Fotografías de autor

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jueves, 8 de octubre de 2026

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "DELO POR HECHO" (Aguafuerte) - Del escritor: Juan José Vitiello - Rosario - Argentina -

 

ATRAPADOS POR LA IMAGEN 


 Presenta a: Juan José Vitiello

"Artista de Atrapados por la Imagen"

en:

"Delo por hecho" 
(Aguafuerte) 


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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Atrapados por la Imagen es ese rincón donde siempre hay lugar para una historia nueva, una foto, un poema o una idea que pide ser compartida. Un espacio hecho entre todos, donde crear, descubrir y encontrarnos es parte de la aventura.


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Cuento inédito para Atrapados por la Imagen

"delo por Hecho"
JUAN JOSÉ VITIELLO


*Al Toba Gamboa y la Vivi Nardoni

 

            El finado Pelagatti no podía con su genio de solucionador general.

Decirle a un potencial cliente que no podía o no sabía lo dejaba desguarnecido ante su propio orgullo. Y aquella vez necesitaba, además, lo que venga en plata o especias.

De profesión “metalúrgico” había arreglado techumbres sibilantes en medio de tormentas, tractores atascados en barros épicos, portones de iglesias, orugas de tanques de guerra y hasta cierres averiados por roces indiscretos en vestidos de satén de damas en baile.

Planteado el problema, el hombre miraba en pesado silencio, el desperfecto de cuerpo presente que le arrimaban o con el mismo talante se trasladaba con su pequeño equipo de estudio y trabajo hasta el sitio donde lo esperaba aquello que, de arranque, venía acompañado de palabras y gestos de  inquietud y premura por parte del cliente.

Invariablemente, por pequeño que fuera el objeto portador de malestares mecánicos, el “Pela” se alejaba unos pasos hacia atrás como para patear un tiro libre buscando un punto de observación clarificador.

Se tomaba la pera y bichando de reojo al interesado comenzaba, por fin a hablar.

Su voz aguda y amplificada por la soberbia profesional normalmente sobresaltaba al interlocutor ya acostumbrado al silencio prolongado y enigmático. Unas pocas frases con términos poco reconocibles para el poseedor del problema constituían diagnóstico de certeza y dictamen inapelable. No conocía la derrota y podía dejar para lo último hablar del precio del trabajo.

           Un invierno del 83 se presentaron en su casa un flaco canoso y muy alto con ropas deportivas y un enano con gorrita.

Como en una escena guionada, el “Pela” miró hacia arriba y hacia abajo tratando de componer el cuadro dislocado  que a primera vista no encajaba en la noción de realidad con la que encaraba sus días.

Sin saludar movió la cabeza interrogando. Ambos visitantes le dijeron:

— Buenos días.

— Buenos días – contestó haciendo una mueca de confusión con  los labios.

— Nos dijeron que acá…

— Les dijeron bien.

— Pasa que…

— ¿Cuál es el problema?

— …

— ¿Dónde es?

— Mire, si nos deja pasar…es un poco largo de contar.

— Pasen por acá al costadito, al taller. Tengo mates y bizcochos.

El “Pela” no se permitía sorprenderse por la rareza o la envergadura de los problemas que le traían.

El flaco envió una mirada indicativa hacia la radio que colgaba junto a la jaula del loro en señal de que el volumen tan alto le iba a impedir hablar. El local consintió a los visitantes y apagó los acordes de D’Arienzo mientras el loro salmodiaba. Alcanzó unos banquitos, ensilló el mate y alzando la mano ritualmente inauguró la inesperada tertulia.

— Vea señor…

— Juan Carlos, “Pela”, “Chito”, Juan está bien.

— Vea Juan. Acá con el colega — el flaco señaló hacia abajo y el enano miró a su compañero rascándose la cabeza — estamos comisionados por el señor Quinto De Souza dueño del Gran Circo “California”,  que como usted sabe está instalado en la Sociedad Rural.

— Ah, sí.

— Bueno, yo soy Walter “El hombre Bala” y como le decía, el señor de Souza nos ha enviado aquí por recomendación de alguien para ver si usted puede arreglar el cañón. O sea… — dijo el flaco señalándose con ambas manos como dando a entender sin necesidad que se trataba de artillería de ficción.

