoy.

La residencia adoptó un marcado estilo francés Beaux Arts, inspirado en los clásicos grand hôtel particulier, con tres niveles bien definidos: la planta principal, los pisos privados y la mansarda con techo de pizarra. Sobre uno de sus laterales se levanta una elegante cúpula revestida con el mismo material.

El parque también fue rediseñado en 1913 por Carlos Thays, el célebre paisajista que embelleció gran parte de Buenos Aires, quien incorporó nuevas fuentes y esculturas que terminaron de darle al palacio su carácter aristocrático.

LA CARTA QUE SEMBRÓ LA DUDA

Con el paso de los años, la historia comenzó a mostrar algunas fisuras. En 2016, Inés Álvarez de Toledo, vicepresidenta de la Comisión Permanente de Homenaje al General Eustoquio Díaz Vélez y descendiente de la familia, publicó una carta en la que desmiente varios puntos centrales del relato.

En ese escrito aclara, en primer lugar, que el nombre correcto del propietario era Eustoquio, y no Eustaquio, como figura en algunos textos, y que la cronología de los hechos suele estar mal fechada. Pero la revelación más contundente apunta al corazón mismo de la leyenda: Eustoquio Díaz Vélez no tuvo hijas mujeres, sino solamente dos hijos varones, Carlos y Eugenio.

De ser así, la historia del prometido devorado por un león y el posterior suicidio de una hija quedarían desarmados como hecho histórico. La propia carta remarca además la ausencia de registros periodísticos sobre una tragedia de semejante magnitud, algo difícil de imaginar tratándose de una de las familias más influyentes de la Buenos Aires de fines del siglo XIX.

Sin embargo, las esculturas siguen allí. Los jardines también. Como si la casa, aún frente a los documentos, se negara a desprenderse del mito que la convirtió en leyenda.



DEL ESPLENDOR ARISTOCRÁTICO AL SERVICIO SOCIAL

En 1930, tras la muerte de Eugenio Díaz Vélez, su viuda e hijas vendieron el Palacio a la Ciudad de Buenos Aires. Desde entonces, la histórica residencia pasó a formar parte de la Casa Cuna, hoy conocida como el Hospital General de Niños “Dr. Pedro de Elizalde”, con el que comparte su predio.

Años más tarde, luego de la epidemia de poliomielitis que azotó a Buenos Aires durante la década de 1950, el edificio fue utilizado para la atención de pacientes afectados por esa enfermedad, sumando así un nuevo capítulo a su historia.

Actualmente, en la residencia funcionan la Fundación VITRA, dedicada a la vivienda, el trabajo y la capacitación de personas con discapacidad motriz desde 1965, y el Hospital María Ferrer, especializado en rehabilitación y tratamiento de enfermedades respiratorias. La fundación, además, alberga la única escuela primaria y secundaria de la Argentina destinada a personas con discapacidad motriz.



La gran casona aún permanece erguida sobre la avenida Montes de Oca, conservando buena parte de su estructura original, su centenario parque y las esculturas de leones que durante generaciones despertaron la curiosidad y alimentaron el imaginario de los vecinos.

Por su valor arquitectónico, paisajístico e histórico, el Palacio Díaz Vélez es considerado una pieza única del patrimonio de Barracas y uno de los últimos exponentes de este tipo de residencias en la ciudad. Junto a su parque, conserva singularidades patrimoniales y estéticas que lo convierten en un edificio de enorme valor cultural.

Actualmente existe un creciente interés para que sea declarado Monumento Histórico Nacional, en la categoría de Monumento Artístico, lo que le otorgaría una protección jurídica especial destinada a garantizar su preservación, enriquecimiento y exhibición.

Su conservación no solo resguarda la belleza singular de la casona, sino también una parte viva de la memoria histórica y cultural del barrio.


Tal vez nunca sabremos con certeza qué ocurrió realmente entre esos muros. Puede que el tiempo haya borrado las pruebas y dejado apenas restos de verdad mezclados con imaginación. O tal vez fueron las propias estatuas, inmóviles y vigilantes, las que obligaron al barrio a inventar una historia para explicar su presencia.

