Fotografías de autor

Atrapados por la Imagen es un espacio donde las historias encuentran su forma, ya sea en palabras, en fotos o en la mezcla mágica de ambas. Somos una página editorial que apuesta por la sensibilidad, la mirada personal y el disfrute de contar. ¡Bienvenidos!

miércoles, 22 de abril de 2026

" Iluminacion cálida para un Vitral Neo Gótico " .-

Un viaje al futuro! - Héctor Daniel Cappuccio -


 

Parroquia San José de Calasanz - CABA



"Silencio que abraza, luz que guía"

Claudia Molina

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¡Paraguas! - San Telmo - Miguel Ángel Cuesta -

 



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"Cazadora, cazada" R. Jorge Ruiz Diaz -

 



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"Las chicas de la Gruta" R. Jorge Ruiz Diaz -




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Emilio hoy nos trae algo de . . .

 

"Mis Héroes Literarios"


 IDEA Y CREACIÓN: Emilio Bertero



"Fogwill"

Escritor argentino

(1941-2010)


Se llamaba Rodolfo Enrique Fogwill, pero para todo el mundo siempre fue Fogwill, nunca hizo falta más.




          Hay veces en las que una ficción nos enseña de historia más que los libros especializados o lo que los gobiernos o cierta prensa cuentan, así pasa por ejemplo con “No habrá más penas ni olvido”, la novela del gordo Soriano. Y si se quiere saber cómo fue en realidad la Guerra de las Malvinas, hay que leer “Los pichiciegos”, la primera novela de Fogwill.


Tuvo el valor de escribirla entre el 11 y el 17 de junio de 1982, o sea tres días después del final de la guerra, cuando aún la dictadura trataba de imponer un relato propio y ocultar episodios vividos por nuestros chicos de Malvinas, episodios que solo con el tiempo vieron la luz.
Dicen que dijo que ni durmió durante esa semana, que fue puro escribir al compás de 3 gramos diarios de cocaína (una versión, para otros 5, 7 e incluso 12 gramos). Vaya uno a saber si es verdad, y tampoco importa, al tipo la frula le gustaba, pero una cosa no implica la otra. No voy a hacer acá una apología en favor de la falopa como motor para que una obra destaque (lo que además es un mito, Maradona la descosió porque era Maradona, no porque se drogase), pero tampoco voy a ponerme a criticar vicios o adicciones de la gente, ya dijo una vez Bukowski, “¿Por qué bebo alcohol? Porque ninguna buena historia comienza con —Estaba yo comiéndome una ensalada—”, o Cacho Castaña, “Nadie escribió un tango comiendo un yogurt”.

Pero volvamos a “Los pichiciegos”. Con esta
novela conocí a Fogwill. Una genialidad. Todo bueno. El estilo, las imágenes, la trama, el punto de vista, lo dicho, lo subyacente…Es redonda, es perfecta.
Pese a ello de arranque bien no le fue, los originales anduvieron por Brasil buscando editor sin éxito, recién se la reconocería y publicaría varios meses más adelante, y hoy día es un clásico de culto de la literatura argentina.
El pichiciego es una especie de armadillo, pequeño, nocturno y que vive en cuevas bajo tierra, así lo llaman los lugareños en los campos de Santiago del Estero adonde estos bichos proliferan. Uno de los protagonistas es santiagueño y se lo cuenta a sus compañeros, por hablar de algo, en una de las largas noches durante las que, tras haber desertado, permanecen escondidos en una cueva subterránea esperando el fin de la guerra, mientras que los mandos del Ejército los han dado por muertos en combate. Es así como deciden adoptar para llamarse a sí mismos, el nombre del animal que da título a la novela, la que desde el comienzo está llena de matices, la paleta de argentinidad es muy amplia, y donde más se nota es en los miedos y sueños de los desertores.
Se establecen jerarquías, la voz mandante la llevan los que son llamados “Reyes Magos”, los cuatro más veteranos. Hay ingresos y egresos. Por las noches algunos salen en misiones, búsqueda de elementos de supervivencia primordialmente, y su premio es conservar un lugar en la “pichicera”, de la que son expulsados los que no hacen nada y/o duermen todo el tiempo.
La historia tiene muchas peripecias, algunas algo divertidas, otras muy angustiosas, lo más interesante es que los británicos conocen la presencia de estos conscriptos, pero han hecho una especie de pacto de no agresión, que incluye diferentes clases de intercambios, básicamente provisiones de parte de los ingleses, información de sus tropas de parte de los pichiciegos. Por como lo escribe Fogwill, uno no los ve como traidores. El cuadro se completa acabadamente porque también aparecen malvinenses nativos, e inclusive otros soldados argentinos en batalla que, aunque parezca contradictorio, los ayudan.
Contar más sería develar demasiado. Es una novelaza, principalmente por lo dicho al principio, a cada página, las miradas y puntos de vista de los personajes, individuales o colectivos, va viéndose con creciente claridad y sin necesidad de una mínima calificación explícita, todo el horror e insensatez de esta guerra absurda.
A pocos días de su muerte, en un conocido suplemento de un conocido diario, Carlos Gamerro escribió una nota que tituló “El último pichiciego”. La recomiendo encendidamente, en esa nota Gamerro habla de “Los pichiciegos” mucho mejor de lo hice aquí. Cito un párrafo: “Los hechos, luego, apenas vinieron a corroborar lo que él ya había escrito: que la guerra de Malvinas tuvo menos que ver con el heroísmo de los aviadores o con disparar contra los ingleses que con armar estructuras tribales de solidaridad y competencia (o sea, de supervivencia) para hurtar el cuerpo de los bombardeos, del hambre, del frío y, sobre todo, del ejército argentino.”

