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lunes, 10 de agosto de 2026

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "Woodstock en Santa Fé: el festival de la Isla Berduc" - Del escritor Emilio Bertero - Buenos Aires - Argentina

 

ATRAPADOS POR LA IMAGEN



Cuentos y Relatos Presenta a:


EMILIO BERTERO


"Artista de Atrapados por la Imagen"

En...


"Woodstock en Santa Fé -  El festival de la Isla Berduc"

 

 Editorial Atrapados por la Imagen

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Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.

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Un cuento para Atrapados por la Imagen

"Woodstock en Santa Fé -  El festival de la Isla Berduc" 
EMILIO BERTERO


Prólogo necesarísimo.

El 10 de octubre de 1971, que se conmemora como “Día del Rock Santafesino”, se realizó el Festival de la Isla Berduc, exitoso y legendario encuentro que congregó a una multitud de jóvenes de Santa Fe y Paraná, el primer festival de rock al aire libre en el litoral, de tal convocatoria y repercusión, que se lo recuerda como el "Woodstock santafesino". Tiempos en los que el rock en castellano recién arrancaba a nivel nacional, el festival presentó a bandas precursoras del rock santafesino, tales como Alma Pura, Them, Bichos de Candy, Manteca Rancia, Littel Green Men y Los Ranser.
Lo que sigue es, tal como yo lo viví, un relato de enero de 1970, un evento que constituye un antecedente perdido en el tiempo, digamos fallido, del exitoso e histórico "Woodstock santafesino".

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Woodstock en Santa Fe: el festival de la Isla Berduc

Así promocionaban carteles en letras negras sobre fondo naranja, de eso me acuerdo bien, con un dibujo de Jimi Hendrix azotando la guitarra. Era enero del 70, yo estaba por cumplir 15 años, y me tenían medio enloquecido, de los que más me vienen a la memoria, Jimi Hendrix, Crosby, Stills, Nash & Young, Blood, Sweat & Tears, Joe Cocker, The Who, Creedence, Janis Joplin, Santana y Joan Baez, todos nenes (y nenas) que habían roto todo en Woodstock 69, el mejor concierto hippie de la historia, “tres días de paz y música”, en agosto de 1969.

A los pibes de Santa Fe, no nos había llegado mucho, pero Pablo Mudry, el cabezón José y yo, estábamos más al tanto gracias al “viejo” Caminitti (y las comillas van porque en ese entonces, Caminitti ni tendría  40 pirulos), un rengo de bastón elegante, barba y pelo largo, el único hippie auténtico que teníamos a mano, el que nos enseñó a tomar cerveza al natural engordada con ginebra, el único al que hasta ese tiempo habíamos visto fumarse un porro de verdad, porque nunca pudimos comprobar a ciencia cierta la especie de que Pololo y Sarzotti habían criado unas plantas en el fondo de la casa de la abuela del gringo Velocci.

El viejo Caminitti se hacía unos mangos en un altillo de la Avenida López y Planes, en Barranquitas, arriba de una ferretería, haciéndonos escuchar a los monstruos, a veces en long plays, a veces en cassettes y, lo más, en grabaciones de cinta abierta que él mismo armaba y, después de esperar no menos de dos semanas, conseguir y vendernos discos que ni siquiera en Breyer, la disquería más importante de Santa Fe, se podían encontrar. Yo ahorraba la guita del colectivo gastando el camino y las suelas al Nacional Simón de Iriondo, Facundo Zuviría-San Jerónimo-Mendoza, como 50 cuadras, para poder comprarle por lo menos dos discos al mes.

Los que escuchábamos esa música nos sentíamos superiores a los que todavía no se habían despegado de las estelas de Palito Ortega y Sandro, pero respetábamos más, y poco a poco también los fuimos incorporando, a los que le daban pelota a los argentinos, Lito Nebbia y Los Gatos, Almendra, Manal, Vox Dei y Arco Iris, que encima, sí se conseguían en Breyer.

En ese punto estábamos cuando llegó Woodstock en Santa Fe: el festival de la Isla Berduc.

La isla Berduc queda camino a Paraná y ahí estaba, antes de que se hiciera el Túnel Subfluvial, el atracadero de balsas para cruzar a Entre Ríos. La cosa había sido programada para tres días seguidos igual que en Woodstock, con grupos y solistas de Santa Fe y Entre Ríos, la verdad es que no conocíamos a casi ninguno de los anunciados, pero en nuestras cabezas la lógica no funcionó, nuestras cabezas deliraron e imaginaron que se avecinaba una experiencia mística, que íbamos a estar en un Woodstock vernáculo que iba a terminar siendo la envidia de los porteños y rosarinos pelotudos, incapaces de tener los huevos para hacer algo parecido, nuestras cabezas imaginaron música, amor y paz y todo lo que eso traía puesto.