Lo cierto es que hay casas que guardan algo más que ladrillos: conservan ecos, sombras y secretos. Y la Casa de los Leones, quieta sobre Montes de Oca, sigue ahí, entre el rumor de la memoria y el peso de la historia, como si todavía rugiera bajito en el corazón de Barracas.


Idea, investigación y edición: Isa Santoro
Administradora de Atrapados por la Imagen





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sábado, 27 de junio de 2026

" El Rito diario del Sol " .- Silvia Elena Lanza -

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Para una akadémica 💙 - Claudia Molina

 


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CINE PARA FOTÓGRAFOS Y ALGO MÁS... - Hoy presentamos: “La Noche Boca Arriba” del escritor: Julio Cortázar - Cortometraje - Animación - 8:51 minutos - año 2012 -

 

"Cine en Atrapados por la Imagen"


Nuevo ciclo de Cortometrajes 



Corto de animación Stop Motion
Rodado en 3D
Dirección: Hugo Covarrubias



“La Noche Boca Arriba” 

 "El juego de realidades de Cortázar que te hará dudar de todo"

 (Versión animada)

Click aquí para ver el Cortometraje - 👇💙



Teaser para el corto de animación Stop Motion
(secuencia de imágenes)




 "La Noche Boca Arriba". Basado en el cuento de Julio Cortázar., Dirección: Hugo Covarrubias., Música teaser: "The Hunt" Sepultura., © 2012


¡¡Esperamos que disfrutes de este, excelente cortometraje!! 


¡¡Muchas gracias y hasta la próxima!!



CINE PARA FOTÓGRAFOS Y ALGO MÁS... 

Idea y creación: Laura Jakulis

Directora de Atrapados por la Imagen

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viernes, 26 de junio de 2026

Serie: "Caminantes..." autora: Cristina Wnetrzak

 




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Rosedal de Palermo - CABA - Claudia Molina -

-  Alas de miel, pétalos de luz -



 

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Me jugué hasta los huesos II - R. Jorge Ruiz Diaz -

 


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" Para estar a reparo, en una tarde soleada como hoy, la capelina " .- Silvia Elena Lanza-

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CC.Borges - Art Festival Bodypainting - Ph.Hugo Fillmore

 

 Make Up Artist Lucrecia Nos - Model Naty Betancourt - 

Ph.Hugo Fillmore 




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El Destaque Semanal....

 

 Editorial Atrapados por la Imagen Presenta . . .


Gracias a todos por su talento, cariño y dedicación, que hacen de este espacio un lugar especial.

Presentamos a las y los artistas seleccionados de la semana:


CARLOS SILVA - VIVIANA GARCÍA - CLAUDIA MOLINA -

 R. JORGE RUIZ DIAZ - CLAU SOLANO - RICKY KIMMICH -

 ANA CECILIA VACCARI - SILVIA ELENA LANZA - RUBÉN BLANCO - 

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«El arte es la huella de nuestro transitar por el mundo». 

(anónimo)



CARLOS SILVA  
¡Relax!






VIVIANA GARCÍA 
"Humahuaca"





CLAUDIA MOLINA
"Entre curvas de piedra y luz, la belleza también encuentra su camino"





R. JORGE RUIZ DIAZ
"Catedral de la Inmaculada Concepción"





CLAU SOLANO
"Ropa Colgada"






RICKY KIMMICH
"Escaleras"






ANA CECILIA VACCARI
"De todo un poco..."






SILVIA ELENA LANZA
"El Fuego de la Vida"





RUBÉN BLANCO
"Por cábala miro hacia otro lado"




Diseño gráfico: Laura Jakulis
Directora de Atrapados por la Imagen

Correctora Literaria: Isa Santoro
Colaboradores: Marta Puey - Emilio Bertero 

 ¡Saludos Afectuosos para todos y todas!

Administración de Atrapados por la Imagen.

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