Antes de largarse de lleno con la literatura (en 1980, cuando gana el premio Coca-Cola), Fogwill, Licenciado en Sociología de la UBA (donde fue docente y profesor titular), se dedicó varios años a la publicidad y el marketing. Le restó todo valor a esa parte de su vida, en una conferencia declaró: “Estudié medicina, letras, filosofía, matemáticas, canto, música, francés, inglés, alemán, rudimentos de griego y latín, y olvidé casi todo. Enseñé metodología, estadística, teorías de la comunicación, teorías de la ideología y sociología: no aprendí casi nada”.
Su obra se compone de:
Novela:
Los pichiciegos (1983), La buena nueva (1990), Una pálida historia de amor (1991), Vivir afuera (1998), Cantos de marineros en las pampas (1998), La experiencia sensible (2001), En otro orden de cosas (2002), Urbana (2003), Runa (2003), Un guion para Artkino (2009).

Cuentos:

La cola (1974), Reflexiones (1978), Efectos personales (1978), La chica de tul de la mesa de enfrente (1978), Muchacha punk (1979), Memoria de paso (1979), Dos hilitos de sangre (1980), Japonés (1981), La liberación de unas mujeres (1981), Música (1981), Luz mala (1981), Los pasajeros del tren de la noche (1981), Llamándonos (1982), Sobre el arte de la novela (1982), La larga risa de todos estos años (1983), Help a él (1983), Camino, campo, lo que sucede, gente (1983), Restos diurnos (1984), Cantos de marineros en las pampas (1998), Lo cristalino (2002), Otra muerte del arte (2007).
En la nota preliminar de autor de la compilación de estos cuentos, dice “…son todo lo que escribí en los géneros del cuento y el relato breve. He escrito pocos más —cuatro o seis— y algunos de ellos fueron publicados, pero es mi voluntad que nunca vuelvan a aparecer, y que, si algo me sobrevive, provenga de esta selección.”

Poesía:

El efecto de realidad (1979), Las horas de citas (1980), Partes del todo (1990), Lo dado (2001), Canción de paz (2003), Últimos movimientos (2004).
En la primera edición de la compilación de su poesía, se incluyó “Gente muy fea”, libro que permanecía inédito y que retrata el mundo urbano de Buenos Aires

Ensayo:

Los libros de la guerra (2008), Diálogos en el campo enemigo (2016), Estados alterados (2021)

