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ATRAPADOS POR LA IMAGEN
Edición: Editorial Atrapados por la Imagen
RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ
Registro de propiedad intelectual
*Al Toba Gamboa y la Vivi Nardoni
El finado Pelagatti no podía con su
genio de solucionador general.
Decirle a un potencial cliente que
no podía o no sabía lo dejaba desguarnecido ante su propio orgullo. Y aquella
vez necesitaba, además, lo que venga en plata o especias.
De profesión “metalúrgico” había
arreglado techumbres sibilantes en medio de tormentas, tractores atascados en
barros épicos, portones de iglesias, orugas de tanques de guerra y hasta cierres
averiados por roces indiscretos en vestidos de satén de damas en baile.
Planteado el problema, el hombre
miraba en pesado silencio, el desperfecto de cuerpo presente que le arrimaban o
con el mismo talante se trasladaba con su pequeño equipo de estudio y trabajo
hasta el sitio donde lo esperaba aquello que, de arranque, venía acompañado de
palabras y gestos de inquietud y premura
por parte del cliente.
Invariablemente, por pequeño que
fuera el objeto portador de malestares mecánicos, el “Pela” se alejaba unos
pasos hacia atrás como para patear un tiro libre buscando un punto de
observación clarificador.
Se tomaba la pera y bichando de
reojo al interesado comenzaba, por fin a hablar.
Su voz aguda y amplificada por la soberbia profesional normalmente sobresaltaba al interlocutor ya acostumbrado al silencio prolongado y enigmático. Unas pocas frases con términos poco reconocibles para el poseedor del problema constituían diagnóstico de certeza y dictamen inapelable. No conocía la derrota y podía dejar para lo último hablar del precio del trabajo.
Un invierno del 83 se presentaron
en su casa un flaco canoso y muy alto con ropas deportivas y un enano con
gorrita.
Como en una escena guionada, el
“Pela” miró hacia arriba y hacia abajo tratando de componer el cuadro
dislocado que a primera vista no
encajaba en la noción de realidad con la que encaraba sus días.
Sin saludar movió la cabeza
interrogando. Ambos visitantes le dijeron:
— Buenos días.
— Buenos días – contestó haciendo una mueca de confusión con los labios.
— Nos dijeron que acá…
— Les dijeron bien.
— Pasa que…
— ¿Cuál es el problema?
— …
— ¿Dónde es?
— Mire, si nos deja pasar…es un poco largo de contar.
— Pasen por acá al costadito, al taller. Tengo mates y bizcochos.
El “Pela” no se permitía
sorprenderse por la rareza o la envergadura de los problemas que le traían.
El flaco envió una mirada
indicativa hacia la radio que colgaba junto a la jaula del loro en señal de que
el volumen tan alto le iba a impedir hablar. El local consintió a los
visitantes y apagó los acordes de D’Arienzo mientras el loro salmodiaba.
Alcanzó unos banquitos, ensilló el mate y alzando la mano ritualmente inauguró
la inesperada tertulia.
— Vea señor…
— Juan Carlos, “Pela”, “Chito”, Juan está bien.
— Vea Juan. Acá con el colega — el flaco señaló hacia abajo y el enano miró a su compañero rascándose la cabeza — estamos comisionados por el señor Quinto De Souza dueño del Gran Circo “California”, que como usted sabe está instalado en la Sociedad Rural.
— Ah, sí.
— Bueno, yo soy Walter “El hombre Bala” y como le decía, el señor de Souza nos ha enviado aquí por recomendación de alguien para ver si usted puede arreglar el cañón. O sea… — dijo el flaco señalándose con ambas manos como dando a entender sin necesidad que se trataba de artillería de ficción.
— No me diga - dijo el “Pela” estudiando pormenorizadamente al proyectil que le hablaba — y el “quía” ¿qué calibre es? — dijo despachando una carcajada y señalando con el dedo mayor al enano —Disculpe, una chanza. Delo por hecho.
El flaco se recompuso de la súbita
falta de respeto perorando acerca del complejo mecanismo de resorte que
impulsaba su escueta humanidad por el aire mientras sonaba con medida
simultaneidad un truco de pirotecnia que completaba el dramático momento.
Durante unos pocos pero tensos segundos su cuerpo envuelto en falso humo,
papelitos metálicos y gritos de asombro describía una parábola hasta dar en una
pequeña red de la que salía entre aplausos.
— Imagínese, junto con los trapecistas soy la mayor atracción. El circo se desmerece…
— No hablemos más —dijo el decidido metalúrgico. Cebó una rápida vuelta de mate, preparó una caja de madera con herramientas, acompañó hasta la calle al curioso dúo de artistas y los invitó a subir a su furgoncito.
