Fotografías de autor

Atrapados por la Imagen es un espacio donde las historias encuentran su forma, ya sea en palabras, en fotos o en la mezcla mágica de ambas. Somos una página editorial que apuesta por la sensibilidad, la mirada personal y el disfrute de contar. ¡Bienvenidos!

jueves, 11 de junio de 2026

¡Feliz cumple Buenos Aires ! - Fotografía Claudia Molina -

 


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Fotografía: Hugo Filmore -

 

Workshop Road / Mirta Steinberg - Model. Memi.




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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "Rulemanes" del escritor: Cristian Bautista - Rosario - Argentina -

 


Editorial Atrapados por la Imagen


Presenta: 

"Rulemanes"


Del escritor: 

Cristian Bautista


"Artista de Atrapados por la Imagen"

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.

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Cuento inédito para Atrapados por la Imagen

"Rulemanes"
 CRISTIAN BAUTISTA


                 Hace ya seis meses que Luciana me pidió un tiempo y me mudé acá, a casa de mamá, y me instalé en la que había sido mi habitación, dónde, los sábados de verano a la tarde, con el pretexto de leer algún libro o escuchar alguna canción, nos encerrábamos con Luciana y tirados en la cama fumábamos, hacíamos planes, nos jurábamos amor eterno. 

Cuando llegué, la habitación estaba convertida en un depósito. Sigue igual. Las paredes, donde antes pegaba posters de la revista Pelo y tapas de discos, ahora, están descascaradas y con manchas de humedad. Solo liberé la que había sido mi cama y me conseguí un colchón. Sobre la mesa de luz puse la caja con ropa que traje y tire una alfombra en el suelo, con una vieja colchoneta arriba, donde duermo los fines de semana que viene Lucio.

Ahora mamá junta los platos. Yo estoy desparramado en la silla, con las piernas estiradas y amontonando migas en el mantel con el dorso de la mano. Lucio está en la punta de la mesa.

Arrodillado en la silla. A mí derecha. Tiene apoyado en la boca, y sostiene con las dos manos, un vaso alto, de vidrio grueso y esmerilado, lleno de Coca-Cola. Mira el televisor. Un capítulo de Dragon ball Z. Uno que vio no menos de doscientas veces. Uno en el que Gokú pelea contra Veguetta en un lugar desierto. Hablan y el sonido del viento está casi por sobre sus voces. De pronto, con música de suspenso primero y un estallido después, comienzan a pelear. La pantalla es un flash  que dispara luces amarillas, blancas, rojas. Le toco el brazo. Le pregunto si ya tiene la mochila armada. Sin sacarse el vaso de la boca, me mira. Afirma moviendo la cabeza, mientras muerde el vidrio dos o tres veces; después, mira el televisor. Vegetta grita con voz grave y decidida, Gokú responde. Hay más ruidos. Los colores se superponen.

Mamá trae un pote plástico de helado y tres compoteras. Mira los ojos de Lucio fijos en la pantalla. Sé bien lo que piensa: Son iguales a los de la mamá. Yo sé que lo piensa pero no lo dice. 

Me acomodo en la silla. Mamá clava la cuchara entre la frutilla y la crema americana.

—A mí, menta granizada —dice Lucio.

Mamá se queda quieta. Me mira. Lucio mira a Gokú y a Veguetta suspendidos en el aire, repartiéndose  patadas.  

Le digo a Lucio que pruebe el dulce de leche.

—Me gusta la menta— dice.

Le digo que esos son gustos de heladerías, de las que quedan en el centro. Le  digo que, el dulce de leche, acá,  no es tan cremoso, pero es más rico, le digo que lo eligen todos los chicos.

No me escucha. No me mira. La pantalla, ahora, se pone blanca, profunda, brillante.

Le pregunto quién ganó. Me mira.

—Gokú .Siempre gana Gokú.

—Porque come helado de dulce de leche —digo.

Mamá saca la cuchara de entre la frutilla y la crema americana  y la clava en el dulce de leche. Llena una compotera. Se la da a Lucas.

—Traé cucharitas — me dice.

— ¿No hay Operas? — le digo.

—En el aparador. En la puerta de abajo —me dice. Me paro y las busco.

