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Atrapados por la Imagen es un espacio donde las historias encuentran su forma, ya sea en palabras, en fotos o en la mezcla mágica de ambas. Somos una página editorial que apuesta por la sensibilidad, la mirada personal y el disfrute de contar. ¡Bienvenidos!

lunes, 9 de marzo de 2026

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: " El Chulengo" - de la escritora: PATRICIA BALDA - Provincia de Buenos Aires

 

Edición: Editorial Atrapados por la Imagen


RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

REGISTRO DE PROPIEDAD INTELECTUAL

ATRAPADOS POR LA IMAGEN

Cuentos y Relatos Presenta a...


PATRICIA BALDA


"Artista de Atrapados por la Imagen"


en. . . .


"El Chulengo"


- Relato inédito - 



"La editorial de Atrapados por la Imagen, es un espacio accesible para todos, fomentando la participación y el intercambio creativo".

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Cuento inédito para Atrapados por la Imagen


"El Chulengo"

PATRICIA BALDA



           El día que regalé el chulengo lloré. Miento, lloré cuando se lo llevaron veinte días después de regalarlo.

Lloré porque el dolor es como el agua, por más insignificante que sea la grieta se filtra. El chulengo fue la grieta por donde se filtró todo lo perdido.

No había razón para conservarlo, no sé hacer asados y además está la parrilla que hicimos un tiempo después de comprarlo.

El chulengo era grande muy grande. Sus patas terminaban en cuatro ruedas que, en teoría, debían facilitar su traslado de un lugar a otro. No era así. Resultaba difícil moverlo, pesaba mucho, tal vez por los ladrillos refractarios que tenía en el piso y las paredes, o por la parrilla o la mesad o la suma de todas esas cosas, no sé.

El tema era que molestaba, había que taparlo para evitar que se oxidara y correrlo de un lado a otro del jardín en el momento de cortar el césped.

No encontraba dónde ponerlo, ningún lugar parecía el adecuado.

En la parte de abajo apenas encima de las ruedas tenía una rejilla de hierro, una especie de estante, que impedía el paso de la luz. Cualquiera fuera el lugar donde lo dejaba quedaba un lamparon amarillo en el pasto. Existía una única forma de evitarlo, era moverlo todos los días.

Como la lona con la que lo tapaba se caía o la tiraba el viento le hice una funda de color blanco. Una tontería. A partir de eso fue como tener un iglú itinerante.

Cada vez que miraba por la ventana de la cocina, mis ojos chocaban con él.

Un día amanecía al lado de la pileta, al siguiente pegado al limonero, o a la pérgola o a el rosal . Le fui tomando bronca, siempre estaba en el medio o por, lo menos, eso era lo que yo sentía.

Pasó el invierno y al llegar la primavera comencé a estar más tiempo en el jardín. Una tarde, una amiga entre mate y mate me preguntó señalándolo.

- ¿Qué es ese armatoste que tenés junto a la pileta?

Vi la oportunidad y la tomé

-Es un chulengo, ¿lo querés ?, te lo regalo.

- ¿Me lo das con la lona?

Le dije que sí y quedamos en que el hermano vendría a buscarlo.

Los días pasaron. La primavera fue adueñándose de a poco del jardín. Los jazmines florecieron, la coronita de novia se vistió de blanco y despacio, muy despacio, el chulengo comenzó a guardar una curiosa armonía con el lugar.

Yo no dejé de pasearlo, moverlo se volvió una rutina.

El tiempo alisa, relaja, equilibra. Empujarlo comenzó a ser placentero, movía el chulengo y brotaban los recuerdos.

Una mañana, lo dejé junto a la coronita de novia y, sin pretender hacerlo, volví a caminar por la feria de la plaza Rocha. Volví a elegirla, soñarla florecida, tomar el colectivo, llegar a casa, buscarle el lugar dónde plantarla.

Si lo llevaba hasta la pérgola, podía ver el asado sobre la mesa, la alegría de los amigos, la fiesta, el vino, sentir el olor a pan.

