Fotografías de autor

Atrapados por la Imagen es un espacio donde las historias encuentran su forma, ya sea en palabras, en fotos o en la mezcla mágica de ambas. Somos una página editorial que apuesta por la sensibilidad, la mirada personal y el disfrute de contar. ¡Bienvenidos!

viernes, 14 de agosto de 2026

Seis veleros y un paddlesurfista


 

EL DESTAQUE SEMANAL...

 

  Editorial Atrapados por la Imagen Presenta . . .




Gracias a todos por su talento, cariño y dedicación, que hacen de este espacio un lugar especial.


Presentamos a las y los artistas seleccionados de la semana:

VIVIANA GARCÍA - R. JORGE RUIZ DIAZ - RICKY KIMMICH - SILVIA LANZA - CLAUDIA MOLINA - OS OSMO - ANA VACCARI


"Fotografía es una historia de amor con la vida.”  Burk Uzzle
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VIVIANA GARCÍA
"Niebla Pampa"




R. JORGE RUIZ DIAZ
"Soledad"




RICKY KIMMICH
"Vos... me hiciste la Foto del Gol"




SILVIA ELENA LANZA
"Cúpula Galería Guemes" 



CLAUDIA MOLINA
"La naturaleza siempre encuentra una forma de sorprender"



OS OSMO
DÍPTICO: "Primero buscar - Después crear"




ANA CECILIA VACCARI
"En flor..."




Diseño gráfico: Laura Jakulis
Directora de Atrapados por la Imagen

Correctora Literaria: Isa Santoro
Colaboradores: Marta Puey - Emilio Bertero 

 ¡Saludos Afectuosos para todos y todas!

Administración de Atrapados por la Imagen.

jueves, 13 de agosto de 2026

" En Perspectiva " .- Silvia Elena Lanza

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

Confitería El Molino - CABA - Claudia Molina -

 


Licencia Creative Commons
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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "Una oportunidad para Ponce" - Del escritor: Juan José Vitiello - Rosario - Argentina -

 


ATRAPADOS POR LA IMAGEN 


 Presenta a: Juan José Vitiello

"Nuevo  integrante de esta comunidad artística"


En: 

"Una oportunidad para Ponce"

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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¡Queridos amigos y amigas!

La Editorial Atrapados por la Imagen tiene el honor y la alegría de recibir a un nuevo autor que se suma a este espacio de creación y encuentro artístico.

¡Bienvenido, Juan José, a esta casa donde las palabras se encuentran con la imagen y la emoción!

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Juan José Vitiello, nacido en Rosario el 1° de Mayo de 1953, 73 años. Casado con Stella Hernández, dos hijos: Juan Manuel y Juan Facundo. 

Militante desde los 16 años, ex preso político, fue dos veces concejal de su ciudad, escribió poemas desde los trece años. La temprana lectura del libro Demián de Herman Hesse influyó notablemente en su inclinación espiritualista. Se define como católico sui géneris y creyente sin remedio, además de peronista de izquierda, lo que completa su cosmovisión. Decidió juntar la prosa que le resultó más publicable y darla a conocer "antes de que sea más tarde".

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"Una oportunidad para Ponce"

JUAN JOSÉ VITIELLO


             Hay fiesta en el pueblo y eso no es de todos los días. Hay que ponerse a tono. Sacar del ropero la mejor pilcha, lustrar zapatos, acomodar la huesera para el bailongo de la noche y hasta guardar un resto porque la cosa sigue al otro día.

En ese abril del 68, venía soplando un vientito cálido y acariciador. El norte santafesino es lerdo para hacerse al invierno y el otoño era una primavera ese año.

Todo lo enjaulado se pone nervioso y lo silencioso canta.

De temprano, empezadito el viernes, ya habían ocurrido las pequeñas desgracias para unos y diversión maliciosa para otros. Para la colección de anécdotas, que no otra cosa, es la historia de un pueblo.

           Ya la propaladora había equivocado el disco de aplausos para rubricar la actuación en vivo del osado cantautor de la zona poniendo en cambio la grabación de un gol en el relato del gordo Muñoz. Lo que obligó al dotado glosista, locutor y periodista a sacar un as de la manga diciendo a toda bocina: Ha sido un gol interpretativo del amigo Medina. Ya la chata de don Severo, convertida en escenario, se había  llevado músicos y cantantes en enredos de pentagramas que pretendían ser “Nubes de humo”, en una corta pero final cabalgata de sus percherones asustados por inoportunos petardos en medio de un ensayo.

