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lunes, 24 de agosto de 2026

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "SALVIAS Y VERBENAS" - Un cuento de la escritora: Jorgelina Presta - Rosario - Argentina -


 ATRAPADOS POR LA IMAGEN


Cuentos y Relatos Presenta a:


JORGELINA PRESTA


"Artista de Atrapados por la Imagen"

En...


"SALVIAS Y VERBENAS"

 Relato Inédito para Atrapados por la Imagen


"Basado en un hecho real"


 Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.

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Un cuento inédito para Atrapados por la Imagen

"SALVIAS Y VERBENAS"

Jorgelina Presta



               Hacía ya  7 años que Julián vivía allí. Era soltero  y sólo tenía una sobrina  que vivía en Italia. Tenía 89 años y varias patologías que permanecían estables gracias a los múltiples especialistas que lo atendían  y a los cuidados que recibía.

Girasoles, la institución en la cual residía era una casona histórica con aire señorial, palaciega  y con todas la comodidades y servicios.

Compartía la mesa con Lucía, Joaquín y Josefa, un trío de octogenarios  divertidos y locuaces, que participaban en los talleres de teatro, de manualidades, juegos de mesa y clases de gimnasia. Pero Julián no. Él solía mirar algún partido de futbol en la tele e iba de vez en cuando a  sesiones con el kinesiólogo. Hablaba poco y nunca esbozaba una sonrisa.

               Las instalaciones eran cómodas, amplias y luminosas. Tanto el comedor principal como las habitaciones  tenían ventanales que daban a un  inmenso jardín con todo tipo de plantas, y dos árboles frutales. Pero lo más atractivo era el cantero central, con salvias y verbenas de todos colores. Se sabe que son flores que atraen a las mariposas. Pero lo más llamativo era que yo jamás  había visto ninguna  allí.

Girasoles era uno de las residencias  más renombradas de la ciudad por su alto nivel de hotelería y la calidad de la atención médica.

Cada tanto ingresaba  algún paciente nuevo. Un día frío de julio, llegó Nélida de 87 años .Piti le decían.

                Fue acompañada por su hija Julieta. Quien refirió que luego del fallecimiento de su papá, y esposo de Piti, su madre se había auto abandonado. Ya no iba a hacer las compras ni a la peluquería ni a sus clases de yoga y en el último mes ya casi no comía.

Cacho su esposo ya no estaba desde hacía un año y lo seguía extrañando.  Se habían amado vehementemente  por más de 60 años.

 

                   En ese momento yo era directora de la Institución, pero también colaboraba en la parte asistencial con mis colegas. Ya que eran veintisiete pacientes  y sólo dos médicos. Me pidieron que la viera. La revisé exhaustivamente. Clínicamente la encontré bien, al igual que los exámenes de laboratorio e imágenes. Aunque  su semblante y su mirada trasmitían profunda tristeza.

Intenté infinidad de veces charlar con ella, entrar en su mundo, sin éxito. Aun así, no me resigné, algo se me ocurriría. Le  reordené  la medicación, hablé con el psicólogo del lugar para que la viera, le indiqué  kinesiología y terapia ocupacional.

Pasaron las semanas, y a pesar del esfuerzo de todo el equipo de salud, Piti no mejoraba, por el contrario, no comía casi nada y no participaba en ninguna de las actividades.

                  Se había adueñado de un viejo muñeco bebé que había dejado una da las nietas de las  cuidadoras. Se la pasaba todo el día con el bebé en brazos, y con lágrimas en los ojos le cantaba canciones de cuna. No lo soltaba ni  a la hora de dormir. Y  gritaba cuando las asistentes  se lo sacaban.

A diario hacíamos la ronda con  los otros dos médicos y la jefa de enfermería. Todos ellos  me manifestaban  que Piti no repuntaba. Habían pasado ya tres meses de su estadía allí.