— No me diga - dijo el “Pela” estudiando pormenorizadamente al proyectil que le hablaba — y el “quía” ¿qué calibre es? — dijo despachando una carcajada y señalando con el dedo mayor al enano —Disculpe, una chanza. Delo por hecho.

El flaco se recompuso de la súbita falta de respeto perorando acerca del complejo mecanismo de resorte que impulsaba su escueta humanidad por el aire mientras sonaba con medida simultaneidad un truco de pirotecnia que completaba el dramático momento. Durante unos pocos pero tensos segundos su cuerpo envuelto en falso humo, papelitos metálicos y gritos de asombro describía una parábola hasta dar en una pequeña red de la que salía entre aplausos.

— Imagínese, junto con los trapecistas soy la mayor atracción. El circo se desmerece…

— No hablemos más —dijo el decidido metalúrgico. Cebó una rápida vuelta de mate, preparó una caja de madera con herramientas, acompañó hasta la calle al  curioso dúo de artistas y los invitó a subir a su furgoncito.

— ¿Se lastimó alguna vez en este laburo?_ quiso saber el “Pela”

— Una sola vez — habló por primera vez el enano — y no fue con el cañón, el tragafuegos le quemó la espalda. Estaba de asistente. Hay que hacer de todo. A mí el que lanza cuchillos…

— Vamos a lo nuestro-  interrumpió molesto Walter.

—En cuantito lleguemos — dijo manejando torpemente el desvencijado furgón en cuyo único asiento se amontonaban los tres — Pero hace tanto que no voy al circo. Vi a los rusos, esos son fantásticos… ¡los trapecistas! ¿Los trapecistas de ustedes tienen red?

— Claro, por supuesto — intervino el enano.

— Eso es como chupar una teta con corpiño, disculpe que le diga.

Después de esa sentencia  carraspearon de a ratos los tres hasta llegar a la esquina donde se levantaba o mejor, asomaba la carpa de una sola pista del “Gran Circo California”.

Enseguida se apearon y trotando entraron al predio mientras De Souza salía a recibirlos con una bata plateada y una redecilla en la cabeza.

El sujeto lucía unos bigotitos de alcahuete y fumaba con boquilla. Detrás suyo una dama cuyo rostro no había podido resarcirse de los golpes que la vida le había propinado, sacaba a pasear una silueta de pantera de pañolenci.

Todo el personal estaba a medio vestir, a medio maquillar, a medio despertar, a medio esfumarse, traficando entre vagones descoloridos, jaulas de leones desdentados y monos canallescos.  

Nuestro hombre pisó con descuido las virutas esparcidas y sólo con gestos le hizo saber al patrón que quería meter manos en el asunto.

El cañón tenía un digno parecido con los verdaderos. Su parte trasera mostraba las roturas padecidas tras algunos lustros de disparos de cotillón.

El especialista se ubicó en su tradicional posición de observador y en menos que un gallo canta anotó en una libreta una lista de repuestos y accesorios.

Mientras curioseaba el patio trasero de la vida circense acompañado por De Souza, la dama en lucha con el tiempo y una pequeña tropa de fenómenos que lo observaban como el extraño que en definitiva era, en una carreta de mano le alcanzaron lo pedido.

— ¿Todo eso?—  se asombró el reaparecido Walter, ya sin el enano.

Siendo el principal protagonista de lo que venga, quería asegurarse  una eficaz reparación.

El “Pela” entró en estado de meditación profunda, luego elongó músculos y finalmente se hundió en un frenesí de rápidos y calculados movimientos. Envuelto en chispas y golpes, arrancó, atornilló, soldó, pulió y finalmente después de un resuello mostró a la admirada tropilla de rarezas un robusto mecanismo de elásticos de camión, resortes de ascensor, cremallera y manija.

El último paso consistió en explicar a los encargados del disparo la forma de operar el dispositivo de gran técnica que estaba presentándoles.

