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domingo, 12 de julio de 2026

DOMINGOS DE CURIOSIDADES. HOY, ZENÓN PEREYRA, SANTA FE

ZENÓN PEREYRA, EL PUEBLO DE SANTA FE QUE ESCONDE SECRETOS MASÓNICOS




Entre montañas, valles, playas y algunos de los paisajes más emblemáticos de Argentina, un pequeño pueblo del oeste santafesino logró abrirse paso en la selección nacional para competir en el programa Best Tourism Villages de ONU Turismo. La pregunta surge casi de manera inevitable: ¿qué tiene Zenón Pereyra para compartir candidatura con destinos como Tafí del Valle, Villa General Belgrano o Puerto Pirámides?


La respuesta se encuentra en una combinación de historia, patrimonio e identidad que le otorga un carácter singular dentro del mapa turístico de Santa Fe. Con poco más de 2.100 habitantes, esta localidad del departamento Castellanos fue una de las ocho elegidas entre 56 postulaciones provenientes de 19 provincias para representar al país en una iniciativa que distingue a comunidades rurales donde el turismo se transforma en una herramienta de desarrollo, preservación cultural y fortalecimiento de la vida comunitaria.

Los resultados se conocerán hacia fin de año y, por primera vez, la ceremonia internacional de entrega de distinciones se celebrará en Argentina. Junto a Zenón Pereyra competirán Mar de las Pampas (Buenos Aires), Villa General Belgrano (Córdoba), Cachi (Salta), Tafí del Valle (Tucumán), Puerto Pirámides (Chubut), Villa Sanagasta (La Rioja) y El Trapiche (San Luis). Mientras espera ese momento, este pequeño rincón santafesino ya comenzó a despertar la curiosidad de quienes buscan descubrir qué historia lo convirtió en uno de los pueblos con mayor proyección turística del país.

Hoy, en Domingos de Curiosidades, voy a contarte la historia de esta ciudad y algunos datos curiosos que , tal vez, no conocías.



UN POCO DE HISTORIA

Mucho antes de que Zenón Pereyra apareciera en los mapas, estas tierras eran apenas un alto en el camino. La tradición oral sostiene que allí existía una posta conocida como **Corrales de Garay**, donde los carreteros que partían desde Rosario encontraban descanso antes de continuar viaje hacia Villa Ojo de Agua, en Santiago del Estero, en busca de sal. En aquel paisaje abierto de la llanura santafesina, el ir y venir de hombres, caballos y carretas fue escribiendo las primeras páginas de una historia que todavía no tenía nombre.

A mediados del siglo XIX, la provincia de Santa Fe atravesaba un período de expansión territorial. En 1858, durante el gobierno de Rosendo M. Fraga, comenzó una campaña que permitió extender sus límites hacia el oeste hasta alcanzar la frontera con Córdoba, proceso que culminaría en 1886 con la conformación definitiva del territorio provincial. Al mismo tiempo, el país impulsaba la llegada de inmigrantes europeos para poblar y desarrollar nuevas colonias agrícolas, una política que transformaría para siempre el paisaje de la región.

Fue en ese escenario donde apareció la figura de don Zenón Pereyra. El 14 de abril de 1887, junto a Nicanor G. del Solar, Desiderio Rosas, Manuel Díaz y Marcos Paz, adquirió estas tierras con la intención de impulsar un proyecto de colonización. La elección no fue casual. Quienes integraban aquella sociedad pertenecían a la influyente burguesía rosarina y supieron advertir el enorme potencial de una zona que, poco tiempo después, sería atravesada por importantes líneas ferroviarias, fundamentales para el desarrollo agrícola y comercial.

La colonización comenzó ese mismo año. El 15 de octubre de 1887, los propietarios solicitaron a la Dirección Nacional de Ferrocarriles la instalación de una línea férrea en la colonia, ofreciendo los terrenos necesarios y argumentando la necesidad de transportar la creciente producción de cereales. Meses más tarde, el 7 de diciembre de 1888, presentaron el proyecto para la traza de la colonia y del pueblo de Esmeralda, iniciativa que ingresó al Ministerio de la Gobernación en enero de 1889 para su aprobación. Aquella colonia sería el punto de partida de dos localidades que con el tiempo adquirirían identidad propia: Esmeralda y Zenón Pereyra.

