LA TORRE DE PISA, CASI 853 AÑOS DE UNA HISTORIA QUE DESAFÍA AL TIEMPO
Hay monumentos que se vuelven universales por su grandeza y otros que lo hacen por aquello que los hace únicos. La Torre de Pisa pertenece a esa rara categoría: desde hace casi 853 años desafía la lógica con su inconfundible inclinación y el paso del tiempo sin perder su elegancia. Se alza en la espectacular Piazza dei Miracoli, la Plaza de los Milagros, en el corazón de Pisa, capital de la Toscana, donde comparte escenario con la Catedral, el Baptisterio y el Camposanto, un conjunto monumental de extraordinaria belleza que recibe cada año a millones de visitantes y convierte a la ciudad italiana en uno de los destinos más admirados del mundo.
Hoy, en Domingos de Curiosidades, voy a contarte toda la historia detrás de esta emblemática torre y algunos detalles curiosos que, tal vez, no conocías.
La historia de la Torre de Pisa comenzó mucho antes de que se convirtiera en uno de los monumentos más famosos del mundo. El 5 de enero de 1172, Donna Berta di Bernardo legó una suma de dinero destinada a la compra de las piedras que formarían la base del futuro campanario de la Catedral de Pisa. Un año después, el 9 de agosto de 1173, se colocaron los cimientos y comenzaron las obras de una construcción que, sin que nadie pudiera imaginarlo, tardaría casi dos siglos en completarse.
Levantada íntegramente en mármol blanco, la torre empezó a tomar forma durante una época de prosperidad y poder para la República de Pisa. Su planta baja fue concebida con elegantes arcadas ciegas, semicolumnas y capiteles corintios clásicos, siguiendo el estilo románico que caracteriza al conjunto monumental de la Piazza dei Miracoli. Durante siglos, el diseño fue atribuido a Guglielmo, aunque investigaciones más recientes señalan como principal autor al arquitecto y escultor Bonanno Pisano, quien abandonó la ciudad en 1185 para instalarse en Sicilia.
Sin embargo, el destino de la torre cambió muy pronto. Cuando apenas se habían construido los primeros niveles, hacia 1178, comenzó a inclinarse debido a una combinación de factores: unos cimientos de apenas tres metros de profundidad asentados sobre un terreno blando e inestable y un diseño que, desde su origen, presentaba importantes limitaciones estructurales. Lo que parecía anunciar un fracaso terminó siendo, paradójicamente, su salvación.
Las continuas guerras que enfrentaban a Pisa con Génova, Lucca y Florencia obligaron a detener las obras durante casi un siglo. Ese largo intervalo permitió que el terreno se asentara lentamente y evitó que la torre colapsara antes de tiempo. Cuando la construcción se reanudó en 1272, bajo la dirección del arquitecto Giovanni di Simone, también vinculado al Camposanto, los constructores intentaron corregir la inclinación levantando los nuevos pisos con un ligero desnivel, haciendo un lado más alto que el otro. Esa solución no consiguió enderezarla, pero dio lugar a la sutil curvatura que todavía hoy puede apreciarse en su estructura.
La derrota de Pisa frente a Génova en la batalla de Meloria, en 1284, volvió a interrumpir los trabajos. Recién décadas después pudo completarse el séptimo piso y, finalmente, en 1372, Tommaso di Andrea Pisano construyó el campanario, logrando integrar con armonía el estilo gótico de la cámara de las campanas con la arquitectura románica de la torre. Allí se instalaron siete campanas, una por cada nota de la escala musical, aunque la mayor de ellas sería colocada recién en 1655.
Poco después de finalizar la obra, la inclinación volvió a incrementarse, esta vez hacia el sur, confirmando que la singularidad de la torre había quedado sellada para siempre. Con el paso de los siglos también comenzaron a aparecer daños en parte de su estructura, lo que obligó a reemplazar algunos elementos originales de mármol de San Giuliano por mármol blanco de Carrara. A esa historia se suma una de las leyendas más conocidas del monumento: la que sostiene que Galileo Galilei dejó caer desde lo alto dos esferas de distinto peso para demostrar que ambas descendían a la misma velocidad. Aunque el relato fue difundido por uno de sus discípulos, la mayoría de los historiadores considera que nunca ocurrió.
