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lunes, 27 de julio de 2026

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "LA VERDAD" - Poema Inédito de la escritora: Raquel Kreichman - Rosario - Argentina

 

Atrapados por la Imagen


De Poetas y Poemas presenta
a. . . 

Raquel Kreichman 


"Artista de Atrapados por la Imagen" 

en


"La Verdad"

Poema inédito para Atrapados por la Imagen


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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"Editorial Atrapados por la Imagen, la editorial que te ayuda a cumplir tus sueños..."


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-Diosa de la Verdad-

Poema inédito para Atrapados por la Imagen

"La verdad"
RAQUEL KREICHMAN
(Poema partido en dos)


“La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza”, George Orwell “1984”

 I

La piel vulnerable de mi vida

por tantas lágrimas, exilios y muertes

donde se  me suicidaron tantas ingenuas esperanzas,

tantas ciegas ilusiones y amores imposibles,

miró con ojos tristes mis fracasos, mis vacíos ¿sólo míos?

La piel vulnerable, íntimamente dolorida de mi alma

necesitada de besos y caricias verdaderas,

miró con irónica  y dulce complicidad:

el sillón de mis lecturas,

los muchos libros abarrotados en  estantes

desde los cuales tejí innumerables  tramas errantes

como varios vitales sentires y sentidos

que me dieron luminosos horizontes y corajes

La piel vulnerable de mi cotidianidad

miró mis ollas, sartenes, budineras

a las que supe aromar con deliciosos perfumes,

miro mi cama que cobija placeres, sueños, miedos,

caricias efímeras que culminaban en guerras frías e inútiles .

La piel vulnerable de mi cuerpo, hecho lengua subjetiva,

en  este tiempo distópico, sin ley, de un mundo del revés,

terminó helando mi sangre,

y lo siniestro, retorno de lo reprimido,

me sacudió con torrentes de punzantes angustias,

lacerantes dolores en alguna uña, algún mechón de mis cabellos

o alguna parte de mi gil corazón.

 

Pero, hoy milagrosamente,

gracias al llamado vital de la palabra, mi palabra,

la piel vulnerable de mi vida cuerpo - alma,

fue rescatada de la barca de Caronte hacia el Averno.

Ese llamado  supo regresarme suavemente a mi antigua calma.

Nuevamente, mis palabras me convocan ansiosas a bucearlas en distintos alfabetos

para reencontrarme en  las más mías y más propias,

Hoy, milagrosamente, presiento,

que todas las pieles,  las diversas capas de mi vulnerable ser,

me regresan con calma

al interior de un nuevo ser – estar mío en el mundo, 

 a asumir esta nueva orfandad,

a no sentirme sola en este inédito y distópico aquelarre.

Así, hoy percibo retornar, amorosamente libre, a mi compañía interior,

a rencontrarme como mi verdadera amiga

con la que seguir discurriendo, discutiendo,

disfrutando de las buenas compañías, si las hay,

a continuar gozando del sol como del tango, el cine, el teatro

y cómo desde siempre y más de la literatura.

Las palabras lograron despertar nuevamente mi deseo de escribir

Vuelvo a  hacer  oídos sordos a los nuevos cantos de sirena

para escuchar mi voz más profunda.

Con los ojos  abiertos como nunca,

hoy  deseo pensar, indagar y escribir sobre  la verdad,

aunque sea de modo sesgado y provisorio.


II


La verdad perdió todo poder

El imperio de la mentira

le ganó todas las partidas

y no precisamente las del truco

donde viveza, mentira y azar

se entrelazan para determinar

al ganador.

Cierto posmodernismo sentenció

que todo se reduce a  relatos

y sólo existen interpretaciones.

Los hechos, casi, como consecuencia natural,

dejaron de existir

No obstante los hechos existen.

Los hechos son los gritos sordos de las millones de víctimas

de todos los tiempos,

de todas las edades, todos los colores y olores.

