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miércoles, 18 de marzo de 2020

Atrapados por la Imagen y "El cuento del Mes" Presentan a Marta Leonor Puey.



Queridos amigos

Damos comienzo a un nuevo ciclo del "Cuento del Mes" en este espacio la escritora Marta Puey nos contará historias pertenecientes al libro "CASIVEINTE" ¡lanzamiento Inédito online en Atrapados por la Imagen!


Comenzamos este mes con: JACINTA Y LA NIEBLA


Pero antes de sumergirnos en la lectura del mismo, los invitamos a ver y escuchar este pequeño reportaje realizado a la autora donde amablemente responde a nuestras preguntas y nos habla de su obra.










JACINTA Y LA NIEBLA



Mi padre, mi hermano y yo, habíamos viajado en un desvencijado colectivo hasta llegar a un pueblo de casas bajas. Caminamos unas cuadras y nos detuvimos frente a una puerta de madera de dos hojas; a la derecha tenía un llamador con forma de mano; con él mi padre dio tres golpes. Así nos anunciamos en la casa de unos tíos que solo conocía por comentarios de mi madre. Se entreabrió una de las hojas, asomó una mujer y mi padre preguntó: 
-¿Se encuentran los patrones? 
La mujer nos recorrió con la mirada y contestó con otra pregunta: 
-¿De parte de quien?
-Dígale a la señora que soy el padre de la Jacinta. 
La mujer cerró la puerta. Pasó poco tiempo cuando volvió a abrirse; apareció otra mujer, robusta, que nos miró a los tres y deteniéndose en mi padre preguntó: 
-¿Qué te trae por aquí?
-Te traigo a la Jacinta, ya tiene trece años, y… vos sabés una mujer siempre es complicada; con el chico me quedo yo, ya es grande y me puede ayudar.
-Está bien, dejala. 
Mi padre, le entregó un pequeño bolso, apoyó su mano en mi espalda y me impulsó; entré por el zaguán que daba a un patio cerrado. Cuando me di vuelta ya no estaban, escuché como la puerta se cerraba con el ruido de su peso. No los volví a ver nunca más.




Así empezó mi vida en esa casa que resultó ser de una hermana de mi madre. Ella, el marido y sus hijos, esa noche se sentaron a la mesa que me dejaron compartir. Mis primos eran: un varón y una mujer. Mi tía, las pocas veces que se refería a mi madre, lo hacía culpándola de una muerte que se la había llevado temprano, abandonándome a la suerte de ser aceptada en su casa. El marido de mi tía una noche entró a mi pieza, me apretó, me tapó la boca, me empujó. Cuando mi cuerpo quedó flojo y marchito sobre la cama escuché como salió del cuarto arrimando la puerta silenciosamente; no fue la única vez. Otro día se murió.

Al poco tiempo la economía de la familia se fue reduciendo. Un casamiento de conveniencia hizo que mi prima se fuera a vivir a otra provincia; mi primo emigró a la Capital y yo ocupé el lugar de la mujer que nos abrió la puerta el día que mi padre dio tres golpes con el llamador. 
En la casa quedamos mi tía y yo consumiendo los días, los meses y los años; ella gozando de la comida que engrosó su figura hasta impedirle caminar, yo, con la rutina de los quehaceres domésticos y al cuidado de ella postrada en la cama. 

Una bisagra desprendida de la madera del postigo dibuja la hendija por la que se cuela un rayo de luz; hace foco en medio de mi cara y me despierta sobre el colchón flaco. Duermo en el cuarto de al lado de la cocina; en invierno frío y húmedo, en verano caluroso y mal ventilado. Me siento en el borde del camastro, me froto la cara con las manos, busco las alpargatas, las sacudo vaya que algún bicho haya hecho nido en ellas por la noche, las calzo. Me miro en el pedazo de espejo colgado en la pared; está sostenido por un alambre que lo enrosca y lo sujeta; como los brazos de mi primo cuando me abrazó para despedirse. Me corro para acá y para allá y alcanzo a verme toda la cara y hasta el pelo desde la frente hasta los hombros. 


