Editorial Atrapados por la Imagen
Presenta:
"Con la cama a cuestas"
Del escritor:
Sebastián Rogelio Ocampo
"Artista de Atrapados por la Imagen"
Edición: Editorial Atrapados por la Imagen
RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ
Registro de propiedad intelectual
"Con la cama a cuestas"
Un
día desperté pegado a la cama. Abrí los ojos, con modorra, como siempre, y
cuando quise moverme no pude. Intenté levantar el torso apoyando los brazos y
nada. Una fuerza me empujaba hacia abajo. Intenté sentarme de golpe para ver si
lo lograba pero no. ¿Qué me estaba pasando? Podía mover la cabeza de un lado a
otro, pero no despegarla. No estaba triste o angustiado. Estaba sorprendido.
Así que grité, para que alguien viniera a ayudarme. Me di cuenta de que mi hija
y mi hijo estaban en el colegio y mi esposa en el trabajo. Giré la cabeza y
alcancé a ver el celular sobre la mesa de luz pero no pude llegar a él. No me
quedaba otra que esperar a que mi hija saliera del colegio al mediodía. Intenté
volver a dormir pero no pude. Me puse a pensar en los viejos tiempos de la
escuela secundaria cuando vivía en un internado. Las noches eran divertidas y
siempre hacíamos cagadas con mis compañeros. Había uno a quien habíamos
agarrado de punto y le poníamos crema de afeitar en el picaporte de la
habitación. Siempre caía y se enchastraba todo. Ahora que lo pienso era una
boludéz, pero nosotros nos matábamos de la risa. Esos eran buenos tiempos, pero
ahora, la falta de trabajo, el aburrimiento, el agobio existencial.
Un par de horas estuve ahí,
divagando con la mente, con el cuerpo inmovilizado, finalmente, mi hija llegó
del colegio. ¡Renataaaaa!, grité. Ella se asomó desde la puerta. ¿Qué pasa,
papi? Renata, estoy pegado a la cama. Uhhhh, ¿y qué puedo hacer? Traeme algo
para tomar. Tengo sed. Me trajo un poco de agua fresca, hacía mucho calor.
Volteé un poco la cabeza para dar algunos sorbitos de costado. Papá estás todo
transpirado. Me puso unos paños frescos sobre la cabeza y encendió el aire
acondicionado. ¿Desde cuándo estás así, papá? Desde esta mañana. Me hubieras
llamado a la escuela y venía. Pero si no puedo, no puedo ni mover los brazos.
¿Querés que te traiga algo para comer? Sí, un pedacito de pan con mermelada,
algo blando y fácil de tragar porque viste que no puedo mover la cabeza
demasiado. Me trajo el pan con mermelada y me lo dio de a pedacitos. Calmó mi
hambre. ¿Qué le voy a decir a tu mamá? Decile que te despertaste pegado a la
cama, y listo. Pero si se piensa que no me quiero levantar. Se va a dar cuenta,
papá. Se nota que estás pegado. A lo mejor para cuando ella llegue se me
pasa.
Cuando llegó mi esposa ella estaba
realmente cansada. Entró en la pieza. ¡Qué calor que hace en la calle, por
Dios!, exclamó. ¿Te fuiste en bicicleta?, le pregunté. ¿Qué hacés vos acostado
todavía? Estoy pegado a la cama. Pufff, lo que faltaba ¿Y desde cuándo? Desde
esta mañana. ¿Renata te trajo algo de comer? Sí, sí. Bueno, me voy a tirar un
rato al lado tuyo para descansar. Está lindo acá con el aire acondicionado, dijo.
¿Cómo te fue en el trabajo?, pregunté. Bien, bien, me dieron el ascenso. ¡Qué
bueno, mi amor! La verdad que sí. Me tenía fe. ¡Más plata!, exclamó. Viene bien
porque vaya a saber uno cuánto tiempo vas a estar vos pegado a la cama, así ni
trabajo vas a poder buscar. Ya lo sé, dije.
Pensé en los buenos momentos. Era
vendedor de camionetas Volkswagen. Se vendían bien. Yo conozco el oficio y soy
elocuente y tengo el don de seducir a la gente. Tenía buena comisión, así que
vivíamos mejor que ahora. Después la concesionaria se mudó a otra ciudad y me
quedé sin trabajo. Un garrón. Anduve errante por la ciudad buscando trabajo.
