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martes, 28 de abril de 2026

Emilio hoy nos trae algo de . . .

 

EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN

Presenta: 


"Mis Heroínas Literarias"


 IDEA Y CREACIÓN: Emilio Bertero


Jamaica Kindcaid

Escritora, novelista, dramaturga, profesora, ensayista y jardinera

(Antigua y Barbuda, 1949)


Nació en 1949 como Elaine Potter Richardson, pero se cambió el nombre, ojo, no como seudónimo artístico sino legalmente, en 1973, un gesto de liberación tanto por lo personal como por lo literario. Es que Jamaica fue, desde niña, una rebelde ante todas las circunstancias que en Antigua (colonia inglesa por entonces, es independiente desde 1981), imponía el país colonizador, lejano y ajeno para ella, pese a lo cual le era obligatorio estudiar su historia, cantar su himno y hasta rendirle pleitesía a la reina. Y para colmo de males sufrió que su familia se apegara sin problemas a esas circunstancias propias de ser una colonia, tan amargas para ella. Con el nuevo nombre que se eligió, no como una pose sino como una necesidad sentida para poder escapar de su pasado, su familia y sus tristes vivencias de niña pensante bajo viejas reglas coloniales, encontró su voz para escribir y ser la extraordinaria literata que es hoy.



Ni bien pudo, entrada en su adolescencia, se fue a Estados Unidos a trabajar como niñera. Y desde allí comienza a forjarse su historia como escritora, rica, intensa, original, reconocida en todo el mundo… En 2020 y 2025, las apuestas la posicionaron entre las grandes candidatas a ganar el Nobel, y por lo que yo  leí (lamentablemente no es tanto, hay pocas traducciones al español disponibles y/o editadas en Argentina) para mi gusto no hubiera sido nada desatinado que lo ganase.


Lo más conocido en Argentina es una trilogía de familia compuesta por “Autobiografía de mi madre” (1995), “Mi hermano” (1997) y “Mr. Potter” (2002). Si bien no son mayoritariamente biográficas (salvo la segunda, basada en una experiencia real), se notan múltiples apoyaturas o referencias (al menos en las dos novelas que leí de esta trilogía) con la escritora enojada por los proyectos de dominación colonial que tanto la acosaron e hicieron sufrir de niña, aún cuando por entonces no podía, no sabía cómo, procesarlo acabadamente.

“Mi hermano” habla de la protagonista regresando a Antigua para ocuparse del joven enfermo de SIDA, y partiendo de este evento real, Kindcaid se despacha con toda la temática de la que vengo hablando, la penosa sociocultura del Caribe colonizado y la poca o pésima comunicación con la familia. La narración presta atención significativa, con una prosa a veces descarnada, a veces tierna (pero sin sensiblerías) al espanto de tener sida en Antigua, ser homosexual, drogadicto, promiscuo, la educación sexual y el sistema de salud a principios de los años 90 (Jamaica dice del Hospital Holborn, adonde está internado el chico, “…nunca fue un gran hospital, pero ahora es espantoso, al que solo acude la gente que no puede permitirse nada mejor”).

Pero con lo que a mí me conquistó Jamaica Kindcaid, fue con “Autobiografía de mi madre”. En esta novela estamos ante una escritora brillante, superlativa, una desmesura de talento. Con el oficio que desde los primeros renglones se nota que posee, rompe todas las reglas del escritor prolijo, académico, formal, para edificar la historia con un lenguaje simple e impactante a la vez, con un punto de vista impecable y un hilo narrativo que escurre con absoluta fluidez. Sea que tome una idea, una imagen, un personaje, una vivencia, machaca y machaca y machaca, y no abruma, le da tal fuerza que uno quiere que siga machacando. Es genial, me faltan palabras, en una novela corta docenas de partes que me gustaría transcribir y no puedo porque transcribiría toda la novela.

