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domingo, 27 de septiembre de 2026

Díptico: " Volando en libertad " R. Jorge Ruiz Diaz



 

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DOMINGOS DE CURIOSIDADES. HOY, LAS DOS FRIDAS, DE FRIDA KALHO

 ¿QUÉ SE ESCONDE DETRÁS DE LAS DOS FRIDAS DE FRIDA KALHO?



Frida Kahlo es una figura fundamental, de hecho, emblemática, del arte del siglo XX. Y también del arte en general. Su rostro, su mirada y su particular manera de habitar el mundo la hicieron inconfundible. Todos reconocemos sus autorretratos, esa sucesión de imágenes en las que Frida parece mirarnos desde el lienzo y, al mismo tiempo, asomarse hacia adentro de sí misma. La uniceja, las flores en el pelo y esos temas profundos que atraviesan su obra nos llevan a un universo tan luminoso como atormentado, donde el dolor, el amor y la identidad parecen convivir en cada pincelada.

Hoy, en Domingos de Curiosidades, quisiera hablarles de una de sus obras, Las dos Fridas. Este cuadro forma parte de una extensa serie de autorretratos de la artista. Porque siempre resulta fascinante recorrer la trayectoria de un creador a través de los rostros con los que decidió representarse. En ellos, muchas veces, el espejo deja de reflejar solamente una apariencia y comienza a revelar algo más profundo.

Pero en Las dos Fridas ocurre algo diferente. Aquí no hay una sola Frida frente a nosotros, sino dos. Dos figuras unidas, dos corazones expuestos, dos maneras de ser y de sentir que parecen contarnos una historia en silencio. Y es justamente allí, entre esas dos Fridas, donde comienza nuestro viaje hacia México.



El dolor detrás del lienzo

En 1939, Frida Kahlo atravesaba uno de los momentos más dolorosos de su vida. Después de casi una década de matrimonio, su relación con Diego Rivera llegaba a su fin. Pero aquella separación tenía una herida especialmente profunda: Diego había mantenido una relación con Cristina, la hermana menor de Frida, a quien ella estaba muy unida. La infidelidad no solo quebró su matrimonio, sino que tocó un vínculo familiar profundamente cercano.



A ese dolor emocional se sumaban los padecimientos físicos que acompañaban a Frida desde hacía años y que habían dejado una huella profunda en su cuerpo y en su vida. En medio de aquella tormenta personal, la pintura volvió a ser para ella un refugio, pero también una manera de decir aquello que las palabras quizás no alcanzaban a expresar.

Fue en ese contexto que nació Las dos Fridas. Esta vez, la artista no pintó un solo rostro frente al espejo: se pintó dos veces, como si necesitara mirarse desde dos lugares diferentes para comprender todo lo que estaba viviendo.

La obra, realizada en óleo sobre tela, tiene además una dimensión poco habitual para Kahlo. Acostumbrada a trabajar en pequeños formatos, eligió para este autorretrato un gran lienzo casi cuadrado, de aproximadamente 1,73 por 1,73 metros, en el que las dos figuras aparecen casi a tamaño natural.

Frente a nosotros se sientan dos Fridas. Están tomadas de la mano y parecen tranquilas, pero detrás de ellas un cielo cargado de nubes oscuras y turbulentas parece decir aquello que sus rostros callan. El contraste es poderoso: la serenidad de las figuras frente a una tormenta que parece venir de adentro.




Dos Fridas frente a frente

Las dos Fridas es un doble autorretrato y, desde el primer momento, hay algo que sorprende: la artista aparece dos veces, sentada en el mismo banco y tomada de la mano con su otra versión. Las dos tienen el rostro sereno, casi inexpresivo, como si estuvieran suspendidas en un instante de silencio. Sin embargo, todo alrededor parece hablar de tormenta. Detrás de ellas, un cielo cargado de nubes oscuras y turbulentas ocupa buena parte del lienzo y parece convertir en paisaje aquello que sucede en el interior de Frida.

