Detrás de mi huellas, fuego.
Me despierto de un sueño en el que estaba comiendo un
jugoso y dulce ananá, cuyo jugo caía por la comisura de mis labios. Eran las
5:30 AM. Hora de levantarme.
Miro por la ventana, quería saber que clima tendría para
avanzar en mi viaje. Una densa y espesa niebla se apoderaba de mi pueblo.
Shakespeare ingresó en mis pensamientos e hizo voz las
palabras: “¿Salgo o no salgo?
Salgo, 300 kilómetros enfrentarían a las ruedas de mi
vehículo. Los cuarenta primeros kilómetros, a paso de hombre. No podía ver la
punta de mi nariz.
La luna llena fue más fuerte y en colaboración con el Febo,
me fueron despejando el camino. El amanecer
hizo que el Sol cargue de energías mis espaldas para el largo recorrido.
Unas pequeñas escalas en el camino, me permitían retratar
el escenario de la Ruta 5.
La última luz de la Luna llena, marcaba mi rumbo, al
oeste. Allá, detrás del horizonte, se encontraba escondida La Mechita, mi
primer destino.
Detrás de mí una gran bola de fuego, tenía. Desarrollaba
una gran pelea entre nubes y niebla. Vehículos encendidos parecían salir de
ella. Mis espejos retrovisores eran la pantalla de un espectáculo Dantesco.
Pero no me podía distraer, sería cometer un gran error de conducción.
Mis pasos firmes fueron dejando sus huellas, devorando se
la bruma y despejando el cielo para disfrutar de un techo celeste intenso.
Un poco después de tres horas de mi partida, parecía que
me había transportado a otro mundo. De uno de tinieblas infernales a un hermoso
paraíso terrenal.
Ahora solo me quedaba disfrutar y visitar a mis
amistades, que me esperaban con sus calurosos brazos abiertos.
Pueden observar toda la historia Fotográfica en Huellas de Fuego
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
deja tu comentario gracias!