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lunes, 26 de octubre de 2026

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "La novia de Alain" Un cuento Inédito del escritor: Hansel Germán Monzón - Rosario, Argentina -

 

 ATRAPADOS POR LA IMAGEN



Cuentos y Relatos Presenta A. . .


HANSEL GERMÁN MONZÓN

"Artista de Atrapados por la Imagen"


en..

- La novia de Alain -

Relato inédito para Atrapados por la Imagen


Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.

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Relato inédito para Atrapados por la Imagen

"La novia de Alain"
Hansel germán monzón


Cuando Gustavo le mostró la revista, Luis no lo podía creer. Una semana atrás, trabajando en un guion para el práctico que tenían que entregar a fin de año, habían hablado de las hermanas. Gustavo, que era de Villa Eloísa,  las había conocido. Luis recordó esa época, su infancia en la casa de pasillo en Pichincha, cuando estaba en segundo grado y se aburría en la clase de italiano. En realidad, en todas las clases. Recorría el antiguo cielo raso del aula con la mirada. Siempre le llamaban la atención esas rosetas. Unas flores chatas de yeso en relieve. Había cuatro, una en cada esquina, de las que salían dos  finas molduras ondulantes a noventa grados una de otra.  En el centro de cada flor había un agujero por donde él se perdía transformado en abejorro. Desde ese orificio observaba toda la clase o se escapaba para sobrevolar la escuela, el barrio, la ciudad. Y desde donde volvía repentinamente cuando escuchaba la resonante voz de la maestra preguntando  si  habían entendido.  Sin que nadie se hubiese percatado de su ausencia  aparecía en su pupitre, intrigado y con la sensación de haber fallado otra vez, como si fallar fuese un designio que jamás podría cambiar.  El pizarrón completamente cubierto de escrituras, incomprensibles para él, era  la contundente prueba de la magnitud  del tiempo que había estado ausente. Miraba sin entender, y luego miraba a sus compañeros tratando de captar alguna señal, un gesto, algo que le indicara de qué se había tratado la clase.

Al sonar el timbre metía el cuaderno y la cartuchera en su portafolio. Los lápices, por lo general, los tiraba adentro, sueltos. Así era como se rompían o perdían. Formaba fila y tomaba distancia displicentemente. En el fragor que causaban los últimos minutos se empujaban unos con otros, algo que solía ponerlo mal, aunque, últimamente, no le importaba. Hacía meses que en lo único que pensaba, a esa hora, era en regresar a su casa, o mejor dicho a la vecina. 

El transporte amarillo estaba ahí, el de todos los días, el de las mismas caras, el del mismo insoportable recorrido, ese recorrido que lo dejaba con la fastidiosa sensación de que lo relegaban siempre para lo último. Subió aferrando su portafolio y, tomándose del pasamanos, se ubicó en el lugar de siempre. En el trayecto hasta su asiento algunos chicos le hablaron pero él no escuchó. “Llegás y te vas a merendar a lo de Chele que te va a estar esperando, cuando yo vuelva te voy a buscar”. Le retumbaba la voz de su mamá mientras apoyando su frente en la ventanilla veía pasar los techos pálidos de las casas por entre el gastado y sucio cielo de las tarde de invierno. En un último plano, escuchaba a  los compañeritos más zarpados, los que hacían todo el barullo, los que gritaban cosas a los automovilistas y peatones, los que pasaban derecho para el fondo, como en el aula.

Ya no era como los demás chicos, ya no se sumaba al bochinche, se sentía algo mayor,  prefería quedarse solo mientras, con una mano en el bolsillo del guardapolvo, jugaba, sin darse cuenta, con las migas de una Manón rota, disfrutando del secreto que tenía, un secreto tan perturbador que resultaba casi inconfesable hasta para él mismo. Salvo a esa hora, la hora en que volvía de la escuela: era ahí cuando comenzaba a disfrutarlo.

Chele vivía en la casa contigua a la suya, en el mismo pasillo. Para él era “de avanzada” porque estaba separada. Tenía dos  hijas de quince y dieciséis años, de una belleza perturbadora. Habían llegado de un pueblo, Villa Eloísa, eran tan bellas que no podían tener amigas en el barrio. Ninguna chica se sentía cómoda al lado de ellas. Opacaban a cada una que  intentase acercarse. Casi podría afirmarse que las odiaban. Salvo los muchachos, que, por el mismo motivo, vivían alborotados.

