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miércoles, 20 de mayo de 2026

"Dios, Ayudame" - Autor: Hugo Filmore -

 

"Dios, Ayudame" 

Workshop Mirta Steinberg - Model Belen Prellezo.




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Iglesia Ntra Sra de Guadalupe - CABA - Autora: Claudia Molina -

 "Hay lugares donde el silencio también reza"




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Emilio hoy nos trae algo de . . .

 

EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN

Presenta: 


"Mis Héroes Literarios"


 IDEA Y CREACIÓN: Emilio Bertero


Roberto Bolaño

Escritor y poeta chileno

(1953-2003)


Hay un refrán que dice: “Unos nacen con estrella y otros nacen estrellados”. Lo recuerdo pensando en Bolaño, porque él nació con la estrella de un gran talento, pero con la desgracia de haber enfermado y muerto con apenas 50 años. No obstante, hizo en su corta vida mucho más de lo que algunos supuestos grandes hombres no han hecho ni harán así vivan doscientos años. Y no hablo solo de lo literario, sino también de su compromiso con la denuncia del horror de muchas circunstancias que lo acongojaron, algo que por ejemplo se nota marcadamente en su novela póstuma “2666” (publicada en 2004), en la que refiere con largueza a la desmesurada cantidad de feminicidios, la mayoría sin resolver, en Ciudad Juárez (México).
 




Bolaño emigró con toda su familia de Chile a Ciudad de México en 1968, adonde en 1975 fundó junto a Mario Santiago y una veintena de jóvenes poetas, en la casa de Bruno Montané, el infrarrealismo, un movimiento poético vanguardista y rebelde, una contracultura opuesta al canon literario instaurado en esos tiempos, con tanta virulencia que él y sus seguidores llegaron a interrumpir a los gritos recitales de partidarios de dicho canon. En 1976 redactó el primer manifiesto infrarrealista, que concluye con la famosa frase dirigida a los jóvenes poetas emergentes: “Déjenlo todo, nuevamente láncense a los caminos”. El infrarrealismo es una referencia angular en “Los detectives salvajes” (1998), para mi gusto y el de gran parte de la crítica, lo mejor que escribió.

Antes de esto, había regresado a Chile en 1973 para apoyar el proceso de reformas socialistas de
Salvador Allende (por ese tiempo Bolaño era trotskista, más adelante devendría ideológicamente en anarquista), pero tras el sangriento golpe de Pinochet, volvió a México, adonde residió hasta 1977 cuando se va a Barcelona, ciudad en la que ya vivía su mamá, y que tras algunos avatares acabó siendo donde murió. Así que, si bien es chileno, es en México adonde nace Bolaño como escritor y poeta.
Estando en Santiago, luego del golpe fue detenido cuando viajaba en un colectivo, estuvo preso una semana y la zafó gracias a un ex amigo que estaba entre la custodia y lo reconoció. Basado en esta vivencia escribió el cuento “Detectives”, incluido en la antología “Llamadas telefónicas” (1997) y publicado originalmente bajo su alter ego Arturo Belano.

Bruno Montané ya se había mudado a Cataluña y se reencontraron, pero a Mario Santiago recién lo ve, y por última vez, meses después en París, oportunidad en la que Bolaño da por terminada su etapa infrarrealista.
Mientras tanto, sin publicar nada rentable, en Cataluña y Francia se gana la vida trabajando de cualquier cosa que apareciera, “galgueando” como mozo de bar y bachero, sereno, recolector de basura, estibador, cosechero de vid, pero recién en los 80 y mudado a Gerona, a instancias de Antonio Di Benedetto (el autor de “Zama”, a quien espero dedicarle en algún momento una de estas notas) se presenta y gana varios concursos literarios merced a lo cual empieza a mejorar su economía y al fin, en 1984, logra su segunda publicación seria (la primera databa de mucho antes, 1976, “Reinventar el amor”, su primer libro de poesía, en la imprenta artesanal de México DF “Taller Martín Pescador”). Se trató de la novela “Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce”, escrita a dúo junto con el catalán A. G.

 Porta y ganadora del Premio Ámbito Literario.

Y ya lanzado, también en 1984, gana otro concurso con “La senda de los elefantes” (que luce una curiosidad, se publicaría en 1993, y seis años después, cosas de las editoriales, fue republicada con el título “Monsieur Pain”).

Desde 1984 ya estaba viviendo con Carolina, la madre de sus hijos Lautaro y Alexandra. El primero nace en 1990, y movido por la idea de que para atender a una familia sería más rentable la narrativa que la poesía, va abandonando ésta última y en 1993 publica la novela “La pista de hielo”. No obstante, lograría mucho más éxito con la publicación de “Los perros románticos” (1995), recopilación de sus poemas escritos entre 1977 y 1990, y ganador del Premio Literario Ciudad de Irún y el Premio Literarios Kutxa Ciudad de San Sebastián.

Pero Roberto ya no podía disfrutar de todo esto. Desde 1992 sabía de su enfermedad, y sabía que más temprano o más tarde sería la causa de su muerte. Por su vocación, pero en especial pensando en el sostén de su familia, durante más de 10 años prestó más atención a escribir que a cuidarse. De hecho, con el último aliento terminaría las más de mil páginas de “2666”, apostando a que los derechos de publicación fueran un legado económico para los suyos.

En 1996 publicó la novelas “La literatura nazi en América” y “Estrella distante”, ambas con gran éxito de la crítica, y en 1997 su primer libro de cuentos, “Llamadas telefónicas”, ganador del Premio Municipal de Santiago de Chile, el Premio Ámbito Literario de Narrativa y el Premio Literario Kutxa Ciudad de San Sebastián (éste último por “Sensini”, un cuento que dedicó a Antonio Di Benedetto, como muestra de gratitud por el animoso impulso que le prestó para poder arrancar con la literatura profesional).