          Ya el Negro Lumumba se había estrellado con su bicicleta, en el intento de remedar a los motociclistas de riesgo del parque de diversiones lanzados en tobogán.

           Ya el asador a la estaca triunfador de cien fogones había recibido el supremo galardón vomitando ocho horas de vino junto al fuego en la solapa del senador departamental.

          Ya las palomas mensajeras del Turco Ismael, que siendo árabe presidía la Asociación Italiana, habían traído los resultados de los partidos de fútbol de la jornada regional.

           Ya un paisano de tenor revisionista había acuchillado el acordeón de un cantante de visita por discrepancias con la letra. 

Cuando casi todo lo pequeño se había ido precipitando en ese pasado instantáneo de tribu que reseca la memoria de las islas en tierras del norte; cuando ya nada para el anaquel de la risa y el sacudón de cabeza había dejado de ocurrir, vino la gala a cerrar el sábado.

Ahora sí la corbata y el vestido. El cigarrillo con boquilla, la boca pintada. Las uñas limpias, el agua colonia. El bigote tusado, el peinado de peluquería. Vienen los artistas. Hay una obra en el Cine Teatro Garibaldi.

Las viejas compañías de radioteatro, que habían cautivado por décadas a mateadores y planchadoras de las tardes, pegaban los últimos suspiros de derrota bajo el hipnótico radiar de la televisión.

Siguieron sus giras, sus leyendas propagadas. Dieron sus últimas batallas, pueblo por pueblo, mangando sillas, bancos de parroquia, focos de ferrocarril, forrando galpones, haciendo telones de arpillera.

Era común, entonces, que el público tomara partido por los personajes buenos y abominara a los malos sin distinguirlos de los actores y actrices que los interpretaban. Aplausos, silbidos y hasta insultos a la salida se hicieron patrimonio de estos teatreros peregrinos junto con fama y sustento.

Y en aquel abril, Alfonso Amigo, Federico Fábregas, ¿o fue Norberto Blessio quien llegó con su troupe a coronar el sábado en una gala de naftalina?

Ya ni me acuerdo del título de la obra. Se ha perdido en el raspón de un paso de comedia que ese pueblo entregó al arte dramático.

             El hall es todo rumor y risotadas. Se comenta que hay una demora. Que hay un actor enfermo. Que será reemplazado por alguien del lugar. Qué buen aderezo para el plato principal. En efecto, un actor de reparto que debía representar a un ocasional beligerante que ponía a prueba la proverbial bravura del primer actor, héroe y galán, había enfermado. Convocaron al prójimo más pintado en su reemplazo. El tramoyista y bufetero Irineo Manuel Ponce.

Pese a la insistencia del debutante Ponce de intervenir con algún parlamento en su escena, le adjudicaron el redondo papel de la ignominia. Debía interceptar a Adalberto, el héroe, y fingir una pequeña trifulca de la que el primerísimo actor y dueño de la compañía saldría asaz airoso, como el libreto siempre lo indica.

El siseo preludiar de las plateas colmenares acompaña la apertura del telón. La obra se desliza frente a un público atento que hace honor al esfuerzo de la dramaturgia de comarca con algún aplauso suelto, un suspiro, alguna lágrima.

Entretanto Ponce ha estado esperando su momento en bambalinas, precalentando su enjundia con unos vasos de Esperidina.

Salir el improvisado actor devenido en crédito munícipe y estallar la sala en ovación fue todo uno.

Apartándose del más elemental apego a las formas del asunto teatral, Ponce saludó con los brazos en alto. Varias voces pusieron orden en la sala y el oficio actoral primó sobre las tablas haciendo que los veteranos artistas retomaran el hilo argumental.

Entre no mezquinados sollozos y frases grandilocuentes, la pareja protagónica se introduce en el momento culminante de un conflicto que ha de resolverse en minutos.