Una mañana durante el pase con todo el resto del equipo, se me ocurrió cambiarla de mesa, Aprovechando que a Josefa se la había  llevado el  sobrino a vivir al pueblo, la puse en la mesa  de Julián, Joaquín y Lucia. Piti aceptó y Julieta también.

                  Pasaron las semanas  y Piti empezó a comer mejor, comenzó con los talleres y retomó  las sesiones de kinesiología.

Me puse  contentísima y también me asombré porque no había mediado ningún cambio de medicación y seguía con los mismos cuidados.

Notamos que conversaba bastante con Julián. Las mucamas y las asistentes de enfermería que pasaban muchas horas allí, me referían que solía acariciar su  espalda . Y  en varias ocasiones la habían visto insistirle para que tomara  agua e incluso le llevaba el vaso a la boca. Ah y  que también le pisaba el puré para que se le hiciera  más  fácil tragar. Ante estas “acusaciones” quedé perpleja, me reí, sentí ternura y ganas de ver esa escena.

                  Cité a Julieta para comentarle el progreso de Piti, ella también lo había notado y  manifestó  su agradecimiento. Cuando la saludo para despedirla, me interrumpe diciendo: “Jorgelina,  esperá que quiero mostrarte algo” y saca de su cartera un álbum de fotos. Recuerdos de familia; el

cumple de 90 de Cacho, la fiesta de  los 60 años de casados…

Quedé atónita,  Cacho era igual a Julián.  Cachetes gorditos y colorados, ojos y orejas grandes, nariz pequeña, y el mismo brillo en la mirada.

Conmovida despido a Julieta y me dirijo al comedor. No sin antes mirar para mi lugar preferido:  el jardín. Esta vez  las salvias y las verbenas estaban rodeadas de mariposas color naranja.

                   Entro al comedor, apunto la mirada a la mesa en cuestión. Y veo que Piti y Julián estaban tomados de la mano. Ella había vuelto a comer y él había vuelta vuelto a reír.

Me invadió una emoción inefable. Mi retina grabó esa imagen, y ahora, cada vez que  veo flores y mariposas, recuerdo a Piti y a Julián y no puedo dejar de sonreir.                                                                              

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  Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©Jorgelina Presta

Rosario - Argentina

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro


AGOSTO 2026






Directora: Laura Jakulis

“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra” 

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miércoles, 1 de julio de 2026

¡Hoy 1 de Julio Atrapados por la Imagen está de Fiesta!

 


¡Festejamos el cumpleaños de Jorgelina Presta !


"Artísta de Atrapados por la Imagen"




"La mejor vida no es la más duradera, sino aquella que está repleta de buenas acciones" 

- Marie Curie.-

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¡En este día tan especial, en nombre de toda la comunidad de Atrapados por la Imagen, extendemos un cálido saludo de cumpleaños a nuestra querida amiga, Jorgelina Presta!


Administración de Atrapados por la Imagen.

Directora: Laura Jakulis


Correctora literaria: Isabel Santoro
Colaboradores: Marta Puey - Emilio Bertero

Diseño de Tarjeta: Julieta Casola Valussi (Atrapadita)





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lunes, 2 de marzo de 2026

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "La cuarta visita" - Relato inédito de la escritora: - Jorgelina Presta, Rosario, Argentina.

 

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen


RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

REGISTRO DE PROPIEDAD INTELECTUAL

ATRAPADOS POR LA IMAGEN


Cuentos y Relatos Presenta a...


JORGELINA PRESTA


"Artista de Atrapados por la Imagen"


en. . . .


"La cuarta visita"


- Relato inédito basado en hechos reales -



"La editorial de Atrapados por la Imagen, es un espacio accesible para todos, fomentando la participación y el intercambio creativo".

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"La cuarta visita"

JORGELINA PRESTA



"Un enfermo es un ser humano de carne y hueso que sufre, ama y sueña".


Miguel de Unamuno.

