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jueves, 28 de mayo de 2026

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN, PRESENTA: "Un café en la ruta" - Del escritor: Hansel Germán Monzón - Rosario, Argentina -

 


Atrapados por la Imagen


Presenta...


"Un café en la ruta"


Relato inédito para Atrapados por la Imagen


Del escritor: 

Hansel Germán Monzón


"Artista de Atrapados por la Imagen" 


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.

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Relato inédito para Atrapados por la Imagen


"Un café en la ruta"
Hansel Germán Monzón

Oscar le había propuesto el viaje, a ese pueblito en las sierras, porque sabía que ese lugar le  gustaba mucho y no correría el riesgo de una negativa —Es mi lugar en el mundo— solía decir  ella. 

La idea le surgió repentinamente, como una epifanía, cuando, preocupado, pensaba alguna  manera de volver a estar como antes, de volver a enamorarla. 

Los preparativos no tuvieron mayores contratiempos.  Ella entusiasmada con volver una vez más a ese lugar y él con la idea de estar con ella  durante cuatro días. Solos. Sin nadie ni nada que se interponga en esa especie de luna de  miel.  

Nunca quisieron convivir, al menos eso creía cada uno del otro, aunque ninguno lo dijo nunca con claridad. Ambos venían de varias relaciones y, de algunas, en las que la experiencia de la cotidianidad  había hecho sus estragos.  De todas maneras, el mantener cada uno su bunker, no garantizaba nada. No se llevaban mal, pero no  estaban como antes.  

Cada vez tenían sexo más espaciado y cualquier discrepancia de pareceres dejaba una fría  grieta, aunque ya casi ni discutían. 

Hacía más de una hora que estaban viajando.  Él manejaba y ella, pendiente de los mensajes en su teléfono, ultimaba detalles con  familiares que se harían cargo de la casa y de darle de comer a su perro durante su ausencia. 

— ¿Querés hacer unos mates? —Propuso él. 

—Sí, aguantá. Ya hago. 

Aferrado al volante la miraba de reojo a ella que seguía con el teléfono en la mano.  Si bien le era necesario chatear con quien le cuidaría la casa, le daba bronca que, a más de  una hora de haber salido a la ruta, no había podido comenzar una charla profunda, o por lo  menos íntima. Ni hablar cuando recordó los planteos que ella hacía cada vez que era él quien se ponía a  contestar algún mensaje o se ponía a discutir de política en el feis con algún cabeza de  termo que ni siquiera conocía. Ella insistía que no eran celos ni inseguridad pero no podía dejar de suponer que del otro  lado del chat siempre había una mujer, sospechas totalmente infundadas ya que él estaba  enteramente con ella y se lo demostraba siempre, incluso llegó a querer mostrarle su teléfono en más de una ocasión, pero ella nunca lo aceptó —si alguna vez siento que quiero  revisar tu teléfono prefiero dejarte—  solía argumentar.  Se hacía la superada, pero después de haberlo colocado a él en el lugar del sospechoso, esa  respuesta le parecía una verdadera hijaputéz, ya que el teléfono era la única y contundente  prueba que él tenía de su inocencia.  Lo hacía siempre. Cada vez que lo veía con el teléfono le tiraba una frase tipo “¿Ya estás histeriqueando?” o  “Por qué te escondés para chatear” cuando salía del baño o entraba desde el jardín con el  celular en la mano.  Verla mensajear totalmente despreocupada le hizo sentir envidia.  Envidia de esa libertad que él no podía tener cuando agarraba su teléfono. ¿Por qué a él  jamás se le ocurrió que ella podría estar beboteando con un tipo? ¿Por qué él no sentía  celos?  

Cuando se conocieron Oscar cometió uno de los errores más imperdonables que se pueden  cometer, hablar demasiado.  Sin saber que iban a tener una relación y encima una relación importante, le contó que le  había sido infiel a su ex.  Oscar sintió que a partir de ahí, o mejor dicho, por eso, siempre iba a estar en el banquillo  de los acusados y, tal vez por la culpa que sentía, es que no se guardaba ninguna ocasión de  demostrarle cuanto le gustaba ella. 

De pronto Oscar recordó una noche de pasión, de esas que extrañaba.  Estaban un poco borrachitos y ella le contó de un amante con el que se veía mientras estaba  de novia con un ex. Sin embargo él no la crucificó por eso. Son cosas que pasan. Es la vida. Ella es muy sexual y si bien lo destruiría imaginarla hacer con otro todo lo que hace con él,  sabe que, a veces, el amor pasa por otro lado.