Vuelvo.

Reparto las cucharitas, abro el paquete de galletitas y saco tres obleas. Clavo dos en el helado y sostengo otra con los dientes.  Gokú mira al infinito sobre un desierto amarillo. El viento le agita el traje naranja mientras las puntas del pelo siguen firmes.

Agarro la compotera.

—Voy a la terraza —digo.

— ¿A la terraza? —dice mamá.

Lucio chupa la parte de atrás de la cucharita, después agarra la compotera y se baja de la silla.

—Yo también —dice.

Apenas salimos al patio mamá apaga el televisor.

—Tengan cuidado que no hay barandas —dice. Apenas la escucho; subo los escalones de a dos. Cuando llego arriba miro a Lucio que, haciendo equilibrio con la compotera en la mano, sube los escalones, también, de a dos.

Me siento en el borde de la medianera, con los pies colgando. Me apoyo sobre el pilar del tanque de agua. Lucio se sienta al lado.

Mientras comemos el helado le cuento que, detrás del techo de chapa que está allá, cuando yo era como él, había un baldío donde nos juntábamos los chicos del barrio a jugar a la pelota. Me mira, tuerce la boca y se mete una cucharada de helado en la boca. Le cuento que, jugar a la pelota, no era lo único que hacíamos. También íbamos a la vía del cruce Alberdi y poníamos monedas, chapitas o algunos fierros redondos sobre los rieles, justo antes de que pasara el tren.  Recién cuando le cuento que jugábamos con autitos por el cordón de la vereda parece interesarse. 

— ¿Autitos? —dice.

—Eran de plástico. Huecos. Los llenábamos de plastilina, para que sean más pesados y no se caigan del cordón.

— ¿A vos nunca se te caía?

—Nunca —digo y muerdo una Ópera. Se quiebra y hace el ruido característico de la galletita. Nos quedamos callados. Mastico. Lucio me mira. Muerde su galletita pero no hace ruido.

— ¿Ganabas? —dice.

—Era invencible —digo.

— ¿Cómo Gokú?

—Más —digo.

Lucio se queda quieto. Me mira. Sé que duda pero todavía no tanto. Tiene la boca entreabierta. De la cuchara se resbala un poco de helado y cae, en cámara lenta, sobre el pantalón.

  — ¿Te conté de los rulemanes? —digo.

— ¿Qué son los rulemanes? —dice.

Dejo la compotera y la cuchara en el suelo. Me acomodo. Le cuento de rulemanes como ruedas, de tablas como asientos, de sogas como volantes. De tirarse desde el viaducto sin frenos, sin cascos, sin rodilleras con el viento pegando en la cara mientras flotas en el aire.

Cuando termino, Lucio baja la cabeza y revuelve el helado. Miro su compotera. Parece un charco de barro espeso y frío. 

— ¿Qué pasa? —digo.

—Nada —dice.

— ¿No te gusta que te cuente? —digo.

—Sí —dice.

— ¿Entonces? —digo.

— ¿Mi edificio queda en el centro? —dice.

Me inclino. Lo abrazo. Por el techo de enfrente pasa un gato y empiezan a ladrar algunos perros. Después de un rato suenan las campanas de la iglesia. Deben ser las cuatro. Es temprano. Recién a las seis lo pasan a buscar a Lucio.

 

 Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©CRISTIAN BAUTISTA

Rosario - Argentina

 Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

Junio 2026



 Agradecemos a todos nuestros amigos, lectores y seguidores, por sus visitas y valoraciones.



Afectuosamente...


Administración de Atrapados por la Imagen
Directora: Laura Jakulis

Colaboradores: Marta Puey - Emilio Bertero


Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra” 

    

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martes, 9 de junio de 2026

" Flor de Palo Borracho " .- autora: Silvia Elena Lanza -

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Jardín Japonés- CABA - CLAUDIA MOLINA


 "La belleza de lo simple" 




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Mirada tierna - Autor: Roberto Jorge Escudero -


 

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Editorial Atrapados por la Imagen presenta: Comentario y reflexiones sobre la película: “EL LECTOR” O “UNA PASIÓN SECRETA” - Por Raquel Kreichman - Rosario - Argentina -

