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domingo, 25 de octubre de 2026

DOMINGOS DE CURIOSIDADES. HOY, LA MUNDIAL, CÓRDOBA

LA MUNDIAL, EL EDIFICIO QUE DESAFÍA LOS LÍMITES DE LA ARQUITECTURA 


Hay edificios que sorprenden por su altura, otros por la belleza de sus fachadas y algunos, como si desafiaran toda lógica, por el insólito espacio que ocupan. En una transitada esquina de Córdoba, una construcción centenaria despierta la curiosidad de quienes la contemplan: de frente parece un edificio como tantos otros, pero basta mirarlo desde la calle Rivadavia para descubrir su asombrosa estrechez. Se trata de La Mundial, conocida popularmente como La Gillette, una singular obra arquitectónica que, con apenas 3,70 metros en su parte más angosta, se ha ganado un lugar entre las construcciones más curiosas de Sudamérica. Pero detrás de su peculiar silueta se esconde una historia que no nació del deseo de convertirse en una atracción turística, sino de una inesperada disputa entre vecinos.

Hoy, en Domingos de Curiosidades, voy a contarte la historia de este edificio cordobés que convirtió una estrechez insólita en una marca imborrable de la ciudad, y cómo una vieja disputa terminó dejando una huella singular en su paisaje urbano.



Una disputa que terminó en una construcción extraordinaria

A veces, las ciudades guardan historias que parecen nacidas de un capricho del destino. La de La Mundial comienza a principios del siglo XX, cuando Córdoba se preparaba para modificar el trazado de una de sus arterias céntricas. El ensanchamiento de la entonces avenida 24 de Septiembre, hoy avenida Emilio Olmos, exigió la demolición de parte de una construcción que se levantaba en aquella esquina.
Después de las obras, quedó una parcela de dimensiones poco habituales. El espacio era tan reducido que parecía difícil imaginar allí un edificio capaz de aprovecharlo de manera razonable. Sin embargo, lo que para algunos podía representar un terreno sin demasiado valor, para su propietario era una posesión de la que no estaba dispuesto a desprenderse.
Según la historia que se ha transmitido a lo largo de los años, el dueño del terreno vecino quiso comprar aquella estrecha fracción a un precio muy inferior al que su propietario consideraba justo. La propuesta no prosperó. Ninguno de los dos quiso ceder, y aquel desacuerdo terminó convirtiéndose en el punto de partida de una construcción que, con el tiempo, despertaría la curiosidad de miles de personas.



Hay versiones que señalan que los protagonistas de aquella disputa eran hermanos, aunque ese detalle no aparece confirmado de manera uniforme en las distintas crónicas. Lo que permanece en el relato es la negativa a desprenderse de la propiedad y la decisión de aprovechar un terreno que parecía destinado a quedar como un simple resto de la transformación urbana.

Así, de una diferencia entre vecinos nació una idea que parecía desafiar las limitaciones del espacio. Allí donde muchos habrían visto una dificultad insalvable, alguien imaginó un edificio.

Una fachada imponente y un secreto de apenas 3,70 metros

Para concretar el proyecto, se recurrió a dos arquitectos franceses, quienes debieron adaptar la construcción a la singular geometría del terreno. La obra demandó alrededor de cuatro años y finalmente fue inaugurada en 1931.

El edificio recibió el nombre de La Mundial, como la compañía de seguros que tenía allí sus oficinas. En aquellos tiempos, sus espacios estaban destinados tanto a actividades comerciales y profesionales como a viviendas que se alquilaban a personas de buenos ingresos.




A primera vista, nada parece anunciar su extraordinaria particularidad. Su fachada, de estilo neoclásico, conserva una presencia elegante y solemne. Las columnas de distintos órdenes, las pilastras ornamentales, las balaustradas y los balcones de hierro forjado componen una imagen que remite a una época en la que los detalles arquitectónicos tenían un papel esencial en la identidad de los edificios.
Pero el verdadero asombro aparece cuando se cambia de perspectiva.

Desde la avenida Emilio Olmos, La Mundial puede confundirse con otras construcciones de su tiempo. Basta rodear la esquina y observarla desde la calle Rivadavia para descubrir que su estructura se estrecha de una manera sorprendente. La construcción parece perder una parte de su volumen, como si una mitad hubiera desaparecido y solo quedara el filo de un edificio mucho más grande.

En su sector más ancho dentro de la estrecha parcela, el terreno alcanza apenas 3,70 metros, una dimensión que ayuda a comprender la singularidad de la obra.

No es extraño, entonces, que los vecinos hayan encontrado una manera muy gráfica de nombrarla. La llaman “la Gillette”, en alusión a su aspecto afilado, semejante al de una hoja de afeitar que parece abrirse paso entre las calles.




Con una altura aproximada de 32 metros, la construcción aprovecha verticalmente el espacio disponible. Según la descripción turística oficial, cuenta con cinco pisos y una terraza donde se encuentran dos departamentos. Su estructura, adaptada a los límites de la parcela, constituye una muestra de cómo la arquitectura puede responder a condiciones poco convencionales sin renunciar a una identidad propia.

