Fotografías de autor

Atrapados por la Imagen es un espacio donde las historias encuentran su forma, ya sea en palabras, en fotos o en la mezcla mágica de ambas. Somos una página editorial que apuesta por la sensibilidad, la mirada personal y el disfrute de contar. ¡Bienvenidos!

lunes, 3 de agosto de 2026

" Antiguo ascensor del Palacio Libertad " .-

Serie - Laguna de Navarro - Pcia de Bs As CLAUDIA MOLINA








 

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

serie: La poética de Epecuén en Blanco y Negro - R. Jorge Ruiz Diaz

 








Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

"Alas abiertas, corazón en calma" — Miami - USA - CLAUDIA MOLINA

 



Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

Vos .. me hiciste la Foto del Gol

 




Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "Con la cama a cuestas" - Un relato Inédito, del escritor: Sebastián Rogelio Ocampo - Rosario - Argentina -

 

Editorial Atrapados por la Imagen


Presenta: 

"Con la cama a cuestas"


Del escritor: 

Sebastián Rogelio Ocampo


"Artista de Atrapados por la Imagen"

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

________________

Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.

______


Cuento inédito para Atrapados por la Imagen

"Con la cama a cuestas"
SEBASTIÁN ROGELIO OCAMPO


            Un día desperté pegado a la cama. Abrí los ojos, con modorra, como siempre, y cuando quise moverme no pude. Intenté levantar el torso apoyando los brazos y nada. Una fuerza me empujaba hacia abajo. Intenté sentarme de golpe para ver si lo lograba pero no. ¿Qué me estaba pasando? Podía mover la cabeza de un lado a otro, pero no despegarla. No estaba triste o angustiado. Estaba sorprendido. Así que grité, para que alguien viniera a ayudarme. Me di cuenta de que mi hija y mi hijo estaban en el colegio y mi esposa en el trabajo. Giré la cabeza y alcancé a ver el celular sobre la mesa de luz pero no pude llegar a él. No me quedaba otra que esperar a que mi hija saliera del colegio al mediodía. Intenté volver a dormir pero no pude. Me puse a pensar en los viejos tiempos de la escuela secundaria cuando vivía en un internado. Las noches eran divertidas y siempre hacíamos cagadas con mis compañeros. Había uno a quien habíamos agarrado de punto y le poníamos crema de afeitar en el picaporte de la habitación. Siempre caía y se enchastraba todo. Ahora que lo pienso era una boludéz, pero nosotros nos matábamos de la risa. Esos eran buenos tiempos, pero ahora, la falta de trabajo, el aburrimiento, el agobio existencial.

            Un par de horas estuve ahí, divagando con la mente, con el cuerpo inmovilizado, finalmente, mi hija llegó del colegio. ¡Renataaaaa!, grité. Ella se asomó desde la puerta. ¿Qué pasa, papi? Renata, estoy pegado a la cama. Uhhhh, ¿y qué puedo hacer? Traeme algo para tomar. Tengo sed. Me trajo un poco de agua fresca, hacía mucho calor. Volteé un poco la cabeza para dar algunos sorbitos de costado. Papá estás todo transpirado. Me puso unos paños frescos sobre la cabeza y encendió el aire acondicionado. ¿Desde cuándo estás así, papá? Desde esta mañana. Me hubieras llamado a la escuela y venía. Pero si no puedo, no puedo ni mover los brazos. ¿Querés que te traiga algo para comer? Sí, un pedacito de pan con mermelada, algo blando y fácil de tragar porque viste que no puedo mover la cabeza demasiado. Me trajo el pan con mermelada y me lo dio de a pedacitos. Calmó mi hambre. ¿Qué le voy a decir a tu mamá? Decile que te despertaste pegado a la cama, y listo. Pero si se piensa que no me quiero levantar. Se va a dar cuenta, papá. Se nota que estás pegado. A lo mejor para cuando ella llegue se me pasa. 

            Cuando llegó mi esposa ella estaba realmente cansada. Entró en la pieza. ¡Qué calor que hace en la calle, por Dios!, exclamó. ¿Te fuiste en bicicleta?, le pregunté. ¿Qué hacés vos acostado todavía? Estoy pegado a la cama. Pufff, lo que faltaba ¿Y desde cuándo? Desde esta mañana. ¿Renata te trajo algo de comer? Sí, sí. Bueno, me voy a tirar un rato al lado tuyo para descansar. Está lindo acá con el aire acondicionado, dijo. ¿Cómo te fue en el trabajo?, pregunté. Bien, bien, me dieron el ascenso. ¡Qué bueno, mi amor! La verdad que sí. Me tenía fe. ¡Más plata!, exclamó. Viene bien porque vaya a saber uno cuánto tiempo vas a estar vos pegado a la cama, así ni trabajo vas a poder buscar. Ya lo sé, dije.

