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domingo, 31 de mayo de 2026

DOMINGOS DE CURIOSIDADES. HOY, PASAJE PAN, LA GALERÍA MÁS MISTERIOSA

 PASAJE PAN, LA GALERÍA MÁS MISTERIOSA




El Pasaje Pan conserva una magia particular: es un espacio intermedio, donde lo público y lo privado se cruzan sin terminar de definirse. No es una casa ni una calle, sino algo en el medio. Su historia lo vuelve único: fue la primera galería cubierta de la Argentina y uno de los edificios pioneros de Rosario en altura, al ser la primera construcción de tres pisos de la ciudad. Con esa innovación, la ciudad se alineaba con una nueva estética comercial que llegaba desde París y que empezaba a transformar el modo de pensar los espacios urbanos. Además, el edificio tuvo otro rasgo singular: fue el tercer inmueble en incorporar ascensor, y el primero en ofrecerlo con acceso libre al público.

Hoy en Domingos de Curiosidades voy a contarte un poco más de su historia y algunos detalles que, tal vez, no conocías.



UN POCO DE HISTORIA

El terreno perteneció originalmente a la familia Esquivel, y fue residencia de Restituta Esquivel de Lejarza y de don Joaquín Lejarza. Más adelante, allí funcionó también el estudio de Joaquín y Fermín Lejarza y Esquivel, y el lugar tuvo un rol destacado en la vida política de la época: en ese espacio se inició la Liga del Sur, movimiento del cual Fermín fue fundador junto a Lisandro de la Torre, antecedente del Partido Demócrata Progresista. Como puede imaginarse, la casa fue escenario de importantes reuniones sociales.

Los Esquivel, propietarios originales del terreno donde hoy se levanta el Pasaje Pan, se lo cedieron a su yerno, Joaquín Lejarza, quien en el año 1871 decidió construir una mansión señorial, con entrada para carruajes y cocheras en la planta baja.

Para el diseño de la residencia, los Lejarza no escatimaron en recursos: incorporaron piso de mármol de Carrara en damero, baldosas de granito, hierro forjado y un techo de vidrio en el corazón del edificio, considerado sin dudas la joya del lugar. Se cree que la intención era destinar la planta alta a pensiones, mientras que la planta baja funcionaría como paseo comercial.


A finales del siglo XIX, la fisonomía de la manzana comenzó a transformarse. En 1899 se inauguró formalmente el primer tramo comercial del edificio, con salida exclusiva hacia la calle Santa Fe. En su origen, el proyecto no estaba pensado como un espacio de tiendas, sino como un conjunto de oficinas pasantes organizadas a ambos lados de un pasillo central. Su función principal era albergar los despachos de los abogados que trabajaban en los primeros tribunales de Rosario, ubicados en las inmediaciones del Jockey Club.

A comienzos del siglo XX, el próspero comerciante e inmigrante gallego Andrés Pan, oriundo de La Coruña, adquirió la propiedad del pasaje. Con la intención de potenciar su desarrollo comercial, sumó el sector norte del terreno perteneciente a la familia Lejarza y amplió la construcción hacia el oeste. En 1914 se inauguró esta segunda etapa, que terminó de abrir la manzana y dio salida hacia la actual peatonal Córdoba. A partir de ese momento, el lugar adoptó definitivamente el nombre de Pasaje Pan. El propio Andrés Pan instaló allí un gran almacén de ramos generales en la planta baja y pasó a residir en las habitaciones superiores del edificio.

Ya en la década de 1930, anciano, soltero y sin herederos directos, Pan buscó asegurar su sustento mediante un acuerdo con el London and River Plate Bank. Cedió la propiedad del pasaje a cambio de una elevada mensualidad de por vida y el derecho a continuar viviendo en su residencia de los pisos altos. Sin embargo, el destino fue breve: falleció pocos meses después de firmado el contrato, dejando el valioso inmueble en manos de la entidad bancaria británica por un costo mínimo.


