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lunes, 6 de mayo de 2024

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN PRESENTA: "JACINTA Y LA NIEBLA"



Cuentos y Relatos presenta a..


Marta Puey


"Artista de Atrapados por la Imagen"

en...


"Jacinta y la Niebla"


Cuento perteneciente a su libro: 


"Casiveinte" 

Reedición de:

Editorial Atrapados por la Imagen


RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

REGISTRO DE:

EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN



Editorial Atrapados por la Imagen, es un espacio gratuito dedicado a difundir...
 
¡El arte de todos!



PH: Marta Puey



"JACINTA Y LA NIEBLA"


Mi padre, mi hermano y yo, habíamos viajado en un desvencijado colectivo hasta llegar a un pueblo de casas bajas. Caminamos unas cuadras y nos detuvimos frente a una puerta de madera de dos hojas; a la derecha tenía un llamador con forma de mano; con él mi padre dio tres golpes. Así nos anunciamos en la casa de unos tíos que solo conocía por comentarios de mi madre. Se entreabrió una de las hojas, asomó una mujer y mi padre preguntó: 

-¿Se encuentran los patrones? 

La mujer nos recorrió con la mirada y contestó con otra pregunta: 

-¿De parte de quien?

-Dígale a la señora que soy el padre de la Jacinta. 

La mujer cerró la puerta. Pasó poco tiempo cuando volvió a abrirse; apareció otra mujer, robusta, que nos miró a los tres y deteniéndose en mi padre preguntó: 

-¿Qué te trae por aquí?

-Te traigo a la Jacinta, ya tiene trece años, y… vos sabés,  una mujer siempre es complicada; con el chico me quedo yo, ya es grande y me puede ayudar.

-Está bien, dejala. 

Mi padre, le entregó un pequeño bolso, apoyó su mano en mi espalda y me impulsó; entré por el zaguán que daba a un patio cerrado. Cuando me di vuelta ya no estaban, escuché como la puerta se cerraba con el ruido de su peso. No los volví a ver nunca más.

Así empezó mi vida en esa casa que resultó ser de una hermana de mi madre. Ella, el marido y sus hijos, esa noche se sentaron a la mesa que me dejaron compartir. Mis primos eran: un varón y una mujer. Mi tía, las pocas veces que se refería a mi madre, lo hacía culpándola de una muerte que se la había llevado temprano, abandonándome a la suerte de ser aceptada en su casa. El marido de mi tía una noche entró a mi pieza, me apretó, me tapó la boca, me empujó. Cuando mi cuerpo quedó flojo y marchito sobre la cama escuché como salió del cuarto arrimando la puerta silenciosamente; no fue la única vez. Otro día se murió.

Al poco tiempo la economía de la familia se fue reduciendo. Un casamiento de conveniencia hizo que mi prima se fuera a vivir a otra provincia; mi primo emigró a la Capital y yo ocupé el lugar de la mujer que nos abrió la puerta el día que mi padre dio tres golpes con el llamador. 

En la casa quedamos mi tía y yo, consumiendo los días, los meses y los años; ella gozando de la comida que engrosó su figura hasta impedirle caminar, yo, con la rutina de los quehaceres domésticos y al cuidado de ella postrada en la cama. 

Una bisagra desprendida de la madera del postigo dibuja la hendija por la que se cuela un rayo de luz; hace foco en medio de mi cara y me despierta sobre el colchón flaco. Duermo en el cuarto de al lado de la cocina; en invierno frío y húmedo, en verano caluroso y mal ventilado. Me siento en el borde del camastro, me froto la cara con las manos, busco las alpargatas, las sacudo, vaya que algún bicho haya hecho nido en ellas por la noche, las calzo. Me miro en el pedazo de espejo colgado en la pared; está sostenido por un alambre que lo enrosca y lo sujeta; como los brazos de mi primo cuando me abrazó para despedirse. Me corro para acá y para allá y alcanzo a verme toda la cara y hasta el pelo desde la frente hasta los hombros. 

Recuerdo el sueño que se repite por las noches, cada vez más seguido…  el bote avanza lentamente en medio de la niebla que, pegajosa, lo envuelve. El chasquido de los remos es el único sonido. Un último chasquido, los remos caen, la niebla comienza a borrarse alrededor del bote, dejando ver como flotan en el agua dos manos atrapadas a ellos, huesudas, lastimadas, que ya no tienen cuerpo. El celaje se va corriendo hasta descubrir por completo la gruesa figura sentada en medio de la barca. No hay lugar para nadie más. La figura va creciendo, se escucha el crujido de las maderas que se abren hasta saltar en pedazos astillados, quedan flotando; envuelta en la niebla se alza sobre el agua y sigue avanzando. Río abajo la corriente arrastra los remos con las manos aún prendidas a ellos… 

Tomo la ropa del respaldo de la silla que hace las veces de mesa de luz, me visto, salgo, me lavo la cara en la pileta del patio; el agua fresca me despabila y vuelvo a entrar, me peino y veo algunas hebras blancas que asoman; peino tirante, bien tirante el pelo y hago un rodete en la nuca. Voy a la cocina, abro las ventanas de par en par, de la jarra de leche vuelco en un jarro la cantidad necesaria para calentar junto al café. 

