ATRAPADOS POR LA IMAGEN
Cuentos y Relatos Presenta a:
JORGELINA PRESTA
"Artista de Atrapados por la Imagen"
En...
"SALVIAS Y VERBENAS"
Relato Inédito para Atrapados por la Imagen
"Basado en un hecho real"
Editorial Atrapados por la Imagen
RL-2022-18030193-APN-DNDA#MJ
Registro de propiedad intelectual
Hacía ya 7 años que
Julián vivía allí. Era soltero y sólo
tenía una sobrina que vivía en Italia. Tenía
89 años y varias patologías que permanecían estables gracias a los múltiples
especialistas que lo atendían y a los
cuidados que recibía.
Girasoles, la institución en la cual residía era una casona
histórica con aire señorial, palaciega y
con todas la comodidades y servicios.
Compartía la mesa con Lucía, Joaquín y Josefa, un trío de
octogenarios divertidos y locuaces, que
participaban en los talleres de teatro, de manualidades, juegos de mesa y
clases de gimnasia. Pero Julián no. Él solía mirar algún partido de futbol en
la tele e iba de vez en cuando a
sesiones con el kinesiólogo. Hablaba poco y nunca esbozaba una sonrisa.
Las instalaciones eran cómodas, amplias y luminosas. Tanto
el comedor principal como las habitaciones
tenían ventanales que daban a un
inmenso jardín con todo tipo de plantas, y dos árboles frutales. Pero lo
más atractivo era el cantero central, con salvias y verbenas de todos colores.
Se sabe que son flores que atraen a las mariposas. Pero lo más llamativo era
que yo jamás había visto ninguna allí.
Girasoles era uno de las residencias más renombradas de la ciudad por su alto
nivel de hotelería y la calidad de la atención médica.
Cada tanto ingresaba
algún paciente nuevo. Un día frío de julio, llegó Nélida de 87 años
.Piti le decían.
Fue acompañada por su hija Julieta. Quien refirió que luego
del fallecimiento de su papá, y esposo de Piti, su madre se había auto
abandonado. Ya no iba a hacer las compras ni a la peluquería ni a sus clases
de yoga y en el último mes ya casi no comía.
Cacho su esposo ya no estaba desde hacía un año y lo seguía
extrañando. Se habían amado
vehementemente por más de 60 años.
En ese momento yo era directora de la Institución, pero
también colaboraba en la parte asistencial con mis colegas. Ya que eran veintisiete pacientes y sólo dos médicos. Me
pidieron que la viera. La revisé exhaustivamente. Clínicamente la encontré
bien, al igual que los exámenes de laboratorio e imágenes. Aunque su semblante y su mirada trasmitían profunda
tristeza.
Intenté infinidad de veces charlar con ella, entrar en su
mundo, sin éxito. Aun así, no me resigné, algo se me ocurriría. Le reordené la medicación, hablé con el psicólogo del
lugar para que la viera, le indiqué kinesiología y terapia ocupacional.
Pasaron las semanas, y a pesar del esfuerzo de todo el
equipo de salud, Piti no mejoraba, por el contrario, no comía casi nada y no
participaba en ninguna de las actividades.
Se había adueñado de un viejo muñeco bebé que había dejado
una da las nietas de las cuidadoras. Se
la pasaba todo el día con el bebé en brazos, y con lágrimas en los ojos le
cantaba canciones de cuna. No lo soltaba ni
a la hora de dormir. Y gritaba
cuando las asistentes se lo sacaban.
A diario hacíamos la ronda con los otros dos médicos y la jefa de enfermería.
Todos ellos me manifestaban que Piti no repuntaba. Habían pasado ya tres meses de su estadía allí.
Una mañana durante el pase con todo el resto del equipo, se
me ocurrió cambiarla de mesa, Aprovechando que a Josefa se la había llevado el
sobrino a vivir al pueblo, la puse en la mesa de Julián, Joaquín y Lucia. Piti aceptó y
Julieta también.
Pasaron las semanas y
Piti empezó a comer mejor, comenzó con los talleres y retomó las sesiones de kinesiología.
Me puse contentísima
y también me asombré porque no había mediado ningún cambio de medicación y
seguía con los mismos cuidados.
Notamos que conversaba bastante con Julián. Las mucamas y
las asistentes de enfermería que pasaban muchas horas allí, me referían que
solía acariciar su espalda . Y en varias ocasiones la habían visto insistirle
para que tomara agua e incluso le
llevaba el vaso a la boca. Ah y que
también le pisaba el puré para que se le hiciera más
fácil tragar. Ante estas “acusaciones” quedé perpleja, me reí, sentí
ternura y ganas de ver esa escena.
