Make Up Aldana Sánchez Arte

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Make Up Aldana Sánchez Arte

Editorial Atrapados por la Imagen
Presenta:
-RATAS-
Del escritor:
Sebastián Rogelio Ocampo
"Artista de Atrapados por la Imagen"
Cuento inédito perteneciente al libro:
"ESTA PORQUERÍA NO SE LA DESEO A NADIE"
Edición: Editorial Atrapados por la Imagen
RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ
Registro de propiedad intelectual
Hay ratas en mi casa ¿Las escuchan?
Corren de un lado a otro, se esconden debajo de la heladera, dentro del
placard, entre los libros de mi biblioteca ¿De dónde salieron? No hay baldíos
alrededor. Las casas del vecindario son modestas pero limpias. Las ratas
llegaron a mi casa hace un par de meses. Mis hijos y mi esposa dicen no verlas,
pero yo las veo y las escucho. Esos chirridos horribles que largan. Parece que
se rieran o se burlaran de mí. A veces estoy mirando televisión y empiezan a
gritar, y pasan a toda velocidad de un lado a otro. Me paro sobre el sillón,
grito yo también. Mis hijos me preguntan qué me pasa. Mi esposa está cansada.
Dice que me volví loco, pero no, las ratas existen, están ahí, escondidas en mi
casa como malditos espíritus.
Mi esposa me mandó al psiquiatra.
Soy un buen hombre, dispuesto a resolver los problemas de la forma correcta,
así que fui a ver al doctor. Me escuchó sin decir muchas palabras, asentía,
hacía gestos con la boca, con las cejas. Me recetó un psicofármaco. Acepté
tomarlo, una pastilla a la noche. Busqué en google y dice que es para el
tratamiento de las alucinaciones. Pero no es así. Las ratas existen, yo las veo
y las escucho y las padezco.
Siempre me creí especial, puede que
sea eso, que las ratas sean una especie de demonios que yo solo puedo ver. Tal
vez vienen a darme algún mensaje. Vienen a decirme que las cosas no marchan
bien. Estoy desempleado. Eso es verdad, las cosas no están bien, mi esposa
trabaja de administrativa y la plata apenas alcanza. Mi hijo, el mayor, también
hace changas de cadetería con la bici. Yo me la paso en casa. Hago las cosas,
cocino, lavo la ropa, barro, plancho, todas esas cosas tristes que a nadie le
importan. Mis amigos dicen que soy un vago, que no quiero trabajar, pero sí,
quiero trabajar, soy oficial tornero, me canso de repartir currículums, y
además trabajo, trabajo en casa ¿Qué les pasa?
Y ahora las ratas. A veces a la
noche, me despierto, las escucho, agarro la escoba, las persigo, plaf, plaf,
golpeo el piso y las paredes, pero nunca las atrapo. Suben por las paredes, se
trepan, se trepan al techo, y pasan a todo lo que da sobre nuestras cabezas. Me
despierto varias veces a la noche. Las escucho. Malditas. ¿Serán acaso el
mensaje de que me estoy volviendo loco? ¿Será una condena divina por haberme
quedado sin trabajo? ¿Será que yo mismo soy una rata más?
A decir verdad a veces desaparecen. Unos días, mientras meto ropa a lavar me pongo a leer a las poetas suicidas Pizarnik o Alfonsina. Tengo los libros guardados entre la ropa porque mi esposa dice que pierdo el tiempo leyendo poesía. Separo las prendas de color de las prendas blancas. Me apoyo en el lavarropas, rodeado de detergentes, suavizantes, y otros líquidos. Leo de Pizarnik:
"Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa".
Siento que el mundo va a terminar, que ya no va a haber una vida para mí,
que sería mejor terminar con todo, que no soporto la humillación de ser un
ceniciento. Cuando desaparecen pienso, pienso mucho, demasiado, los
pensamientos me aturden, me duele el pecho y la cabeza, y cuando está todo por
explotar, ahí, aparecen las ratas, corren, gritan, se ríen. Se ríen como
hienas. Como se reían los chicos de la escuela al burlarse porque yo usaba
lentes.
