Fotografías de autor

Atrapados por la Imagen es un espacio donde las historias encuentran su forma, ya sea en palabras, en fotos o en la mezcla mágica de ambas. Somos una página editorial que apuesta por la sensibilidad, la mirada personal y el disfrute de contar. ¡Bienvenidos!

lunes, 25 de mayo de 2026

HIELOS ETERNOS


 

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "El Padre Río" - Relato inédito del escritor: Pedro Pablo Lilli - Rosario - Argentina -

 

 ATRAPADOS POR LA IMAGEN



Cuentos y relatos presenta a . . .


PEDRO PABLO LILLI


"Artista de Atrapados por la Imagen"


en: "El Padre Río"


Fotografía: Pedro Pablo Lilli

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.

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Relato inédito para Atrapados por la Imagen

"El Padre Río"
PEDRO PABLO LILLI



A Tacho Journet y Mario “Pulso Azul” García


¿Desafiarías a muerte a tu mejor amigo, mucho más corpulento, infinitamente más fuerte y, por si fuera poco, experto en todas las artes marciales y espirituales? Sería estúpido o suicida, ¿verdad? Al Paraná, cuando todavía no lo frecuentaba, me acerqué con altanería, temor y prejuicios.  “¡Río insidioso!” “¡Río traicionero, más peligroso que el mar!” Hoy, que lo conozco, ni razono ni pienso así.

Soy de la última generación de rosarinos que creció “de espaldas al río”. Nací y crecí en la zona oeste de la ciudad, rodeado de gente que no pescaba ni tenía embarcación, en una familia que veraneaba en la costa atlántica. Conocí La Florida, la playa ciudadana de entonces, recién en la adolescencia, atraído solo por los bikinis.

Tenía entonces, hacia el Río, una actitud soberbia. Lo comparaba con el mar, sin saber todas las estupideces que decía: “Color feo; olor a yuyos; superficie sucia de plantas que traen víboras, arañas y otros animales peligrosos de la selva; lleno de remolinos traicioneros que te chupan hacia abajo y te hacen morir ahogado; agua blandengue que no te sostiene a flote, como la del mar; peces enormes de carne grasosa y con sabor a barro; fondo que -cuando lo pisás- sentís esa sensación asquerosa del limo que se te mete dentro de las uñas y entre los dedos de los pies; donde te enterrás hasta las rodillas con el peligro de pisar algún vidrio o una lata herrumbrada. Te va bien si no te atacan las palometas…”

Tuve gusto de emigrar a la tierra de mis ancestros, Italia, y tras quince años, tuve gusto de regresar, a mediados de los ´90, a mi pago natal. Objetivamente, en ese lapso, Rosario había cambiado mucho. Ahora, era una ciudad “a orillas de un río marrón”, enorme, impetuoso, evidentemente desconocido por mí. El cambio consistía, justamente, en que era él, el Río, la figura principal, y que a su margen se extendía un aglomerado heterogéneo de edificaciones que, algún día tendrán que rendir cuentas a un Plan Regulador.

Mi “encuentro” con el Río se dio a raíz de mi deseo de remar. Nunca fui muy deportista. De grande, y estimulado por mis amigos milaneses, aprendí a esquiar. “Si vivís a los pies de los Alpes, tenés que esquiar”, me convencieron. Ahora – parado ante esa masa gigantesca de agua dorada que fluía poderosa hacia el Atlántico – me dije: “Si vivís a orillas del Paraná, tenés que remar”. No me costó nada comprender que, esquí y canotaje, son dos deportes genéticamente hermanos: requieren técnicas análogas para el equilibrio, el balanceo, el cambio de dirección y la corrección de ruta. En los dos, se desliza sobre superficies que se reservan siempre la última palabra y nunca son iguales a sí mismas. Son deportes que se pueden practicar en solitario o en compañía. En ambos casos, se está obligado a interactuar con la Naturaleza, en paisajes hermosos. Y lo que más me gusta: al finalizar la práctica y colgar los bastones o los remos, seas creyente o no, sentís que te reconciliaste con la Vida y con el Universo.

Hace más de treinta años que remo. Lamento no haberlo hecho de niño. Me encanta constatar que cada vez son más las personas de todas las edades que se lanzan a la práctica de distintos deportes en nuestro Río. Un pasaporte hacia la Felicidad.