Notable entre tanto notable, llegando al final, la muerte del padre, la mirada sobre la imagen del padre muerto, es una eclosión para el lector, la maestría de una intensidad máxima lograda con un relato de frialdad extrema, ese rasgo como en todo el texto, despojado, desapasionado, insensible, indiferente, y sin embargo toda la novela es un incendio permanente, provoca, interpela, hace pensar, hace dudar de muchas de nuestras certezas.



Y de nuevo, no quiero pecar de reiterativo, pero cuánto importa el compromiso con el que Jamaica filtra continuamente en la trama, denuncias de la injusticia, la crueldad del colonialismo, el desprecio racista de los europeos hacia sus colonias.

No tuve la fortuna de leer “Mr. Potter”, la tercera novela de la trilogía familiar, pero de la sinopsis de la editorial puedo contar que cuando Mr. Potter muere, una de sus hijas vuelve a Antigua para narrar su vida, su vida ordinaria, la de un taxista analfabeto que pasa sus días conduciendo un antiguo coche clásico por las rutas y ciudades de una isla de la cual nunca saldrá. No obstante, Kincaid proyecta a un personaje complejo, lleno de claroscuros y contradicciones, abordando la temática mediante una prosa poética e hipnótica, sobre la que monta la mirada de la hija, tratándolo con distancia y compasión. Transcribo textual, porque es un preciso reflejo de la literatura de Jamaica, el último párrafo de la sinopsis que mencioné: “Aunque confinados a una vida lenta y repetitiva, circunscriptos a un mundo que es indiferente a su existencia, los personajes de esta historia viven gracias al poder de la escritura, y es solo ante la posibilidad de narrarse a sí mismo y a los otros, que aparece, como una luz en la oscuridad, la delicada senda de una libertad posible.”

Del resto de su obra, según referencias de la crítica especializada, muchos consideran a “Un pequeño lugar” (1988) como su mejor trabajo. Sé que la voz a cargo de la narración se la hace tomar a un turista blanco en su tierra natal, y que usa a esa voz para realizar una denuncia mordaz e irónica de la colonización y esclavitud para obstaculizar el desarrollo socioeconómico y cultural de su país. La sinopsis en la contratapa de una de sus ediciones, expresa: “Esta es una novela corta pero de gran alcance, una crítica a la nueva colonización que suponen ciertas formas de turismo. Desde la voz de los de abajo y mediante una prosa libre, directa e ignorante de complejos, la autora hace un esbozo de Antigua, país donde nació, creció y aprendió a detestar todo lo relacionado con los colonos ingleses, excepto su literatura”.

Recibió en 2001 el Premio especial de la Crítica de Los Ángeles, y titulada como “La vida y la deuda” (“Life and Debt”), fue llevada al cine en formato documental por Stephanie Black, también en 2001. El guión adaptado es de la misma Jamaica Kindcaid, quien además es la narradora en off.




Esta es la última imagen de la película. La acompaña la frase “Si viene a Jamaica de turista, esto es lo que verá”. No leí la novela, pero sí vi el documental. La Kindcaid lo ambienta en la isla de Jamaica en lugar de Antigua, la de su novela, y de entrada predomina la imagen de una invasión turística y música reggae, pero casi sin solución de continuidad, la cinta empieza a mostrar las calamidades que sufre la mayor parte de la población empobrecida (los turistas recién desembarcados, montados en la combi que los lleva hacia el hotel, van mirando las maravillas que la guía y el chofer quieren que miren, cuando de pronto descubren una construcción desvencijada, cayéndose a pedazos, y entonces la relatora da cuenta de que es un ejemplo de cómo se encuentra en Jamaica el sistema de educación y salud).

El documental deviene entonces en una denuncia, un grito, en contra las políticas del FMI y la banca internacional, el neocolonialismo y el impacto de la globalización y el dumping de productos importados sobre la economía local. Y durante todo el tiempo, la voz en off de Kincaid pone el acento en el contraste de imágenes entre la Jamaica turística y la Jamaica dramáticamente pobre.