 



           Era la primera vez  que Samuel veía a Francisca en el consultorio. Apenas abrió la puerta, como solía  hacer con sus pacientes, la llamó por su nombre. Se encontró con una mujer robusta de mirada profunda y rasgos fuertes. Su porte reflejaba fuerza y seguridad. Pero también un  atisbo de miedo y fragilidad que solo quienes habían sufrido podían  percibirlo. Vestía sencilla y venía cargada con una mochila vaquera grande y gastada y una bolsa con estudios y análisis.

Le pidió que tomara asiento, que se pusiera cómoda, y con voz cálida le preguntó, en qué podía ayudarla.

Francisca le explicó que hacía  varios meses que no se sentía bien, no dormía por las noches, notaba sus piernas  pesadas  y doloridas,  de a ratos  se mareaba  y tenía algunos olvidos.

Samuel la escuchaba atentamente y ocasionalmente interrumpía para  hacer preguntas pero sin dejar de mirarla y escucharla  detenidamente.

Le preguntó su edad,  y con voz temblorosa le respondió: “47 años pero me siento de  muchísimos más”.

Francisca le comentó  que vivía con sus dos hijas de 13 y 15 años y que era el único sostén de la familia. Que  limpiaba  dos casas, pero en el último tiempo  había tenido que agregar dos casas más porque no llegaba a  pagar el alquiler ni la comida.  Le preocupaba estar enferma y no poder trabajar. Su voz entrecortada repetía en su discurso: “Tengo miedo de tener algo Dr. y no poder mantener a mis hijas”

Samuel  tomó sus manos ,  y le dijo: “te voy a revisar”, le hizo un examen exhaustivo, la auscultó, le controló  la presión ,  evaluó  su marcha y  examinó sus piernas y brazos. Revisó los estudios que traía en la bolsa: radiografías, análisis, resonancias…entre otros.

 

Luego de examinarla y ver los estudios que traía, le tomó nuevamente  las manos y mirándola le dijo: “Francisca ¡estás muy bien”!

No anotó nada en la historia clínica, lo haría luego. Prefirió prestar atención a sus gestos, a su mirada, a su biografía..

Francisca refería  preocupación ya que anteriormente  había visitado a tres médicos más, el último hacía aproximadamente un mes. Le comentó  a Samuel  que no había podido explicarles  bien  lo que le pasaba porque ellos escribían en la computadora, miraban el monitor y solicitaban estudios de todo tipo, y le pedían que volviese cuando tuviera todo hecho.

Francisca cumplió,  volvió al último profesional que  había ido. y luego de ver  los estudios solicitados, le dijo: “Señora, esto está  bien, vamos a repetir todo en dos meses, y me vuelve a ver”

Pasaron las semanas y Francisca siguió  igual   por lo que decidió consultar a Samuel, el médico que había visto a sus padres durante años.

Luego de la consulta con  Samuel, el cuadro de Francisca  revirtió completamente. Y actualmente lo sigue visitando semestralmente para controles.

¿Casualidad?  ¿Evolución natural de una enfermedad que se autolimitó?  ¿Serendipidad? o  ¿simplemente el toque humano?

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  Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©Jorgelina Presta

Rosario - Argentina

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro


Marzo 2026








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jueves, 6 de noviembre de 2025

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN PRESENTA : "Raquel: apología de un amor eterno" - Relato inédito de Jorgelina Presta, Rosario, Argentina.

 

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen



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JORGELINA PRESTA


"Artista de Atrapados por la Imagen"


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"Raquel: apología de un amor eterno"

- Relato inédito basado en hechos reales -


"La editorial de Atrapados por la Imagen, es un espacio accesible para todos, fomentando la participación y el intercambio creativo".

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"Raquel: apología de un amor eterno"

JORGELINA PRESTA



“ Te vi, te vi, te vi…. Yo no buscaba a nadie y te vi”

Fito Páez (1992)


Andaba por Avenida Pellegrini siempre en la  misma dirección y al mismo horario.

-“Es él”- murmuró en silencio  Raquel.