Ya que recuerdo este evento vinculado con un escritor, me parece momento de mencionar la influencia que tuvo Bolaño de parte de Jorge Luis Borges, del que fue un gran admirador, y se dice que la arriba nombrada “La literatura nazi en América”, es una novela con la que Bolaño le rinde homenaje. No puedo aseverarlo porque aún no la leí, pero se me ocurre que valdría la pena.

En cambio sí leí “Estrella distante”. Según el mismo Bolaño, es una aproximación al “mal absoluto”. Es una especie de novela policial, pero escrita con recursos de alta literatura, lo que la convierte en prólogo estilístico de “Los detectives salvajes”, su obra consagratoria. Ambientada en Santiago de Chile, la novela está relatada en primera persona por su alter ego Arturo Belano, y arranca con la historia de un poeta que durante el gobierno de Allende asiste a talleres literarios, nada muy fuera de lo común, hasta que cuando Allende es derrocado por Pinochet, este poeta cobra marcado interés al revelar su verdadera identidad, la de un piloto de la Fuerza Aérea llamado Carlos Wieder, que escribe en el cielo manifestaciones poéticas a favor del nuevo régimen imperante, apoyadas no solamente en versos oscuros e intimidantes, pero de buena calidad, sino también en pasajes bíblicos, todo ello tendiente a provocar terror en la población que se oponga a Pinochet. El episodio más notable es el dibujo con el humo de su avión, de una bandera chilena con la estrella blanca esfumándose en el cielo. Yo vi en el título de la novela una referencia a este evento. Una estudiosa de la obra de Bolaño (María Luisa Fischer), lo dice de una manera más precisa: “…refiere a una mirada del pasado de Chile, que se puede ver alterado en el presente, de manera análoga a la luz que emite una estrella lejana, que podemos observar en el presente aunque ésta haya sido proyectada en un pasado remoto”.

El relator Belano está siempre en yunta con Bibiano O’Ryan, y sufren la detención, el exilio, la desaparición y los asesinatos de sus compañeros durante la dictadura. El mismo Belano es detenido y sufre la represión. Y Bolaño también va mechando historias de otros tres personajes importantes compañeros de Belano, Juan Stein que acabará siendo guerrillero en Centroamérica y África, Diego Soto, que en cambio se refugiará en Europa apartándose de toda forma de militancia, y la del patético Lorenzo, que perdió sus brazos en un accidente, se descubrió homosexual y encima le tocó crecer en el Chile de Pinochet. Peor imposible.

En los rasgos y vivencias de todos los personajes mencionados, Bolaño exhibe su tremendo talento, para dar un perfil de seres posibles, disímiles entre sí, como característicos de la época durante la que la novela escurre con, gracias a las peripecias que van acaeciendo, una fluidez, una cadencia rítmica tal, que impide que el lector se aburra ni por un momento.

Ahora, lo más importante de la novela, es la postura de Bolaño ante las canalladas de los seguidores de una dictadura fascista, el texto exhibe descarnadamente sus acciones y pensamientos, para mostrar que no se trata de una ideología, se trata de salvajismo, ferocidad, barbarie…
Dejo para el final (porque es más grato) la mención de Abel Romero, un detective, personaje muy importante tanto por el rol que desempeña como por el espíritu que anima a quien lo contrata, ya que su objetivo es, una vez acabado el pinochetismo, encontrar a Carlos Wieder e impedir que sus crímenes sean olvidados con impunidad. Incluso me gusta creer que Bolaño compensa a su sufriente alter ego, haciendo que Romero se le aparezca en Barcelona para pedirle ayuda en la búsqueda del aviador.

Llega 1998, el año del reconocimiento y la fama, porque se convierte en el primer escritor chileno en ganar el Premio Herralde de Novela gracias a “Los detectives salvajes”. También en 1998, gana el Rómulo Gallegos, y al año siguiente el Premio del Círculo de Críticos de Arte de Chile y el Premio Mejores Obras Literarias Publicadas del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile.

 “Los detectives salvajes”, para muchos “la gran novela latinoamericana”, es una literatura original, potente, agresiva… Disruptiva es el término que con más frecuencia usa la crítica, y realmente cuando leí esta novela, experimenté la sensación de que rompía con todo lo que conocía. Tiene justamente mucho que ver con el movimiento infrarrealista —en la novela lo denomina “realismo visceral”— del que hablé más atrás.

Déjenme citar textualmente a Juan Castellanos (La Izquierda Diario, enero/18), porque me resulta una pintura emocionante: “Bolaño escribió Los detectives salvajes y salvó la literatura latinoamericana del marasmo. Es un homenaje a la generación del setenta del Siglo XX, aquella que comenzó en 1968 y terminó con las dictaduras. Bolaño revive a ese espíritu de pérdida, de olvido. De quien solo puede estar completo desapareciendo. Revive la pretensión de las vanguardias artísticas de vincular la poesía al mundo de reventar la cultura oficial. Odiado por Octavio Paz y la cultura dominante, Roberto Bolaño realizó la más fascinante vinculación de la vida con la poesía. La Ciudad de México como una poesía en voz alta de quienes preferimos vivirla con los ojos cerrados corriendo en llamas hacia el abismo”.
La médula de la trama es la búsqueda durante 20 años (entre 1976 y 1996) de Cesárea Tinajero (fundadora del movimiento “realismo visceral”), a la que se lanzan los detectives salvajes (Arturo Belano y Ulises Lima, los nombres que en la novela Bolaño les da respectivamente a su alter ego y a Mario Santiago). Tinajero es una escritora que desapareció en México en los años inmediatamente posteriores a la Revolución, y nunca más se supo de ella.

