"Mis heroínas literarias"
IDEA Y CREACIÓN: Emilio Bertero
Carson McCullers
Escritora norteamericana (1917-1967)
El 19 de febrero se cumplió un aniversario del nacimiento de
esta escritora, una revulsiva de la literatura de su país, a la que conmocionó
con la publicación de “El corazón es un cazador solitario”, con apenas 23 años.
La novela es impactante, cuesta aceptar que en esa época, una mujer tan joven
haya sido capaz, primero de atreverse a escribirla, luego a desarrollar con
tanto talento una obra con la temática que aborda. El personaje principal es un
hombre sordo, y aquí estriba el primer gran mérito, el primer punto alto por el
cual el texto alcanza un nivel superior en la historia de la literatura estadounidense,
porque la autora pone de sí un punto de vista muy preciso, el justo y necesario
para un protagonista con las características que ha elegido darle. Lo segundo
son los climas que logra conseguir, tanto en lo relativo al ambiente, el
momento de la historia, las circunstancias globales, como en los atinentes a
los mundos propios de los personajes primarios, comenzando por John Singer, que
así se llama el hombre sordo antes referido.
¿Por qué remarco esto? Porque el entorno en el que se desarrolla la trama corresponde al de una pequeña ciudad industrial en el Estado de Georgia en la década del 30, década signada por la crisis económica de la Gran Depresión, con lo cual debió haber sido muy dificultoso —y Carson McCullers supera esa dificultad airosamente—, pintar para un lector universal (incluso para un estadounidense que no haya vivido ni leído historia de ese entonces), los marcos de intenso ahogo, de profunda soledad, pobreza, marginación, racismo y miedo en la que se desenvuelve la acción. Lo resumo así: zambullido en la lectura, metido en la trama y las sensaciones de los personajes, tuve una aproximación a la claustrofobia.
Intentando no “spoilear” para quienes no hayan leído “El
corazón…”, va un pequeño resumen argumental centrado en las principales figuras
de la novela: Singer se queda solo porque a su único amigo, también sordo, lo
internan en un manicomio lejos de la ciudad. A partir de entonces (la frase
clave es “era mejor estar con alguien que demasiado tiempo solo”) alrededor
de su mundo giran Mick, una joven chica muy despierta, que transita las calles
de la ciudad con desenvoltura, amante de la música, aunque la frustración
sobreviene porque las horas y horas de su trabajo en una tienda, solo le dejan
tiempo para descansar y compartir momentos con John, al que le provee amparo,
pero también puede adivinarse a través de la riqueza de subtextos con los que
cuenta la obra, que experimenta por él una cierta obsesión. Otro componente
cercano es Jake Blount, que es a la vez la marca “obrero” (tan necesaria en
semejante contexto laboral, un soñador de una revolución), y la marca angustia
(el hombre es un alcohólico empedernido muy conflictivo). La presencia del
alcohol es insoslayable, Carson McCullers no solamente la hace manifestar con
Blount, sino también con otra figura que gira junto a John, Biff Branon, el
dueño del bolichón adonde acuden trabajadores y marginales (y no tanto), al que
la autora también le atribuye tendencia a la bebida. Y en mi percepción (o
gusto, o inclinación, no sé bien) sumo porque me resultó entrañable, al Dr.
Copeland, un idealista negro torturado por el dolor que le causa el racismo, la
humillación de su gente, un hombre que grita en el desierto porque también
sufre viendo como los discriminados se entregan a su suerte (su mala suerte)
como dóciles ovejas, y sueña, solamente sueña, con marchas masivas a Washington
(supongo que también es un sueño de la escritora, estas marchas comenzarían a
tener un atisbo de realidad recién unas décadas más adelante). En fin, otro
corazón sediento de justicia, hablándole a un hombre sordo de sus rabias,
tristezas y frustraciones.
“El corazón es un cazador solitario” fue llevada al cine en
1968 por Robert Ellis Miller. No tuvo mucho suceso, pero yo disfruté verla. No
se hizo con un presupuesto alto, pero sí digna y honestamente. Si bien se trata
de una adaptación bastante libre, se nota la intención del director de imbuirle
la profundidad de la condición humana, tan notoria en la novela.
Pueden criticarse apartamientos —algunos severos— del texto
literario, no logra la fuerza emotiva y la complejidad que éste tiene, y está
algo desleída la dimensión política, pero la cinta se basa en una novela tan
potente, que ayuda a disimular un poco estos aspectos.
Las actuaciones son muy logradas, básicamente creíbles. Va
un breve detalle:
· Sondra Locke, como Mick Kelly, su última actividad estuvo más dedicada a la dirección, pero hacia finales de los 70 fue coprotagonista de Clint Eastwood en cuatro películas. Por su rol en la película de la que hablamos, fue nominada al Oscar como Mejor Actriz de Reparto.
· Chuck McCann, como Spiros Antonapoulos, el amigo de John también sordo del que lo alejan internándolo en un psiquiátrico, protagonista de “The Comeback Trail” (1982) y “The Projectionist” (1971).
· Stacy Keach asume el rol de Jake Blount, el obrero alcohólico, fue protagonista de “Survival Skills” (2020), y tuvo roles muy destacados en “Gotti” (2018), la que protagoniza John Travolta, y Nebraska (2013), la ultrafamosa de Alexander Payne.
· Hubert Harper hizo de Biff Branon, su papel más conocido.