Cuándo sentía el alivio del agua helada en mi cuerpo caliente era porque lo había dejado junto a la pileta.

No estoy diciendo que el chulengo fuera mágico, digo que se había convertido en el puente que yo utilizaba para viajar al pasado.

Moverlo dejó de ser algo molesto. Era mi momento para la nostalgia, una nostalgia dulzona, tibia como el sol de otoño, sin tropiezos. Fue entonces que al hacerlo comencé a sonreír. Con esas sonrisas que despiertan sospechas en aquellos que las miran, cómo si ellas escondieran algún secreto.

El día que el hermano de Sole vino a buscarlo, lo empujé hasta la camioneta. Lo empujé con el cuidado amoroso que una mamá trata al cochecito de su bebé.

Mientras lo llevaba, él se desprendía de los recuerdos, yo los veía flotar en el aire y los dejaba pasar.

Lo vi partir y dejé que mis ojos lo siguieran. Él se perdió al final de la calle y yo entré a casa.

Ya en la cocina, mientras calentaba el agua para tomar unos mates, miré por la ventana. Con desgano  vagué por el jardín, del rosal al limonero, a la camelia , al jazmín amarillo. Otra vez a la camelia para terminar en un descuido en la coronita de novia.

Ahí estaba ella, exultante, cubierta de flores blancas y pequeñas.

         Primero rodó una, atrevida marcó mi mejilla con un surco salado. Detrás de esa vino otra y otra. Se deslizaban suaves y silenciosas. Fue así, sin quererlo, mientras miraba a través de la ventana el jardín .

 

 

  Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©PATRICIA BALDA

Santa Clara del Mar - Buenos Aires  - Argentina

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

Marzo 2026






Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

12 comentarios:

  1. Hermoso, tierno, conmovedor. Es así, tal cual, con cosas materiales ( ocurre también con las personas)que no sabemos cuánto queremos hasta que las perdemos.

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    1. Gracias Pedro, me hiciste reflexionar, tenés razón: existe un momento en el que el dolor da paso a la ternura y la vida se vuelve amable.

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  2. Hermoso, tierno, conmovedor. Es así, tal cual, con cosas materiales ( ocurre también con las personas)que no sabemos cuánto queremos hasta que las perdemos.

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  3. Que maravilloso viaje a tu casa, tu jardín, tus recuerdos! El olor de la casa, los asados, imaginar la persona que los hacía y que ya no está. El chulengo era una parte de esa vida que fue y que solo queda hoy en el recuerdo.. Maravilloso relato! Felicitaciones

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  4. Los chulengos, esos que de verdad son chulengos aún partiendo del espacio concreto quedan en ese otro espacio, el que nos hace sentir humanos.
    Es precioso tu cuanto Patri!

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  5. Me encantó tu cuento Patri, muy dulce ,lleno de sentimientos y emociones profundas. Un objeto ,en este caso el chulengo,puede guardar muchos recuerdos
    .A veces es necesario desprendernos de eso material, como pasó en tu cuento,para que las añoranzas se transformen y den paso a la resiliencia. Yo la sentí representada con el comienzo de la primavera y la coronita de novia.Gracias! Un abrazo grande!

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  6. Un cuento lleno de emoción. Esas cosas que para otros parecen insignificantes pero que tan trascendentes son para uno. Me pasó algo semejante con una higuera que había en el patio de casa. Qué linda relación que armaste entre el chulengo y los recuerdos. Sebastián Rogelio Ocampo

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  7. Un relato hermoso con imágenes que describen sentimientos.

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  8. Me identifica sobremanera con lo que me pasa con los objetos, este texto es una defensa extraordinaria para los que somos acusados de acumuladores sin saber de qué muchas veces un objeto es tierno, dulce y poético como este relato...¡Muy bueno!

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  9. No acumulamos, resguardamos del paso del tiempo, protejamos del olvido. Gracias!!!

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