En el imperio del relato de la mentira cínica, fascista,

hoy algorítmica, de transparencia mafiosa y pornográfica,

se hace silencio para escuchar la voz única universal

del gran poder del hermano totalitario

dueño de todo el histórico milenario, diverso, creativo

y simbólico trabajo humano.

 

¡Ojalá hiciéramos silencio!

Ojalá apagáramos todos los

 viejos y nuevos medios

del “progreso” científico – tecnológico,

base de la fe y la ideología de este capitalismo salvaje,

“progreso” orientado a la finalidad de una dominación y control total

sobre toda nuestra madre tierra y toda sociedad humana!

¡Ojala hiciéramos silencio

para oír los sordos ruidos

de los millones de seres martirizados!

¡Ojalá fuéramos capaces de escuchar, ver y amar

los miserables rostros que la tele pasa sin parar

para espectadores morbosos

que obedecen las órdenes de odiarlos, temerles

y creerles los causantes de todos los males!

¡Ojalá esos estúpidos se libraran de ese sentir perverso

sea ya, motivados por el miedo a la diferencia,

por el deseo de pertenecer, por ambición

o por creer que ese es el camino para acceder

al goce del consumo infinito que  prometen!

Esos miles de espectadores morbosos, especulativos

olvidaron historia, valores, cultura

y se suman al llamado deshumanizante

de la única voz omnipresente, totalitaria.

Ojalá hiciéramos silencio para escuchar

la verdad de tanta sangre derramada

que reclama: ¡humanicémonos!  

¡Ojalá nos reencontremos en las calles!

¡Ojalá nos reencontremos en la propuesta feminista

de un mundo mejor, sororo, inclusivo, diverso, transversal para todes!

¡Ojalá respondamos a la verdad

que clama memoria y justicia y nos dice:

“Si eligen no escuchar, ni  ver, ni amar

no crean que cuando les toque gritar

alguien acudirá a socorrerlos”!

 

Raquel Kreichman
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 Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 

©RAQUEL KREICHMAN

Rosario - Argentina

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

Diseño y Edición: Laura Jakulis

Correctora Literaria: Isabel Santoro

Colaboradores: Marta Puey y Emilio Bertero

Ilustración: Libre de la Web


Agradecemos a todos nuestros amigos, lectores y seguidores, por sus visitas y valoraciones.


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Administración de Atrapados por la Imagen
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“Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra”

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martes, 9 de junio de 2026

Editorial Atrapados por la Imagen presenta: Comentario y reflexiones sobre la película: “EL LECTOR” O “UNA PASIÓN SECRETA” - Por Raquel Kreichman - Rosario - Argentina -

 




NOTA SOBRE LA PELÍCULA “EL LECTOR” O “UNA PASIÓN SECRETA”


POR: RAQUEL KREICHMAN

 

Dirección: Stephen Daldry

Protagonistas:

 Kate Winslet, Ralph Fiennes y David Kross, Bruno Ganz, Lena Olin

Kate Winslet: ganó el Oscar a la mejor actriz por esta película en 2009

Estrenada en 2008, adaptación de la novela The reader de Bernhard Schlink

 

Hace unas noches atrás volví a ver por segunda vez la película El lector, la novela en qué la que este film está basado no la leí. Apenas terminé de verla, esa medianoche misma, dado el impacto que me produjo ( seguro diferente de la primera vez ), sentí un impulso tal que  hizo que en lugar de disponerme a dormir me pusiera  a escribir.

Esta vez me interesó centralmente un punto que tiene que ver con una pregunta que creo hoy nos estamos haciendo como argentinos y/o también como ciudadanos del mundo y en la que me detendré específicamente. La pregunta a la que me refiero es ¿ cómo fue posible que hayamos llegado a este punto? Un punto muy similar al momento del fascismo, cuestión que me hace recordar la frase de nuestro Papa Francisco: “Estamos viviendo el síndrome de 1923”. Es decir, el síndrome, síntoma social, similar a cuando Hitler ganó las elecciones del Partido Nazi, (en gran parte gracias a los aportes de los dueños del Hotel Edén de La Falda).