Las dos figuras son casi de tamaño natural. Frida eligió para esta obra un formato inusualmente grande para ella: un lienzo cuadrado de aproximadamente 1,73 por 1,73 metros. La dimensión hace que las dos mujeres parezcan estar allí, frente a nosotros, y acentúa todavía más la sensación de que no estamos simplemente observando un autorretrato, sino asistiendo a una conversación silenciosa entre dos partes de una misma mujer.

Pero hay una diferencia que se advierte enseguida: sus vestidos.

A la derecha, la Frida mexicana lleva un traje tradicional de tehuana, de colores vivos, asociado a sus raíces y a la herencia mexicana de su madre. Es la Frida que aparece vinculada a Diego Rivera y que sostiene en su mano un pequeño retrato de Diego niño.

A la izquierda, la otra Frida lleva un vestido blanco de encaje, de estilo europeo. Su aspecto es diferente, más pálido, y su corazón aparece expuesto. El contraste entre ambas no es casual. Una parece aferrarse a aquello que todavía conserva; la otra deja ver, literalmente, una herida abierta.

Y, sin embargo, están unidas. Sus manos se encuentran en el centro del cuadro, mientras sus corazones y sus vasos sanguíneos establecen otra conexión, mucho más profunda. Como si Frida quisiera mostrarnos que, aun cuando una parte de nosotros intenta separarse del pasado, hay vínculos que siguen corriendo por dentro.

Es allí, en esa unión entre las dos figuras, donde comienza uno de los aspectos más conmovedores de la obra: el corazón.


Los dos corazones de Frida

Si hay un elemento que concentra buena parte de la fuerza de Las dos Fridas, son sus corazones. Ambos están expuestos, fuera del cuerpo, como si Frida hubiera decidido mostrar aquello que normalmente permanece oculto. Pero no son iguales: cada uno parece hablar de un dolor diferente.

El corazón de la Frida mexicana, la que viste el traje de tehuana, aparece entero, rojo y palpitante. Desde allí parte una arteria que atraviesa el cuadro y conecta con el corazón de la otra Frida. En la mano de esta versión mexicana aparece, además, un pequeño retrato de Diego Rivera cuando era niño. Una vena une ese retrato con su corazón, como si el recuerdo de Diego siguiera formando parte de ella y todavía alimentara ese vínculo.

En cambio, el corazón de la Frida vestida de blanco está abierto y expuesto. La arteria que debería mantenerlo unido a la otra Frida ha sido cortada y ella intenta detener la hemorragia con unas tijeras quirúrgicas. Pero la sangre continúa cayendo y mancha poco a poco su vestido blanco.

La escena tiene algo de quirófano y algo de confesión. Frida convierte su propio cuerpo en un mapa de sus emociones: las arterias, la sangre, el corazón y las heridas dejan de ser solamente elementos anatómicos para convertirse en la representación visible de aquello que le ocurre por dentro. El dolor emocional se vuelve físico y el cuerpo termina contando lo que las palabras no alcanzan a decir.

Una de las interpretaciones más extendidas sostiene que la Frida mexicana representa a la mujer que Diego amaba, mientras que la Frida europea, de vestido blanco, encarna a la mujer que quedó después de la separación. Una conserva el vínculo; la otra sangra por su ruptura.

También el vestido blanco adquiere entonces otro significado. Su apariencia casi inmaculada contrasta con la sangre que lo va cubriendo, como si aquella imagen de pureza e inocencia terminara inevitablemente atravesada por el dolor. Para algunas lecturas de la obra, la sangre que cae hacia la zona del vientre también se relaciona con uno de los temas más dolorosos de la vida de Frida: su deseo de ser madre y las experiencias y pérdidas que atravesaron ese deseo.

Así, las dos mujeres están unidas de una manera paradójica. Se toman de la mano, sus corazones están conectados y la sangre circula entre ellas, pero una de las dos intenta detener una herida que parece imposible de cerrar. Son dos versiones de una misma Frida, enfrentadas a la pérdida, pero también sosteniéndose mutuamente.