— Una vez introducida la bala, si me permite — comenzó diciendo el hombre a los artilleros— accionan la manija en este sentido, RACA-TACA-TACA— imitando el sonido de la uña de fijación contra el engranaje— y otra vuelta, RACA-TACA-TACA- y otra más ¿se entiende?

Con las manos en la cintura, dudas y respeto, todos asintieron.

— ¡Vamos a probar! — dijo el manido dueño del circo con un payaso a cada lado-  pero con todo, que vengan los músicos. Hay que sincronizar desde la presentación.

Walter, decidido y ansioso daba saltitos preparatorios. El enano   trepado a una escalera de palitos ponía papelitos metalizados por la boca del cañón ya en ángulo de disparo. Un payaso atendía el petardo y un trompetista soplaba graznidos que prometían acción. Tres tambores machacaban marciales redobles de suspenso. El mismísimo De Souza, quitada la bata, haciendo bocina con una mano anunciaba — ¡Respetable público! Van a presenciar ustedes al intrépido Walter…— una andanada de elogios a grito pelado atrajo a todo el personal artístico devenido ahora en respetable público.

El “Pela” mediante señas ampulosas indicaba a los operadores del arma los movimientos de manija. Walter se calzó un casquito ridículo y se introdujo previo saludo por la boca del cañón.

El metalúrgico, ebrio de omnipotencia y sediento de gloria, se alejó algunos pasos para contemplar mejor su obra. Oyó el RACA-TACA-TACA una, dos, tres veces. Se alejó un poco más y entonces en fracciones de segundo su cráneo computó distancias, trazó trayectorias, calculó pesos, fuerzas y tensiones. Sintió que las leyes de la física lo mandaban en cana. Newton en persona pareció sacudirlo por los hombros.

Ahogado su grito por el petardo, su brazo extendido, su cuerpo lanzado no pudieron decir a tiempo —¡¡¡No saqués la chaveta!!!

Bombardas, cañones, obuses, morteros oxidados en antiguos campos de batalla. Artilleros napoleónicos, bombarderos corsarios se unieron en un lamento colegiado.

El noble y baqueteado Walter. El caballero balístico, carne de cañón, surcó propiamente como una bala, los escasos veinte metros de pista, más gradas. Con los brazos pegados al cuerpo se llevó consigo un cuarto de carpa remendada, postes, faroles, sogas, redes y accesorios, orgullos, prestigios y glorias.

— En esto de los fierros todo tiene arreglo — Dice el “Pela” manipulando unas piezas metálicas.

— Si, voy aprendiendo— dice Walter — Ya soy metalúrgico.

— Vamos que ya empieza la reunión de la agrupación.


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 Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 

©Juan José Vitiello


Rosario - Argentina

 Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

OCTUBRE 2026




Agradecemos a todos nuestros amigos, lectores y seguidores, por sus visitas y valoraciones.


Afectuosamente...


Administración de Atrapados por la Imagen.
Directora: Laura Jakulis

“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra” 

 

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

Hoy, 8 de octubre, ¡Atrapados está de Fiesta!

 Festejamos el cumpleaños de nuestra querida amiga y fundadora de Atrapados por la Imagen, Laura Jakulis



"No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente"

Virginia Woolf


Hoy, toda la comunidad de Atrapados por la Imagen quiere abrazarte y desearte un día lleno de alegría, cariño y momentos inolvidables.

Porque detrás de esta hermosa comunidad está tu mirada, tu pasión y ese sueño que un día comenzó y que, con el tiempo, se convirtió en un espacio donde muchas personas compartimos nuestra pasión por la fotografía, la literatura, y el arte en general. 

Gracias por crear, por inspirar y por hacer de Atrapados por la Imagen un lugar de encuentro y de amistad.

 ¡Feliz cumplevida, querida Amiga!

Que la vida te siga regalando infinitas imágenes para atrapar y muchos sueños para compartir.

Con todo nuestro cariño, la comunidad de Atrapados por la Imagen.




