Fotografías de autor

Atrapados por la Imagen es un espacio donde las historias encuentran su forma, ya sea en palabras, en fotos o en la mezcla mágica de ambas. Somos una página editorial que apuesta por la sensibilidad, la mirada personal y el disfrute de contar. ¡Bienvenidos!

jueves, 23 de julio de 2026

costurera del tiempo- custodio de puertas



 

TRUCO


 

Rosedal de Palermo - CABA - Claudia Molina -

 

"La belleza no necesita prisa"


 

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" El Tajamar en la chacra de la tía Tere " .-Silvia Elena Lanza

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"La República de los niños" - R. Jorge Ruiz Diaz


 

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Santa Cruz - R. Jorge Ruiz Diaz -

 



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EN PUERTO - Luisa Amador Robayna-


 

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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: “Tiempo de Grafito” - Poema Inédito de la Escritora: Susi Santiago - Rosario - Argentina

 

 ATRAPADOS POR LA IMAGEN


"De Poetas  Y Poemas"


Presenta a...


SUSI SANTIAGO


"Artista de Atrapados por la Imagen" 


en...

"Tiempo de Grafito"


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.

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Poema inédito para Atrapados por la Imagen

"Tiempo de Grafito"

SUSI SANTIAGO



No está mi lápiz,

el que tiene mis huellas,

ese, el que forma un hilo continuo desde mi alma y las palabras, al papel.

Sin él, no puedo,

es mi extensión, mi mano lo extraña y las palabras,

las palabras

se agolpan

se confunden

se atraviesan

se revelan

se agazapan.

Busco y rebusco, vuelvo y revuelvo y lo encuentro.

Me siento y espero

lápiz en mano, papel en blanco.

Silencio.

No es su culpa.

Hoy las musas se fueron de fiesta,

 y esas, mis palabras,

las acompañan alegremente.


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 Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©Susi Santiago

Rosario - Argentina

Ilustración: Imagen libre de la Web.

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

Julio 2026

Corrección literaria: Isa Santoro

Maquetación y Edición: Laura Jakulis

Colaboradores: Marta Puey - Emilio Bertero


Agradecemos a todos nuestros amigos, lectores y seguidores, por sus visitas y valoraciones.


Afectuosamente...


Administración de Atrapados por la Imagen.

Directora: Laura Jakulis

“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra” 


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martes, 21 de julio de 2026

" Juntos bailando los dos " .- SILVIA ELENA LANZA

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Fotografía: Hugo Filmore -

El Pierrot- Workshop Mirta Steinberg - Model Gonzalo Diaz.




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Serie: "Días de lluvia" - MIGUEL ÁNGEL CUESTA -

 






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Jardín Botánico- CABA - CLAUDIA MOLINA -

 - Un susurro en color lila -



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Momentos....Ana Vaccari


 

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lunes, 20 de julio de 2026

" Reflejos y Neblina en el Puerto " .- Silvia Elena Lanza

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" Autopista" autor: Juan José Vitiello

 



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Una tarde - Roberto Jorge Escudero -


 

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Firmes en la Niebla - Ricky Kimmich

 


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BODEGÓN - Luisa Amador Robayna


 

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BODEGÓN. - Luisa Amador


 

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"un día de lluvia" - Miguel Ángel Cuesta -


 

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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN PRESENTA : "Mutanza" - Relato inédito de la escritora: NATALIA CASOLA - Buenos Aires - Argentina

 

ATRAPADOS POR LA IMAGEN 


Cuentos y Relatos Presenta a...

 NATALIA CASOLA

"Artista de Atrapados por la Imagen"

en: 

"Mutanza"


___ Relato inédito ___


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen


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REGISTRO DE PROPIEDAD INTELECTUAL

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Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.

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Cuento inédito para Atrapados por la Imagen

"Mutanza"

NATALIA CASOLA

           

      Cuando la tarde comenzaba a morir, Sara comprobó que la mancha de humedad que acechaba en el ángulo derecho del techo de su habitación había crecido. Hacía casi quince días que no paraba de llover y Buenos Aires, para esas cosas, es implacable.

Se subió a la cama para verla más de cerca, pero apenas logró acortar la distancia. Entonces corrió con cuidado el caminito blanco tejido al crochet y los alhajeros de la cómoda, se subió a ella y ganó altura. Desde esa nueva posición la veía mucho mejor: la mancha tenía formas raras. Era el signo inequívoco de que lo único que cabía hacer era mudarse.