Quizás por eso, más que dos mujeres, lo que vemos son dos partes de una misma persona intentando sobrevivir a una ruptura.


Una amiga imaginaria

Pero ¿por qué dos Fridas? ¿Qué quiso decir la artista al duplicarse en el mismo lienzo?

Frida dejó una pista en su propio diario. Según contó, la obra estaba relacionada con el recuerdo de una amiga imaginaria que había inventado durante su infancia, cuando atravesaba momentos difíciles. Era alguien a quien podía confiarle sus penas, alguien que la acompañaba y en quien podía refugiarse.

Desde esta mirada, las dos mujeres del cuadro pueden ser entendidas como dos partes de una misma identidad. Una Frida acompaña a la otra, la sostiene de la mano y permanece a su lado justamente cuando más lo necesita. La amiga imaginaria de la infancia parece regresar muchos años después, convertida en una imagen de la propia Frida.

La dualidad, además, fue un tema que atravesó buena parte de su obra. En Las dos Fridas aparecen enfrentadas distintas partes de su identidad: lo mexicano y lo europeo, el pasado y el presente, el amor y la pérdida, la fortaleza y la fragilidad. Pero no están realmente separadas. Todo en ellas habla de una misma vida.

Por eso la obra también fue relacionada con el surrealismo. El cuadro tiene algo de sueño: dos mujeres idénticas sentadas bajo un cielo tormentoso, con los corazones expuestos y las arterias a la vista. Sin embargo, Frida rechazaba que su pintura fuera considerada simplemente surrealista. Para ella, no estaba pintando sueños, sino su propia realidad.

Y quizás allí esté una de las claves de Las dos Fridas. Lo que parece imposible en el mundo exterior, dos Fridas compartiendo un mismo cuerpo emocional,  se vuelve completamente verdadero dentro del cuadro. Porque a veces una persona también puede ser muchas a la vez: la que ama y la que pierde, la que recuerda y la que intenta olvidar, la que sangra y la que todavía encuentra fuerzas para sostenerse.



El destino de Las dos Fridas

La obra fue realizada en 1939, en plena tormenta emocional de Frida, pero la historia con Diego todavía no había terminado. Un año después, en diciembre de 1940, ambos volvieron a casarse, esta vez en San Francisco. La vida, con sus contradicciones, parecía darle otra vuelta a aquella historia de amor que tantas veces había atravesado el dolor.




En 1947, Las dos Fridas fue adquirida por el Museo de Arte Moderno de México, donde permanece como una de las obras más reconocidas de la artista. Así, aquel autorretrato nacido de una herida íntima terminó convirtiéndose, con el paso del tiempo, en una de las imágenes más poderosas de Frida Kahlo.




Quizás por eso, tantos años después, Las dos Fridas todavía nos conmueve. Porque detrás de esas dos mujeres sentadas bajo un cielo de tormenta no vemos solamente a Frida: vemos a alguien intentando sostenerse a sí misma cuando todo parece romperse.


Idea, investigación y edición: Isa Santoro
Admiistradora de Atrapados por la Imagen




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sábado, 26 de septiembre de 2026

" Asomándonos a un trocito de la Ciudad Vieja " .- Silvia Lanza-

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Mannequin dream - Mirta Steinberg -

 

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CINE PARA FOTÓGRAFOS Y ALGO MÁS - Hoy presentamos: El cortometraje: Fue a las 2:30 - Director: Tavo Salazar. GUATEMALA-

 

Fue a las 2:30 (Cortometraje)

Director: Tavo Salazar.
Premio: Ganador del Quetzalito de Oro.




 CINE EN ATRAPADOS POR LA IMAGEN PRESENTA:

"Los cortos que cambiarán tu opinión sobre los cortos"


Año 2,030, nadie puede salir de casa, abrir puertas o ventanas o ver tras las cortinas después de las 2:30pm. Mateo busca cuidar a su abuela, pero la curiosidad de ver tras las cortinas lo persigue. Hasta que un día las abre, nos daremos cuenta de todo.

