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Atrapados por la Imagen es un espacio donde las historias encuentran su forma, ya sea en palabras, en fotos o en la mezcla mágica de ambas. Somos una página editorial que apuesta por la sensibilidad, la mirada personal y el disfrute de contar. ¡Bienvenidos!

jueves, 20 de agosto de 2026

¡Hoy 20 de Agosto, Atrapados está de Fiesta!

 

"Hoy es el cumpleaños de nuestra querida Atrapadita" 


Julieta Casola Valussi


Queridos amigos, para aquellos que todavía no la conocen…


"Julieta es la encargada de diseñar cada una de las tarjetas de cumpleaños que reciben los y las autoras de Atrapados por la Imagen".


"Con este presente, y en nombre de toda la comunidad , enviamos nuestros saludos y muchos cariños a July, que en el día de hoy está cumpliendo años".



¡Que seas inmensamente feliz!

Administración de Atrapados por la Imagen.

 
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miércoles, 19 de agosto de 2026

" ... y floreció en la medianera del dificio " .-

Serie : " La Comercial " .-

Feliz Día de la Fotografía 💙 Claudia Molina

 


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"Galería Güemes en blanco y negro" - CLAUDIA MOLINA

 



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Emilio hoy nos trae algo de . . .

 EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN

Presenta: 

"Mis Héroes y Heroínas Literarios"


 IDEA Y CREACIÓN:

Emilio Bertero

________


Flannery O´Connor

Escritora estadounidense

(1925-1964)



Flannery O´Connor

EMILIO BERTERO

 

                 No hace mucho, “Atrapados por la imagen” publicó en este espacio una reseña que hice de Carson McCullers. Tras esa publicación, se me hace necesario proponerles también a Flannery O´Connor, otra mujer del sur norteamericano, contemporánea de Carson, también marcada por funestos episodios personales (lo peor, murió de lupus con tan solo 39 años), también vivenciando los resabios del enfrentamiento ideológico (y humano) entre el integracionismo y el segregacionismo, causante principal de la Guerra Civil estadounidense, la que pese a haber concluido en 1865, aún mostraba heridas abiertas en los tiempos de Flannery y de Carson. Hermanadas por la época, el ambiente en el que crecieron y se desarrollaron, ser ambas cultoras del denominado “gótico sureño” y, fundamentalmente, por el gran talento de las dos, se vieron enfrentadas en el plano personal. Flannery O´Connor llegó a decir que “Reloj sin manecillas” era el peor libro que había leído en su vida, que la obra de McCullers era detestable y que no tenía ningún sentido conocer a su colega, porque un eventual encuentro seguramente no le reportaría absolutamente nada. Y Carson McCullers fue aún más allá, manifestando que la O´Connor había “aprendido” de su estilo literario, y pongo “aprendido” entre comillas porque lo interpreto como una ironía, ya que también expresó que en el cuento “Un templo del Espíritu Santo”, Flannery se había copiado de su nouvelle “El miembro de la boda”.

Aunque de pronto, siendo Flannery una muy ferviente católica, y Carson haber manifestado en varias ocasiones que no creía en la existencia de Dios, capaz por ahí pasaba mucho de la tirria mutua, por más que nunca lo hayan dicho. Igual basta de puterío. La literatura de las dos es buenísima y no me parece justo la tierra que se echaron la una a la otra. Así que vamos de una vez por Flannery O´Connor.

 

               Flannery tenía sus bemoles (tengo temor de cansarlos trayendo, muy seguido, escritores y escritoras con bemoles). En efecto, Georgia, estado en el que nació y vivió, muy conservador en sus costumbres, fue segregacionista durante muchos años de los siglos XIX y XX, y creería que eso le dejó influencias porque, aunque nunca manifestó claramente una ideología política, aceptó mansamente el orden social y cultural sureño. En ese plano, se describió como “integracionista por principio, pero segregacionista por gusto", lo cual es, cuanto menos, bastante ambiguo.

Otra influencia que se nota en su obra, es la de una fe católica muy acentuada —que siempre sostuvo pese a que el sur norteamericano era marcadamente protestante—, de la que conjeturo devino su desinterés por la política, ya que rechazaba las ideas que postulaban el crecimiento del ser humano sin Dios, y subordinaba la importancia de la evolución de las sociedades, al concepto judeocristiano de salvación y pecado.

               Ahora bien, estos aspectos que señalo no impiden que me rinda ante su literatura. Es magnífica. Y además profundamente honesta, no hay ningún texto en el que Flannery intentase mostrarse diferente de lo que era. Detestaba la hipocresía, y en sus narraciones, apelando con maestría a la burla mordaz, irónica, sarcástica, apuntó e hizo blanco certero, sobre quienes hacían un culto de la impostura y la falsedad, y ahí no hubo distinción, porque la ligaron tanto los intelectuales del norte supuestamente iluminados, como los blancos del sur que se la daban de moralmente superiores.

Empezó a leer seriamente relativamente tarde, más o menos luego de completar su formación terciaria, principalmente a William Faulkner, James Joyce y Kafka, sus predilectos de ese momento. Quizás esa tardanza explique en parte que también demorase en publicar obras de mayor calidad. Recién en 1952 aparece la novela “Sangre sabia”, aunque ya había presentado sus primeros cuentos como tesis de graduación del Máster de Creación Literaria de la Universidad de Iowa. Esta novela fue el resultado de un largo proceso, que arrancó en Iowa en 1946, continuó hasta mediados de 1948 en la colonia de escritores de Yaddo en Nueva York (merced a una beca para terminación de primera novela de autores noveles), luego en la casa de campo de Robert Fitzgerald y su esposa en Connecticut, de los que se hizo gran amiga y publicaron tras su muerte numerosa obra inédita. En 1951 le diagnosticaron lupus, la enfermedad que la llevaría a la muerte, se mudó a Milledgeville (adonde había vivido con su familia de adolescente) y después a la granja Andalusia, adonde cuidada por su madre y aficionada a la cría de pavos reales, no solo concluyó “Sangre sabia”, sino que también escribió el resto de su obra literaria.

