EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN
Presenta:
"Mis Héroes Literarios"
IDEA Y CREACIÓN: Emilio Bertero
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El pintadedos (Carlos Catania)
EMILIO BERTERO
Apartándome un poco de lo que habitualmente elaboro en estas colaboraciones, me concentro esta vez en una obra específica del escritor Carlos Catania (Rosario, 1931), con franqueza lo único que he leído de él, pero se trata de un texto que me ha causado tal efecto que necesité compartirlo en este espacio.
“El pintadedos” (1984) está escrita con una prosa de difícil acceso, densa, oscura, obligando a releer muchos párrafos. Superada esa "iniciación", fluye un texto de creciente intensidad narrativa, provocador, interpelando al lector permanentemente.
Hay un claro personaje protagónico (el pintadedos, reconocedor de identidades de cadáveres a través de las huellas digitales, trabajo que Catania desempeñó un tiempo en Santa Fe) y un anclaje temporal preciso (enfrentamiento guerrilla-militares en los 70), pero la novela es rica y hábilmente consistente en otros personajes y episodios. Contribuye que coexisten varios relatores y partes de diálogos, todos con voz justa y punto de vista preciso.
Desde el comienzo el texto nos adentra en mundos personales angustiosos, emotivos, secretos, episodios que se suceden mechados con intervenciones del relator de turno, que como saliéndose lo comenta, lo critica, lo interpreta. Algunos podrían catalogarse de inverosímiles, pero la mano del autor le da verosimilitud y coherencia.
Cuatro amigos, los "Inseparables", desde su niñez hasta cuando la trama se desenlaza, un sargento y un colimba rumbo al "operativo" alrededor del que gira esa trama, un general fanático con un papel vital al final, una mujer imposiblemente soñada eje de la pasión, maduración y tragedia de los cuatro amigos (entre lo más notable hay un evento magistral, de ribetes oníricos, los cuatro chicos, la mujer y un toro), la extrañada (y extraña) mujer del personaje, su hija angustiando casi sin hablar (un evento muy traumatizante por caso, se cuenta en dos planos, uno superficial, como si no impactara en los afectados, y un subtexto profundo que aparecerá continuamente desde la ocurrencia del suceso), una pareja de "mogolitos" desafiando a los supuestamente "normales" que los juzgan, en fin, señalar más podría conspirar contra una lectura sorprendente como la que experimenté. Y aunque toda la novela es rica en imágenes seguidas con claridad, el final descolla particularmente, coherente con la explosión del desenfreno que se cocina desde el inicio.
Y si bien digo "el final", debiera decir "los finales", al menos tres, éste que acabo de mencionar, el epílogo que leí lagrimeando, y el cierre (al menos en la vivencia) del rol de los "Inseparables" en la historia.
Dije al principio que solamente leí “El pintadedos” de Carlos Catania. No obstante Catania merece que mencione “Las Varonesas”, una asignatura pendiente, ojalá pueda reunirme pronto con esta novela. En su momento fue censurada por la dictadura militar, publicada en España en 1978 y muchos años después, 2015, reeditada en Argentina. Está considerada su obra maestra y llama la atención que fuera elogiada por escritores de un amplio espectro, desde los que son “santos de mi devoción” como Roberto Bolaño, Antonio DiBenedetto, Juan José Saer, Eduardo Galeano y Manuel Puig, hasta otros que no, por lo cual me abstengo de nombrarlos. Cita textual de Bolaño (en la que confunde el apellido de Catania): “El narrador argentino Cataño, creo que ése es su nombre aunque no estoy seguro, es autor de una novela notable y olvidada: Las Varonesas, editada…a finales de los 70. Se marchó a Costa Rica, en donde estuvo viviendo hasta el triunfo de la revolución sandinista, tras lo cual se fue a Managua. ¿Dónde está Cataño ahora? No tengo ni idea. Sólo leí de él una novela. Espero que siga escribiendo”.