El avance del ferrocarril terminó de definir el destino del lugar. Mientras una de las estaciones dio origen a Esmeralda, otra se levantó sobre la línea del Ferrocarril Buenos Aires-Rosario y recibió el nombre de **Zenón Pereyra**. Alrededor de esa estación comenzó a crecer el nuevo pueblo, acompañado por la casa del administrador de la empresa colonizadora, desde donde se organizaba la vida de la colonia y se administraban sus tierras.

Aunque la fundación de Zenón Pereyra no posee una fecha única y precisa, existen momentos que marcaron su nacimiento. En 1891 fue creada la primera Comisión de Fomento, motivo por el cual ese año es considerado tradicionalmente como el de la fundación, aun cuando las tareas de colonización y demarcación de los campos habían comenzado cuatro años antes.

El proceso terminó de consolidarse el 20 de marzo de 1892, cuando don Zenón Pereyra solicitó la aprobación oficial del trazado del pueblo, declarándose su fundador. En esa presentación dejó constancia de que la localidad ya contaba con una población estable y con edificios de importancia, entre ellos la iglesia, cuya construcción había sido financiada íntegramente por él y por su esposa. Finalmente, el 5 de julio de 1892 fueron aprobados los planos y la traza urbana, otorgando reconocimiento legal al pueblo que desde entonces lleva el nombre de su principal impulsor.


Pero, ¿quién fue realmente Don Zenón Pereyra?

Detrás del nombre de esta pequeña localidad santafesina hubo mucho más que un empresario ganadero. Don Zenón Pereyra (1842-1902) integró la primera burguesía rosarina, un grupo de hombres liberales, emprendedores y con una marcada visión para los negocios que protagonizó el crecimiento económico e institucional de Rosario durante la segunda mitad del siglo XIX.

Junto a Carlos Casado fundó el Banco de la Provincia de Santa Fe en 1874; fue concejal de Rosario; impulsó la creación del Comité Rosario de la Cruz Roja Argentina, cuya primera comisión presidió, e integró la comisión promotora del primer Monumento a la Bandera. También presidió el entonces Club Fénix, actual Jockey Club; formó parte del primer Consejo Directivo de la sucursal Rosario del Banco de la Nación Argentina y, en 1902, estuvo al frente de la Sociedad Rural de Rosario.

Su trayectoria lo convirtió en una de las figuras más influyentes de la Rosario de fines del siglo XIX. Sin embargo, entre todos los capítulos de su intensa vida pública hubo uno que durante mucho tiempo permaneció casi en silencio y que, con el paso de los años, ayudaría a explicar una parte de la identidad del pueblo que lleva su nombre.


Ese capítulo menos conocido tenía nombre propio: la masonería.

Según las investigaciones, don Zenón Pereyra ocupó un lugar destacado dentro de la historia de la masonería argentina. Fue iniciado en la Logia Unión 17 el 27 de agosto de 1870 y, el 18 de agosto de 1892, alcanzó el grado 33 del Supremo Consejo de la República Argentina, la máxima jerarquía de la orden. Entre 1890 y 1893 presidió la Logia Unión 17 y, posteriormente, fundó la Logia Unión Liberal 155, institución que también condujo durante dos períodos.

Con el paso de los años, distintas investigaciones realizadas en la localidad comenzaron a revelar que ese vínculo no quedó solamente en la vida de su fundador. Diversas simbologías masónicas fueron identificadas en algunas construcciones y en el trazado urbano original del pueblo, dando origen a una nueva mirada sobre su historia y su patrimonio.

Sin embargo, la pertenencia de Zenón Pereyra a la masonería nunca estuvo reñida con su compromiso con la comunidad. Junto a su esposa, doña Justina Morante, promovió en 1892 la construcción del templo católico que ambos donaron a la población bajo la advocación de Santa Justina, hoy patrona de la localidad. Justina, además, había sido socia fundadora de la Sociedad de Damas de Caridad y presidenta de la institución entre 1882 y 1886, integrada por mujeres pertenecientes a las familias más influyentes de la provincia.