Durante esos 20 años Bolaño lleva al lector por escenarios en México, Nicaragua, Estados Unidos, Francia, España, Austria, Israel, África, descriptos con imágenes que se ven con absoluta precisión, pese a que no necesariamente Bolaño los conoció en persona. En este aspecto, lo más notable es, en el capítulo final, el desierto de Sonora, que lo imaginó en base a la literatura en particular y rastreos bibliográficos en general, pero solo como apoyatura, pues en esas tremendas últimas páginas, lo construye como un lugar fantasmal y mítico antes que como un territorio geográfico.

La novela está relatada en primera persona, aunque no es siempre el mismo relator. Esto obedece a que tiene tres partes, a la primera y a la tercera Bolaño le entrega la voz al diario íntimo del personaje Juan García Madero, un joven poeta de solo 17 años, ingenuo, inexperto, muy funcional para dotar al relato de una mirada inocente, sin ocultamientos… “He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así… No sé muy bien en qué consiste el realismo visceral. Tengo diecisiete años, me llamo Juan García Madero, estoy en el primer semestre de la carrera de Derecho. Yo no quería estudiar Derecho sino Letras, pero mi tío insistió y al final acabé transigiendo. Soy huérfano. Seré abogado. Eso le dije a mi tío y a mi tía y luego me encerré en mi habitación y lloré toda la noche. O al menos una buena parte…”. Así arranca “Los detectives salvajes”.

Su segunda parte, también en primera persona, es polifónica, quiero decir que son testimonios de una buena cantidad de personajes diferentes, aportando sus miradas, ahora con mucho más “realismo visceral” que García Madero, sobre los dos personajes centrales.

Con esta arquitectura Bolaño edifica una novela atrapante a la que nada le falta: encuentros y desencuentros, amores y desamores, muertes, libros, escapes, hasta manicomios, todo lleno de espectacularidad y locura, todo acorde con la postura básica infrarrealista: “vivir mucho, leer mucho y follar mucho”, y siempre acorde a las acciones, pensamientos y sentires desesperados, oscuros, misteriosos, no exentos por momentos de una dosis de humor impío, de estos dos salvajes poetas. Y a su sombra, redondeando una excepcional galería de personajes, aparecen seres que bordean los límites de la angustia y la desolación, un fotógrafo, un neonazi, un torero retirado, una estudiante francesa lectora de Sade, una prostituta adolescente, una heroína uruguaya en el 68 latinoamericano, un abogado gallego herido por la poesía, un editor mexicano perseguido por unos sicarios…
La desesperación… de eso se trata. Cierro lo de esta novela con este fragmento: “Hay una literatura para cuando estás aburrido. Abunda. Hay una literatura para cuando estás calmado. Ésta es la mejor literatura, creo yo. También hay una literatura para cuando estás triste. Y hay una literatura para cuando estás alegre. Hay una literatura para cuando estás ávido de conocimiento. Y hay una literatura para cuando estás desesperado. Esta última es la que quisieron hacer Ulises Lima y Belano. Grave error…”.

En 1999 publica la novela Amuleto, a la que todavía no leí. Profundiza una de las historias breves narradas en “Los detectives salvajes”, la horrorosa experiencia de Auxilio Lacouture escondida en los baños de la Facultad de Filosofía y Letras durante la toma de la UNAM por el ejército en septiembre de 1968. Se inspira en la poeta uruguaya real Alcira Soust Scaffo.

Por la Feria del Libro, en noviembre de 1999, Bolaño viaja a Chile, en lo que acabaría siendo la última vez en su país natal. Aprovecha la ocasión para verse con la escritora Diamela Eltit y su esposo, el político izquierdista Jorge Arrate. Inspirado en este viaje, escribió “Nocturno de Chile”, publicado en el 2000, y al año siguiente “Putas asesinas”, su segundo libro de cuentos.

“Nocturno de Chile” es una novela que me resultó de buena a muy buena. Me costó al principio el registro narrativo, y también se me hizo pesado el texto sin organizar en capítulos, ni siquiera en párrafos, pero a las veinte o treinta páginas ya pude incorporar ese formato saludablemente.

El recuerdo febril del protagonista —en muchas partes me sonó onírico— está logrado con esa desprolijidad que solía tener Bolaño para narrar, y que uno no demora en darse cuenta que responde a una forma muy pensada y cuidadosa. Si escribiera lo mismo con prolijidad, el efecto no sería el mismo. También me gustó la progresión narrativa, porque hay un “in crescendo” que tiene en simultáneo no solamente episodios cada vez más intensos (hasta llegar a un final de gran impacto), sino también una profundización en el conocimiento de los rasgos del personaje, de manera que resulta una construcción a través de la cual el lector lo va conociendo a medida que avanza en la lectura, y recién en las últimas páginas tiene cabal entendimiento del pensamiento, la ideología de dicho personaje, que no lo he dicho hasta acá, se trata de un cura, viejo ya, memorando en una noche, una sola noche, sus vivencias en Chile durante los años previos a Allende, durante Allende, Pinochet y los primeros tiempos de la democracia.

Lo que no me gustó tanto, por una parte, ha sido el exceso (a veces abrumador) de referencias a autores y a episodios anecdóticos en la trama (una cuestión de curas europeos que entrenan halcones para cazar palomas y combatir así el daño que las cacas le hacen a las fachadas de las iglesias). Y por otra parte, la revelación explícita al final de quién es el “joven envejecido” (un personaje al que el cura habla y escucha en sus pensamientos durante su noche de fiebre), me estropea la sutileza que esa cuestión tenía hasta ahí. No obstante, fuera de esto que además es materia de opinión, la novela es 100% recomendable.