“Sangre sabia” es una novela tragicómica, sin éxito ni de crítica ni de venta cuando fue publicada. Recién desde los ´70 recibiría el reconocimiento del que goza actualmente. Está escrita primordialmente en tercera persona, y es una muy buena elección que se trate de un relator omnisciente, porque la idea argumental pide que a la trama la cuente alguien que sabe de Hazel Motes, el protagonista, más que el protagonista mismo.

                 En esta primera obra importante, Flannery canaliza de algún modo su relación intensa con la religión. Motes regresa de la guerra a Tennessee, encuentra su antigua casa en abandono y deterioro, y así es como, sin familia y una vieja fe religiosa perdida por culpa de la guerra, se va a vivir a Taulkinham, un pueblo de ficción soberbiamente imaginado por la autora. Allí es donde arranca su intento de comandar una nueva religión, la de una iglesia sin Cristo. Traba relación con Enoch Emery, un joven apenas emergido de la adolescencia, que lo persigue con el concepto que da título a la novela, la “sangre sabia”, conocer por puro instinto la senda que debe seguirse, sin necesidad de que nadie se la descubra y/o conduzca. Tanto Hazel como Enoch son una creación muy inspirada, justa para el argumento, sus imágenes y voces hacen que el lector pueda ver y oír de modo preciso, lo que debieron ser estos personajes del sur estadounidense en aquel entonces.

El largo periplo de Hazel en pro de llevar adelante su misión, que bajo las formas de una redacción muy seria O´Connor ridiculiza, acaba mal como era de esperar, un final tan trágico como le cabe a cualquier fanatismo absurdo. No es importante que medio lo esté revelando, porque lo mejor de la novela es el periplo a lo largo del cual Motes conocerá una galería de personajes de toda laya y color, entre los que sobresalen Asa Hawks, un predicador que se hace el ciego para limosnear, y su hija Sabbath Lily, quien en un giro inesperado se lo levanta a Hazel, quien vivirá éste y varios episodios más de todo tenor (de todo tenor en serio), y siempre bajo el contexto, muy bien pintado, conservador y racista de la mayoría de la población (“A este coche no lo fabricaron negros”, “Es igual que algunos negros que conozco”, y otras frases así en boca de los distintos personajes).

Flannery dijo cierta vez, y creo que con esto se justifica lo dicho más arriba acerca de su apego a la fe religiosa, que la grandeza de Dios puesta en esta novela, estriba en que Hazel no puede librarse de Dios, a pesar del tesón con que lo intenta, tesón al que se lo muestra como una caricatura de religiosidad enfermiza.

 

              Flannery O´Connor es especialmente reconocida por los 31 cuentos que escribió. En 1955 publica su antología más famosa, “Un hombre bueno es difícil de encontrar”. Póstumamente, en 1965 se publicó su segundo libro de cuentos, “Todo lo que asciende tiene que converger”, y en 1971 “Cuentos completos”, que contiene sus 31 relatos, 19 de los dos volúmenes antes publicados y 12 más, seis de los cuales corresponden a su tesis de maestría de 1947.

De un modo u otro, en la mayoría de los casos con finales asociados a eventos trágicos, surgen claramente en la cuentística de Flannery mensajes cristianos, es recurrente la presencia de pecado, culpa y castigo, es como si tuviese la intención de convertir en católicos a sus lectores. Ojo, no es esto lo que me encanta de esta autora, sino que me maravilla su estilo literario, traducido en relatos que fluyen sin trabas, ritmos precisos, un gran manejo de tensión e intensidad, más la construcción de memorables personajes, las sutiles entrelíneas, el apropiadísimo mechado de símbolos, el seguimiento de imágenes, el punto de vista.

             Fuera de los contenidos religiosos, en cuanto a temática y objetivos perseguidos por muchas de sus narraciones, una de las cuestiones que me agradan, y mucho, es cuando mi heroína literaria de esta entrega, descarga sarcasmo sobre tanto sureño blanco lleno de moralina que conoció (y detestó) desde chiquita, sobre los pagados de sí mismos, sobre los que se creen superiores, sobre los que diciéndose cristianos son lo más anticristo que uno puede encontrar. Y se disfruta cuando las circunstancias en un par de los relatos, hacen que estos seres despreciables se sientan dependientes de aquellos a los que siempre rebajó y consideró inferiores, y se los vea impotentes ante la certeza de que no los verá acudir obedientes y voluntariosos en su auxilio (recomiendo al respecto “Un círculo de fuego” y “La buena gente del campo”).

Si bien me gustan los 31 cuentos, dejo un salpicadito, muy limitado, de los cuentos que me han resultado más impactantes. Por lejos, el más famoso de Flannery, el imprescindible, es “Un hombre bueno es difícil de encontrar”, que da título a la antología editada en 1965. Una familia —padre, madre, tres hijos y abuela— se alista para salir de vacaciones a la Florida, pero la vieja preferiría ir a Tennessee adonde tiene conocidos, así que, con el afán de torcer el plan a su gusto, empieza a llenarles la cabeza con la cuestión de que un asesino loco huyó de la cárcel, y que según el diario podría rondar por los caminos a Florida. No le llevan el apunte y, por la forma en que la tratan los nietos desde que arranca el viaje, se nota que la familia no le tiene ningún respeto. Paran a comer y durante el almuerzo sigue con la cantinela del asesino.

