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martes, 14 de julio de 2026

Jardín Japonés - CABA - Claudia Molina -

- Un instante de pura naturaleza -


 
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Emilio hoy nos trae algo de . . .

 

EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN

Presenta: 

"Mis Héroes Literarios"


 IDEA Y CREACIÓN: Emilio Bertero

________

Michel Houellebecq

Poeta, novelista y ensayista francés

Saint Pierre, Isla de Reunión, 1956



Michel Houellebecq
EMILIO BERTERO

 
Se trata del más polémico escritor francés contemporáneo. Hijo de militantes comunistas (aunque más tirando a hippies que a militantes serios) que lo abandonaron afectivamente desde muy chico, a sus 6 años fue prácticamente adoptado por Henriette Thomas, su abuela paterna, también comunista, y a quien evidentemente Michel más quiso en sus primeros años, al punto que tomó como apellido Houellebecq, porque es el apellido de soltera de esta abuela.
Es un escritor tremendamente controversial tanto en su literatura como en su vida, aunque en rigor es medio lo mismo, porque de un modo u otro ha volcado en su literatura las posturas que tiene ante la vida. Por ejemplo, detesta el fundamentalismo de las religiones islámicas, e incluso debió afrontar un juicio por incitación al odio racial, a causa de unos comentarios que vertió públicamente sobre el islamismo durante eventos publicitarios por el lanzamiento de su novela “Plataforma”, la que de hecho tiene episodios que ofendieron muchísimo a los islámicos.
Por un lado, se dice que su ideología es de ultraderecha, incluso que simpatiza con Trump. Pero por el otro, se sabe que rechaza fuertemente al capitalismo, a la globalización y a las economías liberales. Yo hallé en sus textos más de esto último que de lo primero y por ello me animé a proponer esta colaboración. Pero que ha desatado debate es indudable. Ojalá muchos amigos y amigas de “Atrapados por la Imagen” puedan hacer aportes que enriquezcan y/o corrijan estos comentarios.
Sus detractores más extremos expresan que sus textos reflejan misoginia y racismo, más un acendrado e irreversible pesimismo. No obstante, quizás haya otra verdad. Houellebecq escribe en general sobre las ansiedades y temores de la sociedad actual europea, la miseria afectiva y sexual del hombre occidental, y en lo que respecta a lo que he leído de él, podrían tratarse de realidades muchas veces difíciles de ser aceptadas, digeridas. Al respecto, “Mi escritura es mi forma de supervivencia emocional y no busca provocar, sino describir la realidad con crudeza”, es una interesante frase que leí de la transcripción de una de las tantas entrevistas que le han hecho.
De todas maneras, irrumpió como un tsunami en la nueva literatura francesa, rompiendo moldes y estructuras tanto en lo que hace a las temáticas de sus obras como a su estilo literario. O como suele decirse de él, su ausencia de estilo, lo que para mi gusto no estoy seguro de que sea tan así, si no que más bien se trate de un estilo propio que los puristas no logran encuadrar en ningún canon.
La mayor influencia de su mirada sobre la condición humana, se la debe a Lovecraft, al que en su adolescencia leyó con un entusiasmo rayano en la obsesión. Más adelante, le dedicaría uno de sus ensayos.
En su vida hay un período, entre 1975 y 1994, sin gran destaque en lo literario. Casi sin esfuerzo, porque fue un estudiante notable, se tituló como agrónomo en 1980, se casó y tuvo un hijo, se divorció y entró en un estado depresivo durante el que escribió y publicó en revistas poesías no muy memoradas.

Pero en 1994 acontece el gran salto. Es cuando publica “Ampliación del campo de batalla”, su primera novela, toda una muestra de lo mencionado al principio, en este caso en cuanto a su descarnada visión negativa de las relaciones de pareja bajo el signo del neoliberalismo, vacías de valores que enriquezcan y satisfagan más allá de solo y puro narcisismo.
Relatada en primera persona, el protagonista es un ingeniero treintañero que se gana la vida vendiendo, con hastío y repulsa, productos informáticos. Por su repugnancia hacia las mujeres, no física sino psíquica, intelectual, lleva dos años de castidad.
No está escrita con prolijidad, al contrario (igual, siempre que noto esto pienso en la influencia de la traducción que toque), pero sea como sea, el texto es llano, escurre con fluidez, se lee con mucha facilidad, es como que fuera demasiado sencillo como para revelar con claridad más que meridiana la profundidad de lo que Houellebecq quiere esencialmente decir. En efecto, el autor transmite acabadamente en la novela, su sentir acerca de los perdedores económicos y sexuales de la sociedad neoliberal, pertenecientes a todas las edades y clases sociales. Sigue al respecto un párrafo que destaco: "Definitivamente, me decía, no hay duda de que en nuestra sociedad el sexo representa un segundo sistema de diferenciación, con completa independencia del dinero; y se comporta como un sistema de diferenciación tan implacable, al menos, como éste. Por otra parte, los efectos de ambos sistemas son estrictamente equivalentes. Igual que el liberalismo económico desenfrenado, y por motivos análogos, el liberalismo sexual produce fenómenos de empobrecimiento absoluto. Algunos hacen el amor todos los días; otros cinco o seis veces en su vida, o nunca. Algunos hacen el amor con docenas de mujeres; otros con ninguna. Es lo que se llama la ley del mercado”.
Pese a la reserva con la que originalmente fue recibida por la crítica, “Ampliación del campo de batalla“ se considera hoy novela de culto, y ha sido premiada con el Prix Flore de primera novela y con el Premio Nacional de las Letras, otorgado por el Ministerio de Cultura francés.

