Atrapados por la Imagen
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"Agua sin gas"
Relato inédito para Atrapados por la Imagen
Editorial Atrapados por la Imagen
RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ
Registro de propiedad intelectual
Cuando apareció
la moza pidió un café. En realidad hubiese preferido un whisky doble, o
cuádruple, pero pensó que pondría en evidencia su desesperación.
Percibió su mala
postura y trató de sentarse erguido. Se acomodaba insistentemente el saco
tratando de mejorar una y otra vez su aspecto, aunque poco podía hacer a esa
altura. Ya estaba ahí, expuesto, esperando lo que sabía que iba a ser la
estocada final. Solo contaba con una ínfima posibilidad de, por lo menos,
hacerla dudar. Ensayó mil veces su sentido parlamento. Lo sabía de memoria y
con todas sus variantes.
Tomó un sorbo
del café y se dio cuenta al toque que no le había echado azúcar. No le importó.
Cuando ella
llegó, apurada y con un aire para él desconocido, todo lo ensayado se le borró
por completo. Ahí estaba, con el alma en bolas y sus labios amenazando con
tartamudear si osaba emitir algo. Le dio un beso en la mejilla, el beso más
frío que jamás le habían dado. La moza se acercó y ella le pidió un agua sin
gas. Sin gas.
—Bueno… No tengo mucho tiempo pero quería cumplir.
—¿Querías cumplir?
—Y… Sí… No quería dejar las cosas así… Somos grandes y mi intención es terminar bien.
—Terminar.
—Sí, terminar.
Respiró hondo y
miró hacia abajo mientras pensaba. La había citado y suponía que tenía algo que
decir pero no se le ocurría nada. Nada que pudiese darle un giro a lo
inminente.
—Ey… te quedaste mudo. Querías hablar. Bueno, aquí estoy.
Él levantó la vista y sonrió.
—Dale, hablemos que no tengo mucho tiempo.
Él se volvió a poner serio.
Ella tomó un
sorbo de agua sin gas mientras esperaba que le dijera algo. Luego lo miró.
—Supongo que no me hiciste venir al pedo.
—No, no… Es que… No sé cómo decirte… pero…
—Mirá, no tengo tiempo para perder.
— ¿Tan ocupada estás?
—Si, estoy haciendo todo lo que tuve postergado durante años y la verdad no quiero postergarlo ni un minuto más, así que, si me citaste para hablar, hablá de una vez.
—¡Te extraño!
Ella miró hacia los
costados. Tomó un trago de agua sin gas. Luego respiró hondo.
—¿Y? No me digas que me hiciste venir para decirme eso. Te das cuenta que sos un tarado. Qué mierda me importa que me extrañás. Hacé terapia, no sé. Hablá con algún amigo… yo no tengo nada que ver. Yo no te extraño, es más, ya no me pasa nada con vos.
—¿Nada de qué?
—No me pasa nada de lo que me tendría que pasar… Es más, me siento liberada. Siento…
Las palabras de
ella comenzaron a deformarse en su cabeza, como volutas de humo. Su voz se le tornó
irreconocible. Veía la boca moverse pero solo escuchaba un sonido ondulante,
como el sonido de una nave alienígena de una película de Hollywood. Solo deseó
ser abducido.
Caminando por el
boulevard hacia el río y mirando el suelo, no podía dejar de repetir “qué
pelotudo”.
Llegó a la costa. Se paró mirando el cielo enorme sin la interrupción de edificios y pensó: “ya no me pasa nada de lo que me tendría que pasar”. Llenó sus pulmones de aire y sonrió.
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Editora Literaria: Isabel Santoro
Ilustración: Imagen libre de la Web
Colaboraciones de: Marta Puey - Emilio Bertero
Septiembre 2026







La sonrisa del final lo cambia todo, un relato común se convierte en otro más denso. Y más allá de lo argumental, Hansel de nuevo despliega buena técnica narrativa
ResponderBorrarUna separación amorosa siempre implica una perdida dolorosa. Las palabras de amor pierden la forma y ondulan desafectadas. Una mujer ligada en el reproche pone la responsabilidad en el amante. El final ambiguo, entre el aire que reanima y sonríe, o el preludio de una perdida mayor. Una escritura con estilo
ResponderBorrarCuando el aire viciado del desamor oprime los pulmones, el agua sin gas hace bien. Impulsa a buscar una bocanada de aire puro sanadora. Bravo Hansi! Muy bueno.
ResponderBorrarMe gusta el clima y la tensión que se produce durante la espera. Buenísimo, Hansel!
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