La antología “Putas asesinas” incluye el cuento que da título al libro, más “El Ojo Silva”, “Gómez Palacio”, “Últimos atardeceres en la Tierra”, “Días de 1978”, “Vagabundo en Francia y Bélgica”, “Prefiguración de Lalo Cura”, “El retorno”, “Buba”, “Dentista”, “Fotos”, “Carnet de baile” y “Encuentro con Enrique Lihn”.

A muchos los protagoniza su ya conocido alter ego Arturo Belano. A todos se les puede hallar algo distintivo, sea un propósito o el desarrollo de una forma literaria distinta, ninguno está escrito como mero entretenimiento de lectura, “Fotos”, “Carnet de baile”, “Encuentro con Enrique Lihn” y “Prefiguración de Lalo Cura” por ejemplo, tienen un párrafo único, “El Ojo Silva” se mete con la pedofilia, “Últimos atardeceres en la Tierra” con una distante relación padre-hijo, “Vagabundo en Francia y Bélgica” con la izquierda militante exiliada, “El retorno” y “Buba” con lo fantástico, la necrofilia, la magia negra…
“Ahora no hay tiempo para aburrirse, la felicidad desapareció en algún lugar de la tierra y solo queda el asombro”. Esta oración, extraída de “Prefiguración de Lalo Cura”, resume de algún modo lo que Bolaño nos dice con este libro.

El cuento que le da título es de un estilo original como todo lo Bolaño. Intercala párrafos en segunda persona de una mujer que interpela a un tipo que viene de ver un partido de fútbol de la selección española, con párrafos de un relator en tercera que describe pensamientos y sensaciones del tipo. Él es un nacionalista y la mujer alguien que va a buscarlo a la salida de la cancha para secuestrarlo después de cogérselo. Leído con frialdad es algo inverosímil, porque la mujer le habla describiéndolo por los festejos que le vio hacer por TV junto con otros miembros de la hinchada, va a buscarlo a la cancha y lo encuentra entre la multitud que deja el estadio. Pero Bolaño era Bolaño y hacía creíble lo que se le antojase. Y ya en casa de la mujer, la interpelación que a estas alturas se adivina muda, describe, perfila al hombre (…te gustan mis Reyes Católicos, te gusta la cerveza, te gusta tu patria…no te gustan los negros, no te gustan los maricas…). Y entonces la gran frase del cuento: “Las mujeres son putas asesinas, Max, son monos ateridos de frío que contemplan el horizonte desde un árbol enfermo, son princesas que buscan en la oscuridad, llorando, indagando las palabras que nunca podrán decir”. 
Para quien nunca leyó a Bolaño y quiere conocerlo, nada mal darle una probada con cualquiera de los cuentos de este libro.

En 2002 publica la novela “Amberes”, cuya primera versión databa de 1980. Tengo a su lectura como una asignatura pendiente, sobre todo teniendo en cuenta que poco antes de morir, en una entrevista Bolaño dijo de Amberes: “…me gusta mucho, tal vez porque cuando escribí esa novela yo era otro, en principio mucho más joven y quizás más valiente y mejor que ahora. Y el ejercicio de la literatura era mucho más radical que hoy, que procuro, dentro de ciertos límites, ser inteligible. Entonces me importaba un comino que me entendieran o no”.

Su último trabajo publicado en vida fue “Una novelita lumpen” (2002). Ambientada en Roma, una chica apenas mayor de edad y su hermano aún menor, quedan huérfanos tras la muerte de sus padres en un accidente. Muy acertada elección del relator en primera persona (Bianca, la hermana). Sus pensamientos, temores, fantasías, visiones, son de una gran potencia y, conforme la “novelita” progresa, contribuyen al crecimiento de la intrigante tensión lograda por Bolaño.
Transcribo una oración de esta interesante relatora: “Tenía miedo de ser una puta. No me hubiera gustado ser una puta. Sin embargo, intuía que todo era cuestión de acostumbrarse. A veces apretaba los puños, mientras estaba en la peluquería, trabajando, e intentaba imaginar mi futuro. Ladrona, asesina, vendedora de drogas al por menor, contrabandista, estafadora. No, estafadora probablemente no, porque los estafadores siempre tienen un maestro que les enseña, ¿y a mí quién me iba a enseñar nada?... En momentos de gran exaltación me veía como ladrona o asesina. En el fondo sabía que lo más viable era ser puta”.
Tras la orfandad, los chicos heredan apenas un departamento y una pensión mínima. Una asistente social acepta que la chica se haga cargo del hermano, evitándoles así separarlos y que el pibe vaya a una casa de acogida. Abandonan el colegio, ella empieza a trabajar en una peluquería, él en un gimnasio, trabajos de medio pelo para mejorar el pobre ingreso económico.

De buenas a primeras el chico instala en el departamento a dos supuestos amigos del gimnasio, descriptos con una facha y actitud tal que uno espera se aprovechen de los hermanos, violen a la chica y cosas así. Sorprendentemente, nada de eso ocurre, al contrario, aunque no aportan un céntimo, son limpios, ordenados, lavan, cocinan… Poco más adelante, con toda naturalidad, empiezan a tener sexo con la mujer noche tras noche. Aquí hay un quiebre, pues si bien se trata de sexo consentido y Bianca experimenta intensos orgasmos, es algo que la angustia.

