EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN
Presenta:
"Mis Héroes y Heroínas Literarios"
IDEA Y CREACIÓN:
Emilio Bertero
________
Antonio Dal Masetto
Escritor y periodista ítalo-argentino
(1938-2015)
Antonio vino a la Argentina los 12 años desde Italia,
de modo que toda su carrera literaria la hizo acá. Radicado en Salto, provincia
de Buenos Aires, su temprana afición por la literatura, entre otros detalles,
se nota por haber aprendido castellano leyendo libros que elegía al azar en la
biblioteca del pueblo.
Pese a haber dejado su país natal de tan chiquito, uno
encuentra en sus textos esa especie de atmósfera tan propia del inmigrante tano
(y en la mayoría de sus obras hay mucho vinculado con esto), pero asimismo varios
están llenos de la impronta porteña y una bohemia que rápidamente incorporó,
capaz ayudado por su recorrido laboral previo al de escritor profesional, como albañil,
pintor, carnicero, heladero, vendedor ambulante, empleado público…
Y estas marcas se notan ya desde su primer libro de
cuentos, “Lacre”, publicado a sus 26 años y exitoso de entrada, pues fue
Primera Mención del Casa de las Américas de La Habana. Desde entonces
desarrolló una obra muy profusa, no le leí todo, pero todo lo que le leí me
gustó muchísimo, más que suficiente para tener a Dal Masetto entre mis “héroes
literarios”.
Su segunda publicación fue su primera novela y una de
las más conocidas, “Siete de Oro” (1969), un trabajo que él mismo calificó como
marcadamente autobiográfico. Y en efecto, el narrador refiere los viajes de su abuelo
a América para levantar las cosechas, relata como repite el esquema migratorio
que años antes había realizado su padre y, finalmente, el apodo “Tanito” del
personaje principal, permite establecer una identidad entre éste y el autor.
Por si no bastara, “Tanito” escapa de su casa, tal como hizo Dal Masetto en su
vida real a los 18 años, la novela se desarrolla partiendo de un viaje al sur
hacia Bariloche (ciudad no nombrada pero que se adivina claramente), adonde
Antonio vivió entre 1965 y 1969, y un episodio muy dramático vinculado con un
niño pequeño, tiene correlato con una vez en que salvó de ahogarse, al hijito
que tuvo en Bariloche con su primera esposa.
“Siete de oro” es la novela imprescindible de leer si
se quiere acceder al escritor de esta entrega, porque es la fundacional de su
narrativa, y no por ser la primera cronológicamente hablando, sino porque exhibe
con claridad los rasgos que marcarían esa narrativa, un realismo impactante,
una forma de relato que no elude la aspereza en pro de la precisión, una gran
intuición para poner tensión o intensidad en el momento justo, y para iluminar
u oscurecer conforme el episodio lo requiera, más todos los signos de una
indubitable identidad generacional.
Tengo una anécdota. Cuando el libro cobró cierta
fama, un diario de Bariloche, aprovechando la volada, entrevistaba semanalmente
a supuestos personajes de la novela, titulando la nota “Fulano de Tal, uno de
los Siete de Oro...”. Pero si bien Dal Masetto se inspiró en algunos lugareños
que conoció, “Siete de Oro” no contiene ningún retrato estricto y, sin embargo,
cuando a cada entrevistado le preguntaban en la entrevista si se reconocía,
respondía que por supuesto, nadie declaró no tener nada que ver, todos querían
ser protagonistas.
En uno de los primeros párrafos de “Fuego a
discreción” (1983) se lee: “Días densos, llenos de furia y gusto a nada.
Imaginaba incendios. Fuegos fastuosos donde todo capitulaba y desaparecía. Por
la noche y a menudo durante el día, las persianas bajas y el velador prendido,
fumaba sin parar durante horas, dejaba que la pieza se llenara de humo y que
los puchos se consumieran en el cenicero. Los miraba gastarse, sin pensar. En
mi cabeza, aparentemente, no había otras presencias vivas que esas brasas
humeantes. Así era mi vida durante ese verano”. Lo transcribo para que
quien no lo leyó, pueda darle una probada a como escribía Antonio, pero más que
nada para introducirlos tanto en el clima de época (“de tierra devastada” se
lee en la sinopsis de la contratapa), como el clima íntimo en el que vive el
personaje de la obra.