A partir del contrato firmado con el London and River Plate Bank, comenzó a circular una confusión que dio origen a un mito urbano en Rosario. En los documentos archivados, el nombre de Andrés Pan aparecía registrado bajo los modismos ingleses como “Mister Pan”, lo que llevó a interpretaciones erróneas con el paso del tiempo. Esa deformación del registro dio lugar a la figura de un supuesto fundador inglés del pasaje, e incluso en algunos registros y carteles antiguos llegó a aparecer el nombre “Pasaje Pam”, consolidando así la leyenda.

Décadas más tarde, en 1957, el predio dejó definitivamente las manos bancarias cuando fue adquirido por la firma comercial Compañía La Esmeralda. Ese mismo año, bajo el régimen de propiedad horizontal, la empresa dividió el Pasaje Pan y vendió cada local y oficina de manera individual a distintos propietarios.

Esta fragmentación impidió que una única gran corporación reformara el edificio, lo que contribuyó a la conservación de su arquitectura original del siglo XIX. Con el tiempo, el pasaje se transformó en un refugio bohemio y diverso, donde conviven talleres de arte, estudios fotográficos, luthiers y diseñadores independientes, consolidándose como un espacio vivo dentro de la ciudad.



EL MISTERIO DEL PASAJE PAN

Volvamos a repasar lo que distingue al Pasaje Pan: Fue la primera construcción de Rosario, con viviendas en su interior, en alcanzar los tres pisos de altura. Además, se transformó en la primera galería cubierta del país, adelantándose a un modelo comercial y urbano que recién comenzaba a expandirse en la Argentina. A eso se suma otro detalle singular: fue el tercer edificio rosarino en incorporar ascensor, un mecanismo que todavía hoy continúa funcionando gracias a la potencia de su antiguo motor, instalado curiosamente en la planta baja. 

Pero entonces, ¿dónde está el misterio? 
Como todo edificio antiguo cargado de historia, el Pasaje Pan también tiene su propia leyenda. Una versión muy arraigada entre los rosarinos asegura que el fantasma de Don Andrés Pan todavía deambula por los pisos superiores del edificio. Según el relato popular, su espíritu continúa allí, incapaz de desprenderse del lugar después de haber cedido la propiedad al banco a cambio de una pensión vitalicia. La historia alimenta aún más el misterio si se tiene en cuenta que el antiguo dueño murió apenas unos meses después de haber firmado aquel acuerdo.


La estadía promedio va de los 45 minutos a las dos horas. Pero si recorrer sus apenas 100 metros demanda poco más de dos minutos, ¿cómo se explica semejante diferencia? Tal vez el Pasaje Pan tenga algo de pequeño triángulo de las Bermudas urbano, un lugar donde el tiempo parece alterar sus reglas. O quizá allí nazca otra de las leyendas que rodean al edificio: la de una supuesta puerta hacia otro mundo, ubicada justo en el punto donde se encuentran el tramo que llega desde la peatonal Córdoba y el que desemboca sobre la histórica calle Santa Fe.

Veamos qué sucede...A simple vista, el Pasaje Pan parece un corredor estrecho que reúne una pequeña serie de locales donde conviven librerías, objetos de arte, tiendas de ropa y oficinas. Sin embargo, basta avanzar unos pocos metros para advertir que su interior es mucho más complejo de lo que su fachada sugiere: una verdadera estructura en capas, organizada por niveles que se conectan entre sí mediante escaleras históricas, pasillos internos y el ascensor que atraviesa la memoria del edificio.

Su circulación vertical se articula a través de núcleos diferenciados que permiten comprender la lógica del conjunto. El acceso más imponente se encuentra sobre la peatonal Córdoba 954, en el sector ampliado e inaugurado en 1914. Allí, junto al histórico ascensor de jaula abierta, se despliega una escalera de mármol con barandas de hierro forjado negro y detalles originales de época. Desde ese punto, la circulación asciende hacia la planta alta, donde pasillos balconados y puentes internos conectan antiguos ateliers, estudios de diseño y oficinas profesionales dispuestos alrededor de un patio central.



En contraste, el ingreso por Santa Fe 955 corresponde al sector más antiguo, inaugurado en 1899, donde el carácter del pasaje se vuelve más íntimo y contenido. Allí predominan las conexiones hacia el subsuelo: escaleras revestidas con venecitas y baldosas calcáreas conducen a espacios de ladrillo visto con techos abovedados, donde funciona “El Túnel”, un centro cultural subterráneo que conserva la impronta original del edificio.