Bolaño fue un tipo que escribió medio enrevesado, pero ni bien uno le agarra el estilo, unas pocas páginas, se disfruta muchísimo de quedarse pensando en adonde nos llevó, con qué nos identificamos, qué vimos…Para intentar explicarme mejor, va una cita de unas líneas pertenecientes al momento de la novela que referí antes: “Ahora sé que la cercanía no existe. Siempre alguien tiene los ojos cerrados. Uno ve cuando el otro no ve. El otro ve cuando uno no ve. Sólo una madre puede estar cerca, pero eso entonces era lo desconocido. Inexistente. Sólo existía el espejismo de la cercanía.”
Aparece entonces un personaje central de “Una novelita lumpen”. Los “inquilinos” le proponen a Bianca prestarse a ser la acompañante a domicilio de Macides, un físico culturista envejecido y ciego, en su juventud Mister Universo y protagonista de una saga de películas de acción, Maciste contra los tártaros, Maciste contra los vampiros y otros títulos así. Los dos “lúmpenes” (a esta altura está bien llamarlos así) piensan que Macides guarda una pequeña fortuna en una caja fuerte, siendo misión de Bianca descubrir la ubicación dentro de la casa, a la que comienza a frecuentar y esta es una parte, durante sus recorridas por los diferentes ambientes, adonde Bolaño se luce siguiendo las imágenes que describe, uno “las ve” como si estuviera caminando junto a Bianca.

Obviamente, el servicio de compañía incluye sexo, pero no es eso lo más importante de la relación. El hombre, que vive enclaustrado y desconfía de todo y de todos, cobra paulatina confianza en Bianca, y empiezan a desarrollarse entonces los aspectos más peculiares e interesantes de la psicología de estos dos personajes, incluyendo sugerencias de que se enamoran. No creo oportuno contar el desenlace de la trama, sí adelantar que se precipita cuando los dos tipos del gimnasio empiezan a impacientarse porque Bianca nunca descubre la ubicación de la caja fuerte, y decir que Bolaño desata con una gran maestría la enmarañada madeja dramática que creó.

Basada en “Una novelita lumpen”, Alicia Scherson guionó y dirigió “El futuro” (2013), la única adaptación cinematográfica de una obra de Bolaño. Se trata de un trabajo que aunque omite algunos episodios y detalles (de lo que solo criticaría haber excluido un serio empeoramiento de la situación económica poco antes del episodio Macides), sigue con bastante fidelidad el texto literario, y recrea logradamente su intriga, tensión, angustia, drama…Tiene muchas escenas en las ruinas romanas que empilchan la adaptación, reproduce el departamento de los hermanos y la casa de Macides como uno lo imaginó, pero sobre todo, es una cinta bien dirigida, con buenas actuaciones de Manuela Martelli como Bianca, y Rutger Hauer como Macides.




Fue seleccionada para el Festival de Cine de Sundance de 2013, y en el mismo año se consagró como mejor película en el Festival Internacional de Cine de Róterdam.

En el orden cronológico de la obra de Bolaño publicada en vida, me quedaron en el tintero, de género Poesía: “Fragmentos de la Universidad Desconocida” (1993), “El último salvaje” (1995) y “Tres” (2000). Nunca se publicó ni tengo referencia, pero nombrarla es una necesidad emocional, “Gorriones cogiendo altura” (1975, con Bruno Montané).

“El gaucho insufrible” (2003), primera publicación póstuma de la obra de Roberto Bolaño, y libro ganador en 2004 del Premio de Chile Altazor de narrativa, es una compilación de cinco cuentos y dos conferencias (“Literatura + Enfermedad = Enfermedad” y “Los mitos de Chtulhu”, que alude a Lovecraft). Los cuentos son “Jim”, “El gaucho insufrible”, “El policía de las ratas”, “El viaje de Álvaro Rousselot” y “Dos cuentos católicos”. Antes de morir, Bolaño ya los tenía listos para ser publicados, incluso “Jim” ya había aparecido en el diario chileno “Las últimas noticias” en septiembre de 2002.
“Jim” es el más breve de la publicación, y se gana al lector desde el mismo comienzo: “Hace muchos años tuve un amigo que se llamaba Jim y desde entonces nunca he vuelto a ver a un norteamericano más triste. Desesperados he visto muchos. Tristes, como Jim, ninguno”. Está inspirado en el dueño de una pizzería en México D.F., adonde a Bolaño le gustaba ir a comer cuando tenía algo de plata. En “Los detectives salvajes” hay un parrafito que alude a este personaje.
“El policía de las ratas” es una especie de policial negro narrado en primera persona por la rata Pepe, el Tira, o sea un policía, investigando el asesinato de una rata. Que el asesino sea una rata (“Pero las ratas no matan a las ratas, dijo el forense mirando otra vez el cadáver”), potencia el acento sobre el crimen e incrementa la intensidad del relato (que ya era bastante intenso, solo con la metáfora del cuento elegida por Bolaño). Fluido, intrigante, se lee de una sentada. Tiene al aditamento de que Pepe es sobrino de “Josefina la Cantora”, la rata de Kafka en “Josefina la cantora o el pueblo de los ratones”. En 2013 fue adaptado a teatro en España por Álex Rigola.
“El viaje de Álvaro Rousselot” cuenta del plagio que un cineasta francés le hace a un escritor argentino de los años cincuenta, de una novela en la que todos los personajes menos uno, están muertos.
“Dos cuentos católicos” relata el encuentro imposible entre un asesino serial y un adolescente lleno de tempranas problemáticas existenciales, ambos poseídos por la religión. Plagado de oscuridad y sarcasmo, revela claramente lo que Bolaño tenía en la cabeza con respecto a las cuestiones del catolicismo.

Y finalmente, el cuento que da título al libro está lleno de Argentina. Porque arranca con la crisis económica de principios de los 2000, que lleva al abogado retirado Manuel Pereda, hasta entonces un pequeño burgués ultra ordenado, racional, a retirarse a una estancia en La Pampa. Así nace entonces una muestra irónica, grotesca, de su (¿transformación?) de citadino a hombre de campo. Más allá de algunos pasajes graciosos, el texto desarrolla con una hondura tal que desata en el lector toda clase de reflexiones (sobre todo en aquel lector que haya vivido crisis económicas y existenciales), sobre el desconcierto de un hombre buscando un nuevo sentido en medio del desastre. Pereda quiere imitar al gaucho argentino habitante del campo en sus actividades, su vestimenta, sus costumbres, logrando solamente algo caricaturesco, rayano en lo trágico, en su patético intento de integrarse a la tradición de un país en descomposición.

