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jueves, 10 de septiembre de 2026

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "Entre una cachetada y una caricia" - Un cuento de la escritora: Patricia Balda - Provincia de Buenos Aires - Argentina-


 Editorial Atrapados por la Imagen



Cuentos y Relatos Presenta  a . . .

patricia balda

"Artista de Atrapados por la Imagen"


en..


"Entre una cachetada y una caricia"


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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Atrapados por la Imagen es ese rincón donde siempre hay lugar para una historia nueva, una foto, un poema o una idea que pide ser compartida. Un espacio hecho entre todos, donde crear, descubrir y encontrarnos es parte de la aventura.


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Un cuento inédito para Atrapados por la Imagen

"Entre una cachetada y una caricia"

Patricia Balda 

 

                 La campanada 24 señala el límite es por eso que Cenicienta corre por las escaleras y pierde su zapatito de cristal. Corre para subir a la carroza antes de que se convierta en calabaza, corre para no ser atrapada por la realidad. Corre sin preguntarse por qué hay que despertar de los sueños cuando uno desea quedarse. Corre para salvar ese instante de felicidad.

         “Poco después de despertar a la magia de soñar, al deseo, pierde su zapatito de cristal” eso es triste piensa Ana.

 Trata pero no puede recordar quién le contó por primera vez el cuento de la Cenicienta. Si fue su papá, lo debe haber terminado con un “fueron felices para siempre” el creía en el felices para siempre. Se le escapa una sonrisa, un poco boba, tierna, definitivamente nostálgica.

          A  Ana  la distrae la música por eso deja de pensar en la Cenicienta; ahora baila con la escoba, desparrama la tierra, gira y gira. Envuelta en una nube de polvo, gira, mueve las caderas, y canta.

Canta con los ojos cerrados a la par del pelado Cordera:


Sos la musa minusa que me trae inspiración

Yo te juro que no dejo mi tambor

Porque verte, morocha, es tan linda sensación

Solo toco para que bailes vos

 

Por un momento ella es la “musa minusa” y baila…. Ay mi dios como baila. Baila como si estuviera por sonar la última campanada, baila como si el pelado le cantara desde sus tripas, con toda su voz, a pura garganta


Negra murguera

Subí a la comparsa

Y move tus caderas

Llévame con vos

 

            Envuelta en un remolino de polvo, sueños y deseos, las caderas de Ana parecen estar poseídas por un ancestro africano oculto y desconocido.

El Socra, cómo lo llaman sus amigos, levanta sus anteojos con su mano derecha, apoya el libro sobre sus piernas, las estira se hunde un poco más en el sillón y justo en el mismo momento que el pelado canta:

Y que querés si la ternura me brotó

Y Ana, comienza con sus brazos a elevarse empujada por algo parecido a un aleteo, el Socra pregunta

¿Negra estás bien?

           El tiempo, los hijos, la comida chatarra ensanchan las caderas de Ana. Ser inteligente y cada día un poco más sabia la va silenciando y en algún momento en medio del trajinar pierde su voz.

Con el pelado por distintos motivos pasa algo parecido.

La musa minusa se va en algún camión de basura con la escoba gastada y los sueños rotos.

            El Socra un día cualquiera levanta sus anteojos con su mano derecha, apoya la tiza sobre el escritorio de la facu y en la primera fila, ahí nomás, descubre unas piernas largas y una pollera corta. Corta, ajustada y roja ... y…. y  que querés si la ternura le brotó.

Ana se queda con los chicos y el Socra se lleva el gato y los libros. Los CD no importan porque ahora está YouTube y Spotify, además seguro que la pollera roja escucha otra música.

           Si no estás atenta a la última campanada hasta te quitan la posibilidad de perder el zapatito de cristal le suele repetir, Ana, entre risas  a sus amigas. Luego al compás del chin chin de unas copas de vidrio que compró en el chino brinda con un Malbec de 5 gambas “si no es un felices para siempre que no sea un tristes para siempre”.

           Ana se corta el pelo, se lo deja crecer, lo vuelve a cortar, usa flequillo, pasa por el rubio dorado ceniza, por el castaño oscuro, por el chocolate.