En su siguiente novela, “Las partículas elementales” (1998), ganadora del Prix Novembre, Houellebecq continua, tal vez profundiza, la tónica del trasfondo de su anterior novela. La crítica especializada, que supuso que el éxito de “Ampliación…” significaría debut y despedida, tuvo que guardar “violín en bolsa” y empezar a admitir que el tipo había llegado para quedarse, porque “Las partículas elementales” fue un best seller que no se limitó solamente a Francia, y en el año de su publicación Houellebecq se alzó con el Premio Nacional de las Letras para jóvenes talentos, y en 2002 el Premio Literario Internacional IMPAC de Dublín.
No obstante, desató opiniones sumamente encontradas. Por un lado, los grupos feministas detestaron a la novela y al mismo Houellebecq (quien no se preocupó en decir que una cosa era él y otra los personajes literarios, así que vaya uno a saber), acusándolo de misógino y de valorar a la mujer solo por su atractivo físico y/o sexual. Y Michiko Kakutani, la famosa crítica del New York Times, calificó a la obra como “profundamente repugnante…sobrevalorada, nihilista y anti humanista”. Pero, por otra parte, para la mayoría de la crítica, y los lectores que la convirtieron en un éxito de venta en todo el mundo, se trata de una novela superior que es un fiel reflejo, una radiografía, de las crisis y males contemporáneos.
A mí me pareció magnífica. Básicamente, es la historia de dos hermanos, uno de ellos, Michel, un científico que persigue ciegamente resolver las mierdas del ser humano a través de la genética, y el otro, Bruno, un profesor racista y pornógrafo (por este rasgo del personaje, suele clasificarse a la novela, muy livianamente, dentro del género “erotismo”, nada más alejado de la realidad). Y atenti, Michel y Bruno son hermanastros nacidos de madre hippie, Bruno es abandonado con sus abuelos maternos y Michel es criado por su abuela paterna…igual que Houellebecq.
Un parrafito a cuento: “En el dormitorio del primer piso había una peste insoportable; el sol que entraba por el ventanal iluminaba con violencia las baldosas negras y blancas. Su hijo reptaba torpemente por el suelo, resbalando de vez en cuando en un charco de orina o de excrementos. Guiñaba los ojos y gemía sin parar. Al percibir una presencia humana, intentó huir. Marc lo cogió en brazos; aterrorizada, la criatura temblaba en sus manos (...). Desde ese día, Michel vivió con su abuela.”
A Bruno le va peor. A sus 11 años mueren los abuelos que lo tenían a cargo, y los padres lo depositan en un internado adonde otros chicos lo someten, golpean y abusan sexualmente. En una parte de “Las partículas elementales”, Houellebecq manifiesta: “A la mayoría de los chicos, sobre todo cuando forman pandillas, les gusta infligir humillaciones y torturas a los seres más débiles. Al principio de la adolescencia, sobre todo, el salvajismo alcanza proporciones inauditas”.
El autor impacta angustiosamente con las consecuencias de esas infancias de abandono, transmite la dolorosa incapacidad de los chicos, una vez adultos, para construir relaciones y vidas sexuales sanas, y el drama desesperante de que no consigan sostener su yo. Pero, además, y no muy tangencialmente, Houellebecq expone sin medias tintas su mirada acerca de rasgos desagradables de la sociedad francesa del tiempo en que la novela fue escrita, remarcando la mera valoración, por encima de todo, de sexo, aspecto físico, juventud, fuerza, vida libertina. Quizás esta denuncia haya desatado la furia de muchos de los detractores —sobre todo fueron franceses quienes más lo atacaron—, algo así como lo de matar al mensajero.
El título de la novela, que al cabo y relacionado con las investigaciones de Michel, uno podría decir que es una obra de ciencia ficción, se relaciona fundamentalmente con el final, redondo y consistente con toda la historia.
Aunque descripta en términos generales parecería una propuesta sencilla, tiene sus vericuetos y abordarla me resultó dificultoso. Pero leer esta novela vale toda la pena, imposible quedar indiferente, la leí hace mucho tiempo y aún la recuerdo de cuando en vez.
 


Las interrelaciones de los personajes son importantes, y de pronto empezaron a confundirme, de modo que, para ayudarme a seguirlas, me hice una especie de diagramita con los principales vínculos a lo largo de los años referidos de la trama.
Harto de ser criticado y perseguido, se fue de Francia y se instaló en Almería, España. En el 2000 publicó “Lanzarote”, una nouvelle que todavía no leí. La temática es “el decadente universo turístico de las Islas Canarias”. Já, se fue de Francia por culpa de molestar a los franceses con su literatura, va a España y se mete con uno de sus emblemáticos paraísos turísticos.
Su siguiente publicación fue “Plataforma” (2001). Otro escándalo. Se trata de una novela que ataca con crudeza a Tailandia como destino prioritario de turismo sexual y, a la vez, como ya mencioné al principio, al islam, con la infortunada coincidencia de que el libro fuera presentado muy poco antes del 11/09/2001. Sumando su declaración de que el islam era una religión idiota (y otras expresiones agresivas así), muchas instituciones islamitas radicadas en Francia, lo llevaron a juicio por difamación, zafando merced a oponer en su defensa la libertad de expresión.
Esta novela también me gustó, y mucho. Y me afirmo en la idea de que las críticas negativas pasan más por el hecho de que con una obra realista, Houellebecq descorre el cínico velo que cubre, bajo aparentes formas de libertad y falta de prejuicios, indignantes y rentables negocios montados sobre la trata de personas y la prostitución, incluyendo el comercio de infantes y adolescentes. Baste mencionar el epígrafe de Balzac con que abre la novela: “Cuanto más infame es su vida, más la valora el hombre; y entonces es una protesta, una venganza de todos los instantes”.

El protagonista y narrador, Michel, es un soltero cuarentón, funcionario público gris, chato, rutinario, solitario, emocionalmente muy limitado. La muerte del padre medio lo moviliza, y usando parte de la herencia que le deja el viejo, se va de vacaciones a Tailandia con la intención de hundirse en el propagandeado paraíso de sexo intenso a plena disposición. Por el viaje conoce a Valérie, directiva de la operadora turística, la mujer se le acerca con intenciones de seducirlo, pero Michel es tan tímido y reprimido que, pese a sentirse enamorado, hace que la cosa no prospere en un primer momento. Regresados a París, en un último intento Valérie le da su número de teléfono, Michel acaba llamándola y, tras alguno avatares no del todo sencillos, inician una relación romántica, o mejor dicho íntima, el protagonista se prohíbe siquiera mencionar la palabra amor, así que el sexo es pilar fundamental de la relación. Meten negocios de por medio (una plataforma digital de turismo, de ahí el título de la novela) cuando deciden asociarse para “crear una red mundial de colonias turísticas en las que el sexo se practique libremente, los deseos estén en venta y la prostitución sea legal” (en cursiva, extracto de la sinopsis de “Lecturalia”).
En cuanto a las partes de la novela que enfurecieron a los islámicos, lo más sustantivo pasa, hablando en general, por la exposición de un occidente con su fe puesta solo en el hedonismo, opuesto al fundamentalismo de las creencias del mundo árabe, a las que muchos dichos puestos en boca de algunos de los personajes, atacan inmoderadamente. Y en lo particular, la cuestión arranca porque al padre de Michel lo asesina el hermano de su asistente árabe, así que de movida queda instalada una franca hostilidad hacia lo musulmán. Y lo más feroz y trascendente, hacia el final de la novela, un sangriento atentado terrorista en uno de los complejos turísticos.

Su siguiente novela fue “La posibilidad de una isla” (2005). Aún no tuve la suerte de leerla. Sé que es una mezcla de ciencia ficción y asuntos sobre sectas. En la mayoría de las sinopsis, reseñas, críticas, han dicho que es su obra menos lograda. Houellebecq repite lo ya hecho en novelas anteriores en el sentido de que Daniel, el protagonista, es un alter ego suyo. Dice David Pérez Vega: “…se pueden rastrear las relaciones que guarda su protagonista, Daniel, con su autor: ambos encumbrados por una sociedad, que consideran decadente, gracias a sus ideas cínicas (las de uno expresadas mediante sus espectáculos cómicos y las del otro mediante la literatura); ambos han sido acusado de racistas e islamófobos por sus palabras y ambos (posiblemente) están obsesionados con el suicidio y el sexo, la pulsión de muerte y la de vida, el Eros y el Tánatos”.