Hay un forcejeo y Ponce, el paisano bufetero, el esperado de todos, el actor, ya no puede ceñirse a un simple empujón, a unos puñetes arrojados al aire. Le espeta al galán ¡yoteviadáhijunagranputa! Y la emprende a las trompadas netas y revoleadas, sonoras y cuantiosas, sobre el rostro del ahora doliente héroe de la radio.

Y una voz cerril grita la frase que reúne al público en la expropiación del arte: ¡No le afloje Ponce!

La obra oficial desbarrancó en tropiezos, puteadas, agarrones y lamentos. Algunos se fueron avergonzados. Otros eufóricos.

En adelante, se comentaría en los boliches, se le repetiría a las visitas, se contaría con distintos finales.

También fue distinto el final de aquella obra cuyo nombre no recuerdo.

Al fin y al cabo, siempre hay un Ponce que se cuela para cambiarle el final a la obra.


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 Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 

©Juan José Vitiello


Rosario - Argentina

 Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

Agosto 2026






Agradecemos a todos nuestros amigos, lectores y seguidores, por sus visitas y valoraciones.


Afectuosamente...


Administración de Atrapados por la Imagen.
Directora: Laura Jakulis

“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra” 

 

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lunes, 10 de agosto de 2026

" Las manos de Mami cuando pelaba ajos " .- Silvia Elena Lanza -

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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "Woodstock en Santa Fé: el festival de la Isla Berduc" - Del escritor Emilio Bertero - Buenos Aires - Argentina

 

ATRAPADOS POR LA IMAGEN



Cuentos y Relatos Presenta a:


EMILIO BERTERO


"Artista de Atrapados por la Imagen"

En...


"Woodstock en Santa Fé -  El festival de la Isla Berduc"

 

 Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.

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Un cuento para Atrapados por la Imagen

"Woodstock en Santa Fé -  El festival de la Isla Berduc" 
EMILIO BERTERO


Prólogo necesarísimo.

El 10 de octubre de 1971, que se conmemora como “Día del Rock Santafesino”, se realizó el Festival de la Isla Berduc, exitoso y legendario encuentro que congregó a una multitud de jóvenes de Santa Fe y Paraná, el primer festival de rock al aire libre en el litoral, de tal convocatoria y repercusión, que se lo recuerda como el "Woodstock santafesino". Tiempos en los que el rock en castellano recién arrancaba a nivel nacional, el festival presentó a bandas precursoras del rock santafesino, tales como Alma Pura, Them, Bichos de Candy, Manteca Rancia, Littel Green Men y Los Ranser.
Lo que sigue es, tal como yo lo viví, un relato de enero de 1970, un evento que constituye un antecedente perdido en el tiempo, digamos fallido, del exitoso e histórico "Woodstock santafesino".

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Woodstock en Santa Fe: el festival de la Isla Berduc

Así promocionaban carteles en letras negras sobre fondo naranja, de eso me acuerdo bien, con un dibujo de Jimi Hendrix azotando la guitarra. Era enero del 70, yo estaba por cumplir 15 años, y me tenían medio enloquecido, de los que más me vienen a la memoria, Jimi Hendrix, Crosby, Stills, Nash & Young, Blood, Sweat & Tears, Joe Cocker, The Who, Creedence, Janis Joplin, Santana y Joan Baez, todos nenes (y nenas) que habían roto todo en Woodstock 69, el mejor concierto hippie de la historia, “tres días de paz y música”, en agosto de 1969.

A los pibes de Santa Fe, no nos había llegado mucho, pero Pablo Mudry, el cabezón José y yo, estábamos más al tanto gracias al “viejo” Caminitti (y las comillas van porque en ese entonces, Caminitti ni tendría  40 pirulos), un rengo de bastón elegante, barba y pelo largo, el único hippie auténtico que teníamos a mano, el que nos enseñó a tomar cerveza al natural engordada con ginebra, el único al que hasta ese tiempo habíamos visto fumarse un porro de verdad, porque nunca pudimos comprobar a ciencia cierta la especie de que Pololo y Sarzotti habían criado unas plantas en el fondo de la casa de la abuela del gringo Velocci.