Ana camina, trota, corre, vuelve a caminar, avanza busca su paso, su ritmo, su voz. Ella no quiere que un día cualquiera suene la última campanada y no tenga ni tiempo a perder su zapatito de cristal.

            Es primero de Agosto, sábado y hace frío, mucho frío. Ana se abrigó bastante para ir a la Milonga, los tiempos son difíciles hay poca plata no prenden los calefactores. Es una milonga medio Hipona te dejan llevar el mate y siempre hay algún espectáculo raro.

            Entre mate y mate los ve llegar, a algunos con el pelo rizado sujeto en un rodete. Otros con la mitad de la cabeza rapada y rastas en la otra mitad. Ellas coloridas y descalzas, vestidas con un top de Bambula y una especie de chiripa. Todos con una sonrisa abierta de oreja a oreja, se los ve felices.

Ana reconoce unas tumbadoras, un cajón peruano, un bongó, un par de congas, y un instrumento que Google le dice que se llama djembe.

           La organizadora de la Milonga habla de la Pachamama, de la guerra con el Paraguay dónde murieron nuestros negros, de nuestras raíces africanas. Relaciona la palabra Milonga con la palabra  mulonga, al parecer proveniente de Angola. Ana no escucha esta parte porque acaba de volcarse el mate

Los tangueros esperan entre descorazonados y expectantes con el peso repartido entre las dos sensaciones como en algunos pasos de tango.

            Ana está limpiándose la yerba cuando el espectáculo comienza, las manos de los músicos golpean los tambores, con fuerza  pero suaves, están entre una cachetada y una caricia.

La energía crece, los tangueros comienzan a prestar atención, la energía crece más y más.

 La música nace en los tambores pero parece que brotara de la tierra.

             Se suman las chicas a bailar, saltan, zapatean, agitan los brazos. Las trenzas vuelan y las caderas….no se puede describir lo que hacen las caderas. Ellas no están descalzas ellas están en patas. ¿Se entiende la diferencia? En patas conectadas con la tierra que no es tierra porque el piso es de granito.

Aún así, en medio, el tum tum de los tambores y las patas en el piso, una nube de polvo las va envolviendo, mejor dicho los va envolviendo, a todos, a Ana también, a Ana más.

            Cuando ya nadie espera nada algo parecido a una cola de tornado se desprende de los tambores y las patas de las chicas recorren la pista,  va de mesa en mesa busca olfatea como un animal hasta llegar a Ana. Ella…bueno ella se descalza, se quita gran parte de la ropa e irrumpe en la pista, baila primero con timidez, después ferozmente. Agita su cabeza, sacude sus brazos, salta, mueve sus caderas, brilla.

En algún lugar el pelado Cordera canta...


Negra murguera

Desde la luna azulada

Se ve tu pollera

Que rompe el dolor

 

Ana baila y brilla, brilla y baila, sus patas encandilan como el cristal.

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 Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©PATRICIA BALDA

Santa Clara del Mar - Buenos Aires  - Argentina

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

Septiembre 2026

Gracias por acompañarnos en este recorrido de palabras e imágenes. Tu lectura y valoración ayudan a que estas historias sigan encontrando nuevos lectores.

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Editorial Atrapados por la Imagen.
Directora: Laura Jakulis

“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra”
 

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lunes, 6 de julio de 2026

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "Cinco pasos" Un cuento de la escritora: Patricia Balda - Provincia de Buenos Aires - Argentina-

 

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen


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REGISTRO DE PROPIEDAD INTELECTUAL

ATRAPADOS POR LA IMAGEN




Cuentos y Relatos Presenta a...


PATRICIA BALDA


"Artista de Atrapados por la Imagen"


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"Cinco pasos"

___ Relato inédito ___


Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.

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Cuento inédito para Atrapados por la Imagen

"Cinco pasos"

PATRICIA BALDA

 

          

             El vestido se ve azul, es negro pero se ve azul brillante. Se puede explicar, está bordado con unos hilos plateados,la luz del lugar es azul,  al reflejarse en el vestido lo cambia, lo mejora, lo vuelve más bello. Igual ella no lo sabe.

