Fotografías de autor

Atrapados por la Imagen es un espacio donde las historias encuentran su forma, ya sea en palabras, en fotos o en la mezcla mágica de ambas. Somos una página editorial que apuesta por la sensibilidad, la mirada personal y el disfrute de contar. ¡Bienvenidos!

miércoles, 11 de febrero de 2026

Te estoy mirando … Claudia Molina

 

Te estoy mirando …

Ecoparque - CABA



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Amaneciendo en Playa del Carmen - México - CLAUDIA MOLINA

 

Hay mañanas que curan sin decir una palabra 

Amaneciendo en Playa del Carmen - México

CLAUDIA MOLINA




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Editorial Atrapados por la Imagen, presenta: "Historias Mínimas" - Entrevistas de Marta Puey -

 

FEBRERO 2026



Historias Mínimas y la Editorial Atrapados por la Imagen, de manera espontánea brindan este espacio con la intención de mostrar y difundir el mundo de aquellos que todos los días tienen el impulso de crear.     

Marta Puey


¡Febrero es el mes del amor y de las Historias Mínimas!


Hoy Presentamos al artísta plástico y fotógrafo:

R. Jorge Ruiz Diaz


Los invitamos a escuchar una nueva "Historia Mínima"  de la Editorial Atrapados por la Imagen.


Entrevista: Marta Puey

Colaboración: Laura Jakulis.


PARA VER y ESCUCHAR A  JORGE RUIZ DIAZ, HACÉ CLIC ACÁ👇

VIDEO


El Parque Lezama fue el punto de encuentro con Ramón Jorge Ruiz Díaz artista plástico de estilo singular cuya pintura trasciende de lo figurativo a lo abstracto impulsado por su inspiración a la que suma la formación que le dieran los Talleres de Artes Plásticas dictados en el Centro Cultural de Berazategui.





Biografía: Ramon Jorge Ruiz Diaz

Argentina

Nace en Capital Federal

Asiste a los talleres de Artes Plásticas del Centro cultural de la Ciudad de Berazategui

Expone en Multiferia ´95 - Arrecifes5to Certamen de Pintura Paisajista - Merlo (San Luis) Encuentro Internacional de Arte Fax (el cuerpo humano) - Quilmes IX y X Encuentro Miniexpresión - Panamá Galería Da Vinci - Santiago de Chile Servicios Públicos Ñuñoa - Santiago de Chile Participa como jurado en diversos salones Integra el grupo de Artistas Plásticos “ El Rincón del artista de Berazategui.



Historias Mínimas

 Idea y creación: Marta Puey

Trabajo de Montaje - Audiovisual: Laura Jakulis

Correctora literaria: Isa Santoro

Febrero 2026
Buenos Aires - Argentina

Atrapados por la Imagen


Canal de Atrapados por la Imagen en YouTube


Link directo al Reportaje👇




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martes, 10 de febrero de 2026

" Al Alba " .- SILVIA ELENA LANZA

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Emilio hoy nos trae algo de . . .


 IDEA Y CREACIÓN

Emilio Bertero




Nuestra literatura de hoy, nuestro cine de hoy:

EL VIENTO QUE ARRASA




      Enterado de la película, me leí primero la novela. No quiero dejarme llevar por mi apasionamiento por lo argentino (bah, stop, lo bueno, lo decente, lo honesto, obvio que no hablo de lo "argentum") pero fantásticas tanto una como otra.

       La novela, porque Selva Almada construye una historia que superficialmente aparece como sencilla, pero a poco de hundirnos en la trama, uno a la vez se hunde, junto con los personajes, en creencias, vivencias, emociones muy profundas... notables los climas que crea la autora, notable el modo en que sigue las imágenes, notable la voz, un estilo literario prolijo y logrado al servicio de la novela.

       El capítulo 1, breve como toda la obra, basta para que la autora guíe con precisión al ojo del lector a través de la escenografía del prácticamente escenario único en donde todo transcurre, esa guía es tan precisa que casi no hace falta imaginarse nada. Pero a la vez, propio de un texto económico, ya sirve para que nos aproximemos a quien es y cómo se siente, Leni, protagonista destacada de la historia.

       Escribe lindo Selva Almada, para tener una idea, de arranque nomás, en una visita que hacen Leni y su padre (un predicador evángelico “de gira” con su hija poco más que adolescente como ayudante, por míseros pueblos del litoral y la mesopotamia) a un recreo en decadencia, ven dos piletas de natación derruidas, y de los azulejos que les faltan dice que son “como si las piscinas, de viejas, hubieran perdido buena parte de sus dientes”. No voy a tentarme con más citas porque se hará larguísimo, pero como ésta hay un montón, todas así de buenas.