Cité a Julieta para comentarle el progreso de Piti, ella
también lo había notado y manifestó su agradecimiento. Cuando la saludo para
despedirla, me interrumpe diciendo: “Jorgelina, esperá que quiero mostrarte algo” y saca de su
cartera un álbum de fotos. Recuerdos de familia; el
cumple de 90 de Cacho, la fiesta de los 60 años de casados…
Quedé atónita, Cacho
era igual a Julián. Cachetes gorditos y
colorados, ojos y orejas grandes, nariz pequeña, y el mismo brillo en la
mirada.
Conmovida despido a Julieta y me dirijo al comedor. No sin
antes mirar para mi lugar preferido: el
jardín. Esta vez las salvias y las
verbenas estaban rodeadas de mariposas color naranja.
Entro al comedor,
apunto la mirada a la mesa en cuestión. Y veo que Piti y Julián estaban tomados
de la mano. Ella había vuelto a comer y él había vuelta vuelto a reír.
Me invadió una emoción inefable. Mi retina grabó esa imagen, y ahora, cada vez que veo flores y mariposas, recuerdo a Piti y a Julián y no puedo dejar de sonreir.
Todos los Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, pertenecen a:
Editora Literaria: Isabel Santoro
AGOSTO 2026

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All you need is love, cantaban los Beatles y nosotros con ellos. Pero un buen chocolatín también se hace necesario. Afortunados Piti y Julián que se encontraron y, no solo, en un lugar de serenidad y confort. Me gustó.
ResponderBorrarQue linda frase Pedro, Allí You need is love. Me alegra que te hay gustado está basado en un hecho real que tuve la oportunidad de presenciar hace aproximadamente 10 años en u a institución donde trabajaba. Gracias!!
ResponderBorrarSiempre vienen bien historias de amor bien contadas, bien fantásticas...y después, sean verosímiles o no, eso es de otro departamento, y no del que se ocupa de los calorcitos para el alma...joya Jorgelina
ResponderBorrarHermoso relato. Gracias!
ResponderBorrarConmovedora la historia de Piti y Julián, pero mucho más conmovedor es el amor, y la contención de quiénes estuvieron atentos para que pudieran recuperar la comunicación, o la comunión en una etapa de la vida que lo sigue lo.mereciendo.
ResponderBorrarTu descripción, Jorgelina, es preciosa, nada se desestima en este relato que echa luz sobre un tema tan vigente .
Mil gracias!
Excelente y muy tierno!
ResponderBorrarMuchísimas gracias Emilio, Cris, Martita,Hansel,y Pedro por los comentarios!!! Un abrazo
ResponderBorrarJorgelina, qué hermoso relato. Nos muestra una historia sencilla, tierna, profundamente humana y conmovedora. Se siente muy real porque está construida desde pequeños gestos y detalles cotidianos. El encuentro entre Piti y Julián emociona sin necesidad de exageraciones, y las salvias, las verbenas y las mariposas terminan convirtiéndose en una hermosa metáfora de la vida que vuelve a florecer. Qué bueno que hayan podido acompañar ese mágico encuentro.
ResponderBorrarMuy bello y significativo. ¡Me encantó! Muchas gracias por traerlo a Atrapados. Abrazo enorme.
Gracias a vos ISA! Que hermosas palabras! Sí fue lindo haber estado allí y ver la buena evolución tanto de Julián cómo de Piti cuando se conocieron! Increíble pero real! No hay edad para el amor. Lo ví con mis propios ojos y lo sentí yo también porque los veía todos los días en la institución de adultos mayores dónde trabajaba. De allí salió mi cuento! Gracias!
ResponderBorrarUn relato que despierta ternura. Creo que todos necesitamos ese contacto afectivo. Bien contado Jorgelina.
ResponderBorrarMuchísimas gracias Roberto!!!! Sí ,creo que en estos tiempos la ternura y el amor son imprescindibles y es lo que más escasea. Aunque si uno mira minuciosa y detalladamente a su alrededor y uno irradia eso , puede encontrarlo!! Gracias nuevamente a todos por leerme!
ResponderBorrarHermosa historia muy enriquecedora
ResponderBorrarMuchísimas gracias Florcita!
ResponderBorrarQuerida amiga: La historia de Piti y Julián tiene una ternura enorme, y ese cierre con las mariposas y las salvias le pone un broche precioso. Un cuento que emociona desde la sencillez y nos recuerda que, a veces, el corazón encuentra compañía donde menos la esperamos. ¡Gracias por este regalo literario hermoso!
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