Vuelvo a la pregunta que creo nos inquieta: ¿Cómo puede ser, que gracias a la gran adhesión de sectores populares y  sus votaciones contundentes le dieran la oportunidad de ganar a este gobierno para conducir nuestro país, le dieran la oportunidad de ejercer  la presidencia a un out sider que cumplió con creces su promesa de destruir el Estado desde adentro agitando la metáfora de una motosierra cuya lógica de destrucción nos ha dejado a la intemperie. Por supuesto, también gracias al gran apoyo de los cipayos y traidores de siempre y la platita del Norte.

Interpreto a la película “El lector”  no como la clásica película que condena a  Hitler, al nazismo y a la “solución final” que racionalmente encontraron para  la planificar  el genocidio del Holocausto para con los que declararon enemigos de la primacía germánica: judíos, gitanos, homosexuales, discapacitados. Si bien en El lector está presente esta condena, creo que va mucho más allá de ello. En este caso se trata de  un juicio, no a jerarcas nazis sino a siete mujeres que participaron del nazismo y habilitaron el incendio de una Iglesia en la que habían encerrado a 300 mujeres y niños judíos que terminaron muertos o más bien asesinados en dicho incendio. Este juicio parte de la acusación de una mujer que habiendo sido una de las niñas que allí había estado  logró sobrevivir.

Si bien la estructura de la película no tiene una disposición temporal cronológica haré la sinopsis e interpretación de la misma ordenada en el tiempo. La película comienza en la Alemania de 1995 cuando el personaje central, un muchacho que conoció a esta mujer siendo joven, ya es adulto. Éste va realizando diferentes referencias retrospectivas con lo que el film logra mantener una gran intriga y tensión en el espectador.

Para la mayoría de los que participan en este juicio contra esas mujeres sostienen y acuerdan con condenarlas, si bien solo una de ellas, Hanna Schmitz se declara culpable de todos los cargos incluso de haber sido la responsable de la redacción y firma del documento que se presenta como prueba de que tanto el encierro como el incendio fue resultado de su determinación.

Pero Hanna miente cuando afirma ser culpable de la escritura de  ese documento porque tiene vergüenza de admitir, cuando le piden una prueba caligráfica, de decir que no sabe leer ni escribir, mentira por la que la condenan  a cadena perpetua. Pero Michel Berg, el protagonista varón, sabe que Hanna miente porque en su singular relación con ella en 1958 cuando tenía 15 años él le leía.

Michel la conoció porque  ella lo ayudó a llegar a su casa tras encontrarlo descompuesto, luego se sabrá ello fue resultado del inicio de una escarlatina. Superada la enfermedad Michel regresó a verla para agradecerle. Ella primero se mostraba sombría y distante pero cambia cuando cede a la pasión que en el muchacho despierta y viven entre los dos una intensa relación que se vuelve amorosa, tierna e íntima. A ella le gusta que le lean y pone como condición que luego de hacer el amor Michel lo haga. Él comienza por  leerle la  Odisea. Pero, un día cuando va a la casa de Hanna ella no está, él ignora porqué  inesperadamente ha desaparecido.

Ocho años después y ya como estudiante de Derecho cuando Michel va a presenciar el juicio, la vuelve a ver  y  la reconoce. En ese momento  se explica que aquella vez que no la encontró fue porque había sido detenida. Hasta ese momento, solo sabía que ella trabajaba como boletera en el tranvía, que le doblaba en edad pero de hecho desconocía su pasado.