— ¿Se lastimó alguna vez en este laburo?_ quiso saber el “Pela”
— Una sola vez — habló por primera vez el enano — y no fue con el cañón, el tragafuegos le quemó la espalda. Estaba de asistente. Hay que hacer de todo. A mí el que lanza cuchillos…
— Vamos a lo nuestro- interrumpió molesto Walter.
—En cuantito lleguemos — dijo manejando torpemente el desvencijado furgón en cuyo único asiento se amontonaban los tres — Pero hace tanto que no voy al circo. Vi a los rusos, esos son fantásticos… ¡los trapecistas! ¿Los trapecistas de ustedes tienen red?
— Claro, por supuesto — intervino el enano.
— Eso es como chupar una teta con corpiño, disculpe que le diga.
Después de esa sentencia carraspearon de a ratos los tres hasta llegar
a la esquina donde se levantaba o mejor, asomaba la carpa de una sola pista del
“Gran Circo California”.
Enseguida se apearon y trotando
entraron al predio mientras De Souza salía a recibirlos con una bata plateada y
una redecilla en la cabeza.
El sujeto lucía unos bigotitos de alcahuete
y fumaba con boquilla. Detrás suyo una dama cuyo rostro no había podido
resarcirse de los golpes que la vida le había propinado, sacaba a pasear una
silueta de pantera de pañolenci.
Todo el personal estaba a medio
vestir, a medio maquillar, a medio despertar, a medio esfumarse, traficando
entre vagones descoloridos, jaulas de leones desdentados y monos canallescos.
Nuestro hombre pisó con descuido
las virutas esparcidas y sólo con gestos le hizo saber al patrón que quería
meter manos en el asunto.
El cañón tenía un digno parecido
con los verdaderos. Su parte trasera mostraba las roturas padecidas tras algunos
lustros de disparos de cotillón.
El especialista se ubicó en su
tradicional posición de observador y en menos que un gallo canta anotó en una
libreta una lista de repuestos y accesorios.
Mientras curioseaba el patio
trasero de la vida circense acompañado por De Souza, la dama en lucha con el
tiempo y una pequeña tropa de fenómenos que lo observaban como el extraño que
en definitiva era, en una carreta de mano le alcanzaron lo pedido.
— ¿Todo eso?— se asombró el reaparecido Walter, ya sin el enano.
Siendo el principal protagonista de
lo que venga, quería asegurarse una
eficaz reparación.
El “Pela” entró en estado de
meditación profunda, luego elongó músculos y finalmente se hundió en un frenesí
de rápidos y calculados movimientos. Envuelto en chispas y golpes, arrancó,
atornilló, soldó, pulió y finalmente después de un resuello mostró a la
admirada tropilla de rarezas un robusto mecanismo de elásticos de camión,
resortes de ascensor, cremallera y manija.
El último paso consistió en
explicar a los encargados del disparo la forma de operar el dispositivo de gran
técnica que estaba presentándoles.
— Una vez introducida la bala, si me permite — comenzó diciendo el hombre a los artilleros— accionan la manija en este sentido, RACA-TACA-TACA— imitando el sonido de la uña de fijación contra el engranaje— y otra vuelta, RACA-TACA-TACA- y otra más ¿se entiende?
Con las manos en la cintura, dudas
y respeto, todos asintieron.
— ¡Vamos a probar! — dijo el manido dueño del circo con un payaso a cada lado- pero con todo, que vengan los músicos. Hay que sincronizar desde la presentación.
Walter, decidido y ansioso daba
saltitos preparatorios. El enano trepado a una escalera de palitos ponía
papelitos metalizados por la boca del cañón ya en ángulo de disparo. Un payaso
atendía el petardo y un trompetista soplaba graznidos que prometían acción.
Tres tambores machacaban marciales redobles de suspenso. El mismísimo De Souza,
quitada la bata, haciendo bocina con una mano anunciaba — ¡Respetable público!
Van a presenciar ustedes al intrépido Walter…— una andanada de elogios a grito
pelado atrajo a todo el personal artístico devenido ahora en respetable
público.
El “Pela” mediante señas ampulosas
indicaba a los operadores del arma los movimientos de manija. Walter se calzó un
casquito ridículo y se introdujo previo saludo por la boca del cañón.
El metalúrgico, ebrio de
omnipotencia y sediento de gloria, se alejó algunos pasos para contemplar mejor
su obra. Oyó el RACA-TACA-TACA una, dos, tres veces. Se alejó un poco más y entonces
en fracciones de segundo su cráneo computó distancias, trazó trayectorias,
calculó pesos, fuerzas y tensiones. Sintió que las leyes de la física lo
mandaban en cana. Newton en persona pareció sacudirlo por los hombros.
Ahogado su grito por el petardo, su brazo extendido, su cuerpo lanzado no pudieron decir a tiempo —¡¡¡No saqués la chaveta!!!