Dal Masetto la escribió hacia el final de la última
dictadura, y nos hace re vivenciar con maestría esa angustia de los
patrullajes, los operativos, la ignominia, los suplicios, pero…Pero se vienen
las elecciones. Y en esta negrísima novela, entonces emergen sentimientos puros
y afectos, con los que, no resignándose a abandonar el realismo de toda su
literatura, el Tano entremezcla bajezas, traiciones y remordimientos, pero aun
así consigue sostener la ilusión, la esperanza, como si fuera una liturgia solo
para los lectores a los que eligió dirigir este libro.
Esta novela recibió el Segundo Premio Municipal (Buenos Aires) de 1983.
“La tierra incomparable” (1994) es el libro de
Antonio Dal Masetto que más me gustó. Como anticipé, mucho de su literatura
está signado por la añoranza del inmigrante, y en esta conmovedora novela se
encuentra especialmente de manifiesto. Con ochenta años recién cumplidos, Ágata,
una inmigrante italiana, regresa a su pueblo natal luego de media vida en la
Argentina.
Me resulta notable como de una manera muy concisa, Dal
Masetto desarrolla un texto de gran profundidad “sobre el desarraigo, la
nostalgia y la lucha contra la desesperanza, que se libra con ánimo
inquebrantable por recuperar lo perdido.” (entre comillas, textual de la
sinopsis de la solapa de mi libro). Al leerlo, sentí que Antonio estaba metido
todo el tiempo en la piel de su personaje, que pese a haber venido tan pequeño
a la Argentina y al tiempo transcurrido en el nuevo arraigo, nos decía que para
el inmigrante la mejor tierra es la que se dejó, nos hablaba del choque entre aquello
que se abandonó y lo encontrado en el retorno, y exhibía una intención
desesperada por recobrar aunque sea un rastro de lo perdido al emigrar.
Esta novela fue galardonada con el Premio Planeta Biblioteca del Sur de 1994.
“La tierra incomparable” tiene raigambre en
“Oscuramente fuerte es la vida” (1990, Primer Premio Municipal Buenos Aires de ese año) y, de hecho, si
bien pueden leerse como unidades separadas, lo mejor es abordarlas como un
díptico, en el que la primera de las novelas relata la infancia, juventud y los
recuerdos de los avatares de Ágata en Italia, hasta el momento clave de su
decisión de emigrar. Para escribir ambas novelas, el Tano entrevistó a su
propia mamá con mucho tiempo, paciencia y profundidad, y es así como contaba
que no solamente obtuvo información, sino que también, primordialmente,
encontró la voz de Ágata.
Finalmente, Dal Masetto completa una trilogía con la publicación
de “Cita en el lago Maggiore” (2011). Aquí, el hijo y la nieta de Ágata son los
que viajan al pueblo de sus ascendientes, con un vínculo de una intensidad tal,
que son artífices de la construcción de formidables puentes entre pasado y
presente.
“Hay unos tipos abajo” (1998) está
instalada básicamente en el llamado Bajo de Buenos Aires, una zona del Barrio
Retiro no muy extendida cerca del puerto y del río, adonde Dal Masetto se
afincó desde finales de los ´60, y vivenció los sucesivos cambios que tal zona
fue experimentando, desde cuando particularmente en la calle 25 de Mayo estuvieron
asentados piringundines frecuentados por los marineros de los buques mercantes
que en ese entonces atracaban seguido en Buenos Aires, hasta tiempos actuales de
boliches requintados con la influencia de Puerto Madero, pasando por una época
más atractiva para mi gusto, la bohemia de los 90, durante la que gente del
arte frecuentaba casi con exclusividad bares como “El Verde”, “Seddon”, “Bar O
Bar” y otros por el estilo, verdaderos refugios culturales que tuvieron al Tano
entre sus habitués.
Me dispersé. Pero bueh, como dijo Pilatos, lo
escrito, escrito está. Yendo a la novela, año 1978, tiempos fuleros para Pablo,
el protagonista de “Hay unos tipos abajo”, periodista que
apenas sobrevive con notas descriptivas más que de opinión como a él le
gustaría redactar, encima ocultando más que contando la verdad de lo que está
pasando en Buenos Aires.
Se viene la final de Argentina contra Holanda, la
elección de un especialísimo anclaje temporal muy funcional a la obra. El día
antes una amiga, Ana, le dice que “hay unos tipos abajo” del edifico, y que le
parecen muy sospechosos. Y ahí, de este episodio insustancial al que solo puede
ponerle carne la época, la esplendorosa narrativa de Antonio monta en un texto
económico, pero con más realismo imposible, todo el terror de esos tiempos, de
una manera rotunda pero también sutil, es fantástico como hace eso. Uno lector se
ve contagiado rápidamente del clima delirante en el que se sumerge Pablo, vive
como propia su ¿paranoia?, sus ora certezas ora dudas sobre si esta vez los
servicios le tocaron a él, o solamente son unos tipos vigilando las calles en
la víspera de un evento deportivo en el que a menudo hay desbordes.