Directora: Laura Jakuli

Correctora literaria: Isabel Santoro

Colaboradores: Marta Puey - Emilio Bertero



Diseño de Tarjeta: Julieta Casola Valussi (atrapadita)





miércoles, 7 de octubre de 2026

" El Inca " .- ( Contrapicado desde la terraza pº 10 del Palacio Salvo ).

Fotografía: Hugo Filmore

 

Workshop: Mirta Steinberg 

Mke Up: Miriam Miguel - Model: Luli Ruiz.



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Ultimos días de verano - Roberto Jorge Escudero


 

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Lago de Carhué. Ramón Jorge Ruiz Diaz -


 

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Haciendo equilibrio - Plaza del Carmen - Madrid - Claudia Molina-

 


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"La puertita" - Ana Vaccari

 


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lunes, 5 de octubre de 2026

" Hermoso atardecer " .- Silvia Elena Lanza

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La Alegría - Ricky Kimmich -

 


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Parroquia San José - Madrid - España - CLAUDIA MOLINA -

 


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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "EL SUEÑO DE ALMA Y LA MISIÓN DE TOMÁS" - Un cuento de la escritora: Jorgelina Presta - Rosario - Argentina -

 

 ATRAPADOS POR LA IMAGEN


Cuentos y Relatos Presenta a:


JORGELINA PRESTA


"Artista de Atrapados por la Imagen"

En...


 "EL SUEÑO DE ALMA Y LA MISIÓN DE TOMÁS"

 Relato Inédito para Atrapados por la Imagen

"Basado en un hecho real"

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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Un cuento inédito para Atrapados por la Imagen

"EL SUEÑO DE ALMA Y LA MISIÓN DE TOMÁS"

Jorgelina Presta



-¿Qué va a ser de esta criatura cuando envejezcamos Martín?-

-No sé María, no te angusties. Más de lo que hacemos es imposible-

María y Martín hablaban de su hijo  de 10 años, Tomás, un niño de mirada triste, algunos rasgos autistas y secuela de parálisis cerebral. La indicación de los múltiples  especialistas a los que habían visitado era la internación, durante el día, en alguna clínica de neurorehabilitación, cosa que era prácticamente imposible por el alto costo de las mismas.

María era docente, trabajaba  durante la mañana en la misma escuela donde asistía Tomás. Martín era empleado de una fábrica metalúrgica.

Una tarde, hablando con Luis, el nuevo médico de la fábrica, surge en la conversación el tema de su hijo. Martín le comentaba que no notaba mejoría franca,  a pesar de los diversos tratamientos que se le implementaban: la dificultad para  caminar había mejorado un poco, pero persistía la debilidad en la mano izquierda  y era  casi nula la comunicación que tenía con   la gente que lo rodeaba.

 Luis le aconsejó que llevara al niño a ver a Alma, una médica que, según él,  tenía mucha experiencia en el tema y atendía en un pueblo  cerca de la ciudad.

Alma era una mujer  de  aproximadamente 70 años, de baja estatura, cabello canoso, ondulado, grandes  ojos pardos, viuda, sin hijos  y poseedora de una sabiduría y energía  inefables .Había compartido con su esposo, durante toda la vida una pasión enorme   por los caballos, a los cuales le adjudicaban una extraordinaria capacidad sanadora.

Cuando Juan, su esposo, murió le encargó con ahínco el cuidado  de los  siete caballos que poseían, tres árabes y cuatro criollos. Habían vivido en una  casa pequeña, con el consultorio al lado; y   un gran terreno atrás, donde estaban las caballerizas.

Con la pérdida de Juan, Alma  entró en una profunda depresión y decidió trasladarse con sus caballos a un pueblo lindero a  Rosario. Allí estaba en paz, en  una cabañita rodeada de árboles, pájaros  y los establos que ella misma había armado.

 María y Martín decidieron llevar a Tomás a una consulta con ella. Cuando llegaron al lugar, una tarde de primavera, se estremecieron ante  tan grandiosa belleza .Alma estaba  leyendo bajo un ombú, al lado de la cabaña.

-Hola, ¿cómo están?, me comentó Luis que vendrían. Vos sos Tomás, ¿no?- dijo Alma dirigiéndose al niño, logrando cambiar un poquito el brillo de sus ojitos.