El impacto de volverla a ver luego de 8 años, de descubrir su pasado nazi, presenciar su enjuiciamiento lo atormenta. Su primer impulso fue ir y decirle al Jurado que ella ha mentido pero finalmente no lo hace, seguramente los sentimientos ambivalentes no se lo permiten. Es posible que Michel en ese momento sienta a la vez hacia Hanna, por una parte, horror y rechazo y por otra los tiernos recuerdos y ese gran  amor que no ha podido borrar. Todo ello y la culpa de no haber testificado de que ella mintió, hará que esta mujer sea para él una marca de por vida.

La  condena de los jueces y del sentir general de la mayoría de los alemanes es condenatorio hacia  todos aquellos ciudadanos que adhirieron, participaron y ejecutaron las órdenes del  nazismo. No obstante ésta  es puesta en cuestión en el film  si bien éste no da al respecto una respuesta contundente y satisfactoria. No explica, ni justifica dicho comportamiento pero pone en evidencia las contradicciones y  complejidades de este accionar, en parte, porque sitúa el juicio y las conductas en el singular espacio – tiempo de aquel pasado. Un pasado en el que el discurso único y la propaganda nazi resultaron ser muy eficaz. Muy eficaz en la generación del odio hacia enemigos construidos con mentiras, falacias, eslóganes que posibilitó una alienación identitaria subjetiva – colectiva que orientó el sentir y los comportamientos  para una obediencia debida indubitable.

Ya mayor, separado y con una hija, se percibe un Michel taciturno y con dificultades para conectarse con otras mujeres. Siempre en su recuerdo, comenzó a enviar a la cárcel para Hanna  libros y grabaciones de libros. Hanna a partir de ello aprendió sola a leer y no paró de hacerlo. Un día, lo llaman desde la cárcel para informarle que la dejarán en libertad al haber cumplido con 20 años de la condena. Puesto que él es el único contacto humano que ella mantiene le solicitan si podría conseguirle casa y trabajo cuando salga en libertad. Él le realiza algunas  visitas y le dice que irá a buscarla cuando salga. Pero cuando llega el día de la libertad de Hanna y él va en su busca le cuentan que ella se ha suicidado. Dejó para él un pedido: que le lleve a la sobreviviente que la acusó  una cajita de té con dinero para que haga con él lo que quiera. Para cumplir con el pedido Michel viaja a ver a la sobreviviente pero ésta rechaza el dinero, no quiere recibir nada de la asesina, no obstante se queda con la cajita de té. Él, entonces, dona el dinero a una entidad que  promueve lecturas.

El reconocer el arrepentimiento y la conciencia crítica que ella pudo adquirir a través de la lectura como lo demuestra a quien dejó Hanna todo su dinero y el porqué rechazó la libertad suicidándose, Michel logra, según interpreto, liberarse de este vínculo y desprenderse de su peso y carga. Si es posible tomar por la lectura conciencia crítica y arrepentirse de la crueldad ejercida sobre otros hay esperanza. Michel viaja con su hija, le muestra la tumba de Hanna y le cuenta su historia y el porqué de su permanente malestar.

Finalmente, frente a la pregunta cómo puede ser que tanta gente, casi toda una sociedad pueda en ciertos momentos ejercer sin piedad la peor de las crueldades? Considero que Hanna Arent nos acerca alguna respuesta con su planteo sobre la banalidad del mal, concepto escrito con referencia al juicio a Heichman, también considero lo que escribió  Dietrich Bonhoeffer, pastor teólogo alemán encerrado y ejecutado en una celda nazi: “la estupidez es peor que la maldad”. Esta aseveración del pastor resulta de la respuesta que encuentra a la pregunta acerca de  cómo fue posible que gente buena, inteligente, de distintas profesiones hayan adherido al nazismo, hayan podido obedecer órdenes y repetir eslóganes falaces.