Llevo muchos quilómetros navegados a partir de repetidas salidas entre las islas frente a la ciudad y de travesías de mediana y larga distancia. Me he perdido más de una vez entre los humedales, sacando fotos o avistando aves o curioseando canalitos y lagunas. Por imprudente me encontré lejos de ambas costas en medio de sudestadas o me sorprendió la noche sin una mísera linternita y una carpa. Aun así, no soy un experto del Río: sigo aprendiendo. Y, tengo una convicción, puede dar risa (por eso lo digo bajito): el Paraná y yo, nos hablamos.

Una señal la tuve en mi primera travesía (De la ciudad de Paraná a Rosario, que luego repetí otras diez veces) apenas me dieron en el Club Regatas Rosario la autorización para salir sin el Instructor. En la última etapa del largo derrotero, a la hora de partir desde la Isla del Pelado, el capitán del grupo, mi inolvidable “Tacho” Journet, dio la orden de salir bajo un diluvio impresionante. “¡Está loco, yo muero en el intento!”, pensé, pero no lo dije, para no quedar como un cagón frente a los otros (eran expertos) que vi muy tranquilos. Remé clavando la mirada en el agua mientras la lluvia golpeaba con fuerza contra la capucha de mi campera, chorreaba por mis lentes y, andá a saber cómo, se colaba hasta los huesos. Pensé que el Rio se crisparía, pero no: permaneció calmo y, más lo miraba, más tranquilidad me transmitía. Me acompañó así todo el tiempo. Hacia el final del viaje era el tipo más empapado y feliz de la Tierra. Cuando llegamos, después de abrazar a mis compañeros por el raid compartido, palmeé en la popa al bote, por haber sido un genial compinche y… levanté un puñado de agua del Río para besarlo y decirle “¡Gracias!”.

Desde entonces, somos inseparables. Aprendí a escucharlo. Como a un chico, cuando lo desoí, me reprendió. Como un buen Padre fue severo pero cuidadoso de no dañarme y me sentí protegido. Así, las sudestadas, la navegación a oscuras entre lanchas lanzadas a velocidad y buques sojeros, el perderme sin encontrar el camino de regreso, las quemaduras del sol, el ataque de batallones de mosquitos, el quedarme enterrado o perder el calzado en el limo…

Como un Viejo que te hace pata, me enseñó cuándo salir y cuándo no; a disfrutar la adrenalina, pero en modo racional; por cuál costa viajar para encontrar menos correntada en contra o cómo aprovecharla para avanzar más rápidamente. Me hizo conocer rinconcitos paradisíacos accesibles solo en kayak, el perfume de las hierbas que crecen abundantes en la isla, la belleza de los pajonales, de los camalotes en flor, dónde encontrar los escondidos irupés; la complicidad entre los animales avisándose de la llegada de intrusos; la variedad de pájaros y de flores; los habitantes del agua que salen al sol, las comunidades de isleños, sus quehaceres, sus “ventajas” sobre los urbanos, su solidaridad, sus recelos, sus dificultades, sus fiestas. El placer de calentar una pava para el mate, o un asadito o cocinar un guiso en un fogón armado fácilmente con la leña siempre a mano, en buena compañía. Los acampes inolvidables, siempre anecdóticos. El interés por querer indagar siempre más sobre la fauna y la flora, sobre nuevos recorridos…El ser parte de una comunidad informal de jóvenes y de viejos que compartimos los mismos sentimientos por el Río, por su cuidado y por su respeto.

Aprendí así que “el color feo” (¡pucha si es lindo!), es una rareza preciosa porque es con el que lo tiñen la tierra roja del Mato Grosso, la selva donde nace, y el limo proveniente de los Andes, que le aporta el Bermejo; “el olor a yuyos” es perfume a hierbas curativas o simplemente aromáticas, que “las plantas que traen víboras, arañas y otros animales peligrosos”, los camalotes desintoxican las aguas y, gracias a eso, nuestro Paraná no está todo lo contaminado que podría, por la desidia humana; que dan flores de una belleza superlativa, que son cobijo de todos los animales del humedal cuando se encuentran en problemas; que “los  remolinos traicioneros que te chupan hacia abajo y te hacen morir ahogado” son fruto de irregularidades del lecho en lugares no balneables; que en “el  agua blandengue que no te sostiene a flote como la del mar” se realizan competencias internacionales de natación en las que participan campeones de todo el mundo; que “los peces enormes de carne grasosa y con sabor a barro”, bien preparados, son exquisitos; que “el fondo del río, barroso” es un limo utilizado en cosmética y alfarería; “…el peligro de pisar algún vidrio o una lata herrumbrada” no es responsabilidad del Río sino de la mala educación. “Las palometas…” el Paraná es un Universo vivo, dentro del Universo, con sus propias leyes y estaciones. Para disfrutarlo a pleno hay que conocerlas y respetarlas.

