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miércoles, 1 de abril de 2026

Costa de Hudson - R. Jorge Ruiz Diaz -

 


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Título : " Mujer en la verdulería " R. Jorge Ruiz Diaz

 



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Emilio hoy nos trae algo de . . .

 


"Mis Héroes Literarios"


 IDEA Y CREACIÓN:


Emilio Bertero





Juan José Saer

Escritor argentino

(1937-2005)

 




          La obra de Juan José Saer fue muy prolífica y talentosa. A mí me conquistó por "Cicatrices" (1969), su tercera novela, considerada `por la crítica como su “primera novela madura”. A mí capaz me atrapó por su marcado anclaje espacial en la ciudad de Santa Fe. Recuerdo que cuando la empecé a leer, hace muchísimo, de antemano no sabía nada ni de Saer ni de la novela, y en determinado momento, en las primeras páginas, el relator habla de una plaza en la que están la Catedral, la Casa de Gobierno… ¡y los Tribunales!, con lo que recién me avivé de que el escenario no era Buenos Aires sino mi ciudad natal. En “Cicatrices” es muy marcado un recurso que reitera (me parece a mí de lo que leí de Saer, que no es todo), en “Nadie, nada, nunca” (1980), y que consiste en una repetición constante, rutinaria, de escenas, puntos de vista, sensaciones, pensamientos… hasta agarrarle la mano puede incluso aburrir, pero uno acaba entendiendo que este énfasis resulta muy funcional a la novela. En mi caso, las incontables recorridas en coche por la calle San Martín cuando todavía no era peatonal, yendo el relator de norte a sur hacia el Palacio de Tribunales, no me aburrió nunca porque me llevó a pasear por una Santa Fe de un tiempo que no llegué a conocer. Pero más allá de lo personal, “Cicatrices” es un trabajo muy logrado merced a la idea y modo de plasmarla con originalidad, en principio por la elección de múltiples narradores (cuatro) del mismo episodio (un obrero que mata a su esposa el día del trabajador, encima anclado temporalmente durante la proscripción del peronismo).

Los cuatro narradores son un abogado, un periodista, el obrero y un personaje secundario pero vital (Carlos Tomatis, también periodista, del que agregaré algo más adelante), que aporta su mirada sobre los hechos y las particularidades de la ciudad (porque en esta novela Saer configura a Santa Fe como una protagonista más), pero además Saer usa a Tomatis como hilo conductor y nexo fundamental entre los otros tres relatores.

Pese a mi marcado gusto por “Cicatrices”, la que me resulta obra cumbre de Saer, es "El entenado" (1983). Hay quienes ven, y me incluyo, una ficción montada sobre los aborígenes que, durante la conquista española, se comieron al expedicionario Solís y a parte de su tripulación. Esta novela, sea por intensidad, tensión o creatividad, tiene momentos que, y no creo caer en la exageración, son épicos. Una vez al año, la tribu protagonista sale a cazar humanos, y con el producido montan una celebración desenfrenada durante un par de días: canibalismo, alcohol hasta el desmayo (chicha o bebida similar que han elaborado a lo largo de todo el año precedente), sexo ciego y descontrolado, violencia… Y pasada la “fiesta” vuelven a una normalidad casi extrema, como si lo que hacen anualmente nunca hubiera existido. Tienen una norma, en cada cacería capturan y mantienen secuestrado viviendo con ellos a uno de los del grupo de víctimas. El relator de “El entenado” es el grumete en la presunta expedición de Solís. Pues bien, uno de los grandes momentos de los que hablaba, es cuando se produce el ataque de los aborígenes a los españoles, así como también, con este grumete ya con varios años de convivencia entre los indígenas, participa como observador en una nueva cacería, esta vez direccionada a otra tribu originaria. Ni hablar de la abundante descripción, imágenes vívidas, impresionantes, descarnadas, del inmoderado festejo caníbal. Y en una construcción de gran creatividad y rica imaginación, Saer pone en boca del relator, toda una filosofía que explica el comportamiento de los indígenas, lateralizando, argumentando, reflexionando con llamativa lógica, para al fin concluir que dicho comportamiento responde al hecho de que comen carne humana.