       Cuando Leni pide irse de ese recreo (“Este lugar apesta, padre”), en muy pocos renglones antecedentes, ya el lector conoce acabadamente qué vida ha llevado la chica hasta entonces, de donde viene. El predicador (Reverendo Pearson) no está pintado como esos religiosos chantas que pululan por estos lares, “Si Dios la puso en la tierra, tiene que ser buena”, el texto le hace reflexionar refiriéndose al agua de un vaso de dudoso color, sí quizás como un fundamentalista, un misionero extremo, y eso será rasgo importante, y distintivo, de la historia. Y es así como con pocas, concisas, precisas lateralidades, alcanza y sobra para conocer a los personajes principales de la novela.

        E incluso hay tiempo para unos pequeños pasos de comedia. En un momento, inesperadamente, la sumisa y callada Leni le brinda a un muchachito ignorante y simplón una descripción del reino de los cielos, tan bella y luminosa que lo deja patitieso, al punto de preguntarle si es verdad, a lo que Leni replica que no, que es una “metáfora”, dejándolo más patitieso aún en su incomprensión, mientras Leni recibe una amonestación del padre.

        Si bien tiene muchas líneas de diálogo, al comando de la novela lo lleva un relator omnisciente, elección muy acertada, porque este relator, con una voz que se confunde con la de los personajes, puede completar lo que no alcanza con los diálogos, que no es demasiado, pero a la vez muy íntimo.

        Otro rasgo de la novela es que la misma no transcurre siguiendo una continua línea de tiempo, sino que entre capítulos se mueve desde los momentos presentes a los eventos inmediatamente anteriores que llevaron allí a Pearson y a su hija, y a circunstancias de lejano pasado, que también de algún modo han llevado allí a todos los personajes principales de la historia, ya no solamente al reverendo y a Leni. Porque en este punto, cabe hacer justicia mencionando a los otros dos personajes principales, el Gringo Brauer, el mecánico que en el medio de la nada tiene una chacarita-taller (y arreglos vidriosos con la policía), adonde se pone a reparar el coche descompuesto del reverendo, y Tapioca, su probable hijo adolescente (el muchachito al que Leni le habla del reino de los cielos), los dos muy intensos y de trascendente funcionalidad para la novela. Sobre todo Tapioca, a medida que la novela avanza, la autora va sembrando indicios de que será para Pearson su “empresa de salvación”, y ahí vamos a tener la clave del desenlace.

        Tengo que mencionar de nuevo cuánto disfruté de esta novela. Es la primera de Selva Almada y parece la obra de una escritora mucho más experimentada, plena de oficio. Si quieren saber de qué hablo, alcanza con que le peguen una probada leyendo el capítulo de la llegada de una tormenta con la mirada concentrada en uno de los tantos perros del Gringo (y ojo, a notar que los climas meteorológicos acompañan los climas emocionales), o la enorme intensidad del relato de Pearson de cuando siendo niño, descubrió a un hombre que se había ahorcado en su cuarto.

        La novela fue adaptada al cine por Paula Hernández (“Las siamesas”-2020-, “Los sonámbulos” -2019-, “Un amor” -2011-, “Lluvia” -2008-, “Herencia” -2002-). No es la primera vez que se luce, si bien el texto de la novela no está respetado a pies juntillas, e incluso exacerba algunas situaciones (la escena final por ejemplo, muy intensa y emotiva), en lo principal la película recrea con fidelidad la búsqueda, la esencia de la novela, básicamente fundada en complejas relaciones padre-hijo, religión, fe, fundamentalismos… Prácticamente desde el comienzo, la película logra, con marcada verosimilitud, el propósito de tener al espectador como testigo pendiente de situaciones que bajo el manto de aparente calma, se presentan potencialmente explosivas, solo a la espera de cuándo y cómo será la explosión.

        Como directora, Paula Hernández le saca el jugo al talento de Almudena González, Alfredo Castro, Sergi López y Joaquin Acebo. Excelentes sus actuaciones, cuando hablan con palabras, o cuando hablan solo con la expresión de sus rostros o de sus miradas silenciosas.

Esta versión cinematográfica de “El viento que arrasa” fue seleccionada para estrenarse a nivel mundial en el Festival Internacional de Cine de Toronto de 2023, y tuvo estreno en noviembre de ese año en el Festival de Cine de Mar del Plata, en el que estuvo nominada a Mejor Película. Junto a Daniel D' Agostino, Paula Hernández es ganadora del Premio Sur a Mejor Guión adaptado.

        Cine argentino. Tiempos difíciles. Hago propio el texto final de "El agente secreto", la película brasilera muy nominada para el Oscar, ojalá hoy día tuviéramos el mismo norte: "La producción y distribución de esta película fueron financiados con fondos públicos y privados, creando más de 1300 empleos directos e indirectos. Además, la cultura no solo es parte de la identidad de un país: también es una industria."




