Fotografías de autor

Atrapados por la Imagen es un espacio donde las historias encuentran su forma, ya sea en palabras, en fotos o en la mezcla mágica de ambas. Somos una página editorial que apuesta por la sensibilidad, la mirada personal y el disfrute de contar. ¡Bienvenidos!

jueves, 30 de abril de 2026

" Resistiendo al paso del Tiempo " .-

Rubén Blanco - "Otoño en Bariloche"


 

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Claudia Molina - Jardín Botánico Carlos Thays - CABA

 

"Entre hojas verdes y susurros de luz, la flor rosada abre su alma..."


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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "MARACAS" - Del escritor: Marcelo Colussi - Guatemala -

 

 ATRAPADOS POR LA IMAGEN




Cuentos y Relatos Presenta a...

MARCELO COLUSSI

"Artista de Atrapados por la Imagen"


en..

"MARACAS" 


Cuento Perteneciente a su libro: ¿Quién mató a la vaca?


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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"La Editorial Atrapados por la Imagen, es un espacio accesible para todos, 
fomentando la participación y el intercambio creativo"


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"MARACAS" 

MARCELO COLUSSI


   Petronio era un virtuoso del violín. Con sus ocho años apenas cumplidos, tenía un dominio del instrumento único, inigualable. Son raros los niños prodigio. Y, por pura coincidencia o por razones históricas bien concretas, más raros aún lo son en los países pobres del Sur, allí donde se pasa hambre y penurias varias, donde la inteligencia superior y las más grandes potencialidades pueden quedar extraviadas en la más descarnada sobrevivencia.

Lo cierto es que Petronio, incluso sin haber tenido los mejores maestros —era casi un autodidacta—, llegó a un manejo extraordinario del instrumento. Tanto que varias personas que lo escucharon en algunas de las presentaciones que hacía en el club barrial lo estimularon a continuar su carrera. Virtuosos de esa talla son muy contados.

Nunca faltan almas bondadosas por allí: algún mecenas con ínfulas de salvador, gente solidaria. Lo cierto es que, a sus nueve años, Petronio, junto con su madre —era madre soltera—, disfrutaba de una beca en un país del Norte donde, además de enseñárseles a ambos el idioma en un curso ultraacelerado, asistía a clases de su instrumento con algunos de los más encumbrados maestros del mundo.

A los diez ya había ganado varios premios en concursos juveniles y le era de lo más habitual presentarse en renombradas salas de concierto. Pero a los once algo raro comenzó a sucederle. Su impresionante destreza comenzó a decrecer. Petronio no podía explicarse qué le estaba sucediendo. Lo único que sentía es que sus dedos ya no le respondían como antes.

Nadie entendía el porqué de este descenso; el jovencito seguía estudiando asiduamente, con la misma intensidad de siempre. Nada en su vida, al menos en lo sustancial, había cambiado: asistía a la escuela por las mañanas y las tardes casi por completo las dedicaba a practicar violín. Jugar le era algo casi desconocido.

Su madre, trasplantada de un modo casi brutal a ese nuevo país, pese a todo se sentía muy a gusto. Como Petronio era hijo único y ella no tenía pareja, no había nadie más en quien pensar. Su estadía en este frío lugar no le era tan gravosa, porque su sacrificio —al menos así lo sentía— valía la pena al ver los progresos de Petronio. Para una madre soltera muy humilde como ella, que se arreglaba lavando ropa ajena para sobrevivir con precariedad, ver salas de concierto donde al que aplaudían de pie era su vástago constituía la gloria más absoluta que podía concebir.

Al igual que Petronio, su desconcierto fue total cuando la calidad interpretativa de su hijo comenzó a descender. El jovencito lloraba su descenso con amargura, con tremendo sentimiento de culpa. A instancias de sus propios maestros, que veían esta disminución, junto con su madre consultó a médicos. Fueron varias consultas, hasta que alguno —un traumatólogo muy reconocido en la ciudad— acertó el diagnóstico o, al menos, propuso uno con fundamento. Por cierto, era un raro diagnóstico que provocó sorpresa entre sus colegas. Tan raro, que Petronio fue motivo de estudio por varios catedráticos en la materia. Cursaba un proceso de gigantismo, pero dadas sus tan peculiares características —únicas, dignas de debate en congresos médicos— fue considerado como acromegalia juvenil.