Don Zenón Pereyra falleció el 6 de noviembre de 1902, a los 59 años. Tras su muerte, su esposa dispuso en su testamento la construcción de un pabellón en el Hospicio que llevara el nombre de su esposo para perpetuar su memoria. Su panteón, en el cementerio El Salvador de Rosario, aún se distingue por su estilo neoegipcio, una arquitectura en la que diversos investigadores reconocen claras referencias al simbolismo masónico. Décadas más tarde, en 1968, la Municipalidad de Rosario homenajeó su trayectoria al imponer su nombre a una calle del barrio Parque Field.

La arquitectura del panteón de Zenón Pereira es triangular, representando la tesis, antítesis y la síntesis hegeliana. Cuestiones filosóficas que se entremezclan en la masonería. El número 3 siempre está dentro de su orden. El círculo perfecto se realiza con un compás, herramienta que define a la masonería junto a la escuadra

Las huellas de la masonería comienzan a revelarse en el propio trazado urbano. Según destacan investigadores y el sitio oficial de la comuna, el diseño original de Zenón Pereyra contaba con "33 calles", un número que es asociado con el grado masónico más alto alcanzado por su fundador, don Zenón Pereyra. Más allá de las interpretaciones, ese detalle se convirtió con el tiempo en uno de los rasgos que distinguen la historia y la identidad de la localidad.

Sin embargo, el legado no se limita a un número. Para quienes recorren el pueblo con una mirada atenta, la arquitectura también parece contar su propia historia. Columnas, figuras geométricas, ornamentos y diversos símbolos aparecen en fachadas y edificios, evocando una tradición que, según distintos estudios, quedó plasmada en el paisaje urbano. Flores de lis, detalles arquitectónicos y un circuito patrimonial invitan hoy a descubrir una faceta diferente de Zenón Pereyra, donde cada rincón parece guardar una parte de su pasado.


Durante más de un siglo, esas huellas masónicas pasaron inadvertidas para la propia comunidad. Fue recién entre 2011 y 2012, cuando Zenón Pereyra comenzó a incorporarse a los programas de turismo rural, que una revisión de su patrimonio abrió una nueva línea de investigación. Según explicó en 2020 Adriana Gieco, entonces coordinadora del museo comunal, un arquitecto italiano especializado en recuperación de edificios históricos advirtió que varias construcciones presentaban elementos característicos de la simbología masónica. A partir de esa observación comenzó un trabajo de investigación que luego contó con el aporte de integrantes de logias de Santa Fe y del Gran Maestre Ángel Jorge Clavero.

Ese proceso permitió identificar un conjunto de símbolos presentes en viviendas e instituciones históricas y dio origen a un circuito patrimonial que hoy invita a recorrer el pueblo desde una mirada diferente. Las investigaciones no se limitaron a observar las construcciones: también buscaron reconstruir quiénes las habían levantado y cuál había sido el papel de sus propietarios en la formación de la comunidad, relacionando la arquitectura con la historia social de Zenón Pereyra.

Entre los elementos que más llaman la atención aparecen figuras geométricas, flores de lis y otros motivos repetidos en distintas fachadas. Uno de los símbolos que despertó mayor interés es un círculo del que parten tres líneas, interpretado por investigadores vinculados al proyecto como una representación del sol con tres rayos, asociada al tercer grado de maestro masón. La reiteración de ese motivo en diferentes edificios es uno de los indicios que alimenta las investigaciones sobre el pasado masónico de la localidad, aunque la propia Gieco señalaba que no se habían hallado las actas de una logia local que permitieran confirmar la pertenencia de todos sus propietarios a la orden.

Otro aspecto singular es el estado de conservación del patrimonio. Muchas de las construcciones mantienen sus fachadas prácticamente intactas desde fines del siglo XIX, lo que permitió estudiar sus elementos originales y convertirlas en parte de un recorrido histórico señalizado. Con el tiempo, aquello que en un principio despertó sorpresa e incluso cierta resistencia entre los vecinos pasó a integrarse a la identidad local. Hoy las escuelas trabajan sobre esa historia, los estudiantes participan en proyectos patrimoniales y el legado masónico forma parte de una de las propuestas culturales y turísticas más distintivas de Zenón Pereyra.



