Editorial Atrapados por la Imagen
"Artista de Atrapados por la Imagen"
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"Entre una cachetada y una caricia"
Edición: Editorial Atrapados por la Imagen
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"Entre una cachetada y una caricia"
Patricia Balda
La campanada 24 señala el límite es por eso que
Cenicienta corre por las escaleras y pierde su zapatito de cristal. Corre para
subir a la carroza antes de que se convierta en calabaza, corre para no ser atrapada
por la realidad. Corre sin preguntarse por qué hay que despertar de los sueños
cuando uno desea quedarse. Corre para salvar ese instante de felicidad.
“Poco después de despertar a
la magia de soñar, al deseo, pierde su zapatito de cristal” eso es triste
piensa Ana.
Trata pero no puede recordar quién le contó por
primera vez el cuento de la Cenicienta. Si fue su papá, lo debe haber terminado
con un “fueron felices para siempre” el creía en el felices para siempre. Se le
escapa una sonrisa, un poco boba, tierna, definitivamente nostálgica.
A Ana la distrae la música por eso deja de pensar en la Cenicienta; ahora baila con la escoba, desparrama la tierra, gira y gira. Envuelta en una nube de polvo, gira, mueve las caderas, y canta.
Canta con los ojos cerrados
a la par del pelado Cordera:
Sos la musa minusa que me trae inspiración
Yo te juro que no dejo mi tambor
Porque verte, morocha, es tan linda sensación
Solo toco para que bailes vos
Por un momento ella es la “musa minusa” y baila…. Ay mi dios como baila. Baila como si estuviera por sonar la última campanada, baila como si el pelado le cantara desde sus tripas, con toda su voz, a pura garganta
Negra murguera
Subí a la comparsa
Y move tus caderas
Llévame con vos
Envuelta en un remolino de
polvo, sueños y deseos, las caderas de Ana parecen estar poseídas por un
ancestro africano oculto y desconocido.
El Socra, cómo lo llaman sus
amigos, levanta sus anteojos con su mano derecha, apoya el libro sobre sus
piernas, las estira se hunde un poco más en el sillón y justo en el mismo
momento que el pelado canta:
Y que querés si la ternura me brotó
Y Ana, comienza con sus
brazos a elevarse empujada por algo parecido a un aleteo, el Socra pregunta
- ¿Negra estás bien?
El tiempo, los hijos, la
comida chatarra ensanchan las caderas de Ana. Ser inteligente y cada día un
poco más sabia la va silenciando y en algún momento en medio del trajinar
pierde su voz.
Con el pelado por distintos
motivos pasa algo parecido.
La musa minusa se va en
algún camión de basura con la escoba gastada y los sueños rotos.
El Socra un día cualquiera
levanta sus anteojos con su mano derecha, apoya la tiza sobre el escritorio de
la facu y en la primera fila, ahí nomás, descubre unas piernas largas y una pollera
corta. Corta, ajustada y roja ... y…. y que
querés si la ternura le brotó.
Ana se queda con los chicos y
el Socra se lleva el gato y los libros. Los CD no importan porque ahora está
YouTube y Spotify, además seguro que la pollera roja escucha otra música.
Si no estás atenta a la
última campanada hasta te quitan la posibilidad de perder el zapatito de
cristal le suele repetir, Ana, entre risas
a sus amigas. Luego al compás del chin chin de unas copas de vidrio que
compró en el chino brinda con un Malbec de 5 gambas “si no es un felices para
siempre que no sea un tristes para siempre”.
Ana se corta el pelo, se lo
deja crecer, lo vuelve a cortar, usa flequillo, pasa por el rubio dorado ceniza,
por el castaño oscuro, por el chocolate.
Ana camina, trota, corre,
vuelve a caminar, avanza busca su paso, su ritmo, su voz. Ella no quiere que un
día cualquiera suene la última campanada y no tenga ni tiempo a perder su
zapatito de cristal.
Es primero de Agosto, sábado
y hace frío, mucho frío. Ana se abrigó bastante para ir a la Milonga, los
tiempos son difíciles hay poca plata no prenden los calefactores. Es una
milonga medio Hipona te dejan llevar el mate y siempre hay algún espectáculo raro.
Entre mate y mate los ve
llegar, a algunos con el pelo rizado sujeto en un rodete. Otros con la mitad de la
cabeza rapada y rastas en la otra mitad. Ellas coloridas y descalzas, vestidas
con un top de Bambula y una especie de chiripa. Todos con una sonrisa abierta
de oreja a oreja, se los ve felices.
Ana reconoce unas tumbadoras,
un cajón peruano, un bongó, un par de congas, y un instrumento que Google le
dice que se llama djembe.
La organizadora de la
Milonga habla de la Pachamama, de la guerra con el Paraguay dónde murieron
nuestros negros, de nuestras raíces africanas. Relaciona la palabra Milonga con
la palabra mulonga, al parecer proveniente
de Angola. Ana no escucha esta parte porque acaba de volcarse el mate
Los tangueros esperan entre descorazonados
y expectantes con el peso repartido entre las dos sensaciones como en algunos
pasos de tango.
Ana está limpiándose la
yerba cuando el espectáculo comienza, las manos de los músicos golpean los
tambores, con fuerza pero suaves, están entre
una cachetada y una caricia.
La energía crece, los
tangueros comienzan a prestar atención, la energía crece más y más.
La música nace en los tambores pero parece que
brotara de la tierra.
Se suman las chicas a
bailar, saltan, zapatean, agitan los brazos. Las trenzas vuelan y las caderas….no
se puede describir lo que hacen las caderas. Ellas no están descalzas ellas
están en patas. ¿Se entiende la diferencia? En patas conectadas con la tierra
que no es tierra porque el piso es de granito.
Aún así, en medio, el tum tum
de los tambores y las patas en el piso, una nube de polvo las va envolviendo,
mejor dicho los va envolviendo, a todos, a Ana también, a Ana más.
Cuando ya nadie espera nada algo parecido a una cola de tornado se desprende de los tambores y las patas de las chicas recorren la pista, va de mesa en mesa busca olfatea como un animal hasta llegar a Ana. Ella…bueno ella se descalza, se quita gran parte de la ropa e irrumpe en la pista, baila primero con timidez, después ferozmente. Agita su cabeza, sacude sus brazos, salta, mueve sus caderas, brilla.
En algún lugar el pelado
Cordera canta...
Negra murguera
Desde la luna azulada
Se ve tu pollera
Que rompe el dolor
Ana baila y brilla, brilla y
baila, sus patas encandilan como el cristal.
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Editora Literaria: Isabel Santoro
Septiembre 2026

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Buenísimo relato, una idea hermosa sabiamente plasmada, un texto que hace sonar musica todo el tiempo, un personaje hermoso, un encanto los cambios de ritmos, los cambios de lenguaje al compás de por adonde anda el eje del relato, o mejor decir, "obligar" al lector a ponerse en el eje del relato merced a los cambios de lenguaje..
ResponderBorrarGran originalidad, felicitaciones Patricia!!!