· Percy Rodrigues actúa como el Dr. Copeland, sin protagónicos en su historial, pero entre sus actuaciones de reparto más notorias tenemos “BrainWaves” (1983), “Come Back Charleston Blue” (1972) y “The Legend of Hillbilly John” (1972). Como curiosidad, en la década del 70 participó en algunos episodios de Jim West, Daktari, El agente de Cipol, El fugitivo, Ben Casey y Ruta 66.
Carson McCullers (su verdadero nombre era Lula Carson Smith,
de muy chiquita rechazó su primer nombre para hacerse llamar solo Carson) murió
muy joven, acosada por enfermedades desde años antes, que quizás marcaron el
tumulto de su vida, aunque más allá de eso, no solo "El corazón...",
toda su obra (ojalá hubiera tenido vida para que fuera más prolífica) está
signada por su atracción con la marginalidad, la soledad, los vínculos
fallidos, las ilusiones rotas, las alegrías efímeras...
Su segunda novela es “Reflejos de un ojo dorado” (1941,
también buenísima), y luego vendría “Frankie y la boda” (de 1946, Carson nunca
dejó de escribir, pero al lapso transcurrido entre esta novela y la anterior,
lo explican las constantes recaídas de sus graves enfermedades pulmonares).
En 1951 publica lo que la crítica literaria considera una de
sus mejores obras: la nouvelle “La balada del café triste”. Es fantástica. El
personaje central es Amelia, una mujer rica aunque de aspecto escuálido, vive
sola, sin miedo a nada ni a nadie, en una casa vieja y arruinada del sur. Cuando
se casó, el matrimonio duró 10 días. Cae un enano jorobado diciendo que es su
primo. Ponen un café y, al mismo tiempo, nace una historia de amor. Pero sale
de la cárcel adonde estaba recluso el ex marido de Amelia, y se le aparece a joderle
la vida. Encima, le cae bien al supuesto primo. El enano y el ex desvalijan el
café, desaparecen, y Amelia se queda sola.
Carson McCullers estaba por entonces muy enferma, con
lesbianismo asumido pero rechazada por todas las mujeres de las que se
enamoraba. La nouvelle termina tan triste como triste estaba ella. Me duele de
contarlo.
Ya casi sin abandonar una silla de ruedas publica en 1961
“Reloj sin manecillas”, destrozada por la crítica, aunque para mi consuelo sale
en su defensa Graham Greene, que incluso la compara con William Faulkner. Y
para mi gusto, razón no le falta, junto a Flannery O'Connor, con muchos puntos
de contacto y muchos de enfrentamiento (en sus obras, sus vidas y pensamientos)
Carson McCullers es para mí lo mejor de la narración femenina estadounidense.
Como dato final, además de “El corazón es un cazador
solitario”, fueron llevadas al cine “Reflejos en un ojo dorado (John Huston ,1967,
con Elizabeth Taylor y Marlon Brando), “Frankie y la boda” (Fred Zinnemann, 1952),
y “La balada del café triste” "(Simon Callow,, 1991, con Vanessa Redgrave)"

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Emilio, qué reseña tan maravillosa. Confieso que no leí nada de Carlson McCullers ni vi ninguna de las películas que mencionás, pero a través de tu descripción, puede sentir cada detalle, no sólo de las mismas sino de la dolorosa vida de la autora. Muchas gracias por traerla a Atrapados e incentivarnos a leer y conocer a otros autores que no son tan clásicos.
ResponderBorrarFelicitaciones por tu trabajo, amigo. Abrazo grande.
Gracias Isa, un gran abrazo, ojalá puedas leerla algún día, cada nuevo lector y lectora la resucita un poco
BorrarEl relato sanguíneo de cada personaje, la descripción con tanto sentimiento de una autora tan llena de profundidades, dolores y arte, la investigación apasionada de sus interpretaciones en cine y con esos detalles mínimos de los personajes que ayudan y entusiasman a querer leer todas sus obras y ver todas las películas en un homenaje a un alma que sigue latiendo. Muy bueno!!!
ResponderBorrarMuchas gracias mi querida por leerme y comentar con tanto cariño
BorrarEmilio siempre es un enorme placer leer tus artículos. El perfil de Carson McCullers, su obra y los films qué de la misma derivaron, no podía ser más completa. Gracias!
ResponderBorrarGracias Pedro, tus comentarios siempre me incentivan a compartir a esta gente que me nutrió tanto
BorrarEmilio Bertero nos regala valiosa y extensa data de la obra de Carson McCuller que trasciende el papel y la trepa a la pantalla grande con minuciosa y amplia información.
ResponderBorrarLa encontré en su cuento “La balada de un triste café”; la intensidad de los silencios, gestos y elucubraciones de los personajes en medio de un ritmo “moderato” no por eso poco intenso hizo que, en este recorte de su obra admirara su forma de escribir.
Gracias por tu excelente reporte.
Gracias a vos Marta, no sólo por leerme y comentarme tan lindo, sino sobre todo, por sumar a mi notita una mirada tan "tal cual" de una de las mejores obras de mi heroína de esta vez
BorrarVoy muy retrasada con comentarios y respuestas porque tuve el teléfono en compostura. Ahora todo bien. Mi querido Emilio. Yo no leí nada de esta autora, qué verguenza, pero te leí a vos y me enriqueció tu comentario diempre tan vivo. MEe prometo leer algo de ella sí o dí. Un bedo.
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