Decía antes que con el Río nos hablamos. Cada vez que salgo a navegar, lo acaricio en superficie a modo de “¡Buenos días!”. Me bastan pocas paladas para entender de qué humor anda y, en base a eso, me comporto. Me deja avanzar un trecho antes de responderme, para estudiar qué mambos traigo. En general, espera que termine el cruce de tierra firme a la isla, a veces, se demora un poco más. Su juego es tomarme de sorpresa y ¡ahí está!: una cardenilla o un Martín pescador sobre una rama muy cercana, el despegue en vuelo de un biguá a pocos metros, un carancho en pose de inspector de tránsito, una tortuga disfrazada de piedra, un ramillete de campanitas violetas, un intensísimo perfume a salvia mora, un camalote que me viene en contra girando sobre su eje como una bailarina… ¡siempre se inventa una! Devuelto el saludo, mientras vamos, nos contamos nuestras cosas.

Los pobladores del Noroeste veneran la Pachamama, la Madre Tierra. Yo, y no es por machismo, además, al Padre Río.

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 Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©Pedro Pablo Lilli

Rosario - Argentina

Mayo 2026

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

Corrección literaria: Isa Santoro

Maquetación y Edición: Laura Jakulis

Colaboradores: Marta Puey - Emilio bertero


Agradecemos a todos nuestros amigos, lectores y seguidores, por sus visitas y valoraciones.


Afectuosamente...


Administración de Atrapados por la Imagen.


Directora: Laura Jakulis

“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra” 
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25 de Mayo - Ricky Kimmich -

 

Foto de autor: Ricky Kimmich 

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domingo, 24 de mayo de 2026

" Tarde de Domingo en el Puerto del Buceo " .- Silvia Elena Lanza -

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Nudo Identidad - Mirta Steinberg -

 

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El mercadito....Ana Vaccari


 

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Iglesia Ntra Sra del Pilar - CABA - Autora: Claudia Molina -

 

- Entre rejas y cielo abierto, siempre hay una mirada que encuentra la luz - 



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DOMINGOS DE CURIOSIDADES. HOY. ESTECO, LA CIUDAD DESAPARECIDA

ESTECO, LA CIUDAD "DESAPARECIDA" QUE SIGUE ESTANDO PRESENTE



La historia de Esteco constituye uno de los enigmas más sugerentes del período colonial en lo que hoy es la provincia de Salta. Fundada en 1566, esta ciudad se consolidó en muy poco tiempo como un punto clave del circuito comercial que conectaba el Alto Perú con el Río de la Plata. Su ubicación estratégica la convirtió en un enclave próspero, donde circulaban bienes, riquezas y una actividad económica que la distinguía dentro del mapa colonial.


Sin embargo, esa misma prosperidad fue también el punto de partida de su construcción mítica y su posterior leyenda trágica. Diversos relatos de la época la describen como una sociedad marcada por la ostentación y la soberbia, en la que el lujo del oro y la seda parecía haber desplazado los principios de austeridad religiosa que regían en otras zonas del Tucumán colonial.

Hoy en Domingos de Curiosidades voy a contarte la historia detrás de esta mítica ciudad y algunos detalle que, tal vez, no conocías.



LA LEYENDA

Según la leyenda, Esteco fue una de las ciudades más ricas y prósperas del norte argentino. Se decía que estaba asentada en un entorno fértil y luminoso de la actual provincia de Salta, y que sus construcciones estaban recubiertas de oro, como si la abundancia se hubiera vuelto parte del paisaje mismo. Sus habitantes vivían rodeados de fortuna y no solo no la ocultaban, sino que la exhibían con orgullo, como si la riqueza fuera un rasgo natural de su identidad.