Su andar rítmico, sereno y con paso firme no había cambiado. Su silueta delgada y su infaltable guitarra en la mano contrastaban con el resto de los peatones. Sus bigotes y su melena al hombro también estaban iguales, solo que con  canas. Su nariz puntiaguda, sus ojeras malvas y sus grandes ojos pardos estaban intactos , al igual que su cara, pálida , aunque ahora con surcos. Seguía  con su gran sonrisa fija y su tronco ligeramente inclinado hacia adelante como si lo estuvieran aplaudiendo u ovacionando.

Habían pasado ya 40 años. En aquel tiempo Samuel tenía aproximadamente 30 años  e iba a cantar  tres veces por semana al Roble, una institución de adultos mayores ubicada en la calle Pellegrini.

Raquel tenía 25 años y estaba terminando su carrera de ingeniería. Casi a diario iba a visitar a su abuela que residía allí.

Los martes, jueves y sábado  después de la merienda y antes de la cena, a las 18 horas llegaba Samuel, y  con su incansable voz,  gruesa y tierna saludaba a cada uno de los residentes llamándolos por su nombre.

 Lo esperaban contentos y alborotados, ya que con su presencia, el lúgubre comedor cambiaba rotundamente. Antes de empezar a cantar charlaban del clima, de la vida, contaba alguna que otra anécdota y explicaba la historia de cada canción. Cantaban todos al unísono. Hasta los que peor estaban se reactivaban con su música.

Él vivía de eso, decía, de cantar y tocar la guitarra, trabajaba en varias instituciones y también lo llamaban de peñas y de festivales. Hacía su trabajo con tanta vehemencia y pasión que a Raquel le impactaba. Acostumbrada a vivir entre cálculos matemáticos y ecuaciones, entrar y verlo le cambiaba el día y la sacaba de la rutina, al igual que a su abuela.

Hoy Raquel tiene 65 años,  y lo sigue viendo, surcando la calle Pellegrini con su mochila y su guitarra como hace 40 años. No se anima a saludarlo, supone que no la conocerá. Lo sigue con la mirada y ve que continúa ingresando  a la  misma institución, los mismos días.

Está jubilada, vive sola,  y tiene algunas patologías crónicas estables. Sale a caminar a diario. Y casi religiosamente, los  martes, jueves y sábados va a merendar al barcito frente al Roble, para ver entrar y salir a Samuel.

“-Seguirá trabajando?”- se pregunta.  Nunca lo sabrá…

Pasaron casi diez años…. Raquel , no salió más de su casa y comenzó  a necesitar asistencia para casi todas la actividades de la vida diaria. Ya con 75 años y en completo estado de lucidez decidió internarse en El roble.




Cuando ingresó, una enfermera la llevó a conocer las instalaciones, estaba todo muy cambiado, más luminoso y con espacios verdes. Le presentó  a sus compañeras de habitación. Después la acompañó al comedor,  y  le indicó su mesa.

Allí lo vio,  era él. Lo miró, la miró, se miraron y nunca más se separaron.

        

      


   Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 

©Jorgelina Presta

Rosario - Argentina

Ilustraciones: libres de la Web

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

Noviembre 2025    


  

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lunes, 18 de agosto de 2025

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN PRESENTA : "Un pasaje, y Pilar…" - de Jorgelina Presta - Rosario, Argentina.

 



Edición: Editorial Atrapados por la Imagen
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 ATRAPADOS POR LA IMAGEN


Cuentos y Relatos Presenta a...



JORGELINA PRESTA


"Artista de Atrapados por la Imagen"

en. . . .


  (Un relato autobiográfico, futurista, escrito en el año 2045)


"Un pasaje, y Pilar…"


- Cuento inédito -


Editorial Atrapados por la Imagen, es un espacio dedicado al arte.



Imagen libre de la Web.


"Un pasaje, y Pilar…"
JORGELINA PRESTA


“Todo encuentro casual es una cita”

Jorge Luis Borges.


