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miércoles, 1 de abril de 2026

Emilio hoy nos trae algo de . . .

 


"Mis Héroes Literarios"


 IDEA Y CREACIÓN:


Emilio Bertero





Juan José Saer

Escritor argentino

(1937-2005)

 




          La obra de Juan José Saer fue muy prolífica y talentosa. A mí me conquistó por "Cicatrices" (1969), su tercera novela, considerada `por la crítica como su “primera novela madura”. A mí capaz me atrapó por su marcado anclaje espacial en la ciudad de Santa Fe. Recuerdo que cuando la empecé a leer, hace muchísimo, de antemano no sabía nada ni de Saer ni de la novela, y en determinado momento, en las primeras páginas, el relator habla de una plaza en la que están la Catedral, la Casa de Gobierno… ¡y los Tribunales!, con lo que recién me avivé de que el escenario no era Buenos Aires sino mi ciudad natal. En “Cicatrices” es muy marcado un recurso que reitera (me parece a mí de lo que leí de Saer, que no es todo), en “Nadie, nada, nunca” (1980), y que consiste en una repetición constante, rutinaria, de escenas, puntos de vista, sensaciones, pensamientos… hasta agarrarle la mano puede incluso aburrir, pero uno acaba entendiendo que este énfasis resulta muy funcional a la novela. En mi caso, las incontables recorridas en coche por la calle San Martín cuando todavía no era peatonal, yendo el relator de norte a sur hacia el Palacio de Tribunales, no me aburrió nunca porque me llevó a pasear por una Santa Fe de un tiempo que no llegué a conocer. Pero más allá de lo personal, “Cicatrices” es un trabajo muy logrado merced a la idea y modo de plasmarla con originalidad, en principio por la elección de múltiples narradores (cuatro) del mismo episodio (un obrero que mata a su esposa el día del trabajador, encima anclado temporalmente durante la proscripción del peronismo).

Los cuatro narradores son un abogado, un periodista, el obrero y un personaje secundario pero vital (Carlos Tomatis, también periodista, del que agregaré algo más adelante), que aporta su mirada sobre los hechos y las particularidades de la ciudad (porque en esta novela Saer configura a Santa Fe como una protagonista más), pero además Saer usa a Tomatis como hilo conductor y nexo fundamental entre los otros tres relatores.

Pese a mi marcado gusto por “Cicatrices”, la que me resulta obra cumbre de Saer, es "El entenado" (1983). Hay quienes ven, y me incluyo, una ficción montada sobre los aborígenes que, durante la conquista española, se comieron al expedicionario Solís y a parte de su tripulación. Esta novela, sea por intensidad, tensión o creatividad, tiene momentos que, y no creo caer en la exageración, son épicos. Una vez al año, la tribu protagonista sale a cazar humanos, y con el producido montan una celebración desenfrenada durante un par de días: canibalismo, alcohol hasta el desmayo (chicha o bebida similar que han elaborado a lo largo de todo el año precedente), sexo ciego y descontrolado, violencia… Y pasada la “fiesta” vuelven a una normalidad casi extrema, como si lo que hacen anualmente nunca hubiera existido. Tienen una norma, en cada cacería capturan y mantienen secuestrado viviendo con ellos a uno de los del grupo de víctimas. El relator de “El entenado” es el grumete en la presunta expedición de Solís. Pues bien, uno de los grandes momentos de los que hablaba, es cuando se produce el ataque de los aborígenes a los españoles, así como también, con este grumete ya con varios años de convivencia entre los indígenas, participa como observador en una nueva cacería, esta vez direccionada a otra tribu originaria. Ni hablar de la abundante descripción, imágenes vívidas, impresionantes, descarnadas, del inmoderado festejo caníbal. Y en una construcción de gran creatividad y rica imaginación, Saer pone en boca del relator, toda una filosofía que explica el comportamiento de los indígenas, lateralizando, argumentando, reflexionando con llamativa lógica, para al fin concluir que dicho comportamiento responde al hecho de que comen carne humana.

Pero el episodio en el que los aborígenes son testigos de un eclipse, está en mis anales de lo más intenso, visible, sentido, que he leído... El personaje, propio del saber de un navegante pese a su corta experiencia como tal, reconoce el fenómeno astronómico de inmediato, aunque Saer muestra la habilidad de hacer que lo cuente con sus palabras, pero como si fuera la mirada sorprendida, temerosa, falta de comprensión, de cualquiera de los indígenas, lo cual sumado al seguimiento de las imágenes en el cielo, las luces y sombras, el clima emocional casi dramático que se desata y crece entre los habitantes de la tribu, conforman unas páginas imperdibles. Tras el eclipse, el grumete es liberado, regresa a España y documenta las memorias que conforman la novela, de hecho ésta arranca con un anciano escribiendo esos recuerdos.

Todas las novelas escritas por Juan José Saer son “Responso” (1964), “La vuelta completa” (1966), “Cicatrices” (1969), “El limonero real” (1974), “Nadie, nada, nunca” (1980), “El entenado (1983), “Glosa” (1986), “La ocasión” (1987). “Lo imborrable” (1992), “La pesquisa” (1994), “Las nubes” (1997) y “La grande”(2005, novela póstuma.).