Sintéticamente, su hipótesis es que tantos alemanes adhirieran al llamado del mal del régimen nazi es que éstos fueron seducidos para querer pertenecer a grupos poderosos y para mantener la aprobación de los poderosos debían obedecerlos, renunciar a todo juicio propio y pasar a ser simples instrumentos que justificaban acríticamente todo. Es decir por ambición. Por ello, este autor considera que la estupidez no admite ningún argumento distinto, nada que pueda poner en duda el que sostiene el poder, no hay otra racionalidad que pueda convencerlo. El estúpido va a ignorar todo otro argumento por más inteligente que sea, por eso Hanna Arent dice que  el mal es una banalidad, todos hacen lo que se les manda.  Para este pastor, que sabe será ajusticiado por lo que piensa, lo que se necesita para separarse de estos discursos que se presentan como verdad universal y emplean la crueldad para expandirse y apropiarse de lo ajeno no es inteligencia sino CORAJE, coraje que a él lo llevó a la muerte.

Dado este terrible momento que estamos viviendo  y al que me referí al comienzo deposito la esperanza en que nos afirmemos en la herencia pasada y presente de coraje, conciencia crítica y lucha que tenemos como pueblo argentino, nos afirmemos en la herencia de las Madres de Plaza de Mayo con Memoria, Verdad, Justicia para destronar para siempre el discurso de odio de la ultraderecha neoliberal entregadora y fascista.

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Nota realizada por: Raquel Kreichman


Colaboradora de:

Atrapados por la Imagen


Rosario - Argentina

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jueves, 14 de mayo de 2026

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "De cara al sol" - Un relato de la escritora: Raquel Kreichman - Rosario - Argentina -

 

 ATRAPADOS POR LA IMAGEN



Cuentos y relatos presenta a . . .


RAQUEL  KREICHMAN 


"Artista de Atrapados por la Imagen" 


en . . . 

"De cara al sol"

 

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen


RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

REGISTRO DE PROPIEDAD INTELECTUAL

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Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.

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"De cara al sol"

 

Raquel Kreichman


La mujer salió ese día como un fantasma a recomponer su figura  perdida. Llegó agitada hasta los corredores, dio vuelta varias veces en  distintas puertas giratorias, recorrió laberintos oscuros y kafkianos.  Alguna puerta se abrió, entró y alguna cara gris le dijo con una voz gris  que volviera otro día con una planilla completa y sellada en otra  dependencia.

Fue una noche muy precisa cuando sintió que su figura, en cuerpo  y alma, quedó totalmente astillada, como si ella fuera un espejo al que  una piedra le hubiera dado de lleno. Fue una noche en la que cree que  había una luna hermosa, cuando de golpe el cielo se cerró y un vehículo  frenó violentamente su marcha.

Ella lo vio todo desde la puerta del pasillo de su casa. Unos  uniformados bajaron de aquel auto, se encaminaron por el pasillo cuya  puerta estaba abierta, mientras pequeñas luces del mismo serpenteaban  sobre extrañas sombras.

Ella se llevó instintivamente sus manos sobre el vientre, que sintió  endurecido, y lo cubrió con ellas. Fue casi tal cual lo hizo en aquel  inolvidable día, en el que con sus manos, ante el dolor punzante, apretó  su estómago como para proteger el aleteo vital que se hacía sentir al  interior de sus entrañas.

Como aquel día cuando, estando sobre la camilla, aún recuerda  cómo le sobrevino una fuerza prodigiosa que culminó desde su  garganta en un grito ancestral, casi sagrado. Allí su verdad íntima le fue  revelada y participó del milagroso misterio germinal de la vida.

El dolor le descubrió una nueva dimensión del ignoto y oscuro  interior de su cuerpo cuando lo sintió recorrido por una vida nueva  que prolongaría la suya para siempre.

Una nueva vida que era como un rosadito caracol que rompió a  llorar sobre sus senos descubiertos.

—Es varón, como querías —le dijo la mujer a su marido.

Él la besó con miedo. Nadie supo nunca qué sintió en aquel  momento. Solo el niño lo entrevió a través de la calidez de sus manos  rudas al sostenerlo.