Son las  08 de la mañana  de un día de otoño, como todos los días  me despiertan los relinchos , abro la ventana de mi habitación, siento  la  energía  del vasto verde que me rodea, y  veo , iluminados por el sol, a los alazanes y  a los zainos más brillantes que nunca. Voy a la cocina, me preparo un desayuno casero y embriagada por el calorcito de febo empiezo a escribir:



Hacía ya un año   que me había mudado a ese barrio. El barrio del  Abasto en  Rosario,  se llamaba así , porque  desde  1918 a 1968  fue sede  del mercado del Abasto ,un  mayorista de frutas y verduras que marcó la identidad del lugar; y su historia.

En esa zona  persistían  casas  de añares y  ex conventillos bastante peculiares, como vestigios de ese pasado obrero.

Yo vivía en un edificio, también  antiguo, de tres pisos por fortuna sin ascensor, por  lo cual las expensas eran bajas.  Mi departamento estaba  en  el primer  piso, era de 40 mts. cuadrados, modesto, pero cómodo y  con un lindo y ancho  balcón  a la calle, con ladrillos vistos y hermosos cerámicos.  Vivía con  Josué, mi perro quien me acompañó en momentos terribles, y ya enterrados  de mi vida.  Dios  me salvó, y él.

 Al lado  había un “centro cultural”, no recuerdo su nombre.  Se llenaba de hippies y olía todo el día a marihuana. Eran tranquilos, solo algunos fines de semanas hacían fiestas y    ponían música hasta altas horas de la madrugada. Tenían  talleres de pintura, kermese, y charlas de diversidad de género, esto  último muy de moda en ese tiempo. Hablo de los años 2024-2025. Casi todos los asistentes fumaban y tomaban  todo tipo de  “hierbas” y de “yerbas “en la puerta. También usaban accesorios de color  verde  y los   banderines  de 6 colores.  Era buena gente, y  una compañía en caso de llegar tarde a casa. La cuadra estaba poblada de bastantes árboles, que tapaban el alumbrado público y se ponía peligroso  cuando bajaba el sol. Ese lugar  ocupaba  justo la ochava, donde empezaba el pasaje Americano, el que me inspiró a escribir este relato.

Yo tenía en aquella época, unos 52 años. Trabajaba  en dos consultorios y daba clases en la facultad de medicina. Los fines de semana iba a montar a caballo   y a capacitarme en equinoterapia, una de mis pasiones. 

Fui feliz esos años, aunque no tanto como ahora.

Dos veces por  día y a veces tres, paseaba a mi Josué. Casi siempre doblaba por el  pasaje porque  me gustaba ver la colonia de gatitos callejeros que nacían a mansalva y vivían en la copa de un frondoso y centenario árbol. Siempre tenían comida y agua  en unos  recipientes  rectangulares de plástico transparente, en la vereda, al lado del árbol. Ellos bajaban a comer y luego subían.

Me gustaba mirarlos y sacarles fotos, eran uno más lindo que   otro,  con colores exóticos. Les sacaba fotos con  el celular y las publicaba.

Josué los miraba y se le erizaban los pelos, no le gustaban los felinos, pero pasábamos  tantas, pero tantas veces por allí, que  al final, logré que se acostumbrara  a ellos.

Amaba ver esas casitas, como de cuentos, algunas  de antaño, se notaba el paso de los años, y la humedad característica de Rosario. La mayoría  a 30 o 40 cm del asfalto, no sé si  porque era el estilo  principios del siglo pasado   o sería zona de inundaciones.

Entrar a ese pasaje me recordaba las callecitas angostas y tranquilas de Venecia y me alejaban un poco del bullicio y del  ruido insoportable  de  Avenida  Pellegrini que  estaba a dos cuadras. Tomando ese camino  podía salir  vestida de entrecasa y sacar a Josué cantando  bajito, meditando  o rezando, como era mi costumbre.

Poseía una paz indescriptible. No pasaba casi nadie, eventualmente algunos perritos  callejeros que  nos seguían siempre.