Arrancó un viernes a la mañana, marchamos temprano para agarrar el colectivo de la costa, yo a escondidas de mi vieja que se hubiera enloquecido de haberse enterado, vestidos con las camisetas que teñíamos con anilinas atándoles nudos, para que quedaran con círculos de colores. La mía era lila.

En el bondi éramos los únicos tres que íbamos al festival, pero lo mismo no se desalentó nuestra idea de que una multitud de hippies iba a inundar la isla Berduc, que capaz con algo de suerte no solamente seríamos espectadores, tal vez protagónicos, de un hito en la historia del rock, sino también ligaríamos algunas cositas anexas, porque los carteles anunciaban grandes sorpresas (que conjeturábamos decían así, porque mucha alharaca los organizadores no podían hacer estando el país bajo la dictadura de Onganía) y nuestras expectativas iban desde, a que capaz se aparecía Lito Nebbia, hasta vaya a saber la cantidad de minitas rápidas que iba a haber.

Desde la parada del colectivo hasta donde habían puesto el escenario, tuvimos que caminar, casi a campo traviesa, como medio kilómetro. Lo que nos guiaba no eran carteles indicadores, sino “Born on the Bayou”, “Bootleg”, “Graveyard Train”, “Proud Mary” y todo lo demás de “Bayou Country”, el segundo LP de Creedence, que sería todo lo que con algo de perfume a Woodstock escucharíamos ese día. La noche antes había llovido y, además de embarrarnos bastante, de entre los yuyales salieron bandadas de mosquitos, jejenes y barigüíes, que nos dejaron a la miseria, los guachos eran tan grandes y sedientos que picaban a través de la ropa. Repelente no habíamos llevado.

La primera mirada nos devolvió más cantidad de policías y puestos de panchos y choripanes que de gente. Cinco o seis de la organización pasaban guadañas entre los yuyos para dejar limpia una medialuna alrededor del escenario, un rectángulo de 6 x 3, sin techo, con bolsas de arpillera agarradas a unas cañas tacuara cubriendo los lados y el fondo, sobre el que habían pegado un cartel hecho con papel afiche que decía Woodstock en Santa Fe: el festival de la Isla Berduc. A los costados, unos parlantes medio anémicos y dos banderas blancas con el símbolo de amor y paz.

Demoró bastante en arrancar, como una hora y media. Entre tanto fueron llegando más, no demasiados. Chicas solas casi no había. El único entretenimiento fueron unas piñas entre un grupito del Comercial y otro del Industrial de Junín, una cosa que se venían prometiendo desde el fin de semana antes. Los del Comercial cobraron para todo el campeonato, como siempre les pasaba.

Los primeros que subieron a tocar pusieron voluntad. Igual un ruido a lata bárbara. Tocaron tres o cuatro de Creedence, una me acuerdo seguro fue “Cotton fields”, porque a mí me gustaba mucho y la destrozaron. El cabezón José, que siempre fue más maduro que los demás, creyó llegado el momento de la realidad y nos preguntó si no nos parecía que a la isla Berduc, lo único de Woodstock que había llegado era Creedence.

Después vinieron más émulos, esta vez en castellano, supongo que habrá sido algo de Almendra o Manal, hasta muchos años después, cuando dejamos de vernos con Pablo y el cabezón, les discutí que habían tocado “Jugo de tomate frío” y ellos decían que no podía ser, que “Jugo de tomate frío” fue más adelante, lo que me hace pensar que a medida que pasa el tiempo le pongo más ganas a los recuerdos.

Todos fueron de perros para abajo, salvo unos pibitos de Santo Tomé que hicieron temas de ellos cantados por una chica que, al lado del resto, parecía Brenda Lee. Más adelante nos contarían que el bajista había llegado a tocar en una banda que le hizo soporte a Serú Girán, y que la chica fue amante de … (un rockero muy famoso), pero vaya uno a saber si es cierto, de Woodstock en Santa Fe: el festival de la Isla Berduc, se han contado muchos bolazos.