La acromegalia, producto de una disfunción de la hipófisis, se manifiesta en adultos con síntomas específicos ya bien conocidos por la ciencia médica. Si esos síntomas aparecen en un púber, que no es ni un niño ni un adulto, la situación se torna confusa. En los niños, esa disfunción glandular se denomina gigantismo, lo cual ocasiona un inusual y desmedido crecimiento de los huesos largos de las extremidades, pero no dolores articulares en las manos, como sucede en los adultos. Petronio, en una rara, inusual combinación de problemas, crecía en forma desproporcionada y presentaba horribles padecimientos en sus manos. Fue por eso que no pudo continuar con el violín.

Por un corto período entró en depresión. La psicóloga que lo apoyó pudo hacerlo porque hablaba muy buen español. Petronio chapuceaba su nueva lengua, pero no estaba especialmente entusiasmado en profundizarla. Se le planteó entonces una disyuntiva: radicaba en ese país, junto con su madre, solo para continuar sus estudios de violín. Si eso ya no sucedería, no tenía mayor sentido seguir allí. Fue su progenitora la que le dio la idea.

A sus doce y sus trece años, la situación patológica se fue agravando. Las manos se transformaron, deformándose monstruosamente. Ya le resulta imposible siquiera sostener el instrumento. Por ello, lo abandonó para siempre. La idea de su madre, que en principio tomó como descabellada, luego fue adquiriendo forma. En definitiva, no parecía tan loca.

Evaluando muy al detalle la situación, decidieron continuar en ese gélido país del Norte, viendo que allí Petronio sí podía hacer carrera. En su patria natal, con esa deformidad a cuestas, con un sistema sanitario siempre en ruinas, ineficiente y corrompido por políticas antipopulares, no podría esperar la mejor suerte. Por tanto, bien arropados, pudieron resolver su situación migratoria en forma legal y continuar viviendo allí. Los calores tropicales quedaron atrás.

Aunque no tanto. Petronio, aprovechando su nueva anatomía, empezó a sacar provecho de su anormalidad: bongó, conga, tambores, cajón, redoblante, raspador, maracas, güira; es decir, toda la parafernalia de instrumentos de percusión que hace parte de los ritmos latinos, también llamados tropicales, pasaron a ser de su uso cotidiano. La fuerza de sus manos le permitía ahora ya no la sutileza del violín sino la energía para percutir estruendosamente cualquiera de esos instrumentos. Su repertorio pasó de Paganini, van Beethoven y Brahms al merengue, la cumbia, la bachata, la bossa nova, el chachachá, la guaracha y la salsa. Mutó el saco y corbata por la guayabera multicolor.

Su madre, con el correr del tiempo y los nuevos contactos que fue estableciendo, cambió enormemente. Empezó a noviar. Su aspecto también cambió; jamás se había permitido antes una minifalda o un escote pronunciado. Ahora sí, y de manera muy provocativa. Sus treinta y tantos años dejaban ver una sensual mulata con una energía que, hasta el momento, había estado demasiado oculta.

Acompañando las lecturas de su hijo, que seguía siempre muy ligado a la música —obsesivamente ligado, se diría—, se devanaba pensando en si Jean-Baptiste Lully, nacido Giovanni Battista Lulli, pertenecía al barroco francés por haber actuado en la corte parisina o al italiano por su lugar de nacimiento; al igual que le pasaba con George Frideric Handel, de quien dudaba si pertenecía al barroco inglés por haber compuesto para la realeza británica o al barroco alemán por ser originalmente Georg Friedrich Haendel, nacido en Halle, Sajonia teutona. Ella también fue eligiendo este ámbito artístico como el campo donde moverse, no solo porque bailaba en numerosas presentaciones al son de los tambores que su hijo percutía, sino por las fabulosas ocurrencias que empezó a tramar.