Ella terminó de chatear. Buscó el bolso matero que había dejado a mano y se dispuso a  preparar el mate. Luego le pasó el primero a él. 

— ¿Ya arreglaste todo? 

— Sí, esta noche va Lucía a darle de comer a Woody. 

— ¿Y los demás días? 

—Ya está, se turnaran mis hijas, el problema era esta noche que ellas no iban a poder. Oscar termina de chupar la bombilla y le devuelve el mate. 

— ¿Estás contenta? 

Ella levantó los hombros y sonrió. 

—Sí, claro. 

Era cierto, Oscar la veía contenta, pero veía una contentura que no tenía que ver con él.  Se sentía afuera de su alegría.  Ella no le sostenía la mirada tierna como lo hacía antes.  Ya no se reía de cuanta pavada decía Oscar para, justamente, causarle gracia y recordó con  mucha pena el consejo que le diera una amiga —Si la querés coger hacela reír— . Cada tanto la volvía a mirar de reojo.  La veía a ella que solo miraba hacia adelante, el paisaje. 

Las ideas le pasaban por su mente de a montones, ideas para romper un silencio que, como  la fuerza de gravedad, insistía en permanecer.  Ideas que, así como se les ocurría, las descartaba por creerlas idiotas, inútiles u obvias.  Sabía que si algo no podía ser era obvio. Ella se tenía que volver a enamorar por su cuenta, sin percibir su injerencia, tal como había  ocurrido la primera vez. Sentía un gran dolor. Le costaba entender que eso nunca ocurre. El amor puede durar  mucho, sí, pero el enamoramiento es otra cosa, es como la fascinación que siente un chico  ante el truco del mago. Fascinación que durará en tanto y en cuanto el truco no sea develado  y eso es justamente lo que le ocurre a todas las parejas. Se les devela el truco. También recordó ese viaje a Victoria a unos pocos días de comenzar la relación.  Después de pasar un hermoso día manejó gran parte del regreso con la pija en la boca de  ella. Entonces confiaba en su pericia al volante, no como últimamente que no le deja mirar el  GPS porque dice que se puede distraer e insiste en ser ella la “navegante” cuando ni  siquiera aprendió a utilizar esa tecnología, más por una porfiada negación a las  explicaciones de él que por falta de talento. 

“2 km área de servicios” decía el cartel. 

—¿Querés que paremos? —Le dijo ella. 

—Si vos querés… 

—Yo por vos… ¿No querés ir al baño? 

—La verdad no, fui antes de salir y todavía no tengo ganas. 

Faltando ya unos pocos metros ella le dijo de parar. 

—Dale paremos que quiero ir al baño. 

Oscar salió de la ruta y buscó un buen lugar para estacionar el auto. Ella bajó con su bolsito  de mano. 

Él buscó el mate y el termo. Se lo llevó para lavar y a recargar agua caliente. Del tanque salía un chorro muy finito y mientras esperaba que se llene el termo no paró de  pensar: ¿Por qué no me dijo que quería parar para ir al baño? Siempre hace lo mismo ¿Tanto le cuesta decir lo que quiere? Pregunta si quiero hacer tal cosa esperando que le  conteste lo que ella quiere en lugar de ser directa.  Encima la quiero complacer y siento que no tengo margen para errarla. ¡No soy adivino!

Oscar regresó al auto y ella apareció enseguida. Estaba contenta y, con una sonrisa le dijo: — ¿Querés que hagamos un café? 

Oscar no tenía ganas de tomar un café, ya venía saturado del mate, pero pensó un segundo, y  le respondió:

—¡Dale, me encantaría! 

Ella lo miró sonriente y sosteniéndole la mirada, con ternura, le dijo: 

—Buenísimo, a mí también me encanta tomar café en la ruta.

 

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©Hansel Germán Monzón

Rosario  - Argentina

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 Editora Literaria: Isabel Santoro

Ilustración: Imagen libre de la Web


Colaboraciones de: Marta Puey - Emilio Bertero

Mayo 2026



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1 comentario:

  1. El relato recrea una situación frecuente con originalidad, verosimilitud, se reconocen con claridad episodios y pensamientos, me gusta en especial el detalle de que sea un relator en tercera, pero no omnisciente, de ella no dice nada, sino más bien cómplice de él, de quien sabe todo, y bueno que sea un cuento sin final, cada lector tendrá su final final en la cabeza pq el cuento sigue. Redondito che!

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