Atrás de los santotomesinos vino lo peor. El presentador agarró el micrófono, dijo algo de la confraternidad entre géneros musicales y subió un dúo de guitarra y bombo, con bombachas de gaucho, a tocar chacareras. Los pollos más chicos fueron gargajos de dinosaurios, aunque ínfimos comparados con los que le volaron al presentador cuando, en vez de alterar el orden del programa a ver si la cosa escampaba, volvió con la cantinela de la confraternidad y dijo, al mejor estilo Cosquín, “desde San Francisco de Córdoba…”, y se trepó al escenario el cuarteto no sé cuánto, para el que los gallos no alcanzaron, y dos o tres a los que se les escapó de la mano una botella de cerveza o la petaca vacía, fueron los primeros demorados.

Mientras tanto, de las cosas “anexas” nada, salvo que contabilice lo de tres minas que se nos pegaron, bastante más grandes que nosotros, veintipico diría, dos gorditas y un susto de medianoche, que nos convidaron con unos humitos que a mí me parecieron con gusto a zarzaparrilla y preferí seguir con mis Particulares 30. O, en lo que sería el preámbulo del fin, pasada la hora de la siesta y mientras tocaba uno que se la pasaba amagando con romper la guitarra a lo Jimi Hendrix, una piba se trepó al escenario, se sacó la remera y se quedó en tetas bailando un rato, hasta que con semejante atentado a la moral y las buenas costumbres, los canas decidieron intervenir para bajarla, volaron algunos cascotes y se armó un desbande durante el que los polis aprovecharon para revolear algún que otro bastonazo y, menos mal, suspender por ese día Woodstock en Santa Fe: el festival de la Isla Berduc. En la semana nos enteramos que la piba era una loca, pero loca de verdad, que había estado una temporadita en el manicomio de Don Bosco.

Nos volvimos con la cola entre las patas, ahora teniendo que sufrir a los mosquitos vespertinos y al colectivo lleno. Como llegamos a la ciudad más o menos temprano nos metimos en el cine Mayo, el único que no pedía documentos para entrar a ver películas prohibidas para menores de 18.

Nos vimos una de la Coca Sarli. Fuego, creo que era.


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 Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©Emilio Bertero

Buenos Aires - Argentina

Junio 2026

Ilustración: Imagen libre de la Web

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

Corrección literaria: Isa Santoro

Maquetación y Edición: Laura Jakulis

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Afectuosamente...


Editorial Atrapados por la Imagen.


Directora: Laura Jakulis

“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra” 

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

24 comentarios:

  1. grande emilio, aguante el rocanrroll!!

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  2. Excelente Emilio! Me imagino!

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  3. Los gloriosos 60, en este relato con armonía, melodía y ritmo vernáculo en el final de esa década en la que suponíamos que todo se podía, dónde el relato del norte se mezclaba con nuestras divergencias, que por supuesto era el arte el espacio donde se manifestaban claramente, Emilio, desde ese Woodstock con rock&bombo y guitarra sé encarga de hacer historia de la buena.
    ¡Brillante!

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    1. Gracias Marta querida, con los años uno siente recuerdos de esos tiempos con mucha más intensidad, significación...

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  4. Emilio, este “Woodstock” santafesino, viene cargado de humor y de nostalgia, convertíste una experiencia que prometía ser inolvidable, en una sucesión de situaciones muy locas. Tu cuento tiene una frescura bárbara, y esa mezcla de recuerdos adolescentes, rock, mosquitos, policía, chacareras y Coca Sarli termina siendo un verdadero festival… aunque bastante distinto al imaginado. ¡Me encantó y me divertí muchísimo! Gracias amigo, vamos por más!

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    1. Gracias Laura, y gracias tb por la oportunidad de contar esta vivencia a los compas de Atrapados

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  5. Hermoso relato de un época, en la que creo, se vivía todo con una gran intensidad, no por lo que se hiciera, en realidad, sino porque todo era a descubir y todo o casi todo, se nos estaba prohibido, por las dictaduras o por la edad. gracias por el recuerdo de grandes bandas del rock nacional y sinfónico y por los detalles casi ícónicos que tan bien pintaban un época. Sublime el final con la Coca Sarli, resumen de todo. Felicitaciones!!!

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  6. Increíbles recuerdos que los tenés muy frescos y que como siempre que te leo revivo mis recuerdos. En este caso los etilos de vestimenta, el teñido con anilinas de remeras y pantalones. Los tiempos se aceleraron tanto que hoy es imposible pensar en una performance ( palabra inexistente en los 60/70) para armar un espectáculo tal como lo registras el de “tu Santa Fe”. Lindos recuerdos que guardas bajo 7 llaves y de vez en cuando los soltas.

