CONFITERÍA DEL MOLINO, UN EMBLEMA DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES
El poeta Oliverio Girondo escribió alguna vez: “Las chicas de Flores tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería Del Molino”. Cliente leal, fue su homenaje al mundo especial que se vivía dentro del magnífico edificio Art Nouveau de Callao y Rivadavia, al cual, alguien lo bautizó, “Un pedacito de París en Buenos Aires”.
Hoy en Domingos de Curiosidades, voy a contarte su historia y detalles de este lugar emblemático que, tal vez, no conocías.
En 1904 un repostero italiano, Cayetano Brenna, adquierió la esquina de Callao y Rivadavia.
Callao era una calle de tierra llena de árboles, pero Brenna, como buen italiano previsor, adquirió la esquina que formaba con Rivadavia. Siete años más tarde compró la casa de Callao 32 y en 1913 la de Rivadavia 1915. Para su construcción trajo todos los materiales de Italia, puertas, ventanas, vitraux, mármoles y todo lo necesario para su monumental obra. y mientras en Europa comenzaba la Primera Guerra Mundial, El señor Brenna comenzó, entonces, a levantar en esa esquina uno de los edificios más altos de Buenos Aires.
Los ornamentos de bronce cincelados artesanalmente, los 170 m2 de vitraux, el mármol de Carrara, las majestuosas arañas florentinas, las columnas estucadas, los mosaicos opalinos, las cerámicas de oro en la mansarda, las puertas, las ventanas con vidrios cuadrados, la fachada recubierta con piedra París, la cristalería, la porcelana y la mantelería fueron armando como en un rompecabezas este ícono del lujo del siglo XIX.
La estructura definitiva quedó distribuida así: en la planta baja la confitería. Debajo, tres subsuelos donde funcionaban la fábrica de hielo, la cocina donde elaboraban sus productos, la bodega, los depósitos y el taller mecánico. Para arriba de la confitería, dos pisos de salón de fiestas y otros tres para vivienda y oficinas. Estos tres pisos siempre se alquilaron (generalmente a profesionales de clase media alta), nunca tuvieron dueños particulares. Sobre Rivadavia, eran semipisos. Sobre Callao, eran pisos enormes que constaban de cuatro dormitorios, sala de estar, living, escritorio, comedor y dependencias de servicio con dos habitaciones cada una.
La Confitería Del Molino fue mucho más que un edificio varias veces premiado, tenía un interior vestido de las más exclusivas artesanías italianas, una gastronomía exquisita, única, artesanal, que extendía sus fanáticos a todo el país. Frente al Congreso (y sin el anexo que nació mucho después) era el ámbito de discusión política, de polémicas económicas, de reuniones de intelectuales, poetas, escritores, grandes artistas nacionales e internacionales, de encuentros amorosos.
El salón era el punto de encuentro de miles de clientes leales y también de personalidades de la política y la cultura
Allí los legisladores tenían cuenta corriente, y su dueño, el visionario Cayetano Brenna, atendía personalmente las mesas vestido con levita.
Carlos Gardel, uno de sus más fieles clientes, le encargó al dueño una torta en homenaje a su amigo Irineo Leguisamo. Así nació, el famosísimo postre Leguisamo, una mezcla tremenda de hojaldre, merengue, marrón glacé y crema imperial con almendras.
En 1917, cuando en Rusia depusieron a los Romanoff, el dueño lo celebró creando el popular postre Imperial ruso, conocido en Europa como “el postre argentino”, que venía con una advertencia: “Córtelo con un cuchillo caliente para que no se desmorone”.
La monumental escalera que llevaba al primer piso sirvió como escenario en 1996, un año antes de que la cerraran, para Madonna, quien en un día libre de la filmación de "Evita" grabó el video “Love don´t live here anymore”.
Aquí el compositor José María Contursi ahogaba con whisky sus penas de amor, mientras no dejaba de pensar en Grisel. Hasta que un día de 1962, dicen testigos, que Grisel, su amada, apareció en la confitería y le dio un final feliz a la historia, que quedó plasmada en el tango.