El viejo Caminitti se hacía unos mangos en un altillo de la Avenida López y Planes, en Barranquitas, arriba de una ferretería, haciéndonos escuchar a los monstruos, a veces en long plays, a veces en cassettes y, lo más, en grabaciones de cinta abierta que él mismo armaba y, después de esperar no menos de dos semanas, conseguir y vendernos discos que ni siquiera en Breyer, la disquería más importante de Santa Fe, se podían encontrar. Yo ahorraba la guita del colectivo gastando el camino y las suelas al Nacional Simón de Iriondo, Facundo Zuviría-San Jerónimo-Mendoza, como 50 cuadras, para poder comprarle por lo menos dos discos al mes.

Los que escuchábamos esa música nos sentíamos superiores a los que todavía no se habían despegado de las estelas de Palito Ortega y Sandro, pero respetábamos más, y poco a poco también los fuimos incorporando, a los que le daban pelota a los argentinos, Lito Nebbia y Los Gatos, Almendra, Manal, Vox Dei y Arco Iris, que encima, sí se conseguían en Breyer.

En ese punto estábamos cuando llegó Woodstock en Santa Fe: el festival de la Isla Berduc.

La isla Berduc queda camino a Paraná y ahí estaba, antes de que se hiciera el Túnel Subfluvial, el atracadero de balsas para cruzar a Entre Ríos. La cosa había sido programada para tres días seguidos igual que en Woodstock, con grupos y solistas de Santa Fe y Entre Ríos, la verdad es que no conocíamos a casi ninguno de los anunciados, pero en nuestras cabezas la lógica no funcionó, nuestras cabezas deliraron e imaginaron que se avecinaba una experiencia mística, que íbamos a estar en un Woodstock vernáculo que iba a terminar siendo la envidia de los porteños y rosarinos pelotudos, incapaces de tener los huevos para hacer algo parecido, nuestras cabezas imaginaron música, amor y paz y todo lo que eso traía puesto.

Arrancó un viernes a la mañana, marchamos temprano para agarrar el colectivo de la costa, yo a escondidas de mi vieja que se hubiera enloquecido de haberse enterado, vestidos con las camisetas que teñíamos con anilinas atándoles nudos, para que quedaran con círculos de colores. La mía era lila.

En el bondi éramos los únicos tres que íbamos al festival, pero lo mismo no se desalentó nuestra idea de que una multitud de hippies iba a inundar la isla Berduc, que capaz con algo de suerte no solamente seríamos espectadores, tal vez protagónicos, de un hito en la historia del rock, sino también ligaríamos algunas cositas anexas, porque los carteles anunciaban grandes sorpresas (que conjeturábamos decían así, porque mucha alharaca los organizadores no podían hacer estando el país bajo la dictadura de Onganía) y nuestras expectativas iban desde, a que capaz se aparecía Lito Nebbia, hasta vaya a saber la cantidad de minitas rápidas que iba a haber.

Desde la parada del colectivo hasta donde habían puesto el escenario, tuvimos que caminar, casi a campo traviesa, como medio kilómetro. Lo que nos guiaba no eran carteles indicadores, sino “Born on the Bayou”, “Bootleg”, “Graveyard Train”, “Proud Mary” y todo lo demás de “Bayou Country”, el segundo LP de Creedence, que sería todo lo que con algo de perfume a Woodstock escucharíamos ese día. La noche antes había llovido y, además de embarrarnos bastante, de entre los yuyales salieron bandadas de mosquitos, jejenes y barigüíes, que nos dejaron a la miseria, los guachos eran tan grandes y sedientos que picaban a través de la ropa. Repelente no habíamos llevado.

La primera mirada nos devolvió más cantidad de policías y puestos de panchos y choripanes que de gente. Cinco o seis de la organización pasaban guadañas entre los yuyos para dejar limpia una medialuna alrededor del escenario, un rectángulo de 6 x 3, sin techo, con bolsas de arpillera agarradas a unas cañas tacuara cubriendo los lados y el fondo, sobre el que habían pegado un cartel hecho con papel afiche que decía Woodstock en Santa Fe: el festival de la Isla Berduc. A los costados, unos parlantes medio anémicos y dos banderas blancas con el símbolo de amor y paz.