Las hijas de Chele eran raras. Luis a sus siete años jamás había conocido gente con esa impronta, salvo en programas de televisión. Se llamaban Ana y Cristina y esa rareza, a Luis, le producía fascinación. Cada vez que las cruzaba se sentía feliz, poco importaba su estado de ánimo previo. El solo hecho de ver a alguna de las hermanas lo reconciliaba con cualquier cosa que hasta el momento lo hubiese afligido. Estaba enamorado. No sabía de cual. Le daba lo mismo.

Any y Cris eran, como se dio cuenta de grande, lo que se dice progresistas. Escuchaban los Beatles, Bob Dylan y Serrat, cuando en casi todos lados sonaban Ortega y Roberto Sánchez. Tenían en su dormitorio un poster grande con la foto de un barbudo que Luis tenía ya visto y en el que, años después,  reconocería al Che. Esa casa era especial, los vasos de vidrio de colores, el reloj pop de la pared, el tocadiscos portátil (última tecnología), y una réplica en miniatura de un escenario de teatro sobre una mesa ratona, con luces que se encendían a voluntad, le hacían intuir a Luis que había otro mundo, otra forma de vivir que no era la que le enseñaban en su casa ni en la escuela y, esa otra forma,  le atraía demasiado.

Any y Cris estudiaban teatro y, cada tanto, hacían fiestas en su casa a las que iban personas igualmente raras, y que, obviamente, no eran del barrio. Él, desde su casa, veía llegar a los invitados. Escuchaba esa música  y  soñaba con pertenecer, algún día, a ese círculo de amigos. Se moría de ganas por estar ahí.

El transporte se detenía en su puerta después de un serpenteante recorrido. Luis tomaba su portafolio de cuero marrón y bajaba casi sin saludar a los pocos pasajeros que quedaban. Si saludaba, lo hacía en forma automática, en voz muy baja y sin ganas. Caminaba con paso firme, refregándose la cara con el puño del guardapolvo. El peso del portafolio ya no le importaba. Entraba al pasillo que le era muy ancho e interminable. Una excitación se apoderaba de él. Durante el largo recorrido trataba de pensar en otra cosa como para calmarse, pero le era imposible. La sola idea de entrar a esa casa lo ponía muy ansioso. Pasaba  por delante de la suya y ni la miraba, sabía que adentro no había nadie. Cuando llegaba al porche de Chele tocaba timbre.

Recorrido y sensaciones que se repetían todas las tarde a la misma hora. Siempre lo recibía la abuela de las chicas que también vivía con ellas. Por lo general,  a esa hora, no había nadie más. Eso no le importaba. El solo hecho de entrar a la casa de sus vecinas, al lugar donde ellas vivían, donde dormían, donde comían, donde habían transcurrido esas fiestas, le daba mucha felicidad y vértigo.

Durante ese año fue siempre igual, la abuela lo esperaba con la merienda y mientras la tomaba  miraba televisión. Primero Meteoro. Le encantaba, aunque le daba bronca que su héroe no se diera cuenta de que su rival enmascarado era su hermano. Después Kimba, un dibujo animado que miraba molesto porque le parecía una telenovela. Todos los capítulos empezaban siempre con la dramática y lacrimógena introducción: un leoncito al que unos cazadores le habían asesinado a su madre. No se lo bancaba. El plato fuerte venía después, cuando empezaba Batman, el de Adam West. Era entonces cuando disfrutaba en serio. Sentía una profunda atracción por esa estética psicodélica que, sin darse cuenta, emparentaba con la onda de Any y Cris. Sabía que tanto Batman como Robin saldrían sanos y salvos de las trampas que le tendían los villanos, pero no podía dejar de sufrir hasta el día siguiente cuando la salvación se concretaba. Soñaba con ser Batman, con tener una baticueva y un baticinturón lleno de artilugios, y un traje de verdad, pero se tuvo que conformar con el que, de un apurón y para que se dejara de molestar, le hiciera su madre utilizando una vieja sábana, que completó con unas orejitas de murciélago de pañolenci anaranjado. Él se lo ponía casi todos los días y, con esa inexplicable abstracción propia con que suelen jugar los niños, se veía a si mismo como el inexorable hombre murciélago de la pantalla. Así vestido jugaba, hacía sus deberes, cenaba y se iba a dormir lleno de orgullo, orgullo que después fue ridiculez, cuando unos amiguitos le hicieron ver que su traje era blanco y anaranjado.