Cinco, son cinco pasos, debe rozar apenas el talón con la punta de su zapato, acariciar el pie, extender la pierna con suavidad. El pie que avanza debe deslizarse apoyando  ligeramente el dedo pequeño y, al llegar, recién ahí pararse sobre el metatarso. ¡Ah! Importante trasladar el torso, no solo la pierna. Son cinco pasos . Después…después el abrazo. Pura ironía todo, siempre es más fácil con un buen abrazo, lo complicado es llegar.  

Tropieza en el segundo paso, lo supera, confía. Levanta la cabeza , se estira. Bien erguida se dispone a dar el siguiente.Solo faltan tres.  

 Es el centro de todas las miradas ¿Cuándo comenzó ésta locura?  El día que su amiga le dijo : “Cumplo 60, me jubilo y voy hacer una fiesta inolvidable” , y ella que odia las fiestas supo que no encontraría una excusa válida que la hiciera zafar . O cuando se quedó sola y tuvo que inventarse una vida y de tanto buscar, tropezar y volver a intentar, descubrió el tango.

Lo mejor del tango son los abrazos, después si tenés suerte, la conexión con el otro, si esto sucede los pies se sueltan y podrás bailar. Bailar se parece mucho a volar, ella nunca voló pero está segura, no tiene dudas, bailar se parece mucho a volar.  

A solo un paso está Diego, la mira, le sonríe. Su sonrisa le dice que siga, que todo está bien. Pura ironía todo siempre es más fácil con un buen abrazo, lo complicado es llegar.

La idea fue de Diego, el profe.”Si en vez de renegar le regalás un tango, algo sencillo, fácil. Un tango para tu amiga, no decís que te ha acompañado siempre, que menos que un tango”.  

Pero no fue así, no fue fácil ni sencillo.  El abc del tanguero: tu pie siempre buscará deslizarse por el piso, ligero, liviano cómo una brisa. Una vez llegado tu momento ahí si podés jugar y entonces levantarlo, suave pero con energía, y por supuesto  a tiempo , siempre a tiempo. El torso nunca abandona a la pierna. La cabeza, bueno, nada de moverla de un lado a otro.

-  No somos Chasman y Chirolita. No te quedes clavada. No,así no. No, Patri no. Hagámoslo otra vez.

Y otra vez, y otra vez.

- ¡No, Patri no!

No fue fácil, ella está acostumbrada a que las cosas no sean fáciles. Pero se volvió tortuoso.

_ ¡ Vos me mentiste, no dijiste que iba a ser así!

_ ¡ No podés tropezar! ¡ Si te equivocás tenés que seguir!

_ ¡ Cómo voy a seguir!¡Mírate la cara! ¡ Yo tengo que manejar mi frustración, y la tuya!!

Peleas, ensayos, los pies hinchados, elegir el vestido. Mirar el futuro como algo muy lejano. Cómo algo muy cercano. Estar a un paso del abrazo.

Estar en el abrazo, el rulo, la volcada, caminar hacia atrás, el cruce, el voleo y bailar: la parte difícil, la más difícil, la terriblemente difícil.


Tres minutos y un poquito más de treinta días de ensayo, tres o cuatro horas por día. Tres minutos y un poquito, bailar se parece mucho a volar. No se puede bailar sin un buen abrazo y mucha confianza en el otro . Se baila de a dos.

Tres minutos y un poquito, la figura final, los aplausos y después cinco pasos. Rozando el talón apenas con la punta del pie, acariciando el piso con el dedo chiquito hasta terminar parada en el metatarso.

 Cinco pasos de bailarina con los brazos bien abiertos, abiertos como alas. Sin tropiezos ni titubeos.

Cinco pasos hasta el abrazo infinito, grandioso de la Canatita que cumple 60, se jubila y le acaba de regalar a ella , que se puso un vestido negro pero se ve azul, una noche maravillosa.

 

  Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©PATRICIA BALDA

Santa Clara del Mar - Buenos Aires  - Argentina

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

Julio 2026



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jueves, 21 de mayo de 2026

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "Crímenes perfectos" - Un cuento de la escritora: Patricia Balda - Provincia de Buenos Aires - Argentina-

 

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen


RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

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ATRAPADOS POR LA IMAGEN




Cuentos y Relatos Presenta a...