A lo mejor tiene razón mi esposa.
Las ratas son alucinaciones. Pero no, me acuesto y las escucho roer el
machimbre de las paredes. Cuando meto al horno algunas supremas las veo salir de
ahí abajo a toda velocidad, pasándome entre las piernas. Últimamente tengo
miedo. Un miedo terrible de que puedan hacerme algo. ¿Si me muerden? ¿Si me
contagian alguna peste extraña y me muero? Una ansiedad me recorre y quiero
matarlas.
Entonces me agarró un ataque de
locura que podría salirme caro. Compré 126 tramperas y las distribuí por toda
la casa, incluso debajo de las almohadas en la cama, de las sillas de la cocina
y en los sillones del living. Yo sé qué posiblemente mi psiquiatra me mande a
internación pero las ratas no van a vencerme. Las voy a liquidar, las liquidaré
a todas, inclusive si me cuesta la vida, pero desaparecerán. Desaparecerán
tanto si viven en mi cabeza o si andan dando vueltas por mi casa. Lo juro.
¡Las exterminaré!¡Las exterminaré!,
gritaba. Cuando mi esposa y mis hijos descubrieron la cantidad de tramperas que
puse en casa se espantaron. Mi esposa llamó al psiquiatra. El psiquiatra me
citó. Me dijo ¿Qué es esto? Nada, quiero atrapar a las ratas. ¿No le parece
desmedido? Acepté por el bien de mí mismo y para evitar una internación que
había propuesto el doctor que el despliegue había sido demasiado. Así que
prometí quitar las tramperas. Solo dejar algunas. Debajo de la heladera, de la
cocina, de la cama. Algo coherente según consideraba mi familia y el
psiquiatra.
¡Atrapé una! Finalmente atrapé una. Apareció enredada en el alambre de la trampera con un pedazo de queso todavía en la boca. La saqué agarrándola delicadamente de la cola. La hice pendular felizmente frente a mis ojos. ¡Atrapé una!, le grité a mi familia. Cuando se la mostré. Me miraron con ojos de pequinés tristes. Eso es una zanahoria, papá, dijo mi hijo. ¡¿Cómo que es una zanahoria?! La puta madre, ahora que agarré una tampoco me creen. No importa. Agarré la campera al vuelo. Salí de mi casa y me fui para el taller donde se juntan los muchachos. Las ratas me seguían como un grupo de adolescentes de fiesta. Estaban todos sentados en ronda tomando mate y hablando. Las ratas pululaban por todos lados.
¡Miren quién apareció!, dijo uno.
Muchachos, estoy desesperado ¡Miren las ratas!
¿Qué pasó, loco? Contanos.
Encontré esta rata en mi casa.
La sostuve de la cola frente a ellos.
Otra vez esa mirada de como quien
ve a un elefante caminar por el medio de la calle.
Eso es una zanahoria, loco.
¡¿Cómo que una zanahoria?!¿No ven que es una rata? ¡Una maldita rata!
Las ratas reían.
Pará, pará, loco, vino uno y me puso la mano sobre el hombro.
Me saqué la mano del hombro de un
manotazo, yo no quería ningún consuelo.
¡Ustedes están todos pirados!¡Igual que mi familia!¡Chau manga de putos!
Y me fui rodeado de ratas.
Me fui con la rata ahora agarrándola del cuerpo como si fuera un peceto.
Sentía mi sangre hervir, hervir el
aire en los pulmones, hervirme el cerebro. Las ratas me perseguían como si yo
fuera el flautista de Hamelin.