               Cuando reemprenden el viaje el relato pega el primer sacudón, la abuela se ha llevado escondido a su gato en una canasta, a la que accidentalmente golpea y el animal salta a las espaldas del padre que va conduciendo el coche, provocando que el mismo vuelque y se salga de la ruta. Con los chicos matándose de risa, la madre lastimada, la abuela ilesa y el padre enfurruñado, les alivia ver que aparece un coche al que pedir ayuda. Y ahí la gran sorpresa, no eran todas macanas lo de la vieja, porque uno de los tres hombres del auto es el asesino, y sin dar muchas vueltas ordena a sus secuaces que lleven al padre y al hijo mayor a un bosque cercano y los maten.

Flannery O´Connor transforma un viaje plácido de vacaciones (solo la vieja jorobando), con un ritmo de relato que acompaña esa placidez, en un vértigo de angustiosa tensión, se oyen dos tiros y los tipos regresan para llevarse al bosque a la madre y a los otros dos hijos. La abuela, mientras tanto, en otro pasaje difícil de aceptar si la autora no hubiese construido tan bien al personaje, se limita a hacerle el filo al demente para que no la mate también a ella. Y en un desenlace muy posible, pero que aun así uno no espera del todo, el tipo la mata de un disparo.

¿Cuál es la intención de Flannery con este relato? Como yo lo veo, por un lado, exhibir la hipocresía de la abuela, haciendo cualquier cosa para que se haga lo que ella quiere, el egoísmo de que en el momento más álgido solo está preocupada de ella, el que se llene la boca hablando de valores y virtudes perdidas (“Un hombre bueno es difícil de encontrar” es una de sus frases), pero a la hora de mostrar esos valores y virtudes es una miserable. Y como contrapartida, el loco asesino es si se quiere más honesto, no se hace el bueno, no defiende su maldad e incluso cuestiona que haya un Dios que castigue sus actos.

            Pero lo realmente impactante del cuento es el revelador final: tras matarla, el criminal dice que la vieja habría sido mejor mujer "si hubiera habido alguien ahí para dispararle cada minuto de su vida", todo porque ya ante su inevitable final, una vez que comprende que será asesinada pese a sus ruegos, la abuela se redime. En efecto, O´Connor de alguna manera induce en el lector la idea de que, ante la violencia, ante la muerte, Dios se manifiesta en la abuela para que muestre una faz oculta de amor, generosidad y bondad, incluso llama “hijo” a quien va a matarla, como si comprendiera que el asesino pertenece de todas maneras a la humanidad.

Desde luego que este final responde a la fe católica de Flannery. Los católicos creen que los humanos son pecadores por defecto, y que para ser redimidos es necesaria la intervención divina. A pesar de lo difícil que es ver divinidad en tanta bestialidad desde que los tres tipos se detienen junto al auto accidentado, es parte del plan de Dios para salvar a la horrible abuela. Para Flannery, los seres humanos son perversos por naturaleza, y solo la violencia y la muerte les dan chance de salvación.

             En “Un templo del Espíritu Santo”, una altiva nena de 12 años, recibe de visita a dos primas mayores que ella, a las que desprecia notoriamente. Sin embargo, le impresiona que se denominen a sí mismas “templo del Espíritu Santo”, como les inculcaron en la escuela católica a la que asisten. La madre de la nena, en su afán de que sus sobrinas la pasen bien, les organiza con dos pibes de su edad un paseo a una feria, al que la nena no va. Al regresar, cuentan la “atracción” que más les llamó la atención, un hermafrodita en el espectáculo de rarezas, en particular su manifestación de que “Así es como Él (Dios) quería que fuera y no voy a discutir su voluntad”. Y aquí brota el nudo del cuento. En un sueño la nena ve al hermafrodita diciendo “soy un templo del Espíritu Santo”, y entonces al despertar deja de pensarlo como un freak como sus primas, sino que acepta su humanidad y así comienza su apertura a la gracia cristiana.

“El negro artificial” es un cuento al que Flannery consideraba su favorito, un cuento que en los foros sobre O´Connor desata mucha discusión con respecto a la interpretación de su final. Los protagonistas son el señor Head y su nieto Nelson, con el que un día se cayó la madre, “con el caballo cansado” a casa de su papá, tras haberse fugado a Atlanta y quedado embarazada de padre desconocido. La chica muere al poco tiempo, y el viejo Head queda a cargo del nene, que para cuando el relato arranca, joroba con que quiere conocer Atlanta, ciudad a la que su abuelo odia. Tanto como odia a los negros, y eso le ha inculcado a su nieto. Finalmente viajan a Atlanta, el viejo con la esperanza de hacérsela pasar mal a Nelson, así el chico también empieza a detestar la ciudad donde fue concebido.

                 Una vez en Atlanta, pierden el rumbo en un barrio de gente de color, pero el viejo se niega rotundamente a pedir indicaciones a un negro. Sentados a descansar, Nelson se queda dormido, y su abuelo se esconde de él simulando que lo abandonó. Al despertar, el chico aterrorizado echa a correr y atropella a una anciana que se rompe un tobillo. El viejo reaparece, pero como toda la gente le exige hacerse cargo de los gastos médicos, declara que no conoce al chico. Y los “despreciables negros”, que enseguida se avivan de la verdad, muestran hacia Nelson una cariñosa piedad, suficiente para que el chico empiece, en principio, a revisar en su cabecita el mandato de odio del señor Head.

Y desde ahí, una suerte de metamorfosis vehiculizada solo merced a la escritura magistral de Flannery O´Connor. Yendo de regreso a la estación de tren para abandonar Atlanta, el viejo deshaciéndose en disculpas y Nelson ofendido no aceptándolas, se topan con una estatua de yeso medio maltrecha, una caricatura grotesca que pretende representar a un negro como una redención del sufrimiento, el “negro artificial”, cuya visión desata un momento de gracia en el viejo racista, como si entendiera que los actos pecaminosos devuelven consecuencias gravosas. Pero a la vez, pese al embeleso que causa en Nelson el primer vistazo a la estatua, pese a que ante su presencia pareciera reconciliado con su abuelo, ha cambiado para siempre, y no necesariamente en el correcto sentido.