En los lujosos salones del primer piso, con una escalera imperial, se festejaban casi todos los casamientos de la alta burguesía porteña, además de las grandes fiestas y los bailes.
En ese mismo salón, se festejaron, además, el cumpleaños número 80 de Vicente Solano Lima, las 300 representaciones de "El diluvio que viene" y, más acá en el tiempo, en la confitería, se reunieron dirigentes de la Alianza como Graciela Fernández Meijide, Jesús Rodríguez y Chacho Álvarez con líderes del PJ como Antonio Cafiero y Carlos Ruckauf para filmar una de las primeras publicidades del Gran Dt.
Declarada Monumento Histórico Nacional en 1997, Patrimonio Histórico del Art Nouveau y la vanguardia de la Belle Époque por la UNESCO en el año 2000, integrar el área de preservación histórica no la salvó de la decadencia, el abandono y la muerte.
El 23 de febrero de 1997 cerró definitivamente sus puertas. Pasaron 28 años. Adentro quedaron otros recuerdos de figuras entrañables: Lisandro de la Torre, Libertad Lamarque, Niní Marshall, Marcelo T. de Alvear, Agustín P. Justo, Juan Domingo Perón, la infanta Isabel de Borbón y el Príncipe de Gales.
Desde entonces ha sido objeto de varias restauraciones y proyectos de reapertura. Luego, en 2014, vino a completar el círculo virtuoso la Ley 27.009 de 2014, cuyo autor fue el senador Samuel Cabanchik, que declaró al inmueble “de utilidad pública y sujeto a expropiación por su valor histórico y cultural”. Tras ese paso, comenzó de la puesta en valor, a cargo la oficina de Patrimonio Cultural del Congreso de la Nación y la Comisión Administradora Edificio del Molino.
La restauración no solo buscó la estabilidad estructural, sino también recuperar sus detalles únicos. Se trabajó minuciosamente en la restauración de maderas, metales y ornamentos originales, replicando piezas faltantes para devolverle su esplendor inicial.
La Confitería Del Molino abrió sus puertas al público después de 25 años, en 2022, unas ocho mil personas pudieron visitar el salón principal, el primer piso, el primer subsuelo y la cúpula. Los emotivos testimonios de los ex trabajadores y los hallazgos arqueológicos expuestos en las vitrinas.
Las visitas son con entrada gratuita e inscripción previa y en recorridos de 40 minutos, durante los cuales se podrá acceder a la planta baja, el primer piso, el subsuelo y la azotea.
La reapertura de este edificio ofrece a los visitantes una experiencia única que combina historia, arquitectura y tradición porteña. Cada rincón de la Confitería Del Molino transporta a los visitantes a una época de esplendor y refinamiento que sigue viva en este emblemático espacio.
Idea, Investigación y Edición: Isa Santoro
Administradora de Atrapados por la Imagen

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Cuántas cosas interesantes se descubren en tus textos!!!
ResponderBorrarMuchas gracias por tu devolución, no aparece tu nombre, una pena. Te agradezco mucho y me alegra que te haya gustado mi nota.
BorrarIsa, tu nota es una belleza. Se siente el cariño y la dedicación con la que investigaste cada detalle de la Confitería el Molino. Lograste un equilibrio muy lindo entre historia, curiosidades y ese toque humano que acerca al lector a un lugar emblemático. El recorrido es claro, y lleno de imágenes que invitan a viajar en el tiempo. Realmente un trabajo cuidado y muy disfrutable. ¡Felicitaciones amiga!
ResponderBorrarLaura Jakulis muchas gracias amiga, La Confitería del Molino, sin duda es un lugar emblemático de la Ciudad de Buenos Aires que marcó una época con todo su esplendor. Se ha perdido muchísimo de todo lo que fue, sólo nos quedan las fotos para recordar sus mejores momentos, por eso me pareció muy valioso traerlos a Atrapados. Gracias por tus palabras amiga, sabés que es un placer para mí, tener las libertad de hacer y de elegir cada tema para estos Domingos de Curiosidades. Abrazo enorme! 💜💚
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