Una vez terminada la serie se preparaba mentalmente para lo que iba a hacer. Se concentraba tratando de calmarse. Tenía poco tiempo. En cualquier momento pasaría su madre a buscarlo. Con voz que él creía tranquila, y esquivando la mirada de la abuela, le pedía permiso para pasar al baño. Una vez ahí se aseguraba de cerrar bien la puerta. Se bajaba el pantaloncito y se sentaba en el inodoro a orinar mientras repasaba con la vista cada rincón. Sabía que en algún lugar encontraría lo que buscaba y por lo general lo encontraba. Si no era colgado del caño de la cortina de la ducha, era en el grifo, sino en el canasto de la ropa sucia. Casi siempre encontraba una bombacha, de Any o de Cris, vaya a saber de quién. Su amor era indistinto. Nunca se había masturbado, ni sabía lo que era una erección, pero algo del orden del placer  sentía. Y era sexual. Era atracción pura. Lo miraba y lo tocaba, imaginaba a una de las chicas o a las dos. Se lo acercaba a la cara. Lo olía.

El ritual duraba unos pocos minutos, pero intensos. Después dejaba la prenda donde estaba, tratando que nadie notara su intervención y luego salía del baño feliz. Tan feliz como se sentiría  de grande al hacer el amor.

Pasó poco más de un año. Un año de hacerle el amor a sus dos amores sin que ellas lo supiesen, hasta que un día Chele le contó a sus padres que se irían a vivir a España, argumentando: “Las chicas estudian teatro e idioma, están muy preparadas, quieren vivir de eso  y acá no tienen futuro”. Las extrañó poco tiempo. Enseguida se acostumbró a no verlas. Luis continuó transformándose en abejorro para escaparse de la clase, pero cada vez con menos frecuencia. Terminó la escuela y luego el secundario. Conoció el sexo y el amor correspondido. Su madre continuó una comunicación epistolar con su amiga Chele durante un tiempo. Inclusive la visitó en España años después, donde se enteró que Any continuaba con su carrera de actriz, pero años después la correspondencia cesó.

Al tiempo Luis comenzó a estudiar cine. Gustavo apareció en la casa de Luis, a la semana siguiente de aquella charla en la que le contó que había conocido a las hermanas. Llegó con una revista española, de esas con chimentos de la farándula. Abrió la revista en una página que tenía marcada  y le mostró a su amigo. El titular decía: “La argentina que enamoró a Alain Delon” y una foto de Any de la mano con el galán. Luis tomó la revista con los ojos clavados en ella y la boca abierta. Lo invadió una inexplicable emoción y no pudo dejar de sentir orgullo. Un orgullo tan ridículo como el que sintió con su disfraz de Batman.

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Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a:

©Hansel Germán Monzón

Rosario  - Argentina

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro


Colaboraciones de: Marta Puey - Emilio Bertero

Octubre 2026



 Agradecemos a todos nuestros amigos, lectores y seguidores, por sus visitas y valoraciones.



Afectuosamente...


Administración de Atrapados por la Imagen
Directora: Laura Jakulis




“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra”

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

lunes, 1 de junio de 2026

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: “UNA MUJER BELLA” - De la escritora Cristina Martín - Rosario - Argentina

 

Atrapados por la Imagen


Cuentos y relatos presenta a . . .


Cristina Martín 


"Artista de Atrapados por la Imagen" 


en: “Una Mujer Bella”

Cuento perteneciente al libro: "Mujeres valientes"


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.

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 “Una Mujer Bella”
CRISTINA MARTÍN

      Hoy les quiero contar la historia de un país con nombre de mujer y brillo de plata que nació con grandes ilusiones de ser libre algún día, pero por ser tan seductora muchos ojos la miraban con ganas de poseerla, dominarla, aplastarla.

    Esta silueta de mujer bella se recorta en mares, ríos, bosques, valles, llanuras y montañas. Generosamente la visitan inviernos fríos y veranos de calor suave. Ella, que sabe de amplitudes, aceptó a mujeres y hombres de todas las razas.

  Este país mujer sufrió y sufre dominaciones de diferentes identidades: coronas, flotas invencibles y la de un tío (a quien le llaman Sam) que a diferencia de los tíos habituales no es para nada generoso, tiene voraces ambiciones y todo lo quiere para sí. 