-Sí, venimos a una consulta-, respondió María.

-Bueno, no hay problema, vengan acompáñenme, primero quiero mostrarles el predio- Martín y María se miraron extrañados.

-¡Qué increíble es todo esto!-exclamó María.

Acostumbrado a las lúgubres salas de espera de los médicos que lo atendían, Tomás  se asombró, comenzó a mirar hacia todos lados, y dijo:-mamá; ¿Me puedo quedar?-

-No, la doctora te va a revisar y nos dirá cuando volvemos-

-¡Miren! –exclamó Alma, apuntando con el dedo a los boxes: -ellos son  Nano,   Tobi,  Garufa,  Relincho ,  Manuel y Beto . Y por acá…. Samanta-, una hermosa yegua alazana. –Tengo que tenerla más separada porque los locos se pelean por ella.-

-¡Qué lindoooos!-, exclamó Tomás.

-Mirá,-dijo Alma,-éste va a ser el tuyo-, señalando al Tobi, un tobiano de aproximadamente un metro setenta de alzada, grandes ancas, brillante pelaje y nobles ojos sarcos.

A Tomás se le iluminó la mirada y esbozó una sonrisa.

Luego de interrogar a los padres y revisar a Tomás, Alma culminó diciendo:-el viernes  a las cuatro  de la tarde estaremos  esperándote, vas a venir  tres veces por semana, ¡¡¡te vas a divertir mucho!!!-

María preguntó:-¿Cuáles son sus honorarios  Doctora?-

-Después hablamos, no pienses en eso ahora-

Llegó el día esperado: el viernes. Ese día, ya desde  las  tres de la tarde estaban  Alma  con el Tobi  al lado, esperando a Tomás.

 Apenas llegó el niño  con   su papá, Alma dijo:-Bueno Tomás, trabajaremos durante  dos horas, y luego tu papi podrá venir a buscarte-

Dentro de la cabaña había una bolsa  grande llena de pan y zanahorias, cepillos, rasquetas, trapos, y obviamente: las monturas, los frenos y los bozales.

La sesión comenzó con caricias y luego la limpieza del pelaje con la rasqueta, y   el cepillado de las crines  y de  la larga cola, para posteriormente sacarle las lagañas de los ojos con un trapo limpio. Y al final... el mejor momento, darle de comer en la boca  pedacitos de pan y zanahorias. La mirada de  Tomás cambió, y observaba con alegría, los ojos  agradecidos del Tobi.

Pasaban las semanas y  parecía otra persona, se relacionaba más con sus compañeros  y hablaba mucho con sus padres de las experiencias vividas con Alma y el tobiano. Entre el caballo y el niño se había establecido un vínculo muy especial. Se entendían. El tobi obedecía  a todas sus órdenes y lo seguía para todos lados. Alma se sentía plena.

         Un miércoles, estando Martín y María en el predio, Tomás le dice a Alma:

-¡Quiero subir en el tobiano!-

Los padres quedaron atónitos con la reacción de su hijo.

-Bueno el viernes subirás, te lo prometo-, contestó Alma.

Llegó el viernes, y el Tobi ya estaba ensillado desde temprano.

Tomás venía con María en el colectivo comentándole que hoy montaría al Tobi, era un gran desafío para él.

Cuando arribaron, la médica gritó: -¡¡Te estamos esperando Tomás!!-

Corriendo, y sin esperar explicación alguna por parte de Alma, el niño subió por una rampa, especialmente diseñada, y trepó al caballo. Agarró con dificultad, pero con confianza las riendas, y lo sacó al tranco, luego al trote  y después al galope.

-No lo puedo creer, ¡¡¡vuela!!!-, gritó su madre.

-¡Viste como mejoró tu hijo!-, agregó Alma. María rió de felicidad!

Con el paso de los años, Tomás se convirtió en la mano derecha  de Alma. Entre los dos armaron un Centro de  terapia  con equinos y lograron la recuperación de muchos niños y adultos.

Luego de 15 años, Alma, enfermó  gravemente. El joven tenía  ya 25 años.

