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domingo, 9 de agosto de 2026

DOMINGOS DE CURIOSIDADES. HOY, EL CONO DE ARITA, SALTA

 EL CONO DE ARITA, EL GIGANTE SOLITARIO QUE CUSTODIA LA PUNA SALTEÑA

En la vasta inmensidad del Salar de Arizaro, donde el silencio parece tener voz y el paisaje remite a otro planeta, se alza una formación natural que, durante siglos, desconcertó a científicos, viajeros y pobladores. A más de 3.690 metros sobre el nivel del mar, en el corazón de la Puna salteña, el Cono de Arita emerge como un gigante solitario que recorta el horizonte con una simetría tan perfecta que muchos llegaron a creer que había sido construido por la mano del hombre.

Pero la realidad supera cualquier leyenda. Se trata de una formación geológica milenaria, moldeada por las fuerzas de la naturaleza, cuya belleza, misterio y aislamiento la transformaron en uno de los paisajes más cautivantes y menos conocidos del norte argentino.


Hoy, en Domingos de Curiosidades, te invito a descubrir la historia del Cono de Arita, un gigante de piedra que esconde secretos que muy pocos conocen.




UN GIGANTE FORJADO POR EL TIEMPO


Mucho antes de convertirse en uno de los paisajes más asombrosos de la Argentina, el Cono de Arita ya despertaba respeto y admiración entre quienes habitaban la inmensidad de la Puna. Su nombre proviene de la lengua aymara y significa “filoso” o “puntiagudo”, una referencia directa a su silueta singular, como una aguja de piedra que parece haber sido colocada por la naturaleza en medio del desierto de sal.




Ubicado en el extremo sur del Salar de Arizaro, entre las localidades de Caipe y Tolar Grande, a unos 600 kilómetros de la ciudad de Salta y a más de 3.690 metros sobre el nivel del mar, el Cono de Arita se eleva aproximadamente 200 metros por encima de la superficie del salar. Allí, donde el horizonte parece no tener límites y el silencio se vuelve protagonista, esta formación solitaria rompe la inmensidad blanca con una figura casi perfecta que durante mucho tiempo despertó asombro y numerosas interpretaciones.




El Salar de Arizaro, cuyo nombre proviene de la lengua kunza o atacameña y suele traducirse como “dormidero del buitre”, guarda también parte de la memoria de este territorio. La denominación estaría relacionada con los cóndores que sobrevolaban la región cuando antiguas caravanas trasladaban ganado hacia Chile por esta ruta. Para los pueblos quechuas, en cambio, este paisaje era conocido como “huellas hirientes”, una expresión que hacía referencia a la superficie áspera de la sal cristalizada y a los picos que se forman sobre la inmensa planicie.




Pero el Cono de Arita no es solamente una maravilla geológica. Mucho antes de despertar la curiosidad de científicos y viajeros, su presencia ya tenía un profundo significado simbólico para las culturas que habitaron la región. Se cree que pueblos preincaicos pudieron haber elegido este lugar como un centro ceremonial vinculado a la Pachamama, reconociendo en su forma extraordinaria y en su ubicación dentro del desierto de sal un espacio cargado de espiritualidad.




Esa relación entre naturaleza y creencias ancestrales todavía parece sentirse en quienes llegan hasta este rincón remoto de la Puna. Frente a su silueta inmóvil, resulta difícil no pensar que el tiempo dejó allí una señal, una especie de guardián de piedra que observa desde hace miles de años la inmensidad del paisaje que lo rodea.



¿CÓMO LLEGAR HASTA EL GIGANTE DE LA PUNA?

Llegar hasta el Cono de Arita no es simplemente emprender un viaje: es adentrarse en uno de los territorios más extremos y fascinantes de la Argentina. La inmensidad de la Puna salteña exige planificación y respeto por un paisaje donde la altura, la distancia y la ausencia de servicios forman parte de la experiencia.

El camino hacia este gigante de piedra transcurre por zonas de gran altitud y con escasa infraestructura, por lo que resulta fundamental contar con una preparación adecuada. Llevar abundante agua, alimentos no perecederos, combustible extra y elementos de emergencia es indispensable para afrontar la travesía. La intensa radiación solar de la Puna también requiere protección especial: el reflejo de la luz sobre la superficie blanca del salar aumenta su intensidad, por lo que el protector solar, los lentes y una gorra se convierten en aliados imprescindibles.

Aunque el Cono de Arita puede visitarse durante todo el año, la primavera y el otoño suelen ofrecer las mejores condiciones para recorrer la región. En esas estaciones, las temperaturas son más agradables, con valores que pueden ubicarse entre los 22 °C y 25 °C, y los caminos presentan mejores condiciones para la circulación. Durante el verano, las lluvias pueden dificultar o incluso impedir el acceso a algunos sectores, mientras que en invierno las bajas temperaturas y las heladas agregan un desafío adicional.