PATRICIA BALDA


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"Crímenes perfectos"

___ Relato inédito ___


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Cuento inédito para Atrapados por la Imagen

"Crímenes perfectos"

PATRICIA BALDA


                                         

Ella tiene un bollo de pelo en la base de la nuca. No es un rodete, tampoco una trenza, puede que alguna vez haya sido una cola retorcida sujeta con un broche. Pero hoy es un bollo, una pelota, un montón de pelo abandonado a su suerte, casi una rasta.

Sostiene que es mejor así, no tiene dudas, si se lo peina, se cae.  Y no quiere quedarse pelada. Igual ayer me dijo: “Cuándo vengas fijate si me lo podés acomodar”, por eso traje perdido en algún lugar de mi cartera un pote de crema desenredante.

Le miro el pelo mientras llora, mejor dicho, el bollo de pelo. El llanto comenzó con un berrinche, primero tiró la lapicera contra la pared y después llegaron las lágrimas. Su vida transcurre entre el dolor y la furia.

Se aniña cuando llora, también se aniña cuando quiere ser graciosa. A veces es una niña triste, otras una niña mala, otras una niña caprichosa. Nunca una niña feliz.

Está enojada, llena de rabia y… yo la miro.

—Te pintaste los ojos, le digo sin acercarme

—Y los labios para que no me vieras tan mal…, me contesta

Está sentada mirando la pared como si estuviera en penitencia. Gira la cabeza al responderme y lo hace desde unas ojeras moradas. Se puso el saco rojo, es un detalle, un mensaje sin duda más efectivo que el llanto. Me acerco, y apoyo mis manos sobre sus hombros. Ensayo una caricia, torpe, trabada, cautelosa.

—Haceme unos masajes, me duele la espalda.

—Dale.

Ahora las dos miramos la pared en una suerte de penitencia colectiva, un destino común. De a poco comienza a calmarse.

        — ¿Te hago el cuadro? Pregunto mientras huyo, de la pared y las caricias.

Es primavera del otro lado de la puerta, hay sol en el patio y el verde es más verde después de la lluvia. Los pájaros se bañan en una olla enlosada, recuerdo cuando esa olla era nueva, yo era niña en ese tiempo, Gastón aún no había llegado, la primavera habitaba de los dos lados de la puerta. “Éramos felices y no lo sabíamos", murmuro

“Éramos felices y no lo sabíamos”, dijo mi amiga Leti hace apenas unos días, y yo me quedé mirándola un poco sorprendida, un poco desorientada, mientras las palabras horadaban mi cuerpo.

“Éramos jóvenes” corrigió Betina. Lo suficiente para sentirnos eternas pensé, y las tres nos perdimos en ese tiempo no tan lejano en el que todo tenía otra dimensión, otro peso. 

Los pájaros revolotean por el patio, se paran en la cuerda de la ropa y desde ahí vuelan hasta la olla, se zambullen y despegan agitando las alas. Ramilletes de gotitas que quedan suspendidas en el aire, el sol las hace brillar.

— Solo doy trabajo.

— ¿Te hago el cuadro?

— Quiero que… Me explica lo que estuvo pensando.

Se levanta y ocupo su lugar, otra vez miro la pared, pero esta vez sentada en su silla. Sobre la mesa unas hojas, una regla y una lapicera. Comienzo a trabajar en un cuadro de doble entrada, arriba los días: 1, 2, 3, 4, 5, …30, 31, octubre trae 31. Al costado sobre el margen, el nombre de los remedios en orden descendentes según debe tomarlos.

—Con esa letra no. Yo no puedo leer eso nena, ya te dije que no veo. Sigue.

— Vos no prestas atención cuando te digo: no veo, no escucho, y ahora también…

Levanto los ojos, enfrente tengo la pared. Ella está parada detrás mío, sé que está parada detrás mío, y que también mira la pared. Otra vez la dos mirándola en una suerte de penitencia colectiva, unidas en un destino común.

Rompo la hoja, primero el berrinche, después, después nada porque yo no lloro, yo no sé llorar.

—Te enojaste. Afirma

—No. ¿Tenés plasticola?