Y en 2010 llega “El mapa y el territorio”, la que para casi toda la crítica es la mejor novela que escribió (nótese que, si bien en el medio hizo otras cosas, por ejemplo publicar en 2008 un compilado de su correspondencia con Bernard-Henri Lévy, un filósofo muy renombrado), hay un lapso de cinco años con respecto a su novela anterior. Ganadora del Premio Goncourt, trata básicamente de la paternidad y el mundo del arte actual. Y, gran golpe de efecto, Houellebecq relata su propio asesinato.
 

La novela es buena desde mismo título. ¿Qué puede haber detrás de un título así?, ¿cómo hacer para sostener a lo largo de toda la novela lo que sea que haya?, ¿no será excesivamente pretencioso?... Estas eran algunas de las preguntas que me hacía antes de empezar a leer. Nada pretencioso, al contrario, una elección notable, fácil de comprender y profunda a la vez, justificada y alimentada todo el tiempo a partir de su revelación, el mapa y el territorio, su sentido, el concepto emergente (en la cabeza y el espíritu del protagonista y varios de los personajes que lo rodean, sea de modo consciente o no), tan trascendente que me siguió repicando unos cuantos días después de haber leído la última página. Y en mi entender, eso es tan intenso porque el protagonista Jed Martin y el resto de los personajes más destacados (en mi ranking el padre, Olga, una especie de novia o amante, el mismo Houellebecq que se asigna un rol, y Jasselin, un comisario que aparece cuando la novela da un giro a thriller) están muy bien construidos y por eso resultan tan verosímiles, que uno lector acepta como palabra santa todo lo que dicen, piensan o sienten.
Más allá de que la novela es muy “palatable”, muy rápido uno se da cuenta de que Houellebecq está diciendo muchas cosas por abajo del texto, no tanta filosofía (que igual la tiene) como en varias de las novelas precedentes, sino más bien ironía y mordacidad con cuestiones como el culto de la imagen y la entrega a fenómenos económicos decadentes (incluyendo al mundo del arte), una entrega mansa pese a que quienes se entregan saben, algunos con más certeza o conciencia que otros, del sin destino al que van por ese camino.
La última cena con el padre (complementada con las reflexiones de Jed Martin cuando revisa cosas de su progenitor en la casa que acaba de vender), y el último encuentro con Franz (su galerista cuando se transforma en pintor) son, pese a la emotividad, ejemplos tristes y angustiantes del pesimismo adonde nos hace desembocar Houellebecq, al cabo de los trances no tan desagradables por los que nos hizo pasar antes su ironía.
En ese sentido, “El mapa y el territorio” podría ser una especie de ensayo novelado. Y al respecto hay entre los méritos de la novela, la cuestión de que Houellebecq no se priva de hacer gala de su erudición, y si bien existe el riesgo de quedarse afuera en muchas de las referencias a pensadores y artistas varios, el autor siempre deja caer algún guiño conceptual para que el lector ajeno a tales referencias, pueda al menos asomarse un poco.
Entre lo más logrado, hay dos encuentros entre Jed Martin y Michel Houellebecq (como mencioné antes, cuando deviene en personaje de la novela) que son excelentes, menos por cómo están relatados (pese a ser completos, detallados, como si uno estuviera ahí), más por los magníficos diálogos que sostienen.
La novela está organizada en una introducción, tres partes y un epílogo. Éste último (bastante extenso para ser epílogo) es lo que más me gustó, me quedaban treinta páginas, eran como las 2 de la mañana, me caía de sueño y lo mismo no podía parar de leer. Y ojo, no se trataba de la ansiedad propia de llegar a develar un enigma, tampoco alcanzar a la resolución de los sucesos, sino la necesidad de seguir escuchando las voces internas de los personajes que a esa altura subsistían, voces que son, durante el final de la obra, el momento en que el escritor más las usa para decir lo que quiere decir.
De todas maneras, elogiar así al epílogo no pretende restarle nada a lo demás, un tipo que nos agarra de entrada hablando de una pavada como una caldera rota y ya no nos suelta más, y es porque fabricó un texto casi sin altibajos. Y, a no confundir con altibajos, tiene ritmos distintos, lo que acaba resultando muy adecuado y funcional a la trama.
De las reseñas y críticas que leí, la que más me identifica y por eso termino transcribiendo una pequeña parte, es la de Nuria Azancot para “El Mundo”: “El mapa y el territorio es su última gran provocación, una bomba de relojería contra el arte moderno y la cultura contemporánea…El final resulta, inevitablemente, desolador: solo quedan la impostura y la muerte, pero antes se suceden páginas llenas de amor y derrotas”.

Otra vez pasan 5 años antes de su nueva novela, en 2015 ve la luz “Sumisión” y se desencadena otra gran polémica, porque la obra es un relato de “política ficción” sobre una conversión colectiva de Francia al islam. En medio de los eventos promocionales organizados por la editorial, sucede el ataque a la revista satírica Charlie Hebdo (recordarán que supuestamente fue en represalia por una caricatura de Mahoma aparecida en la portada), en el que muere un gran amigo de Houellebecq, y en precaución se suspenden todos los eventos publicitarios, porque el autor sufrió amenazas atribuidas a terroristas islámicos.
“Sumisión” transcurre en 2022, un futuro cercano con respecto al año de su publicación. Básicamente el argumento consiste en que cerca de las elecciones, las encuestas exhiben muy pobres porcentajes para los partidos usuales, porcentajes que se confirman cuando se produce la votación. En efecto, Mohammed Ben Abbes, líder de un nuevo partido islamita, le gana en segunda vuelta, aliado con una franja de socialistas y de la derecha, a la candidata del Frente Nacional. Viniendo de un marcado disgusto por los cada vez más frecuentes y sórdidos episodios violentos, y una notoria desintegración de la sociedad, los votantes de Mohammed Ben Abbes se sienten muy conformes con la especie de calma que sigue a la victoria del islam (ojo, aliado con la extrema derecha). Nunca antes un flamante presidente había disfrutado de semejante luna de miel con sus electores.
El narrador es François, profesor universitario de 40 años, principalmente harto de dos cuestiones: su profesión y su vida sexual. Houellebecq lo usa como un testigo que da cuenta del cambio radical que sufre su país con el nuevo orden, mujeres que modifican sus vestimentas, judíos emigrando en masa a Israel, el mundo de los negocios y el comercio virando a nuevos tipos de demanda… Y en una nota muy irónica y algunos ribetes de comicidad, la Sorbona se transforma en una universidad islámica, los profesores (hombres) que se convierten al islamismo mejoran notoriamente sus ingresos y constituyen una cofradía de polígamos, a ver, en la novela es como poder acceder al propio harem.
Así que François, viniendo de una vida sentimental de mierda, se encuentra con lo que entonces cree es una nueva (y gran) oportunidad. Pero eso es solo al principio, porque tiene bastante éxito con alumnas de la universidad, pero el tipo no es alguien irreflexivo, alguien que no se cuestione o refute, y no demora en caer en la cuenta de que todo sigue transitando por los mismos andariveles, la decadencia no le sirve y se le desaparece toda posibilidad, toda esperanza, de felicidad. De hecho, hasta pierde la esperanza en la muerte.
Quienes leyeron “La posibilidad de una isla”, manifiestan que el final es similar: todo cambia para seguir igual. El mensaje de la vida añorando el pasado porque el presente es repulsivo, “no es el islam que gobierna, sino la frivolidad y el hedonismo nihilista” (en cursiva, parte de la última frase de Héctor Magaña en su reseña para la revista “Monolito”.
De esta novela, hago un reconocimiento final a Houellebecq porque la aprovecha para meterse con cuestiones muy de fondo, de las que en pro de la corrección política casi nunca se habla. Así que, para mí, al tipo lo acusan de provocador porque, nuevamente, habla sin tapujos de lo que hay que hablar.