Pero el episodio en el que los aborígenes son testigos de un eclipse, está en mis anales de lo más intenso, visible, sentido, que he leído... El personaje, propio del saber de un navegante pese a su corta experiencia como tal, reconoce el fenómeno astronómico de inmediato, aunque Saer muestra la habilidad de hacer que lo cuente con sus palabras, pero como si fuera la mirada sorprendida, temerosa, falta de comprensión, de cualquiera de los indígenas, lo cual sumado al seguimiento de las imágenes en el cielo, las luces y sombras, el clima emocional casi dramático que se desata y crece entre los habitantes de la tribu, conforman unas páginas imperdibles. Tras el eclipse, el grumete es liberado, regresa a España y documenta las memorias que conforman la novela, de hecho ésta arranca con un anciano escribiendo esos recuerdos.

Todas las novelas escritas por Juan José Saer son “Responso” (1964), “La vuelta completa” (1966), “Cicatrices” (1969), “El limonero real” (1974), “Nadie, nada, nunca” (1980), “El entenado (1983), “Glosa” (1986), “La ocasión” (1987). “Lo imborrable” (1992), “La pesquisa” (1994), “Las nubes” (1997) y “La grande”(2005, novela póstuma.).


Se dice que “El limonero real” es una obra central en la literatura de Saer. También en ella aparece el relato circular, reiterativo, esta vez con marcados trazos poéticos en la prosa. La frase de apertura, ya muy famosa en el mundo literario argentino, es “Amanece y ya está con los ojos abiertos”. La acción es reducida, lo que no quiere decir que sea inmóvil o aburrida, al contrario, y en esto estriba un tremendo mérito. “El limonero real” —unas gentes en una islita del litoral reunidos para comer un asado en fin de año, un protagonista en tristeza inextinguible por la muerte de su hijo y su mujer ausente— puede leerse todo el tiempo sin perder ni un ápice de atractivo, parado en la frase “Amanece y ya está con los ojos abiertos”.

 

Un rasgo que me resultó interesante en la obra de Saer, no original pero sí distintivo, es la presencia de los mismos personajes en varias de sus novelas, el más notorio el periodista Carlos Tomatis, un intelectualoide manda parte, irónico, resentido, que a Saer le sirve para dar nexo y funcionalidad a muchos aspectos de las novelas en que interviene, más que nada porque al tipo le apasiona la literatura, y eso sí es genuino, no una actuación.

 

Juan José Saer se dio tiempo para muy buenos cuentos, muchos y muy recomendables, compilados en las antologías “En la zona” (1960), “Palo y hueso” (1965), “Unidad de lugar” (1967), “La mayor” (1976) y “Lugar” (2000). Y también poesía (reunida en "El arte de narrar"), y los ensayos “Una literatura sin atributos”, (1986), “El río sin orillas” (1991), “El concepto de ficción” (1997), “La narración-objeto” (1999) y “Trabajos” (2005).

 

Algunas de sus novelas y cuentos fueron llevadas al cine. Además escribió o participó en la creación de tres guiones. En orden cronológico, sigue la lista según lo que investigué:

  •          “Un acto” (Federico Padilla, 1962). Cortometraje argentino basado en el cuento “El balcón”, originalmente conocido como “Tormenta de verano”. Un rasgo distintivo es la música de Leda Valladares.

 

  •         “Gaitán a casa” (Raúl Beceyro, 1967). Cortometraje argentino guionado por Saer.

 

  •         “Palo y hueso” (Nicolás Sarquís, 1968). Argentina. Con Héctor da Rosa, Juanita Martínez y Miguel Ligero. Basada en el cuento homónimo, el guión adaptado es de Saer.

 

  • El argumento se basa en una práctica común en pequeños poblados rurales y en la época durante la que trascurre la historia: un viejo le compra la hija a su amigo para convertirla en su esposa, pero enseguida descubre, y ahí se enfoca el nudo dramático, que su hijo ha estado acostándose con la chica.