Ella sintió en ese instante que eran como tres piezas que  conformaban, en un pequeño rompecabezas, una sola figura.

La quietud de esa hora fue quebrada por una multitud de voces que  irrumpieron en la piecita. Eran las voces de todos los que, para bien o  no, entornaban sus vidas.

Como de costumbre, se disputaron desde quién conoció primero al  vástago hasta el último de los parecidos.

Todos estuvieron contentos con el nombre elegido: Julio.

La llegada de Julito desde el hospital fue recibida en su casa por su  padre con una pequeña fiesta. Rieron y bebieron bajo el parral hasta el  amanecer. El mate amargo interrumpió el festejo y alejó las últimas  sombras todavía alegres y entonadas.

Esa mujer conocía solo ese mundo, pequeño, íntimo, el de su  barrio, con las tardes sentada en la vereda viendo pasar la gente y  mirando jugar a los chicos junto a otras madres. Esa mujer no conocía  el gran mundo, sus causas y volteretas, sus reglas y sus consecuencias.

Pero después de esa noche en que aquella figura se astilló como un  espejo roto, salió por la mañana como un fantasma a recobrar su figura  perdida.

Quería entender, pero no podía, y aun así salió a enfrentarlo con  una obstinación ciega, dispuesta a afrontar todas las tormentas con  rayos y centellas que se le opusieran.

María fue una madre como muchas. Dejó su vida en el gastado  trajinar de los pañales y vajillas. Fue feliz de ver crecer a su hijo sano y  vivaz. Cuando a Lucho lo despidieron, allá por el doloroso 56, a causa  de haber trabajado en el sindicalismo, salió a ganarse la vida limpiando  casas.

Lucho se resistió a ello; al final, resignado, lo admitió. María,  entonces, se desdoblaba entre su trabajo y la casa. Lucho se transformó  en una agrisada presencia llena de tristezas y dolores.

—Salí con vida, vieja. Tuve suerte —reflexionaba—, pero tiene que  llegarles su momento a esos cerdos.

—Bueno, pero quédate tranquilo, con mi trabajo y tus rebusques  nos arreglamos y podremos darle una buena educación a Julito.

—Yo solo era delegado de sección, casi no iba a la Básica. ¿Te das  cuenta? —le comentaba Lucho y continuaba diciéndole que no se  podía sacar de la cabeza al Tito, su compañero, al que habían dejado  completamente agujereado con los dieciséis balazos—. Cómo quisiera  saber quién fue el alcaucil hijo de remil puta —se quejaba.

—No hablés más, Lucho, te hace mal, y si alguien te escucha…  Debemos callar, callar… Por nuestro bien, por Julito —María lo  calmaba.

—No dirás por el país… ¿o por la patria? ¿No?

— ¿Por la patria? ¡Qué sé yo! No entiendo de política y no quiero ni  saber —dijo María, sorprendida.

—Yo, en cambio, hubiera querido dejarle algo mejor al pibe. No  estamos como antes —murmuró Lucho como para sí.

Esa mujer, María, no sabía sobre el mundo, pero después de esa  maldita noche salió a recorrerlo, a reconocer sus cloacas, sus rincones,  los disfraces de seres que ocultaban profundos egoísmos, falsedades,  hipocresías, crueldades. Para recomponer su figura, necesitaba  comprender las raíces de las que todo ello emergía.

En su cabeza resonaban voces, conversaciones. Buscaba hilos  conductores.

La voz juvenil de Julio le llegaba cada vez más seguido y de distintas  formas; escuchaba que le decía:

—Mamá, yo sé que solo viviste para mí. Pero te pido que no te  aflijas más por mí. No podés preocuparte todo el tiempo por si llego  tarde o no vengo. Estamos en democracia, vieja. ¿Quién te dijo que  estoy en política, mamá? ¡Qué terror le tienen a esa palabra! ¡Qué país  atrasado! Meten el miedo hasta por el culo. Ah, pero este no es un país  de cagones, ¿no es cierto, viejo? Este no es un pueblo de cagones.