Destaco algo que mencionan analistas especializados en la obra de Bolaño, más argentinidad en este cuento, y es que “El gaucho insufrible” se relaciona con “El sur”, de Borges, del que ya se dijo que Bolaño fue admirador. Hay una alusión cierta cuando Pereda espera en la estación de tren. Sin embargo, a diferencia del Juan Dahlmann de Borges, un personaje que al final muere con dignidad en un duelo en una pulpería, el Pereda de Bolaño es una representación, una mentira, lejos de ser un héroe es un “insufrible” torpe y comediesco.
Bolaño escribió este relato en tercera persona, pero es un narrador muy cercano a lo que realmente le pasa a Pereda, lo que realmente piensa, y gracias a esto juega con la ambigüedad (un rasgo muy marcado por los analistas) de que no se sabe si Pereda es un tipo que eligió a conciencia otra manera de vivir, o si la realidad lo ha desquiciado. Una tragicomedia.
En su nuevo hábitat, Pereda se desenvuelve en un espacio rural que ha dejado de ser el de la tradición gauchesca, es un ambiente degradado, lleno de conejos cuya población crece sin control (suele mencionarse que esto refiere a “Carta a una señorita en París”, de Cortázar), y no solo no hay vacas, no hay nada que lleve a la visión de la popular llanura pampeana, no hay nada que haga pensar en una actividad rural productiva. Como en paralelo, la ciudad de Buenos Aires se describe artificial y hueca, Bolaño presenta a un personaje a media agua, resistiendo penosamente entre dos mundos inciertos, una vida hecha de deshechos, una actuación que no se emparenta en nada con la realidad.

“2666” fue la primera obra póstuma publicada del género novela. Un texto magnífico, inundado de elementos imprescindibles para hacerlo único, lleno de riqueza narrativa, con personajes llamativos, intensos...en fin, como fue Bolaño. Multipremiada, es, hasta dónde sé, ganadora del Premio Salambó 2004 a la mejor novela escrita en español, el Premio Ciudad de Barcelona 2004, el Premio Fundación Lara a la novela mejor acogida por la prensa especializada, el Premio Altazor 2005, el Premio Municipal de Literatura de Santiago 2005, el National Book Critics Circle Award 2008, y el Premio de la revista Time a la mejor novela del año.

Es casi unánime considerarla una obra mayor. Las citas son innumerables y ya este texto se está haciendo demasiado largo como para transcribirlas, pero me quedo con la de Rodrigo Fresán: “El resultado es magnífico. Lo que aquí se persigue y se alcanza es la novela total, que ubica al autor de “2666” en el mismo equipo de Cervantes, Sterne, Melville, Proust, Musil y Pynchon”.
Prácticamente acabada antes de su muerte, más atrás lo comenté, la dejó con el plan de que fuese una saga de cinco libros (es una novela extensísima, más de 1000 páginas), para garantizar el sustento económico de su esposa e hijos, los que sin embargo acordaron en publicarla como una sola unidad, como Bolaño la había pensado originalmente.

Es un verdadero mamotreto y me llevó mucho tiempo leerla, particularmente por las numerosas y largamente detalladas, citas de los espantosos feminicidios que se suceden en Ciudad Juárez, México. De todas maneras, lo compensa largamente la capacidad imaginativa de Bolaño y el entender, al comienzo lo comenté, que la incesante repetición de los homicidios irresueltos de mujeres que contiene la obra, lo hizo no solamente por su funcionalidad a la misma (hay coincidencia generalizada en que esta parte es el nexo con el que Bolaño “cose” en la estructura a las otras cuatro partes que tiene 2666), sino también porque es un grito de denuncia.

Hilo argumental parecido, en “Los detectives salvajes” era Cesárea Tinajero, acá el personaje a encontrar es Benno Von Archimboldi, escritor alemán desaparecido en medio de Santa Teresa. Pero “2666” tiene largas cinco partes, la de las mujeres desaparecidas y asesinadas, cuatro estrictamente ligadas a Archimboldi, y un mayor número de personajes que lo rastrean.

En la primera parte, “La parte de los críticos”, un francés, un italiano, un español y una inglesa, nótese el mosaico de nacionalidades, cuatro profesores de literatura —expertos y con visiones similares de la obra del escritor perdido— se lanzan a buscar a Archimboldi. Esta parte no está exenta de amor y sexo, el francés y el español se acuestan con la inglesa, y aún metidos en el objeto de su misión, los tipos andan expectantes por la mujer. Un hombre les pasa el dato de que el buscado viajó a Santa Teresa, y hacia allí parten, excepto el italiano, al que su precaria salud le impide hacer viajes exigentes. Una vez en Santa Teresa se mandan un trío sexual, sale todo mal, la inglesa se vuelve a Londres y desde allí les manda un mail diciendo que está enamorada del italiano. “La parte de los críticos” acaba en desesperanza y tristeza, el francés y el español descreídos de que alguna vez hallarán a Archimboldi.
Óscar Amalfitano, el protagonista de “La parte de Amalfitano”, es un profesor de filosofía chileno, que estando en España se casó y tuvo una hija, pero constante con los desencantos amorosos que sufren los hombres en la novela, la mujer abandona a padre e hija. Varios años después regresa contando que tiene un hijo en Francia y se ha contagiado de sida. Amalfitano viaja a Santa Teresa con su hija a trabajar de profesor. De entre muchos episodios que muestran como Amalfitano se está volviendo loco paulatinamente, destaca cuando cuelga en el patio un libro de geometría, para que el libro aprenda “cuatro cosas de la vida real”.