            Pensé en los buenos momentos. Era vendedor de camionetas Volkswagen. Se vendían bien. Yo conozco el oficio y soy elocuente y tengo el don de seducir a la gente. Tenía buena comisión, así que vivíamos mejor que ahora. Después la concesionaria se mudó a otra ciudad y me quedé sin trabajo. Un garrón. Anduve errante por la ciudad buscando trabajo. Llené las páginas web con mi curriculum. Pero nada. Está dura la calle para un vendedor. Lo único que aparece para vender son cosas raras, chucherías chinas, o cosas invendibles como lanchas o luminarias para eventos sociales. Ahora, estoy pegado a la cama; lo único que me faltaba. A decir verdad, escuché de algunos otros que despertaron pegados a la cama. Un muchacho conocido que estaba jugando en la reserva de Central y se quebró los cruzados. Un amigo diabético al que le tuvieron que amputar una pierna. Una señora a quien se le murió el marido. Cuando mi esposa despertó le dije: ¿Te acordás de Martita? Cuando quedó viuda despertó pegada a la cama. Sí, me acuerdo, dijo. Pero mejor ni me hagás acordar, la tuvieron que sacrificar, agregó. Tenés razón, dije triste otra vez.  Mejor ni recordarlo. Mi esposa todavía estaba contenta por el ascenso. Empezó a besarme y yo hice lo que pude. La cosa se enfervorizó y se subió encima de mí y tuvimos relaciones. Me sentí bien. Un poco hombre. Algo que hacía tiempo no me sentía.

            Pasaron unos días. Un día entró mi esposa furiosa en la pieza. A ver dejame ver algo. Pasó la mano entre la cama y mi cuerpo. Te estás mandando la parte. No hay ningún pegamento. Vos no tenés voluntad para levantarte. Pero no, mi amor, no me puedo despegar. ¡Mentira!¡Yo no estoy para mantener vagos! Más vale que te levantes. Me apagó el aire acondicionado y salió de la pieza dando un portazo. Al rato entraron mi hija y mi hijo. Habló ella primero: papá, dice mamá que no estás pegado a la cama. Sí, eso dijo, manifestó mi hijo ¿Por qué haces esto, papá? ¿Ustedes tampoco me creen? No me puedo mover. ¿Ustedes se creen que yo quiero estar así? Papá, tenés que salir y buscar trabajo. Somos una familia. Todos tenemos que colaborar. ¡Dios mío!¿Por qué no me creen? ¿Te acordás de Gustavo, Renata? El muchacho que jugaba en Central y se rompió los cruzados. Él también apareció pegado a la cama. Tenés razón, sí, me acuerdo, cuando se curó le dijeron que podía volver a jugar y se despegó. Pensaron en sacrificarlo. Qué triste. Sí, por favor, denme una posibilidad, seguramente voy a despegarme pronto. Pero papá, mamá dice que no hay nada que te pegue a la cama, dice que pasó la mano por abajo de tu cuerpo y no tenés nada. ¡Pero no me puedo mover! Mis dos hijos me besaron y salieron de la pieza.

            Traté de hacer un esfuerzo descomunal por despegarme pero no pude. Empecé a angustiarme. Un dolor opresivo en el pecho. Un ardor. Empecé a sentir un fuego adentro mío y la sensación vertiginosa de estar cayendo en un precipicio y la inminencia de que me iba a hacer mierda contra algo. Grité. No fue un pedido de socorro, fue una descarga, volví a gritar. Mi esposa se asomó a la pieza. Vago de mierda, dijo. Ahora hacés show, agregó. ¿Podés llamar a un médico?, le pregunté. Ni loca ¿un médico? ¿para hacer más teatro? Voluntad, papito, eso te hace falta. Levantate y déjate de mandar la parte. Nadie me comprendía. Yo hubiera sido el primero en levantarme de la cama y salir a buscar trabajo. No deseaba otra cosa que volver a ser un ciudadano digno. Un trabajador digno. Alguien capaz de sostener una familia. Pero, ahora estaba pegado a una cama sin esperanzas y sin que nadie me creyera. Escuché murmullos entre mi esposa y mis hijos. Lo único que faltaba era que pensaran en sacrificarme. Mi esposa no iba a hacerlo. ¿Saben por qué no iban a hacerlo? Porque mi esposa iba a preferir humillarme siendo ella la que mantenía la casa antes que dejarme morir. Iba a venir a sermonearme todos los días y hacerme sentir un inútil, un fracasado. Posiblemente se iba a conseguir un amante y disfrutar de la vida sintiéndose superior a mí. Solo una cosa podía salvarme: un milagro. Entonces pensé que él milagro sería yo. Me levanté de un saque con la cama pegada en la espalda. Pesaba como un baúl lleno de muertos. Mi esposa y mis hijos me miraban con los ojos hechos unas bolas de hielo inmensas. Yo parecía un transformer pero por dentro era un montón de vidrio destrozado. Caminé en piyamas, arrastrando sobre mí la cama, llevándome un montón de cosas por delante; las cosas caían y se rompían pero a mí no me importaba nada, tenía la convicción de que mi vida iba a cambiar. Manoteé los curriculums y salí a la calle.

