Dicen que el amor no se busca. Los románticos
afirman que existe alguien llamado Cupido que anda por el mundo haciendo de las
suyas. Afirman que si te toma desprevenido y el azar te acompaña serás bendecido.
Ser bendecido por el amor significa sentirlo, no implica ser correspondido. Eso
lo aprendí con años. Ser correspondido es aleatorio puede suceder o no. Es como
una ruleta, entonces partiendo de esa premisa, el amor solo le será concedido a
quien se atreva a arriesgarse, porque el amor lastima.
Ramona en algún momento
dejó de pensar en el amor “están verdes dijo la zorra para no desear las uvas”.
Ramona fruncía la cara como si el sol del mediodía le diera en los ojos,
apretaba la lengua contra el paladar y apuraba la saliva de un solo trago para lograr
que ni una sola gota rosara sus papilas. Levantaba el mentón erguía su espalda
y se deslizaba con la gracia de una gacela.
Corrían los 90 y había
tantas Ramonas del otro lado del mostrador que se volvían invisibles. Desordenadas,
apuradas, impacientes. Revoloteaban como palomas, cacareaban como gallinas.
- Nena, ¡a mí me toca, a mí!
Agitaban uno de los brazos, el que
sostenía el documento, y con el otro a fuerza de codazos y empujones lograban ser
una de las primeras en cobrar la jubilación.
Aquella mañana fue agotadora y desafiante, las Ramonas
de la vida parecían haberse puesto de
acuerdo. Antes de las diez estaban paradas esperando que abrieran la puerta, y
no fue una oleada, fue un tsunami que arrasó con todo lo que encontró a su paso.
Cupido por pura curiosidad también decidió entrar,
arrastrado en la marea de Ramonas se descubrió empujado de un lado a otro, de
pronto avanzaba pero después estaba atrás, como en el mar, igualito. Lástima que
no podía clavar los talones en la arena porque lo de él son las alas, se le da
mejor. Nada estaba bien y lo supo cuando se mordió la lengua y sintió el sudor en su frente y en ese
ir y venir en algún momento perdió el
lazo que tapaba sus ojos junto con el
camino de salida.
- ¡¡¡Mierda!!! Y se aferró al arco
cómo a un rencor
- ¡¡¡Mierda !!! Repitió
- ¡¡¡Mierda!!! ¡¡¡Mierda!!! ¡¡¡Mierda!!! ¡¡¡Viejas de Mierda!!!!
Cupido también
se olvidó del amor, transpirado, vapuleado y triste terminó sentado en un banco
de madera, incómodo pero seguro, con los pies colgando y las alas sucias,
ajadas, y maltrechas.
“No es primavera pero que importa”, pensó Luis mientras
se afeitaba, la mandíbula, su mandíbula se veía inusualmente relajada. Se puso
los anteojos, se observó mejor. Sí seguro está relajada, más que relajada, está
sonriente.
- ¡¡Estás enamorado viejo boludo!!
-
Enamorado como un adolescente.
Le dijo Luis al espejo, se puso colonia para después
de afeitar, manoteó la campera, cerró la puerta con una patada y salió para el
banco.
Algunos sienten el amor en la panza, mariposas en la
panza. Luis lo sentía en su boca, lo vivía con una sonrisa acaramelada medio
boba, y en la mano que golpeteaba al ritmo de algún viejo bolero el bolsillo de
su campera.
Viejo sí, enamorado también, boludo no, organizado y audaz. Sí, audaz.
En el bolsillo, Luis llevaba una bolsita con cospeles que
canturreaban ayudados por una mano inquieta algo dulzón. El trayecto le pareció
más corto que otras veces, su paso fue firme, ágil, seguro. No pensó ni una vez
en su cadera. Caminó bebiéndose todo el aire de la mañana, todo el sol. A puro corazón y pulmones.
Al cruzar la
puerta del banco corrió la misma suerte que Cupido. Un paso adelante, tres para
atrás, otro al costado, en una danza alocada que no pudo con su entusiasmo. Aferrado
a su bolsillo logró sentarse junto a cupido.
-
Menos mal que nunca esperé nada de vos. Dijo Luis a modo de reproche.
-
¿Cuál?
-
No importa pibe, ya está.
Sin esperar se puso de pie y con la energía de un
adolescente, la delicadeza con la que se acuna un bebé y la determinación de
conquistar lo deseado sostuvo con sus manos la cadera de Ramona y la llevó
hasta el mostrador.
Ella llegó sin saber bien cómo, llegó despeinada con
la cartera que llevaba colgada del hombro atrás en la espalda, sujetando con la
mano derecha el documento y con la izquierda una bolsita de cospeles.
Cuando Ramona se dio vuelta Luis ya no estaba. Ella, en
el trajinar había despegado sin darse cuenta la lengua del paladar. Más allá en
el tiempo les contaría a sus amigas que sintió un sabor entre agrio y dulce
parecido a la crema de limón, también una sensación rara en sus caderas, cómo
si algo le faltara.
Salió apretando la cartera, se sentó en el banco de la
plaza de cara al sol. Le llevó un tiempo respirar con normalidad, para lograrlo
hizo dibujos en la arena con la punta de sus zapatos, se comió una pastilla de
menta y dejó que el aire de la mañana la refrescara por dentro y por fuera.
Lo pensó una, dos, tres veces y cuándo ya creía que no
dijo sí y abrió la bolsita de cospeles. En una tirita de papel con trazo firme
decía Luis 223- 4722486 y en cada cospel en un sticker blanco y pequeño escrito un mensaje: café, mates, sol, playa,
plaza, abrazo, cine, besos, sueños, deseos, el más atrevido dos palabras
despertar juntos.
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Noviembre 2026
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Afectuosamente...
Editorial Atrapados por la Imagen.
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