—Sí, si tengo. Da media vuelta y sale a buscarla, es la primera vez en mucho tiempo que la veo caminar segura, tranquila, sin titubeos.

Recorto los nombres de los remedios cuidando que también se vea el color de la caja, los pego en el margen de la hoja respetando el orden en que debe tomarlos. En la parte superior anoto otra vez, 1,2, 3, 4, …30, 3l, octubre trae 31. Con la regla tiro rayas de arriba abajo, de izquierda a derecha. Listo, lo miro estoy conforme, me gusta.

— ¿No está buenísimo? Ahora no te vas equivocar. Buscá la caja por los colores, hacé una cruz en el cuadrado cuando los tomes, si no está la cruz es que no los tomaste. La miro esperando una sonrisa. Ella toma la hoja, la mira y contesta

—Me gusta.

Se la quito de las manos y la pego en la pared justo enfrente de su silla, ahora las dos miramos el cuadro, mientras yo completo las cruces de los remedios que ya tomó.

Siento sus manos sobre mi espalda, es su tiempo de caricias.

El sol que entra por la ventana de la cocina se desliza por los azulejos, alcanza el cuadro, subraya octubre y me recuerda que, del otro lado de la puerta, a unos pasos es primavera.

Gastón partió en Julio, los primeros días de Julio, con el inicio de invierno. Llegó en enero, partió en julio. Primavera, invierno, verano, por qué pienso pelototudeces, tiene razón no la escucho.

—Nena….

—Sí…

—Vos que sabés fijate en el teléfono la luna, hay que cortar unas ramas.

“Partió “así le dije, esa fue la palabra que elegí.

—Cómo que partió. Preguntó

—Partió, se fue, se murió tía, partió.

Ella anotó en el almanaque sobre el número 4, partió Gastón.

—Creciente, luna creciente. Miento y pago el costo de ver su desilusión

—Las corto igual.

—No, nena no, crecen con más fuerza, no en ésta luna.

No hace tanto, unos meses, tal vez un año, mientras mirábamos el gomero me pidió que le anotara las lunas, siempre le preocuparon las lunas.

Alguna vez fuimos felices juntas, antes de perdernos. ­Por aquellos años las lunas, los astros, las dietas sin carne, la meditación, los ayunos, la hacían única. En ese tiempo cuando ella decía quererme hasta más allá del infinito yo podía creerle.

 El infinito, nuestro infinito era un poco más grande que el de los demás. Era más grande, más exótico, era diferente, único. Una vez llegó al pueblo en una encomienda desde buenos aires, vino dentro de una valija llena de caramelos, collares, pulseras y una cartera de gamuza con flecos. Era hermoso nuestro infinito.

—Se está muriendo como yo. Dice con la mirada fija en el gomero.

—No tía no, mira las hojas, están verdes y brillantes.

—El tronco está podrido. Insiste.

Camino hasta la puerta para verlo mejor porque desde donde estoy lo veo dividido en cuatro, seis, ocho partes. Está viejo y feo, pero no estoy tan segura de que esté podrido.

—Gastón se fue.

—Sí, tía

—Partió

—Sí, tía

—Tuvimos suerte, yo le agradezco a Dios, no iba a poder cuidarlo, estoy vieja y cansada.

—. . .

Abro la puerta, camino al centro del patio buscando el sol, me paro junto a la olla enlosada. El aire de la mañana es fresco, huele a primavera, huele a pan tostado.

La vecina del departamento de arriba tiene la ventana abierta, por la ventana se escapa, el olor a pan y la música de la radio. Calamaro canta para ella, para miles de desconocidos y ahora también para mí:

                 Ella no va a volver

                 Y la pena me empieza a crecer adentro

                 La moneda cayo por el lado de la soledad

                  Y el dolor

Los pájaros siguen con su baño mañanero, se zambullen y al volar sacuden sus alas, unas gotas redondas, irreverentes, saladas, se deslizan por mi cara.

                   Ella no va a volver

                    Y la pena me empieza a crecer adentro.

 


  Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©PATRICIA BALDA

Santa Clara del Mar - Buenos Aires  - Argentina

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

Mayo 2026



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