Durante más de un siglo, esas huellas pasaron inadvertidas para la propia comunidad. Fue recién entre 2011 y 2012, cuando Zenón Pereyra comenzó a incorporarse a los programas de turismo rural, que una revisión de su patrimonio abrió una nueva línea de investigación. Según explicó en 2020 Adriana Gieco, entonces coordinadora del museo comunal, un arquitecto italiano especializado en recuperación de edificios históricos advirtió que varias construcciones presentaban elementos característicos de la simbología masónica. A partir de esa observación comenzó un trabajo de investigación que luego contó con el aporte de integrantes de logias de Santa Fe y del Gran Maestre Ángel Jorge Clavero.

Ese proceso permitió identificar un conjunto de símbolos presentes en viviendas e instituciones históricas y dio origen a un circuito patrimonial que hoy invita a recorrer el pueblo desde una mirada diferente. Las investigaciones no se limitaron a observar las construcciones: también buscaron reconstruir quiénes las habían levantado y cuál había sido el papel de sus propietarios en la formación de la comunidad, relacionando la arquitectura con la historia social de Zenón Pereyra.



Entre los elementos que más llaman la atención aparecen figuras geométricas, flores de lis y otros motivos repetidos en distintas fachadas. Uno de los símbolos que despertó mayor interés es un círculo del que parten tres líneas, interpretado por investigadores vinculados al proyecto como una representación del sol con tres rayos, asociada al tercer grado de maestro masón. La reiteración de ese motivo en diferentes edificios es uno de los indicios que alimenta las investigaciones sobre el pasado masónico de la localidad, aunque la propia Gieco señalaba que no se habían hallado las actas de una logia local que permitieran confirmar la pertenencia de todos sus propietarios a la orden.

Otro aspecto singular es el estado de conservación del patrimonio. Muchas de las construcciones mantienen sus fachadas prácticamente intactas desde fines del siglo XIX, lo que permitió estudiar sus elementos originales y convertirlas en parte de un recorrido histórico señalizado. Con el tiempo, aquello que en un principio despertó sorpresa e incluso cierta resistencia entre los vecinos pasó a integrarse a la identidad local. Hoy las escuelas trabajan sobre esa historia, los estudiantes participan en proyectos patrimoniales y el legado masónico forma parte de una de las propuestas culturales y turísticas más distintivas de Zenón Pereyra.


Antigua casa de la familia Zurbriggen

Más allá de su candidatura internacional, el verdadero valor de Zenón Pereyra reside en haber sabido preservar una parte de su historia. Sus calles, edificios y espacios patrimoniales permiten reconstruir el origen de una comunidad nacida al calor del ferrocarril, la inmigración y el impulso de quienes imaginaron un pueblo en medio de la llanura santafesina.

Lejos de quedar atrapado en el pasado, ese legado se transformó en una herramienta para proyectar el futuro. El circuito histórico y arquitectónico, el patrimonio cultural y espacios como el Museo Bucci invitan hoy a descubrir una identidad que distingue a la localidad dentro del mapa turístico de Santa Fe.

Quizás ese sea el mayor secreto de Zenón Pereyra. No se encuentra oculto bajo tierra ni resguardado entre viejos documentos. Está a la vista de todos, en los símbolos que sobreviven en sus fachadas, en la memoria de sus habitantes y en un pueblo que aprendió a reconocer en su propia historia una de sus mayores riquezas.



Si bien hay pueblos que guardan sus secretos detrás de una puerta cerrada. Zenón Pereyra eligió otro camino, los dejó escritos en piedra, en las líneas de sus calles y en el silencio de sus viejas construcciones. Basta caminar despacio, levantar la vista y dejar que la arquitectura cuente lo que durante mucho tiempo pasó inadvertido. Porque, a veces, los lugares más pequeños son también los que conservan las historias más extraordinarias.

Idea, investigación y edición: Isa Santoro
Administradora de Atrapados por la Imagen



 

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