Con el tiempo, esa opulencia fue transformando la vida cotidiana en una forma de soberbia. La tradición oral describe a sus habitantes como personas cada vez más mezquinas y despectivas, donde el valor del dinero ocupaba un lugar absoluto. Se cuenta incluso que el gesto de agacharse para recoger algo caído —un pañuelo, un sombrero— era considerado indigno, como si el contacto con lo mínimo fuera una ofensa a su estatus. En ese mundo de vanidades, los pobres eran despreciados y los esclavos maltratados, mientras el lujo y el placer marcaban el ritmo de la vida social.

En ese contexto llega a la ciudad un viejo misionero, con la intención de redimir a sus habitantes. Su figura contrasta por completo con el entorno: herido, cansado, con los pies lastimados y las vestiduras desgastadas, recorre las casas pidiendo limosna y algo de alimento. Sin embargo, a pesar de tocar una puerta tras otra en aquellos hogares lujosos, nadie se detiene a ayudarlo. La ciudad, saturada de riqueza, parece haberse vuelto incapaz de reconocer la necesidad ajena.

Ya en las afueras de Esteco, el misionero encuentra a una mujer muy humilde que vive junto a su hijo. Conmovida por su estado, ella decide ofrecerle lo poco que tiene: sacrifica su única gallina para darle alimento y le brinda un lugar donde descansar. Ese gesto, sencillo pero profundo, contrasta de manera radical con la indiferencia de la ciudad. Cuando el misionero vuelve a recorrer Esteco, insiste en su mensaje: llama a recuperar la humildad, la caridad y las costumbres sencillas, pero sus palabras solo encuentran burla y rechazo.

Esa misma noche regresa a la casa de la mujer y se le revela como un profeta. Le anuncia entonces que la ciudad será destruida si no cambia su forma de vida: un terremoto como castigo divino caerá sobre la avaricia y la soberbia de sus habitantes. También le ordena que tome a su hijo y abandone el lugar de inmediato, porque ella será salvada gracias a su gesto de bondad.

Antes de partir, le deja una última advertencia: no debe volver la vista atrás bajo ninguna circunstancia, ni siquiera si el mundo parece derrumbarse detrás de ella. Solo así podrá salvarse. La mujer acepta y, abrazando a su hijo, abandona la ciudad en plena madrugada.

Poco después, la noche se quiebra con un estruendo profundo. Un trueno sacude la tierra y la catástrofe se desata: el suelo se abre, el fuego brota desde las entrañas de la tierra y Esteco comienza a hundirse mientras sus casas y habitantes desaparecen en el abismo. En medio del caos, la mujer, vencida por la angustia y la curiosidad, se da vuelta para mirar lo que ocurre detrás. En ese instante, queda convertida en piedra, inmóvil, eternizada en el gesto de caminar con su hijo en brazos.

La tradición popular sostiene que esa figura sigue presente y que, cada año, desciende simbólicamente hacia la ciudad de Salta, como un eco silencioso de una historia que nunca termina de desaparecer del todo.


LA HISTORIA

En 1566, un grupo de españoles encabezados por Jerónimo de Holguín, Diego de Heredia y Juan de Berzocana fundó un asentamiento en la ribera oriental del río Salado, tras un motín contra el gobernador del Tucumán, Francisco de Aguirre. Este primer poblado recibió inicialmente el nombre de Cáceres, pero luego fue reorganizado oficialmente como Nuestra Señora de Talavera en 1567 por el gobernador Diego Pacheco.

El asentamiento se ubicaba en la región chaqueña y tenía una población europea reducida que dominaba la vida política y militar, mientras que la mayoría de sus habitantes eran pueblos originarios, principalmente toconotés, lules y matarás, sometidos al sistema de encomienda. Con el tiempo, esta población indígena fue clave en las tareas agrícolas y textiles, lo que generó un proceso temprano de mestizaje.

En 1609 el primer asentamiento fue abandonado debido al declive de la ruta comercial del río Salado y a conflictos derivados de la explotación indígena. Sin embargo, algunos habitantes permanecieron en la zona, dando origen a pequeños núcleos como Esteco el Viejo, mientras otros se trasladaron hacia nuevas fundaciones.