“La persona desplazada” es el último de los diez relatos que contiene la primera antología de 1965. Es el más largo, diría que se trata de una novela corta. Una granja en el sur muy venida abajo, cuya dueña es una viuda, la señora McIntyre, contrata al señor Guizac, un polaco católico, refugiado de la guerra, la “persona desplazada” a causa del conflicto bélico.

              Trabajando, el polaco resulta ser una bestia, y enseguida a los demás empleados les atemoriza perder en la comparación a los ojos de su patrona, y tanto blancos como negros, uno más miserable que el otro, conforman una alianza para que la mujer eche a Guizac, inundándola de conceptos prejuiciosos que tratan de despertar su xenofobia. Va de suyo que conocen bien a la terrateniente, saben qué fibra tocarle para lograr su cometido. Defendiendo al polaco, solamente anda por ahí un cura católico.

En principio, la viuda no toma acción en contra del inmigrante, no por moralidad sino porque un trabajador como Guizac no se encuentra todos los días. Sin embargo, un episodio cambia el escenario. Un empleado de la granja le tira unos dólares al inmigrante para que se case con su prima, y el tipo agarra viaje, no tanto por el dinero sino porque casarse con una norteamericana es sinónimo de abandonar para siempre el campo de refugiados polaco. La macana es que a la señora McIntyre el asunto le cae como el traste, concluye que el polaco es uno más de los tantos empleados de baja estofa que tuvo, y amenaza con echarlo si no rompe el compromiso matrimonial.

Justo vuelve a la granja Shortley, un ex empleado al que McIntyre había despedido para aumentarle el sueldo al polaco. Se le ha muerto la mujer, a la viuda le da lástima y lo contrata de nuevo. Encima le comunica que va a echar a Guizac. Pero no lo hace, y toda la peonada, azuzada por Shortley, se para de manos y respalda a su líder cuando éste asesina al polaco.

             Cada personaje incurrió en algún pecado, es obvio que, escrito por Flannery, la cosa no termine bien para nadie: el polaco muerto, los peones con Shortley a la cabeza teniendo que huir de la ley y la viuda vendiendo la propiedad por falta de trabajadores para explotarla. El único que queda a su lado es el sacerdote católico, afanoso por convertirla a la fe católica como en toda la nouvelle.

“Todo lo que asciende tiene que converger” es el cuento que da título a la segunda antología, la primera publicación póstuma. O'Connor dijo alguna vez que este relato es el único que toca el tema racial. No lo comparto del todo, aunque sí veo que pretende vincular la posición social de la raza negra post guerra civil, con una imposible comunión espiritual con los blancos.

Julian, el protagonista, vive a disgusto con su madre, una sureña racista que se la pasa añorando la situación acomodada que llevaba antes de la abolición de la esclavitud, cuando en la plantación de su padre tenían muchísimos negros a su servicio. Pero más que nada, a Julian le exaspera que la vieja espere vanamente que sea él quien la devuelva a esos tiempos, porque solo tiene un modesto empleo que no permite ni soñar con algo semejante.

La explosión ocurre durante un viaje en ómnibus. A la ex ricachona le toca sentarse al lado de una mujer de color, que tiene puesto un sombrero igual al suyo. A Julian se le despierta la expectativa de que esta casualidad sirva para que su madre reflexione con respecto a la igualdad racial. Lejos de eso, simulando amabilidad, pero con la clara intención de mostrarse superior, la vieja le da una monedita al hijo de su compañera de asiento, con la actitud de quien entrega una limosna. La madre del chico negro se enfurece de tal modo que le pega un bolsazo en la cabeza. Ya descendidos del colectivo, Julian se pone a recriminar a su mamá, hasta que ésta se descompone y cae pesadamente al suelo. Comprendiendo que la mujer está muriéndose, desaparece toda su furia, le habla con el cariño del niño que de repente vuelve a ser, y entra, textual del relato, “en el mundo del remordimiento y el pesar”.

                  A ”La espalda de Parker” se lo ha catalogado como uno de los relatos más misteriosos de O'Connor. Parker es un ateo que se casa con Sarah Ruth, una fundamentalista que tiene entre ceja y ceja “salvar el alma” de su esposo. Pero no hay caso. Sin embargo, en un accidente medio raro, Parker se estampa contra un árbol, y solito, comienza a experimentar una conversión a la fe cristiana. Una de las que se manda es tatuarse a Cristo en la espalda. Lejos de alegrar a su mujer, ella lo acusa de idólatra y el clímax del cuento se da cuando, incapaz de reconocer la naturaleza divina y a la vez humana de Cristo, le asesta a Parker un escobazo en la espalda tatuada.

La mayoría de los analistas especializados en la literatura de Flannery O´Connor, han manifestado que la autora desea mostrar que Sarah Ruth es incapaz de ver “la conexión mística entre el sufrimiento de su esposo y el de Cristo crucificado”. Es muy posible que así sea, porque cuando Flannery escribió este relato, empleaba muchos símbolos poco convencionales para hablar de la redención, como cuando tras la frustración vivida, Parker acaba sufriendo recostado contra un árbol, el cual ha sido interpretado como “una representación de la cruz en la que Jesús fue crucificado”.

“Los cojos entrarán primero” es un cuento emparentado con la novela “Los violentos lo arrebatan” (la segunda novela de Flannery O´Connor), a partir de que el protagonista, Rufus, un adolescente sociópata, y un trabajador social que quiere borrarle de la cabeza las pavadas bíblicas que le enseñaron, tienen marcados puntos de contactos con personajes de la novela aludida.