 _______

 Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©Sebastián Rogelio Ocampo

Rosario - Argentina

 Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

Agosto 2026






Agradecemos a todos nuestros amigos, lectores y seguidores, por sus visitas y valoraciones.


Afectuosamente...


Administración de Atrapados por la Imagen.
Directora: Laura Jakulis

“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra” 

 

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

niebla pampa - Azul, Buenos Aires, Argentina - Viviana García -

 


Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

domingo, 2 de agosto de 2026

" Navegando en tarde de Domingo " .-Silvia Elena Lanza

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

DOMINGOS DE CURIOSIDADES. HOY, ISCHILÍN, CÓRDOBA

 ISCHILÍN, EL PUEBLO DE CÓRDOBA DETENIDO EN EL TIEMPO


Hay lugares donde el tiempo parece haber decidido caminar más despacio. Ischilín es uno de ellos. En el norte cordobés, lejos del ritmo de las grandes ciudades, este pequeño poblado de apenas una treintena de habitantes conserva la serenidad de otra época. Sus fachadas de colores coloniales, restauradas con respeto por su historia, las calles silenciosas y el paisaje que lo abraza invitan a detener el paso y descubrir un rincón donde el pasado sigue latiendo con naturalidad.


A pocos kilómetros de Deán Funes, este antiguo pueblo es mucho más que un destino pintoresco. Cada pared, cada árbol y cada sendero guardan el recuerdo de siglos de historia, una memoria que se remonta a los primeros tiempos de la Córdoba colonial y que aún permanece viva entre sus construcciones y sus habitantes.

Hoy, en Domingos de Curiosidades, voy a contarte la historia de este pueblo cordobés y algunos detalles que, tal vez, no conocías.



SU HISTORIA


La historia de Ischilín se remonta a 1640, cuando nació como una encomienda indígena en el noroeste de la actual provincia de Córdoba. Su nombre, heredado de la lengua sanavirona, significa "alegría", un legado de los pueblos originarios que habitaron estas tierras mucho antes de la llegada de los españoles y dejaron una huella imborrable en la región.

Los primeros registros vinculan al poblado con el fundador de la ciudad de Córdoba, don Jerónimo Luis de Cabrera, quien cedió estas tierras a Miguel de Ardiles. Con el paso del tiempo, Ischilín comenzó a consolidarse como un punto estratégico por su cercanía al antiguo Camino Real, la ruta que unía el Virreinato con el Alto Perú y por la que transitaban viajeros, comerciantes y arreos de mulas, actividad que impulsó el desarrollo de la zona durante la época colonial.

Sin embargo, la historia del pueblo dio un giro entre 1680 y 1706. Una fuerte crecida de un río destruyó gran parte del asentamiento original, conocido hoy como Ischilín Viejo, lo que obligó a trasladar la población unos dos kilómetros hacia un sitio más seguro. Allí comenzó a crecer el nuevo pueblo alrededor de la capilla levantada en 1706, núcleo desde el cual Ischilín preservó su identidad y el encanto colonial que aún hoy distingue a este rincón del norte cordobés.

Sus tradicionales casas de adobe, el histórico algarrobo que ha sido testigo del paso de los siglos y la proximidad al antiguo Camino Real convierten a Ischilín en un verdadero viaje al pasado, donde la historia parece permanecer intacta entre sus calles silenciosas.



EL  ALGARROBO QUE FUE TESTIGO DE LA HISTORIA




En el corazón de la plaza de Ischilín se alza el verdadero guardián del pueblo: un imponente algarrobo con más de 400 años de vida que, desde hace siglos, contempla en silencio el paso del tiempo. Más que un árbol, es un símbolo de la identidad local y uno de los mayores atractivos de este rincón cordobés, donde la naturaleza y la historia parecen fundirse en un mismo paisaje.

Su sombra cobijó a generaciones enteras y también a protagonistas de la historia argentina. La tradición sostiene que bajo sus ramas descansaron las tropas de los generales Gregorio Aráoz de Lamadrid y José María Paz mientras avanzaban hacia el norte por el antiguo Camino Real, la vía que comunicaba Buenos Aires con el Alto Perú.