Se dice que “El limonero real” es una obra central en la literatura de Saer. También en ella aparece el relato circular, reiterativo, esta vez con marcados trazos poéticos en la prosa. La frase de apertura, ya muy famosa en el mundo literario argentino, es “Amanece y ya está con los ojos abiertos”. La acción es reducida, lo que no quiere decir que sea inmóvil o aburrida, al contrario, y en esto estriba un tremendo mérito. “El limonero real” —unas gentes en una islita del litoral reunidos para comer un asado en fin de año, un protagonista en tristeza inextinguible por la muerte de su hijo y su mujer ausente— puede leerse todo el tiempo sin perder ni un ápice de atractivo, parado en la frase “Amanece y ya está con los ojos abiertos”.

 

Un rasgo que me resultó interesante en la obra de Saer, no original pero sí distintivo, es la presencia de los mismos personajes en varias de sus novelas, el más notorio el periodista Carlos Tomatis, un intelectualoide manda parte, irónico, resentido, que a Saer le sirve para dar nexo y funcionalidad a muchos aspectos de las novelas en que interviene, más que nada porque al tipo le apasiona la literatura, y eso sí es genuino, no una actuación.

 

Juan José Saer se dio tiempo para muy buenos cuentos, muchos y muy recomendables, compilados en las antologías “En la zona” (1960), “Palo y hueso” (1965), “Unidad de lugar” (1967), “La mayor” (1976) y “Lugar” (2000). Y también poesía (reunida en "El arte de narrar"), y los ensayos “Una literatura sin atributos”, (1986), “El río sin orillas” (1991), “El concepto de ficción” (1997), “La narración-objeto” (1999) y “Trabajos” (2005).

 

Algunas de sus novelas y cuentos fueron llevadas al cine. Además escribió o participó en la creación de tres guiones. En orden cronológico, sigue la lista según lo que investigué:

  •          “Un acto” (Federico Padilla, 1962). Cortometraje argentino basado en el cuento “El balcón”, originalmente conocido como “Tormenta de verano”. Un rasgo distintivo es la música de Leda Valladares.

 

  •         “Gaitán a casa” (Raúl Beceyro, 1967). Cortometraje argentino guionado por Saer.

 

  •         “Palo y hueso” (Nicolás Sarquís, 1968). Argentina. Con Héctor da Rosa, Juanita Martínez y Miguel Ligero. Basada en el cuento homónimo, el guión adaptado es de Saer.

 

  • El argumento se basa en una práctica común en pequeños poblados rurales y en la época durante la que trascurre la historia: un viejo le compra la hija a su amigo para convertirla en su esposa, pero enseguida descubre, y ahí se enfoca el nudo dramático, que su hijo ha estado acostándose con la chica.

 

  •         “Las veredas de Saturno” (Hugo Santiago, 1986). Francia. Película de drama que Saer co-guionó con el director.

 

  • La película trata de un intérprete de bandoneón muy reconocido en Francia, pero que anhela volver a su patria natal, la cual vive bajo una dictadura militar. Su hermana, una militante de izquierda, viaja con algunos compañeros para repatriarlo.

 

  • Tiene la particularidad de que el protagonista es Rodolfo Mederos, una de sus dos únicas apariciones como actor en una ficción, la otra es “Quereme así (Piantao)”, (Eliseo Álvarez, 1997).

 

  •          “Nadie, nada, nunca” (Raúl Beceyro, 1988). Argentina. Con Antonio Germano, Marina Vázquez, Alicia Dolinski y Carlos Falco (que encarna a Tomatis) en los roles principales. Basada en la novela homónima.

 

  • La película fue filmada íntegramente en San José del Rincón, localidad a pocos kilómetros de Santa Fe. Parte fundamental de la trama se basa en un asesino de caballos ensañado con esa zona del litoral. Es compleja y de difícil abordaje (tanto como la novela), y tal vez por eso no ha recibido críticas positivas. En rigor no es buena, un ritmo demasiado lento, tedioso, y actuaciones poco convincentes, la novela la supera por varios cuerpos, pero rescato la intención del director en captar la presencia de la última dictadura junto al temor de unos y la indiferencia de otros, tal como era entonces entre esta clase de poblaciones, así como el hecho de que logra recrear la difícil conjunción de un clima que es a la vez dramático como de lánguida contemplación.

 

  •          “Cicatrices” (Patricio Coll, 2001). Argentina. Con María Leal, Mónica Galán, Vando Villamil, Omar Fantini, Pablo Di Crocce, y Marcelo Trepat (como Tomatis) en los papeles principales. Basada en la novela homónima.

 


  • ·      Si bien en esta adaptación hay episodios y personajes que se apartan del texto literario (por casos, me gusta mucho más el Tomatis de la novela, pero como contrapartida la tensión con el juego de punto y banca es muy lograda en la película), el espíritu de la novela que escribió Saer está plenamente conservado. Y aunque muchas de las críticas señalan que le quita fuerza, valoré que la adaptación conservara frases u oraciones de la escritura original.