El silencio se rompe con el llamado de todas las mañanas: 

-¡Jacinta! 

-Ya va -, respondo; en la bandeja acomodo el pocillo, la azucarera, las rodajas de pan negro y el vaso de agua. Las pastillas las tiene ella en el cajón de su mesita de luz. Mitad café, mitad leche, tomo la bandeja con las dos manos, voy al dormitorio, golpeo la puerta entreabierta, empujo con la rodilla y entro. El vaho es espeso, acre; los hedores se acumulan noche a noche esperando a que se abra la puerta para huir. Corro las pesadas cortinas y sé que los postigos apenas deben ser entreabiertos. Acostada en la cama con baldaquín, ordena: 

-Alcanzame los almohadones, ayudame -le ofrezco el brazo, se toma de él, hago fuerza, se incorpora y se los coloco detrás de la espalda; la cama cruje, despliego las patas de la bandeja y la apoyo en un regazo ganado por el vientre. El cuerpo fofo queda hundido en almohadones y dos colchones que desbordan la pesada cama: 

-Andate -, me ordena, salgo y cierro la puerta detrás mío. 

Hace años que cuatro veces por día ella come, solo come. Más de cuatro veces al día reclama, con voz ronca: 

-¡Jacinta!

Es medianoche, ya estoy acostada; por la hendija del postigo, ahora se cuela el resplandor de la luna que crece a punto de hacerse nueva; con su fuerza disipará la niebla. Un chasquido rompe el silencio de la casa; me levanto. Sin llamar entro al cuarto de ella; la cama ha cedido, las maderas resecas y astilladas rodean los colchones que la soportan. Tiene los ojos cerrados. 

©Marta Puey

Abril de 2017.



Fotografía : Marta Puey

Diseño de Tapa : Laura Jakulis      



 Agradecemos a todos nuestros amigos, lectores y seguidores, por sus visitas y valoraciones.



Afectuosamente...


Administración de Atrapados por la Imagen.

Isa santoro - Liliana Gauna - Laura Jakulis


Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

lunes, 10 de mayo de 2021

El cuento del Mes Presenta a "CASIVEINTE" cuentos cortos - Marta Puey

 



Hoy con LA TERTULIA, hemos resuelto cerrar CASIVEINTE CUENTOS-CORTOS. 
¿Por qué me expreso en tercera persona?, la respuesta es simple.
Fue ATRAPADOS POR LA IMAGEN que, en marzo de 2020 hizo posible que CASIVEINTE, con cuentos de mi autoría fuera publicado; desde allí llegó a todos los que generosamente me regalaron su tiempo mes a mes poniendo un like, haciendo una devolución y en muchos casos aportando enriquecedoras opiniones que ampliaron mi comprensión; por eso siento que CASIVEINTE es de nosotros.
No es mi intención despedirme de ustedes, seguiré día a día las ediciones de ATRAPADOS… seguiré en contacto con Laura, Ly y Tesi, mujeres valiosas y creativas, poniéndome a su disposición para lo que ellas consideren merecedor de este espacio.
Gracias, por tanto.
Marta L. Puey 

"Queridos Amigos, todo comienzo guarda un final, a lo largo de todo el 2020 y 2021 hemos esperado con expectativas El cuento del mes, segmento inaugurado por Marta Puey, con su hermoso libro "CASIVEINTE",  hoy anunciamos el cierre del
mismo con... 

"LA TERTULIA"  cuento ganador en el concurso organizado por  la Universidad Nacional de Córdoba, a los que estamos muy agradecidos por permitirnos publicarlo en Atrapados y así dar a conocer  el último relato de esta serie, con el inconfundible estilo literario de nuestra querida amiga Marta!!"  

¡¡Solo nos queda agregar que gracias a Casiveinte, tuvimos la oportunidad de conocer a una persona maravillosa, con la cual logramos una amistad increíble!!




En tu llama mortal la luz te envuelve.

absorta, pálida doliente, así situada

contra las viejas hélices del crepúsculo

que en torno de ti da vueltas

(Fragmento de “Ën su llama mortal”,

 poema de Pablo Neruda)



La Tertulia


Cuca, Tita y Maruca, piel cetrina, pelo negro, cuencas profundas; juntas envejecieron en esa casa silenciosa, oscura, ya sin eco de los buenos tiempos.

También oscura y silenciosa está la cocina ante la ausencia de Pipo, vigoroso cocinero italiano que hacía delicias para esa familia que se detuvo en estas tres hermanas educadas para la tertulia a la hora del té.


Con galletitas y té sobreviven mientras sus huesos descalcificados se rompen en pedazos.

Cuca, desde la cama diferencia el día de la noche gracias a la ventana sin postigos.

Tita, en silla de ruedas, gira en penumbras en torno a la mesa de caoba del comedor dialogando con invitados imaginarios.