En la carrera literaria de Fogwill, es trascendente el premio “Coca-Cola en las Artes y en las Ciencias”, que ganó cuando aún era inédito, por una serie de relatos (“Mis muertos punk”), entre los que descollaba su cuento, por lejos, más famoso: “Muchacha punk”.
Démosle una probada. Así arranca “Muchacha punk”: “En diciembre de 1978 hice el amor con una muchacha punk. Decir ´hice el amor´ es un decir, porque el amor ya estaba hecho antes de mi llegada a Londres y aquello que ella y yo hicimos, ese montón de cosas que ´hicimos´ ella y yo, no eran el amor y ni siquiera -me atrevería hoy a demostrarlo-, eran un amor: eran eso y sólo eso eran. Lo que interesa en esta historia es que la muchacha punk y yo nos ´acostamos juntos´. Otro decir, porque todo habría sido igual si no hubiésemos renunciado a nuestra posición bípeda, -integrando eso (¿el amor?) al hábitat de los sueños: la horizontal, la oscuridad del cuarto, la oscuridad del interior de nuestros cuerpos; eso.”. Así de lindo escribía Fogwill.
Este cuento, anclado temporalmente durante la dictadura, vuelca algo de lo intenso de Fogwill en cuanto a su desobediencia a las políticas culturales dominantes instauradas. Las críticas son controversiales, a mí me parece un buen relato, de entrada me agarra el encuentro (¿imposible?) entre un tipo que quiere comprar un catálogo de armas para su "gente" en Argentina, y una punk inglesa en Londres, al tipo lo veo enamorado pese a su descalificación de todo lo punk, y Fogwill trabaja bien eso, y es un muestrario de la ironía tan típica del autor a través de episodios o frases medio comediescas que me divirtieron mucho.
Dije que el premio fue importante en su carrera literaria porque con el dinero que ganó fundó la editorial “Tierra baldía”, y mediante ella dejó ser inédito Igual, antes del premio “Tierra baldía” ya existía, llevaba cuatro publicaciones, y en todo caso recibió oxígeno para poder crecer. Lo cierto es que luego del Coca-Cola, Fogwill se dedicó solamente a la literatura.
Con la plata del premio todo bien, el conflicto fue con el asunto de la publicación de la obra, que comúnmente se incluye en estos galardones, aunque básicamente son como contratos de adhesión a los que el concursante no se demora mucho en revisar antes de ganar. Y cuando gana, ya es tarde para cuestionar. Fogwill cuestionó todo. Va parte de una carta que le manda al editor de la publicación: “Adjunto contrato al que me convida <nombre de la editorial>, al parecer dentro de vuestro plan de dar más vida a la cultura. ¡Qué vida, eh…! Como escritor, concertar un contrato de esta naturaleza es un poquito más que una ignominia. Como Editor (he editado cuatro libros en mi pequeño boliche, que a su modo, dan cierta vida a la cultura) jamás sometería a un proveedor de obras a semejantes restricciones. No escapará a su mirada de hombre de leyes el carácter facultativo del premio. Si lo observa razonablemente, observará que esta mitad editorial de la recompensa, que a la mirada ingenua de un escritor-adolescente muerto-de-frío puede ser algo ´seductora´, resulta para un intelectual algo así como un castigo al que no pienso someterme. Ya he hecho saber a <nombre de la editorial> cuáles son las condiciones básicas para que pueda disponer de mi obra. En caso de no obtener una respuesta de ellos en el curso de la próxima semana avanzaré las negociaciones con editores menos antropófagos.”. La fuente es Ricardo Strafacce, autor de "Presentación de Rodolfo Fogwill, una monografía". De paso, un capo Strafacce, ya se había mandado dos de los más notables trabajos de investigación de escritores con “Osvaldo Lamborghini, una biografía” y “César Aira, un catálogo”, muy, muy interesante Strafacce, lo que ha escrito y él mismo (a través de un ex compañero de taller literario que había sido a la vez alumno de él, lo conocí una vuelta en el Varela-Varelita, y escucharlo hablar de literatura fue una panzada).

Llego al final. Completo (es un decir, lo de Fogwill es “incompletable”) mencionando que en el 2003 obtuvo la beca Guggenheim, en 2004 el Premio Nacional de Literatura por “Vivir afuera” y en el 2004, Premio Konex, Diploma al Mérito de Letras en la disciplina de Novela por el quinquenio 1999-2003.
Esta vez no tengo para mencionar adaptaciones cinematográficas. Pero existe un muy buen documental sobre su vida, “Fogwill. El último viaje” (Gustavo Mota, 2012).




Idea y creación: Emilio Bertero, 

Colaborador de:
Atrapados por la Imagen

Buenos Aires - Argentina

 


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martes, 21 de abril de 2026

"Atardecer en el Parque Pereyra Iraola…" - Rubén Blanco -

 



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" Marche un Atardecer Especiaaal ..... " .- Silvia Elena Lanza -

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Cementerio marinero (serie) - Roberto Jorge Escudero -






 

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¡Hoy 21 de Abril, Atrapados está de fiesta!

 

¡Festejamos el cumpleaños de Rafael García García!

"Artísta de Atrapados por la Imagen"



¡En este día tan especial, en nombre de toda la comunidad de Atrapados por la Imagen, extendemos un cálido saludo de cumpleaños a nuestro querido amigo, Rafael García García!