La Mundial es considerada uno de los edificios más angostos de Sudamérica y forma parte del patrimonio arquitectónico de Córdoba. Su fama no depende únicamente de sus dimensiones, sino también de la historia que explica su origen y de la sorpresa que sigue provocando en quienes la descubren por primera vez.


Los misterios que alimentaron su leyenda

Como ocurre con tantas construcciones antiguas, La Mundial no tardó en convertirse en escenario de relatos que mezclan recuerdos, versiones transmitidas de boca en boca y leyendas urbanas.

El historiador Carlos Ighina recogió algunas anécdotas vinculadas con quien habría sido uno de sus propietarios. Según esos relatos, hacia fines de la década de 1940 solía estacionarse frente a la entrada principal un automóvil lujoso de siete asientos, perteneciente al hombre que por entonces era dueño del edificio.

Las crónicas cuentan que aquel propietario habría amasado su fortuna mediante la explotación de prostíbulos que funcionaban en las inmediaciones. También relatan que, después de enviudar, cayó en una profunda tristeza y murió al poco tiempo.

Como sucede con muchas historias antiguas, es importante distinguir entre lo que las crónicas recogen y aquello que ha podido comprobarse documentalmente. Estos relatos forman parte de la memoria popular asociada con La Mundial, pero no todos sus detalles cuentan con una verificación independiente.
Y los rumores no terminan allí.



Durante años circularon versiones según las cuales el edificio habría sido construido para ocultar túneles subterráneos destinados a actividades ilícitas. Otras hablaban de supuestos pasadizos que conectarían con iglesias de la zona, e incluso hubo quienes imaginaron que la construcción podía haber servido para esconder dinero.
No existen pruebas concluyentes que permitan dar por ciertas esas historias, por lo que deben entenderse como parte del folclore urbano que fue creciendo alrededor del edificio.



Quizás su propia forma haya contribuido a alimentar tantas especulaciones. Una construcción que parece incompleta, que guarda una geometría inesperada y que nació de una disputa tiene todos los ingredientes para despertar preguntas. Y cuando las respuestas no alcanzan, la imaginación suele encargarse de completar los espacios vacíos.

Una joya urbana que merece una mirada detenida

Hoy, La Mundial continúa formando parte de la vida cotidiana del centro cordobés. Sus espacios están ocupados principalmente por oficinas y actividades profesionales, mientras que en la planta baja funcionan locales comerciales. Entre ellos se encuentra la panadería Mediterránea, donde pueden verse fotografías antiguas que permiten asomarse a otros tiempos de aquella esquina.





El edificio ya no es solamente una construcción levantada para aprovechar un terreno estrecho. Se ha convertido en una referencia del paisaje urbano, una curiosidad arquitectónica que atrae a visitantes y despierta el orgullo de quienes reconocen en ella una parte singular de la historia de su ciudad.


Quienes deseen contemplarla con tranquilidad pueden acercarse a la tradicional confitería Real, situada frente al edificio, sobre la avenida Emilio Olmos. Desde sus ventanales hacia la calle Rivadavia, mientras disfrutan de un café, podrán observar esa perspectiva que vuelve tan particular a La Mundial: la de una construcción cuya apariencia cambia radicalmente según el lugar desde donde se la mire.



Tal vez esa sea una de las mejores maneras de descubrirla. Sin apuro, dejando que la mirada recorra primero la fachada, se detenga en sus balcones y columnas y, finalmente, siga la línea estrecha que parece desafiar las proporciones habituales de la arquitectura.

Porque hay lugares que no necesitan ser los más grandes ni los más altos para permanecer en la memoria. A veces, basta una parcela insólita, una historia de orgullo y desacuerdos, y la decisión de construir allí donde parecía no haber espacio suficiente.

La Mundial nació de una disputa, pero terminó convirtiéndose en parte de la identidad de Córdoba. Y casi un siglo después, sigue demostrando que las historias más extraordinarias no siempre necesitan grandes dimensiones: algunas pueden caber en apenas 3,70 metros.


La Mundial nos recuerda que no hace falta ser grande para dejar huella, a veces, hasta el espacio más estrecho puede contener una historia inmensa y desafiar al tiempo con la eternidad de su memoria.







Idea, investigación y edición: Isa Santoro
Administradora de Atrapados por la Imagen



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5 comentarios:

  1. Qué investigación completa te mandaste! Notable como de un dato minúsculo, apenas curioso, construiste con todo detalle actualidad e historia, causas ciertas y/o mitos, en fin, un tan llamativo cúmulo de información

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    1. Emilio, gracias querido amigo. Tu idea me despertó mucha curiosidad y me pareció súper interesante investigar para este domingo. Tiene una historia muy interesante La Mundial, que he conocido gracias a vos, también. Un abrazo!

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  2. Hoy una interesante historia que nos hace preguntar ¿y sí sopla un viento fuerte...?
    Muy bueno Isita!

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    1. Qué buena pregunta, Martita, me hiciste reír. Pasaron muchos vientos fuertes desde 1931, señal de qué resiste bien. 😂Muchas gracias, hermosa! Abrazo enorme. 💜💚

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