Idea y creación: Emilio Bertero, 

Colaborador de:
Atrapados por la Imagen

Buenos Aires - Argentina


Administración de Atrapados por la Imagen.

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lunes, 9 de febrero de 2026

" Arcos y columnas en la Iglesia de María Auxiliadora " .- SILVIA ELENA LANZA

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Miguel Ángel Cuesta - Facultad de Derecho - UBA


 

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Costa de Hudsón - Buenos Aires - Ramón Jorge Ruiz Diaz

 



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¡¡Mirando la vida !! - RUBÉN BLANCO

 



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"Faro Les Eclaireurs" - CLAUDIA MOLINA

 

"Faro Les Eclaireurs"

- Canal de Beagle - Ushuaia - Argentina




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"Horus" - Fotografía: Hugo Filmore

 

"Horus" 

Workshop: Mirta Steinberg 

 Modelo:  Juli Ruiz.



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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN PRESENTA : "La sonrisa" - Del escritor Sebastián Rogelio Ocampo - Rosario - Argentina.

 

Cuentos y Relatos 


Presenta . . .


"La sonrisa"


Del escritor: 

Sebastián Rogelio Ocampo


"Artista de Atrapados por la Imagen"

 Cuento perteneciente a su libro: "Sin estetoscopio"


 Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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"La editorial de Atrapados por la Imagen, es un espacio accesible para todos, fomentando la participación y el intercambio creativo".
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"La sonrisa"
SEBASTIÁN ROGELIO OCAMPO


 

            Me llegó el mensaje al handy indicándome la próxima consulta. Puse en marcha el auto y me dirigí al lugar. El nombre del paciente era Mario Ollero. Mario Ollero, Mario Ollero, me sonaba, en realidad me sonaba la conjugación del nombre con el domicilio, Juan Canals al 1100,  el barrio de mi infancia. De súbito se me vino una imagen a la cabeza, un chico morrudo, de pelo a cepillo, con la mirada recia, el andar chueco, y que cada vez que se iba para la casa, llegaba a la esquina y se daba vuelta para mirarnos. Recuerdo a Leandro, otro amigo, cuando Mario Ollero se iba, con Leandro nos quedábamos expectantes, observándolo, esperando a que se diera vuelta para ver si lo mirábamos. Siempre se daba vuelta.

            Cuando llegué a la casa confirmé mi sospecha, era la casa de Mario Ollero, el de mi infancia. Golpeé en un portón blanco con ventanas de vidrio perpendiculares. Había un timbre pero estaba roto. Me atendió un hombre viejo, con gesto ausente y resignado. Era pelado, con mechones de cabello blanco en torno a las orejas. La casa olía a perfumina de lavanda. Había una mesa llena de porquerías. Un televisor. Un mueble donde se veían vasos, platos, más abajo libros y un equeco con un pucho en su boca. Al fondo en una cama estaba sentado Mario Ollero. Hacía treinta años que no lo veía. No me reconoció.

            -Está con nauseas - me dijo el viejo que resultó ser el padre.

            -Tomo muchos medicamentos, doctor - me dijo Mario, con un hablar precipitado hasta el tartamudeo.

            Le pregunté qué tomaba y me nombró un montón de medicación psiquiátrica.

-Me atienden en la clínica acá a dos cuadras - me dijo. -El halopidol me da náuseas. Ya le dije a mi psiquiatra pero dice que no puedo dejar de tomarlo.

La sábana sobre la que estaba Mario estaba tan desgastada que hasta se veía el diseño del colchón debajo. En la pared había pegado un poster de Axel Rose. También había escrito con fibra algo sobre el amor y la esperanza. Mario, la misma cara, percudida por el paso del tiempo, la locura, los ojos duros, los pelos todavía en cepillo, pecas, labios secos.

-Doctor ¿Puede ser que el halopidol me da náuseas?

Yo creía que no. Pero le dije que pueda que sí, que tal vez sí.

-¿Estás con diarrea?-  le pregunté.

 -No, no, solo este malestar, en la boca del estómago, ganas de vomitar.

En un momento pensé que iba a reconocerme, decirme ¿Negro sos vos? Pero no lo hizo. Recordé, recordé un rumor, un rumor que a todos los pibes nos hacía crispar, Mario le había pegado a la madre. Eso se decía en el barrio. Todos los pibes lo mirábamos con temor, con recelo.  No faltaban los que se reían de él, de su exacerbada suspicacia, de su persecuta. Venía cada tanto a la cortada donde nos juntábamos y nos contaba ideas que tenía, ideas grandiosas como que iba a ir al VIP de tal o cual boliche,  que había tal o cual piba que estaba enamorada de él, o que en verano iría a surfear al Caribe.