Empecé a preguntarle a la gente si
veían una rata o una zanahoria y todos decían una zanahoria. ¡Una zanahoria!¡Hijos
de puta! Era una maldita rata. Le veía las orejitas, las patitas, la cola larga
como un cordel. Se las mostraba a los que pasaban. ¡Una zanahoria!, decían. Me
subí a un tacho de basura y grité ¡¿Qué ven acá?! La gente se empezó a
amontonar. La gente me miraba y gritaban ¡Una zanahoria! ¡Hijos de puta!, les
gritaba yo. Las ratas alborotadas a mí alrededor. Al final llegó la policía.
Terminé sentado frente al psiquiatra.
¿No le parece un poco excesivo todo esto?
Lo miré con furia.
Usted
no es un hombre para estar haciendo estas cosas.
Me
hubiera gustado decirle la pesadilla que las ratas significaban para mí.
¿Así
que esto es una zanahoria?, pregunté.
Claro.
Por supuesto.
Bueno,
dije.
Me
la puse en la boca y le mordí la cabeza. Pude sentir la sangre chorreando por
mi boca. Cayendo sobre mi camisa, sobre mis pantalones. El tipo empezó a tocar
un timbre que tenía a un costado, el timbre chirriaba y chirriaba, aparecieron
dos enfermeros y yo les sonreí con la boca llena sangre. Mientras tanto, a mis
pies, a los costados, pasaban ratas a todo lo que da llenando el consultorio.
Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a:
Diseño y Maquetación: Laura Jakulis
Editora Literaria: Isabel Santoro
Junio 2026

ATRAPADOS POR LA IMAGEN
"Artista de Atrapados por la Imagen"
Una carta muy especial, en el día "Del Padre"
Edición: Editorial Atrapados por la Imagen
RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ
Registro de propiedad intelectual
"Editorial Atrapados por la Imagen, la editorial que te ayuda a cumplir tus sueños..."
Hoy es 21 de junio del 2026, Día del Padre y hace mucho que te fuiste. Allí donde estés tal vez puedas escuchar y comprender como me siento. Te extraño y te extrañé mucho desde que te fuiste, y cuando nos dejaste no estaba a tu lado. Solo te fuiste una noche a morir en la plaza del pueblo después de haber dado un portazo al hogar que compartías con mi madre, de la que no voy a hablar.
Te recuerdo casi todos los días y han pasado muchísimos años y muchísimos cambios. Voy a cumplir ochenta y dos y te fuiste a los setenta y cuatro, hoy tenés cuatro bisnietos, dos chicas y dos varones, y al parecer vendrá una bisnieta pronto, número cinco, presumo que estas noticias serán alegres, aunque el futuro de estos niños es incierto.
El mundo ha cambiado mucho desde que te fuiste. Llegaste a la Argentina huyendo de una probable futura guerra, después de la segunda donde viviste y saliste herido en el frente de batalla. No va a gustarte lo que sucede hoy, la guerra se ha extendido a casi todo el planeta, más cruel, más violenta; el sistema es un predador de inocentes, a algunos pocos, una elite desconocida por la gente común como nosotros, solo les interesa el poder, el control, y el dinero, lo que fue inicialmente un gran invento humano remplazando el trueque para lograr un intercambio justo de alimentos, cosechas y mejoras de vida para todos, se ha convertido en una moneda de control, de poder, quien más tiene más puede. Pero la idea de escribirte no es sumergirte en este maremágnum de codicia, envidias, indignidad, inmoralidad que nos llevan a la extinción. Hoy es la nueva Edad Media de la historia del planeta, esclavos y señores. No es nuevo, no descubrieron América.
En fin, el Día del Padre, como ambos sabemos, es simplemente otro día de negociaciones, una tablita de salvación para los que tienen algo para vender y poder sobrevivir. Es una pancarta, una publicidad, simple comercio.