Una fría tarde de julio, desde la cama, la mujer llamó a Tomás, quien corrió rápidamente a verla. La encontró con los ojos cerrados y  entre las manos, la foto de Juan. En ese instante,  Tomás lloró y la abrazó. Ella  abrió  los ojos por última vez, y le dijo: -Niño, me llama Juan, te encargo los caballos. Me voy tranquila, he cumplido mi sueño y vos estás cumpliendo tu misión.

 

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  Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©Jorgelina Presta

Rosario - Argentina

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro


OCTUBRE 2026







Directora: Laura Jakulis

“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra” 

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domingo, 4 de octubre de 2026

" De a tres " .-Silvia Lanza

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Foto: Hugo Filmore - "Green·"

 

Foto: Hugo Filmore  

Make Up:  Analía Gómez Lima -model:Anne Borgomovo



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DOMINGOS DE CURIOSIDADES. HOY, EL HOMBRE CONTROLADOR DEL UNIVERSO, DE DIEGO RIVERA

 EL HOMBRE CONTROLADOR DEL UNIVERSO, EL MURAL QUE DIEGO RIVERA PINTÓ DOS VECES






En los primeros años de la década de 1930, el nombre de Diego Rivera ya había cruzado las fronteras de México. El artista que había regresado a su país nueve años antes para llenar de murales los muros de la Secretaría de Educación Pública se había convertido en una de las figuras centrales del muralismo mexicano y en uno de sus representantes más reconocidos.


Por entonces, Rivera comenzaba a mirar hacia el norte. Había recibido invitaciones para pintar en los Estados Unidos y sus obras ya podían verse en San Francisco y en el Detroit Institute of Arts. Mientras tanto, en el corazón de Nueva York, entre andamios y enormes estructuras de acero, comenzaba a levantarse el Rockefeller Center, el ambicioso proyecto de una de las familias más poderosas del país. La ciudad crecía hacia el cielo y, a pocas calles, otra multitud hacía fila frente al MoMA. A fines de 1931, miles de personas llegaban para descubrir los ocho murales que Rivera había realizado allí in situ. Un artista mexicano acababa de convertirse en una figura de alcance internacional.

Pero Nueva York todavía le tenía reservada una historia que terminaría convirtiéndose en una de las más curiosas de su trayectoria. Un mural, un encargo, una figura que no debía estar allí y una decisión que haría que Rivera tuviera que pintar la misma obra dos veces.

Hoy, en Domingos de Curiosidades, te invito a descubrir la historia de “El hombre controlador del universo” y los detalles que, tal vez, no conocías.


Un encargo que parecía perfecto

La noticia de que Diego Rivera estaba causando sensación en Nueva York llegó hasta Abby Rockefeller, mecenas y esposa del magnate John D. Rockefeller Jr. Fue ella quien influyó para que su hijo, Nelson Rockefeller, se acercara al artista mexicano con una propuesta extraordinaria: pintar un mural de 99 metros cuadrados que ocuparía el lugar central del 30 Rockefeller Plaza, uno de los edificios más emblemáticos del nuevo complejo.



La elección de Rivera no había sido casual. Antes, el arquitecto Raymond Hood, responsable del proyecto, había intentado conseguir una obra de Henri Matisse o Pablo Picasso para recibir a quienes ingresaran al edificio. Ninguna de esas gestiones prosperó y entonces la mirada se dirigió hacia aquel mexicano que estaba revolucionando Nueva York con sus murales.

El acuerdo, sin embargo, no fue sencillo. Rivera estuvo a punto de abandonarlo en más de una oportunidad. Los Rockefeller preferían inicialmente una obra en tonos grises y tenían otras expectativas respecto del artista. Finalmente, después de largas negociaciones, llegaron a un entendimiento. Solo había una condición: el mural debía ser lo suficientemente profundo como para que quien lo contemplara se detuviera, aunque fuera por un instante, a pensar.



Rivera aceptó el desafío y comenzó a imaginar una obra monumental. La llamó “El hombre en el cruce de caminos” (Man at the Crossroads), una composición en la que la ciencia, el progreso y el destino de la humanidad quedarían atrapados en una misma escena.

