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lunes, 20 de julio de 2026

©EDITORIAL ATRAPADOS POR LA IMAGEN PRESENTA : "Mutanza" - Relato inédito de la escritora: NATALIA CASOLA - Buenos Aires - Argentina

 

ATRAPADOS POR LA IMAGEN 


Cuentos y Relatos Presenta a...

 NATALIA CASOLA

"Artista de Atrapados por la Imagen"

en: 

"Mutanza"


___ Relato inédito ___


Edición: Editorial Atrapados por la Imagen


RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ

REGISTRO DE PROPIEDAD INTELECTUAL

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Atrapados por la Imagen es un espacio abierto, accesible y en constante movimiento, donde se impulsa la participación, el intercambio creativo y las historias que merecen ser contadas.

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Cuento inédito para Atrapados por la Imagen

"Mutanza"

NATALIA CASOLA

           

      Cuando la tarde comenzaba a morir, Sara comprobó que la mancha de humedad que acechaba en el ángulo derecho del techo de su habitación había crecido. Hacía casi quince días que no paraba de llover y Buenos Aires, para esas cosas, es implacable.

Se subió a la cama para verla más de cerca, pero apenas logró acortar la distancia. Entonces corrió con cuidado el caminito blanco tejido al crochet y los alhajeros de la cómoda, se subió a ella y ganó altura. Desde esa nueva posición la veía mucho mejor: la mancha tenía formas raras. Era el signo inequívoco de que lo único que cabía hacer era mudarse.

A la mañana siguiente comenzó la campaña. Primero sutil, casi suave; después abierta y hostil. Se propuso, con todas sus fuerzas, convencer a Héctor de que lo único capaz de poner fin a su infelicidad era abandonar esa casa echada a perder.

Sara ya soñaba con su casa nueva. Quizás, esta vez, podía acercarse un poco a la avenida. La idea la excitaba, pero también le daba miedo. Más cerca implicaba ruido, bocinazos, movimiento: todo lo que atentaba contra la pulcritud de su vereda. No estaba del todo segura de eso. De lo que sí estaba segura era de que debía mudarse.

No era la primera vez que Sara se mudaba. Siempre dentro del mismo barrio, eso sí: no fuera cosa de que el cambio resultara excesivo. La primera vez fue por una lauchita que entró por el patio trasero y se atrevió a cruzar, insolente, la cocina. La segunda, por el botiquín del baño, que cometió el error de caerse.

Para Sara, esos eventos arruinaban las casas. El enamoramiento con la siguiente duraba lo que tardaba en romperse algo. Las roturas le resultaban insoportables. Después de eso, siempre venía algo peor. Ella lo sabía.

La gimnasia de mudarse, sin embargo, le había dejado una ventaja: un orden ya predispuesto. Como si las cosas mismas quedaran a la espera del próximo traslado. Yacían tranquilas en sus contenedores, listas para el siguiente viaje en camión. Sara nunca salía de vacaciones. Quizás por eso se mudaba tanto: por cambiar de paisaje, por alterar la rutina, incluso si ese cambio nacía de una fatalidad.

A Héctor, por su lado, le daba lo mismo. Hacía tiempo que estaba resignado a esa vida nómade, siempre dentro de un radio que lo dejara a tiro de Pizza 10. Esa era su única condición, su debilidad. Casi le gustaba la idea de que la próxima casa quedara un poco más lejos, para poder caminar y hacer algo de ejercicio entre empanada y empanada.

Héctor no tenía aspiraciones particulares: la comida, Independiente y las peleas de boxeo por televisión le alcanzaban. Todo eso podía ocurrir en cualquier casa. Solo quería que Sara dejara de hablarle. Si mudarse era la forma de mantenerla entretenida por un tiempo, que así fuera.

Al cabo de unos meses lograron concretar la transacción. “A tiempo”, pensó Sara, que vigilaba varias veces al día la mancha de humedad y siempre comprobaba que había crecido un poco más. A veces le hacía marcas, como si midiera el crecimiento de un hijo.

La noche anterior a la mudanza soñó que la mancha se abría en un hueco del que emergían hormigas que, a toda velocidad, se dispersaban como un ejército tomando el dormitorio.

Cuando llegó a la casa nueva, no tan cerca de la avenida, finalmente, respiró hondo.
—Al fin en casa —dijo.

