Un Cuento de Mario kelman
![]() |
| RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ |
Biografía del autor:
"Nacido en Rosario en la década de los´50, disponía ya de una nutrida y variada biblioteca familiar, que trasuntaba la transmisión de un amor por los libros y un deseo de saber. Allí no faltaban los textos de aventuras de la tradicional colección de tapas duras amarillas, mitologías y narrativas fantásticas. Otros títulos de temas de mayor complejidad aguardaban y acompañaban el crecimiento, hasta resultar decisivo el estilo y la interpelación de los manuscritos freudianos."
Inevitablemente, la lectura lleva a la escritura
Un saludo cordial. Mario kelman
Agradecemos a todos nuestros amigos, lectores y seguidores, por sus visitas y valoraciones.
Afectuosamente.
Administración de Atrapados por la Imagen.
La Espera
![]() |
| PH Laura Jakulis |
Quietud y oscuridad en el aire, aún envuelto de sueño e inmovilidad.
La humedad y la calidez del estío, pueblan la inmensidad del dormitorio.
Sólo se siente una respiración pausada y tranquila, testimoniando una presencia viva,
aletargada; en lánguido reposo horizontal sobre la sábana envolvente de hilos de seda.
La ventana entreabierta deja pasar una leve brisa y por la celosía comienza a filtrarse un
tenue rayo de luz que hiende la oscuridad.
El sol anuncia el nuevo día, y se deja ver en el avance raudo del hilo de luz a través del
vacío poroso, palmo a palmo, construyendo lentamente lo visible, hasta eclosionar en
una sinfonía mundana de colores y formas.
El reloj de péndulo en la pared es un testigo silencioso. Conserva el atractivo encanto de
una maquinaria interior plena de engranajes de precisión, recubiertos de vidrios
biselados y maderas pacientemente labradas por el ebanista, que muestra desafiante, la
exactitud del saber probado del artesano. Suena la cadencia de las campanadas,
anunciando la hora y en definitiva, el paso del tiempo que retoma su ritmo y atraviesa la
escena renacida.
Con el despertar, las imágenes se agolpan precipitadamente sobre la negrura hendida.
Como quien dice su homenaje; amanece, que no es poco.
El día toma cotidianidad y el cuerpo adquiere peso, sensibilidad y movimiento vivo.
Es un día importante, hora de levantarse.
Con movimientos pausados se incorpora y despereza, elongando con un placer medido
las extremidades y articulaciones.
Lentamente llega al baño y se contempla en la imagen que le devuelve el espejo. El
rostro familiar, aunque transido de arrugas que surcan la piel curtida, describen toda una
experiencia de vida.
Los recuerdos acuden de viejos paisajes de la querida tierra de los antepasados. La costa
bañada por los embates incansables del mar, acunados por vientos que trepan la playa
hasta la ciudad lánguida y los campos verdes aunque áridos hasta serpentear entre
colinas y montañas; acariciando olivares y vides.
También se suceden recuerdos de rostros familiares queridos, bronceados por el sol y
moldeados por el aire salino del mar, cada uno en su particular estilo sosteniendo los
pequeños y grandes logros; sobrellevando las vulnerabilidades y quebrantos inevitables,
más que humanos al fin.
Es posible elegir con qué quedarse y con qué no, de un legado legítimo. T ransmisión
que hilvana generaciones que aloja y tambien permite una salida para hacer lugar a lo
propio, a la impronta singular que hace diferencia individual.
Un saber hacer que condensa la sabiduría de tantos y de tanto...los gustos, olores y
sabores de la infancia y juventud.
En la sala contigua a la casa, a la sombra de frondosos árboles que bañan con frescura,
los salames en grasa, aun en proceso, pero cuyo consumo no espera el termino de su
estacionamiento. En la barrica de madera, reposa el vermut dulce y suave, y vinos
orgánicos que ninguna industria puede igualar. Hormas de queso guardadas en elevados
estantes a temperatura ambiente y humedad adecuada, en su diversidad cuidada,
nombres que evocan regiones e historias: provolone, sardo, pepato, pecorino,
parmesano, mozzarela, gorgonzola...
Más allá, una base desvencijada por el uso, sostiene el horno de barro, protagonista
siempre dispuesto al horneado de pizzas, calzones, arrosticini, focaccia y porchetta que
compiten con la pasta y los risottos.
De regreso al espejo, lo despabila el toque del agua fría en la piel, luego de rasurarse
lentamente, con cuidado, deteniéndose meticulosamente en cada pliegue. Un peine mediano acomoda prolijamente sus cabellos blanqueados, hasta la calvicie incipiente de
algunas entradas que infunden respeto.
Despaciosamente frota su mano con la colonia que habitualmente utiliza, en una
cantidad justa para evitar el exceso, disfrutando del contacto fresco y de la fragancia ya
incorporada.
