Queridos amigos, nos complace compartir con todos ustedes:
Luisa
Nueva obra literaria de Pedro Pablo Lilli, fotógrafo destacado de nuestra comunidad, y autor literario en la Editorial Online de Atrapados por la Imagen, espacio dedicado a nuevos artistas.
¡¡Felicitaciones y éxitos Pablo por esta nueva entrega!!
Agradecemos a todos ustedes por sus visitas y valoraciones.
Afectuosamente.
Administración de Atrapados por la Imagen.
Luisa
"Cada uno está solo
sobre el corazón de la tierra
atravesado por un rayo de sol
y enseguida anochece."
Salvatore Quasimodo.
Coloco la pava al fuego. Alcanzado el hervor, caliento las piezas desarmadas de la cafetera moka y la taza verde de Luisa. Es una taza exageradamente grande para un espresso.
-¡Lo sé! Pero necesito un vaho de cafeína... - me dijo cuando se lo hice notar, justo a ella, que era una experta en estas cosas.
Abro el frasco de café. Me envuelve el aroma de la mezcla de las variedades arábica y robusta que ella se hacía moler, especialmente, en un negocio del centro.
Sentado frente a la notebook, antes del primer sorbo, aspiro suavemente los vapores que se liberan de la taza, tal como Luisa me enseñó.
-Cerrá los ojos. Tenés que identificar las notas de chocolate con toques de caramelo y pan tostado del arábica. ¿Ya está? Ahora, apreciá el cuerpo mórbido y el color intenso del robusta...- Fue en nuestra primera salida.
Abro Word, hoja en blanco.
Tipeo un título, "Luisa". Instintivamente apoyo su taza contra mi mejilla, cierro los ojos con fuerza y aprieto los dientes. No sirve. Me largo a llorar.
El viento dispersó las cenizas de Luisa desde lo alto del puente. ¿Dónde habrán ido? ¡Eran tan poquitas! Eran lo que quedaba de una chica que, en vida, había sido un enorme volcán. Sentí enmudecer el aire. Ese silencio indecible, es lo que hoy me habita adentro.
Comenzaré contando que un lunes llegué a la empresa media hora antes de lo habitual. Tenía muchas cosas atrasadas y el personal a mi cargo era insuficiente. Me habían prometido un refuerzo proveniente de otra división, pero este no llegaba. Lo único puntual allí, eran las presiones que ejercían para objetivos inalcanzables en los tiempos establecidos. Mascullaba estas preocupaciones atravesando a pie el estacionamiento interno de la compañía, cuando un Cinquecento gris oscuro casi me atropella.
Se detuvo sobre mí haciéndome caer a tierra. La conductora bajó a los gritos:
- ¡Lo lamento, lo lamento! - me ayudó a incorporarme y una vez que estuve en pie, - ¿Estás bien? -preguntó mientras sacudía con sus dos manos las solapas de mi traje e intentaba, con inconsulta familiaridad, acomodar el nudo de mi corbata.
Sin darme espacio a responder, agregó:
- ¿No hay rencor, verdad?
Nos miramos tentados de risa.
Me extendió la mano:
Una hora después, el Director de Recursos Humanos entró a mi oficina acompañado por Luisa:
- A partir de hoy se suma a tu Proyecto - y me entregó una carpeta con su CV tras una breve y cordial presentación.
- ¡Buen trabajo! - sonrió amistosamente y nos dejó.
Le hice una entrevista exhaustiva, de un par de horas, antes de presentarla al resto del equipo. Al cabo de la misma pensé:
- Si viene decidida a hacer carrera a cualquier precio, ¡cuidado!: tiene armas poderosas.
Enseguida demostró lo que valía. Era brillante, preparada y concreta. Se integró inmediatamente a nuestro grupo y el Proyecto tomó otra dinámica. Pude delegarle tareas ejecutivas para concentrarme más en la coordinación.