    Ella hizo frente a muchos poderosos que la deseaban con codicia para desarroparla:

- a veces con agua hirviendo

- otras con sables y cañones

- otras con palabras más o menos hábiles, pero casi siempre, resignando la sangre de sus

hijos más inocentes.

    Y este país de gran intuición femenina fue vislumbrando que había otros enemigos tanto o más peligrosos que los de afuera, que son los que pisan su propia tierra. Y ahí la pelea se le volvió y se le vuelve más difícil. Porque ¿cómo hacer para luchar con los hijos malos que son hijos al fin y se quieren tanto?

    Esta mujer se posicionó sucesivamente como granera del mundo, como ganadera, como industrial, como exportadora de manufacturas, como sociedad tecnificada.

     Y pese a algunos dolores intestinos le fue bastante bien. Se sintió firme y segura, pero al pisar el fin de milenio le hicieron creer (aunque no tanto) que debía pertenecer al mundo globalizado, porque eso la haría más prestigiosa. Y la cautivaron los espejitos de colores, porque ¿a quién no deslumbran las luces de un caleidoscopio?

    Entonces rápidamente se insertó en este mundo vertiginoso, de imágenes subyugantes, de marketing, de informática, de internet, de telefonía celular. "No es cuestión de quedar fuera del sistema", dicen muchos de sus hijos, pero hay otros que sufren al camino de la pérdida de identidad y de memoria. Y ellos saben muy bien que sin ayer no hay hoy ni mañana que valga.

    Pero esta mujer-madre que pare hijos a cada rato, llora porque muchos de ellos tienen hambre, otros están enfermos y no tienen medicamentos para curarse, otros están sin trabajo, mientras muchos otros que tienen vendas en los ojos quieren tener más dinero, más poder, más popularidad, librando una lucha despiadada.

    Además, está tristona esta madre tierra porque su cielo no es tan claro, ni su aire tan puro, ni sus aguas tan potables.

    Pero Argentina, mujer de espíritu valiente y brillo de plata, si bien llora por todos sus costados, aún mantiene intactas las ilusiones de ser, en serio y definitivamente libre, algún día no tan lejano.

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   Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©CRISTINA MARTÍN

Rosario - Argentina

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

Junio 2026



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Administración de Atrapados por la Imagen
Directora: Laura Jakulis

Colaboradores: Marta Puey - Emilio Bertero




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domingo, 22 de marzo de 2026

DOMINGOS DE CURIOSIDADES,HOY: POEMAS APÓCRIFOS ATRIBUIDOS A GRANDES ESCRITORES.

 

POEMAS APÓCRIFOS EN LA ERA DE LAS FAKE NEWS



La característica principal de la poesía apócrifa es que se le atribuye a quien en realidad no la escribió. Pero, ¿es mala o es buena? 

El tema, en realidad , no pasa por eso, porque podemos encontrar poemas que pueden conmovernos, sino porque basta con leer los textos de los escritores a quienes se les atribuyen, para darnos cuentas de que no es el estilo de poesía que podrían haber escrito.

Por otra parte, también le estamos quitando mérito a los verdaderos autores, a pesar de que, algunos, son anónimos.

Hoy en Domingos de Curiosidades, voy a mostrarte algunos ejemplos de estos textos que fueron atribuidos a otros autores.





 JORGE LUIS BORGES 

 


Instantes


Atribuido falsamente a: Jorge Luis Borges
Autor real: Ron Herold o Nadine Strain


Si pudiera vivir nuevamente mi vida.

En la próxima trataría de cometer más errores.

No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.

Sería más tonto de lo que he sido,

de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.

Sería menos higiénico.

Correría más riesgos,

haría más viajes,

contemplaría más atardeceres,

subiría más montañas,

nadaría más ríos.

Iría a más lugares adonde nunca he ido,

comería más helados y menos habas,

tendría más problemas reales7

y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata

y prolíficamente cada minuto de su vida;

claro que tuve momentos de alegría.

Pero si pudiera volver atrás trataría

de tener solamente buenos momentos.

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,

sólo de momentos; no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que nunca

iba a ninguna parte sin un termómetro,

una bolsa de agua caliente,

un paraguas y un paracaídas;

si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

Si pudiera vivir nuevamente

comenzaría a andar descalzo a principios

de la primavera

y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.

Daría más vueltas en calesita,

contemplaría más amaneceres,

y jugaría con más niños,

si tuviera otra vez vida por delante.