Bombardas, cañones, obuses,
morteros oxidados en antiguos campos de batalla. Artilleros napoleónicos,
bombarderos corsarios se unieron en un lamento colegiado.
El noble y baqueteado Walter. El caballero balístico, carne de cañón, surcó propiamente como una bala, los escasos veinte metros de pista, más gradas. Con los brazos pegados al cuerpo se llevó consigo un cuarto de carpa remendada, postes, faroles, sogas, redes y accesorios, orgullos, prestigios y glorias.
— En esto de los fierros todo tiene arreglo — Dice el “Pela” manipulando unas piezas metálicas.
— Si, voy aprendiendo— dice Walter — Ya soy metalúrgico.
— Vamos que ya empieza la reunión de la agrupación.
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Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a:
Diseño y Maquetación: Laura Jakulis
Editora Literaria: Isabel Santoro
OCTUBRE 2026

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Festejamos el cumpleaños de nuestra querida amiga y fundadora de Atrapados por la Imagen, Laura Jakulis
Virginia Woolf
Hoy, toda la comunidad de Atrapados por la Imagen quiere abrazarte y desearte un día lleno de alegría, cariño y momentos inolvidables.
Porque detrás de esta hermosa comunidad está tu mirada, tu pasión y ese sueño que un día comenzó y que, con el tiempo, se convirtió en un espacio donde muchas personas compartimos nuestra pasión por la fotografía, la literatura, y el arte en general.
Gracias por crear, por inspirar y por hacer de Atrapados por la Imagen un lugar de encuentro y de amistad.
¡Feliz cumplevida, querida Amiga!
Que la vida te siga regalando infinitas imágenes para atrapar y muchos sueños para compartir.
Con todo nuestro cariño, la comunidad de Atrapados por la Imagen.
Directora: Laura Jakuli
Correctora literaria: Isabel Santoro
Colaboradores: Marta Puey - Emilio Bertero
Diseño de Tarjeta: Julieta Casola Valussi (atrapadita)
Workshop: Mirta Steinberg
Mke Up: Miriam Miguel - Model: Luli Ruiz.

ATRAPADOS POR LA IMAGEN
Cuentos y Relatos Presenta a:
JORGELINA PRESTA
"Artista de Atrapados por la Imagen"
En...
Relato Inédito para Atrapados por la Imagen
-¿Qué va a ser de esta criatura cuando envejezcamos Martín?-
-No sé María, no te angusties. Más de lo que hacemos es imposible-
María y
Martín hablaban de su hijo de 10 años,
Tomás, un niño de mirada triste, algunos rasgos autistas y secuela de parálisis
cerebral. La indicación de los múltiples
especialistas a los que habían visitado era la internación, durante el día,
en alguna clínica de neurorehabilitación, cosa que era prácticamente imposible
por el alto costo de las mismas.
María era docente,
trabajaba durante la mañana en la misma
escuela donde asistía Tomás. Martín era empleado de una fábrica metalúrgica.
Una tarde,
hablando con Luis, el nuevo médico de la fábrica, surge en la conversación el
tema de su hijo. Martín le comentaba que no notaba mejoría franca, a pesar de los diversos tratamientos que se
le implementaban: la dificultad para
caminar había mejorado un poco, pero persistía la debilidad en la mano
izquierda y era casi nula la comunicación que tenía con la gente que lo rodeaba.
Luis le aconsejó que llevara al niño a ver a Alma, una médica que, según él, tenía mucha experiencia en el tema y atendía en un pueblo cerca de la ciudad.
Alma era una
mujer de
aproximadamente 70 años, de baja estatura, cabello canoso, ondulado,
grandes ojos pardos, viuda, sin
hijos y poseedora de una sabiduría y
energía inefables .Había compartido con
su esposo, durante toda la vida una pasión enorme por los
caballos, a los cuales le adjudicaban una extraordinaria capacidad sanadora.
Cuando Juan,
su esposo, murió le encargó con ahínco el cuidado de los
siete caballos que poseían, tres árabes y cuatro criollos. Habían vivido
en una casa pequeña, con el consultorio
al lado; y un gran terreno atrás, donde
estaban las caballerizas.
Con la
pérdida de Juan, Alma entró en una
profunda depresión y decidió trasladarse con sus caballos a un pueblo lindero a
Rosario. Allí estaba en paz, en una cabañita rodeada de árboles, pájaros y los establos que ella misma había armado.
María y Martín decidieron llevar a Tomás a una
consulta con ella. Cuando llegaron al lugar, una tarde de primavera, se
estremecieron ante tan grandiosa belleza
.Alma estaba leyendo bajo un ombú, al
lado de la cabaña.