Su siguiente novela es “Serotonina” (2019). Y Houellebecq lo hace de nuevo, el sustrato de la obra desnuda la decadencia de la sociedad occidental del siglo XXI, básicamente europea, tanto en lo estrictamente social como en lo político y macroeconómico (muy acentuadamente, el efecto de la globalización en la agricultura), y lo hace sin cortapisas ni paños tibios, verdaderamente la destripa.
El narrador (un modelo de cómo se escribe monólogo interior) y protagonista excluyente, es un tipo de 46 años, ingeniero agrónomo (el título académico de Houellebecq en su vida real, para los contextos le gusta usar cosas que conoce) y funcionario de Asuntos Agrarios durante más de 15 años, empleo que el escritor le asigna a su personaje como vía para exhibir la lucha de los agricultores de Normandía ante la crisis del sector. Florent-Claude Labrouste, así se llama el protagonista de “Serotonina”, en casi una constante de estos personajes literarios que construye Houellebecq, también viene de una cadena de fracasos amorosos, se la pasa pensando obsesivamente en Camille, un amor perdido que cree podría haberlo salvado de la profunda depresión y angustia existencial en la que vive.
Arranca conociendo a dos chicas en una estación de servicio, no me parecieron ni oportunistas ni aprovechadoras de un tipo tan bajoneado, y durante un par de páginas puse mis esperanzas en que, no digo curarlo de sus pesares, pero sí de pronto hacerle pasar algún que otro buen momento. Pero. Habiendo leído antes mucho de Houellebecq, acabé no dejándome tentar por esa optimista idea, e hice bien, el tipo no se había sacado la lotería ni es que de la nada había embocado una terapia mucho mejor que la de cualquier diván, ya lo sabrán quienes leyeron la novela. Ese encuentro ocurre en Almería, luego la historia transcurre por París y Normandía, un lindo paseo más allá de su funcionalidad a la trama.
Entre las peores cosas tragicómicas que le pasan, accidentalmente descubre a su actual novia japonesa en un video porno. Igual, ya de antes, se venía dando con Captorix, un fármaco en experimentación que libera serotonina (de aquí el título de la novela), pero lleno de contraindicaciones: náuseas, desaparición de la libido e impotencia. “Francia se hunde, la Unión Europea se hunde, Florent-Claude se hunde. El amor es una entelequia. El sexo es una catástrofe.” (en cursiva, extracto de la reseña de la contratapa).
Florent-Claude abandona su trabajo y dedica sus horas a caminar sin rumbo, metiéndose en cualquier lado para huir del tiempo y de sí mismo, y aunque frecuenta bares, que en todo caso son algo interesantes cuando uno anda tan para atrás, también otros destinos nada glamorosos, como recorridas entre las góndolas de supermercados, todo mientras zumba su magnífico monologo interior (magnifico desde lo literario naturalmente) de angustiado despotrique filosófico.
En medio de eso, y ya entre los últimos aconteceres, se reencuentra con un viejo amigo aristócrata, que otrora llevaba una vida fantástica, pero para el tiempo del reencuentro también está destruido porque la esposa lo ha dejado por un pianista inglés y se ha llevado a sus dos hijas. Y no va que ese amigo le enseña a manejar un fusil que de todos modos, ojo, a no pensar otra cosa, es solo una alegoría, un símbolo de la violencia y el suicidio, de la sociedad toda y del protagonista.

En junio de 2022 se publicó “Aniquilación”, la última de Houellebecq hasta ahora. Es una novela inusualmente larga que todavía no pude leer. La crítica y las reseñas más confiables dicen que es la más compleja que ha escrito, y que combina thriller político, reflexión existencial y crítica social.
Sigue parte de la reseña de Lecturalia: “Año 2027. Francia se prepara para unas elecciones presidenciales que es muy posible que gane una estrella de la televisión. El hombre fuerte detrás de esa candidatura es el actual ministro de Economía y Finanzas, Bruno Juge, para quien trabaja como asesor Paul Raison, el protagonista de la novela, un hombre taciturno y descreído.
De pronto, en internet empiezan a aparecer extraños vídeos amenazantes –en uno de los cuales se guillotina al ministro Juge– con unos enigmáticos símbolos geométricos. Y la violencia pasa del mundo virtual al real: la explosión de un carguero en La Coruña, un atentado contra un banco de semen en Dinamarca y el sangriento ataque a una embarcación de migrantes en las costas mallorquinas… Una novela provocadora y apocalíptica que, como suele ser habitual en Houellebecq, deslumbrará o escandalizará. Lo que es seguro es que no dejará a nadie indiferente, porque el autor tiene la inusual virtud de sacudir conciencias.
Habrá que leerla.

Esto es todo en cuanto a novelas. En lo relativo a poemas, sus publicaciones más conocidas son “Sobrevivir” (1991), “El sentido de la lucha” (1996), “La búsqueda de la felicidad” (1997) y “Renacimiento” (1999). No he leído estos poemarios. Me gusta una frase atribuida a Houellebecq, que seguro también gustará a quienes aman el género: “Aprender a ser poeta es desaprender a vivir”. Y cito a Pablo Gianera: “Houellebecq parece confiar en que la poesía es una forma de conocimiento, la variedad más filosófica de la literatura; y lo es en la medida en que, como la filosofía, suspende las relaciones causales en la percepción de los objetos”.
De lo demás que conozco e investigué (que seguro no es todo ni mucho menos), sumaría “Intervenciones” e “Intervenciones 2” (1998 y 2009 respectivamente), publicaciones de su editora habitual, que no son ficciones sino una compilación de cartas, entrevistas o artículos aparecidos en diversos medios entre 1992 y cada una de las fechas de edición. Houellebecq habla de todos los temas de su interés, con su agudeza y agresividad característica, en fin, recomendable si se desea saber de Houellebecq de manera más directa, sin la intermediación de sus textos literarios.
 