 

Poema de la amistad (Autor desconocido)

No puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida, ni tengo respuestas para tus dudas o temores, pero puedo escucharte y compartirlo contigo.

No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro.
Pero cuando me necesites estaré junto a ti.

No puedo evitar que tropieces.
Solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas.

Tus alegrías, tus triunfos y tus éxitos no son míos.
Pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz.

No juzgo las decisiones que tomas en la vida.
Me limito a apoyarte, a estimularte y a ayudarte si me lo pides.

No puedo trazarte límites dentro de los cuales debes actuar, pero sí te ofrezco el espacio necesario para crecer.

No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te parta el corazón, pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo.

No puedo decirte quien eres ni quien deberías ser.
Solamente puedo quererte como eres y ser tu amigo.
En estos días oré por ti…

En estos días me puse a recordar a mis amistades más preciosas.
Soy una persona feliz: tengo más amigos de lo que imaginaba.

Eso es lo que ellos me dicen, me lo demuestran.
Es lo que siento por todos ellos.
Veo el brillo en sus ojos, la sonrisa espontánea y la alegría que sienten al verme.

Y yo también siento paz y alegría cuando los veo y cuando hablamos, sea en la alegría o sea en la
serenidad, en estos días pensé en mis amigos y amigas, entre ellos, apareciste tu.

No estabas arriba, ni abajo ni en medio.
No encabezabas ni concluías la lista.
No eras el número uno ni el número final.

Lo que se es que te destacabas por alguna cualidad que transmitías y con la cual desde hace tiempo se ennoblece mi vida.

Y tampoco tengo la pretensión de ser el primero, el segundo o el tercero de tu lista.
Basta que me quieras como amigo.
Entonces entendí que realmente somos amigos.

Gracias por ser mi amigo.

Este poema se atribuye a Borges, aunque la realidad es que la propia viuda del escritor, María Kodama, junto con su abogado Fernando Soto, negaron públicamente que el poema fuera de su autoría. Varios medios de comunicación, como The Guardian (Reino Unido), se pronunciaroncon respecto al poema:  “La pieza de ninguna manera se asemeja a la obra altamente intelectual de Borges, que se caracteriza  por complicados laberintos, espejos y realidades alternativas”. El diario ABC (España), también informaron sobre ello.

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

 


Carta de despedida

Atribuido falsamente a: Gabriel García Márquez
Verdadero autor: Johnny Welch


Si por un instante 

Dios se olvidara de que soy una marioneta de

trapo 

y me regalara un trozo de vida, 

aprovecharía ese tiempo 

lo más que pudiera. 

Posiblemente no diría todo lo que pienso, 

pero en definitiva pensaría todo lo que digo. 

Daría valor a las cosas, 

no por lo que valen, 

sino por lo que significan. 

Dormiría poco, soñaría más. 

Entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos 

perdemos sesenta segundos de luz. 

Andaría cuando los demás se detienen,

Despertaría cuando los demás duerman.

Escucharía cuando los demás hablan, 

y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate. 

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, 

vestiría sencillo, 

me tiraría de bruces al sol, 

dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma. 

Dios mío, si yo tuviera un corazón, 

escribiría mi odio sobre hielo, 

y esperaría a que saliera el sol. 

Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas 

un poema de Benedetti 

y una canción de Serrat 

sería la serenata que les ofrecería a la luna. 

Regaría con lágrimas las rosas, 

para sentir el dolor de sus espinas, 

y el encarnado beso de sus pétalo… 

Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida… 

No dejaría pasar un solo día 

sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. 

Convencería a cada mujer u hombre 

de que son mis favoritos y viviría enamorado del amor. 

A los hombres les probaría cuán equivocados están, 

al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, 

sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse. 

A un niño le daría alas, 

pero le dejaría que él solo aprendiese a volar. 

A los viejos les enseñaría 

que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido. 

Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres. 

He aprendido que todo el mundo quiere vivir 

en la cima de la montaña, sin saber 

que la verdadera felicidad está 

en la forma de subir la escarpada. 

He aprendido que cuando un recién nacido 

aprieta con su pequeño puño, por vez primera, 

el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre. 

He aprendido que un hombre sólo tiene derecho 

a mirar a otro hacia abajo, 

cuando ha de ayudarle a levantarse.

Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes,

pero realmente de mucho no habrán de servir, 

porque cuando me guarden dentro de esa maleta,

infelizmente me estaré muriendo.