Maruca, empujada por el espanto de tanta ausencia y presencia, sale a la galería midiendo el tiempo con el toc, toc de sus muletas hasta la hora del té; momento en que entra a la cocina, calienta el agua, prepara la infusión, abre la lata y colma el plato de quebradizas y crujientes galletitas express; que junto a la tetera y tres tazas las deposita sobre la mesa rodante. Colgada de las muletas la empuja con sus rodillas hasta el costado de la cama de Cuca. Tita ha dejado de dar vueltas en su silla y acude al cuarto. Maruca detiene la mesa al lado de la cama, se sienta en el sillón y apoya las muletas en el posa brazos. Comienza la tertulia. 

-Anoche escuché cuando llegó… -dice Cuca, empujando con dificultad las almohadas que le harán de respaldo en la cama. 

-¿Qué es lo que escuchaste? -interrumpe Maruca alcanzándole la taza de té. 

-A él, llegó a la madrugada –Cuca toma la taza y revuelve con la cuchara de plata, símbolo de los viejos tiempos.

-¡Ja,ja,jaaa! –ríe por lo bajo Tita –, yo sabía, yo sabía -entona moviendo la silla de atrás para adelante.

-Callate, dejá la silla quieta, te estoy alcanzando la taza, ¿no la ves? -dice Maruca en voz baja.

Cuca con la mirada perdida en el pedazo de cielo que se recorta por la ventana ajena a lo que dice Tita, ahora mira a Maruca y continúa:

-Viene, abre y cierra la puerta sin hacer ruido, se acuesta a mi lado; tapa mi boca con su mano que huele a canela y manzana: “para que no te escuchen chiquita”, me dice y la desliza debajo de las sábanas… -, toma un sorbo de té y continúa – cuando se va yo me enrosco y él me tapa.

-Yo lo sabía, yo lo sabía –entona Tita. Con una mano sostiene la taza y con la otra aferrada a la rueda de la silla la impulsa hacia atrás y hacia adelante.

-Tomá -Maruca le acerca el plato con galletitas, Tita no lo registra, sigue moviendo la silla acunando el té dentro de la taza, de borde a borde, sin volcarlo.

-Él me dice que es nuestro secreto -dice Cuca esquivando la mirada.

Maruca la deja hablar, la deja que habite en sus recuerdos; mira hacia abajo y no responde ella quiere borrarlos y no sabe cómo; la memoria es ladina le juega malas pasadas. sabe que ella sabe. Se sirve más té y toma una galletita.

-Yo lo sabía, yo lo sabía, manzana y canela, manzana y canela, la torta del té –entona Tita ahora en voz baja.

-¡Callate por favor!, dame la taza -reprime enérgica Maruca.

-¡Noo! No te la doy, esta taza era de mamá y ahora es mía, ahora es mía –responde Tita retirando la taza del alcance de su hermana.

Maruca toma la taza vacía del regazo Cuca, la pone sobre la mesa rodante junto a la de ella, toma las muletas, se levanta y vuelve a empujar la mesa hasta a la cocina. Enciende la luz de la lamparita enganchada del cable que cae perpendicular al centro de la mesa proyectando la luz mezquina que se mezcla con la del anochecer, deja las tazas vacías en la pileta, abre la canilla, las enjuaga y las seca.

Tita en su silla de ruedas va por el pasillo en penumbras hacia la cocina entonando bajito: “Yo sabía, y mamá lo supo, yo sabía y mamá lo supo”; entra callada, deja su taza y regresa a su habitación. Arrima la silla a la cama con dificultad, se pasa, se acuesta y espera la noche frente a la ventana contemplando el afuera por las mirillas abiertas de la celosía. Más de mil noches le había llevado borrar la figura frágil de su madre colándose por las escamas de la celosía brotando incendiada desde la oscuridad; más de mil noches le había llevado obtener un cielo negro y plano como un pesado telón que nadie pudiera rasgar, y luego buscar alguna estrella que le revelara estar viva para poder conciliar el sueño. Repasando la tarea de obtener un cielo negro y plano, la figura de su madre volvió a colarse por las escamas de chapa, irrumpió multiplicada y ardiendo…y supo que la vida seguía siendo agonía. 

Maruca es la última en acostarse, antes de apagar la luz de la cocina enciende una vela y la coloca en la palmatoria, con los años el descalabro se había apoderado de la casa hasta dejar parte de ella sin luz eléctrica, ensarta la palmatoria en su pulgar, toma las muletas con dificultad ya ensayada y se dirige al cuarto que fue de su madre. La
escasa luz del pasillo hace que las sombras bailen al compás de su torpe andar; entra al dormitorio, apoya el candelero sobre viejas revistas apiladas al costado de la cama, la lumbre se aquieta, las sombras dibujan las paredes, se sienta en la cama, deja las muletas en paralelo al costado, se saca los pantalones sin mirarse las piernas; no resiste ver las cicatrices, toma el vaso con agua e ingiere una doble dosis; necesita dormir. Se acuesta, los párpados le pesan y cierra los ojos… La hoguera comienza a cercarlas, la madre abrazada a las tres no las suelta, la puerta de la leñera se abre, entra Pipo, el fuego se aviva, se acerca a Cuca la levanta en brazos, Tita se sujeta de su cintura y sale arrastrada; ella empuja a la madre para obligarla a soltarse de la columna sin lograrlo, grita desesperada, el fuego avanza, su madre aferrada se niega a soltarse, tironea de sus ropas para desprenderla, no lo logra, el humo la sofoca.

