Editorial Atrapados por la Imagen
CUENTOS Y RELATOS
Presenta:
a. . .
Cristina Martín
"Artista de Atrapados por la Imagen"
en
“ATAJOS”
Cuento perteneciente a su libro: "Mujeres valientes"
Edición: Editorial Atrapados por la Imagen
RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ
Registro de propiedad intelectual
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La
luz de la lámpara era apenas un haz de luz cuando Graciela cerró la puerta casi
sin fuerzas. Se tiró sobre el sillón marrón opaco de los lunes a las diez.
-Ayer Mariela menstruó por primera vez.
No se imagina lo mal que estoy. Ando con el estómago revuelto, con náuseas.
Tengo la sensación de que camino entre nubes. Y necesito estar bien por ella y
por a Juan que se quedó sin trabajo.
- ¿No le parece Graciela que es demasiado
peso? ¿Por qué tiene que sostener usted a todos?
-Y…porque eso es lo que una mujer debe
hacer ¿no? Quiero estar bien para que Mariela viva este momento con
naturalidad, sin temores. Y para que Juan se tranquilice. Tengo tantas ganas de
llorar.
-Llore nomás, porque nadie podrá hacerlo
por usted.
Graciela lloró como hacía mucho que no lo hacía,
con sollozos fuertes y entrecortados.
- ¿Cómo voy a llorar por algo tan simple
como la menstruación de mi hija? Me siento la más ridícula de las mujeres.
Se oían ruidos detrás de la puerta de
cortinas tejidas al crochet. Conversación de mujeres y pasos en los peldaños de
madera.
-Espero que los de afuera no me escuchen.
Odio mis contradicciones. Pensar que fui una de las primeras docentes que trató
el tema de la sexualidad en la escuela.
-Claro, la sexualidad de los demás. La de
su hija es otra cosa.
- ¿Cómo otra cosa? Yo misma la preparé
para ser mujer. Charlamos sobre este tema desde que tenía cinco años. Me
acuerdo de la noche en que me preguntó por dónde salían los chicos y yo le
contesté que del agujero que tenemos las mujeres junto al del pis. Ni se me
movió un pelo. Por eso no entiendo esta angustia.
- ¿No tendrá que ver con ese nuevo
agujero? Mariela tenía cinco años y no menstruaba. Ahora tiene trece. Hay una
diferencia ¿no?
-Sí. Bah, no sé. Yo no puedo pensar. Por
eso vengo acá otra vez. No se imagina la bronca que me da volver.
-Yo le expliqué, Graciela, que este
lugar quedaba abierto para alguna situación especial.
-Sí, ya sé, ya sé. Yo tenía argumentos bien
claros. Y ahora se me cayeron todos. Creo que no me quedó ninguno en pie.
-Nunca los argumentos son para toda la
vida, Graciela. Estábamos en que había una diferencia entre los cinco y los
trece de Mariela ¿Qué piensa usted de esto?
-Y…que a los cinco no podía quedar
embarazada, Mariela digo. Hasta me tocó contarles a sus amiguitas, porque ella
me lo pidió una tarde que vinieron a tomar la leche a casa.
-Qué
les contó?
-Que
con la menstruación empezaban a ser mujeres, que iban a tener ovulación. Bueno, todo eso que ya sabemos.
Ah…y nada de semillita. Yo no la voy con esas estupideces.
-
¿Qué más les contó a Mariela, a sus amigas?
-
No me acuerdo, pero varias cosas que sus madres no se animaban y siempre me
agradecieron mucho.
Graciela siguió hablando un rato, hasta que
se paró abruptamente, le pagó a la psicóloga y se retiró con paso decidido y
firme.
En ese
mismo momento decidió no hacerse tanto problema por un tema que quizás era
menor frente a los verdaderos problemas que aquejaban a la sociedad.
Los días
pasaron tranquilos y sin inconvenientes mayores. Pero una noche, muy tarde ya,
Mariela llegó llorando desesperadamente. Graciela la abrazó muy fuerte, sin
mediar palabras.
El papá se puso los pantalones de hombre y
tomando a su hija de la cintura amorosamente, la llevó a charlar al balcón.
Charlaron un rato largo. Él, con ademanes mesurados y ella, muy atenta.
Juan volvió ensimismado, pero satisfecho.
De
golpe le largó a su mujer una bocanada de palabras.
- A Mariela la acosó un compañero.
- ¿Cómo que la acosó? -preguntó Graciela con un grito disimulado, por temor a que Mariela la escuchara desde su habitación.
- Si, la acosó, pero no la penetró. Mariela le
puso límites violentamente. Es una chica decidida y firme, gracias a vos. La
verdad, estuviste muy bien todo este tiempo preparándola para estos momentos difíciles.
Ahora comprendo lo que una madre siente y también comprendo que actúa como
puede.
Hubo un silencio cómplice entre Graciela y
Juan, además de un abrazo largo y sostenido que hablaba del compromiso de
volver al vínculo apacible que habían tenido durante largos años antes de la adolescencia
de Mariela.
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Editora Literaria: Isabel Santoro
AGOSTO 2026

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