-Hola, ¿cómo están?, me comentó Luis que vendrían. Vos sos Tomás, ¿no?- dijo Alma dirigiéndose al niño, logrando cambiar un poquito el brillo de sus ojitos.
-Sí, venimos a una consulta-, respondió María.
-Bueno, no hay problema, vengan acompáñenme, primero quiero mostrarles el predio- Martín y María se miraron extrañados.
-¡Qué increíble es todo esto!-exclamó María.
Acostumbrado
a las lúgubres salas de espera de los médicos que lo atendían, Tomás se asombró, comenzó a mirar hacia todos lados,
y dijo:-mamá; ¿Me puedo quedar?-
-No, la doctora te va a revisar y nos dirá cuando volvemos-
-¡Miren! –exclamó Alma, apuntando con el dedo a los boxes: -ellos son Nano, Tobi, Garufa, Relincho , Manuel y Beto . Y por acá…. Samanta-, una hermosa yegua alazana. –Tengo que tenerla más separada porque los locos se pelean por ella.-
-¡Qué lindoooos!-, exclamó Tomás.
-Mirá,-dijo Alma,-éste va a ser el tuyo-, señalando al Tobi, un tobiano de aproximadamente un metro setenta de alzada, grandes ancas, brillante pelaje y nobles ojos sarcos.
A Tomás se le
iluminó la mirada y esbozó una sonrisa.
Luego de
interrogar a los padres y revisar a Tomás, Alma culminó diciendo:-el
viernes a las cuatro de la tarde estaremos esperándote, vas a venir tres veces por semana, ¡¡¡te vas a divertir
mucho!!!-
María preguntó:-¿Cuáles son sus honorarios Doctora?-
-Después hablamos, no pienses en eso ahora-
Llegó el día esperado:
el viernes. Ese día, ya desde las tres de la tarde estaban Alma
con el Tobi al lado, esperando a
Tomás.
Apenas llegó el niño con
su papá, Alma dijo:-Bueno Tomás, trabajaremos durante dos horas, y luego tu papi podrá venir a
buscarte-
Dentro de la
cabaña había una bolsa grande llena de
pan y zanahorias, cepillos, rasquetas, trapos, y obviamente: las monturas, los
frenos y los bozales.
La sesión
comenzó con caricias y luego la limpieza del pelaje con la rasqueta, y el cepillado de las crines y de la larga cola, para posteriormente sacarle las
lagañas de los ojos con un trapo limpio. Y al final... el mejor momento, darle
de comer en la boca pedacitos de pan y zanahorias.
La mirada de Tomás cambió, y observaba
con alegría, los ojos agradecidos del
Tobi.
Pasaban las semanas y parecía otra persona, se relacionaba más con sus compañeros y hablaba mucho con sus padres de las experiencias vividas con Alma y el tobiano. Entre el caballo y el niño se había establecido un vínculo muy especial. Se entendían. El tobi obedecía a todas sus órdenes y lo seguía para todos lados. Alma se sentía plena.
Un miércoles, estando Martín y María en el predio, Tomás le dice a Alma:
-¡Quiero subir en el tobiano!-
Los padres
quedaron atónitos con la reacción de su hijo.
-Bueno el viernes subirás, te lo prometo-, contestó Alma.
Llegó el viernes,
y el Tobi ya estaba ensillado desde temprano.
Tomás venía
con María en el colectivo comentándole que hoy montaría al Tobi, era un gran
desafío para él.
Cuando arribaron,
la médica gritó: -¡¡Te estamos esperando Tomás!!-
Corriendo, y
sin esperar explicación alguna por parte de Alma, el niño subió por una rampa,
especialmente diseñada, y trepó al caballo. Agarró con dificultad, pero con
confianza las riendas, y lo sacó al tranco, luego al trote y después al galope.
-No lo puedo creer, ¡¡¡vuela!!!-, gritó su madre.
-¡Viste como mejoró tu hijo!-, agregó Alma. María rió de felicidad!
Con el paso
de los años, Tomás se convirtió en la mano derecha de Alma. Entre los dos armaron un Centro
de terapia con equinos y lograron la recuperación de
muchos niños y adultos.
Luego de 15 años,
Alma, enfermó gravemente. El joven tenía
ya 25 años.
Una fría
tarde de julio, desde la cama, la mujer llamó a Tomás, quien corrió rápidamente
a verla. La encontró con los ojos cerrados y
entre las manos, la foto de Juan. En ese instante, Tomás lloró y la abrazó. Ella abrió los ojos por última vez, y le dijo: -Niño, me
llama Juan, te encargo los caballos. Me voy tranquila, he cumplido mi sueño y
vos estás cumpliendo tu misión.
Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a:
Editora Literaria: Isabel Santoro
OCTUBRE 2026

Foto: Hugo Filmore
Make Up: Analía Gómez Lima -model:Anne Borgomovo