El sueño la golpeó con fuerza. Se dirigió a la habitación que la esperaba con la cama recién armada, se acostó con la firme decisión de descansar y se durmió al instante.

A la mañana siguiente, después de un sueño reparador, se levantó a hacerse unos mates y comprobó que Héctor ya no estaba. Su soledad entera en esa casa. Su sola presencia.

Hasta que no.

Al principio le pareció que no, pero sí. Sí.

El alambre del tejido apenas cedía en dos hilos cuando Sara lo advirtió. Por ese agujero mínimo, un bichito pujaba por entrar, usando todas sus fuerzas para agrandarlo. Como un preso en un campo de concentración, buscaba el otro lado de esa enorme reja universal que lo retenía afuera.

Cuando Sara se acercó, el bichito se quedó inmóvil, fingiendo no existir, intentando mimetizarse con el tejido. Imposible.

Y entonces ocurrió lo único que el bichito no esperaba.

Sara se echó a llorar, maldiciendo su mala suerte, su vida imperfecta, sus casas irremediablemente sucias, imposibles de arreglar. Agarró la escoba, el balde y todo lo necesario para limpiar esa pocilga que acababa de comprar.

Limpió como siempre: obsesivamente. Sin dejar de pensar, ni un instante, en esos hilos del tejido que, a diferencia de ella, habían logrado escapar a su destino.

Y así siguió: llorando, limpiando y calculando cuánto tiempo debía dejar pasar antes de decirle a Héctor que tampoco esa sería su última casa.


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    Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a: 


©NATALIA CASOLA

Buenos Aires  - Argentina

Diseño y Maquetación: Laura Jakulis

 Editora Literaria: Isabel Santoro

Ilustración: Imagen libre de la Web

Julio 2026



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Afectuosamente...


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Directora: Laura Jakulis



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7 comentarios:

  1. Bienvenida Natalia, y felicitaciones por tu cuento de debut en Atrapados, una metáfora magnífica, un texto muy bien elaborado, sutil, preciso, un estilo muy logrado, y finalmente gran ingenio, creatividad, en la siempre difícil elección del título.

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  2. Natalia, bienvenida nuevamente a este espacio de arte y creatividad. Si hablamos de tu cuento, ¡es realmente tan creativo! Desde el comienzo de tu relato, podemos ver cómo lograste convertir aquellos pequeños detalles de la vida cotidiana en el reflejo de un mundo interior lleno de miedos y soledad. Sara es un personaje que conmueve, porque detrás de su obsesión se adivina una profunda inseguridad y fragilidad. Gracias por compartir una historia tan bien contada y tan humana. ¡Aguante Mutanza! ¡Felicitaciones y vamos por más!

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  3. Bienvenida Natalia. Muy lindo tu cuento, excelente narrativa. Los detalles de las casas irremediables en las va habita Natalia, dejan traslucir su personalidad obsesiva, su inseguridad y la falta de una vida plena. Gracias por compartirlo!

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  4. Bienvenida Naty. Un cuento estremecedor. Un clima perfectamente creado para un personaje a quien la obsesión de la inestabilidad la persigue donde esté. Si supiera esta sensible mujer que todas las casas tienen cosas lindas y desagradables también...pero las obsesiones, de un modo y otro, siempre están en cualquier ser terrenal.

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  5. Bienvenida a Atrapados Natalia. La descripción de tu personaje Sara realmente me emocionó y me dió mucha pena! Hubiera querido estar y decirle: '" Date cuenta que el problema no es la mancha de humedad, ni el bichito, ni el sueño de una casa perfecta! Pero es así, cuánto tardamos a veces en darnos cuenta de una pajita en el ojo propio! Hasta el próximo
    Raquel kreichman

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  6. Cuántas veces se escapa de la mancha en vez de arreglar el techo, o no.
    Cuántas veces se camina más entre empanada y empanada en busca del aire que falta en la casa, o no.
    Cuento narrado con profundidad y simpleza, como la vida misma.
    Muy hermoso Natalia.
    .

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  7. Me enamoré de Sara. Cuando se subió a la cómoda para observar más de cerca la mancha de humedad, hubo para mí, "un antes y un después". ¿Dónde encontrar otra mujer así? ¡Deliciosa! Que elija solo casas en el barrio, me fascina. Me transmite pertenencia y continuidad. Héctor, un tipazo: paciente y con intereses claros. Le tengo celos, pero está bien. Él la vió primero.
    Nachita: cuentazo!

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