Quizá la más disparatada —pero, sin dudas, la que más diversas y enloquecidas repercusiones tuvo— fue el mito que empezó a tejer en torno a Petronio. Este, movido por la sed de venganza que guardaba al no haber podido desarrollarse en el violín donde prometía ser eximio, pasó a ser un percusionista de primera, increíblemente virtuoso. Incluso, ligado a la música llamada clásica o académica europea, tocaba los timbales, pero sin baquetas. En cuanto a la música pop o rock, realizaba la proeza —no se le puede decir de otro modo— de tocar la batería directamente con las manos. Incluso, dada la tremenda destreza que había logrado, hacía redobles en los tambores solo con los dedos.

La desfiguración teratológica de Petronio servía para dotarlo de un talento único, inigualable. Su madre, casualmente también llamada Teresa, al igual que la de Paganini —a la cual, según la leyenda, se le apareció el demonio en sueños asegurándole que su vástago sería un excelso concertista—, hizo rondar la idea de que, como con el violinista italiano, existía un pacto con Lucifer.

Entrado el siglo XXI, parecía increíble que un mito de ese calibre pudiera ser aceptado por el público. Quizá, exagerando mucho las cosas, podría darse en cierta gente en el Sur del mundo, de donde provenían Petronio y su madre; tal vez en los segmentos menos desarrollados, donde la prédica de las iglesias era muy fuerte y de ahí el programado embrutecimiento. Pero parecía inconcebible en los presuntos desarrollados países prósperos del Norte. Lo cierto es que la anécdota se echó a rodar por buena parte del mundo y Petronio fue considerado un nuevo Paganini, ahora de las tumbadoras y las panderetas, en alianza con Satán.

Por lo pronto, casi burlándose de sus primeros pasos en la música, ahora utiliza un violín como instrumento de percusión, golpeando su caja de resonancia. Por la potencia de sus dedos, ya quebró varios.


 Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©Marcelo Colussi

República de Guatemala 

Abril 2026


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

Corrección literaria: Isa Santoro

Maquetación y Edición: Laura Jakulis



Agradecemos a todos nuestros amigos, lectores y seguidores, por sus visitas y valoraciones.


Afectuosamente...


Administración de Atrapados por la Imagen.



Directora: Laura Jakulis

“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra” 



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miércoles, 29 de abril de 2026

" Hoy, a 2 días de la 1er. Luna LLena de Mayo " .-Silvia Elena Lanza -

Día del Animal - Ricky Kimmich -

 


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" Naturaleza y reflejos " Autor: R. Jorge Ruiz Diaz -

 



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Violeta - Viviana García -


 

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Editorial Atrapados por la Imagen, presenta: "Historias Mínimas" - Entrevistas de Marta Puey -


ABRIL 2026



Historias Mínimas y la Editorial Atrapados por la Imagende manera espontánea brindan este espacio con la intención de mostrar y difundir el mundo de aquellos que todos los días tienen el impulso de crear.     

Marta Puey



Hoy tenemos el orgullo de presentar a:

El Doctor Ramiro Velazco, médico formado en la Universidad Nacional de Buenos Aires.


Es común que, cuando se habla de medicina holística, alguien pregunte: ¿ustedes creen?

 En el enfoque holístico se reconoce al ser humano como un conjunto en el que la medicina y la fe pueden coexistir y complementarse, integrando el cuidado del cuerpo, la mente y el espíritu para una salud.

El doctor Ramiro Velazco, medico formado en la Universidad Nacional de Buenos Aires, a continuación, lo explica con claridad. 


Marta Puey

Abril de 2026

Buenos Aires


Los invitamos a escuchar una nueva "Historia Mínima"  de la Editorial Atrapados por la Imagen.


PARA VER y ESCUCHAR AL DOCTOR RAMIRO, HACÉ CLIC ACÁ👇



Historias Mínimas

 Idea y creación: Marta Puey

Trabajo de Montaje - Audiovisual: Laura Jakulis

Correctora literaria: Isa Santoro

ABRIL 2026
Buenos Aires - Argentina

Atrapados por la Imagen


Canal de Atrapados por la Imagen en YouTube


Link directo al Reportaje👇



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martes, 28 de abril de 2026

" Deslizándose sereno hacia mar abierto " .- Silvia Elena Lanza -

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Autora: Claudia Molina -



" Silencios que brotan desde la tierra "

Jardín Botánico Carlos Thays - CABA



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" Esperando a sus cabezas ". Autor: R. Jorge Ruiz Diaz -

 


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Emilio hoy nos trae algo de . . .