               Se trata de un relato sobrecogedor. Rufus convence a Norton, el hijo de Sheppard (el trabajador social que, tan empeñado en Rufus, descuida a su chico) de que puede reunirse con su mamá muerta si se convierte al cristianismo (sí, el espanto de persona que es Rufus, idolatra al Diablo, pero incomprensiblemente también cree en Dios). Norton agarra el consejo para cualquier lado, se suicida para adelantar su encuentro con la mamá, y recién ahí Sheppard reflexiona sobre sus creencias y propósitos. Nasrullah Mambrol, un analista que me resulta muy esclarecedor, ha dicho: “La actitud de O'Connor hacia el humanista secular (Sheppard) es, una vez más, satírica: sin una fuente divina, no puede haber salvación”.

Los críticos más reconocidos consideran que “Revelación” es un relato que está en la cumbre de la cuentística estadounidense. Muy marcadamente, Flannery O´Connor quiere exhibir que en el Reino de Dios los últimos serán los primeros. En la sala de espera de un consultorio se halla la señora Turpin, muy creída de ser una dama cristiana ejemplar, pero que es lo más anticristiano que uno podría encontrar, porque se siente superior a la gente de color y a los de clase social baja, es más, se acuerda de Dios principalmente para agradecerle ser blanca y pertenecer a la clase que pertenece. Imprevistamente (o no tanto), mientras la Turpin está haciendo estos agradecimientos para sus adentros, Mary Grace, una jovencita diagnosticada con trastornos mentales y caracterizada como una "chica gorda con el rostro azulado por el acné”, le tira por la cabeza el libro “Desarrollo humano”, gritándole que es “un chancho del infierno”. A la vieja la frase le queda retumbando y, cuando vuelve a su propiedad a manguerear a los chanchos que cría, un claro símbolo de inmundicia, tiene una visión de las almas oprimidas entrando al cielo antes que ella y su esposo.

“El día del juicio final” es el último relato que escribió, una versión revisada de su primer cuento publicado (“El geranio”). Llegando al final de su vida, Flannery entrega una historia en la que pone el acento en un pilar de la religión que profesó: el destino de todo cristiano es regresar al hogar celestial.

El personaje principal es Tanner, un anciano sureño que vive con su hija en Nueva York, y que desea volver a morir a su antigua casa. Recordando con afecto, nostalgia, una relación amistosa con un hombre de color durante sus años jóvenes en el sur, desearía hacerse amigo de un negro que vive en el mismo edificio de Nueva York. Con esto ya puede apreciarse, comparando con lo hasta ahora leído y/comentado de la autora que, a diferencia de casi todas sus demás obras, este relato presenta las relaciones raciales basadas en el respeto mutuo.

Pero Tanner es incapaz de reconocer las diferencias en las actitudes del sur y del norte hacia la raza, y acaba siendo atacado con violencia por el vecino con quien hubiera querido trabar amistad. No obstante, Flannery lo perfila como un verdadero creyente y su premio es alcanzar descanso eterno en el cielo, el destino de todo buen cristiano.

             En “El pavo”, un niño atrapa a un pavo herido, con la ilusión de recibir al fin en su casa, el reconocimiento que siente merecer. Pero en el camino una mujer lo engaña y le arrebata el animal. El chico le echa la culpa a Dios por haberlo ilusionado agarrando al pavo, y después hacer que lo perdiera. Flannery expone el pecaminoso orgullo que el chico experimenta pensado en el reconocimiento familiar que nunca logra, y la intervención divina para conducirlo a una toma de conciencia.

Fuera de los mencionados, el resto de los 31 cuentos publicados de Flannery O´Connor son: “El río”, “La vida que salves puede ser la tuya”, “Un golpe de buena suerte”, “Un encuentro tardío con el enemigo” (en el libro “Un hombre bueno es difícil de encontrar”), “Las comodidades del hogar”, “Una vista del bosque”, “El frío persistente” y “Greenleaf” (en el libro “Todo lo que asciende tiene que converger”), y “El barbero”, “El lince”, “La cosecha”, “El tren”, “El pelador”, “El corazón del parque”, “Enoch y el gorila”, “Usted no puede ser más pobre que muerto”, “Fiesta en Partridge” y “¿Por qué braman las naciones? (en el libro “Cuentos completos”).

 

En 1960 Flannery O´Connor publica “Los violentos lo arrebatan”, su segunda novela. Extraigo porque me parece brillante (como reflejo, no solo de esta novela sino de toda la obra de la autora) de una nota de Alan Pauls de un suplemento Radar de Página 12: “…la fe aporta energía, obstinación, voluntad de sacrificio. Pero esa dinámica arrolladora, eminentemente física –hay en las novelas de O’Connor un registro atlético, casi porno, de la convicción religiosa–, gira de algún modo en el vacío, como el eco furioso pero estéril de una era extinta”.

En el caso de esta novela, un huérfano de 14 años, Francis Marion Tarwater, y un maestro de escuela, se revelan ante el vaticinio de un tío abuelo ya muerto, de que el huérfano será un profeta. Desde allí, a Tarwater se le desencadena una lucha interna entre su fe y el llamado a ser profeta como le fuera anunciado. A la narrativa la lleva adelante un relator omnisciente, lo cual posibilita que, a través de él, uno lector pueda meterse bien adentro de lo que le pasa al protagonista, incluso de lo que ignora, y en la del maestro coprotagonista, quien brega por sacarle al chico de la cabeza, todo lo que le metió su tío abuelo, quiere desatarlo de un mandato opresor, educarlo, darle una oportunidad en la vida… Pero ojo, Rayber (así se llama el maestro), si bien liberado del fanatismo religioso, tiene sus propios demonios, el principal su hijo Bishop, con síndrome de Down, al que encima el tío abuelo le hizo prometer a Francis que bautizaría.

Bishop configura una creación genial de Flannery en términos de funcionalidad a la novela, porque es un nexo entre los dos personajes, desatando dolores y culpas como en el caso del padre, y siendo para Taywer una presencia que constantemente le representa su batalla interior.