Llené las páginas web con mi curriculum. Pero nada. Está dura la calle para un
vendedor. Lo único que aparece para vender son cosas raras, chucherías chinas,
o cosas invendibles como lanchas o luminarias para eventos sociales. Ahora,
estoy pegado a la cama; lo único que me faltaba. A decir verdad, escuché de
algunos otros que despertaron pegados a la cama. Un muchacho conocido que
estaba jugando en la reserva de Central y se quebró los cruzados. Un amigo
diabético al que le tuvieron que amputar una pierna. Una señora a quien se le
murió el marido. Cuando mi esposa despertó le dije: ¿Te acordás de Martita?
Cuando quedó viuda despertó pegada a la cama. Sí, me acuerdo, dijo. Pero mejor
ni me hagás acordar, la tuvieron que sacrificar, agregó. Tenés razón, dije
triste otra vez. Mejor ni recordarlo. Mi
esposa todavía estaba contenta por el ascenso. Empezó a besarme y yo hice lo
que pude. La cosa se enfervorizó y se subió encima de mí y tuvimos relaciones.
Me sentí bien. Un poco hombre. Algo que hacía tiempo no me sentía.
Pasaron unos días. Un día entró mi
esposa furiosa en la pieza. A ver dejame ver algo. Pasó la mano entre la cama y
mi cuerpo. Te estás mandando la parte. No hay ningún pegamento. Vos no tenés
voluntad para levantarte. Pero no, mi amor, no me puedo despegar. ¡Mentira!¡Yo
no estoy para mantener vagos! Más vale que te levantes. Me apagó el aire
acondicionado y salió de la pieza dando un portazo. Al rato entraron mi hija y
mi hijo. Habló ella primero: papá, dice mamá que no estás pegado a la cama. Sí,
eso dijo, manifestó mi hijo ¿Por qué haces esto, papá? ¿Ustedes tampoco me
creen? No me puedo mover. ¿Ustedes se creen que yo quiero estar así? Papá,
tenés que salir y buscar trabajo. Somos una familia. Todos tenemos que
colaborar. ¡Dios mío!¿Por qué no me creen? ¿Te acordás de Gustavo, Renata? El
muchacho que jugaba en Central y se rompió los cruzados. Él también apareció
pegado a la cama. Tenés razón, sí, me acuerdo, cuando se curó le dijeron que
podía volver a jugar y se despegó. Pensaron en sacrificarlo. Qué triste. Sí,
por favor, denme una posibilidad, seguramente voy a despegarme pronto. Pero
papá, mamá dice que no hay nada que te pegue a la cama, dice que pasó la mano
por abajo de tu cuerpo y no tenés nada. ¡Pero no me puedo mover! Mis dos hijos
me besaron y salieron de la pieza.
Traté de hacer un esfuerzo
descomunal por despegarme pero no pude. Empecé a angustiarme. Un dolor opresivo
en el pecho. Un ardor. Empecé a sentir un fuego adentro mío y la sensación
vertiginosa de estar cayendo en un precipicio y la inminencia de que me iba a
hacer mierda contra algo. Grité. No fue un pedido de socorro, fue una descarga,
volví a gritar. Mi esposa se asomó a la pieza. Vago de mierda, dijo. Ahora
hacés show, agregó. ¿Podés llamar a un médico?, le pregunté. Ni loca ¿un médico?
¿para hacer más teatro? Voluntad, papito, eso te hace falta. Levantate y déjate
de mandar la parte. Nadie me comprendía. Yo hubiera sido el primero en
levantarme de la cama y salir a buscar trabajo. No deseaba otra cosa que volver
a ser un ciudadano digno. Un trabajador digno. Alguien capaz de sostener una
familia. Pero, ahora estaba pegado a una cama sin esperanzas y sin que nadie me
creyera. Escuché murmullos entre mi esposa y mis hijos. Lo único que faltaba
era que pensaran en sacrificarme. Mi esposa no iba a hacerlo. ¿Saben por qué no
iban a hacerlo? Porque mi esposa iba a preferir humillarme siendo ella la que
mantenía la casa antes que dejarme morir. Iba a venir a sermonearme todos los
días y hacerme sentir un inútil, un fracasado. Posiblemente se iba a conseguir
un amante y disfrutar de la vida sintiéndose superior a mí. Solo una cosa podía
salvarme: un milagro. Entonces pensé que él milagro sería yo. Me levanté de un
saque con la cama pegada en la espalda. Pesaba como un baúl lleno de muertos.