La palmatoria se resbala, las revistas se encienden, las muletas arden, crujen las resecas maderas del piso, el fuego se expande, recorre los pasillos, invade la casa.

 Cuca en su cuarto espera…  se le mezclan figuras, tiempos, cometidos. Pipo en la cocina, Pipo y la hora del té con torta de manzana y canela, Pipo de noche cuando la casa duerme. Abrazo. Pipo deseo, miedo, placer, vergüenza y culpa. Ahora el pedazo de cielo que se recorta por la ventana comienza a velarse por el humo. Calor que abrasa, envuelve, calcina y devora. Grita, no hay mano que tape su boca, grita…

 

Han pasado años y algunos dicen haber visto por las noches tres sombras deslizarse entre escombros teñidos de hollín. 


Marta Puey

Noviembre de 2017



"La decisión de que “Tiempo de contar” sea un libro de descarga gratuita es también una acabada muestra de una editorial que quiere ponerse al servicio de la cultura, y no servirse de ella."

Título: Tiempo de contar. Concurso de narrativas #QuedateEnCasaEscribiendo

Edición: 1° Editorial de la UNC

Año: 2020

Autores: María Julia Mazzarino – María Fernanda Trebol – Adrián Benelli – María Aranguren – Leandro Ariel Braier – Miguel Angel Rubio – Nicolás Santiago Jozami – Lucía Caisso – Alejandro Benjamín Laurentti – Adrián Hipólito Calvo – Alicia Rubio – Carlos Oscar Guirado – Antonia Quattordio Galmarini – Oscar Alberto Samoilovich – Juan José Lizama Ovalle – Ana María Paulinelli – Hamilton Torres Aponte – Natalia Camaño – María Dorrego – Guillermo Valera Salazar – Cinta María Pérez Urrea – Alejandro Kapeniak – Ana Laura Alonso – Mónica Beatriz Ferrero – Mirta Noemí López – Pablo Nicolás Angulo – Santiago Luengo – Santiago Alberto Armando – Marta Leonor Puey – Gastón Gustavo González – Julián Penagos-Carreño – Pilar Martínez – Oscar Antonio Salcito – Deivis Duván Bolívar Rangel – Daniel Marcelo Cacciamani – Fabiana Frini – Santiago Oliva – Hugo Pisa – Milena Ezenga – Facundo Juárez – Karen Fogelström – Andrea Fischer.





lunes, 12 de abril de 2021

Atrapados por la Imagen y "El cuento del Mes" Presentan a Marta Leonor Puey.

 




 

"CASIVEINTE

La obra inédita de la escritora Marta Puey se encuentra en Atrapados, este mes presentamos "La camisa Rayada" 




Agradecemos a cada uno de ustedes por sus visitas y valoraciones

Afectuosamente

Administración de Atrapados por la Imagen

"LA CAMISA RAYADA"




 Ángel dobla la esquina, se dirige a la casa de su hermana en busca de la camisa rayada, es la cábala. Cinco son los que vienen esta noche, se jugará fuerte, todo está arreglado para que no pase nada. Estaciona el auto, abre la puerta con la mano derecha, entra con el pie derecho; a él lo ve sentado a la mesa tomando un café a su hermana recostada en la mesada de la cocina, trata de ocultar la sorpresa y exclama con falsa alegría:  

-¡Llegó el hermano mayor! ¿Cuánto hace que no venías? 

-Sí hace tiempo que no estamos los tres juntos –le contesta sin entusiasmo.

-¿Qué te trajo?

Haciendo un gesto con la cabeza hacia la hermana dice.

-Ella me comunicó que la casa de mamá está vendida, y que hoy se concretara la operación.

-Se dice buen día –enfatiza ella - ¿trajiste las llaves de la casa de mamá? 

- ¿Acaso me las diste? - responde sin mirarla. 

-El interesado nos espera en la escribanía para cerrar la operación y hay que entregárselas -agrega ella.

 Ángel sigue ignorándola y dirigiéndose a su hermano le dice:

 -Recién me entero que se vende.

-¡Por favor no enredes, sabías que él venía! – le reprocha la hermana –te las di ayer cuando me trajiste la camisa rayada y te comprometiste a ir a la casa para dejar todo en orden.

-A ver si se ponen de acuerdo, pedí un día en mi trabajo, viajé toda la noche y debo regresar hoy – responde molesto el hermano mayor.

-Siempre prolijo vos, ¿seguís en la tornería? 

-Sí, es mi trabajo de toda la vida.

-No cambies de tema sabías de la reunión -insiste ella.

Ángel interiormente suplica: ¡mamá ayúdame por favor! siempre lo hiciste ya no necesitas la casa.

-Yo pasaba a buscar la camisa rayada -dice sin mirarla.

-La camisa está lista sobre la mesa, pero las llaves las necesitamos ahora - contesta la hermana irguiéndose. 

-Están haciendo una escena por un juego de llaves.

-Sabés como es ella – responde urdiendo una solución.

-Tengan en cuenta que yo tengo el pasaje de vuelta sacado para hoy – responde impaciente y mirando la hora.