 

  •         “Las veredas de Saturno” (Hugo Santiago, 1986). Francia. Película de drama que Saer co-guionó con el director.

 

  • La película trata de un intérprete de bandoneón muy reconocido en Francia, pero que anhela volver a su patria natal, la cual vive bajo una dictadura militar. Su hermana, una militante de izquierda, viaja con algunos compañeros para repatriarlo.

 

  • Tiene la particularidad de que el protagonista es Rodolfo Mederos, una de sus dos únicas apariciones como actor en una ficción, la otra es “Quereme así (Piantao)”, (Eliseo Álvarez, 1997).

 

  •          “Nadie, nada, nunca” (Raúl Beceyro, 1988). Argentina. Con Antonio Germano, Marina Vázquez, Alicia Dolinski y Carlos Falco (que encarna a Tomatis) en los roles principales. Basada en la novela homónima.

 

  • La película fue filmada íntegramente en San José del Rincón, localidad a pocos kilómetros de Santa Fe. Parte fundamental de la trama se basa en un asesino de caballos ensañado con esa zona del litoral. Es compleja y de difícil abordaje (tanto como la novela), y tal vez por eso no ha recibido críticas positivas. En rigor no es buena, un ritmo demasiado lento, tedioso, y actuaciones poco convincentes, la novela la supera por varios cuerpos, pero rescato la intención del director en captar la presencia de la última dictadura junto al temor de unos y la indiferencia de otros, tal como era entonces entre esta clase de poblaciones, así como el hecho de que logra recrear la difícil conjunción de un clima que es a la vez dramático como de lánguida contemplación.

 

  •          “Cicatrices” (Patricio Coll, 2001). Argentina. Con María Leal, Mónica Galán, Vando Villamil, Omar Fantini, Pablo Di Crocce, y Marcelo Trepat (como Tomatis) en los papeles principales. Basada en la novela homónima.

 


  • ·      Si bien en esta adaptación hay episodios y personajes que se apartan del texto literario (por casos, me gusta mucho más el Tomatis de la novela, pero como contrapartida la tensión con el juego de punto y banca es muy lograda en la película), el espíritu de la novela que escribió Saer está plenamente conservado. Y aunque muchas de las críticas señalan que le quita fuerza, valoré que la adaptación conservara frases u oraciones de la escritura original.

Buenas actuaciones, dignas, principalmente verosímiles casi todas las principales, no me hicieron extrañar a los personajes que imaginé mientras leí la novela. Y aunque conserva defectos de ritmo del cine argentino de tiempos anteriores, la película empieza a mostrar la fluidez que ya se hizo común en nuestra filmografía desde el 2000 en adelante. Entre otros planos positivos, destacan la fotografía y la ambientación de la Santa Fe de la época en que la historia transcurre (es súper personal, pero me encantó que dos de los personajes mantengan su diálogo final jugando al billar carambola en lugar de al pool).

  •          “Tres de corazones” (Sergio Renán, 2007). Argentina. Con Nicolás Cabré, Luis Luque, Mónica Ayos y China Zorrilla. Basada en el cuento “El taximetrista”. 

      


  • No es lo mejor de Renán. A veces no basta con que las adaptaciones a cine sean medianamente fieles al relato literario, para lograr la misma intensidad emotiva, la misma atmósfera, la misma complejidad… Lo que sí se disfrutan, y mucho, son las actuaciones de Luis Luque y China Zorrilla, ambos le pueden a cualquier argumento, a cualquier dirección.

 

  • El cuento “El taximetrista” en el que se inspira, tiene una anécdota llamativa. Cuando Saer estaba viendo “Taxi driver” (Martin Scorsese, 1976), saltó de la butaca y dijo: “Esto es El taximetrista” (el cuento es de 1961). Y cierto que tienen conceptos argumentales similares: un mafioso regenteando taxis y prostitutas, un taxista sin rumbo que trabaja a destajo y quiere rescatar a una de esas prostitutas… Encima, el guionista de “Taxi drive” es Paul Schrader, que vivió en Argentina y tomó contacto estrecho con la obra literaria local. Vaya uno a saber, Saer enseguida se olvidó del asunto y cuando se lo recordaban, decía que de todas maneras, “Taxi driver” no era lo que más le gustaba de Scorsese.