Demoró bastante en arrancar, como una hora y media. Entre tanto fueron llegando más, no demasiados. Chicas solas casi no había. El único entretenimiento fueron unas piñas entre un grupito del Comercial y otro del Industrial de Junín, una cosa que se venían prometiendo desde el fin de semana antes. Los del Comercial cobraron para todo el campeonato, como siempre les pasaba.

Los primeros que subieron a tocar pusieron voluntad. Igual un ruido a lata bárbara. Tocaron tres o cuatro de Creedence, una me acuerdo seguro fue “Cotton fields”, porque a mí me gustaba mucho y la destrozaron. El cabezón José, que siempre fue más maduro que los demás, creyó llegado el momento de la realidad y nos preguntó si no nos parecía que a la isla Berduc, lo único de Woodstock que había llegado era Creedence.

Después vinieron más émulos, esta vez en castellano, supongo que habrá sido algo de Almendra o Manal, hasta muchos años después, cuando dejamos de vernos con Pablo y el cabezón, les discutí que habían tocado “Jugo de tomate frío” y ellos decían que no podía ser, que “Jugo de tomate frío” fue más adelante, lo que me hace pensar que a medida que pasa el tiempo le pongo más ganas a los recuerdos.

Todos fueron de perros para abajo, salvo unos pibitos de Santo Tomé que hicieron temas de ellos cantados por una chica que, al lado del resto, parecía Brenda Lee. Más adelante nos contarían que el bajista había llegado a tocar en una banda que le hizo soporte a Serú Girán, y que la chica fue amante de … (un rockero muy famoso), pero vaya uno a saber si es cierto, de Woodstock en Santa Fe: el festival de la Isla Berduc, se han contado muchos bolazos.

Atrás de los santotomesinos vino lo peor. El presentador agarró el micrófono, dijo algo de la confraternidad entre géneros musicales y subió un dúo de guitarra y bombo, con bombachas de gaucho, a tocar chacareras. Los pollos más chicos fueron gargajos de dinosaurios, aunque ínfimos comparados con los que le volaron al presentador cuando, en vez de alterar el orden del programa a ver si la cosa escampaba, volvió con la cantinela de la confraternidad y dijo, al mejor estilo Cosquín, “desde San Francisco de Córdoba…”, y se trepó al escenario el cuarteto no sé cuánto, para el que los gallos no alcanzaron, y dos o tres a los que se les escapó de la mano una botella de cerveza o la petaca vacía, fueron los primeros demorados.

Mientras tanto, de las cosas “anexas” nada, salvo que contabilice lo de tres minas que se nos pegaron, bastante más grandes que nosotros, veintipico diría, dos gorditas y un susto de medianoche, que nos convidaron con unos humitos que a mí me parecieron con gusto a zarzaparrilla y preferí seguir con mis Particulares 30. O, en lo que sería el preámbulo del fin, pasada la hora de la siesta y mientras tocaba uno que se la pasaba amagando con romper la guitarra a lo Jimi Hendrix, una piba se trepó al escenario, se sacó la remera y se quedó en tetas bailando un rato, hasta que con semejante atentado a la moral y las buenas costumbres, los canas decidieron intervenir para bajarla, volaron algunos cascotes y se armó un desbande durante el que los polis aprovecharon para revolear algún que otro bastonazo y, menos mal, suspender por ese día Woodstock en Santa Fe: el festival de la Isla Berduc. En la semana nos enteramos que la piba era una loca, pero loca de verdad, que había estado una temporadita en el manicomio de Don Bosco.

Nos volvimos con la cola entre las patas, ahora teniendo que sufrir a los mosquitos vespertinos y al colectivo lleno. Como llegamos a la ciudad más o menos temprano nos metimos en el cine Mayo, el único que no pedía documentos para entrar a ver películas prohibidas para menores de 18.

Nos vimos una de la Coca Sarli. Fuego, creo que era.


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 Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©Emilio Bertero

Buenos Aires - Argentina

Junio 2026

Ilustración: Imagen libre de la Web

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

Corrección literaria: Isa Santoro

Maquetación y Edición: Laura Jakulis

Gracias por acompañarnos en este recorrido de palabras e imágenes. Tu lectura y valoración ayudan a que estas historias sigan encontrando nuevos lectores.

Afectuosamente...


Editorial Atrapados por la Imagen.


Directora: Laura Jakulis

“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra” 

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Enredados

 


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