Los invitamos a visitar la galería de Rafa, donde podrán disfrutar de sus obras fotográficas, haciendo clic en el siguiente link 👇





Administración de Atrapados por la Imagen.

Directora: Laura Jakulis
Correctora literaria: Isabel Santoro
Colaboradores: Marta Puey - Emilio Bertero

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lunes, 20 de abril de 2026

" Amanecer en Rojo " .- Silvia Elena Lanza -

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Parque Pereyra Iraola - J. M. Gutiérrez- Pcia de Bs As - Claudia Molina

 

"Donde el camino se detiene… y el alma empieza a mirar" 



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Paseando - Roberto Jorge Escudero -


 

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©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: ¡WROOOOM! (Las coristas eran siete) - Del escritor Pedro Pablo Lilli - Rosario - Argentina.

 


 ATRAPADOS POR LA IMAGEN




Cuentos y Relatos Presenta a...

PEDRO PABLO LILLI 

"Artista de Atrapados por la Imagen"


en: ¡WROOOOM! 

(Las coristas eran siete)


Ilustraciones realizadas con ayuda de la IA

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

________________


"La editorial de Atrapados por la Imagen, es un espacio accesible para todos, 
fomentando la participación y el intercambio creativo"


__________


Cuento inédito para Atrapados por la Imagen

¡WROOOOM! 

(Las coristas eran siete)

PEDRO PABLO LILLI


Una chica de color, de formas amplias y sólidas, salió del ascensor cargando cien rosas rojas. Tocó timbre en el sexto D. Un hombre de blancura enfermiza y abundante cabellera negra como sus ojos abrió la puerta.

Afuera, una luna enorme bañaba la noche de densidad tropical. En la avenida vacía, un ómnibus se detuvo en la parada. Alguien subió y retomó viaje. A seis kilómetros de allí, la playa: palmeras, una carpa, un fogón y perfume a café.

— ¡Ámbar! —al verla, el hombre pareció renacer. Le dio paso y la siguió con la mirada, en atónito silencio.
Ella, tras darle un beso a sorpresa en los labios, dispuso las flores en jarrones de cristal que distribuyó por toda la sala. El ambiente olía a tabaco fino y encierro.

- Vamos a ventilar un poquito -y abrió el balcón para renovar el aire. Miró alrededor y descubrió un viejo gramófono que lucía intacto.

—Lindo... ¿Funciona? 
—Perfectamente. Es un regalo de Toro.

Curioseó entusiasmada los discos de pasta, de setenta y ocho rpm, apilados en la mesita ratona. Eligió uno, Lágrimas Negras por el Trío Matamoros, y lo colocó en el plato. Levantó el brazo cónico para controlar la púa y al ver que estaba muy gastada, tomó una nueva de la cajita de lata color celeste y la cambió. Giró suavemente la manivela para darle cuerda con movimientos de veneración hacia esa antigua joya musical. Finalmente, tras los sonidos a fritura de polvo y rayones en el surco, apareció la voz de Miguel Matamoros:

Y aunque tú / me has echado en el abandono / y aunque tú / mataste mis ilusiones...

Comenzó a desnudarse bailando al ritmo del bolero, con esa sensualidad caribeña, que azuza historias sin hablar. Girando sobre las puntas de los pies, fue desparramando las prendas por la habitación. Perfumaba a pan caliente y miel. El culotte de encaje dorado, que fue lo único que se dejó puesto, parecía fundirse en sus caderas. Siguió bailando hasta la estrofa final:

Que tú me quieres dejar / ya no quiero sufrir / contigo me voy, gitana / y aunque me cueste morir.

Se detuvo y preguntó:
— ¿Derretí tu pálida, Flavio?
— ¡Totalmente! —Suspiró— Esperá, no te muevas.

 Busco la cámara.

Ella, en tanto, se enjoyó: una rodaja de limón translúcida sobre cada pezón y una corona de rosas en la cabeza. Parecía una extraña Madonna morena que acababa de surgir de la música del gramófono. Hicieron diecisiete capturas en distintas poses. Eligieron una, decidiendo que era la mejor.

—La voy a mandar a imprimir para colgarla en esa pared.

—Es exclusiva para vos —sentenció ella—. Que no la vea nadie.

— ¿Toro tampoco?

—Toro sí.

— ¡Andá a saber si vuelve ese ingrato!

—Olvidalo.