“Bosque” (2001) es la que me pareció la novela más
imaginativa de todas las que le leí. Es un texto muy llano, fluido, fácil de
leer, pero no exento de una variada profusión de entrelíneas, subtextos, que
terminan siendo lo que da hondura y riqueza al libro.
La trama gira alrededor de Bosque, un pueblo
bonaerense en el que cuatro tipos se mandaron un asalto más o menos importante
para la escala del lugar. La acción se sitúa varios años después, cuando cae a
Bosque el personaje principal, Muto, un hombre que se presenta como guionista
de cine colectando información para hacer una película basada en el robo. A la
gente les mete el verso de que existe el propósito de que aparezcan en la cinta
haciendo de sí mismos, pero a Muto en realidad lo anima vengarse de uno de los
asaltantes, alguien por el que su mujer lo dejó veinte años antes. Pero el
hombre ya está muerto, de manera que la novela vira al encuentro de Muto con
toda la gama de curiosos habitantes, básicamente con sus pobrezas, resentimientos
y vilezas para, al cabo, llegar a una verdad desconocida. Como se aprecia,
novela no exenta de intriga, pan comido para la maestría de Dal Masetto, un
constante volar entre la fragilidad del pasado y un futuro amenazante.
En la periferia, “Tres genias en la magnolia” (2004)
casi que podría ser un cuento de hadas, una fábula ingenua, tres niñas
integradas alrededor de la magnolia, un árbol de sabiduría y magia, recuperando
en las aventuras que viven, como en las urdimbres de un juego infantil, valores
de sinceridad, honor y justicia que la niñez idealiza. El oficio del Tano es
capaz de que “Tres genias en la magnolia” pueda ser leída por lectores de casi
cualquier edad, y que cada uno la aborde y entienda con la simpleza de una mera
parábola o la profundidad de poner en tela de juicio lo que aceptamos consuetudinariamente
como valores incuestionables.
Tiene de todo un poco, cachorros extrañamente perdidos,
mafiosos, corrupción, estafas, elementos con los que se encuentran las pequeñas
e imaginativas aventureras, y sobrevienen episodios relatados con un lenguaje
que abandona por esta vez la narrativa áspera del autor. Dal Masetto vuelca el
mundo propio de fantasía de las protagonistas que, desde lo alto de la magnolia
(a la sazón el equivalente a un castillo de cuentos), tratan de comprender el
mundo de abajo.
“Cuando la terminé, en realidad no sabía bien qué
había hecho”, dijo Antonio Dal Masetto cuando concluyó esta novela.
“Sacrificios en días santos” (2008) es una novela que
también se desarrolla en el pueblo de Bosque. Arranca bien arriba, con un hecho
insólito y escandaloso, protagonizado en un colegio de monjas y presenciado por
las alumnas, entre un carpintero y una oveja. Qué linda locura la de Dal
Masetto. Este episodio desata un texto con humor y a la vez suspenso no exento
de drama y enigmas, sostenido de modo impecable por la acostumbrada precisión
del autor y su manejo de los ritmos, acorde siempre con la trama argumental de
la que se trate.
Lo cierto es que esta vez el Tano construye una
historia lo suficientemente morbosa como para que vuelvan a instalarse
prejuicios y miserias, y atrás de ellas maquinaciones de toda índole. Me gusta
mucho lo que dijo Gabriel Lerman en la reseña que hizo al momento de la
publicación: “… se funda en una idea pequeña, casi para un cuento. Solo que
la pericia narrativa de Dal Masetto puede construir un paseo largo allí donde
hay una vuelta a la manzana”.
Instalada bajo el famoso dicho “pueblo chico,
infierno grande”, la historia tiene los ingredientes y condimentos propios de
esa expresión, y se le ajusta cabalmente, creo que no podría construirse en la
gran ciudad (aunque no sé, el Tano fue capaz de todo), de movida porque un
golazo periodístico mayúsculo sea solo seguido por un semanario de morondanga,
para molestia, pues de algún modo se ven relacionados, del intendente y del
comisario, administrador del prostíbulo de la ruta, negocio que siente como su
muerto en el placar pese a que no haya nadie que lo ignore. Y porque las
perversiones, las tentaciones, las paranoias, las perfidias, las vergüenzas y desvergüenzas,
están ceñidas a los límites de ese pequeño ejido urbano, como si un domo invisible
impidiese que entraran o salieran otros personajes y sensaciones, aunque aún
así, Dal Masetto no se priva de montar, a escala de Bosque, episodios de la
gran urbe, como una convocatoria a la plaza central de las barras bravas de los
dos clubes de Bosque. Para terminar, apelo nuevamente a Gabriel Lerman: “Tal
vez la novela sea una gran metáfora de como un hecho nimio, aislado, activa
paquetes de sentido que anidaban en estado larval”.
