Fotografías de autor

Atrapados por la Imagen es un espacio donde las historias encuentran su forma, ya sea en palabras, en fotos o en la mezcla mágica de ambas. Somos una página editorial que apuesta por la sensibilidad, la mirada personal y el disfrute de contar. ¡Bienvenidos!

jueves, 7 de mayo de 2026

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN PRESENTA : "La bicicleta roja" - NATALIA CASOLA -


ATRAPADOS POR LA IMAGEN 


 Presenta a: NATALIA CASOLA

"Nueva  integrante de esta comunidad artística"


🌸 Bienvenida Natalia🌸


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen

RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

Registro de propiedad intelectual

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¡Queridos amigos y amigas!


La Editorial Atrapados por la Imagen tiene el honor y la alegría de recibir a una nueva autora que se suma a este espacio de creación y encuentro artístico.


¡Bienvenida, Natalia Casola, a esta casa donde las palabras se encuentran con la imagen y la emoción!

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Natalia Casola. Nació en Buenos Aires en 1982. 
Historiadora de profesión. Narradora e ilustradora de corazón. 
"Mi principal meta en la vida es que nunca me falte la curiosidad".



Cuento inédito para Atrapados por la Imagen


La bicicleta roja
NATALIA CASOLA

El pie se le resbala del pedal y la bicicleta se inclina demasiado. Elvira respira, se concentra, vuelve a intentarlo y echa a andar. Las manos sobre el manubrio todavía buscan dirección y algo de estabilidad. Estabilidad, dirección, ir hacia adelante. Estabilidad, equilibrio, ¡vamos Elvira!, se dice a sí misma. ¿A dónde vamos?, responde la otra, esa Elvira que la cansa de nunca creer que pueda llegar a ningún lado por su propio mérito. Como cuando la tela del vestido le quedó enganchada sin remedio a la máquina de coser. Hubiera estrellado la máquina contra el piso.

Mientras más pedaleaba, más decaían sus ganas de continuar en esa bicicleta demasiado grande para ella, que apenas llegaba al metro cincuenta. Elvira siente el peso de esa bicicleta, se distrae y piensa en todo lo que tiene que hacer. Una casa en permanente construcción en ese páramo sin luz, ni gas natural, siempre da trabajo. Los chicos, trabajo. ¡Ojalá crecieran más rápido!, se dice. Pero nada de eso lo decidió ella. Igual que tampoco decidió tener esa bicicleta tan pesada. Solo sabe que salió y que ya no sabe para qué. No puede descansar del propósito que no tiene. Decide seguir pedaleando en esa bicicleta que Pedro eligió para ella. Quizás por eso, porque la idea de huir del agujero que era su vida misma la atraía, terminó aceptando esa bicicleta y se entregó a su conquista. Dominarla bajo la tutela de su inmutable marido. Cuando lo consiguió, se sintió extasiada y comenzó a salir todos los días. Elvira comenzó a conquistar el territorio de su barrio esquivando pozos, perros dispuestos a perseguirla y amenazarla con arrancarle los tobillos y aprendiendo a regular la velocidad para evitar los saltos provocados por piedritas en apariencia inofensivas.

Al principio, las vecinas la miraban con cierta extrañeza al verla subida a una bicicleta que no parecía trasladarla a ningún lugar muy concreto. La ausencia de aparente utilidad dejaba pasmadas a las señoras sin edad que barrían el pasto. Pero a ella pronto comenzó a parecerle lo mismo.

Ahí está Elvira, pedaleando sin propósito ni ganas, preguntándose a cada metro para qué insistía, cuando de repente la ve, apoyada contra un cesto de basura. Toda roja, brillante, ligera, esa otra bicicleta tan al alcance de su mano. Se acerca con cuidado, movida por la curiosidad de ver los detalles de esa hermosura. En el instante que Elvira mira la bicicleta roja como si se tratase de la Capilla Sixtina, Olga sale a su encuentro. ¿Qué tal Elvira? ¿Qué te trae por acá? Saludos, comentarios de rigor. A Elvira no le gusta Olga. Nunca le gustó. No podría explicar qué le cae tan mal de la vecina, pero tampoco puede evitarlo. Elvira sobreactúa interés. Ríe de más, pregunta por los familiares cuidando recordar el nombre de cada hijo. Hablan del precio de las cosas, la inflación que se come los ingresos de todo el barrio. Olga contesta con naturalidad. Se la ve casi feliz de poder conversar a esa hora de la tarde con una vecina que al final resultó ser mucho más simpática de lo que aparentaba. A Olga, su vecina le cae bien. Entonces, Elvira arremete sin vueltas: ¿qué te parece si intercambiamos bicicletas? Olga la mira sin entender completamente el ofrecimiento. Elvira insiste: si al final, cada una tiene lo que la otra necesita. Que si las cosas solo sirven si se las usa. Que la bici suya es mucho más cara por ser mucho más grande, pero que a ella no le importa, porque la quiere y para qué están las vecinas sino es para ayudarse. Olga la mira, piensa… A ella le hubiera gustado intercambiar el marido, pero, por el momento se conforma con la bicicleta. Olga tampoco tiene a dónde ir, pero queda momentáneamente atrapada en la idea de vender la bicicleta mucho más cara: “Es más grande, seguro vale mucho más”. Con un “bueno, está bien”, sellaron el pacto, el cesto de basura vacío como testigo involuntario.

En esa tarde de sol de otoño Elvira pedalea ligera por el barrio en silencio, con una sensación de nuevo brío. La otra Elvira se queja, empieza a esbozar planteos: ¡Pedro se va a enojar! Callate, consigue decir la Elvira que acaba de triunfar. Esa noche durmió y soñó que pedaleaba con su nueva bicicleta roja en un barrio con arboledas, casas terminadas y vecinas en bicicletas de colores. Ninguna la miraba. Todas seguían.

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    Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©NATALIA CASOLA

Buenos Aires  - Argentina

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

Ilustración: Imagen libre de la Web

Mayo 2026



 Agradecemos a todos nuestros amigos, lectores y seguidores, por sus visitas y valoraciones.



Afectuosamente...


Administración de Atrapados por la Imagen
Directora: Laura Jakulis


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