Click aquí para ver el Cortometraje - 👇💙



Director: Tavo Salazar.Premio: Ganador del Quetzalito de Oro.

Tavo Salazar es un director de cine, documentalista, guionista, cinefotógrafo, editor y productor musical guatemalteco.

Perfil y Trayectoria, roles múltiples:

 Trabaja como director, guionista, fotógrafo y editor en sus propios proyectos audiovisuales independientes.Productor musical: Es parte de Glass Collective Music y ha dirigido videoclips para reconocidas bandas como Bohemia Suburbana

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CINE PARA FOTÓGRAFOS Y ALGO MÁS...

 Idea y creación: Laura Jakulis
 Directora de Atrapados por la Imagen

 ¡¡Esperamos que disfrutes de este, excelente cortometraje!! 

 ¡¡Muchas gracias y hasta la próxima!!

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¡Hoy 26 de Septiembre Atrapados está de Fiesta!

 

¡Celebramos el cumpleaños de Cristian Bautista!


Artísta de Atrapados por la Imagen. 




"La realidad no sólo es apasionante, es casi incontable"

 Rodolfo Walsh


¡En este día tan especial, en nombre de toda la comunidad de Atrapados por la Imagen, extendemos un cálido saludo de cumpleaños a nuestro amigo,Cristian!


Los invitamos a visitar la galería literaria del autor,  haciendo clic en el siguiente link 👇

https://atrapadosporlaimagen.blogspot.com/search/label/Cristian%20Bautista

Administración de Atrapados por la Imagen.


Directora: Laura Jakulis
Correctora literaria: Isabel Santoro
Colaboradores: Marta Puey - Emilio Bertero


Diseño de Tarjeta: Laura Jakulis


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viernes, 25 de septiembre de 2026

" El descanso de la nave ". R. Jorge Ruiz Diaz

 

 " El descanso de la nave "

San Antonio Oeste ( Río Negro ) 



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Una flor Salteña - R. Jorge Ruiz Diaz


 

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" Hoy - Primavera -Hoy " .-Silvia Lanza

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MI LUGAR - Luisa Amador -


 

ABRAZOS - Luisa Amador-


 

EL DESTAQUE SEMANAL...

  Editorial Atrapados por la Imagen Presenta . . .



Atrapados por la Imagen es un lugar de encuentro para quienes disfrutan compartir lo que crean, lo que imaginan y lo que tienen para contar. Un espacio que crece con cada historia, cada mirada y cada persona que se anima a participar.


Presentamos a las y los artistas seleccionados de la semana:

RICKY KIMMICH - VIVIANA GARCÍA - CLAUDIA MOLINA - SILVIA ELENA LANZA -
 OS OSMO - ANA VACCARI - R. JORGE RUIZ DIAZ
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"En cierta medida, el culto que rodea a la fotografía en blanco y negro se basa en la nostalgia”

René Burri



¡Gracias! - Ricky Kimmich






"tango en San Telmo, Buenos Aires, Argentina" - Viviana García 







"La primavera también sabe hablar en rojo" - Claudia Molina







"Nave Central Iglesia San Juan Bautista" - Silvia Elena Lanza






Díptico: "El hombre que gíra - Autolimpieza" - Os Osmo






"Una tarde soleada. . . " - Ana Vaccari






"Follaje de nubes" - R. Jorge Ruiz Diaz 


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Diseño gráfico: Laura Jakulis
Directora de Atrapados por la Imagen

Correctora Literaria: Isa Santoro
Colaboradores: Marta Puey - Emilio Bertero 

 ¡Saludos Afectuosos para todos y todas!