Recuerdo el sueño que se repite por las noches, cada vez más seguido…  el bote avanza lentamente en medio de la niebla que, pegajosa, lo envuelve. El chasquido de los remos es el único sonido. Un último chasquido, los remos caen, la niebla comienza a borrarse alrededor del bote, dejando ver como flotan en el agua dos manos atrapadas a ellos, huesudas, lastimadas, que ya no tienen cuerpo. El celaje se va corriendo hasta descubrir por completo la gruesa figura sentada en medio de la barca. No hay lugar para nadie más. La figura va creciendo, se escucha el crujido de las maderas que se abren hasta saltar en pedazos astillados, quedan flotando; envuelta en la niebla se alza sobre el agua y sigue avanzando. Río abajo la corriente arrastra los remos con las manos aún prendidas a ellos… 


Tomo la ropa del respaldo de la silla que hace las veces de mesa de luz, me visto, salgo, me lavo la cara en la pileta del patio; el agua fresca me despabila y vuelvo a entrar, me peino y veo algunas hebras blancas que asoman; peino tirante, bien tirante el pelo y hago un rodete en la nuca. Voy a la cocina, abro las ventanas de par en par, de la jarra de leche vuelco en un jarro la cantidad necesaria para calentar junto al café. 
El silencio se rompe con el llamado de todas las mañanas: 
-¡Jacinta! 
-Ya va -, respondo; en la bandeja acomodo el pocillo, la azucarera, las rodajas de pan negro y el vaso de agua. Las pastillas las tiene ella en el cajón de su mesita de luz. Mitad café, mitad leche, tomo la bandeja con las dos manos, voy al dormitorio, golpeo la puerta entreabierta, empujo con la rodilla y entro. El vaho es espeso, acre; los hedores se acumulan noche a noche esperando a que se abra la puerta para huir. Corro las pesadas cortinas y sé que los postigos apenas deben ser entreabiertos. Acostada en la cama con baldaquín, ordena: 
-Alcanzame los almohadones, ayudame -le ofrezco el brazo, se toma de él, hago fuerza, se incorpora y se los coloco detrás de la espalda; la cama cruje, despliego las patas de la bandeja y la apoyo en un regazo ganado por el vientre. El cuerpo fofo queda hundido en almohadones y dos colchones que desbordan la pesada cama: 
-Andate -, me ordena, salgo y cierro la puerta detrás mío. 
Hace años que cuatro veces por día ella come, solo come. Más de cuatro veces al día reclama, con voz ronca: 
-¡Jacinta!




Es medianoche, ya estoy acostada; por la hendija del postigo, ahora se cuela el resplandor de la luna que crece a punto de hacerse nueva; con su fuerza disipará la niebla. Un chasquido rompe el silencio de la casa; me levanto. Sin llamar entro al cuarto de ella; la cama ha cedido, las maderas resecas y astilladas rodean los colchones que la soportan. Tiene los ojos cerrados. 



  Marta Puey

 Abril de 2017.
San Javier-Córdoba
veoleo42@gmail.com

Foto de tapa: Marta Puey
Diseño gráfico: Laura Jakulis                                                                                  




                                   

19 comentarios:

  1. Marta quedé impactada, por como describes en este cuento una realidad aún latente, y rompes con el silencio de muchas voces femeninas. Tu relato impecable, me trasladaste al lugar y pude recorrer cada rincón, cada detalle, sentir los aromas, el dolor y la impotencia de Jacinta, y escapar junto ella con el resplandor de la luna. Felicitaciones y éxitos totales!! Muchas gracias por esta maravillosa entrega!!

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    1. Luisiana, gracias por tu devolución y los sentimientos que trasmites en ella

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  2. Excelente el reportaje Laura!! Me encantó conocer a Marta, y descubrir más sobre sus proyectos y pasiones. Felicitaciones amiga, muchas gracias por tu valioso aporte!!

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  3. Excelente cuento Marta!!!! me encantan las imagenes que lo acompañan!!! gracias por haber aceptado que te realicemos el reportaje!! pido disculpas por los ruidos de fondo, que se escuchan durante el mismo!!!