 




NOTA SOBRE LA PELÍCULA “EL LECTOR” O “UNA PASIÓN SECRETA”


POR: RAQUEL KREICHMAN

 

Dirección: Stephen Daldry

Protagonistas:

 Kate Winslet, Ralph Fiennes y David Kross, Bruno Ganz, Lena Olin

Kate Winslet: ganó el Oscar a la mejor actriz por esta película en 2009

Estrenada en 2008, adaptación de la novela The reader de Bernhard Schlink

 

Hace unas noches atrás volví a ver por segunda vez la película El lector, la novela en qué la que este film está basado no la leí. Apenas terminé de verla, esa medianoche misma, dado el impacto que me produjo ( seguro diferente de la primera vez ), sentí un impulso tal que  hizo que en lugar de disponerme a dormir me pusiera  a escribir.

Esta vez me interesó centralmente un punto que tiene que ver con una pregunta que creo hoy nos estamos haciendo como argentinos y/o también como ciudadanos del mundo y en la que me detendré específicamente. La pregunta a la que me refiero es ¿ cómo fue posible que hayamos llegado a este punto? Un punto muy similar al momento del fascismo, cuestión que me hace recordar la frase de nuestro Papa Francisco: “Estamos viviendo el síndrome de 1923”. Es decir, el síndrome, síntoma social, similar a cuando Hitler ganó las elecciones del Partido Nazi, (en gran parte gracias a los aportes de los dueños del Hotel Edén de La Falda).

Vuelvo a la pregunta que creo nos inquieta: ¿Cómo puede ser, que gracias a la gran adhesión de sectores populares y  sus votaciones contundentes le dieran la oportunidad de ganar a este gobierno para conducir nuestro país, le dieran la oportunidad de ejercer  la presidencia a un out sider que cumplió con creces su promesa de destruir el Estado desde adentro agitando la metáfora de una motosierra cuya lógica de destrucción nos ha dejado a la intemperie. Por supuesto, también gracias al gran apoyo de los cipayos y traidores de siempre y la platita del Norte.

Interpreto a la película “El lector”  no como la clásica película que condena a  Hitler, al nazismo y a la “solución final” que racionalmente encontraron para  la planificar  el genocidio del Holocausto para con los que declararon enemigos de la primacía germánica: judíos, gitanos, homosexuales, discapacitados. Si bien en El lector está presente esta condena, creo que va mucho más allá de ello. En este caso se trata de  un juicio, no a jerarcas nazis sino a siete mujeres que participaron del nazismo y habilitaron el incendio de una Iglesia en la que habían encerrado a 300 mujeres y niños judíos que terminaron muertos o más bien asesinados en dicho incendio. Este juicio parte de la acusación de una mujer que habiendo sido una de las niñas que allí había estado  logró sobrevivir.

Si bien la estructura de la película no tiene una disposición temporal cronológica haré la sinopsis e interpretación de la misma ordenada en el tiempo. La película comienza en la Alemania de 1995 cuando el personaje central, un muchacho que conoció a esta mujer siendo joven, ya es adulto. Éste va realizando diferentes referencias retrospectivas con lo que el film logra mantener una gran intriga y tensión en el espectador.

Para la mayoría de los que participan en este juicio contra esas mujeres sostienen y acuerdan con condenarlas, si bien solo una de ellas, Hanna Schmitz se declara culpable de todos los cargos incluso de haber sido la responsable de la redacción y firma del documento que se presenta como prueba de que tanto el encierro como el incendio fue resultado de su determinación.

Pero Hanna miente cuando afirma ser culpable de la escritura de  ese documento porque tiene vergüenza de admitir, cuando le piden una prueba caligráfica, de decir que no sabe leer ni escribir, mentira por la que la condenan  a cadena perpetua. Pero Michel Berg, el protagonista varón, sabe que Hanna miente porque en su singular relación con ella en 1958 cuando tenía 15 años él le leía.