Pero, además, nos cambió el humor a todos con su modo de hacer y sus ocurrencias. Era un torbellino. Podía venir con flores para alegrar el ambiente o con una torta frutada o disparar una playlist de relax cuando algo nos tensaba. Modificó la disposición de los escritorios para optimizar la funcionalidad de los espacios según las tareas asignadas. Nos llenó de sol ese invierno particularmente lluvioso de aguanieve y días grises. Quizás debería decir, con más propiedad, que me colmó de sol a mí.
El control permanente de las propias emociones, el famoso "self-control del manager de raza", que hace lucir siempre como alguien de carácter estable, seguro y determinado es una máscara que no a todos resulta fácil de llevar. Especialmente para quien, fuera del ámbito laboral, está solo. Soledad amasada con la fuerte ambición de una carrera profesional que no deja espacio ni tiempo a nada ni a nadie. Donde los logros se revelarán, al final, efímeros fuegos artificiales en la oscuridad del vacío. Cada logro parcial, en esa carrera, pierde valor apenas alcanzado, porque impone una próxima meta. O aceptás o dejás.
Bien dicen que el éxito tiene sabor amargo.
Yo, en carrera, aquí. ¿Luisa, también? Su marido, en carrera, en New York. Y los tres, solos.
Un viernes de mucho trabajo, nos quedamos con ella fuera de horario, planificando la semana próxima. Era encantadora por su inteligencia, por su modo de ver y simplificar lo complicado, por el modo de argumentar sus criterios. ¡Era tan única! ¡Tan inusitadamente linda! Pienso que se dió cuenta que, sin buscarlo, me estaba seduciendo. Lo leí en una traviesa sonrisa mal disimulada. Cuando terminamos, se agitó:
- ¡Te dejo!. ¡Me cierra el negocio y estoy sin café!
Me dio la excusa perfecta para acompañarla
- Si es tan exclusivo, quiero conocerlo...
El propietario molió frente a nosotros, dos tipos de granos que colmaron el local de aromas invitantes. Luego, con gran parsimonia, confeccionó una bolsita metalizada con la molienda.
- Gino, por favor, preparanos dos espresso con mi mezcla... Me gustaría hacérselo probar a mi amigo.
Ese "mi amigo" no lo voy a olvidar nunca. Nos acomodamos en una pequeña barra para la degustación.
- Cerrá los ojos. Tenés que identificar las notas de chocolate...
El domingo, no aguanté más y la llamé. Cine y pizzería. Cada uno contó su historia.
Lo dejó en claro: no quería involucrarse en ninguna relación paralela. Era su condición para salir. Confesó: su matrimonio, así, no podía continuar. Llevaba dos años. Con su marido se veían fraccionando las vacaciones a lo largo del año. Tenían que decidir: allá o acá. Para hablarlo, él vendría en seis meses.
Cumplimos con la premisa, si por "relación paralela" se entiende "sexo"; pero compartíamos de ocho a diez horas diarias en la empresa y salidas frecuentes al cine, a comer, bicicletear o visitar muestras de arte.
Logró hacerme comer helado en pleno invierno, caminando por un parque escarchado. O que no advirtiera que llovía, caminando y analizando la película que acabábamos de ver, con ella colgada de mi brazo.
- ¿Cuál es tu postre preferido? - me preguntó mientras elegía uno para completar la cena en un coqueto y discreto restaurant.
- No sé...no como postres, normalmente. ¿El tuyo?
- Si es casero, el tiramisú. De lo contrario, duraznos en almíbar con crema.
Un fin de semana nos llevamos trabajo con vencimiento urgente a mi casa. Nos perseguían los vencimientos. Sea en el trabajo que en esta estrecha relación que, tal como la vivíamos, tenía fecha de caducidad con el regreso del marido.
Terminamos tarde ese sábado, pero hicimos una excelente tarea que nos dejó satisfechos. Nos sentíamos un tándem profesional imparable y, sin decirlo, dábamos por hecho que el tiempo libre lo compartíamos.