Ya he mencionado su admiración desde muy joven por Lovecraft. En 1991, mucho antes de su primera novela, publica el ensayo biográfico “H.P. Lovecraft. Contra el mundo, contra la vida”, escrito de manera poco común y muy apasionada. Houellebecq dijo alguna vez: “Lovecraft era un ejemplo para todos aquellos que desearan aprender a fracasar en la vida, y triunfar en su trabajo”. Y continuando con los ensayos, también en 1991 publica “Seguir vivo”, una recopilación de los trabajos que el colectivo de videoartistas italianos Masbedo (Nicolò Massazza y Jacopo Bedogni) ha realizado con la colaboración de Houellebecq. Se trata de un conjunto de obras que exploran las relaciones entre la literatura y las artes visuales en diversos territorios donde se mezclan y fusionan el videoarte, la fotografía, el cine y la instalación.
Con “Enemigos públicos”, una publicación de 2008, retoma la no ficción. Es un intercambio de correos electrónicos con Bernard-Henri Lévy, un gran filósofo y escritor francés. Según la sinopsis de la editorial, dos escritores muy disímiles “se solidarizan… en la dificultad por encontrar un lugar habitable para un escritor de hoy en día, y en las cartas tratan los modos actuales de leer filosofía y literatura. El intercambio es áspero pero lleno de observaciones agudas”.
Y finalmente, en 2023 fue publicado “Unos meses de mi vida”, también una no ficción catalogada como un “libro confesional”. Las reseñas dicen que se concentra en dos grandes polémicas, la primera de ellas surgida tras una entrevista con el filósofo Michel Onfray, en la que opinó sobre la islamización de Europa y las hipotéticas reacciones violentas que podría provocar. Y la segunda, relacionada con su participación en un proyecto del colectivo artístico holandés Kirac, anunciada como película pornográfica protagonizada por Houellebecq, que en “Unos meses de vida” hace una enérgica declaración, diciendo que fue engañado, manipulado, y que firmó el contrato alcoholizado y medicado.

Disfruto de manera especial estas colaboraciones, cuando las escritoras o escritores tienen vínculos con el cine. En el caso de Michel Houellebecq no me puedo quejar, porque esos vínculos son muchísimos y muy variados.
En principio, cuatro adaptaciones cinematográficas basadas en novelas:
- “Ampliación del campo de batalla” (Philippe Harel, Francia 1999, basada en la novela homónima). Los papeles principales están a cargo de José Garcia, Philippe Harel y Catherine Mouchet. La película tiene puesta todo el pesimismo y la acidez de la novela, genial Philippe Harel en la dirección y la actuación (en esto último José García no le va en saga), y para mi gusto, un aspecto que, si bien ha estado entre las cosas criticadas, la narración en off es un recurso válido y eficaz para posibilitar que el monólogo interior del texto literario no pierda fortaleza en la cinta. Obvio que, como sucederá en otras adaptaciones de Houellebecq, novelas tan, digamos literarias, plantean sus dificultades a la hora de llevarlas al cine.

 

- “Nueve canciones” (Michael Winterbottom, UK 2004, inspirada en “Plataforma”). Hasta ahora no tuve la posibilidad de verla y me gustaría, Michael Winterbottom es un director que me gusta mucho. Desde el título y por las inclinaciones del director, no hace falta ser demasiado imaginativo para saber que se trata de una cinta muy musical. De repente lo novedoso estriba en que tanta música es lecho para un marcado erotismo, incluso sexo explícito, y ahí tenemos la fuente de controvertidas opiniones, por un lado, una fascinante apuesta provocadora según algunos, y por el otro, sensaciones de severa molestia, incluso indignación se ha expresado en ciertas reseñas.

 

- “Las partículas elementales” (Oskar Roehler, Alemania 2006, basada en la novela homónima). Christian Ulmen interpretó a Michel y Moritz Bleibtreu a Bruno, papel por el que éste último ganó el Oso de Plata De Berlín al Mejor Actor. La película sigue con cierta fidelidad la trama de la novela y los rasgos de los personajes, y en lo que a mí respecta refleja, aún con simplificaciones, lo más sustancial de las oscuras profundidades del texto literario. De todas maneras, no estoy muy seguro de cuanto pongo en esto que digo, por el hecho de haber leído la novela previamente. Y es cierto que, coincidiendo con algunas de las críticas, esta adaptación tiene momentos de un cine medio telenovelesco, no muy propio del drama argumental en la que está basada. No me cayó bien la mudanza a Alemania de los escenarios franceses de la novela, son importantes, no un detalle. La dirección, la fotografía, y las actuaciones son correctas, y consistente con el premio que se ganó, Moritz Bleibtreu descolla claramente.
 


- “La posibilidad de una isla” (Francia 2008, basada en la novela homónima). Esta aparentemente no muy lograda (según la crítica, yo no pude verla) mezcla de ciencia ficción y sectas, adaptada y dirigida por el mismo Houellebecq, fue un rotundo fracaso, tanto en lo comercial como para la crítica. Como director, Houellebecq lucía el antecedente del cortometraje “La rivière”, un drama erótico francés del año 2001, al que también guionó.

 

Houellebecq también fue guionista del cortometraje “Le monde n'est pas un panorama” (Iacopo Bedogni y Nicolò Massazza, con Juliette Binoche, Italia 2006) y coguionista con el director de la muy famosa “El secuestro de Michel Houellebecq” (Guillaume Nicloux, Francia 2014), que a diferencia de lo ocurrido con “La posibilidad…”, obtuvo una recepción mucho más que favorable.
A esta lista debe agregarse el documental holandés de 2016, “To Stay Alive: A Method”. basado en su ensayo "To Stay Alive" (1991), sobre artistas en dificultades, el rol de los poetas y problemas mentales de salud. Aparecen artistas marginales relacionados con Houellebecq, así como él mismo e Iggy Pop, admiradores el uno del otro. De hecho, el álbum “Preeliminares” de Iggy Pop, está inspirado en “La posibilidad de una isla”.
Y finalmente, el mundo de las miniseries también incluyó a Houellebecq con una adaptación francesa de “Las partículas elementales”, realizada en 2021 por Antoine Garceau.

Con esto no concluye la vinculación de Michel Houellebecq con el cine, ya que también intervino como actor en:
- “Near Death Experience” (Benoît Delépine y Gustave Kervern, Francia 2014). Un drama en el que encarna al protagonista.