En el centro colocó a un obrero que controla una enorme máquina, rodeado de engranajes que parecen sostener el mundo. A su alrededor, Rivera enfrentó dos realidades que atravesaban al siglo XX: el capitalismo y el socialismo. Arriba y abajo, cerca y lejos, el microcosmos y el universo se encontraban en una misma obra: células, virus y bacterias convivían con estrellas, planetas y nebulosas.



Pero aquella reflexión sobre el futuro de la humanidad pronto comenzaría a incomodar a quienes habían contratado al artista. Rivera no estaba pintando simplemente un mural para decorar un edificio. Estaba dejando allí, frente a los ojos de todos, sus propias ideas sobre el mundo.


El conflicto con Rockefeller

A medida que avanzaba el trabajo, Rivera comenzó a incorporar nuevas figuras y referencias políticas a la obra. Entre ellas apareció Vladimir Lenin, cuya presencia pronto se convirtió en el centro de una disputa con los Rockefeller.

Nelson Rockefeller le pidió al artista que retirara el rostro del líder soviético. Rivera se negó. Para él, eliminar a Lenin significaba modificar el sentido de una obra que había concebido como una representación de las fuerzas políticas que atravesaban su época.

El desacuerdo fue creciendo hasta que, el 9 de mayo de 1933, Rivera y sus asistentes fueron expulsados del edificio. Rockefeller pagó el monto acordado, pero ordenó cubrir el mural.



La obra permaneció oculta durante varios meses, hasta que en 1934 los trabajadores del Rockefeller Center finalmente la arrancaron de la pared. Parecía el final de aquella historia. Sin embargo, antes de que el mural desapareciera, Lucienne Bloch, asistente de Rivera, había logrado fotografiarlo clandestinamente.




Una segunda vida en México


El 29 de noviembre de 1934, cuando el Palacio de Bellas Artes abrió sus puertas en la Ciudad de México, el público pudo contemplar la nueva versión de El hombre, controlador del universo. Rivera había reconstruido allí el mural que había sido destruido en Nueva York, ayudándose de las fotografías que su asistente Lucienne Bloch había tomado antes de que la obra desapareciera. Con sus 4,80 por 11,40 metros, la pintura volvió a ocupar un espacio monumental, aunque ya no era exactamente la misma: Rivera había incorporado nuevos elementos y ampliado su mirada sobre el mundo que lo rodeaba.




El mural está organizado alrededor de una figura central: un obrero vestido con su overol, que sostiene dos palancas y parece controlar una enorme máquina. Desde ese centro se abren dos grandes elipses luminosas. Una conduce hacia el macrocosmos, entre estrellas, planetas y nebulosas; la otra se interna en el microcosmos, donde aparecen células, bacterias y formas diminutas de vida. El hombre queda así situado entre dos universos, como si pudiera intervenir tanto en lo infinitamente grande como en lo infinitamente pequeño.

A partir de ese eje, la composición se divide en dos grandes escenas contrapuestas. En una de ellas, Rivera presenta distintos aspectos de la sociedad capitalista: las diferencias de clase, el poder económico, los lujos de las clases altas, la represión y la guerra. En la otra, despliega imágenes vinculadas al mundo socialista y a los trabajadores, con una mirada mucho más cercana a la idea de solidaridad y transformación social. Más que dos escenas independientes, ambas forman parte de una misma construcción visual, atravesada por las tensiones políticas de su tiempo.

En el sector asociado al capitalismo aparecen dos esculturas que llaman especialmente la atención. Una representa una figura semejante a Zeus, el dios de la mitología griega, aunque incorpora elementos vinculados con la tradición cristiana. Lleva un objeto semejante a una cruz sobre el pecho y reúne, en una misma imagen, referencias a distintas formas de creencia religiosa. La figura ha sido interpretada como una representación del orden religioso y de las creencias del mundo occidental.