En el perchero de la esquina aguardan las vestimentas cuidadosamente seleccionadas el
día anterior. El traje azul, reservado solo para las grandes ocasiones, la camisa blanca
con cuello ajustado y solapa de tela que recupera los botones, la corbata de seda celeste,
quizás un tanto ancha y anticuada para la moda actual. Finalmente, baja la caja de
cartón sobre el ropero y toma el sombrero de ala ancha, gris con cinta negra, dado que la
ocasión amerita su uso. El viejo y fiel sombrero de tantos eventos, notablemente
conserva sus formas y relieves, así como la curvatura impecable del ala, para un lado y
para el otro, que le protege del sol y le otorga solemnidad.
Caminar por la calle, con presencia pero un tanto ausente, con el pensamiento en una
incertidumbre que lo atraviesa y altera su animo apacible. La gente pasa a su lado, y si
bien saluda con amabilidad, deambula solo, inevitable y profundamente solo.
Sube las escaleras con parsimonia apoyándose en el barral de bronce y atraviesa el
umbral de la puerta vidriada con un golpe de angustia que late en su pecho.
Con pasos breves llega a la ventanilla donde lo recibe una amable recepcionista que lo
saluda con calidez. Imbuido de una pavura que casi lo desborda, no obstante mantiene
su postura firme, alza la mirada franca que sostiene fijamente con adustez y un dejo de
dulzura ante la mirada interrogativa de la joven empleada, con voz firme y una gran
dignidad que robustece su porte, solícita los resultados de su estudio médico.
Con mano temblorosa pero decidida, toma el sobre, y al salir toma una bocanada grande
de aire y respira profundamente. Cruza la calle y atina a sentarse en un banco de la
plaza. El sol cálido cae sobre su humanidad, algunas palomas se acercan y revolotean en
su derredor, cuando lo sorprende el golpe en el banco de una pelota de fútbol, detrás de
la cual llega un niño que lo saluda y le sonríe. Con su mano trémula acaricia la cabeza
del niño que toma su pelota y continúa con su juego.
Lentamente abre el sobre y toma el informe

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional .
.jpg)



Bienvenido Mario Kelman a "Atrapados"!
ResponderBorrar" La Espera" es un relato cargado de afecto y sentimiento... reconcilia con la vida. Hacé bien a quién lo lee. Es decididamente una joyita literaria! Estilo impecable: vas con una cámara cinematográfica desde la oscuridad del dormitorio hasta el sol de la plaza, con imágenes alternadas del pasado. Lográs transmitir muchas historias, insinuándolas con pocas palabras en cada párrafo. Surgen texturas, perfumes y sabores. El lector sale a la calle con el personaje y, a cada paso, comienza a quererlo. Aquí aparece la ansiedad de saber qué está ocurriendo: qué lo anima, dónde va, porqué "es un día importante"...Al atravesar la puerta de ingreso la tensión es altísima. La aparición de la enfermera derrumba las hipótesis imaginadas y genera, desde abajo hacia arriba, una nueva tensión que mantiene al lector expectante del desenlace. Lector que queda sin aire, ante el final abierto.
MAGNÍFICO! MAGNÍFICO!
Felicitaciones Mario!!! Muy lindo y descriptivo.
ResponderBorrarBienvenido Mario!!! es un placer poder leer tu cuento! tal como te conté por privado, cuando lo recibí por primera vez, me emocionó muchísimo, dado que el personaje, me hizo recordar a mi papá!!! gracias por tu arte!!! te deseamos muchos éxitos!!!
ResponderBorrarEn un regodeo sensorial envuelto por sigilos que develan sosegadamente un escenario acorde al personaje, avanza una historia donde no se le niega al lector la oportunidad de jugar con en final abierto.
ResponderBorrarFelicitaciones Mario Kleiman
Hola Mario, antes que nada bienvenido a nuestro Blog, deseamos que sea de tu agrado y te sientas cómodo; estamos a tu disposición para lo que necesites.
ResponderBorrarTu relato pleno de descripciones que van haciendo una pintura del personaje y sus vivencias, nos hace apurar la lectura con curiosidad para llegar a un final en que nosotros tenemos que descubrirlo.
Felicidades te deseamos muchos éxitos !!
Me gustó mucho el cuento. Excelente la descripción del personaje , los lugares , el amanecer , la luz y las sombras.
ResponderBorrarMuy bienvenido Mario!!! Un placer leer tu relato, excelente presentación!! Felicitaciones y muchos éxitos!!
ResponderBorrarExcelente relato, gracias Mario por compartirlo en este espacio.
ResponderBorrarFelicitaciones y bienvenido!!
Narrado de manera exquisita el lector se sentirá involucrado en esta sucesión de imágenes que llevan a un final impredecible, pero no exento de presumibles resultados.
ResponderBorrarUn cuento magnífico Mario Kelman.