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jueves, 24 de septiembre de 2026

" Capturando la vida en el Rosedal " .- Silvia Lanza

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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "El cantante" - Un relato Inédito, del escritor: Sebastián Rogelio Ocampo - Rosario - Argentina -

 

Editorial Atrapados por la Imagen


Presenta: 


"El cantante"


Del escritor: 

Sebastián Rogelio Ocampo


"Artista de Atrapados por la Imagen"

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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Atrapados por la Imagen es ese rincón donde siempre hay lugar para una historia nueva, una foto, un poema o una idea que pide ser compartida. Un espacio hecho entre todos, donde crear, descubrir y encontrarnos es parte de la aventura.


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Cuento inédito para Atrapados por la Imagen

"El cantante"
SEBASTIÁN ROGELIO OCAMPO


           Detesto los lugares con música fuerte y llenos de gente. Se suponen que deberían gustarme. Tengo 17 años. A mí no me gustan. Cuando entramos a ese tenedor libre en Florianópolis estaba la música al palo y la gente comía desesperada como si fuera la última vez. En un rincón menos iluminado, con una luz más tenue, casi en penumbras, cantaba un tipo. Tenía el pelo canoso, un poco largo, y me recordó a algún jugador de fútbol de los años 70 que había visto en alguna revista. Había luces de colores giratorias que lo iluminaban y cada tanto se lo podía ver mejor, una remera con unas palmeras, un jean gastado, zapatillas de lona, y cada tanto se sumía en la opacidad; aparecía iluminado a cada rato como si fuera un fantasma.

Habíamos viajado a Brasil con la familia de mi mamá. Es una familia numerosa. Varios tíos y tías, muchos primos, una prima en especial, casi todos más chicos que yo. Me senté lo más lejos del disturbio, si es que había un lugar así. En realidad estaba en la punta de una mesa pero en medio de esa muchedumbre nauseabunda. Miré al tipo que cantaba. Cantaba y bailaba y hacía gestos para levantar al público. Sentí que él pensaba lo mismo que yo de toda aquella gente y que debía sentir asco por tener que animarlos a cantar y bailar. Era argentino. Lo dijo cuándo preguntó -como suelen hacer esos personajes- de qué nacionalidades éramos. Había uruguayos, algunos paraguayos, y cuando toda mi familia saltó gritando que éramos argentinos el tipo aprovechó y dijo que él también. 

En un momento dejó de cantar, fue y se sentó en una mesa en un rincón. Fue con un plato y se sirvió un montón de pescado frito, rabas, y papas fritas. Yo comía papas fritas solas. No me interesaba probar más nada. Las papas fritas eran comida chatarra decía mi madre. A mí no me importaba. El tipo fue a servirse tres o cuatro veces. Pensé que él también comía como si fuera la última vez y posiblemente sería la última vez hasta mañana a la noche. Se metía grandes bocados en la boca que le sobresalían y los apuraba con el dorso de la mano o los dedos directamente. Pensé en su soledad. Pensé en la vida solitaria de un cantante popular en medio del verano feliz argento-brasilero. ¿Qué haría durante el día? Durante el día yo me quedaba con el celular en la cabaña mientras todos iban a la playa. Mis viejos se quejaban por lo bajo pero ya no me decían nada, a mi edad ya estaba perdido. Sé que ellos pensaban eso. No tenía razón alguna intentar llevarme a la playa porque yo detestaba todo eso de las ojotas, y los lentes de sol, sombrillas, reposeras, mate, toallas, negros vendiendo choclos y parlantes; toda esa mierda me daba asco. Solo quería quedarme con el celular viendo cosas en Instagram. Cosas que eran más interesantes. No quiero hacerme el literato porque no lo soy, pero quedarme leyendo poemas de Bukowski era mucho más gratificante que ir a la muchedumbre hambrienta de felicidad en la playa. A decir verdad yo iba a la playa. Cuando caía la noche y ya no quedaba casi gente y se podía ver el cielo estrellado y el mar alto hasta mis pies y entonces caminaba por la playa tratando de adivinar constelaciones, pensando en cosas que valían la pena, frases de Kerouac, Burroughs, Celine, no en pelotudeces veraniegas. ¿Qué haría aquel cantante durante el día? ¿Ensayaría formas de cantar o formas de suicidio? ¿Tendría algún amigo con quien ir a tomar mate o caipirinha? ¿Se la pasaría tirado en la cama? Apuesto a que se la pasaba tirado en la cama pensando en alguna familia que dejó atrás después de gritos y muchas guerras nucleares y pensando en hijos a quienes no veía y tal vez en algún nieto del cual tampoco tenía noticias. ¿Cómo había llegado a Brasil? Además cantaba bastante mal. No sé mucho de música pero lo escuchaba desafinar sobre todo cuando intentaba alguna nota prolongada. 