María indagaba, Julio le respondía:

—La piba con la que salgo, ¿qué va a decir, vieja? Ella no es como  vos, quiero decir… no lo tomes a mal, los dos compartimos todo,  piensa como yo.

“Claro”, se decía María, “Cecilia sabe, piensa… ¿yo qué puedo  saber?, apenas si hice una primaria cualunque”.

Cecilia… Le había llegado a Julio desde una informal mesa de café. Sus cabellos largos y lacios eran como un desafío. Desde sus ojos  almendrados, dos ventanas a la vida había descubierto.

¡La vida!

Era capaz de inhalarla completa en cada respiración.

La vida era tantas cosas… era una verborragia de palabras  acaloradas, el baño de sol sobre la playa, la ronda de amigos, las  guitarreadas prolongadas, las ilusiones entretejidas con fervor y…  Cecilia.

Pero, finalmente, María terminaba riendo junto a Julio porque él le  contagiaba su risa. Julio reía, reía cuando la veía preocupada y ella, al  fin, reía con él, lo veía tan feliz…

Había ingresado a la universidad y era un hermoso muchacho. Entonces, María, llena de orgullo, también se sentía feliz. Algo le había  cobrado a la vida y, junto a su hijo, reía agradecida.

Sin embargo, igual María vivía con miedo. Se decía a sí misma que  ello no tenía sentido, porque, al fin, el pibe solo iba a dar ayuda escolar  en la parroquia Cristo Obrero del padre Mujica y eso no tenía nada de  malo.

Pero el miedo le ganó la partida cuando, con un dolor profundo, se  enteró del final horroroso que tuvo el padre Mujica.

Se decían tantas cosas… Lucho, María, Julio, lloraron juntos  amargamente. Después de ello, María ya guardó silencio y nunca más  le diría algo a su hijo.

Ahora ya corría el 76, con Perón muerto e Isabelita presa por el  golpe de Estado, es decir, por otro golpe al peronismo, a la democracia. A Julio se lo habían llevado hacía apenas unas noches.

Prácticamente, ahora María caminaba y caminaba, casi sin pensar;  solo su cerebro reproducía, quién sabe desde qué sitio, frases dichas  por Julio en un pasado como de otra vida.

Palabras, frases que las tendría grabadas en algún sitio de la memoria  y, mejor aún, que estaban guardadas en su corazón de modo que,  mientras caminaba atormentada, lo único que hacía era bucear en su  interior profundo hasta dar con la voz de Julio, y esta cada vez le  llegaba más segura, fuerte y amorosa:

—Mamá, solo quiero que sepas que tu cariño me sirvió para querer  un mundo distinto, mejor.

Mejor… mejor… mejor…

Cómo vibraba esa palabra en su interior… Pero ahora María ya no  ignora, sabe, comprende, camina y recorre con otras tantas Marías  como ella laberintos herméticos en busca de sus hijos, hijas, nietos, aunque en ello se les vaya la vida, aunque al final lo que encuentren sea  la cara de la muerte.

María tiene que recomponer su figura. La maternidad, compartida  con cientos de fotos, constituyó una figura mayor por restituir.

— ¿Dónde vas, María? Justo ahora me dejás tan solo —le decía  Lucho desde un sillón, a espaldas del parral.

María le contestaba con cariño que descansara, que ella volvía  enseguida.

“¡Descansar! Ya nunca más, nunca más”, se decía Lucho. “María,  mi María, mi Julio, mi hijo, mi pequeño pataduras”, pensaba Lucho.

“Yo estaba agobiado por el trabajo, las cuotas, el alquiler, amargado  por tantas zancadillas de la vida.

La juventud se me voló en un rato y, sin trabajo, solo quedé para  changas con unos pocos amigos, tu madre y vos.