             En lo personal, y pese a ser menos difundida, me gustó tanto o más que “Sangre sabia”, y me permito redondear este comentario con un extracto de la sinopsis de la contratapa de la edición que poseo (una en que las dos novelas fueron publicadas juntas): “Lúcida y tormentosa, radical y sobrecogedora, la obra de Flannery O´Connor constituye una de las aventuras más intensas de la literatura de todos los tiempos”.

 

También después de su muerte, fueron publicados los ensayos “Misterio y maneras. Prosa ocasional” (1969) y “La presencia de la gracia” (1983), la recopilación de cartas “El hábito de ser” (1979), un libro, “Tiras cómicas” (2012), conteniendo ilustraciones de humor que hizo de joven, y un diario (“Diarios de oración”, 2013).

 

En 1979, John Huston llevó “Sangre sabia” al cine, una buena adaptación que sigue la trama de la novela con bastante fidelidad, consiguiendo respetar el tono de sátira, el pesimismo, la oscuridad de los personajes y el ambiente tan bien pintado por Flannery en su novela. El guion adaptado es de Michael Fitzgerald (el hijo de Robert Fitzgerald). responsable de haber convencido a John Huston para que se hiciera cargo de la dirección, la que de paso digo, es excelente como no podía ser de otro modo con tal monstruo.

Quizás Enoch Emery, actuado por Dan Shor, tuvo menos protagonismo que en el libro en cuanto a minutos en el film, pero sí estuvo presente en las partes más trascendentes. En el papel de Hazel Motes hay una destacada labor de Brad Dourif, quien cuatro años antes se había lucido encarnando a un tartamudo en “Atrapado sin salida”, la famosísima película que protagonizó Jack Nicholson. Y en lo que para mí fue un hallazgo, me encantó Amy Wright desempeñando el papel de Sabbath Lily.

Un párrafo final dedicado a la locación del ficticio pueblo de Taulkinham, para la que se eligió Macon, Geogia, cerca de Andalusia, donde Flannery vivió sus últimos años. Las imágenes del poblado y sus alrededores, me resultaron sumamente fidedignas con respecto a lo que mi imaginación forjó leyendo la novela.

 

Otras adaptaciones cinematográficas menos conocidas de la obra de Flannery O´Connor fueron, en orden cronológico:

1957: “La vida que salves puede ser la tuya”. Fue una producción para la TV de EEUU, la dirigió Herschel Daugherty y protagonizó Gene Kelly. La única versión cinematográfica de algo suyo que vio Flannery, y experimentó tal decepción, sobre todo porque le cambiaron el final, que no permitió otra adaptación por el resto de su vida.

1974: “Un círculo de fuego”. Mediometraje norteamericano que dirigió Victor Nunez.

1977: “La persona desplazada“. Glenn Jordan dirigió esta adaptación filmada en Andalusia, última morada de Flannery O´Connor. Se trata de un telefilm para la serie estadounidense “The American Short Story”, y los papeles principales estuvieron a cargo de Irene Worth (como la Sra. McIntyre), actuación muy elogiada por la crítica, y Shirley Stoler. También aparece, muy joven, Samuel Jackson en el papel de Sulk, uno de los trabajadores del campo que conspira contra el inmigrante polaco contratado por la dueña de la granja.

1977: “El río”. Cortometraje estadounidense de Barbara Noble.

1990: “Katafalk”. De la URSS, dirigida por Valeriy Todorovskiy e inspirada, muy libremente según he leído por ahí, en “La vida que salves puede ser la tuya”.

1992: Con el título “Corazones negros sangran rojo”, Jeri Cain Rossi dirigió este cortometraje, adaptación del cuento "Un hombre bueno es difícil de encontrar". Creo que a Flannery no le hubiese gustado, es más que nada una cinta de terror que no refleja ni de cerca la profundidad del mensaje del cuento.

1993: “Khromiye vnidut pervymi”. Largometraje ucraniano de Mikhail Kats, basada en “Los cojos serán los primeros”.

1995: “Gül ile Adem”. De Baris Pirhasan. Uno de los cinco segmentos del largometraje turco "Yerçekimli Asklar". Basado en "La buena gente del campo".

2014: “Verloren Zoon”. Mediometraje de Jaap van Heusden para la TV holandesa, basado en "Los cojos serán los primeros".

2020: "Un hombre bueno es difícil de encontrar". Cortometraje de animación realizado por Sean Silleck (USA).

 

             Para ir terminando, dos películas que no son adaptaciones de la obra de Flannery O´Connor, sino trabajos relacionados con su vida y literatura. En 2019, Mark Bosco y Elizabeth Coffman filmaron “Flannery”, un episodio documental de la serie de USA "American Masters", recibido por la crítica especializada con opiniones encontradas. Por mencionar solo a dos de los medios más importantes, el New York Times dijo que era desastroso, visión totalmente opuesta a la del Boston Herald. Y en 2023 Ethan Hawke dirige “Wildcat”, sobre la vida y obra de Flannery O´Connor, con Maya Hawke interpretando a Flannery. A mí me pareció una propuesta muy digna que vale la pena verse, pero la crítica la trató mal.

Y una anécdota que vincula indirectamente al cine con Flannery. En la película “American Fiction” (Cord Jefferson, 2023), la primera escena muestra a un profesor universitario negro dirigiendo con cierta dificultad, un debate en clase sobre "El negro artificial". Una de las estudiantes, blanca, se queja varias veces de la palabra “nigger” escrita en el pizarrón. El profesor le dice: "Con todo respeto, Brittany, yo lo superé, estoy seguro de que tú también puedes". La chica abandona el aula y la universidad suspende al profe. En fin…


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Idea y creación: Emilio Bertero, 

Colaborador de:
Atrapados por la Imagen

Buenos Aires - Argentina




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SERIE: Día Mundial de la Fotografía

 


El Día Mundial de la Fotografía se celebra cada 19 de agosto en homenaje al daguerrotipo, presentado en 1839 por Louis Daguerre ante la Academia de Ciencias de Francia. 