Buenas actuaciones, dignas, principalmente verosímiles casi todas las principales, no me hicieron extrañar a los personajes que imaginé mientras leí la novela. Y aunque conserva defectos de ritmo del cine argentino de tiempos anteriores, la película empieza a mostrar la fluidez que ya se hizo común en nuestra filmografía desde el 2000 en adelante. Entre otros planos positivos, destacan la fotografía y la ambientación de la Santa Fe de la época en que la historia transcurre (es súper personal, pero me encantó que dos de los personajes mantengan su diálogo final jugando al billar carambola en lugar de al pool).

  •          “Tres de corazones” (Sergio Renán, 2007). Argentina. Con Nicolás Cabré, Luis Luque, Mónica Ayos y China Zorrilla. Basada en el cuento “El taximetrista”. 

      


  • No es lo mejor de Renán. A veces no basta con que las adaptaciones a cine sean medianamente fieles al relato literario, para lograr la misma intensidad emotiva, la misma atmósfera, la misma complejidad… Lo que sí se disfrutan, y mucho, son las actuaciones de Luis Luque y China Zorrilla, ambos le pueden a cualquier argumento, a cualquier dirección.

 

  • El cuento “El taximetrista” en el que se inspira, tiene una anécdota llamativa. Cuando Saer estaba viendo “Taxi driver” (Martin Scorsese, 1976), saltó de la butaca y dijo: “Esto es El taximetrista” (el cuento es de 1961). Y cierto que tienen conceptos argumentales similares: un mafioso regenteando taxis y prostitutas, un taxista sin rumbo que trabaja a destajo y quiere rescatar a una de esas prostitutas… Encima, el guionista de “Taxi drive” es Paul Schrader, que vivió en Argentina y tomó contacto estrecho con la obra literaria local. Vaya uno a saber, Saer enseguida se olvidó del asunto y cuando se lo recordaban, decía que de todas maneras, “Taxi driver” no era lo que más le gustaba de Scorsese.

 

  • ·         “Yarará” (Gabriel Arregui y Sebastián Sarquís, 2014). Argentina. Con Juan Palomino. Basada en el cuento “El camino de la costa”. Podría clasificarse en distintas categorías, “Cine dentro del cine”, “Road movie”, “Documental” y finalmente ficción pura, ya que se trata del viaje del director Sebastián Sarquís en búsqueda de escenarios y personajes para la película, con la particularidad de que se dirige al noreste santafesino, a la zona en la que 45 años antes su padre filmó “Palo y hueso”. Aparecen personajes de este film que se entrelazan con la puesta de la nueva película, y se construye así el argumento de la misma, un conflicto dramático que viven cuatro personajes a la vera del Paraná.

 

  • ·         “El limonero real” (Gustavo Fontán, 2016). Argentina. Con Germán de Silva, Patricia Sánchez y Eva Bianco. Basada en la novela homónima.

 

  • Difícil verla sin haber leído antes la novela. Porque la información se brinda de a cuentagotas, apenas frases dispersas en la extensión de la película. Pero es así la cosa, los habitantes de las islas de Santa Fe son parcos, de hablar lento y pausado, como si no tuvieran emociones, pero carajo que las tienen, y Fontán, respetando a como son estas gentes y respetando a la novela, desarrolla una adaptación para mi gusto impecable, llevada con el mismo ritmo y al compás de lo que al protagonista le está pasando, es más, de lo que le está pasando a la mujer en interminable duelo por su hijo muerto, pese a que su presencia es mínima en la cinta. Y lo más importante es que logra que uno espectador lo perciba como cuando uno lector leyó lo que Saer escribió.

 

  • Un rasgo interesante es que solamente hay tres artistas profesionales (los arriba nombrados), el resto son habitantes de la zona, y Fontán los dirige haciéndolos hacer de ellos, que es justamente lo que esta puesta pedía.

 

  • ·         “Toublanc” (Iván Fund, 2017). Argentina. Con Nicolas Azalbert, Maricel Álvarez y Diego Vegezzi. Película episódica filmada totalmente en locaciones de París y la ciudad de Santa Fe, está inspirada en la vida y obra de Juan José Saer. Se trata de tres historias que sedimentan en una especie de relato policial disperso.

Fue producida por el Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe, como parte de las actividades del nominado “Año Saer” por la Municipalidad de la Ciudad. Este largometraje fue seleccionado para la Competencia Vanguardia y Género del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici) del año 2017.

Cito a Diego Brodersen (Página 12) a cuento de “Toublanc”: "Con una bella narrativa visual, el director construye un film de climas, de esperas, de ansias, de estados de ánimo”. Elegí esta cita porque sentí que es muy fiel al modo en que Juan José Saer escribió, y para cerrar redondeo la referencia con esta acertada mirada de la gran Beatriz Vignoli, también a propósito de “Toublanc”: “Lo que hay no son acontecimientos sino escenas, atmósfera, climas: tiempo y espacio, que según Saer son lo común entre la narrativa y el cine”.



Idea y creación: Emilio Bertero, 

Colaborador de:
Atrapados por la Imagen

Buenos Aires - Argentina

 


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