Vos fuiste mi renacer, con vos volví a descubrir las cosas ya  enterradas y olvidadas, fue un volver a vivir.

Escuché cantar al grillo, vi caminar a una tortuga, planté una semilla,  le saqué abrojos al perro, tuve miedo a la fiebre cuando te abrazaba y  temor por tu vida.

Nunca fui tan feliz como cuando te arropaba por las noches, hasta  que un día…

Un día sentí que te escurrías de mí, aquel en el que me confesaste  tus aventuras amorosas, y más aún cuando el amor te llegó de la mano  de Cecilia.

Julio, ahora soy yo el que no sabe qué hacer… te necesito, te  necesito tanto…”

María golpeó la puerta, con fuerza, con una fuerza gigantesca. La  cara amarilla del escribiente le preguntó en un tono amarillo:

— ¿Qué busca, señora?

María, como si hablara por primera vez en su vida, le dijo  pausadamente, pero sin timidez:

—Quiero saber dónde debo dirigirme para declarar la desaparición  de mi hijo.

Cortando un bostezo, el escribiente le señaló un corredor y le dio el  nombre del juez, la nominación…

María, hasta hacía poco, no conocía de instituciones, de jerarquías,  ni de sus deberes ni de sus derechos. Nunca juró sobre los santos  evangelios, pocas veces iba a la iglesia y a confesarse. Pero eso sí, un  día, el día en que parió a Julito, sí sintió que supo para siempre sobre  una partecita de la revelación del misterio de la verdad de la vida y de  lo sagrado de la vida.

Ella, como madre, se dio cuenta del sagrado significado de ser una  portadora de vida y, por ello, ahora, aunque se le fuera la suya, no  pararía hasta dar con la vida de Julio, hasta arrancar la verdad de las  máscaras macabras que estaban cercenando tantos tallos frágiles y  dúctiles que solo pretendían renovarse en flores.

Fue así que María, junto a las Madres de la Plaza, las locas, rondó  semanas tras semanas y, junto con ellas, gritó y reclamó al país entero  y al mundo justicia, memoria y aparición con vida.

Un cielo de cenizas había caído sobre un país de cenizas.

Los paisajes conocidos se borraron, también se borraron los  colores, los olores, la sonrisa franca, la solidaridad. Se instaló la señora  cortesía y la hipocresía, el orden y la limpieza. Se afeitaron todas las  barbillas, mientras distintas suelas desclavadas o fémures quebrados  entre carnes trozadas se asomaban entre escombros. La pala trabajosa  no logró enterrar a la perfección lo que el deber primero hizo  obediente lo debido. El poder, juramentado ante blasones, banderas y  escudos, era ante el gran león un manso felino.

María, estremecida, sentía crecer las sombras al amparo de oídos  sordos, miradas ciegas, palabras mudas, porque, deificado el terror y el  horror, el demiurgo tranquilo se pavoneaba, pisando, violando,  matando.

Más María caminaba cada vez más segura. Ya sabía qué lugar  ocupaba en la patria, en su país, Argentina y en su pueblo. Era como  el lugar de todos y cada uno, era el lugar que había habitado desde  siempre, el de esa pequeña y linda casita donde trajinó entre pañales y  vajillas y amasijó ilusiones para Julito junto a su Lucho.

Ahora lo sabía, aunque su figura seguía incompleta y astillada al  interior de un país astillado.

Como siempre, la antigua plaza cobijó a los hijos e hijas de su  pueblo.

Allí se ven cientos de mujeres, las Madres de la Plaza, las locas, las  que, con los pañuelos blancos cubriendo sus cabezas, claman junto a  María por la vida, por memoria, verdad y justicia. La voz de Julio y de  los 30.000 llenan todas las plazas del país y del mundo.

María, de cara al sol, camina por siempre con su pañuelo blanco en  la cabeza, aunque en ello se le vaya la vida.

Camina de cara al sol, de cara al sol.

 

 Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 

©RAQUEL KREICHMAN

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