En “La parte de Fate”, el protagonista es un periodista afroamericano que trabaja en una revista del Harlem para gente de color. Un episodio imprevisto lo lleva a tener que cubrir una insulsa pelea de box en Santa Teresa. Pero ni bien llega se entera de los feminicidios y pide permiso a la revista para hacer un reporte. Se lo niegan. Conoce a una periodista que irá a visitar a un norteamericano en prisión, sospechoso de ser el asesino serial. Cuando Fate tiene la oportunidad de conocerlo, Bolaño planta la sorprendente altura del hombre, que al cabo no tiene relación con ninguno de los hechos, sino que persigue el objeto metafórico de mostrar el tamaño del horror que se vive en Santa Teresa. Pero antes de eso, Bolaño vincula esta parte con la anterior, haciendo que Fate conozca a la hija de Amalfitano, que aterrado por lo que pueda pasarle a la chica, le pide a Fate que la saque de México, e incluso le da dinero para que lo haga.

“La parte de Archimboldi” cuenta su vida. Nacido con el nombre de Hans Reiter, de niño trabaja de sirviente porque en la escuela lo declaran inepto para el estudio. Pierde este trabajo, va a parar a Berlín, se alista en el ejército alemán y entra en combate durante la II Guerra Mundial. Archimboldi es un tipo grandote, parece blanco fácil durante la batalla, pero sorprendentemente las balas no le aciertan. Destinado a la Unión Soviética, aquí sí resulta herido, y en la residencia destinada a su convalecencia, encuentra escondido en una chimenea un manuscrito que habla de Archimboldo, un pintor italiano, nombre en el que se inspira para inventar su seudónimo. Poco después los alemanes empiezan a retirarse y Archimboldi se entrega al ejército norteamericano y va a parar a un campo de prisioneros hasta ser liberado. Empieza a escribir, ya como Benno Von Archimboldi, e incluso consigue que le publiquen sus obras, y con bastante éxito. A esta altura de la cuestión está viviendo en Venecia, y en la novela arranca, dentro de la misma parte, “La Narración de Lotte”, la hermana de Archimboldi.
Lotte habla de la admiración, de la devoción que le tenía al hermano cuando era niña. Crece, se casa, y tiene un hijo, joven muy conflictivo que termina emigrando a EEUU y sus padres le pierden todo rastro. Años después Lotte recibe un telegrama, su hijo está preso en Santa Teresa, acusado de los asesinatos de mujeres. Sí, es el tipo que conoce Fate al final de la tercera parte. Lotte viaja a México varias veces para tratar, sin éxito, de liberar a su hijo. En uno de los viajes compra en el aeropuerto una novela de Benno Von Archimboldi, y se da cuenta de que el autor es su hermano Hans. A través de terceros, Archimboldi ubica a Lotte en Alemania, habla con ella y decide viajar a México para ocuparse del sobrino.
Nada mal Bolaño para imaginar y entrelazar historias. Nada mal.

Otras de las publicaciones póstumas de Bolaño son, en género cuento: “Diario de bar” (2006, con A. G. Porta), “El secreto del mal” (2007), “El Tercer Reich” (2010), “Cuentos” (Recopilación de 2010), “Los sinsabores del verdadero policía” (2011), “El espíritu de la ciencia-ficción” (2016), “Sepulcros de vaqueros” (2017) y “Cuentos completos” (Recopilación de 2018), y en género poesía: “La Universidad Desconocida” (2007) y “Poesía reunida” (2010).

En lo que hace a Ensayos y/o Entrevistas, póstumamente fueron publicadas “Entre paréntesis” (2004), “Bolaño por sí mismo: entrevistas escogidas” (2011) y “A la intemperie: Colaboraciones periodísticas, intervenciones públicas y ensayos” (2018). Y muy recientemente se ha publicado “Notas para una autobiografía. Entrevistas 1975-2003”, que la editorial la señala como “una selección de entrevistas que trazan un recorrido biográfico e intelectual del autor…aparece el poeta joven y combativo, el lector voraz, el narrador, el artista que reflexiona sobre su propio oficio e incluso el autor laureado y respaldado por un cuerpo de obra inmenso que desconfía de los premios, relativiza el éxito y vuelve una y otra vez a la idea de literatura como forma de vida”.

Completando lo vinculado con la cinematografía, se han realizado tres documentales: “Bolaño cercano” (Guion y dirección Erik Haasnoot, sobre su vida y obra), “Roberto Bolaño: El último maldito” (de José Luis López-Linares, 2010, episodio del ciclo “Imprescindibles” de TVE, sobre sus últimos años en España), y “Roberto Bolaño, la batalla futura” (de Ricardo House, 2016, una trilogía cuya primera parte sigue a Bolaño durante su juventud en México, la segunda su vida en Cataluña, y la tercera su niñez en Chile y su retorno antes del golpe de estado).

Para teatro, fueron adaptadas “2666” (Álex Rigola, España 2007), “El policía de las ratas” (Álex Rigola, España 2013), “Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce” (Félix Pons, España 2014) y de nuevo “2666” (Robert Falls, USA 2016).


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Idea y creación: Emilio Bertero, 

Colaborador de:
Atrapados por la Imagen

Buenos Aires - Argentina

 


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martes, 19 de mayo de 2026

" El Nido Vacío " .- autora: Silvia Elena Lanza -

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"Pañuelo" - Autor: Carlos Silva -





 

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Provincia de La Rioja. "Talampaya" - autor: R. Jorge Ruiz Diaz -

 


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Mercado de Ing. Maschwitz - Pcia de Bs As - CLAUDIA MOLINA

 

- La luz se posa suave, como si el tiempo también quisiera quedarse -




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Workshop Mirta Steinberg - Fotografía: Hugo Filmore

 


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Maternidades....Ana Vaccari


 

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lunes, 18 de mayo de 2026

" Fuga por el Puente " .-Silvia Elena Lanza -

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El Sol de la Primera - RICKY KIMMICH -


 

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“Atrapado en tu despegue" - Autor: Rubén Blanco -

 


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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "Silencio" - Del escritor: Sebastián Rogelio Ocampo - Rosario - Argentina.


