ATRAPADOS POR LA IMAGEN
Cuentos y Relatos Presenta a:
Laura Leonor Rivero
"Nueva artista de Atrapados por la Imagen"
en...
"El Collar"
"Cuento Inédito"
Edición: Editorial Atrapados por la Imagen
RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ
Registro de propiedad intelectual
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La Editorial de Atrapados por la Imagen, tiene el honor de recibir a una nueva escritora, que se incorpora a este sitio de arte colectivo.
Hoy le damos la bienvenida a: Laura Leonor Rivero
Compartimos una pequeña biografía sobre Laura y su trayectoria:
Me llamo Laura Leonor Rivero, nacida en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, y radicada desde hace muchos años en la ciudad de Buenos Aires. Inicié un camino ligado al teatro, la dramaturgia y el trabajo con la voz y el cuerpo, disciplinas donde aprendí a mirar de cerca los gestos mínimos y las tensiones que habitan lo cotidiano. Soy co‑autora de la obra de teatro Un Circo Tres Deseos, estrenada en 2024.
Me inspiran momentos que atravesaron mi vida, donde el recuerdo se transforma en ficción y permite resignificar una existencia repleta de episodios. El collar nace de ese encuentro entre memoria e imaginación: escenas pequeñas que insisten y detalles que se vuelven historia...
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| Ilustración: MARTA PUEY |
"El Collar"
LAURA RIVERO
Salió sin rumbo fijo. La mañana había decorado el cielo con nubes de plomo, luego el viento las despejó, cuando miró hacia arriba ya no estaban, se sintió más liviana, tomó coraje y pasó por la casa de su madre; le llevaría solo unos minutos, iba para explicarle un tema en el que se supone era experta. Entró sin llamar, se sentó en el reposabrazos del sillón de dos cuerpos, no quiso apoltronarse entre los almohadones, miró el sillón vacío y recordó esas tardes en las que con su padre lograba hilar conversaciones silenciosas, como lo hacen dos extraños que se conocen demasiado; su padre había fallecido hacía unos meses. Volvió la atención a su madre, ésta comenzó con las preguntas, entre inhalaciones y exhalaciones se respondía, convirtiendo lo que hubiera sido una conversación en un inspirado soliloquio; ya no importaba lo que venía a decir, sino lo que tenía que escuchar, resignada pensó “es costumbre familiar”
-Paso al baño Ma.
Hizo un alto en el camino, entró al cuarto matrimonial, ahora de su madre, y sigilosamente abrió el cajón de la cómoda; revolvió hasta encontrar la bolsita de terciopelo azul y allí estaba. Lo sacó despacito, lo tomó con sus dos manos y mirándose en el espejo lo apoyó sobre su cuello.
Los primeros años fueron en una casa que estaba en un pueblo rodeado de horizonte; eran en ese entonces todavía cinco los que formaban el elenco estable familiar. Su padre y su madre habían fundado una fábrica que albergaba cuarenta empleados; casi todas las mañanas alguno compartía el desayuno en la cocina con ella y sus hermanas. Más de una vez escuchó a su madre decir
-Ese chico no se está alimentando bien y está en pleno desarrollo, chicas …
-Hoy desayunan con Sergio “Copete” Carranza.
En el tiempo que duró la fábrica, su casa era un desfiladero de gente; también de exabruptos, todo eso, día a día, tenía un crecimiento exponencial; la función de tal emprendimiento en el pueblo, estaba cada vez más lejos de la productividad y cada vez más cerca del bienestar social; al terminar la jornada matutina de trabajo, colas de empleados fuera de la oficina de su padre, pedían: auto para llevar a su hijo al médico del pueblo vecino, camioneta para ir al baile el sábado, salir de padrinos para el recién nacido, crédito para comprar la máquina Nitax para la esposa que había hecho el curso de tejido en la municipalidad; horas y horas en las que esa oficina se convertía en una especie de consultorio donde su padre escuchaba pedidos y más pedidos, problemas y más problemas, de esos que persisten sin solución, porque nacer en determinados lugares tiene sus condiciones; su padre igual escuchaba, en definitiva él era un representante de la llamada movilidad social que tuvo este país allá lejos y hace tiempo. En una oportunidad, a su padre le habían pagado una cámara frigorífica con tapados y sacones de piel. Durante tres meses su madre convirtió el living de la casa en una peletería, llena de percheros con nutrias sin depilar, zorros colorados y algunas vizcachas; durante el día desfilaban mujeres que se enfundaban en esos bichos que además de abrigo les prometían status.