 

EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN

Presenta: 


"Mis Heroínas Literarias"


 IDEA Y CREACIÓN: Emilio Bertero


Jamaica Kindcaid

Escritora, novelista, dramaturga, profesora, ensayista y jardinera

(Antigua y Barbuda, 1949)


Nació en 1949 como Elaine Potter Richardson, pero se cambió el nombre, ojo, no como seudónimo artístico sino legalmente, en 1973, un gesto de liberación tanto por lo personal como por lo literario. Es que Jamaica fue, desde niña, una rebelde ante todas las circunstancias que en Antigua (colonia inglesa por entonces, es independiente desde 1981), imponía el país colonizador, lejano y ajeno para ella, pese a lo cual le era obligatorio estudiar su historia, cantar su himno y hasta rendirle pleitesía a la reina. Y para colmo de males sufrió que su familia se apegara sin problemas a esas circunstancias propias de ser una colonia, tan amargas para ella. Con el nuevo nombre que se eligió, no como una pose sino como una necesidad sentida para poder escapar de su pasado, su familia y sus tristes vivencias de niña pensante bajo viejas reglas coloniales, encontró su voz para escribir y ser la extraordinaria literata que es hoy.



Ni bien pudo, entrada en su adolescencia, se fue a Estados Unidos a trabajar como niñera. Y desde allí comienza a forjarse su historia como escritora, rica, intensa, original, reconocida en todo el mundo… En 2020 y 2025, las apuestas la posicionaron entre las grandes candidatas a ganar el Nobel, y por lo que yo  leí (lamentablemente no es tanto, hay pocas traducciones al español disponibles y/o editadas en Argentina) para mi gusto no hubiera sido nada desatinado que lo ganase.


Lo más conocido en Argentina es una trilogía de familia compuesta por “Autobiografía de mi madre” (1995), “Mi hermano” (1997) y “Mr. Potter” (2002). Si bien no son mayoritariamente biográficas (salvo la segunda, basada en una experiencia real), se notan múltiples apoyaturas o referencias (al menos en las dos novelas que leí de esta trilogía) con la escritora enojada por los proyectos de dominación colonial que tanto la acosaron e hicieron sufrir de niña, aún cuando por entonces no podía, no sabía cómo, procesarlo acabadamente.

“Mi hermano” habla de la protagonista regresando a Antigua para ocuparse del joven enfermo de SIDA, y partiendo de este evento real, Kindcaid se despacha con toda la temática de la que vengo hablando, la penosa sociocultura del Caribe colonizado y la poca o pésima comunicación con la familia. La narración presta atención significativa, con una prosa a veces descarnada, a veces tierna (pero sin sensiblerías) al espanto de tener sida en Antigua, ser homosexual, drogadicto, promiscuo, la educación sexual y el sistema de salud a principios de los años 90 (Jamaica dice del Hospital Holborn, adonde está internado el chico, “…nunca fue un gran hospital, pero ahora es espantoso, al que solo acude la gente que no puede permitirse nada mejor”).

Pero con lo que a mí me conquistó Jamaica Kindcaid, fue con “Autobiografía de mi madre”. En esta novela estamos ante una escritora brillante, superlativa, una desmesura de talento. Con el oficio que desde los primeros renglones se nota que posee, rompe todas las reglas del escritor prolijo, académico, formal, para edificar la historia con un lenguaje simple e impactante a la vez, con un punto de vista impecable y un hilo narrativo que escurre con absoluta fluidez. Sea que tome una idea, una imagen, un personaje, una vivencia, machaca y machaca y machaca, y no abruma, le da tal fuerza que uno quiere que siga machacando. Es genial, me faltan palabras, en una novela corta docenas de partes que me gustaría transcribir y no puedo porque transcribiría toda la novela.

Notable entre tanto notable, llegando al final, la muerte del padre, la mirada sobre la imagen del padre muerto, es una eclosión para el lector, la maestría de una intensidad máxima lograda con un relato de frialdad extrema, ese rasgo como en todo el texto, despojado, desapasionado, insensible, indiferente, y sin embargo toda la novela es un incendio permanente, provoca, interpela, hace pensar, hace dudar de muchas de nuestras certezas.