-Hagamos las cosas más simples, busco un cerrajero y todo se soluciona -. Sin darles tiempo toma la camisa rayada y sale escapando de la presión de su hermana y de la responsabilidad abrumadora de su hermano. Abre la puerta con la mano derecha y avanza con el pie derecho.

Son las cinco de la tarde, ya sin temas para conversar ambos esperan en silencio. 

¿Vos creés que vendrá? -pregunta él mirando la hora -¿en qué anda, trabaja, hace algo?

-Nunca se sabe, por aquí pasa solo a recoger la ropa, dice que vende autos usados, creo que sigue jugando -responde ella.

-Siempre fue el protegido de mamá, su ángel –le responde 

-Es cierto, le faltó la presencia de papá y le sobró la protección de mamá.

-Sí, la que yo no tuve, mejor no recordar -dice mirando hacia abajo.  

-Te hago otro café –ofrece ella. 

-No, yo me voy, cuando tengas todo resuelto, cuando recuperes las llaves, cuando él deje de mentir, cuando el interesado determine día y hora para escriturar me llamás por teléfono, vengo en mi auto, voy directamente a la escribanía, firmo y se terminó, no me ven más por aquí –responde molesto, se levanta toma el abrigo, le da un beso en la mejilla a su hermana y se va.


Amanece. Solo, sentado con la espalda encorvada, la camisa rayada pegada al cuerpo traspirado, las manos en la frente, los codos apoyados en la mesa cubierta por un paño verde; fichas y naipes esparcidos, ceniceros con colillas, vasos con restos de wiski; Ángel se reprocha:

 -Esto no va a quedar así, fulleros, delincuentes… a punta de pistola me hicieron firmar el compromiso de la deuda, ahora vendrán por la casa - sollozando agrega -no importa mamá vos me vas a iluminar, en la próxima voy por la revancha y te juro, el terreno en el cementerio ahora mismo lo voy a elegir, no vas a estar más de prestado, vas a tener tu propia bóveda, te la voy hacer toda de mármol y arriba de la puerta le voy a poner un angelito de bronce, te lo aseguro mamá, y a esta camisa la quemo.


Marta Puey

Noviembre 2011

Buenos Aires.

 





Obra inédita - No musical


Número RE: 2020 - 02914244 - APN - DNDA#MJ


Referencia RL: 2020 - 02914217 - APN - DNDA#MJ


Fotografía Marta Puey

Diseño Gráfico y Tapa

Laura Jakulis 

ATRAPADOS POR LA IMAGEN

lunes, 15 de marzo de 2021

Editorial Online de Atrapados por la Imagen presenta: "1983 - Recorte" un cuento de Marta Puey.



Queridos amigos, este mes los invitamos a disfrutar una nueva entrega de "CASIVEINTE"



Atrapados por la Imagen se complace en presentar: 


 1983 

RECORTE


Adaptación de un fragmento de CARDO RUSO

Novela de Marta Puey



Llegué anoche y elegí el mismo hotel. Es mediodía y camino en busca de la fonda de Hercilia. Doblo por el boulevard y desde la vereda de enfrente puedo ver el cartel; alguien con pretensiones de fileteador pintó flores y rulos entrelazados con las letras, para que se lea “Restaurante Hercilia”. Cruzo, entro al salón, lo veo renovado y atendido por mozas; Ethel, parada, atenta detrás del mostrador me ve y viene a mi encuentro, me ofrece la mesa que está al lado de la ventana como en los viejos tiempos, siento que me ha reconocido, pero lo disimula. Era poco más que una adolescente cuando dejé este pueblo hace más de veinte años. 

Pasado un tiempo empezamos a compartir el café y el licor de la sobremesa. Me hace saber que su madre falleció, que vive con su padre y que decidió reformar la antigua fonda porque entendía que en el pueblo un restaurante podía ser buen negocio. Siguiendo el juego de que nos estamos conociendo sin reconocernos, un día la escucho decir: 

 -Se vende la librería que está enfrente de la plaza. -Hizo un silencio y agregó: -Puede ser un buen negocio. Yo estaría en condiciones de comprarla, pero no encuentro la persona indicada para que la atienda.




Entendí la propuesta, entendí que el camino se iba trazando solo. Ethel sabe avanzar y yo no ofrecí resistencia. El capital, que ha sido motivo de conflicto a lo largo de mi existencia, ahora lo pondría ella y yo la fuerza de trabajo. 


Ethel cerró rápidamente la compra. Ya estamos renovando el lugar. Cuando estoy bajando el cartel que reza: “Librería Mitre” llega ella.

-¡No le podemos cambiar el nombre, es una tradición aquí!  -brama. 

-Mitre, no -respondo lacónico. Es pedirme demasiado. 

-Entonces en las estanterías de atrás se va a poner todo lo relacionado con el material escolar y en las de la entrada juguetes -acota en tono imperativo, buscando recuperar el espacio de poder.

-¿Juguetes?

-Sí, hay que pasar el verano -responde ella dándome la espalda. 

Entendí que sabía de estrategia comercial más que yo, pero con determinación agrego:

-Entonces la estantería del costado será para novelas, ensayos y poesía –  veo que ella asiente con un gesto; lo entiende, sabe negociar y yo aprendo que los acuerdos disminuyen la plusvalía. 