A través de declaraciones de políticos locales y extranjeros, funcionarios del FMI, el BID y el Banco Mundial y pobladores que participan en diferentes niveles en actividades económicas, en lo explícito y en lo no, un denominador común: el daño que provocan los préstamos a los que países como Jamaica acuden cual manotazos de ahogado, las condiciones a las que deben rendirse, las políticas externas destructoras de la producción a las que se someten los gobiernos, incluso de no manufacturados como papas, bananas o leche, a causa de la apertura descontrolada de importaciones, derogación de normas locales proteccionistas o ingreso al país con mínimos requisitos, de elaborados extranjeros más baratos que el producto natural (leche en polvo por ejemplo).

Es patético el episodio del desembarco de McDonald´s en Jamaica: para cumplir requisitos de la hamburguesera, comprometida a abastecerse con productos jamaiquinos, el gobierno realiza una enorme inversión para cumplir los requisitos que la cadena les exige. No obstante, llegado el momento, y habiendo empezado a elaborar “hamburguesas más sabrosas que las de ellos”, declara un operario, McDonald´s decide importar los insumos porque les resultan más baratos que los generados en Jamaica. Y toda la gran inversión jamaiquina en pro de mejoras al ingreso de sus productores, a la basura. Episodio similar con una importante inversión local en industria textil, en un área especie de puerto libre de impuestos, que supuestamente iba a emplear a miles de jamaiquinos. El empresariado que comanda el proyecto, acaba contratando mano de obra oriental, “más barata y eficiente”. Y no hay “tu tía”.

El documental termina con una violenta manifestación a causa de una suba de impuestos para poder afrontar los intereses de las deudas, con muchos muertos y heridos, mientras unos turistas abandonan felices el hotel rumbo al aeropuerto, por sendas que eviten a las manifestaciones.

Otra de las publicaciones famosas de Jamaica Kindcaid, es “En el fondo del río” (1983), una antología de diez relatos escritos entre 1978 y 1982, principalmente con el estilo de prosa poética, destacando —según las sinopsis que pude leer— los tonos oníricos y el monólogo interior profundamente emotivo, además de su literatura arriesgada y pensante, un rasgo de toda su obra. El libro es ganador del premio Morton Dauwen Zabel de la American Academy of Arts and Letters, en el mismo año que fuera publicado.

Es también muy interesante el ensayo de 1991, “On Seeing England for the First Time”, acerca de un viaje que hizo a Inglaterra. Arranca: “Cuando vi Inglaterra por primera vez era una niña sentada en un pupitre de la escuela”, y a partir de allí, en mezcla de enojo y sarcasmo, vuelca su intenso rechazo al dominio colonial que le tocó vivir de pequeña-
Finalmente, aunque no agota la lista, se menciona a Annie John (1985) como otra de sus novelas destacadas, básicamente por el muy buen tratamiento de, entre otros, un tema recurrente de los desvelos de Jamaica Kindcaid, una conflictiva relación madre-hija, particularmente durante el tránsito de la niñez a la adolescencia.

Una curiosidad es el interés que tiene por la jardinería. De hecho, cuando en su curricula mencionan su profesión, dicen “Escritora, novelista, dramaturga, profesora de universidad, ensayista…y jardinera”. Por nombrar solo los dos títulos vinculados más notorios, ha publicado “Mi jardín” (2001) y “Entre flores: Un paseo por el Himalaya” (2005).

Desde 2004 es miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras, y desde 2009 de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias. Además, durante más de diez años enseñó en Harvard en los departamentos de Inglés y de Estudios Africanos y Afroamericanos con un enfoque en escritura creativa.

Además de los ya mencionados “Morton Dauwen Zabel” por “En el fondo del río” y el Premio Especial de la Crítica de Los Ángeles por “Un pequeño lugar”, Kincaid ha sido distinguida con la Beca Guggenheim (1985), el Premio Anisfield-Wolf (1997), el Premio Femina Extranjero (2000), el Prix Carbet de la Caraïbe et du Tout-Monde (2004), el Premio American Book (2014) y el Premio Dan David (2017).


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Idea y creación: Emilio Bertero, 

Colaborador de:
Atrapados por la Imagen

Buenos Aires - Argentina

 


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