Ser padre, madre, abuela, abuelo es otra cosa en un mundo caótico, nuestra tierra se merece mucho más que una humanidad indigna de salvación. Es triste, nuestros descendientes, si sobreviven al caos, tendrán una vida dolorosa, con algunos destellos de felicidad. En fin no es algo que una “anciana” hoy pueda cambiar, salvo recordar.
Pero el propósito de enviarte una carta es decirte que te quiero, y que aun en mis primeros años de vida te quería y siempre te quise. Recibiste al hombre que sería padre de mis hijas, tus nietas, con un abrazo alegre y confiado.
Ese hombre después te escucho en tus días tristes cuando venías a visitarnos, a ver a tus nietas, él también se fue demasiado pronto y la lucha por mantener el timón del barco quedó en mis manos y en mi alma adolorida por las pérdidas.
Quería decirte papá que recuerdo con claridad los días que íbamos a pescar a la playa de Puerto Deseado, pesca con línea, y puedo verte revoleando esa línea con anzuelos y una plomada en dirección al mar, había días con pescado para comer, otros días eran mejillones con huevo revuelto porque el mar no nos había sido generoso. Recuerdo también, los días sentada en la corta escalera que nos llevaba hasta la puerta de madera de una casita de madera. Me sentaba en los escalones con mi amigo pigmeo en el hombro mientras le tiraba el maíz de la ración del día, el pigmeo comía de mi mano.
También recuerdo esos días en Puerto Madryn, el muelle por las noches, cuando salíamos a pescar, a veces con éxito. Esta viva en mi mente la imagen de una tortuga gigante que cruzó bajo el muelle, las aguas cristalinas del océano y asomó su pequeña cabeza y parecía mirarme, luego se sumergió y siguió su camino.
Cuando te trasladaron a Trelew, como Jefe del Taller de Locomotoras, te recuerdo de pie frente a la entrada de las locomotoras a carbón echando vapor en su avance, y rascándote el trasero durante la espera, hasta que ingresaba la última, se cerraban los portones y seguía el trabajo en el interior, revisando mecanismos, controlando los próximos horarios de salida. También compartí con vos un viaje corto en “cochemotor” como se le decía, desde Trelew hacia Gayman y Dolavon.
Esos pequeños recuerdos son imágenes escondidas en mi cabeza, se irán cuando yo me vaya. No he podido contarle mucho a mis hijas, que me convirtieron en abuela, aunque debo reconocer que no encajo mucho en el estereotipo de la vejez que hoy impera entre los más jóvenes. En mis días de niñez y juventud escuchábamos a los “viejos", los años les daban la experiencia y sabiduría de toda una vida de alegrìas y golpes. Aún así salimos adelante.
Anoche soñé con vos, y al despertarme y mirar el calendario en el celu, vi domingo es el Dia del Padre. Y todas estas palabras salieron solas. Gracias Papá. Gracias por haber sido como fuiste, duro cuando era necesario, amoroso incluso cuando exagerabas en cuidarme. Gracias mi querido viejo.
Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a:
©Cristina Wnetrzak
Buenos Aires - Argentina
Diseño y Maquetación: Laura Jakulis
Editora Literaria: Isabel Santoro
JUNIO 2026

- Entre curvas de piedra y luz, la belleza también encuentra su camino -

MACHU PICCHU, LA JOYA OCULTA DE LOS INCAS


Desde chica, amo profundamente a música y el cine. Este amor por el cine es el amor por la imagen y las historias bien contadas, que es mi búsqueda cuando decido capturar una escena.
"Cine en Atrapados por la Imagen"
Nuevo ciclo de Cortometrajes
Dirigido por: José Ramón Ayerra.
"De ilusiones también se vive"
Sinopsis: Todos en algún momento nos hacemos ilusiones con cosas que vemos o escuchamos en nuestro día a día. Aunque a veces son pequeñas e intrascendentes, por momentos nos hacen sentir bien. Esas ilusiones cotidianas, que prácticamente nunca se cumplen, realmente son el motor de nuestra vida.