La trastienda fue acondicionada como mi vivienda personal; allí está mi cama, un ropero en desuso que estaba en la casa de Ethel, dos sillas, una mesa pequeña donde apoyo el calentador, pava, yerba y lo que tenga que ver con mi desayuno y los mates de la tarde; espacio al que ella sin esfuerzo le pone orden a diario; es su deporte favorito y la veo estirar las sábanas con el mismo placer que las arrugamos juntos.


Los clientes se van sumando día a día, la directora de la Biblioteca Popular Julio Argentino Roca, con quien comparto lecturas, análisis y críticas; insiste en hacerme partícipe de la institución como consejero. Ethel soslaya esta relación fingiendo ignorarla, no es su campo y donde no puede competir, sabe neutralizar todo vínculo que pueda molestarle.



Estoy apoyado en el mostrador de la librería leyendo el diario. El chirrido de las bisagras de la puerta de entrada me hace levantar la vista, es Rufino. Fue intendente de este pueblo hasta el 55, hombre respetado, político con vocación democrática, visitante habitual de la librería. 

-Buen día, ¿interrumpo la lectura? 

-Para nada, ya estaba por cerrar, busco mi abrigo y salimos.

Es su costumbre llegar cerca del mediodía para compartir el vermouth antes del almuerzo. Regreso con el saco puesto, él dobla el diario y lo deja sobre el mostrador, doy vuelta el cartelito que cuelga del vidrio de la puerta, le cedo el paso, salimos y cierro con llave: 

-Se vienen tiempos de cambio no más –comenta caminando lento.  

-¿Usted cree?

-Estoy convencido de que la apertura a la democracia traerá nuevos aires. 

-La democracia que nos quieren vender será un dibujo -interrumpo. 

-¿Vender?, convénzase de que es la única forma de salir adelante. 

-No va a ser fácil arrancar con tanta cuenta pendiente. 

Rufino no dejó escapar la oportunidad de contestarme:

A la clase trabajadora, este país le dio dos oportunidades ¿Por qué no pensar en una tercera? – contestó de inmediato.

-Sí, puede ser, pero la revolución no se logró. Ahora hablan de estado de bienestar, receta que enseña a producir para consumir, no para pensar. 



El sol quiere asomar, caminamos en silencio. Pasamos frente a la casa de los Arregui, Rufino la observa y dice:

-Es raro que las celosías estén abiertas; hace años que esa casa permanece cerrada - camina unos pasos más en silencio y agrega -. Vea, una familia con tanto rango, quién hubiera dicho… El último ruido en esa casa lo hizo el velatorio de su dueño, que tuvo más convocatoria que si hubiera presentado su candidatura. Aunque no era de esos, él cuando se hizo cargo de la municipalidad no fue por la voluntad popular. Lo pusieron desde arriba -. Hace una pausa: -Como le iba diciendo, ejerció el mandato hasta que llamaron a elecciones. Pasados unos años se enfermó, nunca se supo muy bien de qué, y murió. Llegamos a la plaza, tiro la colilla del cigarrillo en uno de los charcos de la vereda y lo interrumpo:

-Eso es lo bueno de tener raíces en un lugar. Usted se ha convertido en un registro de los sucesos. 

-Vea mi amigo, las pequeñas historias son las que escriben la historia de los pueblos; allí está el germen de lo que vendrá – agrega Rufino. 

Llegamos a la esquina del bar. Nos sentamos en la mesa de costumbre, traen los ingredientes junto al vermouth, fernet, soda. Rompo un silencio largo: 

-Hace muchos años, yo estuve en este pueblo.

Rufino escucha, trata de ensartar una aceituna y pregunta: 

-¿Acaso andaba de pasada?

Tomé el vaso, bebí un trago antes de contestar. 

-No, un año y medio estuve por aquí.

-Y volvió.

-Sí, volví.

Terminamos el aperitivo callados, nos levantamos, salimos a la vereda.

-Pasado mañana, a la tarde, ¿hacemos la partida de ajedrez? -pregunté.

-Como guste. Yo siempre estoy dispuesto.

Rufino se despide. Lo veo alejarse por la vereda, la espalda encorvada, la esperanza puesta…

 

 

Obra inédita - No musical


Número RE: 2020 - 02914244 - APN - DNDA#MJ


Referencia RL: 2020 - 02914217 - APN - DNDA#MJ



Fotografía: Marta Puey


Diseño y Edición de Tapa: Laura Jakulis


lunes, 15 de febrero de 2021

Atrapados por la Imagen y "El cuento del Mes" Presentan: "FEBRERO" Un cuento de Marta Puey.

 


"CASIVEINTE" La obra inédita de la escritora Marta Puey se encuentra en Atrapados, este mes presentamos "Febrero" 



"FEBRERO"





Buenos Aires, la tarde de febrero es calurosa. Mi celular murmura, lo tomo, abro el mensaje y observo la foto. Me detengo unos segundos en ella, es el frente de un café madrileño. Busco el clima de Madrid; cuatro de máxima, uno bajo cero de mínima, nublado. 