A la mañana siguiente comenzó la campaña. Primero sutil, casi suave; después abierta y hostil. Se propuso, con todas sus fuerzas, convencer a Héctor de que lo único capaz de poner fin a su infelicidad era abandonar esa casa echada a perder.

Sara ya soñaba con su casa nueva. Quizás, esta vez, podía acercarse un poco a la avenida. La idea la excitaba, pero también le daba miedo. Más cerca implicaba ruido, bocinazos, movimiento: todo lo que atentaba contra la pulcritud de su vereda. No estaba del todo segura de eso. De lo que sí estaba segura era de que debía mudarse.

No era la primera vez que Sara se mudaba. Siempre dentro del mismo barrio, eso sí: no fuera cosa de que el cambio resultara excesivo. La primera vez fue por una lauchita que entró por el patio trasero y se atrevió a cruzar, insolente, la cocina. La segunda, por el botiquín del baño, que cometió el error de caerse.

Para Sara, esos eventos arruinaban las casas. El enamoramiento con la siguiente duraba lo que tardaba en romperse algo. Las roturas le resultaban insoportables. Después de eso, siempre venía algo peor. Ella lo sabía.

La gimnasia de mudarse, sin embargo, le había dejado una ventaja: un orden ya predispuesto. Como si las cosas mismas quedaran a la espera del próximo traslado. Yacían tranquilas en sus contenedores, listas para el siguiente viaje en camión. Sara nunca salía de vacaciones. Quizás por eso se mudaba tanto: por cambiar de paisaje, por alterar la rutina, incluso si ese cambio nacía de una fatalidad.

A Héctor, por su lado, le daba lo mismo. Hacía tiempo que estaba resignado a esa vida nómade, siempre dentro de un radio que lo dejara a tiro de Pizza 10. Esa era su única condición, su debilidad. Casi le gustaba la idea de que la próxima casa quedara un poco más lejos, para poder caminar y hacer algo de ejercicio entre empanada y empanada.

Héctor no tenía aspiraciones particulares: la comida, Independiente y las peleas de boxeo por televisión le alcanzaban. Todo eso podía ocurrir en cualquier casa. Solo quería que Sara dejara de hablarle. Si mudarse era la forma de mantenerla entretenida por un tiempo, que así fuera.

Al cabo de unos meses lograron concretar la transacción. “A tiempo”, pensó Sara, que vigilaba varias veces al día la mancha de humedad y siempre comprobaba que había crecido un poco más. A veces le hacía marcas, como si midiera el crecimiento de un hijo.

La noche anterior a la mudanza soñó que la mancha se abría en un hueco del que emergían hormigas que, a toda velocidad, se dispersaban como un ejército tomando el dormitorio.

Cuando llegó a la casa nueva, no tan cerca de la avenida, finalmente, respiró hondo.
—Al fin en casa —dijo.

El sueño la golpeó con fuerza. Se dirigió a la habitación que la esperaba con la cama recién armada, se acostó con la firme decisión de descansar y se durmió al instante.

A la mañana siguiente, después de un sueño reparador, se levantó a hacerse unos mates y comprobó que Héctor ya no estaba. Su soledad entera en esa casa. Su sola presencia.

Hasta que no.

Al principio le pareció que no, pero sí. Sí.

El alambre del tejido apenas cedía en dos hilos cuando Sara lo advirtió. Por ese agujero mínimo, un bichito pujaba por entrar, usando todas sus fuerzas para agrandarlo. Como un preso en un campo de concentración, buscaba el otro lado de esa enorme reja universal que lo retenía afuera.

Cuando Sara se acercó, el bichito se quedó inmóvil, fingiendo no existir, intentando mimetizarse con el tejido. Imposible.

Y entonces ocurrió lo único que el bichito no esperaba.

Sara se echó a llorar, maldiciendo su mala suerte, su vida imperfecta, sus casas irremediablemente sucias, imposibles de arreglar. Agarró la escoba, el balde y todo lo necesario para limpiar esa pocilga que acababa de comprar.

Limpió como siempre: obsesivamente. Sin dejar de pensar, ni un instante, en esos hilos del tejido que, a diferencia de ella, habían logrado escapar a su destino.

Y así siguió: llorando, limpiando y calculando cuánto tiempo debía dejar pasar antes de decirle a Héctor que tampoco esa sería su última casa.


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    Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©NATALIA CASOLA

Buenos Aires  - Argentina

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

Ilustración: Imagen libre de la Web

Julio 2026



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Directora: Laura Jakulis



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