- ¿Te quedás a cenar? - propuse. - Solo puedo ofrecerte polenta con roquefort y un buen vino. ¿O vamos afuera?
- Adoro la polenta, adoro el roquefort y el vino, bueno, ¡ya sabés!
Después de esa noche dejó, con sorprendente naturalidad y sin consultarme: en la cocina, dos tazas nuevas y un frasco del café de Gino, en mi ropero: un jogging, una camisola y una muda, en el baño, un cepillo de dientes , su shampoo y las cremas. Además, cambió de lugar las estampas y los muebles del living.
No se mudó, pero marcó territorio.
Un día me fotografió desnudo, saliendo de la ducha.
- Es para Vicky - dijo divertida.
Vicky era una compañera de trabajo de nuestro equipo.
- No vas a decirme que no te diste cuenta. Se desvive por vos. Por eso me boicotea cada cosa que le pido.
- Nunca mezclo trabajo y... - me interrumpí, estaba diciendo una estupidez. Disparó dos o tres fotos más.
- Lideras bien el equipo, pero con algunos pasás de ser casi indiferente a ser detallista y duro. Con Vicky, por ejemplo.
- No es todo lo eficiente que necesitamos.
- Tratá de motivarla, felicitala alguna vez frente a todos, encargale una tarea especial...¡sos un Maestro, cuando querés!
- Y también una lata de duraznos con fecha de vencimiento - dije suspirando.
- ¡Un irresistible encantador de serpientes! - me abrazó y besó para hacerme callar.
Debatíamos mucho sobre cuestiones laborales. Sus aportes eran valiosísimos y aprendí mucho de ella. Se lo confesé.
- Poné en la cuenta - imitó, sonriendo, una cara de extravagante superioridad - ¡Soy mujer! - y agregó seria - Los hombres no logran ver muchas cosas.... Normalmente, las más importantes.
Me ilusioné mucho con que lo nuestro no terminaría. Temeroso, cuando se acercó el día, le pedí que habláramos del tema tabú: presente y futuro. Acabábamos de hacer el amor. Sin responder se levantó y pasó al baño.
- ¡Luisa! - rogué con voz insegura, pero ella siguió en silencio.
Volvió a la cama. Se acostó abrazada a mí, sin pronunciar palabra.
- ¡Luisa!
- Disfrutemos el Presente - dijo como si hablara para sí.
- Presente con fecha de vencimiento. ¿Pero qué soy...? ¿Un cartón de leche?
- No seas grosero. En todo caso, un durazno en almíbar con mucha crema.
- Y tu marido un tiramisú. ¡Yo qué hago sin vos! ¡Me condenás al infierno! - protesté, separándome de ella disgustado y dolido.
Tomó una de mis manos y la acarició pasándola por su mejilla.
- ¡Lo sé! - respondió llorando.
Se cortaron las salidas. En las horas de trabajo nos evitábamos. Era una situación dolorosa e insostenible. Todos advirtieron lo que estábamos pasando, hasta nos escucharon discutir a través de las delgadas paredes de mi oficina.
Llegó, inexorablemente, la "fecha de vencimiento".
El día anterior ( que no fue a los seis meses que habían pactado, sino al año, "porque estuvo retenido por compromisos impostergables" ) salimos a cenar a la pizzería de siempre. Era sábado. Le expresé que había decidido renunciar a mi trabajo.
- Estoy en tratativas con otra corporación. Las perspectivas son muy buenas.
- Puedo imaginarlo. ¡Qué empresa, no querría tenerte!
- Si vos y tu marido deciden quedarse acá, haré todo lo necesario para que ocupes el lugar que dejo vacante.
- ¿Qué te hace pensar que aceptaría? - dijo molesta.
- Vas a hacerlo mejor que yo. Te sobra capacidad.
- ¿Y si me transfiero a New York?
- Lo ocupará otra u otro. Yo de cualquier forma, renuncio y me voy a la mierda. En fin, vos ¿qué decidiste?