Mi esposa y mis hijos me miraban con los ojos hechos unas bolas de hielo
inmensas. Yo parecía un transformer
pero por dentro era un montón de vidrio destrozado. Caminé en piyamas,
arrastrando sobre mí la cama, llevándome un montón de cosas por delante; las
cosas caían y se rompían pero a mí no me importaba nada, tenía la convicción de
que mi vida iba a cambiar. Manoteé los curriculums y salí a la calle.
_______
Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a:
Diseño y Maquetación: Laura Jakulis
Editora Literaria: Isabel Santoro
Agosto 2026
“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra”

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.







Faa, qué buen cuento, medio kafkiano se me ocurrió, ¿un poco de realismo mágico vernaculo?, me gusta el fluir continuo del relato, casi sin puntos y aparte, cambia el personaje que habla sin solución de continuidad, aportando un ritmo que le va redondo, bien elaborada la evolución, el cambio de actitud de esposa e hijos, el pensamiento del pegado a la cama, las citas de ejemplo como el jugador de Central, esa cosa del "sacrificio" mechada ahí como al descuido pero que a uno se le cruza una especie de "epa, de qué va esta cosa?", y final a todo orquesta, cumpliendo con una de las reglas fundamentales del buen cuento. Chapeau
ResponderBorrarFelicitaciones Sebastián! Excelente cuento, me encantó leerlo. Si, como dice Emilio puede asociarse con el personaje Gregorio Samsa que se despertó un día siendo un insecto. Esa intertextualidad y el absurdo pone lo en valor al cuento, porque se trata de nuestra realidad kafkiana, la de la Argentina de hoy como también la de todos los Samsa o de nuestros conciudadanos "los nadies" . Primero su familia considera su situación como natural pero luego no le creen, lo maltratan y hasta ya existe la posibilidad que lo exterminen, acorde a este Amo totalitario que nos rige y al que tantos obedecen sin pensar. Me alegra que por suerte el personaje toma coraje y con fe en si mismo, sale a pelear por si vida como puede, hasta llevando el peso de su cama pegada. Hermoso!
ResponderBorrarRaquel kreichman
Sebastián, tu cuento nos muestra el peso invisible de quien un día deja de poder sostener la vida como antes. La cama no es solo una cama: es el dolor, la pérdida de la dignidad, la culpa y esa inmovilidad que muchas veces los demás no logran ver. Mientras lo iba leyendo no podía dejar de sentir una mezcla de ternura, impotencia y tristeza frente a ese hombre que lucha por demostrar que no eligió quedarse ahí.
ResponderBorrarEl final me pareció conmovedor, porque decide salir al mundo igual, llevando la cama sobre la espalda, como quien acepta que, si bien algunas heridas no desaparecen, puede encontrar la fuerza para seguir. Eso hace la diferencia con Gregor Samsa que se abandona a su suerte y muere.
Sebastián tu cuento es maravilloso porque nos muestra la imagen de un hombre roto por dentro, pero todavía dispuesto a dar un paso más. Y a veces, eso también es como una forma de esperanza.
¡Felicitaciones
Felicitaciones Sebas!! Hermoso cuento. Pobre hombre cuántos pensamientos negativos que metafóricamente lo hacían no poder levantarse,estar pegado a la cama. Excelente narrativa, llevadera, ágil y placentera como nos tenés acostumbrados! Muy bueno el final resiliente: cuando refiere que el milagro es él y a pesar de todo, con muchísima voluntad se levanta ,con toda la angustia ( la cama) acuestas, y sale a buscar trabajo.Gracias! Un abrazo!
ResponderBorrar¡Muy, muy bueno! Contar un drama ( el de un padre de familia sin trabajo, sin perspectivas de encontrarlo en el corto plazo, con una mujer en carrera, hijos en el colegio...) por el absurdo y con fino humor, sosteniendo la tensión de principio a fin...¡no es para cualquiera! El final heroico, reivindicador es el broche de oro.
ResponderBorrarGracias a todos! Sebastián
ResponderBorrarEl impedimento es vecino de la inhibición. Lo curioso del cuento es la sorpresa. La sorpresa con la que el personaje se descubre impedido, que evidencia una división. No todo el estaba bajo la inmovilidad
ResponderBorrar