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Workshop Road / Mirta Steinberg - Model. Memi.

Editorial Atrapados por la Imagen
Presenta:
"Rulemanes"
Del escritor:
Cristian Bautista
"Artista de Atrapados por la Imagen"
Edición: Editorial Atrapados por la Imagen
RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ
Registro de propiedad intelectual
Hace
ya seis meses que Luciana me pidió un tiempo y me mudé acá, a casa de mamá, y
me instalé en la que había sido mi habitación, dónde, los sábados de verano a
la tarde, con el pretexto de leer algún libro o escuchar alguna canción, nos
encerrábamos con Luciana y tirados en la cama fumábamos, hacíamos planes, nos
jurábamos amor eterno.
Cuando llegué, la
habitación estaba convertida en un depósito. Sigue igual. Las paredes, donde
antes pegaba posters de la revista Pelo
y tapas de discos, ahora, están descascaradas y con manchas de humedad. Solo liberé
la que había sido mi cama y me conseguí un colchón. Sobre la mesa de luz puse
la caja con ropa que traje y tire una alfombra en el suelo, con una vieja
colchoneta arriba, donde duermo los fines de semana que viene Lucio.
Ahora mamá junta los
platos. Yo estoy desparramado en la silla, con las piernas estiradas y
amontonando migas en el mantel con el dorso de la mano. Lucio está en la punta
de la mesa.
Arrodillado en la silla.
A mí derecha. Tiene apoyado en la boca, y sostiene con las dos manos, un vaso
alto, de vidrio grueso y esmerilado, lleno de Coca-Cola. Mira el televisor. Un capítulo de Dragon ball Z. Uno que vio no menos de doscientas veces. Uno en el
que Gokú pelea contra Veguetta en un lugar desierto. Hablan y
el sonido del viento está casi por sobre sus voces. De pronto, con música de
suspenso primero y un estallido después, comienzan a pelear. La pantalla es un
flash que dispara luces amarillas,
blancas, rojas. Le toco el brazo. Le pregunto si ya tiene la mochila armada.
Sin sacarse el vaso de la boca, me mira. Afirma moviendo la cabeza, mientras
muerde el vidrio dos o tres veces; después, mira el televisor. Vegetta grita con voz grave y decidida, Gokú responde. Hay más ruidos. Los
colores se superponen.
Mamá trae un pote
plástico de helado y tres compoteras. Mira los ojos de Lucio fijos en la
pantalla. Sé bien lo que piensa: Son iguales a los de la mamá. Yo sé que lo
piensa pero no lo dice.
Me acomodo en la
silla. Mamá clava la cuchara entre la frutilla y la crema americana.
—A mí, menta
granizada —dice Lucio.
Mamá se queda quieta.
Me mira. Lucio mira a Gokú y a Veguetta suspendidos en el aire,
repartiéndose patadas.
Le digo a Lucio que pruebe
el dulce de leche.
—Me gusta la menta—
dice.
Le digo que esos son
gustos de heladerías, de las que quedan en el centro. Le digo que, el dulce de leche, acá, no es tan cremoso, pero es más rico, le digo
que lo eligen todos los chicos.
No me escucha. No me
mira. La pantalla, ahora, se pone blanca, profunda, brillante.
Le pregunto quién
ganó. Me mira.
—Gokú .Siempre gana Gokú.
—Porque come helado
de dulce de leche —digo.
Mamá saca la cuchara
de entre la frutilla y la crema americana
y la clava en el dulce de leche. Llena una compotera. Se la da a Lucas.