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  7. ja.ja..ja.. que buena... aqui en Chile paso lo mismo. Del 10 al 12 de octubre del 70, a los pocos días que había subido Allende a la presidencia, se organizaron 3 días de paz, amor y rock and roll en las cercanías de Santiago, en Piedra Roja. Asi quedo el Woodstock de Piedra Roja. Yo era chico (16) y no fui, pero las noticias es que fue un desastre en lo musical, con pateaduras y palos de carabineros por consumo de alcohol y otras hierbas. Después hubo una investigación del congreso para ver que pasaba con la juventud!! de ahi se vino el conflicto politico, y se dejó de hablar de Piedra Roja

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  8. Todos alguna vez terminamos viendo alguna de la Coca (o tres, en los continuados) después de un día de rocanrroll...

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  9. Gracias Emilio, me encantó tu historia en el festival de Rock de la isla de Berduk. Yo aún no estaba en este planno en 1970, llegué dos años más tarde, jaja. Pero aprendí mucho con tu relato de las bandas de Rock de ese momento y muchas aún vigentes.Se nota que lo disfrutaste mucho, me encantó cada uno de los personajes ( tus amigos, compañeros ) y la odisea que tuvieron que hacer para poder ir ,en una época del país de tanta censura etc. Gracias! Felicitaciones!

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  10. Muchas gracias Jorgelina, muchas gracias...no teníamos mucho aire puro, nos arreglabamos como podíamos, y me alegra pensar que la experiencia frustrada nos haya dejado haber intentando, y bah, los que meses después hicieron el Woodstock en Santa Fe "bueno", capaz tomaron nota pq les salió muy bien

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  11. Jaja, toda experiencia sirve!!!!!! Gracias Emilio!

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  12. Hermosa descripción del Woodstock de la salada, ja... pero bueno, terminó con la cana a bastonazos y tetas al aire, como el Woodstock original. Buenísimo.

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  13. Emilio, qué cuento tan lindo. Mostrás un recuerdo contado con mucha vida, humor y nostalgia. La ilusión adolescente de vivir un Woodstock santafesino se va desarmando entre barro, mosquitos, la música desafinada y desilusiones, hasta convertirse en una anécdota entrañable. Porque, a veces, aquello que en su momento fue un fracaso, desde la mirada inocente y desmesurada de la juventud, donde obviamente no podía faltar La Coca Sarli, con los años se transforma en un recuerdo inolvidable.
    Felicitaciones. Hermoso recuerdo, amigo.

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    1. Gracias querida Isa...los años fueron tiñendo de un gusto entrañable, y extrañado, a muchos episodios

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  14. Qué hermosura de cuento Emilio! Que Placer fue leerlo! Creo que a todos nos hace acordar de aquellos años adolescentes, con cuanta ilusión y pasión empezábamos con algún grupito de amigos a asomarnos a la vida! A mí particularmente, me trajo tantos recuerdos...Fui a vivir a Santa Fe en el 75, en seguida me tocó la dictadura siguiente. Amaba la isla Berduc, iba a pasar el día con mi ex marido e hijitos pequeños todavía se padecían los mosquitos, di clases en el Nacional y se mantenían las competencias entre colegios, y si también sentí a veces la mirada como que era de otro planeta cuando decía que era rosarina... Es tan lindo recordar, gracias!
    Raquel kreichman

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  15. Hermoso Emilio, tu relato confirma mi idea : la realidad siempre supera a la fantasía. En este caso se sumó al espectáculo de rock el folklore. Te puedo ver transitando ese alocado día porque la voz con la que contas tu experiencia es la del pibe de casi 15. Magia pura.

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  16. Gracias Patricia, me gratifica especialmente el comentario pq intenté recrear la voz de aquel chico que fui, y durante esa época

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  17. Emilio, hay doss personajes que me captaron y fuerte, El primero : Caminitti, estoy hurgando en mis recuerdos porque me suena, por lo tanto, agua trae. Qué magnifico haberlo tenido en tu adolescencia dónde era tan dificil salir del Club del Clan y la terrible mediocridad de sus cantantes, que te haya abierto el bocho al rock de a deveras (como dicen en México).es una bendiciçon del UNiverso. EL festiva,l un relato tan simil a otros intentos de emular grandes proyectos que se vienen a menos desde el vamo pallà, bobo . Una delicia de suceesos adolescidos. El cierre, fenomenal la Coca Sarli presente! Gracias por tanto.

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    1. Muchas gracias Susi, me alegra, me halaga, que me hayas leído de esta manera

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