A lo largo de las décadas siguientes se realizaron nuevos intentos de reorganización y fundación de ciudades en la región, como Nueva Madrid de las Juntas en 1592, hasta que en 1609 se unificaron distintos asentamientos bajo el nombre de Nuestra Señora de Talavera de Madrid de Esteco, aunque en la práctica predominó el nombre de Esteco.

La ciudad llegó a alcanzar una población considerable para la época, aunque las cifras exactas son discutidas. Su decadencia comenzó a fines del siglo XVII, tras ataques de pueblos originarios, epidemias, problemas de riego y el desplazamiento de las rutas comerciales. Finalmente, en 1686 fue devastada por un ataque mocoví y el 13 de septiembre de 1692 un gran terremoto terminó de destruirla, sellando su desaparición.

Gran parte de los sobrevivientes se trasladaron a otras localidades cercanas como Metán y Rosario de la Frontera. Con el tiempo, el sitio quedó en ruinas y fue redescubierto en investigaciones arqueológicas recién en 2014, cuando equipos del CONICET y la Universidad Nacional de La Plata identificaron restos importantes de la antigua ciudad.


EL TRABAJO ARQUEOLÓGICO

Las excavaciones en Esteco continúan revelando fragmentos de una historia que permaneció siglos oculta bajo la tierra. Sin embargo, el trabajo arqueológico no resulta sencillo. La espesura del monte, el crecimiento constante de la vegetación y la falta de delimitación precisa del sitio dificultan las tareas de exploración y conservación. Aun así, cada campaña permite recuperar objetos que hablan de la vida cotidiana de quienes habitaron aquella ciudad perdida.

La antropóloga platense Julia Simioli explica que en el lugar aparecen elementos extremadamente diversos: cerámicas, restos de alimentación, objetos de uso doméstico y vestigios de distintas tradiciones culturales que convivieron dentro de Esteco. Algunas piezas llegaron desde Europa en barcos, como las vasijas de aceite de oliva que atravesaban puertos y caminos hasta alcanzar el norte colonial a través de Buenos Aires. Otras, en cambio, fueron producidas por los pueblos originarios sometidos al sistema de encomienda, utilizando técnicas y formas propias. Esa convivencia de materiales tan distintos convierte al sitio en una fuente invaluable para comprender el entramado social y cultural de la época.

Las excavaciones también permitieron hallar restos de animales criados para el consumo, así como especies obtenidas mediante la caza y la pesca, lo que ofrece nuevas pistas sobre la alimentación y las prácticas cotidianas de la población. Para los investigadores, el valor de Esteco reside justamente en esa enorme heterogeneidad de objetos y testimonios.

Tras la muerte del arqueólogo Alfredo Tomasini en 2017, uno de los principales impulsores de las investigaciones en la zona, Julia Simioli asumió la tarea de preservar parte del material recuperado. Muchas de esas piezas fueron trasladadas al Museo de Antropología de Salta, donde actualmente se exhiben como parte de una colección que mantiene viva la memoria de la ciudad desaparecida.


Simioli recuerda el paso por Esteco como una experiencia profundamente movilizadora. Entre quienes participaron de las campañas arqueológicas existe una sensación compartida: la de haber trabajado en un sitio prácticamente inagotable. Según sostiene la antropóloga, ni siquiera varias generaciones alcanzarían para explorar por completo todo lo que todavía permanece enterrado en esas antiguas ciudades.

Parte de la fascinación que despierta Esteco radica en la posibilidad de establecer un puente directo entre los documentos históricos y los objetos hallados en las excavaciones. No se trata solo de estudiar relatos escritos sobre el pasado, sino también de encontrarse cara a cara con pertenencias de personas que vivieron y murieron allí siglos atrás. Esa combinación entre historia documental y evidencia material convierte al sitio en un espacio excepcional dentro de la arqueología argentina.

Aunque la muerte de Tomasini dejó inconcluso gran parte del trabajo, sus discípulos y colegas continúan intentando obtener los permisos necesarios para retomar las investigaciones. Muchos de los estudiantes que él formó, provenientes tanto de Salta como de otros lugares del país, esperan regresar al monte para continuar desenterrando la historia de Esteco.

Entre el calor sofocante, la tierra y la vegetación cerrada, se fue formando también una comunidad de investigadores unida por el mismo objetivo: reconstruir la memoria de una ciudad que desapareció hace siglos, pero que, paradójicamente, sigue apareciendo una y otra vez entre las ruinas, los relatos y los hallazgos arqueológicos.