—Traé cucharitas — me
dice.
— ¿No hay Operas? —
le digo.
—En el aparador. En
la puerta de abajo —me dice. Me paro y las busco.
Vuelvo.
Reparto las
cucharitas, abro el paquete de galletitas y saco tres obleas. Clavo dos en el
helado y sostengo otra con los dientes. Gokú mira al infinito sobre un desierto
amarillo. El viento le agita el traje naranja mientras las puntas del pelo
siguen firmes.
Agarro la compotera.
—Voy a la terraza
—digo.
— ¿A la terraza?
—dice mamá.
Lucio chupa la parte
de atrás de la cucharita, después agarra la compotera y se baja de la silla.
—Yo también —dice.
Apenas salimos al
patio mamá apaga el televisor.
—Tengan cuidado que
no hay barandas —dice. Apenas la escucho; subo los escalones de a dos. Cuando
llego arriba miro a Lucio que, haciendo equilibrio con la compotera en la mano,
sube los escalones, también, de a dos.
Me siento en el borde
de la medianera, con los pies colgando. Me apoyo sobre el pilar del tanque de
agua. Lucio se sienta al lado.
Mientras comemos el
helado le cuento que, detrás del techo de chapa que está allá, cuando yo era
como él, había un baldío donde nos juntábamos los chicos del barrio a jugar a
la pelota. Me mira, tuerce la boca y se mete una cucharada de helado en la
boca. Le cuento que, jugar a la pelota, no era lo único que hacíamos. También
íbamos a la vía del cruce Alberdi y poníamos monedas, chapitas o algunos
fierros redondos sobre los rieles, justo antes de que pasara el tren. Recién cuando le cuento que jugábamos con
autitos por el cordón de la vereda parece interesarse.
— ¿Autitos? —dice.
—Eran de plástico.
Huecos. Los llenábamos de plastilina, para que sean más pesados y no se caigan
del cordón.
— ¿A vos nunca se te
caía?
—Nunca —digo y muerdo
una Ópera. Se quiebra y hace el ruido característico de la galletita. Nos
quedamos callados. Mastico. Lucio me mira. Muerde su galletita pero no hace
ruido.
— ¿Ganabas? —dice.
—Era invencible
—digo.
— ¿Cómo Gokú?
—Más —digo.
Lucio se queda quieto.
Me mira. Sé que duda pero todavía no tanto. Tiene la boca entreabierta. De la
cuchara se resbala un poco de helado y cae, en cámara lenta, sobre el pantalón.
— ¿Te conté de los rulemanes? —digo.
— ¿Qué son los
rulemanes? —dice.
Dejo la compotera y la
cuchara en el suelo. Me acomodo. Le cuento de rulemanes como ruedas, de tablas
como asientos, de sogas como volantes. De tirarse desde el viaducto sin frenos,
sin cascos, sin rodilleras con el viento pegando en la cara mientras flotas en
el aire.
Cuando termino, Lucio
baja la cabeza y revuelve el helado. Miro su compotera. Parece un charco de
barro espeso y frío.
— ¿Qué pasa? —digo.
—Nada —dice.
— ¿No te gusta que te
cuente? —digo.
—Sí —dice.
— ¿Entonces? —digo.
— ¿Mi edificio queda
en el centro? —dice.
Me inclino. Lo
abrazo. Por el techo de enfrente pasa un gato y empiezan a ladrar algunos
perros. Después de un rato suenan las campanas de la iglesia. Deben ser las
cuatro. Es temprano. Recién a las seis lo pasan a buscar a Lucio.
Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a:
Diseño y Maquetación: Laura Jakulis
Editora Literaria: Isabel Santoro
Junio 2026