Según una sinopsis de Carlos Roberto Morán (Diario El Litoral de Santa Fe, 15-11-25), “Alfredo es el personaje central, diría capital de la novela. Un hombre joven y talentoso, atormentado, nihilista en extremo de que duda de todo y en realidad no termina creyendo en nada.
Es un escritor sin obra, pero que vive obsesionado por la literatura. Escribe en cuadernos su ´teoría del error´ y a la vez su mente parece un libro en constante elaboración…en el que resuenan las recurrentes palabras shakesperianas. aquellas de ´la vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no tiene ningún sentido´.
La novela se abre espléndidamente en un famoso y viejo café aún hoy existente en Santa Fe, el ´Tokio´, ubicado frente a la plaza España, en el que Alfredo juega al billar.
También allí zigzaguea una rata, animal que se volverá fáctico, mensajero de lo terrible, casi al final de la novela, muy lejos del lugar donde transcurren las primeras acciones, que en un momento dado se trasladarán, en una jornada de intensa lluvia y de verdadera locura, al cementerio santafesino”.
Entristecido por la censura a “Las Varonesas”, Catania se fue a Costa Rica adonde incursionó en televisión, dramaturgia y cine. Algunas fuentes lo mencionan como impulsor de estos géneros en el país centroamericano, y de hecho son de ese entonces sus obras de teatro “Pobre Mariposa”, “Tres en el Centro de la Tierra”, “El terremoto”, “Revolución a Rolando”, “El Vagabundo y La Rosa”, y “La Nube en la alcantarilla”.
Además de “Las Varonesas” y “El pintadedos”, escribió los libros de cuentos “La mutiladora” (solo se lo encuentra en la Biblioteca Nacional y en selectas bibliotecas santafesinas) y “Como duermen las palomas”, y la novela “Diario de Bonka”, lamentablemente imposible de conseguir según estuve averiguando, que está inspirada en una historia que le contó Julio Cortázar y “me quedó dando vueltas”, Catania dixit, sobre una chica argentina torturada durante la dictadura militar.
De lo que investigué para completar estos antecedentes, mucho antes, en 1964, ganó un concurso organizado por Sociedad Santafesina de Escritores merced a los cuentos de “La ciudad desaparece”. Colmegna, una editorial ya desaparecida que recuerdo de mi niñez y adolescencia como gigantesca para la escala de Santa Fe, publicó el libro, también imposible de hallar hoy en día. Pero sé que en aquel entonces lo leyó Sábato, lo llamó para felicitarlo, se hicieron muy amigos e incluso realizaron varias publicaciones conjuntas.
Carlos Catania hizo de todo, hasta acróbata de circo fue. Completando su abanico artístico, incursionó como actor de cine en “La insurrección” (Peter Lilienthal, 1980, co guionada con el director por Antonio Skármeta, realización de Alemania del Oeste en la que Catania es el protagonista), “Bartolome oder Die Rückkehr der weißen Götter” (Eberhard Itzenplitz, 1985, Alemania del Oeste-México), “La segua (Antonio Yglesias, 1985, México), “Música de Laura” (Juan Carlos Arch, 1999, Argentina), “Cicatrices” (Patricio Coll, 2000, Argentina, basada en obra de Juan José Saer y a la que mencioné en la colaboración referida a este autor), “Ciudad sin luz” (Juan Carlos Arch, 2001, Argentina), “Gerente en dos ciudades” (Diego Soffici, 2003, Argentina) y “El compromiso” (Óscar Castillo, 2011, Costa Rica-Argentina). De estas películas Carlos Catania fue coguionista de “Música de Laura” y “Ciudad sin luz”.
Y finalmente queda por agregar que Carlos Catania montó más de 50 obras de dramaturgia (¡50!) en distintas ciudades del mundo, así como también actuó en varias obras de teatro.
En fin, no se ha privado de nada.

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.
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