 

- “El secuestro de Michel Houellebecq” (Guillaume Nicloux, Francia 2014), película que ya mencioné más arriba por su intervención como coguionista. Es una comedia dramática en tono de falso documental, en la que asume el papel principal, el de secuestrado por unos mafiosos para cobrar rescate. Esa es la parte de drama, la de comedia arranca cuando Houellebecq va haciéndose amigo de los secuestradores. La idea de esta cinta surgió inspirada en una desaparición ex profeso que causó mucha alarma, durante la gira de presentación de “El mapa y el territorio” en septiembre del 2011.
 


- “Thalasso” (Guillaume Nicloux, Francia 2019). Es la secuela de “El secuestro de Michel Houellebecq” y acá es de nuevo protagonista, esta vez nada menos que con Gérard Depardieu, con el que se encuentra, cinco años después de su secuestro, en un tratamiento de talasoterapia, al que intentan superar de modo muy comediesco. Unos episodios imprevistos de alguna manera los salvan del durísimo método de cura.


 
- “Borrar el historial” (Benoît Delépine y Gustave Kervern, Francia 2020). Otra comedia en la que encarna uno de los roles principales. La sinopsis de Filmaffinity dice: “Tres vecinos de un suburbio se ven superados por sus problemas con la tecnología y las redes sociales. Con la ayuda de un pirata informático, deciden declarar la guerra a los poderosos gigantes tecnológicos. Tal vez su batalla esté perdida desde el principio, pero nunca se sabe”.

 

- “” (Franck Dubosc, Francia 2022). Rol secundario en una comedia que se trata de un padre extremando recursos para poder conectarse con su hija.

 

- “En la piel de Blanche Houellebecq” (Guillaume Nicloux, Francia 2024). En esta cinta Houellebecq es el protagonista, haciéndose de sí mismo. Se trata de una comedia en la que “…viaja a Pointe-à-Pitre, Guadalupe, acompañado de su guardaespaldas, Luc, para el lanzamiento de su nueva novela. Allí conoce a Blanche Gardin, que preside un concurso de dobles organizado en su honor. Pero acontecimientos extraordinarios interrumpen su agenda”. (en cursiva encomillado, sinopsis de Filmaffinity).

Y ya para terminar, también el teatro supo de adaptaciones de obras de Michel Houellebecq. Con la compañía “Si vous pouviez lécher mon cœur”, Julien Gosselin estrenó una puesta de “Las partículas elementales” en el Teatro Odeón de París en el año 2013. A Michel lo interpretaron Guillaume Bachelé y Joseph Drouet, y a Bruno, Denis Eyriey y Antoine (según las edades de los protagonistas en cada momento de la historia).
Y “Plataforma” fue llevada al teatro por el director Calixto Bieito, con Juan Echanove como Michel y Marta Domingo como Valérie. Se estrenó en 2006 en el Festival Internacional de Edimburgo, y a fines del mismo año fue presentada en el Teatro Bellas Artes de Madrid.

 

Captura de pantalla de una escena de la puesta teatral de “Plataforma”

_______________



Idea y creación: Emilio Bertero, 

Colaborador de:
Atrapados por la Imagen

Buenos Aires - Argentina



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lunes, 13 de julio de 2026

" Yo voy en Moto, no monto a Caballo " .- Silvia Elena Lanza -

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Serie: Torres en la Repúbica de los Niños. R. Jorge Ruiz Diaz -

 





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Ph.Hugo FIllmore.

 Worshop Mirta Steinberg - Model: Luz Delfina Saravia. 

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El Impacto de las Redes Sociales - Ricky Kimmich -


Fotografías deportivas.
Documentamos muy diversos momentos del juego, destreza , habilidad, festejos, muchas veces gestos de deportistas y del público.
Cuando compartimos, siempre pensamos que la foto de mayor repercusión será el momento de un GOL o su festejo.
En este caso , a mi me toca vivir una experiencia diferente.
Esta foto es la más observada en este última semana , con mas de 109 Mil visitas , inclusive supera a las del ultimo trimestre.
¿ por qué? 
¿Qué busca un observador en las redes sociales ? 
sin lugar a todas todo es imprevisible 


 

Hoad Hill, Ulverston, Inglaterra - Viviana García -

 


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domingo, 12 de julio de 2026

Jardín Japonés- CABA - Claudia Molina-

"Entre pétalos y alas, la vida renueva su promesa"



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" Últimos instantes del día desde la ruta " .- Silvia Elena Lanza -

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¡ El ayer conjugado con el hoy! - Rubén Blanco -

 - Campo argentino de polo- 



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Las Últimas.... Ana Vaccari


 

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DOMINGOS DE CURIOSIDADES. HOY, ZENÓN PEREYRA, SANTA FE

ZENÓN PEREYRA, EL PUEBLO DE SANTA FE QUE ESCONDE SECRETOS MASÓNICOS




Entre montañas, valles, playas y algunos de los paisajes más emblemáticos de Argentina, un pequeño pueblo del oeste santafesino logró abrirse paso en la selección nacional para competir en el programa Best Tourism Villages de ONU Turismo. La pregunta surge casi de manera inevitable: ¿qué tiene Zenón Pereyra para compartir candidatura con destinos como Tafí del Valle, Villa General Belgrano o Puerto Pirámides?


La respuesta se encuentra en una combinación de historia, patrimonio e identidad que le otorga un carácter singular dentro del mapa turístico de Santa Fe. Con poco más de 2.100 habitantes, esta localidad del departamento Castellanos fue una de las ocho elegidas entre 56 postulaciones provenientes de 19 provincias para representar al país en una iniciativa que distingue a comunidades rurales donde el turismo se transforma en una herramienta de desarrollo, preservación cultural y fortalecimiento de la vida comunitaria.

Los resultados se conocerán hacia fin de año y, por primera vez, la ceremonia internacional de entrega de distinciones se celebrará en Argentina. Junto a Zenón Pereyra competirán Mar de las Pampas (Buenos Aires), Villa General Belgrano (Córdoba), Cachi (Salta), Tafí del Valle (Tucumán), Puerto Pirámides (Chubut), Villa Sanagasta (La Rioja) y El Trapiche (San Luis). Mientras espera ese momento, este pequeño rincón santafesino ya comenzó a despertar la curiosidad de quienes buscan descubrir qué historia lo convirtió en uno de los pueblos con mayor proyección turística del país.

Hoy, en Domingos de Curiosidades, voy a contarte la historia de esta ciudad y algunos datos curiosos que , tal vez, no conocías.



UN POCO DE HISTORIA

Mucho antes de que Zenón Pereyra apareciera en los mapas, estas tierras eran apenas un alto en el camino. La tradición oral sostiene que allí existía una posta conocida como **Corrales de Garay**, donde los carreteros que partían desde Rosario encontraban descanso antes de continuar viaje hacia Villa Ojo de Agua, en Santiago del Estero, en busca de sal. En aquel paisaje abierto de la llanura santafesina, el ir y venir de hombres, caballos y carretas fue escribiendo las primeras páginas de una historia que todavía no tenía nombre.