Esteco cayó, se hundió, fue cubierta por un terremoto, pero nunca dejó de hablar. Entre las leyendas, las ruinas enterradas y los objetos que todavía emergen del monte salteño, la ciudad parece seguir respirando debajo del tiempo. A veces reaparece en una vasija rota, en un muro oculto o en el trabajo silencioso de quienes todavía la buscan entre la tierra y la memoria. Quizás algunas ciudades desaparecen solo de los mapas, porque hay historias que el tiempo intenta sepultar y, aun así, siempre encuentran la forma de volver a la luz.



Idea, investigación y edición: Isa Santoro
Administradora de Atrapados por la Imagen





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sábado, 23 de mayo de 2026

" Una Bignonia Azul " .- Silvia Elena Lanza -

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"Danzarina" - autor: Hugo Filmore -

 

- Workshop - Mirta Steinberg - Model Fiorella.



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"Canto al trabajo" - de Rogelio Yrurtia - autora: Cristina Wnetrzak

 


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Cine en Atrapados por la Imagen: "Destiny" - Animation Short - Vídeo 2012 5min - Animación para Adultos. Francia -

 

"Cine en Atrapados por la Imagen"


Nuevo ciclo de Cortometrajes

Género: Comedia


¿Es posible cambiar el destino?



"Cada segundo cuenta en esta reinvención de El día de la marmota".

Director/a: Fabien Weibel

Guionista: Fabien Weibel

Estrella: Theo Gonon

Click aquí para ver el Cortometraje - 👇💙



Destiny, es un cortometraje de fantasía dirigido por Fabien Weibel y producido en la Bellecour Ecole d'Art, que narra la historia de un hombre que intenta cambiar su propio destino. El corto aborda temas universales como el tiempo y el destino con un toque sobrenatural: juega con los puntos de vista narrativos. El resultado es desconcertante para el espectador y aumenta la tensión del conflicto a medida que avanza la historia.


Descripción: "Destino" de Fabien Weibel, Manuel Alligné, Sandrine Wurster y Victor Debatisse.

 Destino, es un cortometraje realizado por estudiantes de la escuela francesa "Bellecour Ecole".
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¡¡Esperamos que disfrutes de este, excelente cortometraje!! 


¡¡Muchas gracias y hasta la próxima!!



CINE PARA FOTÓGRAFOS Y ALGO MÁS... 

Idea y creación: Laura Jakulis

Directora de Atrapados por la Imagen


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viernes, 22 de mayo de 2026

" Cuando la Naturaleza se despide hasta el otro día " .- autora: Silvia Elena Lanza

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"Pareja" - autora: Claudia Solano -


 

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"Magia en La Boca" - Caminito - Autora: Cristina Wnetrzak

 


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EL DESTAQUE SEMANAL...

 

 Editorial Atrapados por la Imagen Presenta . . .


Gracias a todos por su talento, cariño y dedicación, que hacen de este espacio un lugar especial.

"En el mes de la revolución"

Presentamos a las y los artistas seleccionados de la semana:

R. JORGE RUIZ DIAZ - HUGO FILMORE - ROBERTO JORGE ESCUDERO - SILVIA ELENA LANZA - HÉCTOR DANIEL CAPPUCCIO - CLAUDIA MOLINA - RICKY KIMMICH 
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"No hay nada más interesante que el paisaje del rostro humano"

 Irvin Kershner



R. JORGE RUIZ DIAZ 
"Me jugué hasta mis huesos"





HUGO FILMORE 
"Workshop Mirta Steinberg"






ROBERTO JORGE ESCUDERO 
"En las nubes" 






SILVIA ELENA LANZA 
"Abstracción" 






HÉCTOR DANIEL CAPPUCCIO 
¡El portal!






CLAUDIA MOLINA 
"La vida también se posa en lo simple y canta bajito"





RICKY KIMMICH
"To remember III"





Diseño gráfico: Laura Jakulis
Directora de Atrapados por la Imagen

Correctora Literaria: Isa Santoro
Colaboradores: Marta Puey - Emilio Bertero 

 ¡Saludos Afectuosos para todos y todas!

Administración de Atrapados por la Imagen.

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