Pintor e inventor francés, tiene un lugar inestimable en la historia de la fotografía por ser el inventor y el divulgador del daguerrotipo, uno de los procedimientos fotográficos más populares e importantes del siglo XIX.

 Louis-Jacques-Mandé Daguerre nació en Cormeilles-en-Parisis, Francia, el 8 de noviembre de 1787. Desde pequeño mostró habilidades en la pintura y el dibujo que, posteriormente, le permitirían obtener sus primeros ingresos económicos.

 Llega a París en 1803 apenas con 16 años de edad para vivir con sus abuelos. Al año siguiente, guiado por su interés en las imágenes, ingresa al estudio de pintura de la Ópera de París, lugar donde funge como asistente de Pierre Prévost, uno de los pintores de paisajes más destacados del momento. Durante los siguientes años, al tiempo en que se desempeña como pintor, Daguerre realiza decoraciones teatrales, para lo cual se especializó en el uso de las luces y los efectos lumínicos en el escenario. En 1816 es nombrado Jefe de Decoración en el Teatro del Ambigu-Comique.

 En 1822 Daguerre se asocia con Charles Marie Bouton para la creación del diorama, espectáculo con el cual ambos adquieren reconocimiento. Dicho espectáculo consistía en la presentación de dos grandes imágenes de paisajes naturales o escenarios diversos.

 El show consistía en la presentación de dos grandes imágenes de paisajes naturales, ruinas góticas, o reinterpretaciones de pinturas románticas por medio de un juego de espejos, luces y sombras. El público, localizado encima de una plataforma giratoria que permitía pasar de la primera escenografía a la segunda, visualizaba la ilusión óptica y lumínica que Daguerre dirigía con maestría sobre un lienzo de 22m por 14. Cada presentación duraba aproximadamente 15 minutos. Él y Bouton dirigieron este espectáculo hasta septiembre 1830.

 El éxito fue tal que, en 1824, Daguerre es condecorado con la Legión de Honor, distinción otorgada a las figuras destacadas en el ámbito civil o militar.

A mediados de la década de 1820 Daguerre entra en contacto con Nicéphore Niépce. El interés de ambos por capturar y fijar las imágenes producidas por la cámara oscura los lleva en 1829 a firmar un contrato de asociación de aproximadamente diez años. Durante los siguientes cuatro años ambos se concentraron en mejorar la heliografía, técnica inventada por Niépce para fijar sobre placas fotosensibles las imágenes. Sin embargo la técnica era complicada, ofrecía resultados de poca calidad y el tiempo de exposición a la luz que requería era demasiado. La asociación de ambos personajes no logró conseguir resultados satisfactorios. Cuando en 1833 Niépce fallece repentinamente, Daguerre continúa con los experimentos que eventualmente desembocarían en la creación de otra técnica fotográfica que denominará daguerrotipo.

 A pesar de que el primer daguerrotipo data de 1834, su creador no lo dará a conocer sino hasta 1839. El 17 de enero de 1839, Daguerre presentó su descubrimiento ante la Academia de Ciencias de Paris. Con ello consiguió financiamiento del gobierno francés a cambio de los derechos sobre el invento, a partir de ese momento Daguerre y el hijo de Niépce recibieron una pensión vitalicia. En agosto del mismo año el invento se puso a disposición de los ciudadanos, cuya popularidad se esparcía rápidamente por toda Europa y los Estados Unidos. La presentación del Daguerrotipo llamó la atención de un sinfín de entusiastas por los efectos de la luz y los aparatos para fijar imágenes, inició una especie de competencia y rivalidad entre dichos entusiastas por superar la técnica de Daguerre y crear mejores imágenes.

La ventaja que el daguerrotipo tuvo a comparación de la heliografía era que el tiempo de exposición se redujo considerablemente. Si la fotografía obtenida por Niépce hacia 1827 requirió cerca de ocho horas, el tiempo exigido por el daguerrotipo estribaba entre los quince y veinte minutos. Aunado a esto, las sustancias químicas necesarias para obtener las imágenes fueron distintas a las requeridas por la heliografía. Uno de los cambios principales fue el uso de yodo y vapores de mercurio en vez de betún. El proceso, asimismo, requería una superficie de cobre que, hacia el final, tenía que ser lavada con una mezcla de sodio y puesta a secar para que la imagen se hiciera visible. La técnica de Daguerre ofrecía imágenes mucho más nítidas en un menor tiempo de exposición, aun pese a la enorme competencia que tuvo Daguerre luego de la presentación de su invento no hubo ningún otro aparato ni procedimiento de fijación de imágenes que pudiera superar a los daguerrotipos sino hasta muchos años después.

En 1840, Daguerre se retira a Bry-sur-Marne. Ahí, a la par de su trabajo de divulgación de la fotografía, retoma nuevamente la creación de dioramas.



Ampliamente reconocido y condecorado, Daguerre murió el 10 de julio de 1851, en Bry-sur-Marne, Francia.

Bibliografía:

Daniel, Malcolm. Daguerre (1787–1851) and the Invention of Photography en Heilbrunn Timeline of Art History. New York: The Metropolitan Museum of Art 2000. Consultado en línea: http://www.metmuseum.org/toah/hd/dagu/hd_dagu.htm
Hannavy, John (editor). Encyclopedia of Nineteenth-Century Photography. New York: Roudledge. Taylor and Francis Group, 2008.
Marien, Mary Warner. A cultural history. London: Laurence King Publishing, 2006.