 

  • ·         “Yarará” (Gabriel Arregui y Sebastián Sarquís, 2014). Argentina. Con Juan Palomino. Basada en el cuento “El camino de la costa”. Podría clasificarse en distintas categorías, “Cine dentro del cine”, “Road movie”, “Documental” y finalmente ficción pura, ya que se trata del viaje del director Sebastián Sarquís en búsqueda de escenarios y personajes para la película, con la particularidad de que se dirige al noreste santafesino, a la zona en la que 45 años antes su padre filmó “Palo y hueso”. Aparecen personajes de este film que se entrelazan con la puesta de la nueva película, y se construye así el argumento de la misma, un conflicto dramático que viven cuatro personajes a la vera del Paraná.

 

  • ·         “El limonero real” (Gustavo Fontán, 2016). Argentina. Con Germán de Silva, Patricia Sánchez y Eva Bianco. Basada en la novela homónima.

 

  • Difícil verla sin haber leído antes la novela. Porque la información se brinda de a cuentagotas, apenas frases dispersas en la extensión de la película. Pero es así la cosa, los habitantes de las islas de Santa Fe son parcos, de hablar lento y pausado, como si no tuvieran emociones, pero carajo que las tienen, y Fontán, respetando a como son estas gentes y respetando a la novela, desarrolla una adaptación para mi gusto impecable, llevada con el mismo ritmo y al compás de lo que al protagonista le está pasando, es más, de lo que le está pasando a la mujer en interminable duelo por su hijo muerto, pese a que su presencia es mínima en la cinta. Y lo más importante es que logra que uno espectador lo perciba como cuando uno lector leyó lo que Saer escribió.

 

  • Un rasgo interesante es que solamente hay tres artistas profesionales (los arriba nombrados), el resto son habitantes de la zona, y Fontán los dirige haciéndolos hacer de ellos, que es justamente lo que esta puesta pedía.

 

  • ·         “Toublanc” (Iván Fund, 2017). Argentina. Con Nicolas Azalbert, Maricel Álvarez y Diego Vegezzi. Película episódica filmada totalmente en locaciones de París y la ciudad de Santa Fe, está inspirada en la vida y obra de Juan José Saer. Se trata de tres historias que sedimentan en una especie de relato policial disperso.

Fue producida por el Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe, como parte de las actividades del nominado “Año Saer” por la Municipalidad de la Ciudad. Este largometraje fue seleccionado para la Competencia Vanguardia y Género del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici) del año 2017.

Cito a Diego Brodersen (Página 12) a cuento de “Toublanc”: "Con una bella narrativa visual, el director construye un film de climas, de esperas, de ansias, de estados de ánimo”. Elegí esta cita porque sentí que es muy fiel al modo en que Juan José Saer escribió, y para cerrar redondeo la referencia con esta acertada mirada de la gran Beatriz Vignoli, también a propósito de “Toublanc”: “Lo que hay no son acontecimientos sino escenas, atmósfera, climas: tiempo y espacio, que según Saer son lo común entre la narrativa y el cine”.



Idea y creación: Emilio Bertero, 

Colaborador de:
Atrapados por la Imagen

Buenos Aires - Argentina

 


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martes, 31 de marzo de 2026

" Un atardecer desde el bosque " .- Silvia Elena Lanza -

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Las Siete Luces de Semana Santa - Ricky Kimmich -

 


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Fotografía: Claudia Solano - S/T -



 


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SERIE:RUIDOS QUE NADIE ESCUCHA - OS OSMO

 

.(No todos los dolores se ven. Algunos crecen en silencio.  Escuchar a tiempo puede cambiarlo todo).