Y de nuevo, no quiero pecar de reiterativo, pero cuánto importa el compromiso con el que Jamaica filtra continuamente en la trama, denuncias de la injusticia, la crueldad del colonialismo, el desprecio racista de los europeos hacia sus colonias.

No tuve la fortuna de leer “Mr. Potter”, la tercera novela de la trilogía familiar, pero de la sinopsis de la editorial puedo contar que cuando Mr. Potter muere, una de sus hijas vuelve a Antigua para narrar su vida, su vida ordinaria, la de un taxista analfabeto que pasa sus días conduciendo un antiguo coche clásico por las rutas y ciudades de una isla de la cual nunca saldrá. No obstante, Kincaid proyecta a un personaje complejo, lleno de claroscuros y contradicciones, abordando la temática mediante una prosa poética e hipnótica, sobre la que monta la mirada de la hija, tratándolo con distancia y compasión. Transcribo textual, porque es un preciso reflejo de la literatura de Jamaica, el último párrafo de la sinopsis que mencioné: “Aunque confinados a una vida lenta y repetitiva, circunscriptos a un mundo que es indiferente a su existencia, los personajes de esta historia viven gracias al poder de la escritura, y es solo ante la posibilidad de narrarse a sí mismo y a los otros, que aparece, como una luz en la oscuridad, la delicada senda de una libertad posible.”

Del resto de su obra, según referencias de la crítica especializada, muchos consideran a “Un pequeño lugar” (1988) como su mejor trabajo. Sé que la voz a cargo de la narración se la hace tomar a un turista blanco en su tierra natal, y que usa a esa voz para realizar una denuncia mordaz e irónica de la colonización y esclavitud para obstaculizar el desarrollo socioeconómico y cultural de su país. La sinopsis en la contratapa de una de sus ediciones, expresa: “Esta es una novela corta pero de gran alcance, una crítica a la nueva colonización que suponen ciertas formas de turismo. Desde la voz de los de abajo y mediante una prosa libre, directa e ignorante de complejos, la autora hace un esbozo de Antigua, país donde nació, creció y aprendió a detestar todo lo relacionado con los colonos ingleses, excepto su literatura”.

Recibió en 2001 el Premio especial de la Crítica de Los Ángeles, y titulada como “La vida y la deuda” (“Life and Debt”), fue llevada al cine en formato documental por Stephanie Black, también en 2001. El guión adaptado es de la misma Jamaica Kindcaid, quien además es la narradora en off.




Esta es la última imagen de la película. La acompaña la frase “Si viene a Jamaica de turista, esto es lo que verá”. No leí la novela, pero sí vi el documental. La Kindcaid lo ambienta en la isla de Jamaica en lugar de Antigua, la de su novela, y de entrada predomina la imagen de una invasión turística y música reggae, pero casi sin solución de continuidad, la cinta empieza a mostrar las calamidades que sufre la mayor parte de la población empobrecida (los turistas recién desembarcados, montados en la combi que los lleva hacia el hotel, van mirando las maravillas que la guía y el chofer quieren que miren, cuando de pronto descubren una construcción desvencijada, cayéndose a pedazos, y entonces la relatora da cuenta de que es un ejemplo de cómo se encuentra en Jamaica el sistema de educación y salud).

El documental deviene entonces en una denuncia, un grito, en contra las políticas del FMI y la banca internacional, el neocolonialismo y el impacto de la globalización y el dumping de productos importados sobre la economía local. Y durante todo el tiempo, la voz en off de Kincaid pone el acento en el contraste de imágenes entre la Jamaica turística y la Jamaica dramáticamente pobre.

A través de declaraciones de políticos locales y extranjeros, funcionarios del FMI, el BID y el Banco Mundial y pobladores que participan en diferentes niveles en actividades económicas, en lo explícito y en lo no, un denominador común: el daño que provocan los préstamos a los que países como Jamaica acuden cual manotazos de ahogado, las condiciones a las que deben rendirse, las políticas externas destructoras de la producción a las que se someten los gobiernos, incluso de no manufacturados como papas, bananas o leche, a causa de la apertura descontrolada de importaciones, derogación de normas locales proteccionistas o ingreso al país con mínimos requisitos, de elaborados extranjeros más baratos que el producto natural (leche en polvo por ejemplo).