Vuelvo a la foto, dos veces dice CAFELITO; con letras grandes en el frente y con otras más pequeñas grabadas en la puerta… la abro, entro abrigada con un grueso sacón gris, bufanda dos veces envuelta al cuello, cartera en bandolera y guantes de lana rojos, siento tibieza en el rostro, busco una mesa al lado de la vidriera, tiro con los dientes de uno de los dedos enguantados hasta desnudar la mano, luego la otra, desenrollo la bufanda despacio, descuelgo la cartera del cuerpo, desabrocho y deslizo el sacón, lo dejo en la silla sin dejar de mirar la calle a través del vidrio, me siento, ahora sin apartar la mirada de la puerta de entrada espero, sé que vendrá; nada dije de este viaje pero él lo sabe y ya está viniendo al cafelito, al mismo donde estoy; nos reconocemos, comenzamos a hablar; pasan las horas, nos escuchamos sin interrumpirnos y después  de haber bebido todos los cafés, vaya a saber cuántos, salimos a la calle; a la madrileña noche gris de edificios germánicos caminando a la par;  mi bufanda enroscada en el cuello, la cartera en bandolera; él, gabán negro, bufanda escocesa; en silencio, con el paso ensamblado, unidos los alientos condensados por el frío de la noche serena y silenciosa, sin reloj caminamos hacia un espacio sin mesura. 


Todo ocurrió en el escaso tiempo que me llevó abrir el celular, saber que la máxima es de cuatro, la mínima de uno bajo cero. 

Buenos Aires, treinta y cuatro grados. Apago el celular, lo dejo sobre la mesa.


Marta L. Puey

Febrero de 2019

Buenos Aires



Obra inédita - No musical

Número RE: 2020 - 02914244 - APN - DNDA#MJ

Referencia RL: 2020 - 02914217 - APN - DNDA#MJ


Fotografía: Marta Puey

Diseño y Edición de Tapa: Laura Jakulis


lunes, 11 de enero de 2021

Atrapados por la Imagen y "El cuento del Mes" Presentan a Marta Leonor Puey.


Queridos amigos, este mes los invitamos a disfrutar una nueva entrega de "CASIVEINTE", obra inédita de la escritora Marta Puey.




 

"Juana, una buena mujer"




Escuché que me llevan a las cinco. Son las tres de la tarde, hace mucho calor y ahora me van a tapar, yo estoy tieso y frío. Dos moscas revolotean alrededor de la boca entreabierta queriendo alterar mi calma. Juana está sentada al lado y las ahuyenta con la mano, ella siempre me tranquiliza. Veinte años juntos. Silvita se acerca y la abraza. Al que no veo es a Huguito. Siempre supo que si por mí hubiera sido no habría venido al mundo. Juana se había puesto esquiva se desvestía con la pieza a oscuras y lo pudo ocultar hasta el quinto mes; cuando me di cuenta me puse furioso, ciego, hasta me propasé; Juana nunca se quejó, con mangas largas lo disimuló como si no hubiera pasado nada, las llevó hasta que los moretones se le borraron. 



Nació y le puso mi nombre, debió ser para convencerme de que lo quisiera. Ni lo quise ni lo dejé de querer. Cuando lloraba de noche, Juana se levantaba lo llevaba a la cocina hasta que se volvía a dormir, sería para que no le tomara más idea. Hoy a la mañana Erica con el marido fueron los primeros, Juana recibió su saludo indiferente. Erica es polaca, viven enfrente. Él madrugaba para tomar el tren de las seis. Los encuentros furtivos eran temprano antes de abrir el almacén. Abrazada me decía: vos ayudas a mí a sacar soledad acumulada. Son las cuatro, el de la funeraria se acerca y le habla al oído a Juana que ahora está con Elena. Elena se vino a vivir con nosotros cuando murió mi suegra; me daba una mano en el almacén, había nacido Silvita y Juana estaba en otra cosa. Desmedida mi cuñada; al poco tiempo conoció un viajante y se marchó con él, fue un alivio. El de la funeraria retira la bandera que está cruzada sobre mi cuerpo y se la da a Juana que se la entrega al presidente del club, él está con su mujer… una escultura. Una noche se reunía la comisión del club, la reunión terminó antes, yo saltando una ventana y perdiéndome en la oscuridad.


Juana siempre me acompañó, sumisa, callada, una buena mujer, me aguantó el carácter embromado sabía calmarme. Su costumbre era cebar unos mates a la tarde hasta que empezaban a llegar los clientes. La última vez cambió, trajo dos jarros de té, uno para ella y otro para mí: “Juana, que gusto fuerte tiene este té”, dije. Revolviendo el suyo con la cucharita, contestó: “es de los saborizados, esos nuevos que llegaron la semana pasada”.


Marta L. Puey

Septiembre de 2010

La Población.


Fotografías: Marta Puey

Edición y diseño de Tapa: Laura Jakulis



Obra inédita - No musical

Número RE: 2020 - 02914244 - APN - DNDA#MJ

Referencia RL: 2020 - 02914217 - APN - DNDA#MJ

martes, 5 de enero de 2021

Atrapados, Te Invita a Ilustrar los Cuentos !!!