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Blanco y celeste.... Ana Vaccari


 

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Título : " Atardecer detrás de casa " - R. Jorge Ruiz Diaz -

 



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lunes, 30 de marzo de 2026

Un dúo bellísimo- Jardín Botánico Carlos Thays - CABA - Claudia Molina

 


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" Practicando skate " .- Silvia Elena Lanza -

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Un día de Enero! - Héctor Daniel Cappuccio -


 

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Fotografía: Hugo Filmore -

 

Peaky  Blinders - (Nacional)   

 Workshop: Mirta Steinberg - Model. Mitzan Gilbirt.




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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: Al escritor: Cristian Bautista en: “El agua que se junta entre los adoquines”- Rosario - Argentina -

 


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen


RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

REGISTRO DE PROPIEDAD INTELECTUAL


ATRAPADOS POR LA IMAGEN


Cuentos y Relatos Presenta a...

CRISTIAN BAUTISTA 


"Artista de Atrapados por la Imagen"


en. . . .


 “El agua que se junta entre los adoquines”


Cuento inédito para Atrapados por la Imagen




"La editorial de Atrapados por la Imagen, es un espacio accesible para todos, fomentando la participación y el intercambio creativo".

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 “El agua que se junta entre los adoquines”

 CRISTIAN BAUTISTA

         

          Santiago se acomoda en el asiento de atrás del taxi que dobla por Callao, pasa sobre un charco y salpica toda la vereda oeste. Cuando llega a Urquiza, el semáforo, se pone en rojo, el taxi frena y una mujer cruza por la senda peatonal. Camina lentamente. Tiene puesto un sacón negro y tejido, de esos que tienen bolsillos grandes y hondos.  El paraguas abierto no deja verle la cara. Lleva un bolso de tela azul colgado del brazo. «Viene del supermercado, seguro viene del supermercado», piensa Santiago y está seguro de adivinar que, adentro del bolso, debe haber pan, leche, tostadas, yogurt y un tarro de Nesquik. Uno grande. De lata. Una lata amarilla, con el dibujo de un conejo sonriendo y la tapa de plástico azul. También manteca, dulce de leche y, por supuesto, miel. Su hijo la debe estar esperando para desayunar. Cuando llegue va a cerrar el paraguas, acomodará todo en la mesa y, después de colgar el bolso,  lo llamará.

—Falta el Nesquik —dirá el nene, de no más de ocho años, apenas se siente adelante de la taza de leche tibia.

—Fíjate en el bolso —contestará la madre. El nene resoplará pero «la leche sin Nesquik no se puede tomar», pensará mientras camina con desgano hacia la cocina.

— ¿Dónde está el bolso? —preguntará el nene.

—Donde siempre— dirá la madre.

— ¿¡Dónde!? — gritará el nene con fuerza y los puños apretados, aunque sabe muy bien donde es «donde siempre».

— Donde siempre — volverá a decir la madre.

—¿El azul?—preguntará el nene mirándolo ahí colgado.

—El azul —responderá la madre. El nene abrirá el bolso resignado y con fastidio. Sacará de adentro el tarro de Nesquik y volverá a la mesa donde su madre estará de pie, esperándolo para sentarse y desayunar juntos, mientras unta una tostada con miel.

—Cuando dejés el tarro en la mesa, alcánzame del bolsillo de mi abrigo las llaves, por favor —dirá la madre.

—¿Ahora? —dirá el nene.

—Ahora —dirá la madre.

El nene caminará hasta el abrigo, con más fastidio que antes,  y meterá la mano en el bolsillo.

—¡Melbas mamá, me compraste Melbas! —y, con el paquete en la mano, correrá a abrazarla colgándose del cuello hasta que la madre se incline a su altura. Entonces el nene le dará un beso en la mejilla; uno grande. La madre no se va a conformar con uno y acercará la mejilla hasta pegarla a los labios del nene. Aunque la posición le haga doler la espalda, desarmándose como una contorsionista improvisada, la madre, lo abrazará sin soltar la tostada y así, abrazados las dos, el nene comenzará a darle besos cortos en forma de golpecitos. Repiqueteando. Como si en vez de boca tuviese un cincel e intentará tallar en la mejilla todo lo que quiere a su mamá; mientras ella, dejando la mejilla bien cerca de la boca del nene, dirá: —Bueno. Bueno. Vamos a tomar la leche que se enfría —aunque en realidad, no quiere que ese momento termine jamás.