Es patético el episodio del desembarco de McDonald´s en Jamaica: para cumplir requisitos de la hamburguesera, comprometida a abastecerse con productos jamaiquinos, el gobierno realiza una enorme inversión para cumplir los requisitos que la cadena les exige. No obstante, llegado el momento, y habiendo empezado a elaborar “hamburguesas más sabrosas que las de ellos”, declara un operario, McDonald´s decide importar los insumos porque les resultan más baratos que los generados en Jamaica. Y toda la gran inversión jamaiquina en pro de mejoras al ingreso de sus productores, a la basura. Episodio similar con una importante inversión local en industria textil, en un área especie de puerto libre de impuestos, que supuestamente iba a emplear a miles de jamaiquinos. El empresariado que comanda el proyecto, acaba contratando mano de obra oriental, “más barata y eficiente”. Y no hay “tu tía”.

El documental termina con una violenta manifestación a causa de una suba de impuestos para poder afrontar los intereses de las deudas, con muchos muertos y heridos, mientras unos turistas abandonan felices el hotel rumbo al aeropuerto, por sendas que eviten a las manifestaciones.

Otra de las publicaciones famosas de Jamaica Kindcaid, es “En el fondo del río” (1983), una antología de diez relatos escritos entre 1978 y 1982, principalmente con el estilo de prosa poética, destacando —según las sinopsis que pude leer— los tonos oníricos y el monólogo interior profundamente emotivo, además de su literatura arriesgada y pensante, un rasgo de toda su obra. El libro es ganador del premio Morton Dauwen Zabel de la American Academy of Arts and Letters, en el mismo año que fuera publicado.

Es también muy interesante el ensayo de 1991, “On Seeing England for the First Time”, acerca de un viaje que hizo a Inglaterra. Arranca: “Cuando vi Inglaterra por primera vez era una niña sentada en un pupitre de la escuela”, y a partir de allí, en mezcla de enojo y sarcasmo, vuelca su intenso rechazo al dominio colonial que le tocó vivir de pequeña-
Finalmente, aunque no agota la lista, se menciona a Annie John (1985) como otra de sus novelas destacadas, básicamente por el muy buen tratamiento de, entre otros, un tema recurrente de los desvelos de Jamaica Kindcaid, una conflictiva relación madre-hija, particularmente durante el tránsito de la niñez a la adolescencia.

Una curiosidad es el interés que tiene por la jardinería. De hecho, cuando en su curricula mencionan su profesión, dicen “Escritora, novelista, dramaturga, profesora de universidad, ensayista…y jardinera”. Por nombrar solo los dos títulos vinculados más notorios, ha publicado “Mi jardín” (2001) y “Entre flores: Un paseo por el Himalaya” (2005).

Desde 2004 es miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras, y desde 2009 de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias. Además, durante más de diez años enseñó en Harvard en los departamentos de Inglés y de Estudios Africanos y Afroamericanos con un enfoque en escritura creativa.

Además de los ya mencionados “Morton Dauwen Zabel” por “En el fondo del río” y el Premio Especial de la Crítica de Los Ángeles por “Un pequeño lugar”, Kincaid ha sido distinguida con la Beca Guggenheim (1985), el Premio Anisfield-Wolf (1997), el Premio Femina Extranjero (2000), el Prix Carbet de la Caraïbe et du Tout-Monde (2004), el Premio American Book (2014) y el Premio Dan David (2017).


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Idea y creación: Emilio Bertero, 

Colaborador de:
Atrapados por la Imagen

Buenos Aires - Argentina

 


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¡Hoy 28 de Abril, Atrapados por la Imagen está de Fiesta!



¡Festejamos el cumpleaños de Rubén Blanco!


"Artísta de Atrapados por la Imagen"



En este día tan especial, en nombre de toda la comunidad de Atrapados por la Imagen, extendemos un cálido saludo de cumpleaños a nuestro colega y amigo Rubén Blanco!


