Fotografías de autor

Atrapados por la Imagen es un espacio donde las historias encuentran su forma, ya sea en palabras, en fotos o en la mezcla mágica de ambas. Somos una página editorial que apuesta por la sensibilidad, la mirada personal y el disfrute de contar. ¡Bienvenidos!

jueves, 6 de agosto de 2026

Ventanitas....Ana Vaccari


 

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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "Tierra barrida" Un cuento de María Alejandra Iribar - Buenos Aires - Argentina


ATRAPADOS POR LA IMAGEN 


 Presenta a: MARÍA ALEJANDRA IRIBAR

"Nueva  integrante de esta comunidad artística"


🌸 Bienvenida MARIA ALEJANDRA🌸


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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¡Queridos amigos y amigas!


La Editorial Atrapados por la Imagen tiene el honor y la alegría de recibir a una nueva autora que se suma a este espacio de creación y encuentro artístico.

¡Bienvenida a esta casa donde las palabras se encuentran con la imagen y la emoción!

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 Compartimos una pequeña biografía de Maria Alejandra: 


Nació en Parque Patricios el 22 de junio de 1959.

Vivió su infancia y su adolescencia en Los Toldos, un pueblo de la provincia de Bs.As.

Actualmente reside en La Plata.

Publicó su primera novela “El silencio de las chicharras” en el año 2014 y “Como una señorita” en el año 2016.

Actualmente se dedica a la música y grabó su primer EP con temas propios llamado “Corazón de altamar” en el año 2025.

“Tierra barrida” es un cuento seleccionado de varios que no han sido editados.



Cuento inédito para Atrapados por la Imagen

"TIERRA BARRIDA"
MARÍA ALEJANDRA IRIBAR




¡Corra Ramoncito, corra! 
La mano de su madre lo toma con fuerza, sus pequeños pies descalzos se deslizan en la tierra barrida de aquel paraje formoseño.
̶ ¡Corra m´hijo, corra! 
Su madre lo alza y Ramoncito golpea su pequeño cuerpo contra su vientre.
̶ Escápese Ramoncito, escápese que vienen matando, métase al monte sin miedo, que su madre se queda acá descansando un poco, escápese gurisito…
Su hermano el Negro logró salir con su padre quien también cayó como su madre, al pié de los algarrobos, para transformarse en la sabia de aquellos árboles sagrados.
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Por la ventanilla del tren se metían el polvo y los panaderos. Entre el traqueteo y olor caliente de la pobreza, los ojos de Ramón y el Negro no se desprendían de aquella noche, cuando Don Julio y el comisario los sacaron a los tiros de la reserva.

Con la paciencia que solo tienen los que no tienen nada, juraron regresar para vengar la muerte de sus padres y hacía un tiempo habían logrado trabajar para Don Julio, que no parecía haberlos reconocido. 

Esa mañana Ramón escucha un disparo a lo lejos y deja la pala. Se queda quieto, aguza el oído y un rato después otro, el que le hace sentir un ardor lo recorre desde el estómago hasta la garganta. Sus ojos se fijan sobre las alpargatas semienterradas en la tierra arcillosa: una gota rojiza empapa la tierra y un líquido caliente le baja por la pierna y se pierde entre los dedos de los pies. Al borde de la zanja interminable un zumbido lejano y una mezcla de voces van creciendo en su cabeza. 

Se tambalea, se apoya sobre la pala y busca con desesperación un algarrobo… las voces y los gritos se acercan y le retumban en la cabeza. Ramón mira sus pies empapados en rojo y un olor dulzón a revoltijo de tierra y sangre le inunda la nariz.

Se cae. En un intento por levantar la cabeza su vista recorre piernas, rostros y luego el cielo y las nubes.

̶ ¡Corra Ramoncito, corra!
 ̶ No me suelte mama, no me suelte…
̶ ¡Vamos Ramoncito, súbase al pingo y venga con su padre!̶  

 

 Ramón abre los ojos, trata de fijar la vista y de pronto los ve, allá están su padre, su madre y más allá el Negro, con la camisa empapada en sangre y un agujero en el pecho.  Ramón se para, se apoya sobre la pala. Mareado, trata de respirar. El aire fresco lo inunda por dentro, una brisa le acaricia el rostro y el resplandor le hace entrecerrar los ojos. Entonces distingue a su pingo, lo palmea, y salta casi sin esfuerzo galopando hacia el algarrobal.

̶ Bueno che!, ustedes, hagan un pozo y metan a estos dos negros de mierda, y a ver si se mantienen callados, o no querrán correr la misma suerte.
̶ Si, Don Julio, como Ud. ordene.

 

` Las voces de sus compañeros lo confunden. Abre los ojos y una gota rojiza empapa la tierra, un líquido caliente le baja por la pierna y se pierde entre los dedos de los pies.

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  Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©MARÍA ALEJANDRA IRIBAR

Buenos Aires  - Argentina

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

Ilustración: Imagen libre de la Web

AGOSTO 2026



 Agradecemos a todos nuestros amigos, lectores y seguidores, por sus visitas y valoraciones.



