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jueves, 21 de mayo de 2026

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "Crímenes perfectos" - Un cuento de la escritora: Patricia Balda - Provincia de Buenos Aires - Argentina-

 

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen


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REGISTRO DE PROPIEDAD INTELECTUAL

ATRAPADOS POR LA IMAGEN




Cuentos y Relatos Presenta a...


PATRICIA BALDA


"Artista de Atrapados por la Imagen"


en: 


"Crímenes perfectos"

___ Relato inédito ___


Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.

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Cuento inédito para Atrapados por la Imagen

"Crímenes perfectos"

PATRICIA BALDA


                                         

Ella tiene un bollo de pelo en la base de la nuca. No es un rodete, tampoco una trenza, puede que alguna vez haya sido una cola retorcida sujeta con un broche. Pero hoy es un bollo, una pelota, un montón de pelo abandonado a su suerte, casi una rasta.

Sostiene que es mejor así, no tiene dudas, si se lo peina, se cae.  Y no quiere quedarse pelada. Igual ayer me dijo: “Cuándo vengas fijate si me lo podés acomodar”, por eso traje perdido en algún lugar de mi cartera un pote de crema desenredante.

Le miro el pelo mientras llora, mejor dicho, el bollo de pelo. El llanto comenzó con un berrinche, primero tiró la lapicera contra la pared y después llegaron las lágrimas. Su vida transcurre entre el dolor y la furia.

Se aniña cuando llora, también se aniña cuando quiere ser graciosa. A veces es una niña triste, otras una niña mala, otras una niña caprichosa. Nunca una niña feliz.

Está enojada, llena de rabia y… yo la miro.

—Te pintaste los ojos, le digo sin acercarme

—Y los labios para que no me vieras tan mal…, me contesta

Está sentada mirando la pared como si estuviera en penitencia. Gira la cabeza al responderme y lo hace desde unas ojeras moradas. Se puso el saco rojo, es un detalle, un mensaje sin duda más efectivo que el llanto. Me acerco, y apoyo mis manos sobre sus hombros. Ensayo una caricia, torpe, trabada, cautelosa.

—Haceme unos masajes, me duele la espalda.

—Dale.

Ahora las dos miramos la pared en una suerte de penitencia colectiva, un destino común. De a poco comienza a calmarse.

        — ¿Te hago el cuadro? Pregunto mientras huyo, de la pared y las caricias.

Es primavera del otro lado de la puerta, hay sol en el patio y el verde es más verde después de la lluvia. Los pájaros se bañan en una olla enlosada, recuerdo cuando esa olla era nueva, yo era niña en ese tiempo, Gastón aún no había llegado, la primavera habitaba de los dos lados de la puerta. “Éramos felices y no lo sabíamos", murmuro

“Éramos felices y no lo sabíamos”, dijo mi amiga Leti hace apenas unos días, y yo me quedé mirándola un poco sorprendida, un poco desorientada, mientras las palabras horadaban mi cuerpo.

“Éramos jóvenes” corrigió Betina. Lo suficiente para sentirnos eternas pensé, y las tres nos perdimos en ese tiempo no tan lejano en el que todo tenía otra dimensión, otro peso. 

Los pájaros revolotean por el patio, se paran en la cuerda de la ropa y desde ahí vuelan hasta la olla, se zambullen y despegan agitando las alas. Ramilletes de gotitas que quedan suspendidas en el aire, el sol las hace brillar.

— Solo doy trabajo.

— ¿Te hago el cuadro?

— Quiero que… Me explica lo que estuvo pensando.

Se levanta y ocupo su lugar, otra vez miro la pared, pero esta vez sentada en su silla. Sobre la mesa unas hojas, una regla y una lapicera. Comienzo a trabajar en un cuadro de doble entrada, arriba los días: 1, 2, 3, 4, 5, …30, 31, octubre trae 31. Al costado sobre el margen, el nombre de los remedios en orden descendentes según debe tomarlos.

—Con esa letra no. Yo no puedo leer eso nena, ya te dije que no veo. Sigue.

— Vos no prestas atención cuando te digo: no veo, no escucho, y ahora también…

Levanto los ojos, enfrente tengo la pared. Ella está parada detrás mío, sé que está parada detrás mío, y que también mira la pared. Otra vez la dos mirándola en una suerte de penitencia colectiva, unidas en un destino común.