Los invitamos a visitar la galería de el autor, donde podrán disfrutar de sus obras fotográficas, haciendo click en el siguiente link 👇

https://atrapadosporlaimagen.blogspot.com/search/label/Rub%C3%A9n%20Jos%C3%A9%20Blanco


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Isa Santoro - Laura Jakulis

Colaboradores: Marta Puey - Emilio Bertero


Diseño de Tarjeta: Laura Jakulis


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lunes, 27 de abril de 2026

" Luz " ( pescada infraganti ) .- autora: Silvia Elena Lanza -

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"Barrio Chino" - Autor: Miguel Ángel Cuesta -

 



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Detalles de la ciudad - Autor: Roberto Jorge Escudero -


 

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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN PRESENTA A : CRISTINA MARTÍN - "Nueva integrante de Atrapados por la Imagen" - Rosario - Argentina -

 





Cuentos y relatos presenta a . . .


CRISTINA MARTÍN


"Nueva artista de Atrapados por la Imagen"


🌸 Bienvenida Cristina🌸


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

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¡Queridos amigos y amigas!


La Editorial Atrapados por la Imagen tiene el honor y la alegría de recibir a una nueva autora que se suma a este espacio de creación y encuentro artístico.



¡Bienvenida, Cristina, a esta casa donde las palabras se encuentran con la imagen y la emoción!

Sobre el final de este hermoso cuento poético, podrán encontrar la trayectoria de Cristina Martín.





AUTOBIOGRAFÍA
 Cristina Martín


       Cuando abrí mis ojos a la vida, me esperaba una Navidad de arbolito verde con bolas rojas, mis padres y dos hermanos, también.

Nací en una casa gris sin espacio para la zozobra, la incertidumbre, las ambigüedades. Todo previsible, linealmente organizado. Padre circunspecto y amoroso. Madre severa y autoritaria.  Hijos casi perfectos. Hermanos que no podían sostener un diálogo.

Pero la vida siempre acecha con sus imprevistos, sus caminos azarosos, sus sentidos múltiples. Hubo una abuela Ángela, madre soltera, venida de las Canarias con su hija Agustina de la mano y mi padre en su panza. Ella se las ingeniaba para liberarnos de una infancia llena de tutelajes y palabras cuadradas. En su casa conocimos la redondez del lenguaje, sin esquinas abruptas, ni puntas filosas. Palabras presagiadoras, inquietantes. 

Al pie de un árbol sin frutos
me puse a considerar:
¡qué pocos amigos tiene
el que no tiene qué dar!

Nada en este mundo dura
se mueren buenos y malos
y una triste sepultura
a todos nos hace iguales.

Esta poética se entrelazaba con sus sopas apetitosas hechas a pura papa, zapallo, puerros de la quinta, tomillo, perejil y salvia.

Ella y abuelo Pepe no hablaban de paradigmas lineales, ni biocéntricos; pero tejieron un entramado complejo donde coexistían el pasado canario de mar, montañas y coplas y el presente del sur santafesino de llanuras, trigales y horizontes amplios.

Abuelo Pepe, republicano a ultranza, nos contaba a sus nietos que la guerra civil española había sido el colmo de la ambición humana, un ejemplo vivo de los exabruptos del poder, donde los dominados debían morir o desaparecer para que los dominadores pudieran ejercer su tiranía, su poder ilimitado. 

- Abuelo, quiero que me cuentes, otra vez, qué hacen los poetas,¡por favor!

- Un gran poeta, niña

- ¿Y quiénes son los poetas, abuelo?

- Los que ponen alas a las palabras.

- ¿Y por qué lo mataron a García Lorca, abuelo, si ponía alas a las palabras?

- Es que quien pensaba distinto, niña… ya te lo expliqué hasta el cansancio y no quieres entender. Eres muy cabeza dura, ¿sabes?

- Yo no entiendo, abuelo. 

- Niña, tú entiendes; pero quieres otras razones que no puedo darte.

Mis hermanos, mis primos y yo lo mirábamos embobados. No podíamos entender las sinrazones de sistemas racionalistas, dogmáticos y sanguinarios.

En esa vieja casona todos deambulábamos. Tío Antonio, escritor de tradiciones familiares y de historias del sur santafesino. Tío Benito y tía Dora, hacedores de la huerta y la quinta para que no nos faltaran las comidas apetitosas con sabor a tierra y agua fresca de aljibe de patio canario, ni flores para la Virgen de la Candelaria. 