A mediados del siglo XIX, la provincia de Santa Fe atravesaba un período de expansión territorial. En 1858, durante el gobierno de Rosendo M. Fraga, comenzó una campaña que permitió extender sus límites hacia el oeste hasta alcanzar la frontera con Córdoba, proceso que culminaría en 1886 con la conformación definitiva del territorio provincial. Al mismo tiempo, el país impulsaba la llegada de inmigrantes europeos para poblar y desarrollar nuevas colonias agrícolas, una política que transformaría para siempre el paisaje de la región.

Fue en ese escenario donde apareció la figura de don Zenón Pereyra. El 14 de abril de 1887, junto a Nicanor G. del Solar, Desiderio Rosas, Manuel Díaz y Marcos Paz, adquirió estas tierras con la intención de impulsar un proyecto de colonización. La elección no fue casual. Quienes integraban aquella sociedad pertenecían a la influyente burguesía rosarina y supieron advertir el enorme potencial de una zona que, poco tiempo después, sería atravesada por importantes líneas ferroviarias, fundamentales para el desarrollo agrícola y comercial.

La colonización comenzó ese mismo año. El 15 de octubre de 1887, los propietarios solicitaron a la Dirección Nacional de Ferrocarriles la instalación de una línea férrea en la colonia, ofreciendo los terrenos necesarios y argumentando la necesidad de transportar la creciente producción de cereales. Meses más tarde, el 7 de diciembre de 1888, presentaron el proyecto para la traza de la colonia y del pueblo de Esmeralda, iniciativa que ingresó al Ministerio de la Gobernación en enero de 1889 para su aprobación. Aquella colonia sería el punto de partida de dos localidades que con el tiempo adquirirían identidad propia: Esmeralda y Zenón Pereyra.

El avance del ferrocarril terminó de definir el destino del lugar. Mientras una de las estaciones dio origen a Esmeralda, otra se levantó sobre la línea del Ferrocarril Buenos Aires-Rosario y recibió el nombre de **Zenón Pereyra**. Alrededor de esa estación comenzó a crecer el nuevo pueblo, acompañado por la casa del administrador de la empresa colonizadora, desde donde se organizaba la vida de la colonia y se administraban sus tierras.

Aunque la fundación de Zenón Pereyra no posee una fecha única y precisa, existen momentos que marcaron su nacimiento. En 1891 fue creada la primera Comisión de Fomento, motivo por el cual ese año es considerado tradicionalmente como el de la fundación, aun cuando las tareas de colonización y demarcación de los campos habían comenzado cuatro años antes.

El proceso terminó de consolidarse el 20 de marzo de 1892, cuando don Zenón Pereyra solicitó la aprobación oficial del trazado del pueblo, declarándose su fundador. En esa presentación dejó constancia de que la localidad ya contaba con una población estable y con edificios de importancia, entre ellos la iglesia, cuya construcción había sido financiada íntegramente por él y por su esposa. Finalmente, el 5 de julio de 1892 fueron aprobados los planos y la traza urbana, otorgando reconocimiento legal al pueblo que desde entonces lleva el nombre de su principal impulsor.


Pero, ¿quién fue realmente Don Zenón Pereyra?

Detrás del nombre de esta pequeña localidad santafesina hubo mucho más que un empresario ganadero. Don Zenón Pereyra (1842-1902) integró la primera burguesía rosarina, un grupo de hombres liberales, emprendedores y con una marcada visión para los negocios que protagonizó el crecimiento económico e institucional de Rosario durante la segunda mitad del siglo XIX.

Junto a Carlos Casado fundó el Banco de la Provincia de Santa Fe en 1874; fue concejal de Rosario; impulsó la creación del Comité Rosario de la Cruz Roja Argentina, cuya primera comisión presidió, e integró la comisión promotora del primer Monumento a la Bandera. También presidió el entonces Club Fénix, actual Jockey Club; formó parte del primer Consejo Directivo de la sucursal Rosario del Banco de la Nación Argentina y, en 1902, estuvo al frente de la Sociedad Rural de Rosario.

Su trayectoria lo convirtió en una de las figuras más influyentes de la Rosario de fines del siglo XIX. Sin embargo, entre todos los capítulos de su intensa vida pública hubo uno que durante mucho tiempo permaneció casi en silencio y que, con el paso de los años, ayudaría a explicar una parte de la identidad del pueblo que lleva su nombre.


Ese capítulo menos conocido tenía nombre propio: la masonería.

Según las investigaciones, don Zenón Pereyra ocupó un lugar destacado dentro de la historia de la masonería argentina. Fue iniciado en la Logia Unión 17 el 27 de agosto de 1870 y, el 18 de agosto de 1892, alcanzó el grado 33 del Supremo Consejo de la República Argentina, la máxima jerarquía de la orden. Entre 1890 y 1893 presidió la Logia Unión 17 y, posteriormente, fundó la Logia Unión Liberal 155, institución que también condujo durante dos períodos.

Con el paso de los años, distintas investigaciones realizadas en la localidad comenzaron a revelar que ese vínculo no quedó solamente en la vida de su fundador. Diversas simbologías masónicas fueron identificadas en algunas construcciones y en el trazado urbano original del pueblo, dando origen a una nueva mirada sobre su historia y su patrimonio.

Sin embargo, la pertenencia de Zenón Pereyra a la masonería nunca estuvo reñida con su compromiso con la comunidad. Junto a su esposa, doña Justina Morante, promovió en 1892 la construcción del templo católico que ambos donaron a la población bajo la advocación de Santa Justina, hoy patrona de la localidad. Justina, además, había sido socia fundadora de la Sociedad de Damas de Caridad y presidenta de la institución entre 1882 y 1886, integrada por mujeres pertenecientes a las familias más influyentes de la provincia.

Don Zenón Pereyra falleció el 6 de noviembre de 1902, a los 59 años. Tras su muerte, su esposa dispuso en su testamento la construcción de un pabellón en el Hospicio que llevara el nombre de su esposo para perpetuar su memoria. Su panteón, en el cementerio El Salvador de Rosario, aún se distingue por su estilo neoegipcio, una arquitectura en la que diversos investigadores reconocen claras referencias al simbolismo masónico. Décadas más tarde, en 1968, la Municipalidad de Rosario homenajeó su trayectoria al imponer su nombre a una calle del barrio Parque Field.

La arquitectura del panteón de Zenón Pereira es triangular, representando la tesis, antítesis y la síntesis hegeliana. Cuestiones filosóficas que se entremezclan en la masonería. El número 3 siempre está dentro de su orden. El círculo perfecto se realiza con un compás, herramienta que define a la masonería junto a la escuadra

Las huellas de la masonería comienzan a revelarse en el propio trazado urbano. Según destacan investigadores y el sitio oficial de la comuna, el diseño original de Zenón Pereyra contaba con "33 calles", un número que es asociado con el grado masónico más alto alcanzado por su fundador, don Zenón Pereyra. Más allá de las interpretaciones, ese detalle se convirtió con el tiempo en uno de los rasgos que distinguen la historia y la identidad de la localidad.