“La última pelea” (2017) es la novela póstuma del
Tano, la que escribió con lo último que le quedaba de su salud quebrantada. Un
albañil muere en un accidente de trabajo por culpa de un andamio defectuoso, y
en ese momento a su hijo se le revelan las angustiosas diferencias de clase de
donde vive, un lugar que se pinta tanto o más pequeño que Bosque, y en el que
los ricachones (a quienes llaman los Príncipes), amparados por una policía
corrupta, hacen lo que quieren sin que nada les importen sus semejantes, al
contrario. Así es como se apiñan toda suerte de episodios violentos sin ser
resueltos, o resueltos vidriosamente por una justicia inexistente, solo formal
y también entongada con los privilegiados.
Con relato en una primera persona que nutre de
intensidad al texto, Dal Masetto edifica en ese ámbito un protagonista —el hijo
del albañil muerto— solitario, abatido, lleno de bronca y frustración. Decide
hacerse boxeador, básicamente porque cuando golpea la bolsa en el gimnasio,
imagina que está golpeando a los infames privilegiados del pueblo. Hace algunas
peleas y, cuando muere su madre, se va del pueblo sin siquiera planear un
destino, acabando instalado en una miserable pensión de Buenos Aires. Un buen
tiempo vive de trabajos menores ocasionales, hasta que se ofrece en un circo
para representar al “boxeador-hombre de las cavernas”, que en cada pueblo de las
giras que el circo emprende, combate con algún lugareño.
Es inevitable que el circo caiga a su pueblo natal. Y
es inevitable que le toque pelear contra uno de los Príncipes, justo uno de los
que con más odio recuerda. Así que cuando arranca la parodia de pugilato, ni
bien puede le surte una piña que deja knockout a su oponente. Y el tipo no
reacciona. Temiendo las consecuencias el circo prácticamente huye del pueblo. Pero
el hijo del albañil no. Solo lo (mal) protege el placer de la venganza de los
vecinos pobres. Aun así, con todo el poder en contra, no escapa, no se esconde,
se queda en la plaza a la vista de todo el pueblo, aferrado a sus recuerdos de
niño, de su papá y de su mamá, de todo lo que Antonio Dal Masetto sugiere,
nadie podrá quitarle le hagan lo que le hagan.
El resto de sus novelas publicadas son “El ojo de la
perdiz” (1980), “Siempre es difícil volver a casa (1985), “Amores” (1991), “Demasiado
cerca desaparece” (1997), “La culpa” (2010), “Imitación de la fábula” (2014) y
“Crónica de un caminante” (2015, póstuma, terminada de corregir poco antes de
su muerte).
En este punto, es dable mencionar que la producción
de novelas de Dal Masetto recibió el
Konex de Platino 2014, por el período 2011-2013.
En cuanto a antologías de narrativa corta, además de
“Lacre” (1964), publicó “Ni perros ni gatos” (1987, por la que recibió el Segundo Premio Municipal Buenos Aires de
ese año), “Reventando corbatas (1988), “Gente del bajo” (1995), “El
padre y otras historias” (2002) y “Señores más señoras” (2006). Toda me resultó
no solamente buena, sino muy entretenida de leer. Sin embargo, me quedo
especialmente con dos: “Gente del bajo” y “Señores más señoras”.
La primera remite de nuevo a la zona de Buenos Aires
de la que comenté cuando me referí a la novela “Hay unos tipos abajo”. El libro
está lleno de personajes y episodios que relatados por Dal Masetto —con una
estructura predominante de diálogo— no solo recrean la visión de un mundo
especial y sus habitantes, sino que es como que revelaran una mítica oculta, una
bohemia encantadora para los ajenos (o incluso no tanto) al Bajo, nos permite
asomarnos a la vida de gentes particulares tanto en sus parecidos como en sus
singularidades, todo anclado en ese espacio único de unas pocas calles y bares
emblemáticos, no siempre nombrados, pero siempre fáciles de ver gracias a un
preciso seguimiento de imágenes del que hace gala el Tano. Dicho todo esto, es
ocioso mencionar la unidad temática de la obra, pero sí que, como un regalo
para el lector, la misma se ve fortificada por la frecuente reaparición de unos
cuantos de los personajes más interesantes, varios relatos después de su
anterior incursión.
