Yapeyú, ciudad natal del Libertador Don José de San Martín, me recibe al medio día con el firme objetivo de hacer una visita a las ruinas de su casa natal que, inicialmente, fueron jesuíticas y luego serían parte del escuadrón en el que el padre del Libertador tenía destino militar.
Cuando llego al portón del sitio histórico me recibe una tierna “Guardia de Honor”, unos bajitos correntinos que se ofrecieron a cuidarme el auto y repartían volantes de restaurantes y hoteles de la zona.
Curiosos y felices posaron en el portón para una foto, charlamos un ratito. Con un poco de vergüenza picaresca en sus ojos, ellos me contemplaban atentos a mis palabras y a mi cámara.
Ellos, son guardianes anónimos de ese patrimonio histórico, sencillo, pequeño pero de un valor sentimental y emocional muy profundo para el corazón de todos los argentinos y latinoamericanos.
Allí el Libertador dio los primeros pasos, de la mano de sus padres, para generar la gran epopeya de libertar América.
Hoy, estos niños son su legado, son su sangre, recorren su tierra, respiran su aire, beben su agua y tienen su mismo corazón.
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