"Dulce armonía"
Claudia Molina

"La belleza de lo simple"

Dirección: Stephen Daldry
Protagonistas:
Kate Winslet, Ralph Fiennes y David Kross, Bruno Ganz, Lena Olin
Kate Winslet: ganó el Oscar a la mejor actriz por esta película en 2009
Estrenada en 2008, adaptación de la novela The reader de Bernhard Schlink
Hace unas noches atrás volví a ver por segunda vez la película El lector, la novela en qué la que este film está basado no la leí. Apenas terminé de verla, esa medianoche misma, dado el impacto que me produjo ( seguro diferente de la primera vez ), sentí un impulso tal que hizo que en lugar de disponerme a dormir me pusiera a escribir.
Vuelvo a la pregunta que creo nos inquieta: ¿Cómo
puede ser, que gracias a la gran adhesión de sectores populares y sus votaciones contundentes le dieran la
oportunidad de ganar a este gobierno para conducir nuestro país, le dieran la
oportunidad de ejercer la presidencia a
un out sider que cumplió con creces su promesa de destruir el Estado desde
adentro agitando la metáfora de una motosierra cuya lógica de destrucción nos
ha dejado a la intemperie. Por supuesto, también gracias al gran apoyo de los
cipayos y traidores de siempre y la platita del Norte.
Interpreto a la película “El lector” no como la clásica película que condena a Hitler, al nazismo y a la “solución final” que racionalmente encontraron para la planificar el genocidio del Holocausto para con los que declararon enemigos de la primacía germánica: judíos, gitanos, homosexuales, discapacitados. Si bien en El lector está presente esta condena, creo que va mucho más allá de ello. En este caso se trata de un juicio, no a jerarcas nazis sino a siete mujeres que participaron del nazismo y habilitaron el incendio de una Iglesia en la que habían encerrado a 300 mujeres y niños judíos que terminaron muertos o más bien asesinados en dicho incendio. Este juicio parte de la acusación de una mujer que habiendo sido una de las niñas que allí había estado logró sobrevivir.
Si bien la estructura de la película no tiene una
disposición temporal cronológica haré la sinopsis e interpretación de la misma
ordenada en el tiempo. La película comienza en la Alemania de 1995 cuando el
personaje central, un muchacho que conoció a esta mujer siendo joven, ya es
adulto. Éste va realizando diferentes referencias retrospectivas con lo que el
film logra mantener una gran intriga y tensión en el espectador.
Para la mayoría de los que participan en este juicio
contra esas mujeres sostienen y acuerdan con condenarlas, si bien solo una de
ellas, Hanna Schmitz se declara culpable de todos los cargos incluso de haber
sido la responsable de la redacción y firma del documento que se presenta como
prueba de que tanto el encierro como el incendio fue resultado de su
determinación.
Pero Hanna miente cuando afirma ser culpable de la
escritura de ese documento porque tiene
vergüenza de admitir, cuando le piden una prueba caligráfica, de decir que no
sabe leer ni escribir, mentira por la que la condenan a cadena perpetua. Pero Michel Berg, el
protagonista varón, sabe que Hanna miente porque en su singular relación con
ella en 1958 cuando tenía 15 años él le leía.
Michel la conoció porque ella lo ayudó a llegar a su casa tras
encontrarlo descompuesto, luego se sabrá ello fue resultado del inicio de una
escarlatina. Superada la enfermedad Michel regresó a verla para agradecerle.
Ella primero se mostraba sombría y distante pero cambia cuando cede a la pasión
que en el muchacho despierta y viven entre los dos una intensa relación que se
vuelve amorosa, tierna e íntima. A ella le gusta que le lean y pone como
condición que luego de hacer el amor Michel lo haga. Él comienza por leerle la
Odisea. Pero, un día cuando va a la casa de Hanna ella no está, él
ignora porqué inesperadamente ha desaparecido.
Ocho años después y ya como estudiante de Derecho
cuando Michel va a presenciar el juicio, la vuelve a ver y la
reconoce. En ese momento se explica que aquella
vez que no la encontró fue porque había sido detenida. Hasta ese momento, solo
sabía que ella trabajaba como boletera en el tranvía, que le doblaba en edad
pero de hecho desconocía su pasado.
El impacto de volverla a ver luego de 8 años, de descubrir
su pasado nazi, presenciar su enjuiciamiento lo atormenta. Su primer impulso
fue ir y decirle al Jurado que ella ha mentido pero finalmente no lo hace,
seguramente los sentimientos ambivalentes no se lo permiten. Es posible que Michel
en ese momento sienta a la vez hacia Hanna, por una parte, horror y rechazo y
por otra los tiernos recuerdos y ese gran
amor que no ha podido borrar. Todo ello y la culpa de no haber testificado
de que ella mintió, hará que esta mujer sea para él una marca de por vida.
La condena de
los jueces y del sentir general de la mayoría de los alemanes es condenatorio hacia
todos aquellos ciudadanos que
adhirieron, participaron y ejecutaron las órdenes del nazismo. No obstante ésta es puesta en cuestión en el film si bien éste no da al respecto una respuesta contundente
y satisfactoria. No explica, ni justifica dicho comportamiento pero pone en
evidencia las contradicciones y complejidades
de este accionar, en parte, porque sitúa el juicio y las conductas en el
singular espacio – tiempo de aquel pasado. Un pasado en el que el discurso