Una mañana de sábado  llamó mi atención una mujer de unos 80 y tantos años, de andar lento y tranquilo, que  salía de  una de las casas del pasillo, le iba a poner comida a los gatos. Me saluda, la saludo. Era de muy baja estatura,  delgada, y de piel muy blanca con  arrugas  finitas en la cara. Sus ojos eran grandes,   pardos tirando a verdosos. Usaba un pañuelito en la cabeza, que dejaba  entrever su cabello blanco y frágil.

Una vez le pregunté su nombre y ella el mío. Me dijo: “me llamo Pilar”. Porque  según ella la habían bautizado en  la capilla de la Virgen del Pilar.

Pasaron los meses, llegó julio, invierno crudo  en Rosario y no la vi más por un tiempo…….

Un domingo  la encontré en misa y nos saludamos, me dijo que por el frío  iba a las 11 de la mañana. Al mismo horario que yo.  Así que nos veíamos los domingos  y nos saludábamos. Ella siempre  se despedía con un  “DIOS TE BENDIGA”. Y me comentaba que  el resto de los meses del   año iba a misa diariamente a las 7 de la mañana.


Un  día me atreví a preguntarle su edad; “89”, me dijo. Empezamos a tener más confianza, era una anciana angelical de voz tenue y dulce,  y  con un temple inefable.

Me gustaba verla y entrecruzar algunas  palabras. Me contaba  que siempre había tenido varios perros  que  el último había fallecido hacía 2 años y no lograba todavía reponerse  y reiteraba, cada vez que nos veía que era  parecido a mi Josué. Trataba de empatizar con ella y cambiarle de tema porque  yo ya había experimentado la tristeza profunda  que uno siente en esos casos.

 Aunque no era muy locuaz, le  gustaba charlar conmigo y a mí   con ella.  A pesar de la diferencia de edad, sentía que  teníamos muchas cosas en común .Y que de alguna manera había un nexo invisible entre ambas.


Una tardecita mientras paseaba a Josué la encuentro sentada en el umbral de su puerta,  y empezamos a conversar,  me contó que había vivido en el campo y que se había dedicado durante casi 40  años a la crianza de  caballos criollos. Pero hacía ya  5 años que  por su edad había decidido dejar el campo y volver a Rosario, a su casa natal (allí en Pasaje Americano) Noté su voz melancólica cuando me lo contaba. 

 No pregunté más nada, solo le hablé de mi pasión por los caballos y le comenté que no podría dedicarme a eso por un tema económico. En ese momento me miró  fijamente. Sentí que mi cara impactaba en su retina y a su vez se  reflejaba en  el espejo de sus inmensos ojos pardos. Luego de escucharme me dijo: “No abandones tus sueños, perseguilos y luchá por ellos, siempre”

Me quede con esas palabras en mi corazón, con la imagen de Pilar en mi mente, y seguí adelante.

 Luego de esa charla no la vi más, pregunté  por ella en el barrio, en la iglesia y nadie sabía nada. Sentí frío y un vacío raro. Le pedí a Dios que me diera una señal,  o al menos encontrar a alguien que me diga qué le pasó, dónde estaba, aunque me imaginaba……

Recordé que nada o casi nada es casualidad. Pero creo que en este caso fue una serendipia haberla conocido.  


 Por eso, después de más de  20 años  escribo este cuento. Y me pregunto: “Pilar sabrá que mi sueño se cumplió? Me estará, mirando desde algún lugar? Ojalá que sí! 

Hoy, me  atrevo a afirmar  que  hay ángeles disfrazados de personas  que se cruzan en nuestra vida en el momento menos pensado,  y nos ayudan a  cumplir un sueño, a encontrar nuestra misión  o  a descubrir  una pasión.

Gracias Pilar.


 Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 

©Jorgelina Presta

Rosario - Argentina

Ilustración: Imagen libre de la Web

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen
Agosto 2025




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