Abuelo Pepe, relator de historias y abuela Ángela, tejedora de la trama de la vida con sus hijos, sus nietos, sus amigos, su barrio; sin quedar atrapada al pasado de guerra y desgracia. Nuestros primos, mis hermanos y yo jugábamos a la payana con las piedritas juntadas en la calle de tierra y peleadas por todos. También para hacer casitas con puertas y ventanas amplias y largas chimeneas de humo alto.

A mí me gustaba esa vida de cooperación, de respeto a todos los seres vivos, las personas, las hormigas (que tenían su propio caminito en la quinta del abuelo), las flores, las plantas. Allí el azar y los sueños mezclaban todas las voces y los pájaros cantaban hasta despertarnos y las palabras eran todas buenas, intuitivas, sabias. Sí, palabras que nombraban la vida, el amor, los sueños, los sinsabores diarios.

Nadie hablaba de paradigmas, pero en casa de mis padres todo era lineal y previsible y en casa de los abuelos canarios todo era caótico, brillante, enigmático. Ahí se vivía el hoy y el mañana existía como posibilidad de un nuevo presente donde la vida fluiría y traería nuevos cambios.

Pasaron muchos años y con ellos sobrevinieron movimientos en la familia, en el cosmos, en la filosofía, la ciencia, el arte; nuevas tecnologías para la vida y la muerte, guerras, hambre en el mundo, disputas de poder, dominación, cegueras como tan bien las describió el escritor Saramago. 

Quizás hoy pueda entender que abuelo Pepe y abuela Ángela con sus miradas abiertas al asombro y la incertidumbre y su ética profundamente ecológica, anunciaban otros paradigmas que no eran los que conocieron mis ojos cuando se abrieron asombrados, durante una navidad de arbolito verde, bolas rojas y palabras cuadradas.

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BREVE C.V.

             Cristina Martín nació en Firmat (Pcia. Santa Fe, Argentina) y reside en Rosario. Es Maestra Normal Nacional (Esc. Virgen de la Merced, Firmat), Prof. de Castellano, Literatura y Latín (I.C.E.S. Vdo. Tuerto), Magister. en Literatura para Niños y Jóvenes (U.N.R. Rosario), Narradora oral (Escuela de Ana María Bovo, Bs. As.).

  Trabajó en todos los niveles de la docencia en la zona sur de Santa Fe. Da Seminarios y Talleres en escuelas, bibliotecas y espacios culturales, acerca de su especialidad.
Publicó numerosos libros de Poesía y Cuentos para niños y niñas, de Poesía para grandes y Ensayos en Bs. As., Córdoba, Rosario y Sta. Fe.

 Tiene publicaciones en revistas y periódicos en el país y el extranjero acerca de La Literatura y la Alfabetización. Trabajó en todos los niveles de la docencia, en ciudades del sur de Santa Fe y en Planes de Lectura del Ministerio de la Pcia. de Santa Fe. Coordinó talleres de lectura y escritura con niños, jóvenes y adultos en la ciudad de Casilda.  Asistió a Congresos y Encuentros de L.I.J. como panelista en Rosario, Viedma, San Luis, Bs. As. (Argentina); La Habana (Cuba), Alcalá de Henares (España), Eubonne (Francia), Frankfurt (Alemania
Hizo recomendaciones de libros para niños para la Biblioteca del Inst. Sup. Nº1 (Casilda, Sta. Fe), para el Plan Nacional de Lectura, 2006 (Sta. Fe) para la Revista Ciudad Gótica, 2015 (Rosario). Poemas suyos fueron incluidos en Poemarios de Santa Fe, territorios de lecturas, 2009 y en Cuaderno Guía Educ. Inicial (4 y5 años) Ministerio de Educación, Sta. Fe, 2021.  

Recibió Primer Premio Fantasía en Bs. As. por su Libro “Versos y Reversos” de Libros del Quirquincho, Bs. As. 1996 y participó de la Lista de honor de ALIJA (Asociación de Lit. para Niños y Jóvenes de Argentina), 1997 con el mismo libro. Muchos de sus poemas fueron musicalizados y son cantados por los músicos Raúl Manfredini, de Córdoba; Claudio Bolzani y Ethel Koffman, de Rosario.

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©CRISTINA MARTÍN

Rosario  - Argentina

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

ABRIL 2026



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Afectuosamente...


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