 

Este escrito, que apareció en 2007 en prosa, además de vacío, cursi (lo dijo Gabo) y superficial, muchas veces aparece en verso. 

Tan famoso se hizo este texto de Johnny Welch que García Márquez convocó a una rueda de prensa para aclarar el tema: "Señores, yo quiero decirles que estoy vivo y que lo único que me podría matar es que digan que yo escribí algo tan cursi". Aunque después invitó al autor a la casa y – dice el autor – se disculpó.  

Johnny Welch, es ventrílocuo y no es ningún usurpador, que alguien haya reemplazado su nombre por el del autor de "Cien años de soledad" no es su culpa. Él, le escribió este texto a su muñeco, El Mofles, 

No le ayudó la aclaración a Gabo. Y el texto se hizo aún más famoso después de la verdadera muerte del escritor, pese a que Johnny valientemente reconoció su autoría no una sino mil veces.   

 

MARIO BENEDETTI

 


No te rindas

Atribuido falsamente a: Mario Benedetti
Autor real: Guillermo Mayer.

 

No te rindas, aún estás a tiempo

De alcanzar y comenzar de nuevo,

Aceptar tus sombras,

Enterrar tus miedos,

Liberar el lastre,

Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,

Continuar el viaje,

Perseguir tus sueños,

Destrabar el tiempo,

Correr los escombros,

Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se esconda,

Y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma

Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo

Porque lo has querido y porque te quiero

Porque existe el vino y el amor, es cierto.

Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,

Quitar los cerrojos,

Abandonar las murallas que te protegieron,

Vivir la vida y aceptar el reto,

Recuperar la risa,

Ensayar un canto,

Bajar la guardia y extender las manos

Desplegar las alas

E intentar de nuevo,

Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se ponga y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma,

Aún hay vida en tus sueños

Porque cada día es un comienzo nuevo,

Porque esta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás solo, porque yo te quiero.

 

Benedetti, sí es autor de un poema titulado "No te salves", incluido en su libro  “Poemas de Otros”, en el que invita a involucrarse en un ideal y a adoptar una postura activa y solidaria con la humanidad ante las dificultades.  Quizá el título ha llevado a esta atribución incorrecta.


    
NO TE SALVES, DE MARIO BENEDETTI


No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.


PABLO NERUDA

 



Muere lentamente (Autor desconocido)

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito,
repitiendo todos los días los mismos trayectos,
quien no cambia de marca, no arriesga vestir un
color nuevo y no le habla a quien no conoce.

Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.

Muere lentamente quien evita una pasión, quien
prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las
«íes» a un remolino de emociones, justamente las que
rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los
bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está
infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por
lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite
por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente quien no viaja, quien no lee,
quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.

Muere lentamente quien destruye su amor propio,

quien no se deja ayudar.

Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de
su mala suerte o de la lluvia incesante.

Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes
de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce
o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.

Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando
siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor
que el simple hecho de respirar.

Solamente la ardiente paciencia hará
que conquistemos una espléndida felicidad.


Este poema atribuido por error a Pablo Neruda, circula desde hace años por Internet; no es sólo "Muere lentamente" el único falso Neruda que se encuentran los internautas. También le suelen atribuir al autor chileno los poemas "Queda prohibido", que al parecer es de Alfredo Cuervo, escritor y periodista español, y "Nunca te quejes", cuyo autor ignora la Fundación Pablo Neruda.


WALT WHITMAN



No te detengas (Autor desconocido).

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.


Este texto es un Apócrifo atribuido a Walt Whitman.
Por lo visto la mayoría de los versos del poema provienen de frases dichas en la película "La sociedad de los Poetas Muertos", en su mayoría expuestos por el Señor Keating, interpretado por Robin Williams. Parece que la confusión viene porque en varias escenas de la película se cita a Walt Whitman, o tal vez alguien creó el poema basándose en la frases de la cinta y se lo atribuyó a Whitman.


En internet, un error repetido termina pareciendo verdad. Un texto anónimo o de otro autor, se publica con el nombre de un autor famoso, otros lo replican sin verificar y, con el tiempo, la atribución equivocada se instala. No hay necesariamente mala intención: hay descuido, desinformación. Lo cierto es que en el camino, el verdadero autor queda borrado.



Idea, investigación y edición: Isa Santoro.

Administradora de Atrapados por la Imagen.




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