“Gente del Bajo” nos captura desde el primero de los 64
relatos y ya no nos suelta, y llegado al final, terminar el libro se experimenta
como una triste despedida.
En cuanto a “Señoras más señores”, no en vano se
llama así en lugar de Señoras “y” señores como sonaría más común, porque los
hombres y mujeres de cada una de las historias son una suma eficaz, no un mero
agregado, para contribuir a una deliciosa lectura sin efectos traídos de los
pelos, sino tramas simples y a la vez originales, que como en mi caso y pese a
que hace mucho las he leído, perduran de manera indeleble aunque sin avisar que
están ahí, y cada dos por tres, una circunstancia cotidiana, por más nimia que
pudiera ser, me trae a la memoria alguno de los relatos de este libro, y hacen
que la nimiedad se resignifique con inesperada intensidad.
En definitiva, “Señoras más señores” es mucho más que
“crónicas de hombres y mujeres en estado de búsqueda, encuentro, tristeza y
felicidad” (la descripción sucinta de la mayoría de las sinopsis) pues, aunque
tal descripción refleja el basamento de cada relato, una vez completada su
lectura, uno advierte que esa descripción sin más, reduce, achica la hondura de
la narración.
Cabe agregar que Antonio Dal Masetto, también publicó
algunos de sus textos de ficción y no ficción en volúmenes colectivos, y que, como
colaborador de medios y diarios, en particular Página 12, desarrolló también el
oficio de periodista. “…supo brillar en Página/12 con contratapas que
describieron la política, la economía, la sociedad y la cultura argentina entre
finales de la década de 1980 y 2003. Sus microficciones tenían como punto de
partida las charlas de bar o diálogos ocasionales entre vecinos del Bajo
porteño. Si el periodismo muchas veces se piensa como el oficio de lo efímero,
esos textos supieron traspasar el tiempo. Pero él las veía como una carga: ´Si
pudiera evitarlo, no lo haría, pero uno tiene que vivir de algo´” (pequeño
extracto de nota aparecida en Página 12 en febrero de 2025, firmada por Manuel
Barrientos).
Entre sus publicaciones de “No ficción” también destaca
“Crónicas argentinas” (2003), sobre las crisis económicas argentinas. Escrita
en un tono novelesco y con el agregado de personajes reunidos en un bar, su
lectura resulta mucho más palatable de lo que sería un simple ensayo.
Dos de sus
novelas fueron llevadas al cine: “Hay unos tipos abajo” en 1985, con dirección
conjunta de Rafael Filippelli, Emilio Alfaro, Andrés Di Tella y Julio Karp (Dal
Masetto coescribió el guion), y en 1992 “Siempre es difícil volver a casa”, dirigida
por Jorge Polaco.
No vi la de Polaco y tampoco leí la novela, así que
nada propio puedo comentar. Los roles principales están a cargo de Miguel del
Sel, Dady Brieva y Soledad Silveyra, y los géneros prevalentes son comedia,
drama y crimen. Según la sinopsis de mi sitio predilecto de cine “Son cuatro
hombres desesperados. No pretenden nada del futuro salvo lo poco que puedan
arrebatarle. Han decidido asaltar un banco de provincia… pero algo sale mal… La
abulia del pueblo se transforma en una colectiva reacción de defensa que
adquiere ribetes de salvajismo… los delincuentes se convierten en perseguidos,
las víctimas en victimarios”.
“Hay unos tipos abajo” es el inusual caso de la película precediendo a la novela. Dal Masetto tenía escritos algunos apuntes que había hecho durante el Mundial 78, Filippelli lo sabía y ya en democracia le pidió coescribir un guion de cine con él y con Alfaro. En base a sus apuntes y esa participación en el guion, el Tano elaboraría lo que sería la novela publicada en 1998.
Con este
dato, resulta natural que la cinta refleje tanto la trama como el espíritu de
la novela. Los directores tuvieron buen desempeño, principalmente logran plasmar
el clima opresivo de época y que Brandoni, protagonista casi excluyente, se
luzca mostrando su creciente paranoia, el miedo y la angustia imaginada por Dal
Masetto. También me pareció destacada la actuación de Luisina Brando, aunque en
verdad, a buena parte del elenco lo integran actrices y actores argentinos de
nota.
Una notita
curiosa: sobre el final de la película, Brandoni viajando en tren en un estado
de gran tensión, la cual se le acrecienta cuando adelante se le sienta un tipo de
aspecto intimidante. Es Dal Masetto, que se dio el gusto de reservarse ese
pequeño papel.
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.
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