Día Mundial de la Fotografía - RICKY KIMMICH

 


El Día Mundial de la Fotografía se celebra cada 19 de agosto en homenaje al daguerrotipo, presentado en 1839 por Louis Daguerre ante la Academia de Ciencias de Francia.

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lunes, 17 de agosto de 2026

" Conmemorando al General San Martín desde la Plaza que lleva su nombre " .- SILVIA ELENA LANZA

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SERIE: Gloria y honor al Padre de la Patria - CABA y San Rafael (Mendoza) - CLAUDIA MOLINA

 





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UNA LUZ - Luisa Amador Robayna


 

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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: “ATAJOS” - De la escritora: Cristina Martín - Rosario - Argentina -

 

Editorial Atrapados por la Imagen

CUENTOS Y RELATOS


Presenta: 

a. . . 


Cristina Martín 


"Artista de Atrapados por la Imagen" 

en


“ATAJOS”

Cuento perteneciente a su libro:  "Mujeres valientes"


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.


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"Atajos"
CRISTINA MARTÍN

 

      La luz de la lámpara era apenas un haz de luz cuando Graciela cerró la puerta casi sin fuerzas. Se tiró sobre el sillón marrón opaco de los lunes a las diez.

      -Ayer Mariela menstruó por primera vez. No se imagina lo mal que estoy. Ando con el estómago revuelto, con náuseas. Tengo la sensación de que camino entre nubes. Y necesito estar bien por ella y por a Juan que se quedó sin trabajo.

      - ¿No le parece Graciela que es demasiado peso? ¿Por qué tiene que sostener usted a todos?

       -Y…porque eso es lo que una mujer debe hacer ¿no? Quiero estar bien para que Mariela viva este momento con naturalidad, sin temores. Y para que Juan se tranquilice. Tengo tantas ganas de llorar.

       -Llore nomás, porque nadie podrá hacerlo por usted.

 Graciela lloró como hacía mucho que no lo hacía, con sollozos fuertes y entrecortados.

     - ¿Cómo voy a llorar por algo tan simple como la menstruación de mi hija? Me siento la más ridícula de las mujeres.

       Se oían ruidos detrás de la puerta de cortinas tejidas al crochet. Conversación de mujeres y pasos en los peldaños de madera.

      -Espero que los de afuera no me escuchen. Odio mis contradicciones. Pensar que fui una de las primeras docentes que trató el tema de la sexualidad en la escuela.

      -Claro, la sexualidad de los demás. La de su hija es otra cosa.

      - ¿Cómo otra cosa? Yo misma la preparé para ser mujer. Charlamos sobre este tema desde que tenía cinco años. Me acuerdo de la noche en que me preguntó por dónde salían los chicos y yo le contesté que del agujero que tenemos las mujeres junto al del pis. Ni se me movió un pelo. Por eso no entiendo esta angustia.

      - ¿No tendrá que ver con ese nuevo agujero? Mariela tenía cinco años y no menstruaba. Ahora tiene trece. Hay una diferencia ¿no?

      -Sí. Bah, no sé. Yo no puedo pensar. Por eso vengo acá otra vez. No se imagina la bronca que me da volver.

       -Yo le expliqué, Graciela, que este lugar quedaba abierto para alguna situación especial.

       -Sí, ya sé, ya sé. Yo tenía argumentos bien claros. Y ahora se me cayeron todos. Creo que no me quedó ninguno en pie.

       -Nunca los argumentos son para toda la vida, Graciela. Estábamos en que había una diferencia entre los cinco y los trece de Mariela ¿Qué piensa usted de esto?

       -Y…que a los cinco no podía quedar embarazada, Mariela digo. Hasta me tocó contarles a sus amiguitas, porque ella me lo pidió una tarde que vinieron a tomar la leche a casa.

-Qué les contó?

-Que con la menstruación empezaban a ser mujeres, que iban a tener   ovulación. Bueno, todo eso que ya sabemos. Ah…y nada de semillita. Yo no la voy con esas estupideces.

- ¿Qué más les contó a Mariela, a sus amigas?

- No me acuerdo, pero varias cosas que sus madres no se animaban y siempre me agradecieron mucho.

   Graciela siguió hablando un rato, hasta que se paró abruptamente, le pagó a la psicóloga y se retiró con paso decidido y firme.

   En ese mismo momento decidió no hacerse tanto problema por un tema que quizás era menor frente a los verdaderos problemas que aquejaban a la sociedad.

 Los días pasaron tranquilos y sin inconvenientes mayores. Pero una noche, muy tarde ya, Mariela llegó llorando desesperadamente. Graciela la abrazó muy fuerte, sin mediar palabras.

   El papá se puso los pantalones de hombre y tomando a su hija de la cintura amorosamente, la llevó a charlar al balcón. Charlaron un rato largo. Él, con ademanes mesurados y ella, muy atenta.

             Juan volvió ensimismado, pero satisfecho.

             De golpe le largó a su mujer una bocanada de palabras.

        -   A Mariela la acosó un compañero.             

        - ¿Cómo que la acosó? -preguntó Graciela con un grito disimulado, por temor a que Mariela la escuchara desde su habitación.

-   Si, la acosó, pero no la penetró. Mariela le puso límites violentamente. Es una chica decidida y firme, gracias a vos. La verdad, estuviste muy bien todo este tiempo preparándola para estos momentos difíciles. Ahora comprendo lo que una madre siente y también comprendo que actúa como puede.

     Hubo un silencio cómplice entre Graciela y Juan, además de un abrazo largo y sostenido que hablaba del compromiso de volver al vínculo apacible que habían tenido durante largos años antes de la adolescencia de Mariela.


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            Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a:


©CRISTINA MARTÍN

Rosario - Argentina

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro


AGOSTO 2026



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Afectuosamente...

Editorial Atrapados por la Imagen.



Directora: Laura Jakulis

“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra”


Colaboradores: Marta Puey - Emilio Bertero


                                                                                                                
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