Afectuosamente...


Administración de Atrapados por la Imagen
Directora: Laura Jakulis




“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra”

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lunes, 3 de agosto de 2026

" Antiguo ascensor del Palacio Libertad " .- SILVIA ELENA LANZA

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Serie - Laguna de Navarro - Pcia de Bs As CLAUDIA MOLINA








 

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serie: La poética de Epecuén en Blanco y Negro - R. Jorge Ruiz Diaz

 








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"Alas abiertas, corazón en calma" — Miami - USA - CLAUDIA MOLINA

 



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Vos .. me hiciste la Foto del Gol

 




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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "Con la cama a cuestas" - Un relato Inédito, del escritor: Sebastián Rogelio Ocampo - Rosario - Argentina -

 

Editorial Atrapados por la Imagen


Presenta: 

"Con la cama a cuestas"


Del escritor: 

Sebastián Rogelio Ocampo


"Artista de Atrapados por la Imagen"

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

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Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.

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Cuento inédito para Atrapados por la Imagen

"Con la cama a cuestas"
SEBASTIÁN ROGELIO OCAMPO


            Un día desperté pegado a la cama. Abrí los ojos, con modorra, como siempre, y cuando quise moverme no pude. Intenté levantar el torso apoyando los brazos y nada. Una fuerza me empujaba hacia abajo. Intenté sentarme de golpe para ver si lo lograba pero no. ¿Qué me estaba pasando? Podía mover la cabeza de un lado a otro, pero no despegarla. No estaba triste o angustiado. Estaba sorprendido. Así que grité, para que alguien viniera a ayudarme. Me di cuenta de que mi hija y mi hijo estaban en el colegio y mi esposa en el trabajo. Giré la cabeza y alcancé a ver el celular sobre la mesa de luz pero no pude llegar a él. No me quedaba otra que esperar a que mi hija saliera del colegio al mediodía. Intenté volver a dormir pero no pude. Me puse a pensar en los viejos tiempos de la escuela secundaria cuando vivía en un internado. Las noches eran divertidas y siempre hacíamos cagadas con mis compañeros. Había uno a quien habíamos agarrado de punto y le poníamos crema de afeitar en el picaporte de la habitación. Siempre caía y se enchastraba todo. Ahora que lo pienso era una boludéz, pero nosotros nos matábamos de la risa. Esos eran buenos tiempos, pero ahora, la falta de trabajo, el aburrimiento, el agobio existencial.

            Un par de horas estuve ahí, divagando con la mente, con el cuerpo inmovilizado, finalmente, mi hija llegó del colegio. ¡Renataaaaa!, grité. Ella se asomó desde la puerta. ¿Qué pasa, papi? Renata, estoy pegado a la cama. Uhhhh, ¿y qué puedo hacer? Traeme algo para tomar. Tengo sed. Me trajo un poco de agua fresca, hacía mucho calor. Volteé un poco la cabeza para dar algunos sorbitos de costado. Papá estás todo transpirado. Me puso unos paños frescos sobre la cabeza y encendió el aire acondicionado. ¿Desde cuándo estás así, papá? Desde esta mañana. Me hubieras llamado a la escuela y venía. Pero si no puedo, no puedo ni mover los brazos. ¿Querés que te traiga algo para comer? Sí, un pedacito de pan con mermelada, algo blando y fácil de tragar porque viste que no puedo mover la cabeza demasiado. Me trajo el pan con mermelada y me lo dio de a pedacitos. Calmó mi hambre. ¿Qué le voy a decir a tu mamá? Decile que te despertaste pegado a la cama, y listo. Pero si se piensa que no me quiero levantar. Se va a dar cuenta, papá. Se nota que estás pegado. A lo mejor para cuando ella llegue se me pasa. 

            Cuando llegó mi esposa ella estaba realmente cansada. Entró en la pieza. ¡Qué calor que hace en la calle, por Dios!, exclamó. ¿Te fuiste en bicicleta?, le pregunté. ¿Qué hacés vos acostado todavía? Estoy pegado a la cama. Pufff, lo que faltaba ¿Y desde cuándo? Desde esta mañana. ¿Renata te trajo algo de comer? Sí, sí. Bueno, me voy a tirar un rato al lado tuyo para descansar. Está lindo acá con el aire acondicionado, dijo. ¿Cómo te fue en el trabajo?, pregunté. Bien, bien, me dieron el ascenso. ¡Qué bueno, mi amor! La verdad que sí. Me tenía fe. ¡Más plata!, exclamó. Viene bien porque vaya a saber uno cuánto tiempo vas a estar vos pegado a la cama, así ni trabajo vas a poder buscar. Ya lo sé, dije.

