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martes, 10 de febrero de 2026

Emilio hoy nos trae algo de . . .


 IDEA Y CREACIÓN

Emilio Bertero




Nuestra literatura de hoy, nuestro cine de hoy:

EL VIENTO QUE ARRASA




      Enterado de la película, me leí primero la novela. No quiero dejarme llevar por mi apasionamiento por lo argentino (bah, stop, lo bueno, lo decente, lo honesto, obvio que no hablo de lo "argentum") pero fantásticas tanto una como otra.

       La novela, porque Selva Almada construye una historia que superficialmente aparece como sencilla, pero a poco de hundirnos en la trama, uno a la vez se hunde, junto con los personajes, en creencias, vivencias, emociones muy profundas... notables los climas que crea la autora, notable el modo en que sigue las imágenes, notable la voz, un estilo literario prolijo y logrado al servicio de la novela.

       El capítulo 1, breve como toda la obra, basta para que la autora guíe con precisión al ojo del lector a través de la escenografía del prácticamente escenario único en donde todo transcurre, esa guía es tan precisa que casi no hace falta imaginarse nada. Pero a la vez, propio de un texto económico, ya sirve para que nos aproximemos a quien es y cómo se siente, Leni, protagonista destacada de la historia.

       Escribe lindo Selva Almada, para tener una idea, de arranque nomás, en una visita que hacen Leni y su padre (un predicador evángelico “de gira” con su hija poco más que adolescente como ayudante, por míseros pueblos del litoral y la mesopotamia) a un recreo en decadencia, ven dos piletas de natación derruidas, y de los azulejos que les faltan dice que son “como si las piscinas, de viejas, hubieran perdido buena parte de sus dientes”. No voy a tentarme con más citas porque se hará larguísimo, pero como ésta hay un montón, todas así de buenas.

       Cuando Leni pide irse de ese recreo (“Este lugar apesta, padre”), en muy pocos renglones antecedentes, ya el lector conoce acabadamente qué vida ha llevado la chica hasta entonces, de donde viene. El predicador (Reverendo Pearson) no está pintado como esos religiosos chantas que pululan por estos lares, “Si Dios la puso en la tierra, tiene que ser buena”, el texto le hace reflexionar refiriéndose al agua de un vaso de dudoso color, sí quizás como un fundamentalista, un misionero extremo, y eso será rasgo importante, y distintivo, de la historia. Y es así como con pocas, concisas, precisas lateralidades, alcanza y sobra para conocer a los personajes principales de la novela.

        E incluso hay tiempo para unos pequeños pasos de comedia. En un momento, inesperadamente, la sumisa y callada Leni le brinda a un muchachito ignorante y simplón una descripción del reino de los cielos, tan bella y luminosa que lo deja patitieso, al punto de preguntarle si es verdad, a lo que Leni replica que no, que es una “metáfora”, dejándolo más patitieso aún en su incomprensión, mientras Leni recibe una amonestación del padre.

        Si bien tiene muchas líneas de diálogo, al comando de la novela lo lleva un relator omnisciente, elección muy acertada, porque este relator, con una voz que se confunde con la de los personajes, puede completar lo que no alcanza con los diálogos, que no es demasiado, pero a la vez muy íntimo.

        Otro rasgo de la novela es que la misma no transcurre siguiendo una continua línea de tiempo, sino que entre capítulos se mueve desde los momentos presentes a los eventos inmediatamente anteriores que llevaron allí a Pearson y a su hija, y a circunstancias de lejano pasado, que también de algún modo han llevado allí a todos los personajes principales de la historia, ya no solamente al reverendo y a Leni. Porque en este punto, cabe hacer justicia mencionando a los otros dos personajes principales, el Gringo Brauer, el mecánico que en el medio de la nada tiene una chacarita-taller (y arreglos vidriosos con la policía), adonde se pone a reparar el coche descompuesto del reverendo, y Tapioca, su probable hijo adolescente (el muchachito al que Leni le habla del reino de los cielos), los dos muy intensos y de trascendente funcionalidad para la novela. Sobre todo Tapioca, a medida que la novela avanza, la autora va sembrando indicios de que será para Pearson su “empresa de salvación”, y ahí vamos a tener la clave del desenlace.

        Tengo que mencionar de nuevo cuánto disfruté de esta novela. Es la primera de Selva Almada y parece la obra de una escritora mucho más experimentada, plena de oficio. Si quieren saber de qué hablo, alcanza con que le peguen una probada leyendo el capítulo de la llegada de una tormenta con la mirada concentrada en uno de los tantos perros del Gringo (y ojo, a notar que los climas meteorológicos acompañan los climas emocionales), o la enorme intensidad del relato de Pearson de cuando siendo niño, descubrió a un hombre que se había ahorcado en su cuarto.

        La novela fue adaptada al cine por Paula Hernández (“Las siamesas”-2020-, “Los sonámbulos” -2019-, “Un amor” -2011-, “Lluvia” -2008-, “Herencia” -2002-). No es la primera vez que se luce, si bien el texto de la novela no está respetado a pies juntillas, e incluso exacerba algunas situaciones (la escena final por ejemplo, muy intensa y emotiva), en lo principal la película recrea con fidelidad la búsqueda, la esencia de la novela, básicamente fundada en complejas relaciones padre-hijo, religión, fe, fundamentalismos… Prácticamente desde el comienzo, la película logra, con marcada verosimilitud, el propósito de tener al espectador como testigo pendiente de situaciones que bajo el manto de aparente calma, se presentan potencialmente explosivas, solo a la espera de cuándo y cómo será la explosión.

        Como directora, Paula Hernández le saca el jugo al talento de Almudena González, Alfredo Castro, Sergi López y Joaquin Acebo. Excelentes sus actuaciones, cuando hablan con palabras, o cuando hablan solo con la expresión de sus rostros o de sus miradas silenciosas.

Esta versión cinematográfica de “El viento que arrasa” fue seleccionada para estrenarse a nivel mundial en el Festival Internacional de Cine de Toronto de 2023, y tuvo estreno en noviembre de ese año en el Festival de Cine de Mar del Plata, en el que estuvo nominada a Mejor Película. Junto a Daniel D' Agostino, Paula Hernández es ganadora del Premio Sur a Mejor Guión adaptado.

        Cine argentino. Tiempos difíciles. Hago propio el texto final de "El agente secreto", la película brasilera muy nominada para el Oscar, ojalá hoy día tuviéramos el mismo norte: "La producción y distribución de esta película fueron financiados con fondos públicos y privados, creando más de 1300 empleos directos e indirectos. Además, la cultura no solo es parte de la identidad de un país: también es una industria."




Idea y creación: Emilio Bertero, 

Colaborador de:
Atrapados por la Imagen

Buenos Aires - Argentina


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1 comentario:

  1. Una vez más estos relatos me provocan la curiosidad de saber más, vi la película, me pareció muy linda, me transmitió esa sensación sofocante de algunos momentos. Y como siempre, esta mirada de la obra, el modo de escribirlo, me dan muchas ganas de leerla. Gracias

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