El histórico algarrobo también fue testigo del ir y venir de comitivas, viajeros y montoneras que atravesaban la región. Entre los relatos más recordados figura el momento en que, en este lugar, se conoció la noticia de la emboscada que acabaría con la vida del caudillo Facundo Quiroga en Barranca Yaco, el 16 de febrero de 1835, un episodio que marcó para siempre la historia del país.

Por su extraordinario valor histórico y cultural, este árbol fue declarado Monumento Histórico Nacional y hoy continúa dominando la plaza de Ischilín, rodeado por antiguas construcciones de adobe que conservan intacto el espíritu colonial del pueblo. Sentarse bajo su copa es contemplar un paisaje donde los caballos, los paisanos y las viejas casonas no recrean el pasado: forman parte de una forma de vida que aún perdura y que convierte a Ischilín en uno de los rincones más auténticos de Córdoba.


LA IGLESIA QUE CUSTODIA TRES SIGLOS DE HISTORIA



La Iglesia de Nuestra Señora del Rosario es mucho más que el principal templo de Ischilín. Su historia está profundamente ligada al nacimiento del pueblo tal como se lo conoce en la actualidad y constituye uno de los testimonios más valiosos de la arquitectura colonial que aún perduran en el norte cordobés.

Antes de su construcción, estas tierras formaban parte de las antiguas mercedes otorgadas por la Corona española y, con el paso del tiempo, quedaron bajo la administración de distintas familias de la región. Los primeros misioneros jesuitas levantaron allí un modesto oratorio para evangelizar a los pueblos originarios, pero la fragilidad de aquella construcción hizo que terminara desapareciendo hacia finales del siglo XVII.

La necesidad de contar con un templo definitivo impulsó, en 1706, el inicio de la iglesia que aún hoy preside la plaza del pueblo. La obra fue posible gracias a la donación de tierras realizada por los hermanos López de Ayala y al aporte económico de don Francisco de las Casas y Zevallos. Tras su fallecimiento, su viuda continuó financiando los trabajos hasta su conclusión.




Uno de los aspectos más destacados de su construcción es que, según la tradición histórica de la región, fue levantada con el esfuerzo conjunto de vecinos e indígenas, siendo considerada uno de los pocos templos coloniales edificados sin mano de obra esclava. Aunque no se conservan registros sobre el autor de los planos, la armonía de sus proporciones y la solidez de la estructura revelan el trabajo de un constructor con amplios conocimientos de la arquitectura de la época.

Después de casi veinticinco años de trabajo, la iglesia fue habilitada para el culto en 1731. Posteriormente se completaron la torre del campanario, el coro alto y las ventanas laterales, otorgándole la fisonomía que conserva hasta nuestros días.




Con el crecimiento de la región, el templo fue adquiriendo cada vez mayor relevancia hasta que, en 1793, fue designado como cabecera del Curato de Ischilín. Desde entonces se convirtió en el centro religioso, social y administrativo de una vasta zona del norte cordobés.

El paso del tiempo, que transformó a tantos pueblos coloniales, tuvo en Ischilín un efecto inesperado. El desvío de las principales rutas y del ferrocarril durante el siglo XIX aisló a la localidad, pero ese mismo aislamiento permitió conservar casi intacto su patrimonio arquitectónico. Gracias a ello, la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario continúa en pie con sus muros de piedra, cal y ladrillo cocido, mientras el pueblo mantiene la esencia de la Córdoba colonial.



En la actualidad, tanto el templo como el conjunto histórico que lo rodea forman parte del patrimonio protegido de la Nación. Frente a la plaza y acompañado por el histórico algarrobo, este edificio sigue siendo el corazón de Ischilín, un lugar donde más de tres siglos de historia permanecen vivos entre el silencio, la fe y la memoria.



Ischilín no se recorre con apuro. Se descubre en el silencio de sus calles, en la sombra de un algarrobo que ha visto pasar más de cuatro siglos, en los muros de una iglesia que custodia la memoria de generaciones y en la calma de un pueblo donde el tiempo parece haber encontrado un refugio.

Quien llega hasta este rincón del norte cordobés no solo visita un destino histórico: emprende un viaje hacia una Argentina que aún conserva el ritmo pausado de otros tiempos. Porque mientras el mundo sigue acelerando su marcha, Ischilín permanece allí, inmóvil y auténtico, recordándonos que hay lugares donde la historia no se guarda en los libros, sino que sigue respirando entre sus calles, sus paisajes y su gente.

    









Idea, investigación y edición: Isa Santoro
Administradora de Atrapados por la Imagen




Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.