Sin embargo, el legado no se limita a un número. Para quienes recorren el pueblo con una mirada atenta, la arquitectura también parece contar su propia historia. Columnas, figuras geométricas, ornamentos y diversos símbolos aparecen en fachadas y edificios, evocando una tradición que, según distintos estudios, quedó plasmada en el paisaje urbano. Flores de lis, detalles arquitectónicos y un circuito patrimonial invitan hoy a descubrir una faceta diferente de Zenón Pereyra, donde cada rincón parece guardar una parte de su pasado.


Durante más de un siglo, esas huellas masónicas pasaron inadvertidas para la propia comunidad. Fue recién entre 2011 y 2012, cuando Zenón Pereyra comenzó a incorporarse a los programas de turismo rural, que una revisión de su patrimonio abrió una nueva línea de investigación. Según explicó en 2020 Adriana Gieco, entonces coordinadora del museo comunal, un arquitecto italiano especializado en recuperación de edificios históricos advirtió que varias construcciones presentaban elementos característicos de la simbología masónica. A partir de esa observación comenzó un trabajo de investigación que luego contó con el aporte de integrantes de logias de Santa Fe y del Gran Maestre Ángel Jorge Clavero.

Ese proceso permitió identificar un conjunto de símbolos presentes en viviendas e instituciones históricas y dio origen a un circuito patrimonial que hoy invita a recorrer el pueblo desde una mirada diferente. Las investigaciones no se limitaron a observar las construcciones: también buscaron reconstruir quiénes las habían levantado y cuál había sido el papel de sus propietarios en la formación de la comunidad, relacionando la arquitectura con la historia social de Zenón Pereyra.

Entre los elementos que más llaman la atención aparecen figuras geométricas, flores de lis y otros motivos repetidos en distintas fachadas. Uno de los símbolos que despertó mayor interés es un círculo del que parten tres líneas, interpretado por investigadores vinculados al proyecto como una representación del sol con tres rayos, asociada al tercer grado de maestro masón. La reiteración de ese motivo en diferentes edificios es uno de los indicios que alimenta las investigaciones sobre el pasado masónico de la localidad, aunque la propia Gieco señalaba que no se habían hallado las actas de una logia local que permitieran confirmar la pertenencia de todos sus propietarios a la orden.

Otro aspecto singular es el estado de conservación del patrimonio. Muchas de las construcciones mantienen sus fachadas prácticamente intactas desde fines del siglo XIX, lo que permitió estudiar sus elementos originales y convertirlas en parte de un recorrido histórico señalizado. Con el tiempo, aquello que en un principio despertó sorpresa e incluso cierta resistencia entre los vecinos pasó a integrarse a la identidad local. Hoy las escuelas trabajan sobre esa historia, los estudiantes participan en proyectos patrimoniales y el legado masónico forma parte de una de las propuestas culturales y turísticas más distintivas de Zenón Pereyra.



Durante más de un siglo, esas huellas pasaron inadvertidas para la propia comunidad. Fue recién entre 2011 y 2012, cuando Zenón Pereyra comenzó a incorporarse a los programas de turismo rural, que una revisión de su patrimonio abrió una nueva línea de investigación. Según explicó en 2020 Adriana Gieco, entonces coordinadora del museo comunal, un arquitecto italiano especializado en recuperación de edificios históricos advirtió que varias construcciones presentaban elementos característicos de la simbología masónica. A partir de esa observación comenzó un trabajo de investigación que luego contó con el aporte de integrantes de logias de Santa Fe y del Gran Maestre Ángel Jorge Clavero.

Ese proceso permitió identificar un conjunto de símbolos presentes en viviendas e instituciones históricas y dio origen a un circuito patrimonial que hoy invita a recorrer el pueblo desde una mirada diferente. Las investigaciones no se limitaron a observar las construcciones: también buscaron reconstruir quiénes las habían levantado y cuál había sido el papel de sus propietarios en la formación de la comunidad, relacionando la arquitectura con la historia social de Zenón Pereyra.



Entre los elementos que más llaman la atención aparecen figuras geométricas, flores de lis y otros motivos repetidos en distintas fachadas. Uno de los símbolos que despertó mayor interés es un círculo del que parten tres líneas, interpretado por investigadores vinculados al proyecto como una representación del sol con tres rayos, asociada al tercer grado de maestro masón. La reiteración de ese motivo en diferentes edificios es uno de los indicios que alimenta las investigaciones sobre el pasado masónico de la localidad, aunque la propia Gieco señalaba que no se habían hallado las actas de una logia local que permitieran confirmar la pertenencia de todos sus propietarios a la orden.

Otro aspecto singular es el estado de conservación del patrimonio. Muchas de las construcciones mantienen sus fachadas prácticamente intactas desde fines del siglo XIX, lo que permitió estudiar sus elementos originales y convertirlas en parte de un recorrido histórico señalizado. Con el tiempo, aquello que en un principio despertó sorpresa e incluso cierta resistencia entre los vecinos pasó a integrarse a la identidad local. Hoy las escuelas trabajan sobre esa historia, los estudiantes participan en proyectos patrimoniales y el legado masónico forma parte de una de las propuestas culturales y turísticas más distintivas de Zenón Pereyra.


Antigua casa de la familia Zurbriggen

Más allá de su candidatura internacional, el verdadero valor de Zenón Pereyra reside en haber sabido preservar una parte de su historia. Sus calles, edificios y espacios patrimoniales permiten reconstruir el origen de una comunidad nacida al calor del ferrocarril, la inmigración y el impulso de quienes imaginaron un pueblo en medio de la llanura santafesina.

Lejos de quedar atrapado en el pasado, ese legado se transformó en una herramienta para proyectar el futuro. El circuito histórico y arquitectónico, el patrimonio cultural y espacios como el Museo Bucci invitan hoy a descubrir una identidad que distingue a la localidad dentro del mapa turístico de Santa Fe.

Quizás ese sea el mayor secreto de Zenón Pereyra. No se encuentra oculto bajo tierra ni resguardado entre viejos documentos. Está a la vista de todos, en los símbolos que sobreviven en sus fachadas, en la memoria de sus habitantes y en un pueblo que aprendió a reconocer en su propia historia una de sus mayores riquezas.



Si bien hay pueblos que guardan sus secretos detrás de una puerta cerrada. Zenón Pereyra eligió otro camino, los dejó escritos en piedra, en las líneas de sus calles y en el silencio de sus viejas construcciones. Basta caminar despacio, levantar la vista y dejar que la arquitectura cuente lo que durante mucho tiempo pasó inadvertido. Porque, a veces, los lugares más pequeños son también los que conservan las historias más extraordinarias.

Idea, investigación y edición: Isa Santoro
Administradora de Atrapados por la Imagen



 

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