Para quienes no cuentan con vehículo propio, existen alternativas para acercarse a este remoto rincón de la Puna. Es posible llegar en transporte público hasta San Antonio de los Cobres y luego continuar hacia Tolar Grande, aunque las frecuencias son limitadas. Desde allí, una de las opciones más recomendables es contratar excursiones guiadas que permitan recorrer el camino con mayor seguridad y conocer, de la mano de especialistas, los secretos de un paisaje único.

Porque llegar al Cono de Arita no es solamente alcanzar un punto en el mapa. Es atravesar un territorio donde la sal, el viento y la montaña parecen haber detenido el tiempo para conservar uno de los escenarios más extraordinarios del norte argentino.



BAJO EL CIELO INFINITO DE LA PUNA

Hay imágenes que nacen mucho antes de ser tomadas. Permanecen durante años en la imaginación de quien las sueña, esperando el momento exacto en que la realidad y la idea finalmente se encuentran.

Ese fue el caso del fotógrafo Guille Galante, quien durante casi cinco años llevó en su mente una escena del Cono de Arita: el gigante de piedra del Salar de Arizaro coronado por la inmensidad de la Vía Láctea.

La primera vez que vio una imagen de este lugar, una fotografía diurna que no lograba transmitir toda la textura y la fuerza del paisaje, imaginó una composición diferente. En su mirada, el cono debía aparecer bajo el cielo nocturno, acompañado por las estrellas que parecen multiplicar la magia de la Puna.

El sueño finalmente se concretó en junio de 2012, cuando llegó hasta el Salar de Arizaro y, en una noche helada con temperaturas cercanas a los 15 grados bajo cero, logró capturar la imagen que había imaginado durante años.

Para Galante, aquella fotografía es un ejemplo de planificación y perseverancia. No solo implicaba resolver los desafíos técnicos de una toma nocturna, sino también enfrentar las dificultades de llegar hasta un sitio ubicado a casi 3.800 metros sobre el nivel del mar, preparar el equipo adecuado, contar con el abrigo necesario y tomar todos los recaudos para trabajar en un ambiente tan extremo.

La planificación dio sus frutos: la posición de la Vía Láctea y de la Luna coincidieron con lo esperado, las condiciones climáticas acompañaron y solo quedó resolver la composición, el enfoque y los tiempos de exposición.

Pero detrás de esa imagen hay una enseñanza que va más allá de la fotografía. Como explica el propio Galante, muchas veces la naturaleza modifica nuestros planes y obliga a aceptar que no todo está bajo nuestro control. Allí aparecen dos virtudes esenciales para cualquier fotógrafo: la paciencia y la perseverancia, herramientas que muchas veces resultan más importantes que el propio equipo para lograr una imagen capaz de transmitir una emoción.



Datos técnicos de la foto:
Cámara: Canon 5D Mark II
Lente: Carl Zeiss Distagon 2,8/21 ZE
Apertura: f/4
Tiempo: 25″
ISO: 3200

En la inmensidad de la Puna salteña, donde el viento moldea la sal y el tiempo parece detenerse, el Cono de Arita permanece como un testigo silencioso de millones de años de historia.

Más que una formación geológica, es un paisaje donde se encuentran la naturaleza, las antiguas creencias y la memoria de quienes habitaron estas tierras. Su silueta solitaria, recortada sobre el Salar de Arizaro, continúa despertando asombro y admiración en quienes llegan hasta este rincón único de la Argentina.

Porque hay lugares que no solo se contemplan: se sienten. Y el Cono de Arita es uno de ellos, un gigante de piedra que parece custodiar en silencio los secretos de la Puna.





Idea, investigación y edición: Isa Santoro
Administradora de Atrapados por la Imagen





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2 comentarios:

  1. Felicitaciones Isa por esta nueva entrega de la cual no tenía conocimiento y que encierra tantas preguntas sin respuesta. Me fascinó !!! La foto de Galante maravillosa, para el, un sueño cumplido. Gracias por permitirme conocer una maravilla más de nuestra Argentina de la cual no había oído hablar. Cariños y bonito Domingo !!!

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  2. No tengo la suerte de haber estado en este sitio y visto este Domingo de Curiosidades me lamento mucho porque estuve relativamente cerca muchas veces y nunca se dio la posibilidad. Me compensa un poco enterarme con tu investigacion, Isa, de tanta info que desconocia. Y si algo le faltaba a la misma, impactante la casi épica aventurera de Galante. Gracias Isa

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