Michel la conoció porque  ella lo ayudó a llegar a su casa tras encontrarlo descompuesto, luego se sabrá ello fue resultado del inicio de una escarlatina. Superada la enfermedad Michel regresó a verla para agradecerle. Ella primero se mostraba sombría y distante pero cambia cuando cede a la pasión que en el muchacho despierta y viven entre los dos una intensa relación que se vuelve amorosa, tierna e íntima. A ella le gusta que le lean y pone como condición que luego de hacer el amor Michel lo haga. Él comienza por  leerle la  Odisea. Pero, un día cuando va a la casa de Hanna ella no está, él ignora porqué  inesperadamente ha desaparecido.

Ocho años después y ya como estudiante de Derecho cuando Michel va a presenciar el juicio, la vuelve a ver  y  la reconoce. En ese momento  se explica que aquella vez que no la encontró fue porque había sido detenida. Hasta ese momento, solo sabía que ella trabajaba como boletera en el tranvía, que le doblaba en edad pero de hecho desconocía su pasado.

El impacto de volverla a ver luego de 8 años, de descubrir su pasado nazi, presenciar su enjuiciamiento lo atormenta. Su primer impulso fue ir y decirle al Jurado que ella ha mentido pero finalmente no lo hace, seguramente los sentimientos ambivalentes no se lo permiten. Es posible que Michel en ese momento sienta a la vez hacia Hanna, por una parte, horror y rechazo y por otra los tiernos recuerdos y ese gran  amor que no ha podido borrar. Todo ello y la culpa de no haber testificado de que ella mintió, hará que esta mujer sea para él una marca de por vida.

La  condena de los jueces y del sentir general de la mayoría de los alemanes es condenatorio hacia  todos aquellos ciudadanos que adhirieron, participaron y ejecutaron las órdenes del  nazismo. No obstante ésta  es puesta en cuestión en el film  si bien éste no da al respecto una respuesta contundente y satisfactoria. No explica, ni justifica dicho comportamiento pero pone en evidencia las contradicciones y  complejidades de este accionar, en parte, porque sitúa el juicio y las conductas en el singular espacio – tiempo de aquel pasado. Un pasado en el que el discurso único y la propaganda nazi resultaron ser muy eficaz. Muy eficaz en la generación del odio hacia enemigos construidos con mentiras, falacias, eslóganes que posibilitó una alienación identitaria subjetiva – colectiva que orientó el sentir y los comportamientos  para una obediencia debida indubitable.

Ya mayor, separado y con una hija, se percibe un Michel taciturno y con dificultades para conectarse con otras mujeres. Siempre en su recuerdo, comenzó a enviar a la cárcel para Hanna  libros y grabaciones de libros. Hanna a partir de ello aprendió sola a leer y no paró de hacerlo. Un día, lo llaman desde la cárcel para informarle que la dejarán en libertad al haber cumplido con 20 años de la condena. Puesto que él es el único contacto humano que ella mantiene le solicitan si podría conseguirle casa y trabajo cuando salga en libertad. Él le realiza algunas  visitas y le dice que irá a buscarla cuando salga. Pero cuando llega el día de la libertad de Hanna y él va en su busca le cuentan que ella se ha suicidado. Dejó para él un pedido: que le lleve a la sobreviviente que la acusó  una cajita de té con dinero para que haga con él lo que quiera. Para cumplir con el pedido Michel viaja a ver a la sobreviviente pero ésta rechaza el dinero, no quiere recibir nada de la asesina, no obstante se queda con la cajita de té. Él, entonces, dona el dinero a una entidad que  promueve lecturas.

El reconocer el arrepentimiento y la conciencia crítica que ella pudo adquirir a través de la lectura como lo demuestra a quien dejó Hanna todo su dinero y el porqué rechazó la libertad suicidándose, Michel logra, según interpreto, liberarse de este vínculo y desprenderse de su peso y carga. Si es posible tomar por la lectura conciencia crítica y arrepentirse de la crueldad ejercida sobre otros hay esperanza. Michel viaja con su hija, le muestra la tumba de Hanna y le cuenta su historia y el porqué de su permanente malestar.