 

Queridos amigos, Editorial Online de Atrapados por la Imagen los invita a participar del segmento: Ilustremos el Cuento, interpretando con sus imágenes,  las siguientes obras literarias, presentadas  durante los últimos 30 días, por  autores destacados, en nuestro espacio para Nuevos Artistas.




NOTA: 

* Recordamos que todas las imágenes que ilustren al cuento, también participan de la Portada Semanal y La Foto del Mes.

* Hacé click, sobre la fecha de publicación de cada historia, para poder acceder a cada uno de ellas.


Presentamos las relatos a ilustrar:


"NOCHES DE CHA-CHA-CHA"  de Pedro Pablo Lilli  Publicado el lunes 7 de diciembre de 2020


"IGUALES-CASAS-IGUALES"  de Marta Leonor Puey   Publicado el lunes 14 de diciembre de 2020


"VLADY"  de Oscar Zaitch  Publicado el lunes 21 de diciembre de 2020


"A QUÉ JUGAMOS"  de Oscar Zaitch Publicado el lunes 4 de enero de 2020




¡¡Los esperamos a todos!!

Afectuosamente.

Laura Jakulis 

Tesi Salado 

Luisiana Ayriwa

lunes, 14 de diciembre de 2020

Atrapados por la Imagen y "El cuento del Mes" Presentan a Marta Leonor Puey.




Queridos amigos, este mes los invitamos a disfrutar una nueva entrega de "CASIVEINTE"obra inédita de la escritora Marta Puey.



En "Diciembre" Editorial Online de Atrapados por la Imagen, se complace en presentar: "IGUALES - CASAS - IGUALES"

Agradecemos a cada uno de ustedes por sus visitas y valoraciones.


 Afectuosamente.

Administración de Atrapados por la Imagen.



 IGUALES-CASAS-IGUALES




Pedrito viene caminando debajo de un techo azul, rodeado de sierras verdegrises y alumbrado por un sol que solo se esconde a la hora de ir a dormir. De la mano de su abuela salieron del rancho; allí quedaron el gato, dos perros, las gallinas, el gallo y las cabras encerradas en el corral. Están llegando junto a su mamá y dos hermanos a la Villa de Santa María de los Comechingones.

Es domingo de Pascua. Las celebraciones de Semana Santa están finalizando, la campaña electoral empezó y las autoridades hacen entrega de las prometidas viviendas sociales a los vecinos del lugar, la consigna es cambiar ranchos por casas dignas.


Sus abuelos están entre los favorecidos; esperan a las autoridades en la angosta calle a la que asoman a ambos lados, iguales casas iguales. Llegan las autoridades apretando manos, palmeando espaldas y llaves en mano, que entregan a cada familia junto a un huevo de Pascua. Pedrito lo lleva en la mano y entra a la igual casa igual preguntándose de que animal saldrían de ese color y envueltos. Sigue a su abuela, a su mamá y a sus hermanos. Ve camas de dos pisos; escucha que allí dormirá él, sus hermanos y su mamá, va a la cocina, observa como de un cañito sale agua que cae en una pileta y se va por un agujerito quién sabe adónde; el agua que sale de la canilla del patio de la escuela se va por una zanja y se pierde a lo lejos. Escucha al hombre que le dio la llave a su abuelo diciendo: ahora podrán matear en la cocina, este es un lugar seguro libre de vinchucas. Pedrito, camina unos pasos y llega al otro lado de la casa; el otro lado se termina ahí no más, tres paredes grises lo dibujan sin dejarle ver lo lejos; busca al animal que pone esos huevos oscuros y envueltos, no lo encuentra; vuelve a mirar y piensa en sus gallinas las que quedaron en el rancho; ellas ponen huevos blancos o rosados. Vuelve a entrar a la casa, la abuela da órdenes, su mamá carga bolsos, sus dos hermanos se trepan a las camas, la luz del sol se va apagando y nadie prende candiles, porque en esa casa, del techo cuelga una luz como la del almacén de don Chichilo. Se sienta en la cama de abajo y mira el huevo envuelto, no deja de mirarlo, lo mira ya sin escuchar el ruido de la casa... Sale a caminar por la calle angosta, sigue caminando largo rato, llega al rancho, allí está el horno donde su abuela cocina el pan, el cabrito; las gallinas vienen a su encuentro, busca y llena sus bolsillos de huevos rosados, blancos, se sienta a la sombra del tala, levanta la cabeza y ve ese techo de hojas que el viento hace ondear, luego mira a lo lejos, y de vez en cuando a la puerta del rancho, espera que su abuela salga a matear debajo del tala. 



Los ojos fijos ahora están en una ventana por donde entra el sol, se levanta, se asoma; ve que lo lejos está tapado por las tres paredes grises, se da vuelta y en la cama observa un envoltorio marrón y sin forma, piensa quien dará de comer a sus gallinas.

Marta Puey

Abril de 2017.



CASIVEINTE 
Cuentos Cortos

Obra inédita - No musical
Número RE: 2020 - 02914244 - APN - DNDA#MJ

Referencia RL: 2020 - 02914217 - APN - DNDA#MJ

Fotografía: Marta Puey

Diseño de Tapa: Laura Jakulis