Durante siglos, la inclinación de la Torre de Pisa continuó aumentando y alimentando tanto su fama como la preocupación por su futuro. En 1964, el Gobierno italiano solicitó la colaboración de especialistas de todo el mundo para evitar un eventual derrumbe. Tras décadas de estudios y distintos proyectos, el 7 de enero de 1990 el monumento fue cerrado al público para iniciar una de las intervenciones de ingeniería más complejas realizadas sobre un edificio histórico.
Los trabajos comenzaron con la retirada de las siete campanas del campanario para aliviar el peso de la estructura. Al mismo tiempo, enormes cables de acero fueron anclados alrededor de la torre para impedir nuevos desplazamientos mientras se estudiaba una solución definitiva. Finalmente, los ingenieros optaron por una medida tan audaz como efectiva: extraer 38 metros cúbicos de tierra del lado opuesto a la inclinación. La operación permitió que el monumento recuperara cerca de medio grado de verticalidad, reduciendo el desplazamiento acumulado durante siglos sin alterar su característica silueta.
El ambicioso proyecto concluyó en 2001 y devolvió a la torre una estabilidad que no tenía desde comienzos del siglo XVIII. En total se retiraron unas 70 toneladas de tierra y la inclinación quedó reducida a poco menos de cuatro grados. Los especialistas estimaron entonces que la estructura permanecería estable durante al menos tres siglos. En 2008, los ingenieros confirmaron una noticia histórica: por primera vez desde que comenzó a inclinarse en el siglo XII, la Torre de Pisa había dejado de moverse. Tras veinte años de trabajos de restauración y consolidación, el monumento reabrió sus puertas al público en 2011, demostrando que era posible preservar uno de los grandes símbolos de la arquitectura mundial sin modificar aquello que lo hizo único.
Más allá de su célebre inclinación, la Torre de Pisa es considerada una de las grandes obras del arte románico europeo. En 1987, la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad a todo el conjunto monumental de la Plaza del Duomo o Piazza dei Miracoli, reconociendo el valor histórico y artístico que integran la Catedral de Santa María de la Asunción, el Baptisterio, el Camposanto y su inconfundible campanario. Incluso llegó a ser propuesta como una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno.
Construida como campanario de la catedral, la torre alcanza una altura de casi 56 metros, distribuidos en ocho niveles rodeados por elegantes galerías de arcos que reproducen el lenguaje arquitectónico de la iglesia. En su interior, una escalera de 251 peldaños conduce hasta la cámara de las siete campanas, cada una afinada en una nota distinta de la escala musical y bautizada con los nombres de Asunción, Crucifijo, San Ranieri, Dal Pozzo, Pasquereccia, Terza y Vespruccio. Aunque hoy funcionan mediante un sistema electrónico, sus campanas continúan marcando el inicio de las celebraciones litúrgicas y el mediodía, manteniendo viva una tradición que atraviesa los siglos.
Hay monumentos que deslumbran por su perfección y otros que alcanzan la inmortalidad gracias a sus imperfecciones. La Torre de Pisa pertenece a estos últimos. Aquello que alguna vez fue considerado un error terminó convirtiéndose en su mayor identidad. Desde hace casi 853 años desafía la gravedad, el paso del tiempo y la imaginación de quienes la contemplan. Inclinada, pero firme; imperfecta, pero eterna, continúa recordándole al mundo que, a veces, son precisamente las huellas de la fragilidad las que hacen inolvidables a las grandes obras de la humanidad.
Idea, investigación y edición: Isa Santoro
Administradora de Atrapados por a Imagen

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.








Otra gran investigación Isa, a los que como yo conocíamos la historia muy someramente, y poco y nada de lo más contemporáneo, nos diste la oportunidad de acceder a información muy completa, pero más que nada, y lo que más nos gusta, a vivenciar a la torre más allá de un mero punto turístico, muchas gracias!
ResponderBorrarMuchas gracias Emilio. Qué linda tu devolución. A mí me alegra mucho que gusten las investigaciones. Es el objetivo informar y aprender de ambos lados, porque también sigo aprendiendo. Abrazo amigo, y muchas gracias por leerme, siempre.
BorrarGracias Isita, tu informe nos sumerge en algo más de aquello que el común consideramos: "la Torre de Pisa es una torre inclinada que no cae".
ResponderBorrarMuy bueno!
Es bue