El taxi arranca.

Media cuadra después un relámpago, un trueno y la lluvia, todo en menos de cinco segundos.

— ¿Te molesta si pongo música? —dice el taxista. Santiago no contesta. El taxista dando golpecitos cortos, enérgicos y seguros pasa, con habilidad y sin dejar de mirar el camino,  tres o cuatro carpetas en el pendrive. Elige una que dice: « Nacionales». Al llegar a Rivadavia la onda verde se termina y, antes de girar, el semáforo se pone en rojo. Por el parlante suena Calamaro cantando un tema de Roberto Carlos. La lluvia se hace más copiosa y no le da tiempo al limpia parabrisas a sacar toda el agua. La luz roja del semáforo parece derretirse a través de las gotas gruesas.

—Temazo para un día como hoy —dice el taxista.

Santiago no contesta. El taxista baja la música y lo mira por el retrovisor. La luz del semáforo cambia. Primero amarillo después, obviamente y como es de esperar, verde. El taxi arranca y dobla por Rivadavia hacia norte. Agarra el empedrado. Va lento. Santiago trata de concentrarse en el ruido de la rueda aplastando el agua que se junta entre los adoquines.

Cuatro cuadras después el auto se detiene bien pegado al cordón. Santiago paga, abre la puerta y baja del auto. Antes de cruzar, espera que el taxi arranque haga unos metros y doble en la esquina, después cruza despacio por el medio de la calle, no le importa mojarse.

Santiago llega a la puerta vidriada empuja con fuerzas y mientras camina hasta la recepción va dejando huellas de agua que no tardaran en secarse. Se anuncia y la secretaria le dice que espere en el pasillo. Que ya lo van a llamar. El lugar tiene olor  a comida, desinfectante y flores. Un hombre vestido con un guardapolvo blanco pasa arrastrando una  silla de ruedas. La arrastra con una sola mano. Con la otra mano, mira el celular.

—Buen día —dice Santiago. El hombre contesta moviendo la cabeza. Algunos largos minutos después se abre una de las puertas y sale un hombre flaco, alto y prolijo. Lleva puestos unos lentes de aumento apoyados en la punta de la nariz, sostenidos de las patillas por una correa negra de hilo finito que le da vuelta alrededor del cuello. Sostiene con las manos una hoja de papel ajado.

—¿Cortés? —dice el hombre.

—Soy yo —dice Santiago, entra. La habitación es chica y sin ventanas. Tiene el lugar justo para dos camas de caños gruesos con colchones finos, dos roperos y una mesa de luz de chapa sin cajones. El hombre deja la hoja sobre la cama, saca una pinza de uno de sus bolsillos y, con habilidad, rompe el candado de la puerta de uno de los roperos.

—¿No trajo nada?

—No.

—Espéreme acá. Mientras lo vacía, voy a ver si le consigo alguna bolsa de consorcio  o una caja.

—Gracias —dice Santiago. El hombre se va. Santiago cierra la puerta y, después de mirar unos minutos el interior del ropero, comienza a sacar las cosas de a una. Cuando ve el sacón negro y tejido, sonríe. Lo levanta de los hombros, la sacude con fuerza y, después, mete la mano en el bolsillo.

 

  Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©CRISTIAN BAUTISTA

Rosario - Argentina

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis - Directora -

 Editora Literaria: Isabel Santoro

Ilustación: Imagen libre de la Web

Marzo 2026



Agradecemos a todos nuestros amigos, lectores y seguidores, por sus visitas y valoraciones.


Afectuosamente...


Administración de Atrapados por la Imagen.