Rompo la hoja, primero el berrinche, después, después nada porque yo no lloro, yo no sé llorar.

—Te enojaste. Afirma

—No. ¿Tenés plasticola?

—Sí, si tengo. Da media vuelta y sale a buscarla, es la primera vez en mucho tiempo que la veo caminar segura, tranquila, sin titubeos.

Recorto los nombres de los remedios cuidando que también se vea el color de la caja, los pego en el margen de la hoja respetando el orden en que debe tomarlos. En la parte superior anoto otra vez, 1,2, 3, 4, …30, 3l, octubre trae 31. Con la regla tiro rayas de arriba abajo, de izquierda a derecha. Listo, lo miro estoy conforme, me gusta.

— ¿No está buenísimo? Ahora no te vas equivocar. Buscá la caja por los colores, hacé una cruz en el cuadrado cuando los tomes, si no está la cruz es que no los tomaste. La miro esperando una sonrisa. Ella toma la hoja, la mira y contesta

—Me gusta.

Se la quito de las manos y la pego en la pared justo enfrente de su silla, ahora las dos miramos el cuadro, mientras yo completo las cruces de los remedios que ya tomó.

Siento sus manos sobre mi espalda, es su tiempo de caricias.

El sol que entra por la ventana de la cocina se desliza por los azulejos, alcanza el cuadro, subraya octubre y me recuerda que, del otro lado de la puerta, a unos pasos es primavera.

Gastón partió en Julio, los primeros días de Julio, con el inicio de invierno. Llegó en enero, partió en julio. Primavera, invierno, verano, por qué pienso pelototudeces, tiene razón no la escucho.

—Nena….

—Sí…

—Vos que sabés fijate en el teléfono la luna, hay que cortar unas ramas.

“Partió “así le dije, esa fue la palabra que elegí.

—Cómo que partió. Preguntó

—Partió, se fue, se murió tía, partió.

Ella anotó en el almanaque sobre el número 4, partió Gastón.

—Creciente, luna creciente. Miento y pago el costo de ver su desilusión

—Las corto igual.

—No, nena no, crecen con más fuerza, no en ésta luna.

No hace tanto, unos meses, tal vez un año, mientras mirábamos el gomero me pidió que le anotara las lunas, siempre le preocuparon las lunas.

Alguna vez fuimos felices juntas, antes de perdernos. ­Por aquellos años las lunas, los astros, las dietas sin carne, la meditación, los ayunos, la hacían única. En ese tiempo cuando ella decía quererme hasta más allá del infinito yo podía creerle.

 El infinito, nuestro infinito era un poco más grande que el de los demás. Era más grande, más exótico, era diferente, único. Una vez llegó al pueblo en una encomienda desde buenos aires, vino dentro de una valija llena de caramelos, collares, pulseras y una cartera de gamuza con flecos. Era hermoso nuestro infinito.

—Se está muriendo como yo. Dice con la mirada fija en el gomero.

—No tía no, mira las hojas, están verdes y brillantes.

—El tronco está podrido. Insiste.

Camino hasta la puerta para verlo mejor porque desde donde estoy lo veo dividido en cuatro, seis, ocho partes. Está viejo y feo, pero no estoy tan segura de que esté podrido.

—Gastón se fue.

—Sí, tía

—Partió

—Sí, tía

—Tuvimos suerte, yo le agradezco a Dios, no iba a poder cuidarlo, estoy vieja y cansada.

—. . .

Abro la puerta, camino al centro del patio buscando el sol, me paro junto a la olla enlosada. El aire de la mañana es fresco, huele a primavera, huele a pan tostado.

La vecina del departamento de arriba tiene la ventana abierta, por la ventana se escapa, el olor a pan y la música de la radio. Calamaro canta para ella, para miles de desconocidos y ahora también para mí:

                 Ella no va a volver

                 Y la pena me empieza a crecer adentro

                 La moneda cayo por el lado de la soledad

                  Y el dolor

Los pájaros siguen con su baño mañanero, se zambullen y al volar sacuden sus alas, unas gotas redondas, irreverentes, saladas, se deslizan por mi cara.

                   Ella no va a volver

                    Y la pena me empieza a crecer adentro.

 


  Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©PATRICIA BALDA

Santa Clara del Mar - Buenos Aires  - Argentina

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

Mayo 2026



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Afectuosamente...


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Directora: Laura Jakulis


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