Entre estos recorridos también sobreviven espacios singulares que refuerzan el carácter cultural del pasaje, como la Asociación Rosarina de Esperanto, ubicada en la planta alta. Fundada en 1934, que continúa con la enseñanza y difusión de este idioma universal creado por Lázaro Zamenhof a fines del siglo XIX. Su permanencia, junto a talleres, oficinas y espacios artísticos, contribuye a esa identidad particular del Pasaje Pan, donde lo histórico, lo bohemio y lo cotidiano conviven en un mismo entramado urbano.


Además, el túnel abovedado de unos 45 metros, oculto en el subsuelo, se convirtió con el tiempo en una fuente de inspiración para relatos de misterio y literatura policial. Su atmósfera cerrada y su aire enigmático alimentaron la imaginación de distintos autores y artistas, entre ellos Roberto Fontanarrosa, así como también la figura del “doble” vinculada a Antonio Berni, que encontraron en este espacio subterráneo un escenario propicio para la construcción de lo inquietante y lo narrativo.

La aparente distorsión del tiempo se explica, simplemente, por la complejidad del recorrido y la multiplicidad de espacios que el pasaje esconde detrás de su fachada estrecha. No hay, entonces, un quiebre del tiempo, sino del ojo que mira: el pasaje no lo modifica, solo lo vuelve más lento al llenarlo de lo que no se ve a primera vista. Así, lo que parece un desajuste temporal no es más que la experiencia de un lugar que se despliega en capas, donde cada paso obliga a detener la mirada y prolonga, sin magia alguna, la duración del recorrido.


Y al final, el Pasaje Pan no se recorre: se vive, se pierde y se vuelve a encontrar, como si cada paso dejara una huella en la memoria de la ciudad. Tal vez por eso no termina en sus salidas, sino en la sensación de haber atravesado algo más que un edificio: un pequeño universo escondido entre calles. Porque más que un pasaje, es una forma de detener el tiempo sin que el tiempo lo sepa, y al salir, la ciudad es la misma, pero la mirada ya no lo es del todo.

Idea, investigación y edición: Isa Santoro
Administradora de Atrapados por la Imagen


Licencia Creative Commons
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8 comentarios:

  1. Como siempre Isa, tus investigaciones completísimas, esta vez además este halo de historia, misterio, nostalgia de tiempos no vividos, ganas de que cuando vaya a Rosario, ir a perderme en el Pan, a subir y bajar varias veces en ese ascensor centenario, a tomar unas clases de esperanto...bravo Isa, bravo!

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    1. Qué linda devolución amigo. Muchas gracias. Realmente debe ser un lugar maravilloso. En mi próximo viaje a Rosario, será una cita obligada. Muchísimas gracias por tus bellas palabras y por leerme, siempre. Abrazo enorme!

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  2. Cómo siempre te digo, querida Isa, tu manera clara, sencilla y siempre rodeada de misterio, es lo que me atrapa al momento de leerte !!! Gracias por tus relatos de los Domingos. Cariños !!!

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  3. Gracias Isa! Es un lugar tan especial como lo describís. He pasado horas tomando café y fotos allí! Cuando vengan será un gusto acompañarlos

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    1. Muchas gracias, Pablo, iremos en nuestra próxima visita. No faltará mucho para ello!! Muchas gracias por tus palabras! Abrazo grande!

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  4. Que buena investigación ISA!!! Vivo en Rosario y he pasado por allí .Pero nunca entré en profundidad, suelo evitar el centro ya que es un caos. Aunque ahora que contas todo esto de los recovecos ,tipo triángulo de las Bermudas y toda su misteriosa historia voy a prestar atención y entrar a conocer el Pasaje Pan . Gracias! Después les cuento.Un abrazo!

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    1. Qué interesante lo que me decís, Jorgelina. Espero tu reporte. Viste que, a veces, vivimos en lugares donde hay cosas increíbles que no conocemos ni tenemos idea. Muchas gracias por leerme y espero tu punto de vista cuando lo visites. Abrazo gigante. 😘😘

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