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  4. Marta, tu cuento narra una triste historia , donde la protagonista principal
    soporta abusos, humillaciones,trabajos esclavizantes, en un ambiente de miseria
    monotonía y rutina de años.
    Sus sueños tal vez son un escape a tanta opresión
    y ese rayo de luz que atraviesa los postigos del cuarto de Jacinta, es
    el único vestigio simbólico de esperanza.
    Has sabido con pocas palabras describir muy acertadamente los personajes y
    también en pocas pinceladas mostrar el ambiente en que se desarrolla la acción.
    La niebla y esa decripción del bote desapareciendo es el toque mágico ante la
    dolorosa realidad.
    El final sorprendente.
    El lector adivina los sentimientos de Jacinta y desea su liberación.
    Fue de mi agrado leerlo porque me hizo conocer otras realidades,
    Me atrapó despertando mi interés y me impactó con su final.
    Gracias Marta por compartir con nosotros este primer cuento de CasiVeinte.
    No hay duda que cada lector tendrá su propia mirada pero no permanecerá indiferente ante
    una historia original y muy bien narrada.
    Las fotografías son muy adecuadas, y bien realizadas, acompañan, complementan el clima del texto
    y tienen el mérito de ser de la autoría de la escritora.
    Laura , excelente tu reportaje, donde Marta, nos das sus opiniones, y nos cuenta de su gusto por la lectura,nos habla de sus personajes, de quienes son sus referente, en fin una charla muy enriquecedora que nos ayuda a conocer a la autora en la que se adivina una persona culta, sencilla y muy agradable. Gracias a las dos por esta iniciativa y un abrazo.

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    1. gracias querida amiga!!!! estoy feliz de saber que les haya gustado!!! con muchos errores de mi parte por falta de experiencia en el tema!! jaja espero subsanarlos en el futuro!!! Marta es una personal realmente genial!!! gracias a vos y a Ly Gauna por todo el esfuerzo puesto para que todo salga bien!!!

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    2. Tesi, vaya mi agradecimiento por tu amplia mirada y generosa devolución.

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  5. Jacinta la entrego a su sueño y ella fue con sus ojos cerrados ... maravilloso cuento

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  6. Atrapante relato , muy bien acompañado de imagenes que acompañan el devenir del cuento . Una historia que aun hoy , siguen sucediendo , lamentablemente , y en el cuento de MARTA , suavizado con su pluma detallista y poetica. Espero ansiosa la proxima entrega.

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    1. Unknown, agradecida por tus palabras que le aportan a "Jacinta..." conceptos muy generosos

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  7. hermoso cuento. Imagino a tantas mujeres que solo tienen una esperanza pequeñita como la luz de la luna entrando por la hendija del postigo...Me encantó "los hedores se acumulan noche a noche esperando a que se abra la puerta para huir." Gracias Marta!! (y tan linda como siempre..) Abrazo!!

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  8. Gracias Daniel por haber pasado y por tu respuesta

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  9. Marta, me gustó mucho este cuento, tu forma de desarrollar el relato es muy entretenida, no decae el interés que se mantiene hasta el final. El agobio de la protagonista se siente desde el principio, alguien no querido, tal vez su madre la hubiera protegido, pero no tuvo esa suerte y la desgracia es su compañía.

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  10. Ricardo Molinelli, Tu niebla, alusiva a uno de los fragmentos de "Jacinta y la niebla" agrega magia al sueño de Jacinta, sin duda que en tu niebla mi Jacinta siga encontrando promesas de una vida mejor...el final es abierto, por ende esperanzado. Muchas gracias por pasar, por todas las capturas que nos regalas permanentemente

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  11. Felicitaciones Marta! Una protagonista entrañable y universal que muy tempranamente sufre el abrupto fin de la inocencia, con su vida a la deriva como en un río de niebla. Hermosas y poéticas imágenes.

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  12. Leda tu devolución suma y enriquece a la historia. Muchas gracias por pasar

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