                                                                                                                  

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domingo, 29 de marzo de 2026

" Florida Santa Rita " .-

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Fotografía: Claudia Molina -

 

Cuarteto de cuerdas Ámbar- Candlelight

Automóvil Club Argentino - CABA




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DOMINGOS DE CURIOSIDADES. HOY. EL PUENTE DE LA MUJER

 EL PUENTE DE LA MUJER




El Puente de la Mujer es una de las postales más emblemáticas de la ciudad. En pleno Puerto Madero, une las dos orillas del Dique 3 y sobresale por su silueta moderna, su fuerte carga simbólica y su papel clave en la transformación urbana de Buenos Aires.

Hoy en Domingos de Curiosidades voy a contarte su historia y algunos detalles que, tal vez, no conocías.



SU HISTORIA

Moderno y a la vez sobrio. Simple en sus líneas, pero refinado. Reservado en su presencia, aunque imposible de ignorar. Todavía joven para llamarlo histórico, pero ya con la fuerza simbólica de aquello que nace para perdurar.

En diciembre de 2001, en medio de una de las crisis políticas e institucionales más profundas de la democracia argentina, se inauguró en Puerto Madero el Puente de la Mujer: una obra de autor, singular y sin precedentes en Latinoamérica, que comenzó a escribir su propia historia desde el primer día.


La obra fue impulsada y financiada por el empresario Alberto L. González, exintegrante de la Corporación, quien la concibió como un homenaje a su esposa y a sus hijas, con la decisión expresa de donarla a la Ciudad. El diseño estuvo a cargo del arquitecto español Santiago Calatrava, reconocido internacionalmente por sus estructuras blancas y de fuerte impronta escultórica. El puente se construyó en apenas un año, con una inversión cercana a los seis millones de dólares.

Con sus 170 metros de extensión, enlaza las pasarelas este y oeste a la altura del Dique 3. Su rasgo más singular es el tramo central, que puede girar 90 grados sobre su eje para permitir el paso de veleros y embarcaciones de gran calado, una innovación también inédita en las obras de Santiago Calatrava.

Su punto más elevado, que alcanza los 39 metros, lo vuelve visible desde avenidas como Paseo Colón y Avenida Leandro N. Alem, consolidando su presencia en el paisaje y afirmando su condición de ícono urbano.


El puente fue fabricado en España por la empresa URSSA y luego transportado en piezas y montado en su emplazamiento actual, quedó levantado en un año.

Según explicó su propio autor, Santiago Calatrava, el puente busca evocar la imagen de una pareja bailando tango. El mástil inclinado representa al hombre, que sostiene con tensores la curva central, símbolo de la mujer, en una figura característica de este baile rioplatense.

El tango, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, encuentra así una interpretación arquitectónica que transforma el movimiento y la tensión del abrazo en estructura y acero.

En 2022, el Puente de la Mujer fue sometido a una importante puesta en valor. El antiguo piso de madera, ya deteriorado por el paso del tiempo, fue reemplazado por listones sustentables fabricados con plástico reciclado. Cien mil “Botellas de Amor” se convirtieron en cinco toneladas de material destinado a conformar el nuevo deck.

La intervención comenzó con el retiro de la madera original y una limpieza integral de la estructura mediante hidrolavado, para eliminar cualquier agente contaminante. Luego se aplicó pintura anticorrosiva y finalmente se instaló el nuevo piso ecológico. Para alcanzar esa superficie se utilizó el equivalente a dos piletas olímpicas repletas de envases plásticos.

Este material sustentable ofrece mayor durabilidad y resistencia frente a la corrosión, la humedad, los cambios climáticos y las plagas. Además, no se astilla y requiere menos mantenimiento que la madera tradicional.

Como parte de la obra, también se reforzó la pintura del mástil, que se eleva a casi 40 metros de altura, asegurando su preservación y presencia en el paisaje urbano.


El Puente de la Mujer trasciende su función de paso peatonal: es la síntesis entre arte, ingeniería y conciencia ambiental.

De día, recorta su silueta blanca contra el cielo; de noche, se ilumina y se vuelve aún más escénico. A cualquier hora convoca a miles de visitantes que lo eligen como punto de encuentro y como marco ideal para fotografiar el perfil urbano de la ciudad.






Idea, investigación y edición: Isa Santoro
Administradora de Atrapados por la Imagen



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