Ahora miraba a la gente meterse los fideos en la boca embadurnada de salsa, gente pinchar en un mismo tenedor varias torrejas y llenarse la boca a reventar, la cerveza ir y venir para agujerear mil estómagos. Decidí concentrarme en algo mejor. Antes mencioné a una prima en especial. Estoy enamorado de mi prima. Ella es apenas unos años más chica que yo. Es un poco más que una nena pero ya está desarrollada y es madura. Ella es una morocha, morena, a diferencia del resto de la familia que somos todos blancos y rubiones. Ella es adoptada. En cierto modo que sea adoptada, no sea mi sangre, hace que mi amor hacia ella se vuelva menos inmoral. Me gusta tanto que no tengo fantasías sexuales con ella. Pienso que cualquier cosa de esas podría corromper su magnífica belleza. Esos labios carnosos, esos ojos almendrados de mujer latina, ese cabello enrulado que se deja hasta por debajo de los hombros, esa nariz ancha y chata pero redondita que es perfecta. Me encanta. El hombre que canta también debe estar enamorado de una adolescente. En las tardes de soledad, mientras en su habitación de pensión, un taburete con una jarra de mate cocido encima, canta un poco para practicar otro poco porque su vida misma es cantar, una chica, una adolescente lo visita, y al cantante se le vidrian los ojos e irradian una luz diferente. Él tampoco se atrevería a tocarla. A corromperla. Él la escucha porque siempre llega con historias de pescadores, su padre es pescador, y las historias son realmente buenas y lo entretienen. Él la mira y la desea y la devora con los ojos. Ella no se da cuenta, o sí, tal vez, pero nada de eso importa, ella cuenta historias y él escucha y por un momento tanta soledad se vuelve cálida y tal vez adquiera sentido. Después ella se va y él se tira en la cama con un montón de imágenes en la cabeza, imágenes de las historias e imágenes de la chica, que se le mezclan y se transforman en un triste aquelarre que termina con él leyendo poesía para después dormirse.

El tipo canta, y ahora sí, después de haber comido como chanchos salen todos a bailar, y se mezclan, los paraguas, los uruguayos, los argentos;
 bailan canciones latinas, entre ellas se mezclan cuartetos de Rodrigo y la Mona Gimenez y alguna que otra cumbia de Los Palmeras, porque claro, el cantante es argentino y aquello no puede faltar. Yo veo a toda esa gente contonearse, manosearse, babearse, con los estómagos llenos a reventar, posiblemente tirándose pedos al pasar, besuqueos, apretadas, bailecitos sexies. Yo me quedo solo en la mesa. Nadie me ha dicho nada. Solo alguno de mis primos más chicos que no me entiende todavía. Pero yo me quedo solo en la mesa. En un momento, en un momento en que una de las luces ilumina la cara del cantante, y puedo verlo, se hace un silencio, un silencio profundo y aturdidor; el cantante me mira, me mira y veo sus labios enarcarse, veo de a poco como la boca se le transforma en una sonrisa, sonríe de verdad, Dios mío, y si después de todo, mi soledad, mi falta de mundo, la vileza de la humanidad, la porquería de todo esto, si después de todo, sí, no, sí, sí, tal vez el cantante es feliz ¿Y si es feliz?


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 Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©Sebastián Rogelio Ocampo

Rosario - Argentina

 Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

Septiembre 2026




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