único y la propaganda nazi resultaron ser muy eficaz. Muy eficaz en la
generación del odio hacia enemigos construidos con mentiras, falacias,
eslóganes que posibilitó una alienación identitaria subjetiva – colectiva que
orientó el sentir y los comportamientos para
una obediencia debida indubitable.
Ya mayor, separado y con una hija, se percibe un
Michel taciturno y con dificultades para conectarse con otras mujeres. Siempre
en su recuerdo, comenzó a enviar a la cárcel para Hanna libros y grabaciones de libros. Hanna a
partir de ello aprendió sola a leer y no paró de hacerlo. Un día, lo llaman desde
la cárcel para informarle que la dejarán en libertad al haber cumplido con 20
años de la condena. Puesto que él es el único contacto humano que ella mantiene
le solicitan si podría conseguirle casa y trabajo cuando salga en libertad. Él le
realiza algunas visitas y le dice que
irá a buscarla cuando salga. Pero cuando llega el día de la libertad de Hanna y
él va en su busca le cuentan que ella se ha suicidado. Dejó para él un pedido:
que le lleve a la sobreviviente que la acusó una cajita de té con dinero para que haga con
él lo que quiera. Para cumplir con el pedido Michel viaja a ver a la
sobreviviente pero ésta rechaza el dinero, no quiere recibir nada de la asesina,
no obstante se queda con la cajita de té. Él, entonces, dona el dinero a una
entidad que promueve lecturas.
El reconocer el arrepentimiento y la conciencia
crítica que ella pudo adquirir a través de la lectura como lo demuestra a quien
dejó Hanna todo su dinero y el porqué rechazó la libertad suicidándose, Michel
logra, según interpreto, liberarse de este vínculo y desprenderse de su peso y
carga. Si es posible tomar por la lectura conciencia crítica y arrepentirse de
la crueldad ejercida sobre otros hay esperanza. Michel viaja con su hija, le
muestra la tumba de Hanna y le cuenta su historia y el porqué de su permanente
malestar.
Finalmente,
frente a la pregunta cómo puede ser que tanta gente, casi toda una sociedad pueda
en ciertos momentos ejercer sin piedad la peor de las crueldades? Considero que
Hanna Arent nos acerca alguna respuesta con su planteo sobre la banalidad del
mal, concepto escrito con referencia al juicio a Heichman, también considero lo
que escribió Dietrich Bonhoeffer, pastor
teólogo alemán encerrado y ejecutado en una celda nazi: “la estupidez es peor
que la maldad”. Esta aseveración del pastor resulta de la respuesta que
encuentra a la pregunta acerca de cómo
fue posible que gente buena, inteligente, de distintas profesiones hayan
adherido al nazismo, hayan podido obedecer órdenes y repetir eslóganes falaces.
Sintéticamente,
su hipótesis es que tantos alemanes adhirieran al llamado del mal del régimen
nazi es que éstos fueron seducidos para querer pertenecer a grupos poderosos y
para mantener la aprobación de los poderosos debían obedecerlos, renunciar a todo
juicio propio y pasar a ser simples instrumentos que justificaban acríticamente
todo. Es decir por ambición. Por ello, este autor considera que la estupidez no
admite ningún argumento distinto, nada que pueda poner en duda el que sostiene
el poder, no hay otra racionalidad que pueda convencerlo. El estúpido va a
ignorar todo otro argumento por más inteligente que sea, por eso Hanna Arent
dice que el mal es una banalidad, todos
hacen lo que se les manda. Para este
pastor, que sabe será ajusticiado por lo que piensa, lo que se necesita para
separarse de estos discursos que se presentan como verdad universal y emplean
la crueldad para expandirse y apropiarse de lo ajeno no es inteligencia sino CORAJE,
coraje que a él lo llevó a la muerte.
Dado este terrible
momento que estamos viviendo y al que me
referí al comienzo deposito la esperanza en que nos afirmemos en la herencia
pasada y presente de coraje, conciencia crítica y lucha que tenemos como pueblo
argentino, nos afirmemos en la herencia de las Madres de Plaza de Mayo con
Memoria, Verdad, Justicia para destronar para siempre el discurso de odio de la
ultraderecha neoliberal entregadora y fascista.
________
Nota realizada por: Raquel Kreichman
Colaboradora de:
Atrapados por la Imagen
Rosario - Argentina

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Make Up Artist Mónica Hidalgo
Models. Melody/ Leila

ATRAPADOS POR LA IMAGEN
"De Poetas Y Poemas"
Presenta a...
SUSI SANTIAGO
"Artista de Atrapados por la Imagen"
en...
"Tiempo Íntimo"
Edición: Editorial Atrapados por la Imagen
RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ
Registro de propiedad intelectual
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I
Muero,
muriendo en vos,
mi vida es artera,
la Parca es esquiva
II
Me oculto en mis huesos
me cobijo en mi piel
y, aún así,
las palabras me punzan dolorosamente
III
El sonido impregna cada poro,
resuena,
al vibrato del
corazón yerto
IV
Camino, caminando alucinada
mis pies echan raíces
y caigo
V
Aire espeso, caliente,
me sofoco respirando tu aliento,
en vano
VI
Integro y desarmo mi yo,
entre tus piernas,
aspiro con ansias el resto de tu alma
VII
¿Irte sin irme?
¿podés despojarme así de vos?
la espera me alcanza
estoy viva
_____________
Edición: Editorial Atrapados por la Imagen
Junio 2026
Corrección literaria: Isa Santoro
Maquetación y Edición: Laura Jakulis
Colaboradores: Marta Puey - Emilio Bertero

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