Frente a ella aparece una estatua de un antiguo césar, sin cabeza, que sostiene un objeto en el que puede reconocerse una esvástica. La interpretación de esta imagen no es única. Para algunos análisis representa la caída del fascismo; para otros, forma parte de una crítica más amplia a las estructuras tradicionales del poder político y religioso. La cabeza de la estatua, mientras tanto, yace en el suelo y se ha convertido en asiento para los trabajadores. El detalle resulta especialmente significativo dentro de una obra en la que las antiguas formas de autoridad aparecen enfrentadas a un nuevo orden social.



Debajo de la figura religiosa aparece Charles Darwin, reconocible por la representación de un cráneo humano. Su presencia introduce la ciencia y la teoría de la evolución en medio de un universo dominado por símbolos religiosos, políticos y sociales. La figura de Darwin establece así otro de los contrastes que atraviesan el mural: la búsqueda científica del conocimiento frente a las explicaciones basadas en la fe y la tradición.



Pero la ciencia tampoco aparece aislada de los conflictos de su tiempo. En la parte superior de este sector avanzan soldados de la Primera Guerra Mundial, mientras en otros espacios pueden verse policías, enfrentamientos y escenas de represión. La ciencia, que en el mural representa la capacidad humana para conocer y transformar la naturaleza, convive de este modo con el uso destructivo de ese mismo conocimiento.

En el otro lado de la composición aparecen Lenin, Trotsky, Karl Marx y Friedrich Engels junto a trabajadores de distintas procedencias que se toman de las manos. La escena ha sido interpretada como una representación de solidaridad entre los trabajadores y como una expresión de las ideas socialistas que Rivera admiraba. La presencia de Lenin fue, precisamente, uno de los elementos que provocó el conflicto con los Rockefeller y terminó convirtiéndose en una de las claves de la historia del mural.



También aparecen policías y escenas de tensión en ambos sectores, aunque su representación es diferente. Mientras en el lado asociado al capitalismo se los observa participando de actos de represión, en el otro se mezclan con la multitud. El contraste refuerza la oposición que Rivera construyó entre ambos mundos, aunque la obra no deja de mostrar que la violencia y el conflicto atraviesan toda la composición.

En la parte inferior aparecen además soldados con máscaras de gas, marchando bajo banderas de distintas naciones. Rivera realizó el mural durante una época marcada por el ascenso del fascismo y por el temor a una nueva guerra. Esas figuras introducen una amenaza que parece avanzar sobre la escena y recuerdan que, detrás de las grandes disputas ideológicas, también estaba la violencia que podía caer sobre millones de personas.

Entre las multitudes del sector capitalista aparece otro detalle especialmente provocador: John D. Rockefeller Jr., quien había encargado la obra. Rivera lo representó bebiendo junto a un grupo de mujeres de la alta sociedad. La escena adquiría una carga particular por las conocidas posiciones de la familia Rockefeller respecto de la abstinencia y su apoyo a las leyes de la Prohibición.



Sobre aquella escena puede observarse además una representación de la bacteria de la sífilis. Algunos estudios e interpretaciones posteriores han relacionado este detalle con una crítica a la corrupción moral de las clases privilegiadas. Sin embargo, esa lectura pertenece al análisis de la obra y no a una explicación pública del propio Rivera, por lo que es mejor entenderla como una de las posibles capas de significado que ofrece el mural.

Y cuanto más se lo observa, más detalles aparecen. La religión, la ciencia, el poder, la guerra, las diferencias sociales, el capitalismo y el socialismo se encuentran reunidos alrededor de aquel trabajador que permanece en el centro. No es un héroe individual ni un personaje de rasgos idealizados: es un hombre anónimo, vestido con su overol, convertido en el punto de unión de todos esos mundos.



Diego Rivera había perdido su primer mural en Nueva York, pero consiguió darle una segunda vida en México. Allí, lejos de los muros del Rockefeller Center, la obra volvió a encontrarse con la mirada de quienes se detenían y se detienen ante ella. Y quizás esa sea su verdadera victoria: que después de tantos años, después de haber sido destruida y reconstruida, siga allí, inmensa y silenciosa, invitándonos a mirar un poco más allá de lo que aparece a primera vista.


Idea, investigación y edición: Isa Santoro
Administradora de Atrapados por la Imagen



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