Una noche, que la casa se despejó de gente, fue directo al placard de su madre. Se puso el tapado de nutria sin depilar, soportó estoicamente su peso arrastrándolo como si llevara una capa de reina; caminó haciendo equilibrio en unas sandalias altísimas, cinco números más grandes que sus habituales guillerminas; y cuando llegó al espejo pintó su boca de rojo. Quedó hipnotizada frente a la bolsita que guardaba el collar de cuentas de cristal de roca. Lo tomó con la minuciosidad de Richard Wagner en “Ladrón sin destino”; la joya brillaba como la diadema que usaba la Reina en la Revista Hola (una prima de su madre se la enviaba desde España todos los meses). Se puso el collar, el mundo eufórico, disparatado, sin orden y sin estabilidad desapareció entre los destellos de las cuentas de cristal. Sin importarle demasiado a qué obedecía ese fenómeno, invitó a su hermana menor a jugar “al avión”; juntaron dos sillones gordos, ubicados en el living simulando el sector de la primera clase; fumaron unos cigarrillos con forma de grisin tal como lo hacían las señoras en la televisión; acunaron cada una a sus hijas de plástico y trapo. Así fueron madres, ejecutivas y reinas en ese vuelo imaginario.
Volvió el collar a la bolsita de terciopelo azul, pasó por el baño y mientras volvía, escucho la voz de su madre:
- Que lindo que hayas venido, la casa se llena de destellos, como esos que largan las cuentas de los collares de cristal de roca, ¡cómo se usaron en una época!
Inicio de un nuevo relato.
Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a:
©Laura Rivero
Buenos Aires - Argentina
Ilustración: Marta Puey
Edición: Editorial Atrapados por la Imagen
Diseño y Edición: Laura Jakulis
Correctora Literaria: Isabel Santoro

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.




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Laura, qué relato tan bello. Me gustó mucho cómo el collar une el pasado y el presente, y cómo a través de ese objeto reconstruís la historia familiar. Las descripciones son muy vívidas y permiten imaginar con claridad tanto la casa, como la fábrica y los juegos de la infancia. Hay imágenes muy logradas, como la del living convertido en peletería o el vuelo imaginario con los sillones. y los recuerdos.
ResponderBorrarEl final me pareció muy sutil y sugerente, deja una sensación abierta muy interesante.
Gracias por compartir en Atrapados, una historia tan sensible y llena de detalles significativos.
¡Felicitaciones! Un abrazo grande.
Gracias Isa! Que generosa tu devolución 💜
BorrarQueridos amigos y amigas, hoy tenemos la gran alegría de sumar a una nueva autora literaria en Atrapados, Laura Rivero, quien se incorpora con un cuento inédito, ¡el cual recomendamos muy especialmente! ¡"El Collar", con ilustración de Marta Puey!
ResponderBorrarGracias Lauri! Y Atrapados !! Por la receptividad 💜
ResponderBorrarNo es lindo. Es lindísimo. No es dulce. Es dulcísimo. Relatado en forma intimista, nos permite entrar en el departamento de los padres, en el dormitorio, tener acceso al cajón de la cómoda y de ahí viajar atrás en el tiempo, a Los Toldos, a revisitar recuerdos infantiles de la vida familiar. ¡Riquísimos! El final "Inicio de un nuevo relato" me obliga a decir: ¡Lo quiero ya!
ResponderBorrarGracias Pablo!!! Muy generoso con tu mirada
BorrarUn cuento que atraviesa, que valida sucesos del pasado y los convierte en emociones, en agradecimiento a la vida.
ResponderBorrarGracias Laura!!
Gracias Ma 🤩
ResponderBorrarInteresante enfoque de una historia que revela un clima familiar y nos promete más, muy misterioso, nos deja muchas preguntas y nos invita a imaginar respuestas, quedamos Atrapados por el relato, bien logrado Laura Leonor!
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