— ¡Ay, lo que sufro!

—Hagamos música —le cortó ella—. Alguien va a caer.

—Sí, mi amor. Hagamos música.

Flavio se acomodó al piano, dejando que sus dedos encontraran los primeros acordes de un melancólico bolero. Ámbar se acercó, apenas cubierta con una bata de lino, sujetando un par de copas y una botella de ron. La etiqueta amarillo fuerte contrastaba con el ébano de su piel. Bebió del pico un trago generoso antes de apoyarse, lánguida, en la tapa del piano. Sabía que el dolor se cura a ritmo lento, así que lo esperó que entrelazara un par de piezas más. Se acomodó la bata para que el lino se ajustara a las curvas de su cuerpo y susurró, posándole una mano sobre el hombro:

—Soy lo prohibido.

Flavio, con los ojos vidriosos y la nuca hundida, acarició las teclas liberando octavas dramáticas y florituras en registro agudo. Se miraron con entrega y ella cantó con voz de terciopelo:

Soy ese vicio de tu piel / que ya no puedes desprender / Soy lo prohibido / Soy esa fiebre de tu ser / que te domina sin querer / Soy lo prohibido…

Sin un sonido de puerta abriéndose, sin una invitación formal, el apartamento se pobló de fantasmas corpóreos. De las sombras del rincón más oscuro emergió un hombre sosteniendo un contrabajo, se unió al piano. Una mano anónima comenzó a sisechar con unas maracas de cuero, dándole a la escena un aire de playa nocturna.
Detrás de Ámbar, un grupo de coristas apareció invocado por el bolero. Fue en la última estrofa cuando sus voces entraron como un murmullo de seda. La rodeaban. Ya no era una voz solitaria expresando su pena; era un lamento colectivo, un ritual de sanación:

Soy ese beso que se da / sin que se pueda comentar. / Soy ese nombre que jamás / fuera de aquí, pronunciarás. / Soy ese amor que negarás / para salvar tu dignidad. / Soy lo prohibido.

Se sumaron guitarras y trompetas. Siguieron con:

 “Tú me acostumbraste”, “Contigo en la distancia”, “Historia de un amor”, “Dos gardenias”... La noche se estiró como goma de mascar: “Sabor a mí”, “Perfidia”, “El reloj”...

Las coristas eran siete, con turbante rojo y vestido blanco hasta los pies. Seis negras y una sajona que se hacía llamar Sylvia, aunque su nombre era Sylvester. A las tres de la madrugada la pasaron a buscar, pero prefirió quedarse. La luna escuchaba desde el balcón.
Los vecinos, que habían entrado con maracas, botellas y alegría, bailaban apretados, ajenos al mundo exterior: “Solamente una vez”, “Aquellos ojos verdes”, “Toda una vida”, “Piel canela”. Uno, que era chino, preparó un arroz Yangzhou para todos.

Sin que nadie lo advirtiera, pasó algo extraño: el edificio se desprendió de los cimientos y se elevó por los aires. Abandonó la ciudad, dejando un agujero hasta el centro de la Tierra. Algo digno de un comic, con un "WROOOOM!" en letras catástrofe. Pero no fue así. Un taxi cruzó la esquina oeste, y no lo vio.

Música y risas desbordaban del balcón iluminado del sexto D. En la carpa junto al mar, bajo las palmeras curvadas, una pareja celebraba a besos y fuego su juventud. Un cangrejo trasnochado caminaba por la orilla.
El edificio, libre de sus anclajes, flotaba en el aire rosa de la mañana que poco a poco se fue tiñendo de azul. 

 Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©Pedro Pablo Lilli

Rosario - Argentina

Abril 2026


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

Corrección literaria: Isa Santoro

Maquetación y Edición: Laura Jakulis



Agradecemos a todos nuestros amigos, lectores y seguidores, por sus visitas y valoraciones.


Afectuosamente...


Administración de Atrapados por la Imagen.



Directora: Laura Jakulis

“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra” 



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"Male .. en el entre tiempo del partido" - Ricky Kimmich -

 


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¡Hoy 20 de Abril, Atrapados está de fiesta!



¡Festejamos el cumpleaños de Mirta Steinberg!

"Artísta de Atrapados por la Imagen"


"No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente".

- Virginia Woolf.-


¡En este día tan especial, en nombre de toda la comunidad de Atrapados por la Imagen, extendemos un cálido saludo de cumpleaños a nuestra querida amiga, Mirta Steinberg!


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