- Mañana iré a recibir a Leo al aeropuerto. La suerte de la pareja se decide en pareja. ¿No te parece?
Yo siempre quedaba como un estúpido frente a ella.
- Olvidé mi shampoo en tu casa. Necesito pasar a buscarlo.
- Cuando quieras - dije sin pensarlo, ingenuamente.
- Vamos ahora, entonces.
Cuando llegamos a casa, abrió una botella de vino, puso un lento, bajó la luz, se colgó de mi cuello, tocó provocadoramente mi entrepiernas con un muslo y pidió:
Me despertó una deliciosa fragancia a café. Luisa estaba en la cocina, con su taza verde en mano, ensimismada en sus pensamientos.
- ¡Buen día, que rico olorcito! - dije tratando de resultar conciliador al verla ofuscada.
Tras un silencio, que me pareció interminable, atacó:
- ¿No tenés para hacerme ninguna propuesta superadora a las groserías que dijiste anoche en la cena? ¿Te importo o no? A ver, ¡jugate! - desafió enojada.
- ¡Exijo una propuesta que ni Leo ni ningún otro hombre pueda superar! - gritó.
Me serví un café tratando de reacomodarme, porque sinceramente estaba destruido y desmoralizado. Sentí que me había tirado un pase y yo estaba solo frente al arco. No podía errar.
Finalmente dije, de espaldas a ella:
- Quedate conmigo - ella conservó silencio - renunciamos al trabajo que antes o después nos va a haber robado todas las energías por muy poco a cambio y juntos, con nuestra experiencia y capacidad, intentamos un proyecto propio. Sin fecha de vencimiento...- no respondió y agregué - Nos tengo confianza. Mucha.
Aguardé la respuesta sin girarme.
Se me tiró encima y descargó sus puños contra mi espalda y luego me besó repetidamente. Permanecí quieto y la dejé desahogarse. Me abrazó desde atrás inmovilizándome.
- ¡No te muevas de acá! - ordenó - Esta noche vengo con la valija.
Miró la hora. El avión de New York aterrizaba a mediodía. Se duchó y salió como una loca para el aeropuerto. Me preocupaba porque siempre conducía a alta velocidad.
- ¡Por favor, andá despacio! - le pedí.
Recibí una llamada.
Sentí enmudecer el aire.
Ese silencio indecible, es lo que hoy me habita adentro.
Pedro Pablo Lilli
Mayo, 2021
Excelente Cronopio, excelente!!!
ResponderBorrarIntensa, breve, bien contada; historia que atraviesa como el rayo de luz. como lo expresa la apócope. ¡Magnífica!
ResponderBorrarExcelente!! Un relato con la dinámica y los matices del amor. Cautiva al lector de principio a fin en una historia que enamora y conmueve. Felicitaciones pablo por esta nueva obra!! Gracias por la confianza depositada en Atrapados. éxitos totales amigo!! Vamos por más!!
ResponderBorrarMil gracias Marta, Ly, Caco!La cariñosa y sincera devolución de uds. tiene un enorme valor para mí. Abrazo.
ResponderBorrarPablo una historia de amor bien narrada, que nos lleva a sentir empatía por la pareja , sus momentos compartidos, sus ilusiones y las circunstancias de la vida que no se esperan. Una narración conmovedora. Gracias Pablo y mucho éxito en tu publicación.
ResponderBorrar¡Gracias a vos, Tesi!Me fortalece tu comentario, sabiendote de una exquisita sensibilidad artística y formación. ¡Todo un lujo para mí! Abrazo.
ResponderBorrarUna historia de Amores urgentes, intenso, maravilloso, con un final trazado por la tragedia, donde los sentimientos del personaje se aúnan con los del lector formando un todo!!! un relato shakespeariano del siglo XXI
ResponderBorrarfelicitaciones querido amigo!!! me encantó!!!! vamos por más!!!!
Laura, gracias "por entenderlo todo". Abrazo fuerte.
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