Atrapados por la Imagen


Presenta...

"Silencio"


Relato inédito para Atrapados por la Imagen

Del escritor: 


SEBASTIÁN ROGELIO OCAMPO 


"Artista de Atrapados por la Imagen" 


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.

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Relato inédito para Atrapados por la Imagen


"Silencio"
SEBASTIÁN ROGELIO OCAMPO


            Todo comenzó con cosas pequeñas. Yo le decía a Cecilia algo así como: ¿Me alcanzás la mayonesa? o ¿Preparás los mates? Y ella nada. Seguía con sus cosas como si nada. Si estaba comiendo seguía comiendo, si estaba barriendo seguía barriendo. Yo volvía a repetir: ¿me alcanzás la mayonesa? y entonces sí, me miraba con una expresión de sorpresa, y me pasaba la mayonesa. Fue cerca de la época en que llegó a mi casa una canasta con un rompecabezas. Tocaron el timbre, miré por el postillo y había una canasta frente a la puerta. Salí, la observé con desconfianza, después me di cuenta de que adentro tenía la caja de un rompecabezas. Había que armar la imagen de una galaxia. Hice espacio en mi escritorio y desparramé las fichas.

            Quise contarle a Cecilia del rompecabezas pero no me escuchó. Se lo dije una noche mientras cenábamos y nada. Otra noche antes de dormir mientras estábamos acostados y nada. Se lo repetí un par de veces, pero parecía no escuchar mis palabras. Después me pasó con el verdulero de la esquina. Le pedí zapallitos y el tipo pasó de largo. Tuve que agarrar los zapallitos del cajón, ponerlos en mi bolso y mostrárselos. Ahí fue que me cobró. Cuando saludé al colectivero tampoco me escuchó. Para tratar de calmarme me puse a armar el rompecabezas. Quinientas piezas había. La parte del centro de la galaxia me pareció accesible. No renegué mucho. Se lo quise contar a Cecilia. A la noche, los dos boca arriba en la cama, le conté lo del rompecabezas. No me contestó nada. Volví a contarle. Ella siguió en silencio. La sacudí.

-          ¿Por qué no me escuchás? – le pregunté.

-          Dejame dormir – dijo. Se dio vuelta, se tapó hasta los hombros y empezó a

roncar. Esa noche di vueltas en la cama. No me podía dormir. Me levanté, me hice un té de tilo y me puse a armar el rompecabezas. Al otro día, cuando entré en la oficina y saludé:

-          ¡Buenos días!

Nadie contestó. Agaché la cabeza y me encerré a trabajar. Llamé a mi hermano.

Le dije que algo raro me estaba pasando. No me escuchó. Volví a insistir, a tratar de explicarle lo que me estaba pasando. Me dijo: te dejo me voy a trabajar, y me cortó.

            Me empeñé en armar el rompecabezas. La parte del contorno era complicada. Todas las piezas oscuras. Me desesperé. Estuve hasta tarde en la noche. Descubrí que Cecilia había empezado a dormir sentada en el inodoro. Me hice más té de tilo. Golpeé la puerta del baño.

-          Cecilia… ¿Por qué dormís en el baño? ¿Qué está pasando? – le pregunté.

No me contestó. Escuché los ronquidos. Al otro día me encontré con mi mejor

amigo. Le quise contar que nadie me escuchaba, que no sabía qué estaba sucediendo, que Cecilia había empezado a dormir sentada en el inodoro. Mis palabras se perdían inconsistentes en el aire. Mi amigo no me escuchó. Me contó que se iba a tomar unos días en el trabajo, que se iba de viaje.

            Fui hasta la iglesia. En el confesionario intenté decirle al cura lo que me estaba pasando.

-          Rezá diez padres nuestros y cinco avemarías – me contestó, no hizo ningún

comentario sobre mi situación.

            Empecé a buscar la forma de decir las cosas más elegantemente, pensé que había algo en mi elocuencia que impedía que me escucharan, pero nada. Intenté usar frases más cortas, contar sin rodeos, cambiar el tono de voz. Nada. Nadie me escuchaba. Me concentré en la resolución del rompecabezas. Logré avanzar en el armado. Cecilia seguía durmiendo en el baño. Quise contarle de nuevo a algún amigo. Quise contarle lo que me pasaba, lo de Cecilia, lo del rompecabezas. Hablaba, les hablaba, le contaba a la gente lo que me pasaba y nada, mis palabras atravesaban el mundo sin decir nada. Empecé a gritar. Nadie parecía darse cuenta. Fui a un psicólogo, él me escucharía, era su deber, pero tampoco lo hizo. Me di cuenta porque miraba todo el tiempo el reloj para ver cuando terminaba la sesión.

            Hablar y que nadie te escuche.

            Una noche subí a la terraza y grité, grité con todos mis músculos, con todos mis pulmones, con toda mi fuerza. Grité hasta quedar cansado. Después me tiré boca arriba. Las estrellas salpicadas allá arriba como al capricho de algún Dios. Estaba agitado. De pronto pegué un último grito, con la boca inmensa, hasta desgarrarme, escuché el estallido de algunos vidrios. Tal vez el espejo del baño, eso despertaría a Cecilia. Finalmente hubo silencio, mucho silencio, sordo silencio.

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Mayo 2026



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