Finalmente, frente a la pregunta cómo puede ser que tanta gente, casi toda una sociedad pueda en ciertos momentos ejercer sin piedad la peor de las crueldades? Considero que Hanna Arent nos acerca alguna respuesta con su planteo sobre la banalidad del mal, concepto escrito con referencia al juicio a Heichman, también considero lo que escribió  Dietrich Bonhoeffer, pastor teólogo alemán encerrado y ejecutado en una celda nazi: “la estupidez es peor que la maldad”. Esta aseveración del pastor resulta de la respuesta que encuentra a la pregunta acerca de  cómo fue posible que gente buena, inteligente, de distintas profesiones hayan adherido al nazismo, hayan podido obedecer órdenes y repetir eslóganes falaces.

Sintéticamente, su hipótesis es que tantos alemanes adhirieran al llamado del mal del régimen nazi es que éstos fueron seducidos para querer pertenecer a grupos poderosos y para mantener la aprobación de los poderosos debían obedecerlos, renunciar a todo juicio propio y pasar a ser simples instrumentos que justificaban acríticamente todo. Es decir por ambición. Por ello, este autor considera que la estupidez no admite ningún argumento distinto, nada que pueda poner en duda el que sostiene el poder, no hay otra racionalidad que pueda convencerlo. El estúpido va a ignorar todo otro argumento por más inteligente que sea, por eso Hanna Arent dice que  el mal es una banalidad, todos hacen lo que se les manda.  Para este pastor, que sabe será ajusticiado por lo que piensa, lo que se necesita para separarse de estos discursos que se presentan como verdad universal y emplean la crueldad para expandirse y apropiarse de lo ajeno no es inteligencia sino CORAJE, coraje que a él lo llevó a la muerte.

Dado este terrible momento que estamos viviendo  y al que me referí al comienzo deposito la esperanza en que nos afirmemos en la herencia pasada y presente de coraje, conciencia crítica y lucha que tenemos como pueblo argentino, nos afirmemos en la herencia de las Madres de Plaza de Mayo con Memoria, Verdad, Justicia para destronar para siempre el discurso de odio de la ultraderecha neoliberal entregadora y fascista.

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Nota realizada por: Raquel Kreichman


Colaboradora de:

Atrapados por la Imagen


Rosario - Argentina

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lunes, 8 de junio de 2026

Los Años Locos - autor: Hugo Filmore -

  Make Up Artist Mónica Hidalgo 

Models. Melody/ Leila




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" Pesqueros amarrados al muelle del Buceo " .- Silvia Elena Lanza

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Los Pescadores - RICKY KIMMICH

 


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Entre niebla y hojas, la ciudad sueña - CABA - Claudia Molina

 


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Buscando calma....Ana Vaccari


 

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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: “Tiempo Íntimo” - Poema Inédito de la Escritora: Susi Santiago - Rosario - Argentina

 


 ATRAPADOS POR LA IMAGEN


"De Poetas  Y Poemas"


Presenta a...

SUSI SANTIAGO


"Artista de Atrapados por la Imagen" 


en...

"Tiempo Íntimo"


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

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"Editorial Atrapados por la Imagen, la editorial que te ayuda a cumplir tus sueños..."


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Poema inédito para Atrapados por la Imagen

Tiempo Íntimo
SUSI SANTIAGO


I

Muero,

muriendo en vos,

mi vida es artera,

la Parca es esquiva

 

II

Me oculto en mis huesos

me cobijo en mi piel

y, aún así,

las palabras me punzan dolorosamente

 

III

El sonido impregna cada poro,

 resuena,

 al vibrato del corazón yerto

 

IV

Camino, caminando alucinada

mis pies echan raíces

y caigo

 

V

Aire espeso, caliente,

me sofoco respirando tu aliento,

en vano

 

VI

Integro y desarmo mi yo,

entre tus piernas,

aspiro con ansias el resto de tu alma

 

VII

¿Irte sin irme?

¿podés despojarme así de vos?

la espera me alcanza

estoy viva

 

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 Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©Susi Santiago

Rosario - Argentina

Ilustración: Imagen libre de la Web.

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

Junio 2026


Corrección literaria: Isa Santoro

Maquetación y Edición: Laura Jakulis

Colaboradores: Marta Puey - Emilio Bertero


Agradecemos a todos nuestros amigos, lectores y seguidores, por sus visitas y valoraciones.


Afectuosamente...


Administración de Atrapados por la Imagen.
Directora: Laura Jakulis

“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra” 


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