            Pensé en los buenos momentos. Era vendedor de camionetas Volkswagen. Se vendían bien. Yo conozco el oficio y soy elocuente y tengo el don de seducir a la gente. Tenía buena comisión, así que vivíamos mejor que ahora. Después la concesionaria se mudó a otra ciudad y me quedé sin trabajo. Un garrón. Anduve errante por la ciudad buscando trabajo. Llené las páginas web con mi curriculum. Pero nada. Está dura la calle para un vendedor. Lo único que aparece para vender son cosas raras, chucherías chinas, o cosas invendibles como lanchas o luminarias para eventos sociales. Ahora, estoy pegado a la cama; lo único que me faltaba. A decir verdad, escuché de algunos otros que despertaron pegados a la cama. Un muchacho conocido que estaba jugando en la reserva de Central y se quebró los cruzados. Un amigo diabético al que le tuvieron que amputar una pierna. Una señora a quien se le murió el marido. Cuando mi esposa despertó le dije: ¿Te acordás de Martita? Cuando quedó viuda despertó pegada a la cama. Sí, me acuerdo, dijo. Pero mejor ni me hagás acordar, la tuvieron que sacrificar, agregó. Tenés razón, dije triste otra vez.  Mejor ni recordarlo. Mi esposa todavía estaba contenta por el ascenso. Empezó a besarme y yo hice lo que pude. La cosa se enfervorizó y se subió encima de mí y tuvimos relaciones. Me sentí bien. Un poco hombre. Algo que hacía tiempo no me sentía.

            Pasaron unos días. Un día entró mi esposa furiosa en la pieza. A ver dejame ver algo. Pasó la mano entre la cama y mi cuerpo. Te estás mandando la parte. No hay ningún pegamento. Vos no tenés voluntad para levantarte. Pero no, mi amor, no me puedo despegar. ¡Mentira!¡Yo no estoy para mantener vagos! Más vale que te levantes. Me apagó el aire acondicionado y salió de la pieza dando un portazo. Al rato entraron mi hija y mi hijo. Habló ella primero: papá, dice mamá que no estás pegado a la cama. Sí, eso dijo, manifestó mi hijo ¿Por qué haces esto, papá? ¿Ustedes tampoco me creen? No me puedo mover. ¿Ustedes se creen que yo quiero estar así? Papá, tenés que salir y buscar trabajo. Somos una familia. Todos tenemos que colaborar. ¡Dios mío!¿Por qué no me creen? ¿Te acordás de Gustavo, Renata? El muchacho que jugaba en Central y se rompió los cruzados. Él también apareció pegado a la cama. Tenés razón, sí, me acuerdo, cuando se curó le dijeron que podía volver a jugar y se despegó. Pensaron en sacrificarlo. Qué triste. Sí, por favor, denme una posibilidad, seguramente voy a despegarme pronto. Pero papá, mamá dice que no hay nada que te pegue a la cama, dice que pasó la mano por abajo de tu cuerpo y no tenés nada. ¡Pero no me puedo mover! Mis dos hijos me besaron y salieron de la pieza.

            Traté de hacer un esfuerzo descomunal por despegarme pero no pude. Empecé a angustiarme. Un dolor opresivo en el pecho. Un ardor. Empecé a sentir un fuego adentro mío y la sensación vertiginosa de estar cayendo en un precipicio y la inminencia de que me iba a hacer mierda contra algo. Grité. No fue un pedido de socorro, fue una descarga, volví a gritar. Mi esposa se asomó a la pieza. Vago de mierda, dijo. Ahora hacés show, agregó. ¿Podés llamar a un médico?, le pregunté. Ni loca ¿un médico? ¿para hacer más teatro? Voluntad, papito, eso te hace falta. Levantate y déjate de mandar la parte. Nadie me comprendía. Yo hubiera sido el primero en levantarme de la cama y salir a buscar trabajo. No deseaba otra cosa que volver a ser un ciudadano digno. Un trabajador digno. Alguien capaz de sostener una familia. Pero, ahora estaba pegado a una cama sin esperanzas y sin que nadie me creyera. Escuché murmullos entre mi esposa y mis hijos. Lo único que faltaba era que pensaran en sacrificarme. Mi esposa no iba a hacerlo. ¿Saben por qué no iban a hacerlo? Porque mi esposa iba a preferir humillarme siendo ella la que mantenía la casa antes que dejarme morir. Iba a venir a sermonearme todos los días y hacerme sentir un inútil, un fracasado. Posiblemente se iba a conseguir un amante y disfrutar de la vida sintiéndose superior a mí. Solo una cosa podía salvarme: un milagro. Entonces pensé que él milagro sería yo. Me levanté de un saque con la cama pegada en la espalda. Pesaba como un baúl lleno de muertos. Mi esposa y mis hijos me miraban con los ojos hechos unas bolas de hielo inmensas. Yo parecía un transformer pero por dentro era un montón de vidrio destrozado. Caminé en piyamas, arrastrando sobre mí la cama, llevándome un montón de cosas por delante; las cosas caían y se rompían pero a mí no me importaba nada, tenía la convicción de que mi vida iba a cambiar. Manoteé los curriculums y salí a la calle.

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 Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©Sebastián Rogelio Ocampo

Rosario - Argentina

 Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

Agosto 2026






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Administración de Atrapados por la Imagen.
Directora: Laura Jakulis

“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra” 

 

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