Recordé algo en especial, una vez íbamos en el colectivo a la cancha de Central Córdoba, había unas pibas sentadas en el asiento de atrás que se reían, todo el tiempo, como cotorras, insoportables. A Mario poco a poco fue deformándosele la cara hasta que explotó. Las recontra puteó y les dijo que se dejaran de reír de él o las iba a cagar a palos. Me acuerdo que el colectivero se calentó. Nos hizo bajar del colectivo y terminamos en un kiosco tomando una coca y tranquilizando a Mario en lugar de ir a la cancha.

Me dispuse a revisar a Mario, le palpé el abdomen, le tomé la fiebre, le tomé la presión.

-Doctor, sabe qué, escucho voces- me dijo. -A la noche, me susurran, a veces me dicen cosas feas. El otro día soñé que Maradona venía a mi casa para decirme que era mi papá. El psiquiatra me dice que esas voces están adentro de mi cabeza, que no existen. Pero yo las escucho.

-Si las escuchás, existen- le dije. No sé si hice bien o mal pero eso le dije.

Apareció el padre con un vaso de gaseosa. Me ofreció que me sentara y eso hice. Siento con los muchachos que compartí mi infancia una complicidad única, como si ellos hubieran sido mis únicos y verdaderos amigos, a pesar de no haberlos visto más o de verlos muy de vez en cuando, siento que ellos son los únicos que me conocen de verdad. Fraternidad de la vereda. Me senté y el viejo se sentó también. Y Mario nos contó que tenía ganas de ir a ver la fórmula uno en Buenos Aires. Hacía años que la fórmula uno no venía a Buenos Aires, pero no le dije nada.

-¿Con quién vas a ir?- le pregunté.

-¿Quiere venir conmigo, doctor? Usted no tiene muchos amigos ¿cierto?

Le dije que iría con él, que no, que no tenía muchos amigos, y que aceptaría ir con él a ver la carrera de autos.

 El padre no se inmutaba. Acostumbrado a los decires de Mario, supuse. Tampoco se preocupó ni tuvo vergüenza de lo que su hijo decía ante mí. Tantos años de locura. Hacía treinta que no lo veía a Mario.

Pensé en los destinos de los pibes, Corcho se fue a vivir a Estados Unidos y ahora trabajaba en un casino en las Vegas. El Laucha trabajaba en una empresa de seguros. Gachi estaba perdido por la cocaína. Lorena era lesbiana y estaba casada con otra piba hermosa. Yani vivía en una casita en el fondo de la casa de su madre, tenía cinco pibes y estaba gorda como una vaca. Cordero se había dedicado a las filmaciones de casamientos, cumpleaños, despedidas, y le iba bien, se había comprado un auto y una casa. Fabián en contra de todos los pronósticos se había recibido de abogado. Mario estaba ahí sentado en la cama, charlando torpemente conmigo, yo lo escuchaba, tomaba la gaseosa, observaba los rasgos de Mario, el tiempo, el tiempo y la vida que también me habían pasado a mí por encima. Nadie, ni a los que le había ido mejor, o peor, ninguno de nosotros se había salvado de la vida.

No sé por qué, por qué le pregunté a Mario ¿Trabajás? Si yo sabía que era imposible que trabajara, que debía estar tirado en esa cama, yendo de la cama al living, asomándose por la ventana cada tanto, tomándose la media docena de pastillas a la noche. ¿Trabajás? le pregunté estúpidamente.

Sonrió, sonrió, y me dijo: -Soy disc jockey.

Y sonrió con ganas, fue como una grieta que se abrió y de dónde salió un resplandor, y recordé que claro, por supuesto, Mario ponía música en los asaltos. Se me vino una imagen a la cabeza: música, luces que van y vienen, pibes y pibas, bailando, fumando, olor a tabaco, a perfume de mujer, música al palo, pop, rock nacional, cumbia también, pibes  y pibas, charlando, riendo, bebidas yendo y viniendo, una soberana botella de ron, vino, sangría, cerveza, y la música, y las luces, rojas, azules, amarillas, y en el centro de la fiesta Mario Ollero. Mario Ollero con esa sonrisa que tenía ahora, y me decía: soy disc jockey.

Le hice el inyectable para las náuseas, me terminé la gaseosa y me fui.

                                                                               Sebastián Rogelio Ocampo


  Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 

©Sebastián Ocampo

Rosario - Argentina

Cuento perteneciente a su libro:

"Sin estetoscopio"

Ilustración: Imagen libre de la Web

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

Diseño y Edición: Laura Jakulis

Correctora Literaria: Isabel Santoro



Agradecemos a todos nuestros amigos, lectores y seguidores, por sus visitas y valoraciones.


Afectuosamente...


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