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lunes, 29 de marzo de 2021

Editorial online de Atrapados por la Imagen, presenta: "TODO NORMAL" - un cuento de Oscar Zaitch




 

"Editorial Online de Atrapados por la Imagen, se complace en presentar una nueva entrega del escritor Oscar Zaitch."  





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"TODO NORMAL"


La chicharra del reloj lo despierta: son las seis menos cuarto y tiene una reserva de quince minutos para revisar en el cielorraso el programa del día con las manos cruzadas tras la nuca.  No empieza, porque los pies helados asoman bajo una frazada desordenada, salida de sus pliegues habituales bajo el colchón. Giménez está molesto y baja de la cama para acomodar la manta como debe ser. Vuelve a acostarse y antes de las seis menos cinco ya ha ordenado en la mente todas las tareas del día. No le cuesta trabajo repetir la lista del día anterior y de casi todos los demás de los últimos diez y ocho años.

 En la ducha, Giménez imagina la única variable de su agenda:   cuántos expedientes le tocarán hoy. Con unos  treinta, lo normal, tendrá para toda la jornada; con cuarenta, como el jueves pasado, se tendrá que quedar una hora más en la oficina y no va a llegar a tiempo para la novela de la tele. El agua no está muy caliente pero Giménez no es de tocar el calefón: al fin y al cabo los días muy fríos son escasos en la ciudad. Perderse la novela es algo molesto porque al día siguiente necesitará averiguar lo que pasó, y la flaca de Altas y Bajas no sólo cuenta el episodio sino que hace unas interpretaciones que aburren a Giménez. 

Mientras se seca decide que de todos modos prefiere el exceso de trabajo a esos días por suerte escasos en que no llegan los expedientes. Esa vez que hubo una huelga o qué –Giménez nunca lo supo- las horas no pasaban nunca. El jefe le dijo que podía leer el diario o cualquier cosa, pero él no lee, en especial los diarios que lo angustian mucho. Ese día fatídico hizo orden dos veces seguidas y limpió a fondo toda la oficina ante el asombro de sus compañeros.

Se hace la raya tres veces, como siempre. Aunque va quedando poco pelo, recién al tercer intento le sale derechita como le gusta y pasa a vestirse. Sin duda, es preferible tener mucho  trabajo, aunque no lo paguen. Muchos expedientes significan más tiempo en el archivo, en el sótano de pasillos calmos, sin movimiento, sin gente, sin ruido. Y con lo que extasía a Giménez, el orden total y absoluto que él mantiene y vigila. Si  hay algo que lo transporta al placer es esa recorrida dos veces al día, con su mano deslizándose con suavidad por los lomos parejos e iguales de los expedientes en las estanterías.

El mate cocido humea detrás del pan con margarina y miel. Antes de atacarlos, repasa al tacto el nudo delgado pero perfecto de la corbata gris, su preferida por encima de las críticas de sus compañeros. Es sobria y delicada; a él le gusta y basta.

Lo que no le gusta es que le pidan expedientes. Ni siquiera para consulta en el momento. Le enferma dejar sitios vacíos en la estantería del sótano y tiene un sistema que para los demás es “de seguridad” que hace casi imposible retirar papeles. Tantas formalidades exigen que la gente prefiere consultar en el mostrador y dejarlos para que Giménez los guarde de inmediato.

Limpiar los restos del desayuno, una barridita innecesaria y breve por la cocina y todo listo para partir. Ya con el sobretodo puesto, decide una hoja de lechuga para la tortuga y la saca de una cajita en la heladera. La deja en el lugar habitual y se va.

Mientras espera el colectivo piensa en la tortuga. Hace tres semanas que el frio la tiene quietita, sin siquiera comer. Volverá a tirar la lechuga intacta sin drama, hasta con una cierta admiración por la frugalidad de su mascota.

Sube al colectivo y se sienta por la mitad. El coche tiene al frente y cerca del techo, un letrero luminoso que pasa publicidad  y noticias para los pasajeros. A Giménez le encanta el artefacto porque juega a adivinar las palabras que van apareciendo letra por letra. En los cuarenta minutos de su viaje, la tanda de mensajes se repetirá varias veces y entonces jugará a recordar los mensajes conocidos.

Al cabo de un rato, el colectivo se ha llenado y Giménez debió ceder su asiento a una joven con un bebé. Desde el pasillo lleno tiene dificultades para seguir los textos luminosos. Mientras reniega y estira su cuello por todos los ángulos posibles, suena un timbre del tipo de “su atención, por favor” de las estaciones y aeropuertos. Una voz melosa y profunda de mujer empieza a repetir las palabras que se van formando en el cartel. El pasaje completo pone su atención en la cosa, porque las palabras avanzan al ritmo lento de las letras que se suceden.

El mensaje asombra a Giménez, porque está diciendo que en el fondo del coche se ha abierto una compuerta hacia la octava dimensión, cosa que ocurre sólo cada millón de años. Que mientras está abierta, los que así lo deseen podrán ingresar en una constelación de mundos felices. 

Giménez mira hacia el fondo, donde se distingue por sobre las cabezas del pasaje una especie de niebla que no es tal, sino un cierto temblor de las formas visibles, que las desdibujan.

El mensaje está anunciando que los ancianos y enfermos deberán seguir la dirección uno. Que los que tienen problemas económicos, tendrán que optar por la senda dos.

Varios viajeros se movilizan hacia el fondo y Giménez alcanza a ver cómo se disuelven y desaparecen. Cuando llaman al pasillo tres a los que sufren de cuestiones sentimentales, ya todos los pasajeros parados se han ido y los sentados se están moviendo. Los últimos tres se esfuman cuando la puerta cuatro es propuesta para combatir la soledad.

Giménez está inmóvil, de nuevo sentado, único pasajero del coche que sigue su ruta. La compuerta se ha cerrado hace algunas cuadras, y sube más gente al colectivo. Pensativo, baja en la parada de su oficina. La calle está gris y ventosa, y a Giménez le palpitan las venas como todas las mañanas. Trata de adivinar cuántos expedientes habrá en su escritorio.


Autor: Oscar Zaitch





6 comentarios:

  1. Oscar, creo que con una sola palabra puedo describir lo que siento después de leerlo!! simplemente, "Devastador" Felicitaciones querido amigo!!!!

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  2. Oscar un relato original, muy bien narrado, la historia da la impresión de ser real, pero no lo es. Gracias por confiar en Atrapados y éxitos.

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  3. Con qué precisión Oscar nos describe esos personajes programados para el automatismo! Nada fuera del Programa los conmueve... ni una compuerta hacia la octava dimensión con varias opciones, en un colectivo urbano de línea. Nada! Y cualquier falla en el Programa Automático los desestabiliza. Nos habla de miedo a la Sociedad y, por ende, de soledad. Bravo, Oscar!

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  4. Muchas gracias por los comentarios. EL de Pablo coincide con mi preocupación de larga data, de que lo irreal, maravilloso y fantástico es válido en literatura en tanto sirve para subrayar lo real “normal” y, en especial, sus oscuridades.

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  5. Excelente trabajo Oscar, me encantó!! Sin dudas hay un hilo muy delgado que separa lo real, de lo irreal, y siempre nos lleva a preguntarnos qué es real y qué no. Felicitaciones y éxitos con esta nueva entrega!!

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  6. Oscar Zaitch, describe, con asombrosa precisión un personaje alienado, impedido e incapaz de animarse a la vida.

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