
Para comenzar me disculpo por la extensión de esta nota, realmente creo que vale la pena adentrarse un poco más en el trabajo y la vida de este artista fotografico latinoamericano.
Nacido en Vallenar en 1970, Mauricio Toro Goya vive en Coquimbo (IV Región, Chile), donde ha desarrollado un importante trabajo como fotógrafo y como agente dinamizador cultural. Con estudios formales en Arte, Diseño y Fotografía, ha estado vinculado a esta última disciplina desde su niñez, pues fue en su propia casa donde tomó contacto con los procedimientos químicos e hizo su rito de iniciación en el cuarto oscuro.
Desde muy joven mantiene contacto con Sergio Larraín, el gran fotógrafo referencial chileno. A través de un sostenido contacto epistolar, el chileno de la Agencia Magnum ejerció sobre Toro Goya un papel de guía y maestro. Posteriormente, en México, Goya perfecciona la técnica decimonónica del ambrotipo (*) con el maestro Waldemaro Concha, antropólogo y fotógrafo. Ha realizado más de cuarenta exposiciones, entre individuales y colectivas, en Latinoamérica y Europa, y ha publicado al menos dieciseis libros con su obra. Está considerado como uno de los fotógrafos chilenos contemporáneos más interesantes y con una mayor proyección internacional.
La obra de Toro Goya viene definida por dos constantes que se repiten a lo largo de sus series fotográficas: el uso de procedimientos antiguos, como dijimos al inicio, el ambrotipo –que tuvo una gran vigencia entre 1852 y 1865-, abordado desde una lógica contemporánea, y el desarrollo de temáticas específicas que se manifiestan a través de puestas en escena de carácter alegórico.
Con una vocación revisionista de toda la tradición iconográfica latinoamericana, muy especialmente la de matriz religiosa, su obra se construye por una serie de elementos cuidadosamente elegidos que se entremezclan para elaborar una compleja crítica social, histórica, cultural, económica y política.
A través del desnudo, la evocación ritual, el discurso político, la presencia a menudo desdramatizada y festiva de la muerte, la omnipresencia animal o los elementos propios de la cultura de masas y el consumo, su obra se hace cargo de la brutalidad y la violencia que esconden los procesos históricos que dan lugar a la identidad latinoamericana y a la conformación de las historias nacionales.
La tradición oral popular, las leyendas, los mitos, las construcciones literarias están entre sus fuentes de inspiración. En palabras del propio autor, su obra reflexiona "sobre la sociedad de forma innovadora usando recursos técnicos antiguos como base de su propuesta estética".
Desde hace mucho las contradicciones religiosas en América Latina han fascinado a Mauricio Toro-Goya. Este fotógrafo se ha dedicado a producir inquietantes cuadros sobre los sucesos de una región profundamente religiosa, pero que también ha sido escenario de violencia política y de duras reformas económicas.
Estas contradicciones tienen sus raíces en la colonización del continente, cuando los conquistadores arrasaron con el territorio y reclamaron la tierra y los pueblos nativos como vasallos de Dios y de España (y se llevaron todo el oro que pudieron).
“La Virgen María llegó a América Latina tal como la usaban los españoles; la volvieron morena para convertir y ‘civilizar’ a los indígenas”, dijo Toro-Goya. “Eso generó muchos de los cambios y las profundas contradicciones que tiene la cultura latinoamericana. Esa es la base de mi trabajo fotográfico”.
En la serie “Gólgota, caravana de la muerte”, Toro-Goya ha montado meticulosamente las escenas que muestran la pasión de Cristo en los tiempos del golpe militar de 1973 en Chile, cuando desaparecieron miles de personas. Es un conjunto de imágenes perturbadoras, como salidas de una pesadilla, que son muy desgarradoras porque Toro-Goya se basó en los testimonios de sobrevivientes de la época.
“Gólgota” es una serie que creó en la víspera del 40 aniversario del golpe de Estado en Chile. Toro-Goya se preguntó cuál sería la mejor idea para representar lo que sucedió durante el golpe. Y la respuesta fue evidente para él: Jesucristo.
“Lo arrestaron por pensar diferente a los romanos”, dijo. “Lo torturaron, murió y después desaparecieron su cuerpo. Eso ha pasado Con testimonios de la época, Toro-Goya se dispuso a crear escenas que evolucionan hasta convertirse en espantosas imágenes de brutalidad y sadismo. A Cristo lo someten a una humillación que es, a la vez, inquietante y enfermiza. En estas imágenes se observa una tristeza desconcertante y mucha indignación.
En esencia son una versión del Via Crucis, y por eso la serie tiene catorce imágenes. en muchísimos casos de desapariciones en Chile”.
En cierta forma, el golpe y sus repercusiones influenciaron al fotógrafo para que escogiera los ambrotipos en vez de emplear métodos digitales. En el 2005 Toro-Goya estaba desempleado y no podía permitirse comprar todo el equipo digital, las computadoras y los programas que, por supuesto, hubiera tenido que actualizar con regularidad.
“El modelo neoliberal va en contra de mi forma de pensar”, agregó. “Así que decidí trabajar en casa sin tener que depender de las cámaras y las computadoras de la industria fotográfica”. Le llevó cinco años dominar la técnica para crear imágenes de 8 x 10 en placas de vidrio. Sin embargo, encuentra gratificante trabajar con un equipo pequeño que le ayuda a preparar las escenas y hacer posar a los actores; después los fotografía y los pinta a mano.
En “Milagreros” improvisa sobre la tradición de devotos, esas escenas que los fieles pintan para agradecerle a Dios, a la Virgen María o a los santos que les concedieron milagros. En este caso, Toro-Goya revela cómo muchos de estos favores están basados más en las ganancias materiales que en la realización espiritual o la paz.
“Milagreros” es un proyecto que se burla de la interacción entre el materialismo y la espiritualidad: busca mostrar a qué le reza la gente y qué promete a cambio de los favores. Basándose en las populares pinturas mexicanas que suelen colocarse en altares, Toro-Goya comenzó a recrear sus propias versiones.
“Hay muchas contradicciones en América Latina”, explicó. “Todo lo que le pedimos a los santos es terrenal, no celestial. Pedimos un mejor auto o pagar la hipoteca. No pedimos un regalo espiritual. Para mí, eso representa la absoluta contradicción de la fe en América Latina”.
Aunque su trabajo es una crítica hacia el uso de la religión su obra también sigue cierta tradición de intermediar entre las ideas de Dios y las del hombre.
“Particularmente en México, las personas que hacen estos votos son artistas elegidos porque se les ve como quienes obedecen a este mandato divino”, dijo Toro-Goya. “El único que puede comunicar tu deseo de agradecimiento a los santos es un artista. Para mí, eso es extraordinario: que el intermediario de los santos sea un artista y no un cura”.
“Un artista”, repitió. “Es sorprendente”.
Imágenes: Copyright Mauricio Toro Goya
(*) Ambriotipo - La ambrotipia o amfitipia es un proceso fotográfico que crea una imagen en positivo directa en una placa de cristal, mediante el proceso del colodión húmedo. Lo patentó en 1854 James Ambrose Cutting en los Estados Unidos.
El colodión húmedo había sido
inventado unos pocos años antes por Frederick Scott Archer, pero Cutting lo
utilizó para obtener una imagen positiva en lugar de un negativo.









Excelente informe, Latinoamérica tiene muchísimos artistas valiosos!!!
ResponderBorrarcomo agregado comento que se esta exponiendo en El Cultural San Martín la muestra fotográfica "Milagreros", del mismo artista en el marco del XIX Encuentros Abiertos Festival de la Luz.
gracias Cris!!!